
Gavyn Peregrino
Rose Branwell
04-12-2024, 01:22 AM
Escuché con atención a la sargento, en realidad tenía mucho que decir acerca de la Marina, al parecer realmente le agrada su trabajo, me preguntaba por qué ¿Qué es lo que lleva a una persona a unirse a la marina? La mayoría piensa en personas con un sentido de la justicia intachable, pero, con lo variada que es la motivación de las personas para volverse piratas, revolucionarios o cazadores, entonces el móvil de los marinos sin duda era distinto en cada uno… Aunque, la mayor parte de la población pareciera estar impulsada por la justicia en sí misma. Ridículo en lo que a mi respecta, considerando que la justicia es un concepto lo suficientemente abstracto y ambivalente como para ser “torcida” en función de quien la ejerza y según la ética y valores que maneje. Después de todo, cada moneda tiene dos caras, y, aunque ciertas fuerzas se vean como opuestas, a veces simplemente quieren lo mismo, solo que en bandos diferentes.
Acomodé mis alas con cuidado de no golpear a nadie, deslizando mis dedos libres entre las suaves y esponjosas plumas, siempre tenían una textura muy agradable, por eso me encantaba dormir con almohadas de plumas. Deslicé mi mano hasta el cenicero color negro laca, ubicado en el centro de la mesa, y presioné el extremo ardiente del cigarrillo dentro de este, ya no quedaba mucho de la vara de vicio que sostenía, tendría que encender otra en un rato, por el momento, simplemente dejé la colilla allí mismo. Me preguntaba a qué se refería con un “Acto Heroico”, probablemente algo que hiciera que quienes estaban en puestos superiores en la jerarquía de la marina decidieran ascender a una persona según sus actos, aunque también debía ser por conveniencia. Era difícil no pensar de forma pesimista, pero siempre está bien tener más de una opción, por si acaso.
. – ¿Y a ti te gustaría estar entre los altos mandos?
Alcancé mi jarra de cerveza, solo para notar que estaba vacía, le hice señas a la mesera para que trajera una botella esta vez, tenía planeado quedarme por un buen rato aquí, después de todo estaba interesado en la perspectiva de Anko con respecto a la marina, no siempre se puede tener solo la opinión propia como la realidad, es muy imparcial, y muy narcisista creer que solo la percepción de uno mismo cuenta. Tomé nota mental sobre los puestos en la marina, sus divisiones, el orden de cada puesto, que tan “sencillo” era alcanzar dichos rangos, evidentemente la definición de la palabra dependía de la situación y motivación de cada uno, tenía el sentimiento de que Anko tenía una buena motivación para escalar alto. Ah… Eso me agradaba. Quienes querían llegar a los más alto, aunque ¿Eso la haría más libre?
. – Parece que tienes mucho orgullo por la marina ¿Eh? –Esbocé una sonrisa ligeramente divertida y amena, casi cariñosa– ¿Te sientes más libre con cada rango que subes? ¿O hay algo que quieras alcanzar en específico estando en la marina?
Cuando la mesera trajo la botella de cerveza negra no me miró con desconfianza, esta vez solo con desconcierto, quizás se preguntaba qué hacía un civil cualquiera en un bar repleto de marines, quizás se preguntaba qué hacía un civil marcado como yo en un bar repleto de marines. Pero eso no me importaba realmente. Agarré la botella ya abierta con tranquilidad y me serví aquel líquido oscuro con espuma beige tan amargo que no sabía porque me gustaba.
. – Ah, quizás estoy sonando algo desagradable, no cuestiono la moralidad de su motivación, sino su motivación en sí, todos tenemos una para estar donde estamos. –Moví la cerveza en la jarra, vi lo espesa que era y bebí un trago especialmente feliz.
Alcé mis cejas emplumadas, mi mayor enemigo, las responsabilidades que venían con un trabajo de oficina: El papeleo. Una vez lo intenté, pero no tuve especial aprecio por completar formas, fichas, informes, sonaba como una vida de sufrimiento eterno, extremadamente aburrido, en la que volar era sólo algo que podías soñar o intentar con aviones de papel. Estaba seguro de que si Dante bajó por los nueve círculos del infierno, uno de ellos estaba compuesto por oficinistas disconformes y cansados con ojeras tan grandes que podrían ser minks panda. De repente el apetito que se había estado acumulando en la boca de mi estómago, como un lobo hambriento, mermó ante la perspectiva. Aunque, recuperé el deseo de saber más cuando ella mencionó que obedecía a alguien, bueno, obviamente, ya que, supuse, de todos los rangos que ella mencionó, probablemente había alguien un escalafón más poderoso o poderosa que ella en su base.
. – ¿Oh? ¿Y quienes son sus superiores actualmente? Supongo que cada base debe tener, al menos, varios suboficiales, o algo así. –Mencioné, pensativo– Como las manadas de lobos ¡Sin ofender!
Levanté las manos en son de paz.
Pero eso se detuvo cuando Anko se inclinó para hablar conmigo, el volumen de su voz se redujo considerablemente cuando comenzó a hablar acerca del gobierno, como lo haría cualquiera con dos dedos de frente en un bar lleno de compañeros de trabajo que podían ser, o no, más cercanos al gobierno de lo que uno espera.
. – Vaya… Dicen que la curiosidad mató al gato, tendré cuidado entonces, aunque no sé cual es el supuesto límite “para los de arriba”, aunque no tengo ganas de parecer, menos siendo tan joven. –Y bonito. Parpadeé cuando dijo que le caí bien, ante lo que una sonrisa cariñosa torció mi expresión– A mi también me cayó bien, señorita Anko, gracias por la advertencia.
