Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Común] [C-Presente] ¿Sabías que los Den Den pueden cantar Jingles? Yo tampoco | Priv. Asradi
Alistair
Mochuelo
La primera pregunta que arrojó Asradi se encargó de dejarle en claro que, aún cuando ella se encontraba fuera de su campo de experiencia, la sirena sabía bien las preguntas importantes que debía hacer. Si no fuese porque en su rostro ya había plasmada una sonrisa enorme, seguramente habría asomado una mas sutil en la comisura de sus labios. A la primera oportunidad que pudo después de la explicación verbal, le respondería a su duda. 

La respuesta corta sería sí. La respuesta larga y más enrevesada es que depende del Den Den Mushi. Los Den Den negros, por ejemplo, no tienen ningún receptor porque sirven exclusivamente para interceptar comunicaciones; solo saben recibirlas, no enviarlas, así que esa pieza sería un excedente innecesario. Los de monitoreo tampoco, ya que suelen usarse para recopilar información audiovisual. Pero por lo general, cualquier Den Den que sirva para comunicación en doble sentido tendrá esas piezas, y luego las que necesite para su propósito específico. — Porque, por ejemplificarlo en su propia mente, el Den Den blanco contaba con piezas adicionales para prevenir la intercepción de llamada de los Den Den negros. Era todo un mundo a descubrir, y uno que estaba dispuesto a enseñar poco a poco si la sirena estaba dispuesta a continuar con lecciones como estas. 

El emplumado soltó una risa suave cuando le escuchó a ella mencionar la maña que le tenía a los Den Den, algo que no negaría. — ¡Lo he hecho unas cuantas veces ya! Como bien dicen: La información es el arma más peligrosa, y la comodidad más buscaba. La Revolución siempre necesita de unos buenos Den Den para mantener la comunicación fluyendo, y los civiles siempre gustan de tener un Den Den para comunicarse con un familiar al otro lado de la isla, o incluso en una diferente. Hasta he escuchado que algunos son tan poderosos como para establecer comunicaciones entre Blues. — Esos, por lo menos de momento, aún se encontraban fuera de su rango de experiencia. Pero pronto intentaría estudiar sobre ellos para montar uno con sus propias manos. — Además, un Den Den funcional es un caracolillo más que alguien cuidará, ellos también se benefician de todo esto. Así que me sienta bien montar unos cuantos para asegurarme de que estos pequeños estarán en un sitio cómodo donde puedan vivir su vida. — Intentaba tener en cuenta todas las perspectivas disponibles en su forma de pensar. 

Poco después, la sirena plantaría otra duda bastante válida, aunque un poco mas filosófica en contexto. Un buen alimento para el pensamiento. A ello también podía ofrecer un poco de luz, aunque siempre había ambigüedad de por medio. — Tengo entendido que están mas que adaptados a ello, es básicamente su mejor y única habilidad. Solo... Imagino que debe ser agotador para ellos, aunque no de mala manera. Por algo duermen prácticamente todo el tiempo que no están en uso, o eso pensaría yo. — Por supuesto, no es como si en ningún momento hubiese estudiado un Den Den a un nivel quirúrgicamente meticuloso, así que lo suyo eran mas teorías e información empírica que otra cosa. 

El emplumado observaría cada movimiento que la sirena realizaba, cruzado de brazos y atento a cualquier cosa que pudiese salir mal en el proceso; iba bien, pero cuando llegó el momento de remover la pieza, algo falló y la sirena se llevó un chispazo por delante. Un sonido de sorpresa de Alistair acompañó al de reacción de la sirena, tomando la mano femenina entre las propias cuando ella dejara de sacudirla y revisaría minuciosamente que no hubiese quedado daño más que el susto y el disgusto. — ¿Estás bien? ¿Te ha electrocutado muy fuerte? — Preguntó a la chica, con sus ojos fijos en la mano de la sirena, buscando marcas con su mirada mientras su mente intentaba descifrar lo que había ocurrido. — Debió ser por alguna pieza interna estropeada que llevaba un daño. Parece que la lección vendrá bien para hacer mantenimiento a tu Den Den, ya que estamos. — Una sacudida en medio del asalto al castillo, algo de agua o incluso que algún día se le cayera al suelo y algo se descolocara dentro. Todas opciones perfectamente válidas. 

La herida, a simple vista, no parecía grave. Pero no había que olvidar que Alistair estaba en modo mamá gallina ahora mismo. — ¿Necesitas que te traiga algún medicamento para aplicarte? — Esperó a su respuesta, y si ella accedía, el lunarian rebuscaría entre un botiquín cercano por los implementos necesarios para luego entregárselos, o ponérselos él mismo si era necesario. Si por otro lado ella no lo veía necesario, tomaría las herramientas nuevamente y se pondría manos a la obra. — Veamos, si lo hago con cuidado... — Siendo el mango de goma, se encargó de utilizar las herramientas para remover la pieza que fallaba; con el mango del mencionado material, cualquier chispazo que cobrara vida subiría por la herramienta y se vería mitigada por la goma inmediatamente. — Ahí, fuera pieza. — Saldría con facilidad, y aunque a simple ojo no parecía estar mal, el chispazo anterior indicaba lo contrario.

En eso, tuvo otra idea. — Ahora, me gustaría que intentes montarlo de vuelta, aunque usando... — De la parte de abajo del escritorio levantaría una caja metálica que, al abrir, evidenciaría varias piezas idénticas a las que habían sacado del molusco. Eran repuestos para ocasiones como ésta. — Éstas de aquí. Están sin usar, así que no deberían darte problema alguno. — Removió las piezas al tempo que sus palabras salían de sus labios, colocando las piezas nuevas en el lado opuesto al Den Den para que no se mezclaran con las antiguas. — Esta vez te indicaré cada paso, uno a la vez, de lo que tienes que hacer, pero me gustaría que fueran tus manos quienes pongan al caracolillo en operación nuevamente. ¿Te parece bien? — Propuso, sonriéndole enérgico. Ahora, más que solo ofrecerle instrucción visual a imitar, sería su guía verbal. Pero tampoco la presionaría de más sobre hacerlo o no, en luz de su experiencia reciente.

