
Gavyn Peregrino
Rose Branwell
27-01-2025, 02:10 AM
Lo detestaba, me irritaba intensamente tener que hacer todo esto, no la persecución, porque era de las cosas más emocionantes que me había ocurrido en mucho tiempo; la adrenalina que todavía corría por mis venas, lista para dispararse en caso de que los marines me ataquen, era… Escalofriante, esa sensación hormigueante, casi como una mano fría que me subía por la columna, calando profundamente entre vértebra y vértebra, que me aceleraba el corazón como a un maratonista, llegaba a ser muy similar a ese tipo de sentimiento de euforia que me atravesaba cada vez que hacía una maniobra peligrosa, pero satisfactoria, en el aire, en picado o a velocidades que podrían helarle la sangre a cualquiera que no estuviera acostumbrado a volar y estar muy cerca de estamparse contra la tierra o el agua.
Sin embargo, había una gran diferencia entre mis vuelos, mis acrobacias que realizaba por placer, o por intentar atrapar presas como la que estaba rastreando ahora mismo, con los que estaba sucediendo en esta ocasión: Es decir, la flamante intervención de las siempre inoportunas “Fuerzas de la Ley”. Internamente deseaba poder poner los ojos en blanco o rodarlos, detestaba a los moralistas o los falsos moralistas, si, a ambos; aunque, si me ponía a pensar detenidamente, había muchos tipos de personas que no me agradaban, pero los moralistas eran los primeros en la fila; y los ojos del sargento de esta patrulla de de marines en particular representaba fielmente todo lo que me disgustaba de los marines. La mirada de desagrado que compuso el sargento, la mueca en sus labios, el fastidio y la repulsión hacían que tuviese deseos de dejar mi acto para acariciarle el rostro con mis dedos en forma de cuchillas.
Escuché sus palabras e intenté no crispar las esquinas de mis labios hacia abajo al ver el objeto que se deslizó por el concreto hacia mis pies con un sonido metálico que resonó en mis oídos como si se tratase de una campana tañendo en la hora pico. El dorado reluciente y pulido de mis ojos quedó fijo en lo que reconocí como un par de esposas, todo lo contrario a lo que yo deseaba: La libertad. Definitivamente ese ladrón tendría mucho que pagar, y si podía alcanzarlo después de escaparme de esta situación estaría encantado de apuñalarlo con mis propias manos. Me llamó la atención que el sargento supiera acerca de mi raza, al parecer últimamente todos tenían conocimiento acerca de qué especie era la mía, lo cual me resultaba algo extraño, los Lunarian son una raza poco conocida, los Solarian, por otro lado… Lo son aún más, o ese hombre estaba realmente interesado en mi especie o conocía a uno de los míos de cerca.
Evité el impulso de entrecerrar los ojos para no perder el acto que ya había construido. Algo llamó mi atención, en realidad, sería más exacto decir que la falta de “algo” atrajo mis sentidos: Ya no se escuchaba más el bullicio que los piratas generaban al perseguir a Bonez, eso significaba que estaba acorralado, lo que quería decir que escaparía de alguna forma o le darían la paliza de su vida. Mordí mi labio inferior al pensar en lo último ¿Valía la pena que le dieran una paliza por todo esto? Quizás si lo hacía yo si, pero los piratas que estaban detrás de él probablemente no tendrían intención de dejarlo con vida. Lo que no esperaba es que el griterío de inicio nuevamente cuando el chirrido de las oxidadas escaleras se hizo presente, entonces alguien estaba subiendo, mantuve las manos en alto para que no me disparen, sin embargo, miré por encima de mi hombro el rostro estupefacto del ladrón moreno.
Antes de poder siquiera abrir la boca para decir algo él habló primero, burlándose de mí frente a los miembros de la cuadrilla de la marina ¡Y yo preocupándome por este despojo! Por eso, cuando todos los marines le apuntaron con sus armas solo pude rodar los ojos con exasperación tan palpable que se podría cortar con un cuchillo de mantequilla.
