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Octojin
El terror blanco
28-11-2024, 01:21 AM
La grúa chirrió al activarse, el sonido reverberando por los astilleros mientras el sol del mediodía bañaba el imponente Indiaman que comenzaba su lento descenso hacia el muelle. Octojin, de pie junto a un grupo de trabajadores del astillero, observaba atentamente cada movimiento de la maquinaria. Sus ojos, afilados como el filo de un arpón, recorrían la estructura del barco con precisión milimétrica, buscando cualquier posible imperfección para subsanarla antes de entregarlo.
El casco del Indiaman, pulido y barnizado, reflejaba la luz con un brillo que hablaba de horas de trabajo dedicado. Los mástiles, aún desnudos de velas, apuntaban al cielo como lanzas listas para la batalla. Los refuerzos metálicos en las juntas brillaban impecables, y los detalles de los acabados demostraban la experiencia de los carpinteros que habían trabajado en el proyecto.
—Perfecto. Nada de chapuzas hoy —murmuró Octojin para sí mismo, mientras cruzaba los brazos y se aseguraba de que cada cadena estuviera bien ajustada, cada nudo en su sitio.
La grúa avanzaba lentamente, asegurándose de que el barco no sufriera daño alguno durante el proceso. Los trabajadores se comunicaban con gestos y gritos, dirigiendo el mecanismo mientras Octojin supervisaba cada detalle. A medida que el Indiaman descendía hacia el agua, el tiburón no podía evitar sentir una mezcla de orgullo y responsabilidad. Este no era un barco cualquiera, era una de las piezas encargadas por su viejo amigo Silver. Y el escualo se aseguraría de que fuera perfecto para él.
Cuando el barco tocó el agua, un leve chapoteo confirmó que todo iba según lo planeado. El Indiaman se meció suavemente, quedándose a flote con una elegancia imponente. Octojin subió a bordo con un salto ágil, mientras las cadenas de la grúa aún se mantenían sujetas al casco.
—¡Despejen los mecanismos y preparen la grúa para regresar a posición! —gritó a los trabajadores, mientras se agachaba para soltar los pesados ganchos de las cadenas.
Cada eslabón metálico resonó al liberarse. Con manos firmes, Octojin aseguró que las cadenas estuvieran correctamente enrolladas antes de dar la señal a uno de los operadores de la grúa. Este, con un gesto de asentimiento, accionó los controles para retirar la maquinaria. La grúa comenzó a retroceder, dejando al barco completamente libre en el agua.
Antes de bajar, Octojin inspeccionó la cubierta, pisando cada tabla con cuidado, probando la resistencia del suelo. En el centro del barco se encontraba un cofre bien asegurado, que había cargado personalmente antes de la entrega. Contenía una selección de armas: dos a distancia, tres nudilleras y un escudo. Habían sido parte de su arsenal durante los entrenamientos en la marina, pero ahora merecían un nuevo propósito.
Al tomar el cofre, sintió un leve dejo de nostalgia. Especialmente por unas nudilleras en particular, que habían sido sus aliadas en incontables combates. Aunque estaban algo desgastadas, cada marca y pequeña mancha de sangre contaban una historia, una que Octojin esperaba que alguien más pudiera continuar.
Bajó del barco con el cofre en brazos, marcando bien sus firmes pasos que resonaban contra el muelle. Allí estaba Silver, esperándole. Octojin esbozó una amplia sonrisa al verlo, mostrando sus dientes afilados.
—Aquí tienes, Silver. Otro Indiaman más para tu colección. Seguro que este te hará volar sobre el mar —dijo, con tono orgulloso, mientras dejaba el cofre a un lado para señalar el barco—. Mira esta joya. No hay lugar al que no puedas llegar con esto. Estoy seguro de que cada tabla y cada clavo están listos para enfrentarse a lo que sea.
Agachándose, abrió el cofre con cuidado y mostró su contenido.
