¿Sabías que…?
... Oda tenía pensado bautizar al cocinero de los Mugiwaras con el nombre de Naruto, pero justo en ese momento, el manga del ninja de Konoha empezó a tener mucho éxito y en consecuencia, el autor de One Piece decidió cambiarle el nombre a Sanji.
[Aventura] [T1] El caos los cría y ellos se juntan.
Rocket Raccoon
Rocket
En las afueras del almacén.

La tarea parecía sencilla, casi insultante para cualquiera con un mínimo de ambición. Cuatro novatos fueron asignados a vigilar un almacén durante la noche. Nada complicado, ¿verdad? Solo quedarse despiertos, dar vueltas de vez en cuando, y asegurarse de que ningún gato callejero o borracho perdido hiciera de las suyas. Pero, claro, ninguna buena historia comienza con "todo salió según lo planeado". El Dios del destino, ese bromista cósmico que disfruta complicando las cosas, decidió que aquella no sería una noche tranquila. En un mundo donde los piratas navegan libres, saqueando y sembrando el caos, y los marines tratan de imponer justicia en el tumultuoso Mar del Este, algo interesante tenía que pasar.

La noche estaba por ponerse interesante, y aunque ninguno de ellos lo sabía, estaban a punto de enfrentarse a su primera lección en el arte de la improvisación. Y quién sabe, quizá hasta logren sorprender al destino mismo. O, bueno, al menos intentarlo.

La neblina nocturna se hacía más densa, difuminando los contornos de los edificios cercanos y amplificando los sonidos que resonaban en el callejón. El marine que buscaba a su compañero, desorientado, caminaba con cautela, siguiendo los ecos de unos ruidos que le resultaban difíciles de identificar. O quizás no... ¿Que tan frecuente eran las relaciones íntimas en tu vida? Quizás aquellos sonidos te hicieran recordar algo parecido. Pero hasta ver que era, seguramente no podías estar del todo seguro. De lo que si estabas seguro, era de una voz que comenzaste a escuchar allá a lo lejos. Te estaban llamando, y varias veces de hecho. Era la voz inconfundible de Johnny. 

Esto es lo que podíamos observar desde la perspectiva del lagarto más querido del Mar del Este, la situación ya era lo suficientemente extraña. Sin embargo, ¿qué estaba haciendo el rubio despistado que había decidido emprender su propia odisea nocturna en vez de cumplir con la vigilancia? Bueno, en la anterior narración, lo habíamos dejado deambulando por un laberinto de callejuelas, con su atención fija en un sonido que, para su desgracia, era tan molesto como intrigante. Ah, y para empeorar las cosas, aunque pudo haber mantenido los ojos en el almacén que seguía visible por encima de los techos, decidió que perseguir aquel ruido era una mejor idea.

Ahora, el momento incómodo. Mientras ambos gritaban los nombres del otro como si estuvieran en una mala escena de película de piratas, el misterioso ruido simplemente... se detuvo. Lo que sea que lo estuviera provocando, aparentemente no quería ser descubierto. Pero no, no era el viento, como podía haber llegado a pensar nuestro rubio. El viento, aunque juguetón, seguía soplando como si nada. Algo o alguien había oído sus llamados y decidido permanecer en silencio. Una pausa cargada de tensión.

Finalmente, nuestros dos genios llegaron al origen del sonido. Después de intercambiar unas cuantas frases y teorías brillantes, llegaron a una conclusión que, equivocada o no, era digna de dos vigilantes novatos con demasiada imaginación: había sido una pareja de jóvenes calenturientos teniendo un momento privado en el lugar y momento equivocado del día. ¿Como imaginar, por un instante, que dos marinos iban a estar vigilando cerca de esa zona a estas horas no?

Las pistas eran, según ellos, irrefutables. Un charco viscoso en el suelo que no quisieron inspeccionar demasiado de cerca; marcas en una caja que, en su mente, debían ser de una mano femenina; y, bueno, su experiencia colectiva —o la falta de ella— les llevó a sumar dos más dos y obtener un resultado que no admitía dudas... al menos para ellos. Pero esto es lo que el narrador les cuenta, ustedes pueden creer lo que les dé la gana, claro.

¿Era esta una deducción brillante? Absolutamente no. ¿Era hilarante imaginar la cara que pondrían si descubrieran lo que realmente había pasado? Definitivamente. Y así, entre risitas incómodas y un leve sonrojo, ambos se convencieron de que habían resuelto el misterio. Por supuesto, la verdad estaba todavía a la vuelta de la esquina, esperando pacientemente para golpearlos como un barril fuera de control. Pero algo más importante estaba ocurriendo ahora mismo, en este preciso instante, en aquel lugar que debían de estar vigilando. Y eso, gracias al viento que aún soplaba, lo lograrían deducir gracias a sus narices. Parecía humo, ¿el olor a madera quemada quizás? Uno de ellos, el rubio bien observador. Rápidamente, miro hacia el galpón y vio algo bastante extraño, parecía ser humo aquello, y si venían del interior del almacén, pues parecía ser bastante peligroso. Tardarían unos pocos minutos en llegar, eso sí.