Dirigí mi mirada hacia fuera del bar y luego la volví hacia ella con un brillo subrepticio de interés.
. – ¿Tiene curiosidad por el festival de Goza? Me dijeron que los fuegos artificiales son especialmente bonitos. –Bebí un sorbo de mi cerveza– ¿Le gustaría ir a verlos? Si tiene unos minutos de tiempo libres.
Acomodé mis alas con cuidado de no golpear a nadie, deslizando mis dedos libres entre las suaves y esponjosas plumas, siempre tenían una textura muy agradable, por eso me encantaba dormir con almohadas de plumas. Deslicé mi mano hasta el cenicero color negro laca, ubicado en el centro de la mesa, y presioné el extremo ardiente del cigarrillo dentro de este, ya no quedaba mucho de la vara de vicio que sostenía, tendría que encender otra en un rato, por el momento, simplemente dejé la colilla allí mismo. Me preguntaba a qué se refería con un “Acto Heroico”, probablemente algo que hiciera que quienes estaban en puestos superiores en la jerarquía de la marina decidieran ascender a una persona según sus actos, aunque también debía ser por conveniencia. Era difícil no pensar de forma pesimista, pero siempre está bien tener más de una opción, por si acaso.
. – ¿Y a ti te gustaría estar entre los altos mandos?
Alcancé mi jarra de cerveza, solo para notar que estaba vacía, le hice señas a la mesera para que trajera una botella esta vez, tenía planeado quedarme por un buen rato aquí, después de todo estaba interesado en la perspectiva de Anko con respecto a la marina, no siempre se puede tener solo la opinión propia como la realidad, es muy imparcial, y muy narcisista creer que solo la percepción de uno mismo cuenta. Tomé nota mental sobre los puestos en la marina, sus divisiones, el orden de cada puesto, que tan “sencillo” era alcanzar dichos rangos, evidentemente la definición de la palabra dependía de la situación y motivación de cada uno, tenía el sentimiento de que Anko tenía una buena motivación para escalar alto. Ah… Eso me agradaba. Quienes querían llegar a los más alto, aunque ¿Eso la haría más libre?
. – Parece que tienes mucho orgullo por la marina ¿Eh? –Esbocé una sonrisa ligeramente divertida y amena, casi cariñosa– ¿Te sientes más libre con cada rango que subes? ¿O hay algo que quieras alcanzar en específico estando en la marina?
Cuando la mesera trajo la botella de cerveza negra no me miró con desconfianza, esta vez solo con desconcierto, quizás se preguntaba qué hacía un civil cualquiera en un bar repleto de marines, quizás se preguntaba qué hacía un civil marcado como yo en un bar repleto de marines. Pero eso no me importaba realmente. Agarré la botella ya abierta con tranquilidad y me serví aquel líquido oscuro con espuma beige tan amargo que no sabía porque me gustaba.
. – Ah, quizás estoy sonando algo desagradable, no cuestiono la moralidad de su motivación, sino su motivación en sí, todos tenemos una para estar donde estamos. –Moví la cerveza en la jarra, vi lo espesa que era y bebí un trago especialmente feliz.
Alcé mis cejas emplumadas, mi mayor enemigo, las responsabilidades que venían con un trabajo de oficina: El papeleo. Una vez lo intenté, pero no tuve especial aprecio por completar formas, fichas, informes, sonaba como una vida de sufrimiento eterno, extremadamente aburrido, en la que volar era sólo algo que podías soñar o intentar con aviones de papel. Estaba seguro de que si Dante bajó por los nueve círculos del infierno, uno de ellos estaba compuesto por oficinistas disconformes y cansados con ojeras tan grandes que podrían ser minks panda. De repente el apetito que se había estado acumulando en la boca de mi estómago, como un lobo hambriento, mermó ante la perspectiva. Aunque, recuperé el deseo de saber más cuando ella mencionó que obedecía a alguien, bueno, obviamente, ya que, supuse, de todos los rangos que ella mencionó, probablemente había alguien un escalafón más poderoso o poderosa que ella en su base.
. – ¿Oh? ¿Y quienes son sus superiores actualmente? Supongo que cada base debe tener, al menos, varios suboficiales, o algo así. –Mencioné, pensativo– Como las manadas de lobos ¡Sin ofender!
Levanté las manos en son de paz.
Pero eso se detuvo cuando Anko se inclinó para hablar conmigo, el volumen de su voz se redujo considerablemente cuando comenzó a hablar acerca del gobierno, como lo haría cualquiera con dos dedos de frente en un bar lleno de compañeros de trabajo que podían ser, o no, más cercanos al gobierno de lo que uno espera.
. – Vaya… Dicen que la curiosidad mató al gato, tendré cuidado entonces, aunque no sé cual es el supuesto límite “para los de arriba”, aunque no tengo ganas de parecer, menos siendo tan joven. –Y bonito. Parpadeé cuando dijo que le caí bien, ante lo que una sonrisa cariñosa torció mi expresión– A mi también me cayó bien, señorita Anko, gracias por la advertencia.
Dirigí mi mirada hacia fuera del bar y luego la volví hacia ella con un brillo subrepticio de interés.
. – ¿Tiene curiosidad por el festival de Goza? Me dijeron que los fuegos artificiales son especialmente bonitos. –Bebí un sorbo de mi cerveza– ¿Le gustaría ir a verlos? Si tiene unos minutos de tiempo libres.