—Y esto... Esto es un extra —añadió, mientras señalaba las armas con su enorme mano—. Algunas son piezas que ya no uso, pero pensé que podrían ser útiles. Especialmente las nudilleras más desgastadas —dijo, levantándolas para mostrarlas más de cerca—. Han estado conmigo en combates contra piratas, en escaramuzas contra revolucionarios e incluso en entrenamientos con otros marines. Puede que tengan alguna mancha de sangre, pero quizá eso les dé más valor. Son historia pura.
Tomó el escudo con ambas manos y lo levantó, girándolo para mostrar las marcas de impacto y raspones.
—Este escudo también ha visto mejor días, pero sigue siendo sólido. Aguantó golpes que habrían tumbado a más de uno. Estoy seguro de que alguien podrá darle un buen uso.
Dejó las armas en su lugar y cerró el cofre con suavidad.
—No tienes que pagármelas ni nada. Considera esto una forma de devolverle algo a la vida. Si alguien en tu tripulación puede usarlas, genial. Si no, pues que las recicle algún herrero. Prefiero eso a que terminen acumulando polvo en algún almacén.
Octojin se irguió, cruzando los brazos mientras miraba nuevamente el barco. Había algo profundamente satisfactorio en ver una obra terminada, especialmente cuando sabía que era más que un simple encargo. Este barco era una herramienta para la aventura, para la libertad. Y aunque Silver no hubiera compartido con él todos sus planes, Octojin confiaba en que lo usaría bien.
—Bueno, Silver, aquí está la nave, lista para zarpar cuando lo desees. Espero que tengas buenos vientos y mejores mares. ¿Quién sabe? Quizá en algún momento me invites a subir a bordo y me muestres de qué es capaz esta belleza.
Con una sonrisa final, el tiburón dio un paso atrás, dejando que su viejo amigo admirara el barco y el cofre a su ritmo. Para Octojin, había sido un día productivo. Había cumplido con su parte, y ahora el Indiaman estaba en manos de alguien que sabría aprovecharlo al máximo.
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William Hardgore
Agente Hardgore/El Sabueso
03-12-2024, 06:40 AM
Otro día en las hermosas calles de la ciudad de Loguetown. William se paseaba por aquella movidas calles sin prisa alguna, lo que se dejaba ver por el suave movimiento de su capa negra con bordes blancos. Si algo tenía aquella ciudad era un flujo constante de gentebde todas partes del Blue, e incluso de fuera de este.
El comercio era otra cosa que no parecía tener un fin en los ocupados días y noches de Loguetown y sería en lo que el agente William estuviera interesado aquél día. Este tenía guardado un objeto un tanto peculiar que se había encontrado en una de sus misiones hace un tiempo atrás, se trataba de un dial. Este artefacto tenía una potencia que lo hacía una poderosa arma, así como un objeto de gran utilidad al igual que de gran interés oara coleccionistas.
La idea estaba más o menos hecha ya, hacer algo de dinero vendiendo aquél artefacto y mejorar el equipamiento del momento, facil verdad? Pues no tanto en realidad, dado a que la mayoría de mercaderes y comerciantes tenían poca a nada de idea de lo que era aquella cosa, dándome un precio muyyy pero que muuuyyyy por los suelos.
Afortunadamente para William este mismo se consideraba un comerciante y tipo de negocios, siempre buscando las mejores ofertas. En su búsqueda por un lugar donde pudieran apreciar la autenticidad y utilidad de aquél artefacto William se encontró con un lugar en particular.
Se trataba de una tienda humilde pero interesante, a simple vista cualquiera pasaría por alto lo que había en venta en aquella tienda, pero no William. El joven agente miraba con interés todo lo que había en los estantes de la tienda, cuestionándose si había venido a vender algo el mismo o a comprar de aquella tienda. Entonces William saca su Dial de viento, un caracol blanco con forma y marcas raras, el cual tenía varios tipos de valores entre la gente.
— !Hola! Llevo buscando una tienda en la que se sepa valorar las cosas y creo haberla encontrado jaja. — William empezaba su actuación de siempre, pues era su forma de interactuar con los demás individuos, por lo menos con aquellos que no sabían mucho de él. — Me gustaría hacerle una buena oferta por este artículo, estoy seguro que usted sabe de que se trata y del valor que este tiene. —
Honorable
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Dan Kinro
[...]
