Hay rumores sobre…
... que existe un circuito termal en las Islas Gecko. Aunque también se dice que no es para todos los bolsillos.
[Común] Fiesta de fin de curso.
Iris
La bala blanca
La mano de Iris se poso en la mesa cuando Daryl rechazó su gesto de acercarse a él. Se fijó entonces en que no tenía cara de buenos amigos y que parecía querer estar en cualquier lado menos allí. La verdad es que la tensión se podía cortar con un cuchillo y para hacerlo peor Angelo se había encaprichado con ellos, bueno técnicamente de la pelirosa que le acababa de preguntar si eran pareja. No le daba muy buena espina, tenia ojos de desquiciada pero Iris había aprendido a no juzgar un libro por su portada quizás era una persona maravillosa, lo que si estaba claro es que no se parecía en nada a las chavalas con las que su "hermano de la calle" solía coquetear. 

En cambio el tercer miembro de aquel diverso grupo si que le había llamado la atención, de lejos no se había fijado bien pero tenía aún manchas de sangre probablemente de la pelea que les había dado la oportunidad para colarse. Sacándose un pañuelo, de dios sabe donde, y se lo ofreció señalando con la mirada aquellas machas. 

— Por si quieres limpiarte— Dijo con una leve sonrisa. 

«Éramos pocos y pario la abuela» Pensó Iris cuando apareció un tipo con sombrero —¿Qué mierda de etiqueta había en ese casino?— que lo único que había hecho era aumentar la ludopatía de su amigo. Genial. No tenía pinta de que se fueran a separar de aquel grupo así que lo mínimo que podía hacer la peliblanca era aliviar el ambiente que por segundos se iba caldeando. Y que mejor para eso que el alcohol y una buena comida. Iris se separó un poco de aquel grupito hasta que encontró a una camarera que llevaba las bandejas con nerviosismo y miraba hacía todos lados, genial, la nueva. 

—Disculpa, ¿podrías llevar a aquella mesa dos botellas del mejor vino, Whisky y ron que tengas? Ah y un par de botellas de cola. 

—Cla-claro que si señorita— Respondió mientras se apresuraba a sacar un bloc de notas— ¿Algo más?

—Si, unas bravas

—No hay bravas...

¿Cómo? ¿Que había dicho la petarda esa? 

— ¿Tortilla de patatas?— La camarera negó con la cabeza— ¿Rabas? ¿Chocos? ¿Callos? ¿Oreja? ¿Jamón? ¿Canapés...?

La retahíla de platos típicos de bares de Jaya siguió hasta que la chica asintió cuando pronunció aquella ultima palabra. En fin Iris le pidió tres paltos de canapés y se fue diciéndole que le pagaba al salir. Obviamente no lo iba a hacer pero eso no lo tenían que saber sus nuevos compañeros. Cuando llego a la mesa el ambiente se estaba caldeando entre Angelo y el grandullón. 

—Ey, chicos —Comentó metiéndose entre medias de los dos — ¿Por qué no hablamos con el estomago lleno? Ah! mira ahí viene, os invitamos nosotros. 

Justó llego la camarera con todo lo que había pedido y cogiendo un vaso de refresco lo llenó hasta tres cuartos de su capacidad de vino y el resto lo mezcló con cola. Bebiendo de la pajita de su calimocho se sentó en una silla. Iba a ser una noche entretenida.
#11
Irina Volkov
Witch Eye
Cómo estaba evolucionando todo. Daryl aceptó de buen gusto, como el animal en deconstrucción que era, el bofetón. Esa era la mejor ruta. Él conocía a la de ojos infinitos, más de lo que la propia Irina sería capaz de admitir en algún momento. La tirantez de Daryl con el lagarto le hacía gracia, pero le hacía gracia hoy, en ese momento, en cualquier otro habría amarrado bien la correa de su compañero para que no se perdiera en discusiones banales que no tenían un cauce claro. También era cierto que de normal tampoco se mezclaban con marines, por lo general, eso solo traía motivos de peso para que Daryl perdiera de vista el foco que Irina, tan amablemente, ponía delante de este. Alguien debía marcar su camino o se perdería. Qué día más raro. Incluso el comentario de Ares le había parecido verdaderamente un halago, Irina no podía dejar de soltar pequeñas risas taponadas por dos dedos. Casi parecía una muñeca delicada. Una de porcelana.

