
Sirius Herald
Eleos
06-02-2025, 03:07 AM
Syrup despertaba envuelta en la típica bruma de la mañana, mañana en que Julius puso pie en su muelle. El agua reflejaba el tenue brillo del sol naciente, y un par de gaviotas graznaron sobre su cabeza, como si estuvieran dándole algún tipo de bienvenida con sus aleteos y sus sonidos incomodos. El muelle no lucía abarrotado de barcos ni de gente, ni mucho menos pues solo un par de pescadores se encontraban por esos lares, silenciosos mientras revisaban sus redes, por lo que el ambiente era bastante tranquilo, casi demasiado para un lugar que, según habías oído, recibió la visita de piratas y mercaderes en tiempos pasados. Mientras avanzabas sobre las tablas húmedas, percibiste cierta naturaleza apacible que no encontraste en otros puertos: no parecía haber marina controlando el embarcadero, ni regateos estridentes de mercancía exótica.
Al salir del muelle, un camino adoquinado se extendería hacia el interior de la ciudad, flanqueado por casas de colores suaves y balcones llenos de plantas que pendían como cortinas verdes. El olor a madera recién cortada y pan tibio flotaba en el aire. Entre paso y paso, escuchabas las voces lejanas de los lugareños: algunos en el mercado, otros en pequeñas tiendas. Detrás de una de las casas, alcanzas a ver la silueta de lo que parece una torreón a medio derruir, seguramente vestigio de algún viejo fuerte. A la derecha, oyes el tintineo de metales: un mercado improvisado donde se venden frutas marinas y artesanías de conchas. Pese a que hay pocas personas, el ambiente denota una actividad tranquila, como si la gente aquí no estuviera acostumbrada a problemas urgentes.
Despues de esto, podrías observar tres caminos bastante pronunciados.
Al mirar de reojo a un costado del muelle, divisas una estela de huellas húmedas en la madera, que parecen perderse entre dos barcas ancladas. Nadie parece darles importancia, pero su forma es peculiar: no son simples huellas de botas humanas, sino algo más... retorcido. Tal vez solo sea tu imaginación.
Julius, es tu momento de decidir cómo empezarás tu recorrido por esta extraña y apacible ciudad. Tienes el día por delante y ninguna prisa aparente. El viento sopla con suavidad y las nubes dejan pasar un sol radiante. ¿Harás una parada en la posada para saciar la curiosidad local? ¿Buscarás en el mercado algún indicio de aventuras más allá del horizonte? ¿O prefieres adentrarte en las calles estrechas que bordean la costa?. ¿O harás cualquier otro tipo de cosa?.
Al salir del muelle, un camino adoquinado se extendería hacia el interior de la ciudad, flanqueado por casas de colores suaves y balcones llenos de plantas que pendían como cortinas verdes. El olor a madera recién cortada y pan tibio flotaba en el aire. Entre paso y paso, escuchabas las voces lejanas de los lugareños: algunos en el mercado, otros en pequeñas tiendas. Detrás de una de las casas, alcanzas a ver la silueta de lo que parece una torreón a medio derruir, seguramente vestigio de algún viejo fuerte. A la derecha, oyes el tintineo de metales: un mercado improvisado donde se venden frutas marinas y artesanías de conchas. Pese a que hay pocas personas, el ambiente denota una actividad tranquila, como si la gente aquí no estuviera acostumbrada a problemas urgentes.
Despues de esto, podrías observar tres caminos bastante pronunciados.
- Al final del muelle, puedes acercarte a una posada de aspecto cálido, identificada con un viejo letrero de madera que apenas se lee. Si quisieras investigar un poco mas sobre la historia de aquel lugar, sería el lugar perfecto para hablar con las personas.
- Siguiendo recto por la calle principal, alcanzarías la Plaza Central, donde dicen que se realizan pequeños trueques cada mañana y donde una fuente repleta de adornos piratas llama la atención de los forasteros. Tal vez allí encuentres algún viejo mapa o escuches algún rumor de boca de los comerciantes locales.
- Si prefieres la soledad, puedes bordear las callejuelas junto a la costa, donde se alzan los acantilados. Se comenta que hay túneles marinos y restos de barcos encallados, pero pocos lugareños se aventuran a enseñárselos a los extraños.
Al mirar de reojo a un costado del muelle, divisas una estela de huellas húmedas en la madera, que parecen perderse entre dos barcas ancladas. Nadie parece darles importancia, pero su forma es peculiar: no son simples huellas de botas humanas, sino algo más... retorcido. Tal vez solo sea tu imaginación.
Julius, es tu momento de decidir cómo empezarás tu recorrido por esta extraña y apacible ciudad. Tienes el día por delante y ninguna prisa aparente. El viento sopla con suavidad y las nubes dejan pasar un sol radiante. ¿Harás una parada en la posada para saciar la curiosidad local? ¿Buscarás en el mercado algún indicio de aventuras más allá del horizonte? ¿O prefieres adentrarte en las calles estrechas que bordean la costa?. ¿O harás cualquier otro tipo de cosa?.