- ¡Ah, sí, los pájaros que venden periódicos! No sabía que hacían envíos, como nadie me ha enviado nunca nada. Y tampoco suelo leerlos, pero si dices que sales a veces, puede que lo haga de vez en cuando. Y bueno, te hablé porque parecías muy fuerte, me pareciste una persona curiosa, y resultaste ser alguien realmente encantador. No me esperaba hacer un amigo en aquel lugar. Ts... Tsch.. ja ja ja.
Contestó un poco sin pensar. Sus ojos no podían apartarse del balandro al que seguía mirando como si intentase memorizarlo. Pero varias figuras comenzaron a moverse en torno al mismo. Ponían palos para poder empujarlo hacia el mar y que lo besase por primera vez. Era un trabajo que requería fuerza y una buena organización. No sabía muy bien cómo poder ayudar, pero se aproximó a aquellos que lo intentaban acercar al agua, imitando sus movimientos con un gran esfuerzo que realmente aportaba poco a la tarea. Pero ella quería formar parte de aquel momento. Cuando estaba todo listo, Arthur aclaró su garganta. Key se movió entre la multitud hacia él, hacia el barco y se puso a su lado mientras le escuchaba.
Los ojos de Key se humedecieron, por la emoción del momento y por las palabras de Arthur que le habían hecho sentir tristeza, nostalgia y sobre todo, la habían imbuido con esperanza, pues sentía que aquel barco podía hacer del mundo un lugar mejor. Cogió la botella firmemente, y acarició con su mano izquierda el lugar dónde había decidido golpearla. Ahí la madera estaba elegida para resistir incluso al oleaje más embravecido. Aunque a quién se dirigía era al barco y a su creador, dijo con determinación.
- Juicio de los Reyes, es tu momento de cumplir tu propósito. Surca los mares siendo libre.
Key golpeó la botella con fuerza. !Cack!. Y la rompió en el lugar que había elegido de un solo golpe. Tras hacerlo no pudo evitar mirar a Arthur emocionada, y al poco soltando lo que quedaba de cristal en su mano al suelo, se abalanzó a abrazarle. Mientras enterraba su cabeza en aquel abrazo, de forma casi inaudible, tapado por los vítores del resto de asistentes a la ceremonia, Arthur pudo escuchar en un hilo de voz.
- Sed felices. Sed libres.
Y las lágrimas corrieron por el rostro de la muchacha, ocultas, donde nadie podía verlas.
Contestó un poco sin pensar. Sus ojos no podían apartarse del balandro al que seguía mirando como si intentase memorizarlo. Pero varias figuras comenzaron a moverse en torno al mismo. Ponían palos para poder empujarlo hacia el mar y que lo besase por primera vez. Era un trabajo que requería fuerza y una buena organización. No sabía muy bien cómo poder ayudar, pero se aproximó a aquellos que lo intentaban acercar al agua, imitando sus movimientos con un gran esfuerzo que realmente aportaba poco a la tarea. Pero ella quería formar parte de aquel momento. Cuando estaba todo listo, Arthur aclaró su garganta. Key se movió entre la multitud hacia él, hacia el barco y se puso a su lado mientras le escuchaba.
Los ojos de Key se humedecieron, por la emoción del momento y por las palabras de Arthur que le habían hecho sentir tristeza, nostalgia y sobre todo, la habían imbuido con esperanza, pues sentía que aquel barco podía hacer del mundo un lugar mejor. Cogió la botella firmemente, y acarició con su mano izquierda el lugar dónde había decidido golpearla. Ahí la madera estaba elegida para resistir incluso al oleaje más embravecido. Aunque a quién se dirigía era al barco y a su creador, dijo con determinación.
- Juicio de los Reyes, es tu momento de cumplir tu propósito. Surca los mares siendo libre.
Key golpeó la botella con fuerza. !Cack!. Y la rompió en el lugar que había elegido de un solo golpe. Tras hacerlo no pudo evitar mirar a Arthur emocionada, y al poco soltando lo que quedaba de cristal en su mano al suelo, se abalanzó a abrazarle. Mientras enterraba su cabeza en aquel abrazo, de forma casi inaudible, tapado por los vítores del resto de asistentes a la ceremonia, Arthur pudo escuchar en un hilo de voz.
- Sed felices. Sed libres.
Y las lágrimas corrieron por el rostro de la muchacha, ocultas, donde nadie podía verlas.