La contestación de Angelo fue la que la sacó de su burbuja mental. Decía que si uno se aburría, es porque estaba con la gente inadecuada. E Irina estalló en una nueva risotada. — Puede que tengas razón. — Le contestó, mintiendo como una profesional. Cómo decirlo ... Aquel chico (Angelo), lo que representava, el ímpetu, la forma de relacionarse, lo que decía, como si realmente tuviera algo que contar ... Como si realmente él fuera la persona que Irina estaba buscando, ya que todos eran un coñazo. Era increíble la situación. Irina seguía soltando risitas como si realmente estuviera en su salsa, cuando aquello era radicalmente la salsa en la que siempre evitaba bañarse. El inherente desprecio por lo que representaban todos allí, incluso Daryl (estaba en proceso de transformación, al menos) era muy grande, tanto, que jugar a las mentiras le entusiasmaba. Quizás hoy más que nunca por el vino, al que daría otro pequeño sorbito.

Sacó fuego para encender el cigarro de la chica que entró en la escena. ¿Sabes cuando ves algo a cámara lenta? ¿Cuando todo lo que has rechazado pasa por delante de tus ojos? Irina cerró los ojos, inspirando, cuando los abrió le agregó una media sonrisa algo tétrica al chico de cabellos verdosos. No podía dejar de pensar en qué coño estaba haciendo allí, con alguien como él, pero el cuerpo le pedía seguir dándole bola, que no acabase. Podía, realmente y sin tonos cómicos de por medio, aprender algo de él. Tenía la actitud de los personajes a los que Irina intentaba imitar alguna vez, a los que les robaba la personalidad para divertirse e intentar aprender, también, por qué hacían lo que hacían. Al sujetarlo por el cuello notó la temperatura a la que estaba. En un lugar cerrado, con chaqueta ... Su cuerpo comenzaba a expulsar cierta humedad. Le estaba abriendo el apetito. Se bajó las gafas, topándose con aquellos mundanos ojos. Pero no estaba intimidado, al revés. Se le escapó otra pequeña sonrisa a la agente gubernamental. El muchacho, la gacelilla en la historia mental de Irina, escapó, saludando a su hermano. Había dicho hermano. Irina siempre acertaba. Desprendían la misma aura. Joder, eso también le hacía gracia, era como volver a tercer grado en la academia o primero de la ESO para un cristiano de bien.

Luego se le medio encara, pero resulta que es una broma. Irina dejó escapar un pequeño mordisco en su labio inferior. Otro hombre, este de aspecto mucho más maduro, barba de un mes, pelo perfectamente peinado hacia un costado, voz masculina, porte de mínimo vice-almirante, se sentó al lado de Irina, justo al contrario de donde estaba Angelo. Ella seguía pensando en las mil formas de invitar de manera no hostil a la gacelilla a un baño, darle un bocado, no sé, algo timidín y continuar con la tarea de hacerle sentir un joven con la sartén por el mango. Pero no. Entre que se levantó y decidió centrarse en otros y el nuevo personaje entró en escena, todo se fue al garete. La sonrisa se le borró de la cara, más cuando la pierna del hombretón chocó con la suya. El tipo, que no tenía insignia ninguna, es decir, era un mero civil, se disculpó de inmediato. — Perdón, señorita. — Iba solo, con un den den mushi en su mano derecha por el que hablaba con su ... No sé, insulsa mujer o algo. Cualquier resquicio de "falsa felicidad" se borró con una exagerada reacción de la Volkov. La mesa se hundió, los platos se destrozaron. Cuando los demás voltearan a ver la situación, verían a Irina sobre el tipo, forcejeando con el mismo. Ella tenía en su boca un chorro de sangre que le llegaba hasta el vestido y el hombre que luchaba contra la mujer en aparente ventaja, no tenía nariz. Se la habían arrancado de cuajo, vete tú a saber quién. — ¡Ayuda! — Alzó la voz la mujer. El hombre, que obviamente estaba extremadamente confuso, soltó una de las manos que estaban sujetando las de Irina y le soltó un tremendo puñetazo. Irina ayudó a la propulsión, acompañando el movimiento y cayendo a un metro de ahí, desvalida en el suelo. — ¡HIJA DE PUTA! — Gritó el tipo sin nariz. En seguida se cubrió la tremenda herida del rostro, pero ya tenía a todo el mundo mirándolo mal. ¿Un hombre tan grande, agrediendo a una jovencita? — Todo es culpa del patriarcado, que los crían así ... — Se escuchó decir detrás de Irina. — ¡Pero qué mierda te has creído! — Vociferó otro en algún lugar del casino.