Las herramientas y las piezas estaban sobre la mesa, ¿estaría ella dispuesta a hacer la tarea?
#11
Asradi
Völva
Por inercia, Asradi se chupó un poquito el dedo donde se había llevado el chispazo. Todavía escocía pero no era nada grave. Incluso, un poco indignada, le echó una mirada no muy amigable al pobre caracol que, al fin y al cabo, no tenía la culpa de nada. Su mano fue tomada por la de Alistair, más grande y protectora que la suya, pero pudo sentir la calidez y el cuidado con el que el lunarian ahora intentaba revisar si le había dejado alguna quemadura o herida. Ese gesto tan suyo provocó que el gesto de la sirena se suavizara y esbozase una muy suave sonrisa.

Estoy bien, solo ha sido un pequeño chispazo, ¿ves? — Fue ella la que, ahora, extendió la palma para mostrarle su totalidad a Alistair. No había nada de quemaduras como tal, ni de heridas. Solo una pequeña rojez en la punta de los dedos indice y pulgar que no revestía gravedad.

Tras eso, retomaron la lección hacia el Den Den Mushi. Era un caracol pequeño y bastante tímido, aunque ahora permanecía dormitando tranquilamente, mientras le hacían el mantenimiento. Asradi retomó la atención, también, cuando Alistair empezó una vez más con la práctica y las explicaciones de por sí. Poco a poco, el pequeño escozor en sus dedos fue remitiendo.

La verdad es que este Den Den Mushi no es nuevo. — Por decirlo de alguna manera. Era uno ya usado que había conseguido en cuanto llegaron a Oykot y que les serviría, en ese momento, para que los grupos se mantuviesen comunicados. Así que, probablemente, el molusco no había recibido un mantenimiento decente desde hacía tiempo. Y sumado al desconocimiento que Asradi tenía al respecto. Así que aquello le vendría bien a los dos.

Una para aprender y el otro para recibir dichos beneficios.

Al menos ha funcionado hasta ahora y no le ha pasado nada más grave. — Le dió una caricia breve al durmiente molusco con uno de sus dedos, antes de apartar la mano y seguir, con la mirada todo el proceso que Alistair estaba haciendo. Como retiró la pieza que fallaba y que a ella le había dado el chispazo y la dejaba a un lado.

Ahora, fuera de toda conexión peligrosa, Asradi tomó dicha pieza y la examinó en su mano, por delante y por detrás, con expresión minuciosa, tratando de entender lo que estaba mal con ella, la colocación y lo que pudiese aprender. Sí lo vió, entonces, el motivo del chispazo. Había un cable bastante pelado y en mal estado. Supuso que ese era el problema. Ahora el caracol tendría una pieza totalmente nueva.

Lo que no se esperó tampoco fue que Alistair la animase a intentarlo de nuevo, pero en sentido contrario. Es decir, a montarlo de nuevo con las piezas nuevas que el lunarian le estaba proporcionando.

¿Estás seguro? Ya viste que no salió muy bien la cosa cuando quise desmontar una pieza. — Lo había hecho torpemente, todo sea dicho.

Aunque entendía que, a la larga, tendría que aprender. Por desgracia, Alistair no iba a estar siempre allí para ayudarla. Fue con ese pensamiento en mente que se terminó de decidir. Asradi tomó aire y suspiró un poco, mentalizándose. Además, Alistair le iba a guiar, así que no debería haber demasiado problema.

Está bien, intentaré hacerlo mejor. — Su expresión, ahora, era más segura, más decidida. Tomó las herramientas que el lunarian le había puesto al alcance y primero contempló y examinó las piezas nuevas. Tomó la correspondiente y pasó los dedos por la misma, también luego por la concha del molusco, allí donde debía ir la susodicha. No solo era ponerla, sino que también tendría que juntar los cables entre sí para que hiciese el consabido contacto.

La expresión de la sirena era concentrada. Logró montar y colocar bien la pieza en sí. Y luego procedió a hacer lo mismo con la conexión. Supuestamente, todo estaba bien. O eso era lo que creía.

… ¿Alistair...? — Llamó, mientras sus ojos se abrían de par en par. La expresión de ella había variado a una de preocupación y “temor”.

¿Porqué? Porque el pobre caracol se había despertado en el momento en el que, literalmente, había comenzado a humear. Y no por el calor, precisamente. Los ojos celestes de la pelinegra seguían, consternada, la pequeña columna de humo y chisporroteo que nacía desde el pobre Den Den Mushi, como si fuese a estallar en cualquier momento.

Había creado, sin pretenderlo, una pequeña bomba de relojería.
#12
Alistair
Mochuelo
El calambrazo había resultado inofensivo para la sirena, verificado tras examinar un poco la zona que había sufrido la descarga. Tener la confirmación de la propia Asra era un alivio más que le permitió soltar un suspiro largo, aliviado ante el hecho. Lo último que querría sería que, en su primera lección, la chica pudiera llegar a ganar una razón para no continuar con la lección, incluso a sabiendas de que una actitud derrotista no era parte de la sirena.

Vale. Pero si en algún momento llega a pasar algo, notifícamelo y detenemos la lección un momento para revisar, ¿de acuerdo? Nunca está de más revisar dos veces con esas cosas. — Pausó un momento, ahora considerando con mas detenimiento lo que había ocurrido. ¿Podían haber más piezas en ese mal estado un poco mas al interior del pobre caracol? Lo mejor era ir a la segura. — Eso, y... A partir de ahora, lo mejor será manipular las cosas exclusivamente con las herramientas, hasta las tonteras que se podrían fácilmente con la mano desnuda. Si hay alguna otra pieza en mal estado que pueda ser un riesgo para ambos, prefiero que el golpe se lo lleven las herramientas. Esas pueden cambiarse y arreglarse cuando sea. — 

Tan pronto Asra empezó a hablarle sobre el molusco, fue turno del emplumado para escuchar -y de preguntar cuando ella acabara-. — ¿No? Eso explica lo que ha pasado hace un momento. ¿Alguna idea de cuánto tiempo lleva el pequeño sin una revisión? — Esto era asumiendo que conociese el dato, pues si se trataba de un molusco que había estado en operación mucho antes de lo que la sirena podía haberse hecho con él, era perfectamente posible que solo pudiese darle hasta la fecha en la que estuvo en sus manos. Y, sin saber cuánto tiempo había estado el Den Den funcionando sin un mantenimiento adecuado, era lo mismo que un equipo antiguo al que debías ponerle un cartel de "Peligro eléctrico" a un lado. Pobre pequeño... Seguro que había tenido que compensar más de una vez el equipo malfuncionando, pero no es como si fuesen particularmente fluidos en idiomas entendibles mas allá de durante la reproducción de llamadas. Un pensamiento que, por sí solo, le dejó pensando un segundo por cuán bizarro era.