03-12-2024, 05:20 PM
El bullicio en el puerto de Loguetown nunca se detenía, y la actividad en el puesto de la tripulación del Hope no era diferente. Dan Kinro se encontraba en el centro de todo, su mirada fija en las espadas y demás armas que se exhibían con tanto esmero. No podía evitar admirar cada filo y cada empuñadura, la sensación de ver esas piezas tan pulidas y perfectamente diseñadas le causaba una emoción que casi podía tocarse. Sin embargo, algo en su mano la hacía regresar al presente, el papel arrugado que había traído consigo desde su llegada.
— ¡Aye! ¡Este papel! —exclamó de repente, saltando en el lugar al darse cuenta de que se había olvidado por completo de su misión inicial—. ¡Este papel podría ser justo lo que necesitas!
Dan comenzó a agitar el trozo de papel frente a Silver, el capitán del Hope, con un brillo de emoción en los ojos. El trozo de papel era extraño, por decir lo menos. Las indicaciones escritas en él no eran del todo claras, pero algo dentro de ella le decía que podría ser valioso. La marine se acercó más a él, tratando de hacerle ver lo importante que podía ser para alguien en ese lugar.
— ¡Mira esto! — insistió, sosteniendo el papel con más firmeza — ¡Sé que parece extraño, pero este papel tiene algo especial! ¡Mira esas indicaciones! Nae sé qué significan, pero podrían ser algo increíble, como una pista para encontrar algo raro o incluso una misión secreta... ¡Y tú sabes cómo va eso con los aventureros, siempre están buscando cosas como estas!
Su voz sonaba animada y convincente, como si estuviera segura de que estaba ofreciendo algo muy valioso. Mientras hablaba, no pudo evitar volver a mirar las espadas, las cuchillas, los hachones... ¡Era un sueño hecho realidad ver tantas armas juntas! Sin embargo, su sentido comercial comenzó a ganar terreno.
— ¡Pero en fin! — dijo mientras se agachaba y comenzaba a girar el papel entre sus manos, como si estuviera tomando una decisión seria — Si alguna vez tienes curiosidad, podrías intentar descifrarlo... ¡Quizás nae seas tú, pero algún aventurero podría encontrarle el valor!
Luego, Dan tomó una postura más relajada, como si estuviera ofreciendo algo simple pero fundamental.
— Escucha, solo imagina por un segundo, ¡alguien lo compra y encuentra algo increíble ¡Aye mercader! ¡Una antigua reliquia, o tal vez un secreto olvidado! Y tú... ¡tú serías el que se lo vendió! ¿Cómo no querrías eso? Es algo único, raro, ¡y está justo aquí en tus manos! No muchos pueden decir que tuvieron algo tan especial, ¿aye?
Su tono era enérgico, casi como si estuviera hablando con pasión por un sueño, pero no solo por la idea de descubrir un tesoro. Lo decía con la certeza de que ese papel, por más extraño que fuera, podría ser el impulso que necesitaba para que alguien se embarcara en una gran aventura.
— Y no sólo eso... — dijo, mirando a su alrededor mientras su tono se hacía aún más intrigante — En Loguetown, siempre hay alguien buscando algo fuera de lo común. Este papel podría ser lo que atraiga a un cliente realmente interesante. Imagina el tipo de persona que podría pagar por esto. ¡Alguien que tiene el ojo entrenado para ver valor donde los demás no lo ven!
Sin pensarlo, se acercó un poco más a las armas, pero sin dejar de mantener el papel en la mano, como si no pudiera separarse de su potencial. Observó los distintos cuchillos, las espadas y las hachas, admirando el acero de cada una, y luego regresó a Silver, sin poder ocultar su entusiasmo.
— ¡Guid! ¡Esto es lo que me encanta! ¡Las armas, el filo, la destreza! — exclamó con admiración. Luego, como si recordara que aún estaba ofreciendo algo, volvió a concentrarse en el papel — ¡Pero este papel es diferente! ¡Podría tener valor para alguien! Solo tienes que esperar y ver. Si nadie lo quiere... Bueno... Lo conservaré.