En el interior del almacén.

El ambiente se tornaba cada vez más extraño con cada segundo que pasaba. Ese olor acre a madera quemada impregnaba el aire, colándose en las fosas nasales de los novatos como un recordatorio de que algo no estaba bien. Por más que buscaban con la mirada, no había señales de un incendio visible. Nada de llamas danzantes o columnas de humo elevándose hacia el cielo. Solo un persistente olor a madera carbonizada, como un enigma burlón que desafiaba su comprensión.

Como era de esperarse, la tensión trajo consigo una disputa. El más joven no tardó en señalar al mayor, culpando su vicio por el cigarro de ser la causa de aquella incómoda situación. Santorini, con la calma de alguien que ya había vivido un par de noches complicadas, zanjó el asunto con rapidez. Decidió llevar al chico al lugar exacto donde había fumado antes, su memoria aún fresca y precisa. El área parecía normal. Las cajas seguían apiladas en el mismo orden de antes, y los restos del cigarro, cuidadosamente apagados, descansaban en el suelo como testigos inocentes de un hábito común. Pero justo cuando el ambiente comenzaba a recuperar algo de su tranquilidad, un crujido sutil pero inquietante rompió el silencio. Madera quebrándose.

Ambos giraron al unísono, con los ojos bien abiertos, hacia la dirección de aquel sonido. Algo les decía que el origen de todo esto estaba cerca. Decidieron avanzar, sus pasos algo titubeantes pero decididos, hasta que finalmente lo vieron: una de las cajas, colocada sobre otras tantas, comenzaba a expulsar humo de su interior. La madera de la caja presentaba un aspecto preocupante, ennegrecida en algunos puntos y mostrando grietas que sugerían que no iba a durar mucho más. Había una amenaza latente, algo escondido dentro de esa caja que, si no actuaban rápido, podría desatar un desastre en el almacén.

Aquí había varios problemas, claro. El primero de ellos parecía que se podía solucionar de manera fácil, después de todo, el gran Santorini era un experto en explosivos y demás, así que abrir esa caja y ver que pasaba, no sería problema. El otro problema, era que dicha caja no estaba en todo lo alto, y, por tanto, habría que empezar a quitar cajas y cajas hasta lograr dar con la que presentaba el problema. El tiempo corría, y deberían darse prisa. O idear otro plan, quién sabe. Tampoco sabían que sus compañeros venían también en camino.

Otra marina novata, de vigilancia.


En otra parte de la ciudad de Loguetown, una novata recién reclutada hace unas pocas semanas. Se encontraba haciendo su habitual guardia nocturna en las calles de Loguetown. Su destino no era el de los otros cuatro, pero sí más o menos cercano. Lo que la llevaría también a poder escuchar los extraños sonidos del par de enamorados que también estaban investigando Johnny y Ares. Al llegar al área de donde venía aquellos ruidos, se quedó viendo a sus dos compañeros de trabajo. ¿Serían ellos los causantes? Uhm, quien sabe. Sería algo extraño, eso sí. Vería como ambos se marchaban tras observar a lo lejos como una ligera cortinita de humo salía de uno de los almacenes. ¿Espera... ese es un galpón de la marina, no?

Cositas
#11
Dan Kinro
[...]
Personaje
Virtudes y Defectos
Datos Bélicos
Inventario



Loguetown
Día 11 del Verano del año 724

Aquel sonido la había alertado pese a haber sido una noche más de patrullaje nocturno, unos extraños ruidos, como de dos cerdos agonizando le había llamado la atención. Decidida y con la espada enfundada se dirigió hasta allí...

Para ponerse roja como un tomate.

De pronto, discernió dos figuras extrañas a lo lejos, haciendo que se camuflase detrás de una pared. Al poco, logra discernir a dos marines del pelotón de Loguetown, reclutas con más sueños que hechos, como ella.

Dan Kinro observaba desde las sombras, cuidadosamente analizando la escena. No se ha dejado ver, pero ha sido testigo de cómo los dos compañeros de patrullaje, Johnny y Ares, se alejan del almacén, dejando atrás una ligera cortina de humo que se escapa del interior del edificio.

¿Un almacén de la Marina? ¿Nae? — Se pregunta, al darse cuenta de que el lugar de donde sale el humo tiene el logo de la Marina. La joven de la tribu Kuja frunce el ceño, un destello de curiosidad y desconfianza en sus ojos de color ámbar.

No es normal. — se dice a sí misma, notando cómo el aire se vuelve más espeso, como si la ciudad misma estuviera conteniendo el aliento. No puede ignorar el hecho de que algo está mal. 

El humo no debería estar allí, y mucho menos en un almacén de la Marina. Los dos novatos se han alejado sin investigar, pero Dan no tiene la misma suerte. No va a dejarlo pasar. «¿Dejarlo así?» Se ríe internamente. No es el tipo de persona que se da por vencida tan fácilmente.