Daryl ... — Irina estaba sollozando, logrando, por supuesto, soltar lágrimas que bañasen todo su rostro cubierto de sangre. Parecía que estaba a punto de pedirle ayuda, de buscar en su gran amigo, ese brazo que usar como bastón. Era el momento de la complicidad, ¿no? ¡Ahora debía aflorar! — Mátalos a todos. — Le susurró entre todo el jaleo de gente que se estaba apelotonando alrededor de Irina (para ayudarla) y alrededor del tipo (agrediéndolo prácticamente). Obviamente, no buscaba que matase a aquel hombre, no lo necesitaba para eso y si me apuras, para nada, pero la situación le seguía haciendo gracia y le había salido natural. — ¿Estás bien? — Diría una de las voces que se arremolinaron a su alrededor. — Sí, por suerte si. — La teatrera hizo incluso el amago de caerse cuando se estaba levantando. — No ha sido un golpe fácil de encajar. Pero sois muy amables. — Un aluvión de manos la sujetaron. Se sintió una diva durante un segundo. El juguete estrella en mano de la plebe, podía pisarlos, que esas manos seguirían ahí. — Hay hombres ... Que aún creen que pueden hacer lo que quieran con nosotras. ¡Yo digo que hasta aquí! — Bueno bueno, se estaba viniendo arriba.
#12
Daryl Kilgore
-
¿Cómo demonios se habían visto envueltos de repente en esa situación, con un par de desconocidos y dos putísimos marines? Solo de escuchar sus voces, a Daryl le daban ganas de lanzarse a por ellos con sus espadas en la mano, y lo peor es que no sabía quién le caía peor, si el lagarto con la autoestima excesivamente alta, o el oni que cada vez que le miraba, le hacía sentir como si sus ancestros se revolviesen en la tumba. Estaba claro que él no se había criado en Onigashima, como sí lo había hecho Daryl, por lo que no conocía la vida de los de su raza, no había aprendido sus costumbres, la visión que tenían por la vida, lo cual le excusaba hasta cierto punto, pero aún así, le seguía pareciendo deleznable que un oni fuera tan... vago, tan despreocupado, siempre con una broma en la boca. Le hervía la sangre. A Daryl le enseñaron que los demonios son una raza orgullosa, guerrera, que no evitaban el conflicto, sino que lo enfrentaban. Y Johnny era como todo lo contrario.

Aunque era mejor malo conocido que bueno por conocer, o eso decían, así que realmente lo que le perturbaba más en ese momento eran los dos nuevos, sobre todo el peliverde. Estaba claramente tirándole los trastos a Irina. Aunque sabía mejor que nadie que de ahí no saldría nada, que aquellos métodos tan simples no funcionaban con ella, de hecho, ¿había algo que lo hiciera? Lo cierto es que no sabía dónde se estaba metiendo, con quién. Irina jugaría con él como hace una serpiente con un ratoncillo antes de zampárselo de un bocado. Por suerte, el momento no duró demasiado, pues rápidamente el chaval se enzarzó con el lagarto, al final puede que le cayera bien y todo, dependiendo de si se atrevía a darle alguna hostia o no. Iris, por otro lado, se dedicó a pedir comida de sobra y unas bebidas, invitándoles a participar. Pero Daryl no tenía hambre, lo cierto es que podía pegarse días sin comer sin ningún tipo de problema. La comida adormecía, después de comer te daban ganas de descansar un rato, de relajarte mientras hacías la digestión... era para hombres perezosos, en definitiva. Y la verdad es que estaba demasiado ocupado y entretenido viendo las reacciones de Irina, alerta, por si tenía que intervenir, tenso, como si la batalla pudiera comenzar en cualquier momento.

Sobretodo cuando aquel hombre de repente se sentó junto a Irina. Daryl no le quitó el ojo de encima, así que a pesar de la rapidez con la que actuó la pelirroja, fue capaz de ver cómo ésta se había abalanzado sobre él, el bocado que le había dado y la sangre que enseguida la manchó por completo. Muchos se encontrarían confusos ante lo ocurrido, a pesar de que hubieran podido verlo, incluso, y es que nadie sería capaz de imaginar lo que acababa de hacer. Daryl esbozó por primera vez aquella velada, una leve sonrisa al ver a su compañera llena de sangre ajena. Y lo cierto es que Irina sabía jugar muy bien el papel de víctima, de pobre señorita desvalida, carta que aprovechó claramente, sobre todo después de que aquel tipo le pegara el puñetazo. Escuchó la voz de la pelirroja llamarle en un susurro lleno de lágrimas. Daryl giró el rostro hacia ella de manera inmediata, dando un par de pasos hacia la mujer. Sabía que estaba fingiendo, pero aún así, verla llorar le revolvía un poco por dentro. Entonces escuchó su siguiente orden en aquel susurro, "mátalos a todos".