¡Estoy segurísimo! Todo aprendizaje es pura y enteramente prueba y error. Es normal que al inicio te tropieces un poco, pero verás que en nada tus manos se acostumbran a cada movimiento y les saldrá tan natural como respirar. — Una exageración, o quién sabe, podía ser que no. Todo dependía de la sirena; su papel como mentor en ese momento tan solo era el de motivar a quien cobijaba bajo su ala para que siguiese adelante sin importar los sucesos. Ningún imperio se montó en un día, ni un primer Den Den en menos de una hora y muchos errores. 

Pronto, la actitud de la sirena regresó al optimismo que tanto conocía. ¡Como tenía que ser! De todas formas permanecería atento y daría cada instrucción conforme ella fuese necesitándola para el procedimiento, tal que no hubiese manera de equivocarse... Al menos, eso fue lo que pensó en un inicio. un pensamiento tan inocente que no concebía el fallo a punto de suceder.

La expresión de ella fue imitada por el emplumado al momento de poder presenciar la escena que ocurría a tan corta distancia, incluso si no podía sacarle mucho sentido al momento. "Terror" era la mejor forma de definirlo, si. O por lo menos lo sería, si no fuese por la confusión profunda que le provocó ver toda la humareda que estaba emitiendo el Den Den Mushi. Ni siquiera entendía cómo narices un molusco de esos podía arrojar humo. 

... Aléjate despacio y sin tocarlo. — Comentó, en un tono de lejos mas serio que el carismático usual. No estaba bromeando en lo absoluto, no contaba ni con el tiempo ni con la seguridad para hacerlo. 

Intervino tan pronto la sirena consiguió tomar la distancia necesaria, ubicándose frente a ella como una efectiva barrera que le permitía a ella apenas suficiente espacio para observar por encima del hombro masculino, dejando que presenciara las acciones del lunarian si lo quería pero negando cualquier posibilidad de que la sirena acabara como colateral de... Es que no podía ni ponerle una palabra al evento. Escuchar al pobre molusco quedarse atascado en la segunda mitad de su tono de llamada, un "Rerere" en una voz distorsionada, y empezar a agitarse bruscamente hacía la escena todavía mas preocupante y dramática. 

Todos sus movimientos intentaron ser lo más quirúrgicamente precisos que podían, tan a medida como pudiera para asegurarse de que nada estallara -literalmente- en su cara. Tenía que tratarlo con el mismo grado de seriedad que tendría al intentar desarmar un artefacto explosivo del que no sabía una puñetera cosa. Algunos movimientos mas tarde, unos cuantos malabares con las herramientas y levantar el metal de una pieza para cortar algunos cables internos consiguieron que el pobre animal por fin tuviera un descanso, aunque con un distintivo olor a barbacoa encerrado dentro de la tienda de campaña que seguro no se iría sino hasta dentro de unas horas. Desmontó el trabajo anterior, cambió las piezas por unas completamente nuevas, e incluso se aseguró de que éstas no tendrían ninguna falla interna, ¿sería quizá que sus repuestos también estaban en mal estado y no conseguía verlo?

Observó al animalillo, y luego a la sirena. — ... ¡Bueno! Un accidente puede pasarle a cualquiera, no pienses en ello demasiado. Lo mejor que puede hacerse es aprender de los errores e intentarlo nuevamente para que no vuelvan a repetirse. — Rió como siempre, aunque con un distintivo deje de nerviosismo casi imperceptible en medio de su carcajada. Como ponerlo de manera decorosa... La sirena había conseguido hacer realidad el equivalente de prenderle fuego a una piscina con una cerilla. Estaría asustado si no estuviera aún más impresionado.

Dame un segundo. — Se retiró un segundo del lado femenino y la mesa para luego rebuscar entre sus cosas, sacando una pequeña guía que parecía haber pasado mejores días, no porque no la cuidase sino porque había sido un material comprado de otro lugar que ya había tenido varios dueños anteriores. En la tapa, la imagen de un diagrama que ilustraba el interior de las partes mecánicas de los Den Den Mushi era lo que más destacaba. No pensaba que debía utilizarla porque tendían a ser particularmente técnicas en su lenguaje, pero... Visto lo visto, prefería servir como intérprete a los términos mas complicados y que ella dependiera de las ilustraciones. 

Dejó el libro sobre la mesa, justo al lado del Den Den Mushi a montar, y lo abrió en la pagina donde empezaban a detallar el montaje del mencionado molusco comunicador. — Utilizaremos esto en esta ocasión. Yo me encargaré de traducir lo que no entiendas, y tú encárgate de imitar lo que cada ilustración te diga, ¿de acuerdo? Luego de eso podemos intentar sin el libro, para ver cuánto has progresado. En cualquiera de los dos casos, de todas maneras estaré atento y apoyándote para asegurar de que... — Miró al Den Den ahumado un segundo. — De que los accidentes no se repitan. Así seguro que todo sale divinamente. — Intentó remarcar, manteniéndose positivo. Internamente, tenía cruzado cada dedo de su cuerpo en espera de que todo saliera bien.  

Hora de girar la ruleta del azar nuevamente.
#13
Asradi
Völva
Ya, claro. Prueba y error, decía. Eso era mucho más fácil decirlo que hacerlo. Y era irónico porque Asradi hacía lo mismo cuando se trataba de probar o experimentar con medicinas y ungüentos de plantas nuevas. Lo hacía consigo misma la mayoría de las veces, sí. Pero lo más que se había llevado, de vez en cuando, era alguna urticaria o algo de fiebre en ocasiones. Nunca había hecho explotar nada. ¡Y ese pobre animal estaba humeando! Fue, precisamente, gracias a la calma de Alistair que la sirena hizo lo que le dijo, quedándose justo detrás de él mientras el pobre molusco seguía humeando y haciendo sonidos inconexos y bastante lúgubres, todo sea dicho. La pelinegra miró un poco por encima del hombro del emplumado mientras éste intentaba estabilizar al pobre Den Den Mushi antes de que estallase por los aires. ¿Qué diablos había tocado ella para provocar una reacción como aquella?

Cuando todo estuvo ya bien, Asradi suspiró y negó levemente con la cabeza.