Con pasos decididos, se aproxima al almacén, asegurándose de que nadie la vea. Su cuerpo se mueve con agilidad y determinación, aprovechando cada rincón oscuro que ofrece la ciudad para acercarse lo más posible sin ser detectada. La niebla, espesa y pegajosa, la acompaña mientras avanza.

Al llegar a la puerta del almacén, la abre con cuidado, no sin antes detenerse un segundo para escuchar cualquier ruido que pueda alertarla sobre la presencia de alguien dentro. El ambiente está tenso, denso, como si el almacén mismo estuviera esperando algo. Dan siente la presión del aire, y la ligera quemazón en su nariz por el humo que sigue siendo visible, aunque no hay llamas visibles a la vista.

«'Aye ¿Qué está pasando aquí?» piensa mientras da un paso más adentro, con la espada firmemente sujeta en su cintura y la mente alerta. Algo le dice que este no es un simple accidente.

Dentro, el aire está viciado por el humo, pero lo que más le desconcierta es la calma con la que todo parece estar sucediendo.

«¿Es esto realmente un incendio en potencia?»

Su mente se pone a trabajar rápido. No se ve fuego, pero la presencia de humo indica que algo está ardiendo en el interior de las cajas o en alguna parte del almacén.

Dan examina rápidamente las cajas apiladas, buscando algo que pueda explicar la situación. Su mirada se detiene en una caja en particular, las que parecen tener marcas de quemaduras en la madera. El olor acre de la madera carbonizada se intensifica, y la marine se aproxima con cautela. Su instinto le dice que debe actuar rápido antes de que algo peor ocurra. La situación está a punto de volverse más peligrosa, y ella sabe que no puede esperar a que otros vengan a investigar.

 Si no lo hace ella, las consecuencias podrían ser peores de lo que imagina. Sin saber qué hacer, simplemente elevó la voz para pedir ayuda.

¡NAE TENGO AGUA! ¿¡ALGUIEN PUEDE LLAMAR A ALGUIEN!?

Resumen
#12
Ares Brotoloigos
Personaje

Virtudes y Defectos

Inventario


Maldito rubio con ínfulas de perezoso. — Ares iba maldiciendo en voz baja con respecto a su compañero.

La cuestión es que no terminó por encontrarle por mucho que le hubo buscado. Además, había dejado de escuchar su voz desde hacía un buen rato, por lo que eso también arrancó un chasquido de lengua, de molestia, por parte del ser reptiliano. Ares decidió continuar la ronda, por el exterior, él solo, siguiendo el rastro de aquellos sonidos. Bien podían ser ratas, ladrones o cualquier otra cosa. Esperaba que Vinny y Jack se ocupasen de vigilar el interior hasta que se volviesen a reunir.

Lo que descubrió, en realidad, fue otra cosa que le hizo enarcar una ceja. No sonrojarse. No iba a sonrojarse por ver a un par folleteando por ahí. Aunque había que tener valor para hacerlo tan cerca de un almacén de la Marina.

Este no es lugar para rellenar agujeros. Buscáos una taberna o algo de eso. — Fue lo único que el diablos les dijo al par de calenturientos acaramelados. De hecho, les recorrió de arriba a abajo con la mirada, antes de retirarse.

No parecían sospechosos y no había visto nada raro con respecto a ellos. Así que decidió darse media vuelta y regresar hacia el edificio en sí. No había visto a Johnny, así que supuso que regresaría al cuartel diciendo que aquello estaba solucionado y, seguramente, iría a dormitar por ahí. Ares suspiró, en lo que encaminó sus pasos hacia el galpón como tal.

¿Hm? — Un aroma peculiar le invadió las fosas nasales y le hizo fruncir el ceño de inmediato. Porque reconocía ese olor asfixiante. — ¿Qué mierda...? — Ares alzó la mirada en dirección al almacén.


Efectivamente, ¡era humo!

El diablos se encaminó a paso raudo hacia dicho lugar, notando como la picazón en sus fosas nasales y en su garganta se iban incrementando a medida que acortaba distancias con el almacén y el aroma a humo parecía hacerse más intenso. Al llegar, vió a una chica de larga cabellera blanca y ojos ámbar que estaba pidiendo ayuda. Supuso que pertenecía a la Marina por el emblema de sus ropas. Ares tosió un poco cuando se adentró, debido al humo que había. Sus ojos rojizos rastreando la presencia de los otros dos.

¡¡JACK, VINNY!! La madre que los parió. — Soltó el exabrupto el lagarto. Acto seguido, se volvió hacia la chica de ojos ámbar. — Ayúdame a mover cajas. O si encuentras el pozo de agua. ¡Ve!

Quizás no era el más indicado para estar dando ordenes, mucho menos siendo un recluta y mucho menos a una muchacha que ni conocía ni de la cual sabía su rango. Pero eso no importaba ahora. O espabilaban o aquel lugar se iba a incendiar. Y no le daba la gana de tal marrón.