El gesto de su rostro se emsombreció a la vez que sacaba dos de las espadas de sus vainas, empuñando una con cada mano. Aunque era curioso observar cómo tenía una espada más guardada, como si estuviera esperando su turno. Sin pronunciar palabra alguna, se movió con rapidez y eficacia, lo suficiente para que de un momento a otro, apuntase con el filo de las mismas tanto a Ares como a Angelo. No les hirió, simplemente dejó la hoja lo suficientemente cerca como para rozarles ligeramente, notar el frío del metal. — Ya habéis escuchado a la señorita. — Sabía que Irina no lo decía en serio, probablemente, y obviamente no iba a matar a nadie... pero siempre era una buena excusa para empezar una pelea.
#13
Ares Brotoloigos
Ah, que el tapón tenía lengua para contestar. O era muy valiente, o era reverendamente estúpido. Una sonrisa afilada se dibujó en las fauces del lagarto bípedo, del mestizo de oni cuando Angelo intentó encarársele. Mucho mejor para él. Si el mocoso quería gresca, él se la iba a dar. Le contempló desde su altura, aprovechándose de la misma para revisarle concienzudamente con la mirada. Como quien contempla, también, una especie de chihuahua realmente divertido.

A saber qué mierda se ha follado a tu madre para que salieses tú, retaco. — Le devolvió el comentario muy quitado de la pena.

Y continuaría por ese sendero, seguido de un par de puñetazos bien dados, si no fuese porque la chica que iba con él, había aparecido con canapés y comida de por medio, teniendo a bien separarles. Ares gruñó en consecuencia, lanzando una mirada depredadora al muchacho. Un mordisco en el cuello y no sería más que un muñeco desmadejado y chorreante de sangre. Uno más en toda la calaña que había en ese mundo. No le importaba. Se retiró, de todas maneras, un paso hacia atrás. No por Angelo, sino para dejarle sitio a Iris y retomar una postura más cómoda al lado de Johnny. Era otro oni, no un mestizo como él, y a veces le exasperaba su actitud demasiado relajada. Demasiado pasota. Pero a sus ojos era eficiente a su manera.

Daryl, en cambio, era otro asunto. Bruto, descarnado, poco hablador. Un muermo como para tener una conversación con él. Pero no una buena pelea a puños si hacía falta. Mas fue Irina quien, ahora, terminó por llamar la atención. Haciendo todo un espectáculo con un tipo. El diablos enarcó una de sus protuberancias a modo de ceja, adornada con un par de aretes de metal mientras contemplaba todo aquel show. Se relamió apenas los dientes, echándose a la boca uno de los canapés que Iris había traído. Incluso rozó ligeramente, con la punta de su cola, una de las piernas de la chica al moverse. No lo había hecho de manera intencional, aunque hubiese podido parecerlo.

Se dedicó, en cambio, a contemplar todo lo que Irina estaba haciendo, con minuciosa atención. Sabía que esa tipa no estaba bien de la cabeza. Y, a ver, Daryl tampoco por aguantarla, pero para gustos pintaban colores, o eso se decía. Lo que sí reconocía, al menos en su fuero interno (no se los diría a ellos jamás en voz alta), era que al menos la chica tenía unas excelentes dotes para la interpretación y hacía bien su trabajo, por lo que tenía entendido. Como también era consciente el asquito que le daban los marines. Eso al diablos le traía sin cuidado. Si estaba en la marina no era por amor al arte, era porque así podía cumplir su función de mejor manera. Y porque sus contactos en el CP lo habían enviado a dicho lugar. Sí, su sendero había empezado, inicialmente, en dicho lugar, pero había sido movido a los cuarteles de la Marina. Y él tenía pensado ascender para hacer una buena limpieza de ese lugar. A su manera, claro. Era muy consciente de lo blandos que eran algunos con el tema de las leyes. Demasiado laxos, para su forma de pensar, claro.

Fuese como fuese, ahora su atención estaba en otro lugar. En todo ese espectáculo. Hasta Daryl se había acercado y Ares rodó los ojos con un deje de fastidio. Había sentido algo de curiosidad al principio, pero ya se estaba aburriendo de todo ese teatrillo. Uno que le enervó la sangre cuando, de repente, el grandullón del Cipher Pol desenvainó las espadas. Una hacia Angelo, otra hacia él.

La expresión de Ares ni tan siquiera se inmutó cuando sintió el roce sobre su piel escamada. Su mirada rojiza y penetrante se posó directamente en Daryl, y casi un siseo se le escapó de la garganta. ¿De miedo? No. De pura excitación, por así decirlo.