No sé si deberíamos seguir. — Era bastante obvio que no tenía la maña necesaria para tratar a ese tipo de criaturitas. Eran piezas delicadas también y el tema del cableado era toda una incógnita para ella. Y eso que el lunarian la había estado guiando lo mejor que había podido.

Sonrió de manera breve, aunque un poco desangelada. La verdad es que sí quería aprender, y Alistair lo hacía ver tan fácil que, quizás, se había confiado.

Casi hago explotar al pobre bicho, no tengo manos para esto. — Intentó bromear mientras el lunarian continuaba dejando ya a punto al molusco. Asradi, aún así, contempló todos los pasos con sumo interés, pues era obvio que, a pesar de los fallos continuos que había tenido, era algo que le interesaba en sobremanera.

De todas maneras, Alistair no tardó en comenzar a animarle. Inicialmente la sirena no parecía muy segura de querer continuar. No quería hacerle más daño al animalito y, por ende, no hacer perder más el tiempo a su compañero revolucionario, por mucho afán y buena voluntad que él le estuviese poniendo. Pero, poco a poco, fue recuperando un tanto las ganas. Él tenía razón, el aprendizaje consistía en un cúmulo de errores y en ver dónde estaban los fallos para aprender y no volver a repetirlos. Asradi había tenido mala suerte en sus dos primeros intentos, aunque la primera vez fuese por una falla de la pieza.

En cuanto al mantenimiento de él... No te sabría decir. Pero tiene pinta que no le han dado un repaso en bastante tiempo, por lo que logro entender. — Seguramente el pobre caracol había sido medio abandonado o algo parecido, aunque esperaba que no fuese tan así.

Dejó que Alistair se separase unos segundos y vió como rebuscaba algo. Al poco rato volvió con una especie de guía, bastante viejita y usada, que colocó a un lateral del Den Den Mushi que intentaban arreglar. O no hacer estallar, al menos.

No se ve mal... — Murmuró mientras pasaba un par de páginas, ojeándolas por encima antes de regresar a la página principal, la que Alistair había señalado para comenzar. Con esa guía inicial, y los consejos del lunarian, Asradi comenzó de nuevo el proceso anterior, antes de que todo humease, literalmente.

Sujetó las herramientas y volvió a repetir el procedimiento, con muchísimo más cuidado que antes. De vez en cuando volvía la vista a las páginas, asegurándose de que estaba siguiendo todos los pasos. Y, de vez en cuando, una mirada aprobatoria a Alistair. Cuando, finalmente, recolocó la pieza, todo parecía estar bien.

Creo que ya está... — Sonrió de manera suave.
#14
Alistair
Mochuelo
El desánimo inicial fue algo que había previsto asentándose en la sirena, pues la escena anterior fue de todo menos alentadora. Ver a uno de esos moluscos pasar por aquello no era una experiencia agradable, o particularmente documentada, pero no por ello dejaría de animarla a que se diera una nueva oportunidad de conseguirlo. Quería enseñarle lo que sabía, pero sobre todo, quería que ella misma fuera capaz de utilizar ese conocimiento de forma práctica. Quería devolverle, aunque fuese de forma no tangible, el favor que ella le había hecho a él hace semanas. 

Negó con la cabeza tras escuchar la mención de casi hacer explotar al Den Den, a pesar de que sentía el deje de broma en sus palabras. — Eso está bien mientras se mantenga en un casi, y procuraré que siga así. Todo saldrá bien, y seguro que en un rato tus manos se acostumbran al truco. ¡Además! Por lo mínimo, ya tienes una anécdota graciosa que comentar a los demás. — Comentó, risueño. Intentaba abordar la situación de la forma mas positiva que se le presentara en la cabeza. 

Su expresión cambió a pensativa tan pronto se enteró por la sirena que el molusco, a su parecer, no había recibido ningún tipo de mantenimiento en un buen tiempo. Sin estar segura del todo, confirmaba lo que le preocupaba: El pequeño había pasado tanto o más tiempo de lo que había estado en manos de Asradi, lo que a su vez significaba que el pobre no había recibido un cambio de piezas o siquiera una reparación en un plazo peligrosamente extenso de tiempo. Normal que actuase de la forma anterior cuando el dúo empezó a toquetear sus piezas de soporte, y de hecho sorprendía que no hubiese sido una reacción mas... explosiva, por así decirlo. Era una muy buena coincidencia que se hubiesen puesto a esta tarea en este momento, y ni uno más después. 

Se pusieron manos a la obra, esta vez con ayuda de las referencias visuales. Y el resultado había sido... ¡Un éxito! Un paso a la vez, aconsejada en cada uno -y el ocasional ademán aprobatorio con el rostro de parte de Alistair cada que ella buscara una opinión con la mirada-, y con referencias visuales dieron lugar a un producto en muy buen estado, ¡y tan solo era la tercera vez que lo intentaba! De un fallo peligroso para la sirena y para el animalito, a un intento en buen estado a manos de alguien que encaraba el mundo de la electrónica por primera vez. ¡El Den Den Mushi estaba listo para ser usado! Al menos en papel, pero antes de ponerlo a prueba, una revisión preliminar conducida por el tutor y unas merecidas palabras de felicitación posteriormente.

Revisó cada uno de los componentes puestos con detenimiento y el resultado final, una tarea que le fue relativamente rápida por el tamaño reducido del animal; si se tratara de uno de los mas grandes, seguro que sí se hubiera tomado un buen manojo de tiempo dándole vueltas una y otra vez -literalmente-. La cantidad de cableado que esos cargaban era... Bueno, "agobiante" era la primera palabra que aparecía en su cabeza, y era el mejor descriptor que se le ocurría por mucho que intentara buscar otro diferente. 

¡Felicidades, Asra! Acabas de fabricar tu primer Den Den Mushi. — Felicitó, dedicándole una sonrisa tan honesta como orgullosa, y era importante recordar que el chico era patológicamente incapaz de encontrar razones para mentir fuera de una situación de emergencia. — Con esto, deberías tener una buena idea de cómo se fabrican, y de cómo hacerle un mantenimiento guiado en caso de que no puedas pedírselo a alguien más. — Era una mejoría que le encantaba poder haber articulado sin tener que endulzarlo de ninguna manera, aunque aún era pronto para que lo hiciera sin supervisión. De ahí que especificara una situación en la que no existiera otra opción; como ella misma pudo apreciar, un descuido podía ser dañino para el molusco, incluso si el proceso era relativamente corto y sencillo. 

