Día 16 de Invierno del año 724,
Noche en la Isla Syrup.
La luna colgaba alta sobre Villa Syrup, esparciendo su luz pálida sobre las calles adoquinadas de la ciudad.
El reflejo en las fuentes y los ventanales de las mansiones aristocráticas añadía un brillo fantasmal a la opulencia del lugar. Aquí, el lujo no era solo una muestra de riqueza, sino una declaración de poder. Para la mayoría, esta ciudad era un paraíso de oportunidades.
Por alguna razón, la mansión te dio una ligera remembranza, como si ya la conocieses de algo... ¿Quizá de tu infancia?
![[Imagen: 6ZggLXp.jpeg]](https://i.imgur.com/6ZggLXp.jpeg)
Sin embargo, para el propio Julius Basileus, era un campo de nuevas oportunidades.
A tú llegada a Isla Syrup, descubres la verdad: La cantidad de dinero que se movía a través de esta era demasiado apetecible como para dejarlo pasar. La Isla Baja era mucho más que una simple oportunidad, era un viaje en barco de los que solo pasan una vez en la vida.
Los pasos del antiguo gladiador resonaban en el suelo húmedo mientras avanzaba por un callejón estrecho, bordeado de muros altos cubiertos de enredaderas.
No llevaba mucho encima, apenas un chaleco sin mangas y pantalones de lino oscuros. Sus músculos, cincelados como el mármol, se tensaban con cada movimiento, listos para responder ante cualquier amenaza.
La vida le había enseñado que los lugares más hermosos ocultaban las sombras más profundas. Y él había venido a sumergirse en ellas. Tu curiosidad te lleva frente a una mansión, por el camino, escuchas rumores... sobre una fiesta... muy elitista. Ideal para conseguir tus objetivos, ideal para "progresar".
A tu manera.
El objetivo parecía simple, infiltrarse en el supuesto círculo de poder de Villa Syrup y encontrar un contacto que le abriera las puertas a un futuro mejor, bien sea delinquiendo o a través de contactos. Su fama como guerrero podría haber sido suficiente en Dressrosa, pero aquí necesitaba algo más que puños y cicatrices. Necesitaba información, influencia y, sobre todo, la oportunidad de obtener un futuro mejor.
El aire estaba impregnado de fragancias costosas, el aroma del vino mezclándose con el perfume de los nobles que paseaban por las calles iluminadas con faroles de bronce.
La mansión a la que se dirigía Julius estaba estratégicamente ubicada en una colina, rodeada de jardines exuberantes y con una vista privilegiada del puerto. Desde allí, se podía ver el ir y venir de los barcos mercantes y, más importante aún, los movimientos de aquellos que operaban tanto dentro como fuera de la ley.
El gladiador se detuvo frente a la verja principal, observando con interés a los guardias apostados en la entrada. Eran profesionales, sin duda. Sus posturas no eran relajadas, y sus ojos escudriñaban cada movimiento de los invitados. Se notaba que no estaban allí solo para exhibirse, sino para actuar si era necesario. Julius había lidiado con hombres así antes. Sabía que con el ángulo correcto y la fuerza suficiente, hasta el mejor entrenado caía.
Pero hoy no había necesidad de violencia. No todavía.
Desde una ventana en lo alto de la mansión, una figura lo observaba. Lucian Velmont. Aunque no se distinguían los detalles de su rostro a la distancia, aquella figura le observaba a él y a todos.
El hombre de Dressrosa podía sentir la mirada evaluadora de aquel hombre, y la del resto.
Sabía reconocer cuando alguien tomaba la medida de otro, buscando calcular su utilidad o su peligrosidad.
El camino empedrado hasta la entrada estaba bordeado de linternas de papel, iluminando a los invitados que llegaban en carruajes tirados por caballos lustrosos. Algunos descendían con gracia ensayada, sus atuendos reflejando la riqueza desmedida de Villa Syrup. Otros eran más discretos, con túnicas oscuras y miradas esquivas. Todos con un propósito. Todos con algo que ganar o perder.
Julius ajustó la postura, elevando su enorme figura con la confianza de un hombre que sabe exactamente a dónde pertenece, aunque no haya sido invitado. Se movió con calma, sin prisa, permitiendo que los murmullos de los curiosos lo rodearan. A algunos les pareció un guardaespaldas contratado, a otros un mercenario con ambiciones. Lo cierto es que era ambas cosas y ninguna a la vez.
Se detuvo frente al umbral donde el portero de túnica azul revisaba la lista de acceso. La iluminación del candelabro sobre la puerta proyectaba sombras largas en el suelo, haciendo que la escena pareciera sacada de una pintura cuidadosamente planeada.
Cuando te acercas, distingues algunos nombres en la lista:
— Señorita Escarlata
— Coronel Mostaza
— Señor Blanco
— Señor Verdi
— Señora Azulino
— Profesor Moradillo
Quizá podrías hacerte pasar por alguno de ellos...
— Nombre — exigió el hombre sin levantar la vista de su pergamino.