. – Y pensar que este idiota es el que me robó. –Resoplo ante toda la escena, entornando los párpados mientras lo miraba– ¡Devuelve lo que robaste, Persa!
Exigí, bajando una octava el tono de mi voz y hablando entre dientes al tenerlos apretados por la audacia de este ladrón que me había hecho seguirlo por toda la maldita ciudad. Mis ojos adquirieron un destello de ira que podría fácilmente materializarse y quemar la frente del hombre que se encontraba en mi línea de visión, el dorado en mis iris se convirtió en oro fundido, especialmente cuando comenzó a mentir en mi cara. Sin embargo, no iba a dejar que me gane, no en esta ocasión. Mi rostro se volvió relativamente neutral y miré al capitán de la cuadrilla de marines.
. – Muy bien, cumpliré con su petición, me entregaré, sin embargo, no puede simplemente meternos en prisión sin pruebas y testigos, cosa que yo sí tengo y puedo darle con mucha facilidad. –Apunté con mis pulgares hacia Bonez sin bajar las manos para no lucir amenazante– En unos minutos llegará un grupo de piratas que no me conocen, pero a él si, le han estado persiguiendo por esta parte del puerto por razones que no conozco, pero, si lo revisan verán que tiene el artículo por el cual le he estado persiguiendo: Un ovillo de lana roja que compré hace unas horas en una tienda cercana de aquí, la anciana que la administra les puede decir; además, acabo de llegar a la isla, el capitán del barco mercante en el que vine tiene todos sus documentos reglamentarios y puede testificar que estuve trabajando como navegante hasta hoy para su tripulación, y que no son piratas.
Esbocé una sonrisa de lado, mirando al capitán de la cuadrilla con suspicacia.
. – Y vaya… Me pregunto qué dirán los civiles de la marina cuando se enteren que capturaron a un inocente apenas llegado a la isla, que horrible ¿No le parece? La intachable reputación que se han forjado con tanto esfuerzo va a perderse sólo porque no chequearon bien a quienes iban a arrestar, y por lo tanto no hicieron su trabajo como corresponde.
Mis labios se apretaron en una línea fina de irritación mientras alzaba ligeramente la barbilla, llevando mis ojos bruñidos del capitán a Bonez en un vaivén tranquilo.
. – Podría darme a la fuga, pero estoy dispuesto a irme tranquilamente. –Lentamente me puse de cuclillas para agarrar las esposas– Usted decide.
Sin embargo, había una gran diferencia entre mis vuelos, mis acrobacias que realizaba por placer, o por intentar atrapar presas como la que estaba rastreando ahora mismo, con los que estaba sucediendo en esta ocasión: Es decir, la flamante intervención de las siempre inoportunas “Fuerzas de la Ley”. Internamente deseaba poder poner los ojos en blanco o rodarlos, detestaba a los moralistas o los falsos moralistas, si, a ambos; aunque, si me ponía a pensar detenidamente, había muchos tipos de personas que no me agradaban, pero los moralistas eran los primeros en la fila; y los ojos del sargento de esta patrulla de de marines en particular representaba fielmente todo lo que me disgustaba de los marines. La mirada de desagrado que compuso el sargento, la mueca en sus labios, el fastidio y la repulsión hacían que tuviese deseos de dejar mi acto para acariciarle el rostro con mis dedos en forma de cuchillas.
Escuché sus palabras e intenté no crispar las esquinas de mis labios hacia abajo al ver el objeto que se deslizó por el concreto hacia mis pies con un sonido metálico que resonó en mis oídos como si se tratase de una campana tañendo en la hora pico. El dorado reluciente y pulido de mis ojos quedó fijo en lo que reconocí como un par de esposas, todo lo contrario a lo que yo deseaba: La libertad. Definitivamente ese ladrón tendría mucho que pagar, y si podía alcanzarlo después de escaparme de esta situación estaría encantado de apuñalarlo con mis propias manos. Me llamó la atención que el sargento supiera acerca de mi raza, al parecer últimamente todos tenían conocimiento acerca de qué especie era la mía, lo cual me resultaba algo extraño, los Lunarian son una raza poco conocida, los Solarian, por otro lado… Lo son aún más, o ese hombre estaba realmente interesado en mi especie o conocía a uno de los míos de cerca.
