
Ares Brotoloigos
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27-01-2025, 12:37 PM
Y las astillas volaron de inmediato.
Trozos de madera que no tardaron en salir volando de forma violenta y sin contro alguno. La mayoría con algunas manchas de sangre, o cubiertos de la misma. Ares no se había contenido ni un ápice a pesar de ser un marine. Eran piratas, despojos de la sociedad, ¿por qué tendría que hacerlo? El diablos de apariencia reptiliana se relamió, dejando entrever parte de la lengua violácea que pasó por los afilados dientes, antes de clavar su mirada, amenazante y segura, sobre el resto del grupo que, ahora, le insultaba. Ares movió ligeramente la punta de su cola de manera rítmica y muy suave. Estaba en calma, al menos en apariencia. Y los insultos no podían importarle menos. Incluso le hacían gracia, a juzgar por la afilada sonrisa que se dibujó, de inmediato, en sus fauces.
— ¿Estáis seguros de que queréis seguir con esto? No me importa arrancaros unos cuantos dedos o los ojos a cada uno y luego encerraros en los calabozos.
Sí, en los calabozos había dicho. Por lo que, con ese comentario, podrían imaginar que pertenecía al Gobierno o a cualquier grupo de cazarrecompensas. Ambas opciones eran totalmente factibles. A él le daba reverendamente igual. Se lamió, tranquilamente, una de sus garras que se había manchado con algo de sangre del tipo que, ahora, yacía totalmente inconsciente en el suelo. Por otro lado, parecía que el muchacho de piel cetrina también sabía defenderse bien.
¿Eso eran cartas? Un curioso método, tenía que admitirlo.
Ares se quedó mirando unos pocos segundos, pues le intrigaba. Además, luego tendría que preguntarle abiertamente qué tenía que ver con aquellos. Porque el de piel cetrina, obviamente, no le parecía un simple comerciante. De la misma manera que él tampoco lo parecía, las cosas como eran.
Acto seguido, se encaró a otro de los tipos que ya iban a aprovechar que Bonez iba directamente a por Wylder.
— No tan rápido, vamos a hablar tú y yo. — Claro. “Hablar”.
Ares se crujió los nudillos y, sin miramientos, se fue a por uno de los más bajitos en cuestión. No porque tuviese miedo, ni mucho menos. Pero es que tenía un ángulo tremendo para clavarle los dientes en la tierna carne entre el hombro y el cuello.
El alarido de puerco del desgraciado fue suficiente como para alertar al resto, mientras el diablos se llenaba, literalmente, el paladar de sangre. Lo siguiente que escupió, aparte de dicha vitae, fue también un trozo de carne.
— Sabe a rancio. — Murmuró.
Trozos de madera que no tardaron en salir volando de forma violenta y sin contro alguno. La mayoría con algunas manchas de sangre, o cubiertos de la misma. Ares no se había contenido ni un ápice a pesar de ser un marine. Eran piratas, despojos de la sociedad, ¿por qué tendría que hacerlo? El diablos de apariencia reptiliana se relamió, dejando entrever parte de la lengua violácea que pasó por los afilados dientes, antes de clavar su mirada, amenazante y segura, sobre el resto del grupo que, ahora, le insultaba. Ares movió ligeramente la punta de su cola de manera rítmica y muy suave. Estaba en calma, al menos en apariencia. Y los insultos no podían importarle menos. Incluso le hacían gracia, a juzgar por la afilada sonrisa que se dibujó, de inmediato, en sus fauces.
— ¿Estáis seguros de que queréis seguir con esto? No me importa arrancaros unos cuantos dedos o los ojos a cada uno y luego encerraros en los calabozos.
Sí, en los calabozos había dicho. Por lo que, con ese comentario, podrían imaginar que pertenecía al Gobierno o a cualquier grupo de cazarrecompensas. Ambas opciones eran totalmente factibles. A él le daba reverendamente igual. Se lamió, tranquilamente, una de sus garras que se había manchado con algo de sangre del tipo que, ahora, yacía totalmente inconsciente en el suelo. Por otro lado, parecía que el muchacho de piel cetrina también sabía defenderse bien.
¿Eso eran cartas? Un curioso método, tenía que admitirlo.
Ares se quedó mirando unos pocos segundos, pues le intrigaba. Además, luego tendría que preguntarle abiertamente qué tenía que ver con aquellos. Porque el de piel cetrina, obviamente, no le parecía un simple comerciante. De la misma manera que él tampoco lo parecía, las cosas como eran.
Acto seguido, se encaró a otro de los tipos que ya iban a aprovechar que Bonez iba directamente a por Wylder.
— No tan rápido, vamos a hablar tú y yo. — Claro. “Hablar”.
Ares se crujió los nudillos y, sin miramientos, se fue a por uno de los más bajitos en cuestión. No porque tuviese miedo, ni mucho menos. Pero es que tenía un ángulo tremendo para clavarle los dientes en la tierna carne entre el hombro y el cuello.
El alarido de puerco del desgraciado fue suficiente como para alertar al resto, mientras el diablos se llenaba, literalmente, el paladar de sangre. Lo siguiente que escupió, aparte de dicha vitae, fue también un trozo de carne.
— Sabe a rancio. — Murmuró.