
Eustass D. Punk
Jetto Gia
17-02-2025, 01:35 AM
(Última modificación: 17-02-2025, 01:37 AM por Eustass D. Punk.)
El cigarro se balanceaba entre sus labios mientras caminaba. Cada paso que daba en el cuartel lo hacía pareciendo que había caído en el mismísimo basurero de la Marina.
Después de haber gritado, humillado y probablemente traumatizado a media brigada de novatos, le habían dado instrucciones sobre dónde debía presentarse. Un tipo con cara de querer jubilarse antes de cumplir los 40 le había entregado los papeles con una expresión de "yo no cobro lo suficiente para esto".
— Tsk, putos funcivagos.
Después de haber gritado, humillado y probablemente traumatizado a media brigada de novatos, le habían dado instrucciones sobre dónde debía presentarse. Un tipo con cara de querer jubilarse antes de cumplir los 40 le había entregado los papeles con una expresión de "yo no cobro lo suficiente para esto".
— Tsk, putos funcivagos.
Bad Batch
El nombre no prometía nada bueno. Sonaba a grupo de desechos, a marine reciclado de otras brigadas que nadie quería. A productos defectuosos...
Y ahora la habían metido con ellos.
— Puta madre… — gruñó, echando una bocanada de humo mientras ajustaba la bolsa sobre su hombro.
A Punk le pareció que la sala del Baddo Bacchi estaba en una zona más apartada del resto del G-31.
"Normal, seguro no querían que esta panda de inadaptados interactuara mucho con la gente normal."
Mientras avanzaba por los pasillos, notó cómo los marines comunes y corrientes evitaban siquiera mirarla. Alguno que otro hacía como que estaba ocupado con un informe imaginario o revisaba su rifle con una concentración digna de un francotirador en plena misión.
Cobardes.
El eco de sus pasos resonaba en el corredor hasta que dobló la última esquina y vio la entrada a su nueva prisión.
— Aquí vamos, puto manicomio.
Con un golpe seco de su bota, cruzó el umbral, con la cabeza en alto y su expresión de bulldog lista para morder a cualquiera que le dirigiera la palabra. Porque si algo tenía claro, es que aquí nadie iba a darle la bienvenida con flores. Aunque hubiese estado bien.
Cuando llegó supo que había encontrado su destino. Punk entrecerró el ojo sano y ladeó la cabeza. Esto era demasiado.
— ¡Eso es lo que necesita la marina, juventud explosiva! ¡Yahahahaha!
La joven soltó un grito ahogado, un iiiihhh apenas perceptible, su risa le había pillado por sorpresa y le costó disimular el saltito que pegó.
Punk entrecerró el ojo sano y ladeó la cabeza. Esto era demasiado. Frente a ella, un abuelito musculoso, que tenía la vibra de alguien que podía darte un consejo de vida y abrirte el cráneo con una mano en la misma oración.
— ¿Y tú quién mierda eres, abuelo forzudo? ¿El profeta de los calambres musculares?
Punk echó humo de su cigarro por última vez antes de escupirlo al suelo, haciéndose la dura.
— No me jodas, con esos brazos puedes hacer flexiones con un barco entero a la espal—
No terminó la frase cuando Ares Brotoloigos la interrumpió con su saludo de bienvenida.
— Bienvenida, suboficial Punk.
Un lagarto albino. O mejor dicho, para Eustass D. Punk un sargento de hierro con patas, con una cara que parecía capaz de intimidar a una tormenta. Enseguida lo asoció a un posible navegante. La chica siguió el tintineo de su cola como si fuera un compás musical.
— Soy el suboficial Brotoloigos y miembro de la Bad Batch. Esperamos que su estancia en la brigada sea satisfactoria.
— ¿Suboficial? A mi me pareces el puto guardián de las puertas del infierno. Lo siento pero me he dejado la moneda de Caronte en el South Blue.
Punk lo miró con desconfianza, ladeando la cabeza, bajando levemente el tono.
— Déjame adivinar si alguien dice “la marina es tonta” tres veces en el espejo apareces a pegarle un sermón, ¿no?
¿Era un insulto? Sí. ¿Una forma de reconocer qué por lo menos Ares mandaba algo? También. Le iba a hacer un par de preguntas cuando es interrumpida por un severo grito procedente de la zona.
— ¡QUIEN TOCO MI ARMA!
— Ah, cojonudo, ahora resulta que los cañones vienen con patas... — Farfulló con una sonrisa malvada.
La primera sonrisa en lo que llevaba en Loguetown. No duró mucho. Elevó su mirada hacía "el cielo", observando con la cara de un gato que exige la atención y servidumbre a su humano.
— ¿Pero cómo carajo te sientas en una silla normal sin destrozarla?
Suspiró, mordiéndose la lengua antes de soltar otra sarta de improperios. Caminó hasta su taquilla y soltó la bolsa que sonó de manera metálica al tocar el suelo, levantando polvo debido a su elevado peso.
— La puta madre, es como si hubieran formado una banda de fenómenos y me hubieran metido a la fuerza.
Cuando abrió la taquilla, un gato anaranjado saltó en dirección a ella, haciendo que cayese de culo al suelo.
— ¡¡KYAAAAAAAAAAAAAAA!!