Alguien dijo una vez...
Rajoy D. Mariano
"Es el Gorosei el que elige al Moderador, y es el Moderador el que quiere que sean los Gorosei el Moderador"
[Aventura] La Bruma del Loto [T5 Akuma]
Teruyoshi
Teru
El mink siguió observando el ir y venir de las personas allí reunidas, atento a los ecos de las conversaciones y murmullos que se filtraban entre los pilares de piedra del castillo. La arrogancia de alguno de los allí presentes era casi palpable, mostrando una actitud altanera, como si la akuma ya fuera suya y los demás que estaban allí como él, sin tanto renombre, no importaran. Este hecho, en cualquier otra situación, seguramente hubiera arrancado malestar al orgulloso mink, quien estaba acostumbrado a llamar la atención allá a donde fuera, sin embargo, dada la situación prefirió mantenerse en segundo plano… de momento.

No podía quitarse la sensación de encima de que aquello era todo una gran trampa. Sentía como si detrás de cada sombra hubiera ojos extra vigilando, atentos a cada participante que caminaba bajo la tenue luz de las lámparas que portaban los sirvientes, postrados en los laberínticos pasillos del castillo, como si fueran los vigilantes de un matadero, atentos a que ninguna presa escapara del destino que les tenían preparados.

A Teruyoshi le hubiera gustado decir que una vez en el exterior pudo respirar más tranquilo, pero la atmósfera de este casaba a la perfección con el interior. La niebla de los pantanos se colaba a través de los muros lentamente, envolviendo como un manto la estructura central del lugar, manteniendo así aquel aura inquietante que mantenía al gato en constante alerta… aunque parecía que no era al único. Las afiladas orejas del mink, atentas a cualquier conversación interesante por parte de los que más llamaban la atención, se percataron de que la inquietud y las confabulaciones se deslizaban entre todos ellos, como la niebla en el lugar. De forma pausada, pero constante.

- Ojalá se maten ya y dejen de molestarrr - pensó el mink al escuchar a la banda de Rina y Zorvan cruzar pullitas. El mink no quería llamar la atención tan pronto. No se fiaba de nada ni de nadie de los allí presentes y por ello se había colocado en la parte posterior de la comitiva, donde se había enterado del primer salseo.

- Quizás si les doy un empujoncito… - pensó de forma maliciosa, imaginándose cómo podía usar aquella rivalidad a su favor.

Teruyoshi estaba seguro que si soltaba unas cuantas palabras aquí y allá en el momento adecuado podría causar la chispa que incendiara todo entre aquellas bandas. No sabía cuales serían los problemas que tenían entre ellos, seguramente alguna tontería como un robo o que alguien quedó tuerto en una pelea, nimiedades tontas. Aunque fuera cual fuera el motivo, se notaba que las rencillas que traían de fuera podían explotar en cualquier momento, por lo que el gato se apuntó a fuego aquel dato para usarlo a su favor en el momento idóneo. De momento se aguantaría, ya que no quería que la argucia le hiciera efecto bumerang por precipitado.

Tras quedarse satisfecho, el mink decidió avanzar con paso tranquilo, manteniéndose lo máximo posible fuera del campo de visión de las personas que podrían producirle problemas… los cuales no andaban muy lejos de donde se encontraba. Los hermanos de la Hermandad del Filo avanzaban en la vanguardia con la seguridad de los que ya se sentían vencedores. A pesar de que el mink no pudo escuchar bien lo que hablaban, estaba claro que su actitud estaba teñida de una arrogancia que destilaba peligro. Si bien no podía oírlos, Teruyoshi observaba sus movimientos, notando la violencia latente que manaban sus gestos.

- Esos sí que van a darrr prrroblemas - se lamentó el mink mientras intentaba sacudirse de encima aquella sensación de alerta… aunque sabía que sería imposible.

Llevaba todo el rato evitando mirar al foco principal de la sensación de peligro de la comitiva, pero dada la importancia de la situación se obligó a centrarse en aquel hombre, Mael Nocturne. Había algo en aquella figura solitaria que inquietaba a Teruyoshi desde el primer momento que lo había visto. Se sentía a otro nivel, como si fuera un lobo solitario caminando entre corderos, esperando el momento adecuado para acabar con todos los allí presentes para conseguir tan suculento premio. El mink sabía que no era la típica persona con la que uno quería tener problemas sin motivos, pero presentía que aquel hombre era una pieza principal de este enigmático juego que había montado Kiku'en Hisu.

Entonces, entre toda esa multitud, entre los murmullos y las miradas, algo llamó su atención. Un sonido leve, casi imperceptible, llegó a sus orejas gatunas. Teruyoshi oteó entre los integrantes de la comitiva, buscando la fuente de aquel suave sonido que se fundía con la bruma. El ruido parecía una campanilla, pero no provenía de las figuras visibles, sino de algún lugar apartado a la derecha de la comitiva. Teruyoshi agudizó las orejas mientras sus ojos destellaban con curiosidad. El sonido era claro y preciso, como si estuviera dirigido a él. Algo en su interior le decía que debía seguir ese camino, que era una invitación hecha para él.

En el fondo sabía que separarse de la comitiva podría ser un riesgo. La bruma, las sombras, las presencias imponentes alrededor... todo indicaba que para nada era una opción segura, pero la campanilla lo llamaba. Su curiosidad lo golpeaba una y otra vez, llamándolo e instigándolo al compás del sonido de la campanilla para averiguar qué misterio escondía su melodía.

Desvió la mirada hacia la zona donde se dirigía la multitud, donde los sirvientes comenzaban a formar una especie de perímetro alrededor de algo que Teruyoshi no alcanzaba a ver bien, sin embargo, el sonido de la campanilla seguía persistente, como un susurro tentador en el oído del gato. La tentación estaba allí, constante, pero entonces el pensamiento de la akuma no mi volvió a su mente, recordándole el motivo por el que se encontraba allí rodeado de tanto peligro.
En cualquier otra situación el mink no hubiera dudado, mandando a la mierda cualquier cosa que estuviera haciendo para saciar su curiosidad, pero había algo dentro de él más grande que sus caprichos que no podía olvidar. Necesidad de poder. Los últimos sucesos le habían demostrado que el mar estaba lleno de gente con poderes inimaginables y él estaba a la cola de todos ellos, así que no podía perder aquella oportunidad de oro por muy mal que oliera todo y por mucha curiosidad que tuviera.

Teruyoshi hizo acopio de fuerza de voluntad y se marchó junto al resto de la comitiva, la cual se encontraba alrededor de un Den Den Mushi mejor vestido que la mitad de los allí presentes.

- Espero que todo esto merezca la pena - se dijo, realizando su característico gesto, a la par que echaba un último vistazo a la bruma donde había escuchado el sonido, escudriñándola una vez más antes de devolver la atención al Den Den Mushi.

El mink volvió a buscar una posición adecuada donde poder escuchar los comentarios de sus rivales en la lucha por la fruta del diablo, así como para no perderse nada de lo que el animal tuviera que transmitirles.
#6


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