
Derian Markov
Lord Markov
03-03-2025, 05:09 PM
(Última modificación: 03-03-2025, 05:11 PM por Derian Markov.)
El secreto de la victoria es la información. Conocerse a uno mismo y al enemigo y saber cómo explotar las debilidades y fortalezas de cada uno. Los maestros estrategas buscan romper la resistencia enemiga con el menor gasto de recursos posible. Conocer el terreno y forzar al enemigo a jugar bajo tus reglas. Derian conocía esa y muchas otras lecciones del arte de la guerra. Y sabía que en una situación como la que enfrentaba aquella noche, debía ser especialmente cauteloso. Desconocía muchas cosas sobre el enemigo al que enfrentaba, así que ahora estaba en su interés estudiar sus movimientos.
Sabía que tenía una ventaja. Él llevaba más de un mes en Rostock. Había recorrido sus callejuelas a diario día y noche, memorizando cada rincón y cada atajo. No sería un lugareño, pero conocía aquel campo de batalla cuidadosamente. En cambio, sus enemigos eran recién llegados. Cierto es que era posible que hubiesen estado antes en el pueblo y lo conocieran, pero él tenía aquel conocimiento reciente. Por otro lado, la ventaja de sus enemigos era que sabían quién era, mientras que para él, ellos mantenían el anonimato.
Una pareja y un trío de enemigos recorrían las callejuelas, con toda seguridad buscándole. Sería fácil emboscar a cualquiera de ellos. Dividir al enemigo era una estrategia habitual en la guerra y ellos mismos lo habían hecho por él. Sin embargo, atacar tan pronto podría ser pecar de exceso de confianza. No sabía nada del líder de aquella gente. Era posible que aquellos grupos fuesen solo un cebo. Si pudiese capturar a uno vivo, ¿sacaría algo interesante de él? No tenía tiempo ni un lugar para un interrogatorio en condiciones, pero algunas personas se quebraban bajo el miedo a la muerte. Algunas. Pero sospechaba que lidiaba con profesionales. No, morder el cebo por la esperanza de capturar a alguien que tal vez no hablaría era demasiado arriesgado.
Necesitaba conocer más sobre aquella gente. Debía ver qué clase de estrategia adoptaban. Él tenía la ventaja: ellos le querían a él. Si no se mostraba, tendrían que cambiar de estrategia. Acabó determinando que, en aquel momento, la mejor táctica era aguardar. No hacer nada salvo mantenerse oculto en su puesto elevado y vigilar los movimientos en las calles bajo él. Se acomodó en el tejado y continuó su silenciosa vigilia.
Sabía que tenía una ventaja. Él llevaba más de un mes en Rostock. Había recorrido sus callejuelas a diario día y noche, memorizando cada rincón y cada atajo. No sería un lugareño, pero conocía aquel campo de batalla cuidadosamente. En cambio, sus enemigos eran recién llegados. Cierto es que era posible que hubiesen estado antes en el pueblo y lo conocieran, pero él tenía aquel conocimiento reciente. Por otro lado, la ventaja de sus enemigos era que sabían quién era, mientras que para él, ellos mantenían el anonimato.
Una pareja y un trío de enemigos recorrían las callejuelas, con toda seguridad buscándole. Sería fácil emboscar a cualquiera de ellos. Dividir al enemigo era una estrategia habitual en la guerra y ellos mismos lo habían hecho por él. Sin embargo, atacar tan pronto podría ser pecar de exceso de confianza. No sabía nada del líder de aquella gente. Era posible que aquellos grupos fuesen solo un cebo. Si pudiese capturar a uno vivo, ¿sacaría algo interesante de él? No tenía tiempo ni un lugar para un interrogatorio en condiciones, pero algunas personas se quebraban bajo el miedo a la muerte. Algunas. Pero sospechaba que lidiaba con profesionales. No, morder el cebo por la esperanza de capturar a alguien que tal vez no hablaría era demasiado arriesgado.
Necesitaba conocer más sobre aquella gente. Debía ver qué clase de estrategia adoptaban. Él tenía la ventaja: ellos le querían a él. Si no se mostraba, tendrían que cambiar de estrategia. Acabó determinando que, en aquel momento, la mejor táctica era aguardar. No hacer nada salvo mantenerse oculto en su puesto elevado y vigilar los movimientos en las calles bajo él. Se acomodó en el tejado y continuó su silenciosa vigilia.