
Sowon
Luna Sangrienta
11-02-2025, 01:00 AM
Por fortuna su accionar pareció ser el indicado, los doctores se encargarían de aquello en lo que no tenía ni idea, por su parte tocaba esperar. Sacó de su bolsillo una moneda y se dirigió a una de las máquinas expendedoras del hospital, seleccionando unos ositos de gominola para pasar el tiempo y otra bolsita más por si a su compañera le gustaban. Con un aire más calmado volvió a la recepción, masticar le ayudaba a calmar la impaciencia, por mucho que apenas se conociesen la Oni solía entablar con facilidad cierto espirìtu de camaradería y más con personas fuertes como había demostrado su compañera.
—Oh claro que iré a verla, luego de ese susto sería muy grosero de mi parte, además yo fui en parte responsable. —
Respondió la guerrera mientras era guíada, ingresó masticando los últimos ositos de gominola y dejando la bolsa sin abrir sobre la pequeña mesa de luz. Teniendo que agacharse para no estrellar su cabeza o sus cuernos contra el marco de la puerta, su actitud no parecía haber variado y más que mirar a su compañera con pena o decepción le admiraba por haber sobrevivido a lo que ella creía era una toxina letal. Se mantuvo a una distancia prudencial, había notado sus gestos y ciertos modales que le recordaban a algo horrible de su pasado aunque agachó la cabeza y se tragó un poco de su orgullo.
— Lamento si actué sin consultarte, o si excedí los límites de nuestra alianza al traerte a este lugar. Un Oni no abandona a un herido mientras este aún respire, mi orgullo me obligaba a no dejarte morir. Si aun así deseas golpearme para enmendar lo que las hormigas puedan considerar una falta de respeto, puedes hacerlo, pero te ruego que excluyas mis cuernos o mis manos. —
Suspiró mientras levantaba la mirada y ofrecía su mejilla para ser golpeada, no le importaba llevarse un recuerdo y tampoco quería que la humana le guardase rencor por una acción surgida de la necesidad y el temor. Su voluntad siempre se mantenía ahí, pero sabía que sus tradiciones no siempre eran comprendidas y que ella no podía caer bien a todos aunque lo intentase. Buscó las bolsas de dinero de su bolsillo y las colocó sobre las piernas de su compañera.
— Es todo lo que sacamos de esas escorias, divide como gustes, los gastos de este lugar van a mi cuenta. Soy herrera, no es demasiado para mí y he ganado mucho vendiendo cuchillos a humanos. ¿Te apetece ver mi trabajo? —
Sonrió mientras cambiaba el tema a uno mucho más placentero, tomando asiento en el suelo y sin desviar un minuto sus ojos de los de aquella mujer. La Oni era como un libro abierto, quien nada oculta nada teme, esa era su filosofía e incluso con la amenaza de un golpe o de terminar su sociedad de mala manera no mostraba signos de guardarse ningún rencor o sentir remordimientos por lo que había hecho. El miedo, las dudas y la inoperancia era para quienes no se animaban a tomar las riendas de su vida y Sowon siempre saldaba sus asuntos para no tener que mirar atrás.
—Oh claro que iré a verla, luego de ese susto sería muy grosero de mi parte, además yo fui en parte responsable. —
Respondió la guerrera mientras era guíada, ingresó masticando los últimos ositos de gominola y dejando la bolsa sin abrir sobre la pequeña mesa de luz. Teniendo que agacharse para no estrellar su cabeza o sus cuernos contra el marco de la puerta, su actitud no parecía haber variado y más que mirar a su compañera con pena o decepción le admiraba por haber sobrevivido a lo que ella creía era una toxina letal. Se mantuvo a una distancia prudencial, había notado sus gestos y ciertos modales que le recordaban a algo horrible de su pasado aunque agachó la cabeza y se tragó un poco de su orgullo.
— Lamento si actué sin consultarte, o si excedí los límites de nuestra alianza al traerte a este lugar. Un Oni no abandona a un herido mientras este aún respire, mi orgullo me obligaba a no dejarte morir. Si aun así deseas golpearme para enmendar lo que las hormigas puedan considerar una falta de respeto, puedes hacerlo, pero te ruego que excluyas mis cuernos o mis manos. —
Suspiró mientras levantaba la mirada y ofrecía su mejilla para ser golpeada, no le importaba llevarse un recuerdo y tampoco quería que la humana le guardase rencor por una acción surgida de la necesidad y el temor. Su voluntad siempre se mantenía ahí, pero sabía que sus tradiciones no siempre eran comprendidas y que ella no podía caer bien a todos aunque lo intentase. Buscó las bolsas de dinero de su bolsillo y las colocó sobre las piernas de su compañera.
— Es todo lo que sacamos de esas escorias, divide como gustes, los gastos de este lugar van a mi cuenta. Soy herrera, no es demasiado para mí y he ganado mucho vendiendo cuchillos a humanos. ¿Te apetece ver mi trabajo? —
Sonrió mientras cambiaba el tema a uno mucho más placentero, tomando asiento en el suelo y sin desviar un minuto sus ojos de los de aquella mujer. La Oni era como un libro abierto, quien nada oculta nada teme, esa era su filosofía e incluso con la amenaza de un golpe o de terminar su sociedad de mala manera no mostraba signos de guardarse ningún rencor o sentir remordimientos por lo que había hecho. El miedo, las dudas y la inoperancia era para quienes no se animaban a tomar las riendas de su vida y Sowon siempre saldaba sus asuntos para no tener que mirar atrás.