
Donatella Pavone
La Garra de Pavone
27-01-2025, 07:42 AM
La mirada de Donatella se mantuvo fija en Sirius, su determinación tan afilada como las garras que había intentado clavar en el pecho de su adversario. Sin embargo, la precisión de su ataque fue desviada una vez más, sus uñas apenas rasgando la tela del uniforme del hombre alado, dejando un rastro de sangre que caía lentamente como un recordatorio de que su fuerza no era algo que pudiera ignorarse. Pero justo cuando pensó que podría continuar su ofensiva con el agarre planeado, algo inesperado ocurrió.
El agarre de Sirius fue rápido y certero, intentado envolver a Donatella en un abrazo aéreo como respuesta ante su agarre, sin embargo, la fuerza de Sirius era increíblemente débil por lo que su agarre no duro ni siquiera un instante, con un esfuerzo que combinaba técnica y pura fuerza bruta, Donatella flexionó sus músculos y utilizó toda su agilidad para zafarse del agarre. Con un giro rápido y un movimiento explosivo de sus piernas, logró salir disparada boca abajo. No obstante, algo andaba mal, la cazadora sintió un calor extraño expandiéndose rápidamente a su alrededor, haciéndole consciente de que el intento de agarre de Sirius no iba a ser un simple intento por inmovilizarla. Su instinto gritó peligro, y la incomodidad que le generaba el calor que comenzaba a aumentar en intensidad solo reforzó su necesidad de escapar y descender aún más rápido de lo que la gravedad misma pudiera hacerle caer. A pesar de las dificultades que le imponía el aumento de temperatura, su voluntad era más fuerte.
El rostro de Donatella mostró una mezcla de sorpresa y disgusto, aunque esta última emoción predominaba mientras sus músculos se tensaban al máximo en el descenso. El calor que había emanado del aire en un fenómeno de aparentemente diez metros de radio la estaba afectando más de lo que hubiera querido admitir, su energía comenzaba a drenarse y su respiración se volvía más pesada con cada segundo que pasaba en esa trampa infernal. Pero no iba a permitir que él tuviera la ventaja, no mientras le quedara fuerza en el cuerpo.
El aterrizaje fue abrupto, el impacto del escudo contra el suelo no generó tanto escandalo gracias al lodo de la lluvia que había provocado el alado anteriormente, sin embargo, si provocó un deslice de unos tres metros en dirección opuesta a Sirius. Su respiración era pesada, y el sudor comenzaba a acumularse en su frente, pero lo había logrado. Estaba fuera del rango de ese calor abrumador que casi la había dejado fuera de combate. Su cuerpo necesitaba unos segundos para recuperarse, pero su mente seguía afilada como siempre, observando a Sirius desde su posición.
— Sirius, déjame decirte algo. — Su tono era gélido, a pesar de la incomodidad evidente que el calor había dejado en su cuerpo. — No hay honor en llenar el campo de batalla con trucos que juegan en tu favor. Si realmente crees que puedes llamarte digno de volar como un ave orgullosa, desciende al suelo y pelea como uno. ¿O es que tus alas solo sirven para huir de una pelea real y esconderte tras trucos baratos? — Su mirada, a pesar de reflejar el agotamiento, seguía siendo intensa y desafiante. Con esas palabras, Donatella permaneció alerta, tomando el tiempo necesario para regular su respiración mientras planeaba su próximo movimiento reincorporándose en una posición defensiva. Aunque su cuerpo estaba débil por el cambio de temperatura brusco que vivió, su voluntad seguía firme, más ahora que estaba fuera del radio del fenómeno climático que había quedado a unos seis metros de altura de ella.
El agarre de Sirius fue rápido y certero, intentado envolver a Donatella en un abrazo aéreo como respuesta ante su agarre, sin embargo, la fuerza de Sirius era increíblemente débil por lo que su agarre no duro ni siquiera un instante, con un esfuerzo que combinaba técnica y pura fuerza bruta, Donatella flexionó sus músculos y utilizó toda su agilidad para zafarse del agarre. Con un giro rápido y un movimiento explosivo de sus piernas, logró salir disparada boca abajo. No obstante, algo andaba mal, la cazadora sintió un calor extraño expandiéndose rápidamente a su alrededor, haciéndole consciente de que el intento de agarre de Sirius no iba a ser un simple intento por inmovilizarla. Su instinto gritó peligro, y la incomodidad que le generaba el calor que comenzaba a aumentar en intensidad solo reforzó su necesidad de escapar y descender aún más rápido de lo que la gravedad misma pudiera hacerle caer. A pesar de las dificultades que le imponía el aumento de temperatura, su voluntad era más fuerte.
El rostro de Donatella mostró una mezcla de sorpresa y disgusto, aunque esta última emoción predominaba mientras sus músculos se tensaban al máximo en el descenso. El calor que había emanado del aire en un fenómeno de aparentemente diez metros de radio la estaba afectando más de lo que hubiera querido admitir, su energía comenzaba a drenarse y su respiración se volvía más pesada con cada segundo que pasaba en esa trampa infernal. Pero no iba a permitir que él tuviera la ventaja, no mientras le quedara fuerza en el cuerpo.
El aterrizaje fue abrupto, el impacto del escudo contra el suelo no generó tanto escandalo gracias al lodo de la lluvia que había provocado el alado anteriormente, sin embargo, si provocó un deslice de unos tres metros en dirección opuesta a Sirius. Su respiración era pesada, y el sudor comenzaba a acumularse en su frente, pero lo había logrado. Estaba fuera del rango de ese calor abrumador que casi la había dejado fuera de combate. Su cuerpo necesitaba unos segundos para recuperarse, pero su mente seguía afilada como siempre, observando a Sirius desde su posición.
— Sirius, déjame decirte algo. — Su tono era gélido, a pesar de la incomodidad evidente que el calor había dejado en su cuerpo. — No hay honor en llenar el campo de batalla con trucos que juegan en tu favor. Si realmente crees que puedes llamarte digno de volar como un ave orgullosa, desciende al suelo y pelea como uno. ¿O es que tus alas solo sirven para huir de una pelea real y esconderte tras trucos baratos? — Su mirada, a pesar de reflejar el agotamiento, seguía siendo intensa y desafiante. Con esas palabras, Donatella permaneció alerta, tomando el tiempo necesario para regular su respiración mientras planeaba su próximo movimiento reincorporándose en una posición defensiva. Aunque su cuerpo estaba débil por el cambio de temperatura brusco que vivió, su voluntad seguía firme, más ahora que estaba fuera del radio del fenómeno climático que había quedado a unos seis metros de altura de ella.