Como no, el perro faldero de Irina dispuesta a arrastrarse en el fango por ella. — Dijo en voz alta y sin cortarse ni un solo pelo. — ¿Qué será lo siguiente? ¿Cortarte la polla si te lo pide esa enajenada mental? — No tenía pelos en la lengua, y no temía enzarzarse en una pelea con Daryl si era necesario.

Los dedos, las garras, del diablos de escamas albas crujieron cuando se fueron cerrando en un puño y sus músculos se tensaron dispuestos a una buena pelea si aquello continuaba escalando. ¿Las espadas?

Se rió, ligeramente, en la cara del mismo Daryl, y la otra mano la alzó para cerrarla en torno a la hoja del otro oni. La sangre en su palma no tardó en comenzar a brotar. Cálida, rojiza y espesa.

Si quería un par de ostias, estaba encantado de dárselas.
#14
Angelo
-
Joder, mira que era puto moñas el lagarto de los cojones. Como dirían en el barrio de Angelo, más pesado que un kilo de mierda en una pestaña. Se había metido con su madre, que tampoco es que le importase mucho realmente. La muy guarra, junto con su padre, le había abandonado en aquella isla de mala muerte a su suerte, así que por él como si se metía un dedo por el culo. Además, le parecía hasta lícito después de haber llamado folla-cocodrilos a la suya. No era eso lo que le molestaba, claro: era cuestión de orgullo. Que le faltase así como así, sin comerlo ni beberlo cuando toda esa disputa la había provocado el escamoso, le tocaba los cojones. El primer intercambio se lo había tomado de buen rollo, sin rencores, esperando limar asperezas y correrse una fiesta de puta madre después; una faltada típica entre quienes van a pasar a convertirse en buenos amigos. El segundo ya le hizo torcer el gesto.

El lunarian abrió la boca para responderle, dispuesto a descargar toda su mala hostia sobre la lagarta raquítica, pero Iris apareció entonces acompañada de una camarera que trajo todo un despliegue de alcohol y... ¿Canapés? ¿En serio? A ese ritmo iban a tener que fundar su propio casino. Así, al menos, existiría uno en el que sirvieran unas raciones decentes. Fuera como fuese, las hostias tendrían que esperar y no porque a Angelo le faltasen ganas de explicárselo al señor escamas.

—¿No hafía bada bas? —le preguntó a la chica con la boca llena tras agenciarse dos de esas cosas. A ver, no estaba tan malo, pero echaba en falta algo más típico de su tierra, fuera cual fuera.

Después de eso se quedó mirando cómo se preparaba uno de sus famosos calimochos. Jo, ella sí que sabía cómo montárselo bien. Entre tanto pijo tiquismiquis, a Angelo cada vez le iban gustando menos los casinos. Las apuestas le pirraban, claro, pero el ambiente de esos sitios era demasiado delicado para alguien como él. Era como si hubieran decidido coartar su propia diversión deliberadamente. Como si no estuvieran dispuestos a pasárselo bien y aquello fuera algún tipo de juego de la alta sociedad, en vez del antro de ludópatas que realmente era. Que no pasaba nada por tener un problema con las apuestas, pero el primer paso era admitirlo, ¿no?

Enfurruñado y metido en estos pensamientos mientras miraba con cara de haber chupado limones hacia Ares, le iba dando palmadas a su brother Johnny de vez en cuando como si esa fuera la mejor forma de canalizar su enfado. Pero entonces los gritos comenzaron a su lado y el lunarian se tuvo que levantar las gafas para observar la situación con desconcierto. A Irina se le había ido la pinza, al parecer, y le había destrozado la nariz a un donnadie que había aparecido por allí hacía tan solo unos segundos. El hombretón se enfadó, como es lógico, y le soltó una buena hostia. «Y pensar que eso podría habérmelo hecho a mí», pensó, recordando lo cerca que había estado la del pelo rosa de su cara. Qué peligro... y cómo le ponía la idea. En fin, había que centrarse, porque el mastodonte que parecía ser el novio de Irina se había vuelto también un poco gagá y había desenvainado dos de las tres pedazo de espadas que llevaba consigo. Coño, ¿desde cuándo estaban ahí? Ni se había fijado al llegar. Que tampoco es que hubiera cambiado nada de hacerlo, pero yo qué sé, igual se habría mordido un poco la lengua. O no.

—Joder sister, luego me dices a mí, pero vaya panda de chalados —le comentó a Iris a su lado, ensanchando una sonrisa—. Qué bien me caen.