¡Vosotros dos, espabilad! — Fue el lagarto quien se metió en medio del humo, siguiendo el rastro del sonido hasta que vió la pila de cajas en concreto. Aprovechándose de su altura, y fisonomía, fue el mismo Ares quien comenzó a mover cajas y otras cosas que pudiesen estar alrededor o en posible o cercano contacto.

Sobre todo si estallaban.

Resumen
#13
Jack Silver
-
Jack se detuvo un momento, observando a Vinny con el ceño fruncido mientras el bigotudo seguía su propia línea de razonamiento, con más despreocupación de la que parecía apropiada para la situación. El marine no pudo evitar alzar una ceja ante el comentario sobre su propia integridad física. "Sigue completo, dice," pensó con una mezcla de incredulidad y asombro. Sin embargo, la disculpa del hombre llegó rápidamente, y aunque no parecía cargada de verdadera empatía, fue suficiente para suavizar la situación.

No te preocupes, no me ofende. Tan solo aseguremos de que puedas mantener esa buena racha que mencionas —respondió Silver con una sonrisa sarcástica, intentando aliviar un poco la tensión sin dejar de lado el toque ácido.

Cuando el crujido interrumpió su conversación, Jack giró rápidamente la cabeza hacia el sonido, que capturó completamente su atención. Ambos avanzaron hacia la pila de cajas, notando el olor a madera quemada cada vez más intenso. La caja ennegrecida y la columna de humo que comenzaba a formarse confirmaron sus peores temores.

Ahí está. Tenemos que sacarla de aquí antes de que sea demasiado tarde —dijo Silver, evaluando rápidamente la situación.

Antes de que pudieran actuar, pasos resonaron en el almacén, seguidos por una voz inconfundible.

¡Jack, Vinny! La madre que los parió —Gruñó Ares, irrumpiendo con una mezcla de preocupación e impaciencia.

Silver esbozó una sonrisa amarga al escuchar la reprimenda del reptiliano. No era momento para discusiones, pero tampoco iba a dejar pasar la oportunidad de responder.

Qué amable por tu parte venir a ayudar. Estábamos a punto de invitarte a la fiesta, —comentó, lanzando una mirada rápida hacia el recién llegado.

Antes de que pudiera decir más, una nueva voz llamó su atención. Una joven marine de cabello blanco y ojos ámbar entró en escena, claramente desconcertada pero decidida. "Genial, más compañía," pensó, mientras veía cómo Ares tomaba el control de la situación, dirigiéndola hacia un posible pozo de agua.

Jack, por su parte, se concentró en la tarea urgente que tenían ante ellos. La caja con el humo no estaba al alcance inmediato, lo que significaba que tendrían que quitar otras cajas primero o trepar para alcanzarla directamente. Observó la pila con detenimiento, calculando las distancias y las posibilidades. Sus ojos se llenaron de determinación.

Voy a por ella. Vinny, prepárate para recibirla. Tú eres el experto en explosivos, ¿no? —anunció, mientras se lanzaba hacia delante.

La tarea no era sencilla. La pila de cajas estaba desordenada y llena de irregularidades, pero Silver comenzó a trepar con una agilidad que desafiaba las expectativas. Su prótesis resonaba con cada movimiento, pero él parecía completamente adaptado a su cuerpo. Utilizaba su único brazo con precisión, asegurándose de mantener el equilibrio mientras ascendía. Sus movimientos eran fluidos, casi como si estuviera acostumbrado a trabajar con lo que otros considerarían desventajas insuperables.

Desde abajo, la vista era impactante. A pesar de su evidente falta de extremidades, Jack se movía con una destreza que pocos podrían igualar incluso con todas sus extremidades intactas.

Preparaos ahí abajo —avisó mientras se aferraba al borde superior de la pila.

Se acercaba a la caja ennegrecida. El humo era más intenso allí, irritando sus ojos y dificultando la respiración. Aun así, Silver logró estabilizarse y trataría de mover la caja con cuidado. Aunque sus movimientos eran rápidos, no dejaban de ser metódicos, consciente de que cualquier sacudida brusca podría desencadenar un desastre. El tiempo corría en su contra, pero el marine mantenía la calma, confiando en su compañero para que supiera exactamente qué hacer una vez que la caja estuviera en sus manos.



Resumen
#14
Vincenzo Santorini
Vinny
Personaje

El bigotudo observó al medio marine moverse con rapidez hacia la fuente del humo, mientras él permanecía de pie, evaluando la situación con una mezcla de calma y desinterés aparente. Que el chico no se hubiera ofendido con su comentario lo tranquilizaba, aunque no lo suficiente como para distraerlo de lo realmente importante: no terminar volando en pedazos. Al escuchar el grito del hombre lagarto, Santorini se tensó ligeramente. No era miedo, sino la molestia de saber que alguien estaba perdiendo los estribos. 

