
Key
Key
25-02-2025, 03:55 AM
Unos pasos danzarines se deslizaban por las calles de Monfort. Key llevaba un día allí y aún no tenía muy claro dónde estaba; es lo que tiene entrar de polizón en un barco. A veces no sabes cuál es el destino, ni cuánto vas a tardar... Pero al menos si eliges un barco de pasajeros puedes pasar el viaje sin estar escondido en una caja.
Su primera impresión de la ciudad al bajarse al puerto la sobrecogió. Aunque las nubes de humo que se alzaban desde las ¿torres? de los edificios eran bonitas, el olor que impregnaba la ciudad era bastante desagradable. No obstante, decidió camuflarse entre la multitud como si fuese uno más y comenzó a explorar la urbe, impaciente, para intentar desentrañar los secretos que escondía.
Decidió hacer una pequeña parada en uno de los puestos de comida del boulevard. La comida local era saciante, al menos la del puesto que había escogido. Algo que había descubierto era que si había cola para comprar o estaba muy bueno lo que ofrecían o era barato. Mientras tomaba el último bocado y se debatía sobre si pedir una porción más o comprar algo en otro sitio para probar algo diferente. Pero una capa de color roja, como la mismísima sangre, llamó su atención y su mirada se volvió seria. "He visto ese emblema antes."
Tiró el plato en el cubo de basura del puesto y comenzó a seguir a aquella figura sin perderla de vista. Parecía que iba solo, pero siendo uno de ellos... tal vez tuviese alguna guardia oculta. Cuando giró una calle pudo ver su rostro por unos instantes. Habían pasado algunos años, pero le recordaba. Ella era entonces una niña flacucha, con la cabeza totalmente rapada y con unos ojos grandes, cada uno de un color distinto, justo como le ocurría a él. No había sido una posesión de su familia, pero desde el lugar en el que había estado encerrada si le había visto pasar algunas veces, con su impecable ropa y un porte altanero. Un rasgo que compartían todos ellos. Pero se acordaba especialmente de él. Era raro encontrar a alguien que no tuviese ambos ojos iguales.
Sabía que estaba poniéndose en peligro, pero no pudo contenerse... Deslizó su mano a uno de los tenderetes y con disimulo cogió un pañuelo blanco sencillo, apretando aún más el paso. Giró esa esquina y se puso el pañuelo en el pelo de modo que el flequillo tapase su ojo más llamativo. Conservó una distancia prudencial y cuando vio que se sentaba junto a una imponente fuente, ella tomó asiento cerca, donde no pudiese verla directamente, pero pudiese continuar observándole por si decidía moverse.
"Tal vez pueda averiguar cómo está mamá. Aunque a esta gente, solo le importan ellos mismos."
Su primera impresión de la ciudad al bajarse al puerto la sobrecogió. Aunque las nubes de humo que se alzaban desde las ¿torres? de los edificios eran bonitas, el olor que impregnaba la ciudad era bastante desagradable. No obstante, decidió camuflarse entre la multitud como si fuese uno más y comenzó a explorar la urbe, impaciente, para intentar desentrañar los secretos que escondía.
Decidió hacer una pequeña parada en uno de los puestos de comida del boulevard. La comida local era saciante, al menos la del puesto que había escogido. Algo que había descubierto era que si había cola para comprar o estaba muy bueno lo que ofrecían o era barato. Mientras tomaba el último bocado y se debatía sobre si pedir una porción más o comprar algo en otro sitio para probar algo diferente. Pero una capa de color roja, como la mismísima sangre, llamó su atención y su mirada se volvió seria. "He visto ese emblema antes."
Tiró el plato en el cubo de basura del puesto y comenzó a seguir a aquella figura sin perderla de vista. Parecía que iba solo, pero siendo uno de ellos... tal vez tuviese alguna guardia oculta. Cuando giró una calle pudo ver su rostro por unos instantes. Habían pasado algunos años, pero le recordaba. Ella era entonces una niña flacucha, con la cabeza totalmente rapada y con unos ojos grandes, cada uno de un color distinto, justo como le ocurría a él. No había sido una posesión de su familia, pero desde el lugar en el que había estado encerrada si le había visto pasar algunas veces, con su impecable ropa y un porte altanero. Un rasgo que compartían todos ellos. Pero se acordaba especialmente de él. Era raro encontrar a alguien que no tuviese ambos ojos iguales.
Sabía que estaba poniéndose en peligro, pero no pudo contenerse... Deslizó su mano a uno de los tenderetes y con disimulo cogió un pañuelo blanco sencillo, apretando aún más el paso. Giró esa esquina y se puso el pañuelo en el pelo de modo que el flequillo tapase su ojo más llamativo. Conservó una distancia prudencial y cuando vio que se sentaba junto a una imponente fuente, ella tomó asiento cerca, donde no pudiese verla directamente, pero pudiese continuar observándole por si decidía moverse.
"Tal vez pueda averiguar cómo está mamá. Aunque a esta gente, solo le importan ellos mismos."