Con un gesto de determinación, Dan levantó el papel una vez más, mirando a Silver a los ojos con una sonrisa juguetona, casi desafiante, como si dijera “¿por qué no intentarlo?”. La joven marine sabía que la clave no solo era vender el papel, sino vender la posibilidad de lo que podría ser. La emoción de descubrir lo que aún era un misterio la mantenía al borde de su asiento, como si ese trozo de papel pudiera ser el inicio de una nueva aventura para cualquiera.
— ¡Vamos! ¿Por qué no intentarlo? ¡Un poco de suerte nunca viene mal! ¡Nae!
Finalmente, sin poder evitarlo, volvió a sus pensamientos sobre las espadas y otras armas del puesto. ¡Era tan difícil concentrarse cuando todo lo que quería hacer era sostener una espada de verdad, una que se sintiera como una extensión de sí misma! Pero, mientras se tomaba un momento para admirar nuevamente la colección, sus ojos brillaron con la idea de que el papel seguía en su mano, esperándola para seguir su misión.
— ¡Lo que te estoy diciendo! ¡Este papel es un tesoro! ¡Deberías tomarlo!
Y con una última mirada al puesto y su carga, Dan se quedó allí, con el papel y las armas, preparada para vender lo que sabía que podría cambiar el rumbo de alguien, si tan solo le dieran la oportunidad.
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Hola mi rey, hagamos negocios, te vendo cositas y tú me vendes cositas.
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William Hardgore
Agente Hardgore/El Sabueso
06-12-2024, 06:10 AM
Otro caluroso día en el puerto de Loguetown, dónde se encontraba el agente William con el objetivo de hacer negocios. Con una caja en menos este visitaba tienda tras tienda intentando ponerle valor a lo que había creado en base a la opinión de los dueños de dichas tiendas. Lamentablemente, la mayoría solo querían aquél kit al menor precio posible y no lo veían como un negocio a futuro.
Por ello, el joven William siguió buscando la tienda perfecta para hacer negocios. Tras media hora de caminata y ver tantas decepciones finalmente se le ocurre volver a visitar aquella tienda en la que había hecho negocios previamente, logrando vender dos artículos algo raros a buen precio, pues el dueño del local parecía ser un coleccionista.
Pero esta vez no se trataba de coleccionistas, esta vez William propondría un negocio entre él y Silver. Entonces fué cuando el agente del gobierno llegó a la tienda de Silver con aquél kit en mano, empezando a hablarle de lo interesante y lucrativo que sería un negocio juntos. Que tenía William exactamente en mente? Pues parecía que este quería echar raíces en Loguetown, empezando con un pequeño negocio.
Pero aquél pequeño negocio sería solo una tapadera y excusa para algo mucho más grande, aunque sería una buena forma de crear fondos para lo que se vendría. William creía poder ser parte del bajo mundo comercial en aquella gran ciudad, pero para ello debía de hacerse con un nombre y obviamente fondos. Poniendo el kit encima de una mesa William empezó la conversación con Silver.
Tras unos buenos minutos ambos estaban llegando a un muy buen acuerdo en el que William serviría de proveedor a Silver y este pagaría un precio bastante decente por sus productos. Aquello era más que suficiente para el joven Hardgore, el cual estrechó manos con el dueño del negocio y se marchó para empezar a hacer cuentas a futuro.
Parte de aquellas cuentas sería sobre que tanto tiempo le tomaría a William tener listo todo un cargamento de kits para que así Silver pueda comprárselo a un buen precio.
Forajido
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Lobo Jackson
Moonwalker
09-12-2024, 01:15 AM
- Y con este toque final hacen dos armaduras... Duras, duras, duras... - Las peludas manos del futuro Rey del Pop acariciaban con mimo las obras de artesanía que acababa de completar. Le llenaba de orgullo y satisfacción ver el metal reluciente con el interior almohadillado, las pequeñas marcas de estilo y la firma que llevaba el nombre de su marca. Pero más que una marca, era un autógrafo. Uno que se podía llevar puesto y exhibir con orgullo.