Tranquilo, JurassicBoy… tú tranquilo, yo nervioso— murmuró con su típico aire sarcástico, ajustándose el bigote como si aquello fuera la clave para mantener la compostura. Con calma, apagó su puro en la suela de su bota, frotándolo varias veces contra el piso hasta asegurarse de que no quedaba rastro alguno de brasa. Era un movimiento casi mecánico, fruto de años de experiencia tratando con sustancias inflamables. Miró hacia el joven marine, que se movía con agilidad hacia el humo, y elevó la voz con una orden clara —¡Cuando lo tengas a mano, grita qué es!— dijo, alzando una mano como si estuviera coordinando un grupo de novatos. La instrucción podía parecer una locura, pero había un método en su aparente desorganización.

Mientras el chico avanzaba, Vinny añadió, con un tono casi didáctico —Si son granadas o algo así que se active manualmente, es mejor echarle arena hasta que apague, sin moverlo del lugar… El recubrimiento de las granadas es resistente al calor, pero no mucho a los movimientos bruscos.— Sus palabras parecían más dirigidas al aire que a alguien en particular, aunque esperaba que el marine lo hubiera escuchado. Luego giró hacia el hombre lagarto, su expresión relajada pero con una mirada que transmitía cierta urgencia. Extendió la botella de whisky hacia él como si estuviera entregando un tesoro valioso. —Te encargo el whisky unos minutos, ¿quieres?— dijo, y antes de que el otro pudiera protestar, añadió rápidamente —Y si puedes, ve a buscar cubos o sacos con arena o cemento.— No había duda en su voz, solo la seguridad de alguien que sabía cómo manejar situaciones peligrosas… o al menos cómo aparentarlo. 

Con un largo suspiro, se arremangó hasta los codos, resoplando mientras ajustaba su bigote como un boxeador que se prepara para entrar al ring. —Yo debería estar con mis flores, no evitando que explote todo…— murmuró con una mezcla de frustración y resignación, como si se estuviera lamentando ante un público invisible. Sin perder más tiempo, comenzó a trepar por las cajas apiladas, sus movimientos eran torpes pero efectivos, impulsados más por la necesidad que por la gracia. Al quedar a medio camino, se detuvo, asegurándose de que sus pies estaban firmes sobre la estructura. Desde su posición, esperaba a que alguien, cualquiera, regresara con lo que había pedido. El olor a humo seguía intensificándose, haciendo que su bigote picase levemente, como si fuera un sensor natural para detectar el peligro. Mientras tanto, su mente no dejaba de correr. —Madonna santa… Si esto explota, espero que al menos sea rápido…— pensó, aunque por fuera seguía proyectando la confianza de un hombre que parecía haber visto de todo. O al menos, eso esperaba que los demás creyeran.



Resumen


Relevantes
#15
Rocket Raccoon
Rocket
[Imagen: result-1z2zlCDqJw.png]

La presencia de los cuatro protagonistas en el mismo lugar indicaba solo una cosa, que todo se estaba volviendo un caos con cada segundo que pasaba. Pero se suponía que estaban entrenados para este tipo de situaciones, o incluso peores. Así que esta noche debía de ser solo una más, por más que se les presentaran estos pequeños contratiempos. Bueno, ya veremos si son pequeños o no. Pero por lo menos, todos comenzaron a actuar rápidamente, cada uno comenzó a moverse por sí solo, pero tras unos segundos, las voces de mando de Ares y Vinny comenzaron a dar un poco de sentido a todo el caos.

El humo seguía escapando de una de las cajas con un flujo lento y sinuoso, como si el aire mismo susurrara advertencias. Su olor acre impregnaba la atmósfera, un picor punzante que arañaba la garganta de cualquiera que se atreviera a respirar profundamente. Uno de los marines, con los ojos entrecerrados y la mandíbula tensa, se inclinó hacia la caja. Quien pensaría que Jack, quien visiblemente podría apreciarse como el más imposibilitado de todos, fuese el primero y el más rápido en llegar al lugar. Tenia algo a su favor la verdad, y es que era el que estaba antes ahí. Aunque no estaba del todo solo, tanto Ares como la nueva e improvisada integrante, Dan, estaban moviendo las pilas de cajas. Buscaban con cierta cautela, la que podían, el origen del problema.

En ese instante, las órdenes comenzaron a fluir con la intensidad de una tormenta desatada. El primero en alzar la voz fue el lagarto, con un tono autoritario y seguro que parecía buscar control en medio del caos.
— Ayúdame a mover cajas. O si encuentras el pozo de agua. ¡Ve!
¿Un pozo? ¿En serio? ¿De dónde sacaba esa referencia? Tal vez había estado leyendo demasiadas novelas medievales, de esas que hablan de castillos imponentes, caballeros de armadura brillante y princesas esperando ser rescatadas. Pero este no era el mundo de antaño; estábamos en el ahora, donde las tuberías y las mangueras reemplazaban la magia de los cuentos. Si alguno de los presentes se aventuraba a buscar agua por los alrededores, no tendría que ir muy lejos. A lo largo de una de las paredes cercanas, encontraría una tubería con un grifo oxidado, claramente funcional. A su lado, varias cubetas de metal se amontonaban, junto con mangueras enrolladas que esperaban ser usadas.