¡Pero! Como ya hablamos, la repetición es clave para el aprendizaje y el éxito. Así que te propondré lo siguiente. — Pausó un segundo, organizando las herramientas como si de cubiertos en una mesa elegante se tratara. Unas a un lado, otras al otro, y un nuevo juego de piezas de reemplazo justo por encima de éstas. Casi parecía la clase de organización que un individuo autista tendría de manera obsesiva en su zona de trabajo, pero en el caso de Alistair, no era más que un gusto inofensivo por ver todo alineado de esa manera, además de una preparación para asegurarse de que tenía absolutamente todo a la mano. 

Incluso en sus formas mas básicas, estos ejercicios de concentración y delicadeza suelen ser agotadores. Así que si te sientes con los ánimos renovados para ponernos a la tarea nuevamente, podemos empezar ahora mismo a intentar desarmar y armar tu Den Den nuevamente, esta vez sin el libro. O podemos tomarnos un descanso, hacer cualquiera de las otras cosas que tenemos pendientes, ¡o incluso solo conversar un poco! Ya me has dado el gusto de poder enseñarte, asi que me gustaría dejarte la siguiente decisión a ti. — Su sonrisa era la habitual, pero la sirena le conocía mejor que muchos en las filas de los revolucionarios para este punto. Si hacía el esfuerzo de fijarse, notaría un deje de algo desconocido en su mirada, no particularmente bueno. Como una astilla clavada en su piel que no conseguía sacarse de encima porque se rehusaba a hacerlo, y cubierta con algo que enmascarara la presencia de la mencionada astilla. 

Estaba en manos de la sirena el siguiente paso. El lunarian estaría de acuerdo de cualquier modo, aún tenían bastante horas de sol como para apresurar cada cosa.
#15
Asradi
Völva
Por supuesto, las felicitaciones entusiasmadas de Alistair no se hicieron esperar, lo que le arrancó una sonrisa suave de ánimos a la sirena, mientras terminaba de dar los últimos detalles a la pieza que había colocado. Aquello había sido más sencillo tanto con la guía escrita y las indicaciones del lunarian, que la primera vez, que le temblaban los dedos como hojas en invierno. Asradi aprovechó ese momento de pausa para volver a revisar las notas y, también, las piezas que había logrado encajar. Sobre todo el tema del cableado, que era lo que más se le atragantaba.

A ver, eso de tener una buena idea... Es relativo. — Sonrió un tanto divertida por todos los ánimos y esperanzas que Alistair depositaba en ella. Era algo que le halagaba y le subía mucho el autoestima. — Recién estoy empezando y tengo que aprender mucho. Pero confío en que tú me enseñes igual de bien de cómo lo has hecho ahora.

Apreciaba un montón al emplumado. En muy poco tiempo, ese chico se había convertido en un hermano para ella. Un hermano de diferente sangre, pero un hermano al fin y al cabo. Confiaba ciegamente en Alistair y haría cualquier cosa porque estuviese bien. Claro que quería también a Airgid y los demás. Pero con el lunarian había otro tipo de conexión. Una que, para bien o para mal, compartían con aquella marca que ambos portaban. Ellos dos, en ese aspecto, se entendían mucho mejor que nadie del grupo, probablemente, aunque tampoco quería juzgar al respecto.

Pero al menos ya no iré tan a oscuras como antes. Seguiré practicando todos los días. — O, al menos, cada vez que tuviese oportunidad.

Tras eso, se dedicó a comprobar que el caracol en sí estuviese bien. Parecía mucho más relajado que antes y eso hizo que la sirena sonriese con más calma. Agarró un trocito de tela y procedió a limpiarle la concha y dónde le pudiese haber manchado. Era lo menos que el molusco se merecía después de los sustos que el pobre se había llevado por la torpeza inicial de la chica.

Te pediré prestado este libro una temporada, si a ti no te hace falta. Prometo devolvértelo. — Pero le vendría muy bien para seguir practicando las primeras veces y, sobre todo, si no podía depender de Alistair.

Acto seguido, fue el mismo emplumado el que le ofreció varias opciones. Pero Asradi solo necesitó mirarlo para pausar, al menos durante un momento, aquella práctica. Ya se lo había notado unos momentos atrás, pero había decidido posponerlo al verle tan animado. Al menos de manera externa.

Mejor descansemos un poco, así también el pobre animal no está con tanto ajetreo encima. — El caracolófono bien se merecía un buen momento de relax después de todo. — ¿Tienes algo para hacer un té o un café?

Algo con lo que pudiesen hervir un poco de agua. De hecho, Asradi no tardó en rebuscar un poco entre sus cosas y le tendió una pequeña bolsita de papel a Alistair.

Son unas hojas de té verde que conseguí hace poco. Huelen muy bien. — Le invitó a ello. Y, justo en ese momento posó su mirada azulada, directamente, sobre la de Alistair. Le contempló y luego le sonrió con dulzura y comprensión. — No sé que ha pasado, pero no estás bien. Sabes que puedes contármelo.

Le invitaba a desahogarse si le hacía falta.
#16
Alistair
Mochuelo
El emplumado sonrió con ella al momento de escucharla bromear sobre tener una buena idea del armado y mantenimiento de un Den Den, aunque seguro que le hubiera dado un buen tirón de oreja como hablase en serio; había conseguido en tiempo récord armar uno en buen estado, y si el emplumado le comentara la de veces que tuvo que realizar él su propio proceso de prueba y error, seguramente la sorprendería. Solo digamos que... Mas de un calambrazo se llevó en su momento, más de la mitad por tonto o distraído. Menos mal que las marcas en las yemas de sus dedos ya habían sanado. 

¡Por supuesto! Cada vez que quieras más lecciones sobre cosas como ésta, solo tienes que encontrarme y nos podemos poner manos a la obra cuando coincidamos de tiempo libre. — Y eso era una oferta vitalicia, sin fecha de expiración a la vista. Si ella contaba con la disposición, él estaría más que encantado de enseñarle todo lo que pudiera, y de servir como su mentor por el tiempo que ella necesitara para aprender. Algo que, confiaba, era un ofrecimiento en ambas direcciones; aún tenía que aprender mucho sobre las preparaciones medicinales de la chica, aunque recientemente se había volcado más por la rama médica. Tenía fe en que, con algo de paciencia y bastante insistencia, sería capaz de salvar vidas con métodos diferentes a los de la sirena, y que combinando la metodología de ambos, podían realizar maravillas pensadas imposibles en el campo de la medicina. 