- By Lobo Jackson. - Pensó el mink con alegría. - Una armadura bien hecha y de calidad, hecha para durar y perdurar. -
"Empaquetado con cariño por el maestro de la artesanía, el estilo y el buen gusto, las armaduras Jackson forman parte de la nueva gama de protección unipersonal que utilizan las técnicas más avanzadas de cincelado y cosido para forjar la mayor protección con la máxima comodidad. Combate a la última moda, deslumbra a tus enemigos con el brillo de tu armadura, deja boquiabiertos a tus fans y crea tendencia con cada golpe. Cada armadura está personalizada y dedicada por el mismísimo Lobo Jackson."
Esa era la inscripción que aparecía escrita a mano sobre las cajas que almacenaban las nuevas y relucientes armaduras. Para el mink, hacerse popular haciendo armaduras no estaba dentro de sus planes pero el camino hacia el estrellato estaba lleno de pequeñas sorpresas como esa. Además, sabiendo que todo el mundo vería su nombre en las armaduras le daba un cierto encanto vanidoso.
- Es la hora de encontrar a nuestro querido cliente. - Pensaba mientras que sacaba las cajas por la escotilla del submarino y salía a la superficie del puerto de Loguetown. Esperaba que no fuera complicado encontrar al comprador, puesto que habían quedado en el puerto donde había atracado.
- Te esperaré aquí cerca, justo donde acordamos querido Drake. -
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Drake Longspan
[...]
09-12-2024, 01:51 AM
Drake Longspan miró las llaves en su mano, las giró entre sus dedos con una sonrisa sutil. Estaba acostumbrado a hacer negocios, pero algo en la forma en que Lobo Jackson le entregaba el submarino le hizo pensar que el mink tenía algo más que una simple habilidad para hacer armaduras.
— ¿Sabes estimado comprador? – dijo con voz baja y grave, mirando las llaves como si pesaran más de lo que deberían – No es fácil encontrar alguien que haga un trabajo tan bien hecho y, a la vez, tenga tantas ganas de destacar. Pero eso me gusta. No estas buscando mediocridad, y por lo que veo, yo tampoco.
Dio un paso hacia Lobo, ajustando la bolsa que contenía las llaves.
— Este submarino... va a ser interesante. No sé cuántos más minks como tu puedan necesitar uno, pero si algún día haces otro, quizás se te ocurra venderme algo todavía mejor. No soy de las personas que se preocupan mucho por la apariencia, pero con lo que has hecho, puede que me empiece a interesar.
Drake Longspan dio un giro brusco y empezó a caminar de vuelta a la ciudad de Loguetown, sin mirar atrás, pero con una sonrisa que reflejaba cierto respeto por el trabajo del mink.
— Nos vemos viejo. Mantén ese ego bajo control, que con lo que haces seguro que terminas dando más de una sorpresa.
Sin esperar una respuesta, el carpintero de brazos se alejó con paso firme, sujetando la pesada carga de las dos armaduras sabiendo que este era solo el comienzo de una relación comercial que podría, tal vez, ofrecerle más de lo que había anticipado.
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Donatella Pavone
La Garra de Pavone
09-12-2024, 08:26 PM
(Última modificación: 11-12-2024, 03:57 PM por Donatella Pavone.)
Loguetown, Día 32 de Verano, Año 724
El bullicio de Loguetown era un contraste marcado con la monotonía de los pueblos más pequeños que Donatella había visitado recientemente. Las calles estaban llenas de vida, con comerciantes que vociferaban sobre sus productos, viajeros que discutían direcciones y bandidos que se mezclaban con la multitud, siempre al acecho de una oportunidad. Donatella caminaba con calma, su capa ligera ajustada alrededor de sus hombros, dejando entrever su figura atlética y la determinación que siempre brillaba en sus ojos ámbar.
Había llegado a la isla el día anterior, con el objetivo claro de reabastecerse y reunir recursos para continuar su misión. Aunque Loguetown no era exactamente un lugar discreto, sabía que en una ciudad tan concurrida podía pasar desapercibida mientras buscaba los contactos adecuados.