Entonces lo escucharon. Un tictac rítmico, inicial como un eco lejano, comenzó a hacerse cada vez más claro a medida que movían y movían las cajas que estaban en medio. Cada golpe seco del mecanismo resonaba como un tambor en un silencio que parecía haberse extendido por toda la zona. No era solo un sonido; era una advertencia, un recordatorio de que algo estaba profundamente mal. Y si alguien sabía de eso, era el más veterano del grupo. Quien con la suficiente sapiencia y sabiduría, lograba mantener la calma en todo este caos que le rodeaba. Y tal cual como había hecho anteriormente el lagarto de escamas blancas y rojizas, también elevaba la voz para comandar a sus compañeros.

Si son granadas o algo así que se active manualmente, es mejor echarle arena hasta que apague, sin moverlo del lugar… El recubrimiento de las granadas es resistente al calor, pero no mucho a los movimientos bruscos.— No, no había ninguna granada, sino más bien un mecanismo de relojería.
Y si puedes, ve a buscar cubos o sacos con arena o cemento.— 
Su pedido había sido bastante claro y también dirigido a los necesarios. Por un lado estaba Jack, quien era el que se había acercado lo suficiente a la caja que echaba el humo. Al abrirla, ya podía ver lo que había ahí dentro, y por tanto, dar voz para que su compañero del bigote se fuese dando una idea mientras subía por las cajas hasta llegar. Al hiperactivo muchacho se le había ocurrido la idea de agarrar la caja y comenzar a bajar con ella, pero al verse sin un brazo y sin una pierna, lo pensó dos veces y decidió esperar a que Vinny subiese. 

Por otro lado estaban tanto el lagarto como la chica, si alguno de ellos iría a buscar o no la arena o el cemento, también lo encontrarían, pero estos estarían un poco más apartados y no a primera vista.

Al abrir la caja, se puede apreciar en su desastroso interior, un mecanismo hecho con escasos recursos, pero por unas manos que sí sabían lo que hacían. 

Tras arrimar o sacar de ahí varias telas sucias y embarradas en lo que parece ser aceite, unos relojes de varios tamaños giraban y giraban entre sí. El engranaje se mueve lentamente, y se puede apreciar como están conectados a una pequeña campanilla. Pero ese no es tanto el problema, sino un hilo que va desde los engranajes hasta una pequeña cápsula que había en el fondo de la caja. Un pequeño cilindro de vidrio sellado que contiene un líquido transparente con un ligero tinte amarillento. 

Este parece ser el punto clave del mecanismo: al llegar el tiempo, una aguja impulsada por el temporizador romperá la cápsula, mezclando el líquido con un polvo oscuro debajo. ¿Y qué es lo que hay debajo? Hay un pequeño compartimiento con un material que parece carbón molido mezclado con algo más fino, tal vez azufre o un químico parecido.


Cositas
#16
Ares Brotoloigos
Personaje

Virtudes y Defectos

Inventario


Fue un gruñido grave, gutural casi, el que Ares le dedicó a Vinny después del mote que le había puesto. No le gustaban los explosivos, no le gustaba ver una caja humeando peligrosamente en un maldito polvorín. ¡Si es que solo había que ver a Jack para imaginarse como podrían quedar si aquello explotaba! O incluso peor. Ares no era una persona paciente, todo sea dicho. Necesitaba estar siempre haciendo algo, así que el hecho de verse, de repente, con la botella de whisky en la mano, le hizo fruncir el ceño.

Puto bigotudo... Masculló.

Pero no había tiempo que perder. La botella de whisky no era prioridad, ni mucho menos, así que la dejó tirada por ahí, como quien dice. Bueno, tirada no. Solo la apoyó en una de las cajas cercanas y que, de momento, todavía estaba a salvo de lo que podría ser un potencial incendio o explosión. Sin pensarlo demasiado, puesto que el tiempo corría en contra de ellos, se giró de ahí para ir a buscar los sacos de arena, o cemento, o lo primero que encontrase de ese estilo. A pesar del caótico orden que mantenía Vinny, no le quedaba más remedio que confiar en él en cuanto al tema de los explosivos.

El diablos se alejó de la zona. Suponía que los sacos de cemento o arena estarían en algún lugar. Pero no conocía ese almacén como para ir, directamente, al lugar donde se encontraban. Así que tuvo que ingeníarselas y apurar todo lo posible no solo para encontrarlos, sino también para luego cargar con un par en cuanto lo hiciese, y regresar a donde estaba el resto del grupo. Por inercia, Ares olfateó el aire, pero el ambiente estaba cargado, así que decantó cualquier idea al respecto. Todavía olía a humo.

Aunque, al final le llevó algo más de tiempo del requerido encontrar los puñeteros sacos, Ares pudo captar finalmente el dónde estaban. Sin perder más tiempo del que ya necesitaban, cargó dos sacos bajo los brazos, uno en cada uno. Más valía que sobrase arena a que faltase.