¡Cuento con que así lo harás! De práctica en práctica, estoy convencido de que cada vez lo harás mejor y con más facilidad. — Una realidad de lo que era el conocimiento: Practica suficiente una sola cosa, y eventualmente te convertirás en un maestro de ella. Desde las tonterías pequeñas hasta las ciencias mas avanzadas, esta verdad universal cubría cualquier conocimiento existente. 

¡Oh! ¿Te gustaría llevártelo? Puedes quedarte con el libro si lo prefieres. No se si lo has visto, pero el pobre solo estaba reuniendo polvo entre el resto de cosas. Ha sido una buena guía que he usado las primeras veces, pero para este punto tan solo es un libro más en la biblioteca. — Sus ojos se dirigieron un momento al libro, con una sonrisa nostálgica dibujada en su rostro. — ¿Tu crees en que todas las cosas tienen una voz? Pues yo creo que si ese libro tuviera una voz que pudiéramos escuchar, agradecería de todo corazón estar con alguien que pueda darle nuevamente un uso. Y si está en las tuyas, estoy completamente seguro de que estará en muy buenas manos. — Ahora, su rostro giró hacia el de la sirena, observándola mientras le dedicaba la sonrisa con la que tanto se había familiarizado ya. No hacía falta mirar mucho a Alistair para saber que hablaba completamente en serio; el texto podía ser de ella, si la sirena lo aceptaba. 

La opción del descanso caería en el regazo del lunarian, preguntando además si tenía utensilios para preparar bebidas. Desgraciadamente, tratándose de un espacio armado exclusivamente para fines de prácticas académicas, cualquier comida o alimento era una de las últimas cosas que encontraría por allí, dejando de lado algunos bocadillos deshidratados para mantener un buen nivel de azúcar en sangre en todo momento. 

Lo que sí tenía era el suficiente ingenio para improvisar algo a vuelo de pájaro. 

Dame un segundo, déjame ver si puedo... — Rebuscó entre sus propias cosas a la vez que ella en las suyas, bolsillos incluidos, hasta que removió de entre éstas un dial de fuego. Tras trucarlo un poco para reducir la salida de la llama, colocar dos soportes de laboratorio y sobre éstos dos vasos de precipitado sin usar que llenó con agua extraída de otro dial -esta vez de agua, como se esperaría-, había conseguido improvisar una pequeña estufa para hervir líquidos. — ¡Y ya está! Siento que sea nada glamuroso, he tenido que usar la imaginación para ver qué salía. Debería ser suficiente para preparar cualquiera de las dos bebidas. — Que, dicho eso, agradeció la invitación de la sirena con una sonrisa suave y tomó la bolsita de papel, utilizando la porción necesaria de contenido para cada uno de los recipientes. Tan pronto se calentaran al punto correcto, tendrían el brebaje que ella quería. Solo que... Seguramente tendría que improvisar un recipiente diferente para servir que no les quemara las manos, o en su defecto una protección con la cual agarrarlos. 

Pero mucho antes de esto, la sirena había visto a través de él, cual poderosa flecha atravesando una diana de paja. Soltó una risa suave, un gesto claramente forzado. — ¿Yo? Que va, yo no... — Sopesó un momento sin ser capaz de verle a los ojos, y cuando sus orbes anaranjados regresaron a los de ella, dejó escapar un suspiro. — ...¿Tanto se me nota? — Su mano se había puesto en el costado de su propio cuello, rítmicamente levantando cada dedo para dar golpecillos suaves contra la piel. La descripción de manual de un tic nervioso. — Es solo... No sabría describirlo bien, es como un mal sabor de boca desde el asedio al castillo. — Nuevamente, su mirada se desvió; no le era imposible ser vulnerable, pero admitir pensamientos tan oscuros como ése estaba lejos de sus competencias. — La mejor forma de ponerlo sería que... He visto lo increíblemente fácil que es herir de gravedad a alguien cuando manejas una espada. Lo sorprendentemente frágil que es el cuerpo, y que con un descuido basta para acabar con la vida de alguien... Me preocupa que un día se me vaya la mano y no sea capaz de evitar quitarle la vida a alguien sin necesidad. — Era un pensamiento que le perseguía desde hace tiempo, en realidad. Pero solo hasta que insertó el acero de su arma en el cuerpo de alguien más fue que el temor afloró con fuerza, la suficiente como para echar raíz en sus pensamientos y perturbar su tranquilidad cotidiana. 

¿Qué lo hacía mejor que un cazador, o que sus captores pasados, si tomaba vidas sin mayor esfuerzo? Peor todavía, ¿qué le diferenciaba de un sádico malhechor si llegaba el día en que tantos errores culminaran en una falta de sensibilidad hacia el tema? Era un tema problemático para alguien que buscaba evitar el deceso de otros con cada fibra de su ser, incluso a quienes enfrentaba.
#17
Asradi
Völva
Asradi sonrió ampliamente cuando Alistair, literalmente, le regaló el libro que ella le había pedido prestado. Era verdad que estaba ya muy desgastado y usado, pero todavía era una buena guía para principiantes como ella. No estrujó al emplumado porque estaban en un lugar un tanto delicado, y no quería tirar o romper nada. Pero sí que le regaló una esplendorosa sonrisa al lunarian por ello.

¡Muchas gracias, eres el mejor! — La sirena estrujó un poco el libro contra sí misma, contra su pecho, aunque con cuidado, en un gesto de agradecimiento. Luego miró un poco dicho objeto y lo dejó muy cuidadosamente en su propio regazo. Luego, escuchó un tanto más embelesada la explicación de Alistair y asintió a sus palabras. Estaba de acuerdo con él. — No sé si una voz, pero sí creo que todo conlleva un sentimiento. Yo creo que este libro, si pudiese hablar, estaría contento de haber sido cuidado y encontrado por ti.

Y es que, al menos para ella, toparse con Alistair era como abrazar un cálido pedacito de sol. Era una persona que siempre estaba de buen humor y, no solo eso, sino que también se desvivía por ayudar a los demás sin importar lo que sucediese. Precisamente por ese tipo de cosas, era consciente que muchas personas que hacían eso, también eran de los que más se callaban la boca cuando tenían un problema o se encontraban mal anímicamente, solo para no amargar al resto. En silencio, la sirena contempló como el lunarian preparaba todo, de manera improvisada, para hacer el té que ella misma le había entregado. El uso de los diales para el agua y para hervir esta última en un recipiente improvisado, le hicieron sonreir de manera mucho más suave.