Su primera parada del día fue un mercado en la zona comercial, donde los puestos estaban abarrotados de productos exóticos y herramientas únicas provenientes de todos los rincones del East Blue. En sus manos llevaba dos objetos que habían sobrevivido al naufragio del 1 de verano: un dial de frío, una herramienta invaluable, y una caja de almuerzo especial que había traído desde el Imperio Pavone. La caja, aunque sencilla en apariencia, estaba decorada con grabados que reflejaban el refinamiento de su hogar. Había sido un regalo simbólico, y ahora era una de las pocas piezas que conectaban a Donatella con su pasado.
Caminó de un puesto a otro, evaluando con cuidado las reacciones de los comerciantes cuando mostraba el dial. Algunos mostraban interés inmediato, otros intentaban ocultar su codicia tras una sonrisa cortés. Donatella, sin embargo, no era fácil de engañar. Había aprendido a leer las intenciones en los ojos de las personas, y más de uno se llevó una mirada cortante cuando intentaron ofrecerle un precio insultantemente bajo.
— ¿Cuánto puedes ofrecer por esta caja de almuerzo, es una reliquia del imperio Pavone, pero estoy dispuesta a negociar por un precio que refleje su valor real? — Preguntó Donatella, manteniendo su tono neutral pero firme. Sabía que revelar demasiada información sobre su origen podía ser peligroso, pero también entendía que el misticismo del Imperio podía aumentar el valor de su caja especial. — ¿Y por este dial de frio? Estoy dispuesta a negociar ambos. — Agregó antes de esperar respuesta. — Por cierto, por una buena suma pudiera agregarle este conjunto de metales, combustibles y demas objetos para crear artefactos. — Finalizó sacando unas cajas que llevaba en una bolsa.
Después de una breve negociación, acordaron un precio que, aunque no era exactamente lo que Donatella esperaba, era suficiente para cubrir algunos de los gastos que necesitaba. Guardó las monedas en su bolsa con satisfacción, agradeciendo brevemente antes de retirar de la tienda improvisaba en el muelle. Loguetown era solo una parada en su camino, pero Donatella no dejaba de aprovechar cada momento para avanzar, parecía un buen lugar para sacarle provecho y acumular una buena cantidad de recursos. Mientras desaparecía entre la multitud, sus pensamientos ya estaban enfocados en el próximo paso. El día aún no había terminado, y para La Garra de Pavone, cada segundo contaba.
Honorable
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Sirius Herald
Eleos
10-12-2024, 08:07 PM
Loguetown, Día 40 de Verano, Año 724
Sirius avanzaba entre la multitud con paso firme, intentado orientarse en la abarrotada costanera de Loguetown, Había llegado hace nada a la isla pero tenía una idea en mente: Desprenderse de algunos mapas que podrían tener algo de valor, necesitaba comprar algunas cosas y el dinero que tenía no era suficiente. Sus botas de cuero crujían contra las tablas de madera a medida que se abría paso, por suerte su ventajosa altura le permitía ver por encima de la marabunta de personas del puerto, esquivando marineros cargados de fardos, porteadores de carretillas y vendedores ambulantes que pregonaban sus productos son entusiasmo. Tras rodear un par de barriles apilados y ceder el paso a un mercader que llevaba aves exóticas, sus ojos se posaron en el improvisado puesto montado por la tripulación del Hope. No era el único tenderete.. no. Pero destacaba levemente por el tipo de organización y las mercancías que exhibía, por lo que Sirius se acercó con curiosidad, a primera vista no parecía el mejor lugar para vender mapas, pero bueno, algo era algo, el toldo proyectaba una fresca sombra sobre las cajas y barriles de los alrededores. Al llegar, notó a Silver, que parecía encontrarse totalmente despreocupado.
Sirius, con un gesto cordial, se acercó, con cuidado de que sus grandes alas no tiraran nada, plegándolas sobre su cuerpo. Con algo de cuidado, extrajo de su bandolera un grueso porta documentos de cuero. Dentro, desprotegidos por telas enceradas, guardaba los mapas que creaba en su tiempo libre, algunos mostraban sitios interesantes, pero la mayoría eran mapas típicos del east west pero bastante bien documentados, no estaba seguro de si aquel hombre les encontraría algún valor especial... pero, bueno, era todo lo que tenía al fin y al cabo, con una voz tranquila, alzó la voz:
-Buenos días- Dijo Sirius, mostrando su mejor sonrisa mientras hacía una ligera reverencia, provocando que la luz atravesara su halo. -Me llamo Sirius. Acabo de llegar y estaría interesado en venderle algunos mapas, unos mapas que podrían interesar a navegantes experimentados, ¿me haría el favor de echarles un vistazo?, El gran artifice puede declarar su buena calidad.
