
Ares Brotoloigos
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13-02-2025, 11:08 AM
En el momento en el que decidieron comenzar la búsqueda, no tardaron en encontrarse con una trifurcación. El rubio y la chica tomaron su ruta y, por ende, Ares siguió por la que faltaba. En su caso, el camino de la derecha. No había intercambiado su código de Den Den Mushi con los otros dos básicamente porque no tenía un aparatejo de eses. No se le daba especialmente bien la tecnología, todo sea dicho. Pero no creía que fuese a ser muy necesario. O eso era lo que pensaba inicialmente. El inicio de la ruta que él había escogido, por ser la que quedaba, se abría ante él como la oscura boca de un lobo. Solo los tintineos lejanos de algunas bombillas cutres y medio moribundas le iban guiando por el camino que tenía que seguir. Inicialmente, no parecía haber nada interesante. Nada más allá del goteo del agua a través de los viejos canalones y desgastadas tuberías, de la penumbra y de la humedad que se cernía en el lugar a medida que iba avanzando y la oscuridad le iba abrazando poco a poco. De momento, las suaves luces iban aguantando, por lo que podía guiarse por ahí sin tropezar.
— En menudo lugar se han ido a meter... — Masculló de repentino mal humor.
Aunque solo se les hubiese perdido un niño, en realidad. Pero eso ya dificultaba el trabajo de por sí. Ares bufó con descontento mientras avanzaba a través del agua que, por ahora, apenas y le mojaba los tobillos. El hedor era notorio y de vez en cuando arrugaba el hocico debido a ello. Y, aún así, continuaba hacia delante. Lo primero que le llamó la atención fueron unos extraños grabados en las paredes. No los reconoció ni tampoco supo leerlos. Pero al menos sí pudo distinguir un patrón que parecía repetirse de alguna manera. Como si hubiesen sido hechas, esas marcas, deliberadamente en ese lugar. ¿Cual era el problema? Que no tenía la menor idea de lo que significaban. Bien podian ser algo importante como, definitivamente, no eran nada más allá que garabatos sin sentido. Aún así, procuró memorizarlas solo por si acaso.
Tras eso, continuó avanzando y a medida que lo hacía, la negrura comenzó a envolverle sin remedio. A pesar de su especie, su visión en la oscuridad era como la de cualquier otro humano, aunque mas o menos podía guiarse por el olfato. Si no fuese por la peste de las alcantarillas, claro. El terreno comenzó a cambiar mientras caminaba, tanteando cuidadosamente el lugar. El agua que, hasta ahora, le llegaba por los tobillos, de repente había subido hacia las pantorrillas.
— La madre que me... — Rezongó con un gruñido gutural. Si el nivel del agua estaba subiendo, eso solo podía significar una cosa: problemas.
Pero no tuvo demasiado tiempo a pensar sobre aquello puesto que, de repente y sin previo aviso, un torrente de agua sucia se abalanzó sobre él como si hubiesen abierto una presa. No tuvo tan siquiera tiempo de reacción cuando se vió arrastrado sin más, como un trozo de madera a merced de la fuerte corriente. Alguna maldición brotó en su mente tras haberse dado algún que otro golpe durante el “viajecito”, pero finalmente el agua terminó escupiéndole, de mala manera, en otra zona mucho más amplia. El tobogán improvisado llegó a su fin, y su excursión también, cuando Ares terminó tumbado y flotando sobre la nueva piscina de agua sucia en la que se encontraba. Miró al techo oscuro y mohoso con verdadero hartazgo y luego decidió salir del agua.
— ¿Qué es este lugar? — La pregunta fue, más bien, dirigida a sí mismo, mientras daba un par de vueltas oteando el lugar donde había terminado cayendo. Era una cámara mucho más amplia que las anteriores a donde había estado. Pero no notaba o no veía nada de consideración más allá de eso.
Las tuberías de los techos continuaban brotando agua, aunque en menor medida. Lo mejor que podía haber era seguir aquella red de canalones. Quizás le llevasen a alguna parte. Aquella mortecina luz en la lejanía fue lo que decidió seguir por ahora. Era mejor eso a quedarse ahí plantado en la oscuridad.
Y solo por si acaso, decidió que se iría fijando en las paredes cercanas, por si volvía a ver alguno de eses símbolos o garabatos que había visto antes.
— En menudo lugar se han ido a meter... — Masculló de repentino mal humor.
Aunque solo se les hubiese perdido un niño, en realidad. Pero eso ya dificultaba el trabajo de por sí. Ares bufó con descontento mientras avanzaba a través del agua que, por ahora, apenas y le mojaba los tobillos. El hedor era notorio y de vez en cuando arrugaba el hocico debido a ello. Y, aún así, continuaba hacia delante. Lo primero que le llamó la atención fueron unos extraños grabados en las paredes. No los reconoció ni tampoco supo leerlos. Pero al menos sí pudo distinguir un patrón que parecía repetirse de alguna manera. Como si hubiesen sido hechas, esas marcas, deliberadamente en ese lugar. ¿Cual era el problema? Que no tenía la menor idea de lo que significaban. Bien podian ser algo importante como, definitivamente, no eran nada más allá que garabatos sin sentido. Aún así, procuró memorizarlas solo por si acaso.
Tras eso, continuó avanzando y a medida que lo hacía, la negrura comenzó a envolverle sin remedio. A pesar de su especie, su visión en la oscuridad era como la de cualquier otro humano, aunque mas o menos podía guiarse por el olfato. Si no fuese por la peste de las alcantarillas, claro. El terreno comenzó a cambiar mientras caminaba, tanteando cuidadosamente el lugar. El agua que, hasta ahora, le llegaba por los tobillos, de repente había subido hacia las pantorrillas.
— La madre que me... — Rezongó con un gruñido gutural. Si el nivel del agua estaba subiendo, eso solo podía significar una cosa: problemas.
Pero no tuvo demasiado tiempo a pensar sobre aquello puesto que, de repente y sin previo aviso, un torrente de agua sucia se abalanzó sobre él como si hubiesen abierto una presa. No tuvo tan siquiera tiempo de reacción cuando se vió arrastrado sin más, como un trozo de madera a merced de la fuerte corriente. Alguna maldición brotó en su mente tras haberse dado algún que otro golpe durante el “viajecito”, pero finalmente el agua terminó escupiéndole, de mala manera, en otra zona mucho más amplia. El tobogán improvisado llegó a su fin, y su excursión también, cuando Ares terminó tumbado y flotando sobre la nueva piscina de agua sucia en la que se encontraba. Miró al techo oscuro y mohoso con verdadero hartazgo y luego decidió salir del agua.
— ¿Qué es este lugar? — La pregunta fue, más bien, dirigida a sí mismo, mientras daba un par de vueltas oteando el lugar donde había terminado cayendo. Era una cámara mucho más amplia que las anteriores a donde había estado. Pero no notaba o no veía nada de consideración más allá de eso.
Las tuberías de los techos continuaban brotando agua, aunque en menor medida. Lo mejor que podía haber era seguir aquella red de canalones. Quizás le llevasen a alguna parte. Aquella mortecina luz en la lejanía fue lo que decidió seguir por ahora. Era mejor eso a quedarse ahí plantado en la oscuridad.
Y solo por si acaso, decidió que se iría fijando en las paredes cercanas, por si volvía a ver alguno de eses símbolos o garabatos que había visto antes.