
Key
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29-03-2025, 05:26 PM
Los ojos de la joven se iluminaron como si las estrellas mismas hubiesen despertado en ellos ante la llegada de la noche. Con la vista perdida en el paisaje e imaginando como sería cuando la oscuridad se adueñara del lugar, dijo mientras imaginaba:
- ¡Esperaré! ¡Esperaré a que sea de noche! Quiero verlo. Hoy el cielo casi no tiene nubes, es un día perfecto para verlo. Bueno... Noche. Ts... Tsch.. ja ja ja.
Las palabras del chico la pillaron por sorpresa. Cada decisión que había tomado la había llevado hasta allí, pero en muchas ocasiones no había tenido la posibilidad de decidir. No eligió donde nació, ni vivir la mitad de su vida cautiva. No eligió tener que enfrentarse al mundo totalmente sola cuando para ella era un lugar tan desconocido e incomprensible. Esas decisiones las habían tomado otros por ella. Un mundo donde la gente sea feliz y sea libre, eso era lo que ella quería y cada vez le encontraba más significado a aquellas palabras. Poco a poco iba entendiéndolas, averiguando cómo podía sentirse de dicho modo.
Pero cuando su acompañante continúo explicándole lo que era aquel manantial, sacudió la cabeza para despejarla y volvió a prestarle atención. Y dijo:
- ¡Oh, entonces podemos bañarnos! ¿Te apetece?
Comenzó a quitarse inmediatamente las botas. Pero una vez quedó descalza le miró de nuevo ojiplática.
- ¡¿Cua, cuarenta o cincuenta metros?! ¡ESO ES IMPRESIONANTE! - dijo con total júbilo. - Yo... yo nunca había pensado si quiera en esa posibilidad. Siempre he soñado con surcar los mares, ¿pero los cielos? Debe de ser algo realmente espectacular.
Se aproximó a él hasta estar a tan solo un palmo de distancia. Tal vez aquella distancia pudiese resultarle al joven incómoda, pero era algo que ella ni se planteaba. Acercó su mano lentamente hacia una de sus alas y sin llegar a tocarle le confesó:
- Sí, si no te molesta si que me gustaría tocarlas. Tus plumas se ven preciosas y parecen muy suaves.
Se quedó mirándole fijamente, esperando a que le diese permiso para poder tocarle o que le indicase lo contrario.
- ¡Esperaré! ¡Esperaré a que sea de noche! Quiero verlo. Hoy el cielo casi no tiene nubes, es un día perfecto para verlo. Bueno... Noche. Ts... Tsch.. ja ja ja.
Las palabras del chico la pillaron por sorpresa. Cada decisión que había tomado la había llevado hasta allí, pero en muchas ocasiones no había tenido la posibilidad de decidir. No eligió donde nació, ni vivir la mitad de su vida cautiva. No eligió tener que enfrentarse al mundo totalmente sola cuando para ella era un lugar tan desconocido e incomprensible. Esas decisiones las habían tomado otros por ella. Un mundo donde la gente sea feliz y sea libre, eso era lo que ella quería y cada vez le encontraba más significado a aquellas palabras. Poco a poco iba entendiéndolas, averiguando cómo podía sentirse de dicho modo.
Pero cuando su acompañante continúo explicándole lo que era aquel manantial, sacudió la cabeza para despejarla y volvió a prestarle atención. Y dijo:
- ¡Oh, entonces podemos bañarnos! ¿Te apetece?
Comenzó a quitarse inmediatamente las botas. Pero una vez quedó descalza le miró de nuevo ojiplática.
- ¡¿Cua, cuarenta o cincuenta metros?! ¡ESO ES IMPRESIONANTE! - dijo con total júbilo. - Yo... yo nunca había pensado si quiera en esa posibilidad. Siempre he soñado con surcar los mares, ¿pero los cielos? Debe de ser algo realmente espectacular.
Se aproximó a él hasta estar a tan solo un palmo de distancia. Tal vez aquella distancia pudiese resultarle al joven incómoda, pero era algo que ella ni se planteaba. Acercó su mano lentamente hacia una de sus alas y sin llegar a tocarle le confesó:
- Sí, si no te molesta si que me gustaría tocarlas. Tus plumas se ven preciosas y parecen muy suaves.
Se quedó mirándole fijamente, esperando a que le diese permiso para poder tocarle o que le indicase lo contrario.