Se separó un momento, tan solo para acercarse un poco y meterse en todo el percal, justo antes de que Daryl decidiera emplear esas herramientas suyas para amenazarles tanto a él como al lagarto en esteroides. Notó el filo del acero presionando su cuello y alzó las manos hacia arriba con calma, como quien intenta relajar las tensiones. Claro que no tuvo mucho efecto, y menos aún con la respuesta de Ares. El enajenado este se había puesto a insultar al oni y, no contento con eso, se acababa de hacer una herida guapa en la mano al sujetar la espada por el filo. Nada, que luego el loco sería él o algo.

Angelo suspiró, negando con la cabeza.

—A ver, está claro que tenéis montado aquí un rollito sadomasoquista un tanto extraño, pero si queréis meterme en él estaría guay que me pusierais un poco al día. Que no es que yo me niegue a un buen mamoneo de vez en cuando —Empezó a decir, como si algo de eso fuera a aliviar la tensión del momento—. ¿Es por Ojos Preciosos? A ver, que yo no quiero venir a comerle el terreno a nadie. Si estáis juntos o llevas pico y pala un tiempo, no seré yo quien se interponga en el camino de uno de mis brothers. Yo me hago a un lado y toda tuya, Daryl. Ahora, si apartas esto... —y llevó la mano hacia la espada para ir separándola poco a poco de su cuello, o al menos intentó hacerlo. Si el oni no le dejaba moverla, pues ahí se quedaría.

Y entonces, justo entonces, llegó algo que tan solo podía resultar un inconveniente en aquella situación. Al principio fue tan solo un cosquilleo pero, poco a poco, se convirtió en una sensación algo más desagradable. Un hormigueo que se asentó en su nariz al tiempo que se veía en la necesidad de estornudar. Mierda, no era ese el mejor momento para que le pasase aquello. ¿Y si le llenaba de babas la espada a Daryl? ¿Y si encima no era la espada que merecía la pena llenar de babas? En fin, tampoco es que pudiera hacer mucho al respecto. El estornudo iba a llegar irremediablemente, así que Angelo tampoco se esforzó en contenerlo.

—¡¡¡ACHOW!!!

Un pedazo de gapo se escapó de su boca en el proceso a toda velocidad. Bueno, en verdad fueron varios, pero uno de ellos era un tanto especial. A veces, cuando perdía el control de su nariz, no podía evitar también perder el de su akuma no mi. Su fruta era muy útil, pero también extremadamente volátil. Sin querer, había cargado aquel pollo con las propiedades de su fruta, algo que no tardó en hacerse notar. Cayó bastante lejos, en una mesa muy apartada, pero en el momento de hacerlo se produjo una enorme explosión que, evidentemente, trajo el pánico a la fiesta. Casi parecía como si alguien hubiera perpetuado un atentado. ¡Encima esa era la mesa de los veteranos retirados! Ay, joder. ¿Había visto una silla de ruedas? Bueno, lo que quedaba de ella al menos. Joder, joder, joder. La que se había liado en un momento.

—Hostia puta, ¿eso es un dedo? —una falanje ensangrentada había caído justo en la mesa del peculiar grupito—. Oye, si sois marines o algo de eso, igual... ¿Deberíais echar un ojo?

Como si la cosa no fuera con él, vaya. El caso es que, sin conocer sus poderes y habiendo sucedido de aquella forma, raro sería que pudieran relacionarle con la explosión, ¿no? Madre mía. Miró a su sister de reojo y se encogió de hombros. Esas cosas pasaban, tampoco es que lo hubiera hecho adrede.
#15
Johnny King
-
Johnny King estaba ahí, sentado con su habitual cara de esto no me importa, pero, bueno, aquí estoy. Su mirada estaba fija en las luces que parpadeaban sobre las tragaperras y los demás jugadores que rodeaban las mesas, pero todo eso le importaba un carajo. Las voces, el bullicio, todo era solo ruido de fondo. No pensaba en nada. No iba a hacer nada. El plan de Johnny era claro: dejar que las cosas sucedieran mientras él descansaba. A un lado "su bro". Al otro su compañero.

El ambiente alrededor de él estaba cada vez más cargado, claro, porque las cosas no podían ser tan tranquilas. Miró a su alrededor con una pizca de desinterés. Angelo, el tipo con el que había acabado hablando, estaba en una conversación con Ares. Nada importante, aparentemente. Aunque, por las miradas que lanzaban, Johnny empezó a pensar que la cosa podría ir a peor.