Honorable
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Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
12-12-2024, 05:12 AM
Las visitas de Anko a Loguetown eran, ciertamente, esporádicas. La Marine no acostumbraba a visitar aquella Isla pues sus ocupaciones la mantenían trabajando arduamente en Isla Kilombo, ni si quiera podía visitar su hogar a menudo ubicado en DemonTooth. Pero lejos de molestarle, sentía un orgullo inmenso el servir con todo a la Marina, aquella organización a la que le juró lealtad y ¿Por qué no? Hasta se podría decir que estaba dispuesta a morir en el cumplimiento de su deber.
Su estancia en Loguetown se debía a un pequeño encargo por parte de sus superiores en Kilombo, tenía que ir a la base G-31 a hablar con algunos sargentos y establecer acuerdos con ellos, nada fuera del otro mundo. Las calles bulliciosas dejaban escuchar todo rico de historias, siendo la de un barco mercante la que llamó su atención, según decían, el capitán del barco era capaz de comprar cualquier cosa a un precio elevado, y con ella siempre cargando varios fármacos artesanales, era una buena oportunidad para ganarse algo de dinero, dinero que, por el momento, le era imposible conseguir en la Marina, porque había que admitir que la paga era mediocre cuanto menos.
Anko preparó una mochila con las cosas que había fabricado con anterioridad con ayuda de sus conocimientos en la medicina y partió desde la pequeña posada en donde se hospedaba para dirigirse al muelle donde se presumía que estaría anclado el barquito. No tardó mucho en dar con él, había varias personas haciendo negocios por ahí y eso era un indicativo de que estaba en el lugar correcto, su uniforme marine hacía que algunas miradas discretas se posaran en ella, pero nuevamente, nada fuera de lo normal. Sus ojos miraban a través de los cristales de sus anteojos a la par que sus piernas se movían, buscando de forma perezosa a alguien que pudiera atenderla.
La situación dio un giro cuando pudo establecer negocios con un hombre moreno, su rostro le sonaba de algún lado, pero no lograba recordar de dónde, como sí lo hubiera visto en algún sueño, o talvez en el periódico, quien sabe. El punto es que pudo negociar con el sujeto y vender los fármacos que traía consigo, ganando una buena suma de dinero.
Forajido
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Ubben Sangrenegra
Loki
12-12-2024, 03:56 PM
(Última modificación: 12-12-2024, 03:56 PM por Ubben Sangrenegra.)
El bribón de ojos dorados llegó al improvisado puesto, guiado por el mero capricho de la casualidad. Llevaba consigo un pequeño cofrecillo, cuidadosamente cerrado, en cuyo interior se escondían casi un kilo de gemas. Aquellas piedras preciosas habían sido arrebatadas con habilidad de un descuidado ricachón en el puerto de Loguetown, y ahora, en su búsqueda de convertirlas en dinero, el peliblanco había terminado dando con Silver y su puestecillo.
Ubben se acercó tranquilo, reflejando confianza y despreocupación. Sin perder tiempo, el bribón se acercó y mencionó de forma disimulada
—Señor, buenos días. Ando en busca de alguien interesado en comprar joyería de calidad— Con una sonrisa ligera que para cualquier persona con un mínimo de calle a sus pies, le daría entender que no habían sido obtenidas de forma legal.
Con un movimiento tranquilo, abrió levemente el cofre, mostrando al pirata el brillo de las gemas al contacto con la luz del lugar, mostrando un despliegue de colores que hablaban de riqueza y lujo. Cuando Ubben salió de la tienda, lo hizo sin las gemas pero con dinero en mano. Había sido un intercambio exitoso.
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