Ese es un buen invento, todo sea dicho. Jamás se me hubiese ocurrido usarlos de esa manera. — La única vez que había usado un dial, uno de agua precisamente, había sido con Octojin en Loguetown, cuando se habían encontrado en medio de aquella pelea callejera. Y, por otro lado, el dial pertenecía al gyojin en cuestión, por lo que había sido un uso muy breve el que le habían dado.

Recordó eses momentos con una pequeña sonrisa.

Espera, creo que yo tengo algo... — Rebuscó entre sus cosas y sacó un par de tazas de hojalata. Le tendió una a Alistair. — Es nueva y está sin usar. La suelo tener de repuesto por si se me rompe la mía o la pierdo.

Podrían usar esas tazas para tomar tranquilamente el té sin quemarse y disfrutar de ese momento de asueto. Y hablando de asueto, miró en silencio al lunarian cuando éste comenzó a titubear, así como la risa suave, pero forzada. La sirena no era, quizás, una experta, pero era empática con la gente que quería o con los más vulnerables también. Y notaba algo raro en su amigo. Asradi no dijo nada al principio, no quería agobiarle. Si Alistair necesitaba hablar, tendría que salir de él. Sentir que lo necesitaba. Pero también hacerle saber que ella estaría ahí para escucharle y para aconsejarle lo mejor que pudiese.

Ahora bien, sí se fijó en los pequeños gestos del rubio. En los pequeños tics nerviosos, el que no le mirase a los ojos. Asradi esperó pacientemente, hasta que el emplumado se decidió. La sirena le escuchó en silencio, y terminó asintiendo con un suspiro. Ella no usaba armas de filo, pero había visto lo que podían hacer.

Creo que entiendo lo que me quieres decir... — Asradi entrelazó sus propias manos en su regazo, con una expresión más serena, quizás hasta apesadumbrada. — Lo he sentido también cuando nos enfrentamos los demás al general. Es verdad que yo no le puse una mano encima, pero... Colaboré a su caída. — A su muerte. La sirena tragó saliva un segundo, antes de elevar la mirada y centrar sus ojos en los de Alistair.

Había sido duro ver caer a una persona, aunque perteneciese a otro bando. El único consuelo que a ella le había quedado, después de eso, es que lo hacían por algo mejor, por ayudar a la gente. Y, aún así, nadie debería tener la potestad de quitarle la vida a otro.

Tienes que ser muy fuerte mentalmente para que no se te vaya la mano. Además, piensa que no siempre es necesario llegar a ese extremo. A veces hay que intentar dialogar antes, y a ti se te da muy bien. — Le sonrió con un deje de dulzura. — De todas maneras, aunque a veces sea inevitable, creo que tarde o temprano nos va a tocar. Yo espero que no, pero... Si necesitas desahogarte y no estamos en el mismo barco o lugar, siempre puedes llamarme para lo que necesites.

Asradi se silenció un momento.

Está bien ser vulnerable, Alistair. Si no lo fuésemos, entonces no seríamos personas sintientes ni empáticas. Eso es lo que nos diferencia de esa gente. — Refiriéndose, claramente, a los que les dejaron las marcas en su espalda.
#18
Alistair
Mochuelo
El agradecimiento de la sirena era algo que siempre producía una calidez indescriptible en el corazón del lunarian, un sentimiento que le ayudaba a mantener la notable sonrisa que siempre dibujaba en su rostro. Gustaba de ser de ayuda para quienes le rodeaban, y si éstas personas eran además criaturas importantes para él, tenía aún mayores razones para ser una fuerza de cambio para bien a las personas cuya vida podía influenciar de alguna manera. 

Alistair soltó una risilla corta cuando escuchó la respuesta de Asra sobre la voz de las cosas, un halago inesperado que le fue devuelto de manera experta. La chica tenía un don con las palabras para saber qué decir en los momentos correctos, ¡y mira que el emplumado estaba intentando hacerle lo mismo a ella! — Espero entonces que el pequeño estuviese alegre de su estancia aquí, pero espero que lo esté aún más de que ahora estará en las mejores manos que pueda. — Observó el objeto por un instante con un deje de melancolía, un mal hábito que a veces tenía con apegarse a algunas cosas. No es que fuese nada mayor para él, o que le afectara mas de lo que podía afectarle ver a un animal pequeño tropezándose por accidente, pero la astilla emocional a remover estaba allí, produciéndole un escozor. — Sé bastante bien que será así, pero... Cuídalo muy bien, ¿de acuerdo? — Y le dedicó una sonrisa suave; incluso antes de escuchar su respuesta, sabía lo que iba a decir y estaba satisfecho con ello.

Pues deberías ver las locuras que fabrican en las ciudades que están llenas de inventores. — Comentó, con sus ojos clavados en que su improvisado invento no hiciera estallar los vasos de precipitado; siempre podían haber errores de cálculo que condujeran a un desastre, pero por lo que veía, todo avanzaba perfectamente. El emplumado era un joven de mundo, había viajado de un lugar a otro, y había visto un poco de todo en cada una de sus travesías. Pero los tiempos cambiaban, y ahora mas que nunca, la creatividad de los ingenieros habitando el mundo se mostraba a la luz. — En especial últimamente. He escuchado de... ¿Cómo es que los han llamado? ¿Cyborgs? Parece que la gente ha estado experimentando con ponerse partes mecánicas en donde pueda faltar su cuerpo. Han sido avances impresionantes para gentes que han pasado por experiencias traumáticas que les han quitado extremidades, pero... He de decir que me preocupa un poco que la gente lo abuse y luego pague las consecuencias. Espero que solo sean paranoias sin fundamento de mi parte. — Charló, casi queriendo iniciar un debate pero sin llegar a concretarlo. Era un tema controversial, y no quería dejar mal sabor en la conversación amigable que estaban teniendo. 

Conforme habló, aceptaría las tazas de hojalata que la sirena le pasaría con una sonrisa en su propio rostro, ubicándolas a un lado y a suficiente distancia de la llama para que ni un deje de calor se les impregnara. Así, al chocar las temperaturas, se equilibraría y no pasaría tanto tiempo hasta que la temperatura fuese aceptable para los labios de cada uno. Solo quedaba esperar que el brebaje quedara listo. 