Lo que ocurrió a continuación fue totalmente predecible. Ares empezó a ponerse tenso, Angelo se le acercó un poco más y el ambiente se hacía cada vez más incómodo. El marine observaba con el mismo entusiasmo que un espectador en un partido de fútbol aburrido. No se movió. No dijo nada. Solo dejó escapar un suspiro, como si el universo estuviera conspirando para fastidiarle su día de descanso.

Un camarero pasó con una bandeja de copas. Johnny King levantó la mano de manera vaga, como si el esfuerzo mínimo fuera la mayor hazaña de su vida. Tomó la copa y la levantó frente a su cara, mirando el líquido dorado en ella.

La puta madre, qué mal sabe esto — comentó en voz baja, sin mucho interés. Un sorbo más, otra mueca, y entonces escuchó a Angelo decir algo que hizo que su mirada se deslizara lentamente hacia él. Claro, en ese punto estaba más pendiente de la bebida que de la conversación. A fin de cuentas, no importaba. No era su problema.

De repente, las palabras se volvían más tensas entre Angelo y Ares, como si fuera cuestión de tiempo que alguien lanzara un golpe. Johnny, sin perder la calma, levantó un cigarro de su bolsillo, lo encendió con la misma indiferencia con la que todo el casino parecía girar en torno a un remolino de discusiones y miradas fulminantes. Lo acercó a sus labios, aspiró el humo lentamente, como si el proceso le estuviera exigiendo un esfuerzo sobrehumano.

Joder, vaya movida, ¿no? — murmuró, como si fuera el comentario más revelador de todos. Estaba claro que no pensaba moverse de su sitio. ¿Para qué? Ya sabía cómo terminaban estas cosas.

Observó a su alrededor con indiferencia, sin prisa por reaccionar ante lo que ocurría. Ares y Angelo seguían hablando a gritos, pero Johnny ya no estaba prestando atención a eso. Ni siquiera había considerado levantarse. A su alrededor, la gente ya se estaba apartando como si esperaran que las cosas explotaran. Johnny, sin embargo, mantenía una calma total.

Si pensáis que voy a levantarme para meterme en esto… lo lleváis claro — dijo, mientras se recostaba en su silla, poniendo los pies sobre la mesa. Se encogió de hombros mirando al resto del grupo.

Sabía cómo funcionaba Ares. Las cosas se calmarían después de un rato si no le arrancaba la cabeza antes. O, al menos, si no lo hacían, no era su problema. No iba a mover un dedo. Estaba en el casino por una razón: para pasar el tiempo sin hacer nada, para observar todo con la misma distancia emocional que alguien que ya ha visto todo esto un millón de veces y aún así no le importa.

Miró la copa vacía. Otro trago. Y otro. Mientras tanto, las cosas seguían calentándose entre Angelo y Ares, pero aquel oni rubio ya había dejado de prestarles atención. 

Sólo quedaba esperar.

A lo lejos, un camarero intentó acercarse, pero Johnny solo le hizo un gesto con la mano sin mirar. El camarero se detuvo, como si no tuviera claro si debía o no acercarse más. el oni no iba a molestar a nadie con su desinterés. Estaba cómodo. El mundo podía seguir girando a su alrededor. Sin él.

El ambiente seguía cargándose. Pero Johnny, como siempre, no estaba dispuesto a tomar parte. Su postura nunca cambió.

Se estaba empezando a cansar de todo ese ruido, pero eso no iba a hacer que se levantara. Podía aguantar un poco más. Ya estaba casi seguro de que, al final, nadie iba a llegar a las manos. Solo tenía que esperar un poco más.

Aquella dichosa disputa continuaba, pero Johnny King seguía allí, como un espectador de su propia vida, sin moverse ni un centímetro.

Qué cansino todo. Cansino Missile. — se quejó, como si lo estuviera sufriendo, pero sin el más mínimo interés en intervenir.

Y así, entre la tensión creciente y la inercia que le era tan familiar, Johnny permaneció imperturbable, como una roca en medio de un río que fluía con demasiada prisa. Sus ojos, medio cubiertos por el ala de su sombrero, apenas se movían mientras seguía observando el caos latente a su alrededor. Los murmullos crecían, las miradas se volvían más inquisitivas, y cada pequeño movimiento de Angelo y Ares parecía encender chispas que amenazaban con convertirse en un incendio. Pero Johnny, con la calma del que ya ha visto demasiados incendios para preocuparse por uno más, simplemente exhaló otra lenta bocanada de humo.

