
Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
09-02-2025, 03:50 AM
El Fuego del Cazador
Agyo Nisshoku se encontraba en una isla rocosa, lejos de la civilización. Había descubierto que su control sobre la Mero Mero no Mi tenía más aplicaciones de las que pensaba, y ahora estaba decidido a perfeccionar una de ellas: prenderse fuego.
Se paró en el centro de un círculo de piedras ennegrecidas por intentos previos. Su cuerpo brillaba tenuemente con una energía ardiente, pero no era suficiente. Sus llamas aún eran inestables, apenas un reflejo de lo que quería lograr.
Desde una roca cercana, su compañero felino observaba con los brazos cruzados. Su voz ronca y burlona rompió el silencio.
—Si sigues dudando, solo conseguirás calentarte como una vela patética.
Agyo ignoró la provocación y cerró los ojos. Visualizó la pasión y el deseo que alimentaban su poder. La Mero Mero no Mi no solo dominaba los corazones ajenos, sino también el suyo propio. Y en su interior, ardía un fuego inquebrantable.
—Vamos… —susurró, exhalando lentamente.
De repente, su piel comenzó a brillar con un resplandor rosado. El calor subió de golpe y las primeras llamas danzaron sobre su cuerpo. Eran más intensas que antes, más firmes. No quemaban su piel, sino que la abrazaban como una armadura de fuego vivo.
El gato sonrió, mostrando sus colmillos.
—Ahora sí pareces un verdadero cazador.
Agyo abrió los ojos, que reflejaban el resplandor de sus llamas. Sentía el poder recorriendo su cuerpo, más vivo que nunca. No solo había logrado encenderse… había aprendido a controlar el fuego de su propia voluntad.
Y la próxima vez que enfrentara a un pirata, lo envolvería en el ardor de su justa cacería.
Agyo Nisshoku se encontraba en una isla rocosa, lejos de la civilización. Había descubierto que su control sobre la Mero Mero no Mi tenía más aplicaciones de las que pensaba, y ahora estaba decidido a perfeccionar una de ellas: prenderse fuego.
Se paró en el centro de un círculo de piedras ennegrecidas por intentos previos. Su cuerpo brillaba tenuemente con una energía ardiente, pero no era suficiente. Sus llamas aún eran inestables, apenas un reflejo de lo que quería lograr.
Desde una roca cercana, su compañero felino observaba con los brazos cruzados. Su voz ronca y burlona rompió el silencio.
—Si sigues dudando, solo conseguirás calentarte como una vela patética.
Agyo ignoró la provocación y cerró los ojos. Visualizó la pasión y el deseo que alimentaban su poder. La Mero Mero no Mi no solo dominaba los corazones ajenos, sino también el suyo propio. Y en su interior, ardía un fuego inquebrantable.
—Vamos… —susurró, exhalando lentamente.
De repente, su piel comenzó a brillar con un resplandor rosado. El calor subió de golpe y las primeras llamas danzaron sobre su cuerpo. Eran más intensas que antes, más firmes. No quemaban su piel, sino que la abrazaban como una armadura de fuego vivo.
El gato sonrió, mostrando sus colmillos.
—Ahora sí pareces un verdadero cazador.
Agyo abrió los ojos, que reflejaban el resplandor de sus llamas. Sentía el poder recorriendo su cuerpo, más vivo que nunca. No solo había logrado encenderse… había aprendido a controlar el fuego de su propia voluntad.
Y la próxima vez que enfrentara a un pirata, lo envolvería en el ardor de su justa cacería.