Aquí los tienes. Diría a Vinny, en cuanto llegase a su lado.

Por inercia, se fijaría también en el mecanismo que los demás habían encontrado dentro de la caja en sí. ¿Eso era una bomba? ¿O qué diablos era?

Resumen
#17
Jack Silver
-
Personaje

Inventario

Información Adicional




G-31 Base de la Marina, Loguetown
Día 11, Verano del año 724

El olor a humo se volvía más intenso con cada segundo, y el calor comenzaba a infiltrarse entre las pilas de cajas. Jack, desde su posición, observaba el mecanismo improvisado dentro de la caja con una mezcla de admiración y alarma. "Quien haya diseñado esto sabía lo que hacía" pensó, mientras analizaba la maraña de engranajes y el peligroso líquido sellado en vidrio. Cada componente parecía calculado para maximizar el daño, y aunque el ingenio tras el diseño le fascinaba, no era el momento de admirar la obra de un posible lunático.

A su lado, Vinny comenzaba a moverse con su aparentemente característico estilo despreocupado. Jack lo observó acercarse a la caja con movimientos cuidadosos pero firmes, mientras el tictac del mecanismo seguía resonando en el ambiente, marcando el tiempo como una cuenta atrás implacable.

Cuidado con el movimiento —advirtió Jack, sin apartar la mirada del contenido de la caja—. El hilo parece conectado al temporizador. Un tirón en falso y nos veremos volando hacia las nubes... No seré un experto en explosivos, pero si entiendo bien la ingeniería.

Desde el fondo del almacén, los pasos pesados de Ares resonaban con fuerza, acercándose al poco tiempo con los sacos de arena que había encontrado. El reptiliano, con su habitual actitud brusca, dejó caer los sacos cerca de la caja con un sonido seco, dejando escapar un gruñido de impaciencia.

Aquí los tienes.

Jack no respondió de inmediato. Su atención seguía enfocada en el mecanismo, buscando algún indicio que indicara cómo podría desactivarse sin desatar el desastre.

¿Alguna idea? —añadió, lanzando una rápida mirada al bigotudo.

El ambiente en el almacén era tenso, con cada miembro del equipo esperando la decisión crucial. Jack podía sentir el sudor correr por su frente, mezclándose con el polvo y la humedad del lugar. Era una situación límite, pero, por alguna extraña razón, confiaba en que Vinny tendría la experiencia necesaria para tomar la decisión correcta. Mientras tanto, se mantuvo alerta, preparado para actuar en caso de que todo saliera mal.



Resumen
#18
Dan Kinro
[...]
Personaje
Virtudes y Defectos
Datos Bélicos
Inventario




La joven marine se planta frente a las tuberías, con los brazos cruzados y la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Sus ojos dorados y ámbar recorren las líneas oxidadas, evaluando la estructura con una mezcla de concentración y un atisbo de duda.

Aye, parece que hay agua ahí dentro… — murmura, mientras golpea la tubería con los nudillos. El sonido hueco le confirma que su instinto podría no estar tan errado, aunque no es que eso garantice el éxito. Pero el humo no espera, y tampoco la tensión que aumenta a cada segundo.

Mira a su alrededor, buscando alguna alternativa más sensata, pero lo único que encuentra es más caos. Jack y Ares están en sus cosas y solo quedaba ella para buscar alternativas.

Dan Kinro respira profundamente, desenvainando su nodachi con un movimiento ágil. El brillo de la hoja le da una sensación de control, como si su mera presencia pudiera justificar una locura para convertirlo en algo razonable.

Obviamente, ni de coña

Vale, Dan, solo es un intento. Si funciona, eres una genio. Si no, bueno, siempre puedes culpar a alguien más… — se dice, mientras ajusta su posición.

Levanta la espada, alineándola con un tramo bajo de las tuberías. Se detiene por un segundo, el peso de la decisión tambaleándose en su mente. ¿Y si no funciona? ¿Y si solo empeora las cosas? Pero el humo sigue ahí, la situación apremia, y su impulsividad, como siempre, termina ganando la partida.

¡Nae, que le den! —exclama antes de descargar un golpe preciso y controlado.

¡BONK!

El filo de la nodachi corta limpiamente a través del metal oxidado… o al menos eso espera. Por un segundo, nada sucede. El metal parece resistir más de lo esperado, y la Kuja retrocede con un gesto de frustración.

¡Vamos, maldita cosa! — gruñe mientras da otro golpe, esta vez con más fuerza.

Un sonido metálico reverbera por el almacén, y un leve goteo empieza a brotar de la grieta que ha creado. En caso de conseguirlo, Dan Kinro observaría el agua que comienza a salir, pero no es la explosión que había imaginado. La cantidad es mínima, apenas suficiente para mojar el suelo.

Bueno… no es el desastre que esperaba, pero tampoco lo que necesitaba. — murmura, mientras limpia el sudor de su frente.

No se rinde. Ajusta su postura, evalúa la tubería desde otro ángulo y se prepara para intentar de nuevo, busca ensartar a todo lo que encuentre a su paso con la punta de su arma.

Aye, no te preocupes, tubería, no me quedaré con las ganas de romperte. — dice con una pequeña sonrisa irónica, mientras toma impulso para otro golpe.

¡¡¡BONK!!!

Cuchillada
ESP201
ESPADACHíN
Ofensiva Activa
Tier 2
3/12/2024
33
Costo de Energía
1
Enfriamiento
Una estocada que el usuario realiza al mismo tiempo que un [Dash] en un solo paso de hasta 8 metros en los que busca ensartar a todo lo que encuentre a su paso con la punta de su arma, llevando consigo a su víctima con un [Empuje] en caso de conectar hasta el final del recorrido del Dash.
Golpe Basico + [FUEx2,2] de [Daño perforante]

resumen
#19
Vincenzo Santorini
Vinny
El ambiente se sentía muy cargado por el humo que espesaba el aire, y más aún por la tensión ante la bomba. Por suerte el grupo se movía sin parar intentando remediar la situación, incluso el irascible Godzilla albino acataba las ordenes, aunque mascullaba entre dientes. Vinny, por su parte, comenzaba a sentir la irritación del humo en la garganta, algo que le arrancó una tos seca. La ironía no pasó desapercibida para él, siendo un fumador empedernido, pero no tenía tiempo para detenerse en esos pensamientos. 

Terminó de escalar hasta alcanzar al medio marine. Sus ojos se fijaron con atención en el artefacto. Sin decir palabra, se quitó los guantes, doblándolos cuidadosamente antes de meterlos en su bolsillo. —Relojería fina... un catalizador... acelerante para la reacción…— Dijo mientras examinaba el intrincado mecanismo. Sus dedos, ásperos se deslizaron alrededor del dispositivo, evitando cualquier contacto directo con las partes sensibles. Alzó la voz con ese tono irreverente que lo caracterizaba. 

Bueno, público conocedor; tenemos frente a nosotros una bomba de tiempo— anunció de forma casi teatral, recalcando lo obvio. Sus ojos no se apartaron del artefacto mientras pensaba un poco sobre el siguiente paso. —Primero hay que sacar esto de aquí…— y con extrema delicadeza, levantó el dispositivo. Comenzó a moverse de forma tranquila y ligera, pues sabía que no era buena idea sacudir una bomba. Para él era algo común esta situación, estaba acostumbrado a esa sensación de peligro y la disfrutaba. Para él, era casi como si estuviera bailando con la muerte. Con cautela, comenzó a descender por el mismo camino que había utilizado para subir, asegurándose de que el explosivo no se agitara. 

La idea era simple, llegar a las puertas del almacén y desactivar la bomba allí, donde al menos las paredes podrían contener parte de la explosión si todo salía mal. No había tiempo para soluciones más elaboradas. Al llegar al nivel del suelo, Vinny no perdió tiempo y se dirigió a las puertas del lugar. Tomó los sacos de arena que el lagarto había traído y los acomodó formando un muro de contención improvisado. No era perfecto, pero si la bomba explotaba, tal vez la presión se disiparía lo suficiente para no matarlo de golpe, y tener unas buenas ultimas palabras. 

Antes de agacharse, su mirada se desvió por instinto. Observó las manos de Ares y notó la ausencia de la botella que le había entregado. Frunció el ceño, girando la cabeza hasta divisar el whisky olvidado sobre unas cajas. Chasqueó la lengua, fastidiado, y caminó rápido hacia la botella, después de dejar la bomba tras la imposvisada muralla. La tomó, le quitó el tapón con un rápido movimiento y bebió un largo trago, sintiendo cómo el líquido ardía en su garganta. 

Ustedes nerviosos, yo tranquilo… que si me pongo nervioso yo, explotamos todos— dijo con una media sonrisa, como si sus palabras hubiesen tenido sentido alguno, siquiera. Regresó junto al explosivo, sentándose con las piernas cruzadas frente al pequeño muro de contención. El bigotudo cerró los ojos un breve instante, respirando hondo, y luego los abrió de par en par, para comenzar a trabajar.  Su mente analizaba cada componente del mecanismo, cables finos, engranajes diminutos, un catalizador oculto que, si era manipulado de forma errónea, activaría la reacción. Vinny murmuraba por lo bajo, desglosando el proceso como si recitara una receta de cocina. 

Con suma cautela, deslizó la mano hacia el dispositivo, sus dedos rozando apenas el mecanismo. Buscó la fuente de energía, el corazón de la bomba. Sabía que debía ralentizar el proceso, congelar el avance de aquel maldito reloj. —Vamos, cara mia… no me hagas quedar mal delante del público.— Dijo dando un último suspiro antes de hacer su primer movimiento con la bomba.

[ID 1] Vincenzo Santorini ha lanzado 1 dados de 10 caras. El resultado es:
- Dado 1: 1


Resumen

Relevantes
#20


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)