Se recostó aún más en su asiento, acomodando el sombrero para bloquear el resplandor de las luces del casino, y tamborileó los dedos sobre la mesa con una cadencia perezosa. A su lado, la tensión crecía, pero él seguía en su propio ritmo, inmerso en el ritual de su cigarro, cada calada más pausada que la anterior. El bullicio del casino, las discusiones en las mesas vecinas, incluso la mirada del camarero que claramente había notado la falta de pago de la copa… nada de eso logró penetrar la burbuja de tranquilidad autoimpuesta de Johnny King.

Era su jornada de descanso, y en ese tiempo Johnny King se había convertido en un monumento a la paz y la desconexión absoluta. Sus hombros seguían relajados, su postura no daba la más mínima señal de interés en lo que pudiera ocurrir alrededor. Si los ánimos subían, si las palabras se convertían en gritos o las manos se alzaban en desafíos, todo eso era secundario. El Oni marine tenía un único propósito ese día: no moverse más de lo estrictamente necesario. El mundo podía volverse loco, incluso todos los yonkou de los mares atacar, pero él no estaba invitado a esa fiesta.

Con un gesto lento, dejó su copa vacía sobre la mesa, ignorando el hecho de que probablemente debería pagarla. Se estiró un poco, ajustando el sombrero una vez más, esta vez dejando que cayera completamente sobre sus ojos. Cada calada del cigarro marcaba el paso del tiempo, cada exhalación era un recordatorio para todos — y para sí mismo, osea obvio — de que nada en ese momento era tan importante como preservar su calma. Si el caos decidía explotar, que lo hiciera.

Johnny King ya había decidido que hoy sería un día para mirar desde lejos, con la tranquilidad de quien no tiene prisa por enfrentarse al mundo. 

Total, aún le quedaba medio cigarro y todo el tiempo del universo.

Solo paz y tranquilidad.
#16
Iris
La bala blanca
— Pues no, hijo, esta panda de pijos solo tienen comida para saciar a bebés.— Contestó a su amigo mientras se sentaba en una de las sillas.

Parecía que la comida y el alcohol había calmado el enfado tanto de Ares como de Angelo. Así que la peliblanca aprovechó ese segundo de paz para encenderse otro cigarrillo, usando un mechero que había pispado de una mesa. No había dado ni la primera calada cuando la loca empezó a gritar. Iris contempló, con una sonrisa en la cara, como los hechos se desenvolvían. Al parecer un hombre se había sentado a su lado y a la puta zumbada no se le había ocurrido otra cosa que arrancarle la nariz de un bocado. Ni en las peleas más sangrientas de Jaya había visto a nadie actuar con tanto descaro porque la muy psicópata había decidido echarle la culpa a aquel desgraciado de lo sucedido y la gente se lo estaba comiendo con patatas. Estaba tan ensimismada en la trifulca que tenía delante de ella que casi —casi— pasó por alto el roce de la cola de Ares por su pierna.

Pero aquello no iba a ser todo ya que el grandullón había decidido desenvainar sus dos espadas y apuntar directamente al cuello del lagarto y de Angelo. Entonces, Ares había empezado a insultar a su... ¿compañero? hasta había agarrado el arma de Daryl provocándose una herida en la mano. Con un suspiro y aún sentada desenfundó la pistola que llevaba atada a la pierna y, aún sentada, apuntó a la cabeza de Daryl. 

— A ver, que aquí al medio-mierda este solo le amenazo yo— comentó con toda la pachorra del mundo, como si ni le fuera ni le viniera— Me gustaría tenerle de una pieza entero, así que si eres tan amable...

Con un gesto de cabeza señaló a la espada que apuntaba al cuello de Angelo. Aunque el comentario que este hizo segundos después hizo que se llevara una mirada de reprobación por parte de la Solarian. El muy gilipollas no podía estarse dos segundos sin pensar con la punta del nabo. 


Lo malo de ir, literalmente, con una bomba con patas al lado es que puede explotar en cualquier momento. Y eso es lo que pasó en ese instante, cuando un gapo explosivo de Angelo, provocado por un estornudo, fue a parar a una de las mesas de marines. Iris contempló, con una macabra admiración, como la mesa explotaba y los abueletes allí presentes perdían los miembros que les quedaban. De echo uno de los dedos de esos vejestorios salió volando y acabó en la mesa que rodeaba aquel peculiar grupo. Observó como de aquel mismo dedo se escaba un anillo de oro que fue a parar justo, y casualmente, al lado de sus pies el cual pisó con disimulo escondiéndolo debajo de su zapato. Seguro que valía una millonada. 

Sin apartar la pistola de la cabeza de Daryl asintió a la propuesta que había hecho el peliverde. 

— Vaya desgracia. Deberíamos ir a ayudar, que con suerte solo han perdido un par de deditos y ya.
#17


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