
Sowon
Luna Sangrienta
09-02-2025, 12:18 AM
La Oni percibió que algo malo pasaba al ver a Donatella hablar, al principio lo confundió con cansancio pero luego pudo notar la verdad cuando su haki le previno de un objeto similar que chocó contra el lomo de su enorme espadón. Una aguja, un truco barato pero suficiente para generar un profundo malestar en el humor de la rubia, sin mediar palabras atravesó la ventana con su enorme arma en un movimiento que paralizó el aire sumado al estruendo del concreto estallando y los cristales chirriando. Volvió a recoger su espada para presenciar el cuerpo sin vida colgando en la punta de la misma, de sus manos cayeron las agujas envenenadas y la sangre que adornó el filo de su arma por unos segundos antes de lanzarlo al suelo. La caza había terminado, sin embargo los problemas apenas comenzaban, tenía a tres criminales para entregar y a una mujer guapa para rescatar. Lo malo es que ella era buena quitando vidas, no salvando, por lo que debería actuar rápido antes de que las cosas empeorasen. Cargó los cuerpos de los criminales bajo un brazo y cuidadosamente levantó a la muchacha entre sus manos comenzando a caminar por la ciudad, tampoco era la mejor en guardar apariencias ya que muchos pudieron ver a la gigante cargando los cuerpos y avanzando hacia el primer lugar que se le ocurrió un hospital cercano con el cual ya había trabajado anteriormente.
― Tranquila, te llevaré a un lugar donde curan gente, pero debemos darnos prisa no sé que veneno han usado... Ni siquiera sabía que los venenos podían hacer eso... ―
Suspiró mientras pateaba la puerta del hospital y se dirigía a la recepción con la chica en brazos, tras explicar la situación como mejor pudo dejó que las enfermeras se ocuparan del caso. Suspiró al escuchar que no era grave, debería cobrar la recompensa mientras estaba allí, por suerte su contacto de un gremio estaba cerca y con dinero en mano para que luego de una llamada pudiera canjear los tres pesados cuerpos por unos buenos sacos de berries. No era nada del otro mundo, pero bastaría para costearse unos instrumentos nuevos para la forja y por supuesto repartirse los frutos con su compañera, ingresó nuevamente al hospital con la bolsa de dinero mientras esperaba novedades sobre el estado de su compañera. Como si fuese un perro fiel, se quedaría en ese lugar hasta que todo se normalizara, por suerte el incidente no había ocurrido hace mucho y la Oni actuó rápido para que no avanzara demasiado el veneno. De cierta forma se sentía aliviada, pero la situación de su compañera le tenía en vela, a fin de cuentas había sido ella la que le había llevado a ese lugar sin tener en cuenta que los humanos a veces podían ser un poco más frágiles que ella. Suspiró levantando la mirada y observando el techo de aquel lugar, el aroma del desinfectante llenaba la sala de espera, por lo que salió unos minutos a tomar un poco de aire y a lo mejor era tiempo de reacomodar las ideas, debería explicarle bastantes cosas a su compañera cuando esta despertase.
― A lo mejor las cosas se dieron así por algo... Solo espero que no termine por costarme toda la recompensa. ¡Bwahahaha! ―
Bromeó para sí misma al tiempo que volvía a entrar al hospital, solo quedaba esperar alguna mejoría y por mucho que la Oni pusiera caras, se mostrase impaciente o caminase de un lado al otro no avanzaría el tiempo. Los profesionales tenían su ritmo y este a ojos de la Oni era lento, pero tocaba tragarse todo su orgullo, cruzarse de brazos y esperar golpeteando su pie a que le llamasen para informarle del estado de su compañera. Eso le llevaría el resto del día y a lo mejor la noche, por suerte tenía algunas cosas en la mochila para pasar el tiempo.
― Tranquila, te llevaré a un lugar donde curan gente, pero debemos darnos prisa no sé que veneno han usado... Ni siquiera sabía que los venenos podían hacer eso... ―
Suspiró mientras pateaba la puerta del hospital y se dirigía a la recepción con la chica en brazos, tras explicar la situación como mejor pudo dejó que las enfermeras se ocuparan del caso. Suspiró al escuchar que no era grave, debería cobrar la recompensa mientras estaba allí, por suerte su contacto de un gremio estaba cerca y con dinero en mano para que luego de una llamada pudiera canjear los tres pesados cuerpos por unos buenos sacos de berries. No era nada del otro mundo, pero bastaría para costearse unos instrumentos nuevos para la forja y por supuesto repartirse los frutos con su compañera, ingresó nuevamente al hospital con la bolsa de dinero mientras esperaba novedades sobre el estado de su compañera. Como si fuese un perro fiel, se quedaría en ese lugar hasta que todo se normalizara, por suerte el incidente no había ocurrido hace mucho y la Oni actuó rápido para que no avanzara demasiado el veneno. De cierta forma se sentía aliviada, pero la situación de su compañera le tenía en vela, a fin de cuentas había sido ella la que le había llevado a ese lugar sin tener en cuenta que los humanos a veces podían ser un poco más frágiles que ella. Suspiró levantando la mirada y observando el techo de aquel lugar, el aroma del desinfectante llenaba la sala de espera, por lo que salió unos minutos a tomar un poco de aire y a lo mejor era tiempo de reacomodar las ideas, debería explicarle bastantes cosas a su compañera cuando esta despertase.
― A lo mejor las cosas se dieron así por algo... Solo espero que no termine por costarme toda la recompensa. ¡Bwahahaha! ―
Bromeó para sí misma al tiempo que volvía a entrar al hospital, solo quedaba esperar alguna mejoría y por mucho que la Oni pusiera caras, se mostrase impaciente o caminase de un lado al otro no avanzaría el tiempo. Los profesionales tenían su ritmo y este a ojos de la Oni era lento, pero tocaba tragarse todo su orgullo, cruzarse de brazos y esperar golpeteando su pie a que le llamasen para informarle del estado de su compañera. Eso le llevaría el resto del día y a lo mejor la noche, por suerte tenía algunas cosas en la mochila para pasar el tiempo.