Su sonrisa desapareció por un segundo y bajó la mirada conforme la conversación pasó al polémico tema de acabar con una vida en medio de un combate, un tema que era taboo para Alistair. Su mirada estaba en el sitio presente, en la sirena, pero su mente estaba en sus katanas danzando en medio del campo de batalla, y en la sensación del acero rompiendo piel y carne para pasar de un extremo a otro. Incluso si solo apuntaba al hombro, siempre había un riesgo de que llegase a algo mayor. O que se infectase y escalara a un miembro amputado, o... Tantas vertientes de posibilidades hacían que le doliera la cabeza, la cual se habría rascado en frustración si no fuera porque la mirada femenina le mantenía en su sitio de la mejor manera posible. 

Pero, al final de las palabras femeninas, sonrió nuevamente aunque fuese un gesto débil. Le gustaría tener alguna manera de poder lidiar con los problemas sin poder lastimar a nadie, pero en el mundo, un poder así era una rareza entre reyes que solo se veía pocas veces por generación. Algo así era un poder utópico para él, un idealismo con una llegada tan improbable que no podía contar con esto. 

Temo profundamente por el día en que no tenga ninguna opción. En la que mis únicas dos elecciones sean la vida de esa persona, o de los míos. — Era una decisión sumamente cruel para cualquier ser empático y piadoso, pero en el mundo martillado por guerras y política que vivían, no era algo que estuviera completamente fuera del espectro de posibilidades que podían encarar. — Pero dentro de lo que cabe... Me alegra mucho tener a alguien con quien pueda contar emocionalmente. Alguien como tú, Asra. — Sus palabras eran la mas sincera vulnerabilidad que podía mostrar, un pequeño deje de debilidad que el emplumado no tenía manera de evitar. Era cierto que el mundo era un lugar que no se podía recorrer en absoluta soledad, pues más veces de las que no, se requerían de otras personas para mantenerte en el sendero correcto. — Confiaré en que, aunque algún día llegue ese día, todo estará bien al final.

Sonrió radiante, nuevamente vigorizado al chico de toda la vida. Tomó las manos de ella un momento en un gesto tan amistoso como cercano. — Gracias, Asradi.
#19
Asradi
Völva
No estaba nada habituada, en el poco tiempo en el que se llevaban tratando, de ver a Alistair tan serio. Siempre lo había visto alegre, despreocupado, animando siempre a los demás. Era, definitivamente, una alegre lucecita para el grupo de Revolucionarios. El verle ahora, tan serio, le hacía ver a la sirena que, por supuesto, había cosas que le preocupaban y que no siempre podía anteponer a los demás por sobre sí mismo. A veces, en alguna ocasión, estaba bien ser un poco egoísta y mirar por uno mismo antes que por el resto.

Por desgracia, va a llegar un momento en el que eso va a suceder... — Y lo que más temía era no poder estar al lado del emplumado el día en el que eso sucediese. Porque sabía que iba a tener consecuencias psicológicas para alguien tan bueno y piadoso como él.

Cuando él buscó sus manos, Asradi estrechó las de Alistair por igual, en un gesto cercano y cálido al mismo tiempo. Aunque el lunarian le agradecía, la cabeza de la sirena estaba parcialmente en otro lugar, intentando ayudarle de alguna manera. De todas formas, se distrajo momentáneamente al ver la expresión contraria. No le gustaba verle tan triste o preocupado, aunque estuviese con todo el derecho del mundo. Miró un momento hacia el té infusionándose y fue ella la que se levantó, no sin antes darle un beso en la frente al emplumado. Un gesto cercano y de mucha confianza para ella.

Creo que el té ya está listo. — Mencionó, siendo ella misma quien terminó de prepararlo y, posteriormente, ofreciéndole una de las tazas, la nueva, a Alistair con una suave sonrisa. — Todavía está bastante caliente.

Asradi tomó su taza y la acogió entre sus manos, dejando que la calidez del líquido interior la reconfortase. También pensó en el tema de los cyborgs, aunque no estaba muy enterada del asunto, por lo que se limitó a mirar a Alistair con cierta confusión y curiosidad al mismo tiempo.

No he visto nada al respecto, pero por lo que comentas, creo que es un buen avance para aquellos que han sufrido alguna pérdida corporal. — Al fin y al cabo, no solo era traumático para el cuerpo, sino también para su mente y su autoestima. — El problema con eso es como todo, me temo... — Fue un suspiro suave el que fue exhalado por parte de la habitante del mar. — Que, como dices, se termine abusando. O se cree algún tipo de mafia.

Como el tema de las drogas o de los medicamentos mal usados, por desgracia. Cuando el té enfrió un poquito o, al menos, no parecía quemar tanto, Asradi dió un sorbito pequeño y su cuerpo lo agradeció cuando el líquido calentó su pecho y tambien sus ánimos. Todavía le estaba dando vueltas a algo. Vueltas y vueltas. No podía dejar de pensar en lo que el lunarian le había contado. Y quería ayudarle de alguna manera.

Si hubiese alguna forma de que las espadas... Espera...

Alistair. — Los ojos azules de la sirena se abrieron un poco, con una clara expectación. De repente brillaban en ese tono oceánico, señal de que algo se le había pasado por su cabecita. — Saca tu espada, enséñamela.

Le pidió, con toda la confianza del mundo. Había tenido una idea. No sabía si era viable o si tan siquiera eso podía hacerse. Quizás estaba siendo muy fantasiosa, pero... Quería compartirlo con el lunarian.

Cuando éste hubiese hecho la petición de Asradi, esta se aproximó al arma en sí. Dejó la taza de té a un lado, en un lugar seguro para que no molestase ni se cayese. Y, de hecho, luego tuvo la osadía y la valentía de tomarla en su mano, por la empuñadura. Nunca antes había sujeto un arma de ese estilo y se le notaba. El peso de un arma de acero no era algo a lo que estuviese habituada. Pero la sirena parecía contemplar la hoja, específicamente, con suma atención.

Entiendo que esta es la parte que corta y con la que se suele golpear. — Señaló, obviamente, el filo de la misma. Vale, hasta ahí entendía perfectamente. Tras eso se silenció un par de segundos. Acto seguido, señaló primero la parte exterior, y luego la parte interior de la espada, por así decirlo. — ¿Y si se forja una hoja que tenga el filo invertido? Me refiero, que el lado con el que golpeas no sea tan cortante. O, de serlo, que solo hiera y no logre matar.

Quizás era una idea bastante alocada, pero tenía que comentarla.
#20


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: