
Key
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26-02-2025, 06:55 PM
La joven se levantó de un salto, agarró con cada una de sus manos las de Arthur, ejerciendo una presión que para el podría ser como tan solo una caricia y se acercó hasta que solo había un palmo entre los rostros de ambos. Los ojos de la muchacha brillaban con la intensidad del reflejo del sol de mediodía en el mar. No pudiendo contener su júbilo apretó sus labios y asintió dos veces.
- Jum, jum. Vayamos.
De pronto la duda invadió su semblante, mientras le soltaba, se apartaba lentamente de él y volvía a sentarse. ¿De pronto había empezado a desconfiar de él? ¿Tal vez una propuesta tan repentina le había resultado sospechosa cuando en realidad iba con la mejor de las intenciones? Era palpable que estaba pensando para sí misma, mientras estuvo varios segundos sin hablar. El ambiente se había vuelto por unos instantes raro, hasta que dijo en un hilo de voz.
- Pero aún no tenemos un nombre, ¿no? ¡Necesitamos un nombre!
Dijo en una mezcla de decepción y exigencia. Comenzó a dar golpecitos en su mentón, tan relajada de nuevo... En ningún momento había pasado por su cabeza que Arthur pudiese tener alguna mala intención. La juventud es a veces tan expresiva que puede desconcertar a cualquiera y en ella además, sus emociones fluían de una forma especialmente intensa. Recordando la primera pregunta que le hizo sobre el barco y que ella misma nombró como lo más importante.
- El dragón y el tigre. La justicia. Su nombre tiene que reflejar eso. - Afirmó por primera vez con seriedad desde que la había conocido. Estaba tomándose aquella tarea como algo realmente importante. Ella consideraba aquel barco que aún no había visto algo verdaderamente importante, y lo era, porque, ¿cuánto tiempo y pasión no había invertido Arthur en construirlo? - Una vez leí un cuento muy bonito sobre los dos gobernantes encargados de traer paz y bendiciones al mundo. Contaba que el Dragón, representa el yang, y se coloca a la derecha y el Tigre, representa el yin, y por eso se pone a la izquierda. No se muy bien que es eso del yin y el yang, pero si que recuerdo que decía que así se encuentra el equilibrio entre el viento y el agua, el cielo y la tierra, y que de ese modo es posible un mundo pacífico.
Tras la narración del cuento comenzó a pensar en voz alta con varios susurros, pero no llegaba a dar con un nombre que le gustase del todo. Cada vez lo hacía de forma más introspectiva y estaba comenzando a ensimismarse con buscar el perfecto, el que se merecía.
- Jum, jum. Vayamos.
De pronto la duda invadió su semblante, mientras le soltaba, se apartaba lentamente de él y volvía a sentarse. ¿De pronto había empezado a desconfiar de él? ¿Tal vez una propuesta tan repentina le había resultado sospechosa cuando en realidad iba con la mejor de las intenciones? Era palpable que estaba pensando para sí misma, mientras estuvo varios segundos sin hablar. El ambiente se había vuelto por unos instantes raro, hasta que dijo en un hilo de voz.
- Pero aún no tenemos un nombre, ¿no? ¡Necesitamos un nombre!
Dijo en una mezcla de decepción y exigencia. Comenzó a dar golpecitos en su mentón, tan relajada de nuevo... En ningún momento había pasado por su cabeza que Arthur pudiese tener alguna mala intención. La juventud es a veces tan expresiva que puede desconcertar a cualquiera y en ella además, sus emociones fluían de una forma especialmente intensa. Recordando la primera pregunta que le hizo sobre el barco y que ella misma nombró como lo más importante.
- El dragón y el tigre. La justicia. Su nombre tiene que reflejar eso. - Afirmó por primera vez con seriedad desde que la había conocido. Estaba tomándose aquella tarea como algo realmente importante. Ella consideraba aquel barco que aún no había visto algo verdaderamente importante, y lo era, porque, ¿cuánto tiempo y pasión no había invertido Arthur en construirlo? - Una vez leí un cuento muy bonito sobre los dos gobernantes encargados de traer paz y bendiciones al mundo. Contaba que el Dragón, representa el yang, y se coloca a la derecha y el Tigre, representa el yin, y por eso se pone a la izquierda. No se muy bien que es eso del yin y el yang, pero si que recuerdo que decía que así se encuentra el equilibrio entre el viento y el agua, el cielo y la tierra, y que de ese modo es posible un mundo pacífico.
Tras la narración del cuento comenzó a pensar en voz alta con varios susurros, pero no llegaba a dar con un nombre que le gustase del todo. Cada vez lo hacía de forma más introspectiva y estaba comenzando a ensimismarse con buscar el perfecto, el que se merecía.