
John Joestar
Jojo
05-11-2024, 09:51 PM
La lluvia caía a cántaros, y el viento aullaba como un lobo hambriento. Había buscado refugio dentro de la única taberna de la isla, un lugar llamado "El Jabalí Errante". La taberna tenía un ambiente acogedor, pero el aroma a mariscos pasados impregnaba el aire, lo que hacía que me retorciera un poco en mi asiento. Las paredes estaban adornadas con pieles de animales y viejas fotografías de navegantes que, supuse, habían pasado por allí antes que yo.
Me acomodé en una mesa de madera gastada, donde unas pocas velas parpadeaban, luchando contra la penumbra. Pedí una jarra de hidromiel, y mientras esperaba, observé a los parroquianos. Un grupo de pescadores discutía acaloradamente en una esquina sobre la última caza en alta mar, mientras un viejo marinero, con un parche en el ojo, se reía de sus propias historias de aventuras.
Finalmente, mi bebida llegó. El líquido dorado burbujeaba y su aroma dulce me animó. Saboreé la primera gota, sintiendo cómo la calidez se expandía por todo mi cuerpo, ahuyentando el frío y la humedad que me acompañaban desde que desembarqué.
Tras un par de jarras y un plato de mejillones que, a pesar de su aspecto poco apetitoso, estaban deliciosos, decidí que era hora de aventurarme fuera de nuevo. La lluvia había disminuido un poco, pero el aire seguía cargado de humedad y misterio.
Abrí la puerta de la taberna y me encontré con el exterior empapado, las sombras de los árboles se movían al compás del viento, creando figuras fantasmales que parecían observarme. Decidí explorar un poco la isla, atraído por una curiosidad inquieta. Al caminar, el barro bajo mis botas se adhería como un recordatorio de dónde estaba.
Caminé hacia la playa, donde las olas rompían con un rugido ensordecedor, como si la misma isla estuviera viva. La luz de la luna iluminaba el horizonte y me sentí como un explorador en un mundo desconocido. De repente, vi un destello en la arena, algo que brillaba con fuerza incluso en la oscuridad. Me agaché y descubrí un pequeño objeto, un amuleto antiguo, con símbolos que nunca había visto.
La emoción me inundó; quizás era un tesoro perdido, una clave hacia una aventura inesperada. Lo guardé en mi bolsillo y, sintiendo la adrenalina correr por mis venas, decidí que no volvería a la taberna esa noche. La isla Demontooth estaba llena de
Me acomodé en una mesa de madera gastada, donde unas pocas velas parpadeaban, luchando contra la penumbra. Pedí una jarra de hidromiel, y mientras esperaba, observé a los parroquianos. Un grupo de pescadores discutía acaloradamente en una esquina sobre la última caza en alta mar, mientras un viejo marinero, con un parche en el ojo, se reía de sus propias historias de aventuras.
Finalmente, mi bebida llegó. El líquido dorado burbujeaba y su aroma dulce me animó. Saboreé la primera gota, sintiendo cómo la calidez se expandía por todo mi cuerpo, ahuyentando el frío y la humedad que me acompañaban desde que desembarqué.
Tras un par de jarras y un plato de mejillones que, a pesar de su aspecto poco apetitoso, estaban deliciosos, decidí que era hora de aventurarme fuera de nuevo. La lluvia había disminuido un poco, pero el aire seguía cargado de humedad y misterio.
Abrí la puerta de la taberna y me encontré con el exterior empapado, las sombras de los árboles se movían al compás del viento, creando figuras fantasmales que parecían observarme. Decidí explorar un poco la isla, atraído por una curiosidad inquieta. Al caminar, el barro bajo mis botas se adhería como un recordatorio de dónde estaba.
Caminé hacia la playa, donde las olas rompían con un rugido ensordecedor, como si la misma isla estuviera viva. La luz de la luna iluminaba el horizonte y me sentí como un explorador en un mundo desconocido. De repente, vi un destello en la arena, algo que brillaba con fuerza incluso en la oscuridad. Me agaché y descubrí un pequeño objeto, un amuleto antiguo, con símbolos que nunca había visto.
La emoción me inundó; quizás era un tesoro perdido, una clave hacia una aventura inesperada. Lo guardé en mi bolsillo y, sintiendo la adrenalina correr por mis venas, decidí que no volvería a la taberna esa noche. La isla Demontooth estaba llena de