Evité el impulso de entrecerrar los ojos para no perder el acto que ya había construido. Algo llamó mi atención, en realidad, sería más exacto decir que la falta de “algo” atrajo mis sentidos: Ya no se escuchaba más el bullicio que los piratas generaban al perseguir a Bonez, eso significaba que estaba acorralado, lo que quería decir que escaparía de alguna forma o le darían la paliza de su vida. Mordí mi labio inferior al pensar en lo último ¿Valía la pena que le dieran una paliza por todo esto? Quizás si lo hacía yo si, pero los piratas que estaban detrás de él probablemente no tendrían intención de dejarlo con vida. Lo que no esperaba es que el griterío de inicio nuevamente cuando el chirrido de las oxidadas escaleras se hizo presente, entonces alguien estaba subiendo, mantuve las manos en alto para que no me disparen, sin embargo, miré por encima de mi hombro el rostro estupefacto del ladrón moreno.
Antes de poder siquiera abrir la boca para decir algo él habló primero, burlándose de mí frente a los miembros de la cuadrilla de la marina ¡Y yo preocupándome por este despojo! Por eso, cuando todos los marines le apuntaron con sus armas solo pude rodar los ojos con exasperación tan palpable que se podría cortar con un cuchillo de mantequilla.
. – Y pensar que este idiota es el que me robó. –Resoplo ante toda la escena, entornando los párpados mientras lo miraba– ¡Devuelve lo que robaste, Persa!
Exigí, bajando una octava el tono de mi voz y hablando entre dientes al tenerlos apretados por la audacia de este ladrón que me había hecho seguirlo por toda la maldita ciudad. Mis ojos adquirieron un destello de ira que podría fácilmente materializarse y quemar la frente del hombre que se encontraba en mi línea de visión, el dorado en mis iris se convirtió en oro fundido, especialmente cuando comenzó a mentir en mi cara. Sin embargo, no iba a dejar que me gane, no en esta ocasión. Mi rostro se volvió relativamente neutral y miré al capitán de la cuadrilla de marines.
. – Muy bien, cumpliré con su petición, me entregaré, sin embargo, no puede simplemente meternos en prisión sin pruebas y testigos, cosa que yo sí tengo y puedo darle con mucha facilidad. –Apunté con mis pulgares hacia Bonez sin bajar las manos para no lucir amenazante– En unos minutos llegará un grupo de piratas que no me conocen, pero a él si, le han estado persiguiendo por esta parte del puerto por razones que no conozco, pero, si lo revisan verán que tiene el artículo por el cual le he estado persiguiendo: Un ovillo de lana roja que compré hace unas horas en una tienda cercana de aquí, la anciana que la administra les puede decir; además, acabo de llegar a la isla, el capitán del barco mercante en el que vine tiene todos sus documentos reglamentarios y puede testificar que estuve trabajando como navegante hasta hoy para su tripulación, y que no son piratas.
Esbocé una sonrisa de lado, mirando al capitán de la cuadrilla con suspicacia.
. – Y vaya… Me pregunto qué dirán los civiles de la marina cuando se enteren que capturaron a un inocente apenas llegado a la isla, que horrible ¿No le parece? La intachable reputación que se han forjado con tanto esfuerzo va a perderse sólo porque no chequearon bien a quienes iban a arrestar, y por lo tanto no hicieron su trabajo como corresponde.
Mis labios se apretaron en una línea fina de irritación mientras alzaba ligeramente la barbilla, llevando mis ojos bruñidos del capitán a Bonez en un vaivén tranquilo.
. – Podría darme a la fuga, pero estoy dispuesto a irme tranquilamente. –Lentamente me puse de cuclillas para agarrar las esposas– Usted decide.