¿Sabías que…?
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[Aventura] [T5] El precio del poder
Drake Longspan
[...]
Loguetown Día 36, Verano del año 724

Drake Longspan no se detuvo a mirar atrás mientras avanzaba, dejando al pescador y al anciano detrás. Su andar era decidido, sus pasos resonaban con un ritmo constante contra los adoquines de Loguetown.

Su cabeza estaba ligeramente inclinada hacia abajo, lo justo para que la sombra de su cabello despeinado ocultara parte de sus ojos. Aunque no estaba corriendo, la firmeza de su marcha dejaba claro que tenía un destino en mente: el almacén con la grúa rota.

Mientras atravesaba el mercado, los murmullos de los comerciantes se reducían a su paso. Los ojos curiosos se apartaban rápidamente, como si todos hubieran aprendido a no hacer demasiadas preguntas cuando un hombre de brazos largos caminaba con esa expresión en el rostro. No era miedo, no exactamente, pero sí la clase de respeto que inspira alguien que parece estar a punto de complicarle el día a alguien más.

A su alrededor, el bullicio de Loguetown seguía con su rutina incesante. Los vendedores gritaban ofertas, las ruedas de los carros crujían al rodar, y el olor a pescado y especias flotaba en el aire junto con la brisa salada del mar. Pero para Drake, todo eso era solo ruido de fondo. Su mente estaba enfocada en el próximo paso.

El paisaje cambió a medida que se acercaba a la zona de los muelles, donde las calles adoquinadas daban paso a senderos más anchos y polvorientos. Las sombras de los almacenes proyectaban largos trazos oscuros sobre el suelo, y el ambiente se volvía más denso, casi opresivo. Las risas y las charlas despreocupadas del mercado se desvanecían poco a poco, sustituidas por el sonido metálico de cadenas y el eco lejano de cajas siendo apiladas.

El joven apretó los puños de forma instintiva al divisar las grúas que se alzaban como gigantes de hierro contra el cielo. Una de ellas, oxidada y torcida, destacaba entre las demás. Parecía fuera de servicio, pero seguía siendo un punto de referencia claro en este laberinto industrial.

El carpintero se detuvo un momento a unos metros de la estructura, observando su alrededor. La zona estaba menos concurrida que el mercado, pero no por ello más tranquila. Los trabajadores del puerto iban y venían, algunos cargando cajas, otros empujando carretillas. Sus miradas rápidas y sus movimientos cautelosos delataban que no era un lugar donde alguien quisiera quedarse demasiado tiempo sin motivo.

Drake se quedó ahí unos segundos más, ajustando las vendas en sus brazos por pura costumbre, como si eso le ayudara a enfocar sus pensamientos. No sabía exactamente a quién buscaba ni cómo iba a encontrarlo, pero algo en su interior le decía que estaba en el lugar correcto.

Con un último vistazo hacia la grúa rota, echó a andar nuevamente, dejando que sus pasos lo llevaran hacia el centro de este enredo. No tenía un plan concreto, pero si algo sabía hacer Drake Longspan era adaptarse sobre la marcha. Y si alguien tenía problemas con eso, siempre estaba dispuesto a discutirlo con los puños.


Cada paso que daba lo acercaba más a la atmósfera tensa que parecía envolver el lugar. Aunque los sonidos del puerto eran los mismos de siempre, había un peso en el aire que solo alguien acostumbrado a caminar en la delgada línea entre el caos y la calma podría percibir. Las ruedas de un carro rechinaron al pasar cerca de él, y un grupo de trabajadores dejó de hablar por un momento al notar su presencia.

El carpintero de brazos largos notó cómo las miradas se desviaban hacia él, solo para apartarse rápidamente. Algunos trabajadores ni siquiera levantaban la cabeza, centrados en sus tareas, mientras otros hacían un esfuerzo consciente por mantenerse ocupados, como si fingir ignorancia les garantizara seguridad. Aunque no era un lugar particularmente peligroso a simple vista, el ambiente hablaba de un miedo que nadie quería mencionar en voz alta.

Cuando llegó al pie de la grúa rota, se detuvo nuevamente, esta vez al borde de una pila de cajas apiladas desordenadamente. Desde esa posición, podía observar mejor el área que lo rodeaba. Había un par de entradas al almacén principal, con puertas de madera desgastadas que parecían haber soportado décadas de uso. Algunos hombres entraban y salían, moviendo mercancías sin detenerse.

Drake Longspan hizo crujir los nudillos, un sonido que resonó con fuerza en su cabeza aunque probablemente nadie más lo notó. Se cruzó de brazos, dejando que su mirada rojiza escaneara cada detalle del entorno. Una cosa estaba clara: la gente aquí sabía más de lo que dejaban ver, y ese tal "Contador" probablemente no se expondría tan fácilmente.

Bueno... — murmuró para sí mismo, ajustando una vez más los vendajes en sus brazos. — Parece que va a tocar hacer preguntas.

El joven se puso en marcha.

Drake Longspan avanzó hacia uno de los muros del almacén, buscando una mejor perspectiva. El sonido de su propia respiración era un recordatorio constante de que estaba solo en esta misión improvisada. Pero, al final del día, así era como prefería las cosas. No había margen para depender de nadie más, todo recaía en él, y eso le gustaba, al menos por hoy, sin su tripulación cerca.

Cruzó el patio con pasos firmes, deteniéndose a unos metros de una pequeña fogata improvisada donde un par de hombres parecían estar descansando. Aunque no quería llamar la atención, sabía que con su tamaño y porte era inevitable. Su silueta proyectaba una sombra alargada sobre el suelo, como un faro que nadie podía ignorar.
El ambiente estaba lleno de tensión, pero para el chico era solo una pequeña chispa que esperaba el momento de convertirse en incendio. Sus puños se cerraron una vez más, y su mandíbula se apretó mientras ajustaba su capucha para cubrir mejor su rostro. Aún no estaba listo para desatar nada, pero si alguien le daba motivos, no dudaría en actuar.

Las respuestas estaban cerca, lo sentía. Pero para encontrarlas, primero tendría que decidir cómo abrirse paso en este enredo. Por ahora, lo único que importaba era avanzar.

Sin más, el chico utilizó su haki de observación para detectar cualquier señal que le diese alguna ventaja.

Percepción II
KENB401
KENBUNSHOKU
Haki básico
Tier 4
No Aprendida
7
Costo de Haki por Turno
2
Enfriamiento
Permite al usuario percibir con precisión la presencia de otros seres vivos en un área, siendo capaz de apreciar las emociones muy fuertes que exterioricen como un sufrimiento fuerte o un gran instinto asesino, etc. Si lo activa puede anticiparse a un ataque obteniendo para ello un bono de +5 [Reflejos].
Área: [VOLx12] metros. +5 [REF]


Resumen


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