¿Sabías que…?
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[Común] [Pasado] Entre el Abismo y la Libertad (ft. Drake Longspan)
Jun Gunslinger
Nagaredama
A pesar de su tamaño colosal y de la imponente energía que irradiaba, había algo sorprendentemente delicado en la forma en que Drake hablaba con ella, algo en la forma en que la miraba, con ese respeto genuino y sin expectativas, que la desarmaba. No estaba acostumbrada a ser tratada así, y ese detalle solo la descolocaba más. ¿Qué intentaba? ¿Acaso así se sentía el coqueteo?

Sintiendo otra vez un ligero rubor en las mejillas, desvió por un instante la mirada, y sopló hacia arriba para apartarse el cabello del rostro, aprovechando también para exhalar y liberar un poco la extraña presión que se anudaba en la boca de su estómago. Pero entonces, él volvió a llamarle la atención con sus palabras.

Jun parpadeó varias veces, y luego frunció ligeramente el ceño, sintiendo cómo su pecho se llenaba de una mezcla de sorpresa e indignación que empezaba a chispear dentro de ella, como si acabara de encender la mecha del explosivo. ¿Cuidado? ¿En serio? ¿Acaso no sabía con quién estaba hablando? Ella no era una niñita desvalida que necesitaba que la cuidaran. Había sobrevivido a todo tipo de situaciones en Kilombo, y ahora él, con esa mirada tan… dulce y condescendiente, ¿se atrevía a pedirle que tuviera cuidado? 

Cuidado debía tener él.

Los ojos amatista de la Hafugyo se volvieron a clavar en Drake con una intensidad que para nada intentaría disimular. El viento suave del mar continuaba revolviendo su cabello azul, llevando los mechones a su rostro, pero podía ignorar esa molestia porque su mente ahora estaba procesando una sensación de rabia que intentaba controlar. No era furia de verdad, sino una irritación de chihuahua molesto que nacía de un lugar mucho más profundo, uno donde la vulnerabilidad se ocultaba disfrazándose de enojo. Probablemente Drake no lo entendería, pero la sensación de ser tratada como si fuera una criatura frágil o necesitada de protección le revolvía el estómago y le torcía el humor.

Se piensa que estoy indefensa —resolvió, apretando los dientes. Pero al mismo tiempo, otra idea se instaló en su mente, descolocándola un poco más—. Claro, claro, ya sé. Seguro está enamorado de mí —Sí, eso tenía que ser. Por eso fue a buscarla, por eso actuaba de esa manera, por eso le había dicho todas esas cosas "bonitas" y ahora le pedía que tuviera cuidado. Una sonrisa maliciosa apareció, involuntaria, en su níveo rostro—. Pobrecillo —pensó—. No tiene idea de con quién está tratando.

Tch… ¿Pero tú qué te crees? —murmuró finalmente, cuando Drake acabó de hablar, con un tono sarcástico. Era su forma de lidiar con los nervios y con esa extraña sensación de sentirse vista por alguien más allá de lo superficial. De alguna manera que no podía explicar, ese muchacho conseguía atravesar la primera línea de sus defensas, y eso la ponía aún más alerta… pero también le intrigaba.

Las palabras que había dicho el de brazos largos todavía resonaban en su cabeza. Se mordió la lengua, tratando de contener una respuesta más agresiva y mordaz, porque él seguía mirándola con esa mezcla de firmeza y paciencia que le hacía sentir que no existía prisa alguna. Era raro, porque en su vida no había pausas, todo siempre era caótico y apresurado. Así que, despeinada y con los ojos afilados, se quedó de pie observandolo con una mirada feroz. No iría a ninguna parte, no todavía. Pero tampoco iba a permitir que alguien, y menos él, le dijera cómo debía vivir su vida.

Por un momento levantó la cabeza hacia el cielo, notando que estaba ya bastante oscurecido, y luego bajó la vista al curioso artefacto que todavía sostenía en la mano. Sus dedos lo sujetaron con más firmeza.

¿Sabes qué? —dijo de repente, esbozando una sonrisa diferente. Era una sonrisa traviesa, la de alguien que está a punto de hacer algo loco—. Esto de aquí... —Levantó el explosivo, agitándolo ligeramente delante de los ojos carmesí, como si fuera un trofeo— Esto es lo que yo soy.

Y, sin más, Jun pasó de Drake y se adelantó hasta el borde del acantilado. Retiró la clavija del artefacto, y lo lanzó con toda su fuerza hacia arriba y adelante. El objeto ascendería en el aire con un silbido agudo, girando sobre sí mismo, y luego, de pronto, un estallido de luz. La explosión resonó en el aire, vibrante y poderosa, aunque inofensiva, y por un instante efímero todo quedó iluminado con colores brillantes; rojos, azules y dorados se desplegaron en una lluvia de chispas que se reflejaron sobre el agua, como si las estrellas mismas hubieran decidido bajar del cielo y participar en su pequeño espectáculo, o como si el propio cielo estuviera reflejando fielmente la esencia de Jun: caótica, impredecible, pero innegablemente hermosa.

Una tormenta, de fuego y de caos —dijo, mientras los últimos rastros de la explosión desaparecían en el cielo oscurecido—. Y las tormentas no prometen ninguna seguridad. Solo desorden… ah, y belleza, obvio —Entonces se giró sobre sus talones, para volver a mirar al gigante, sonriendo ampliamente—. Cuando nos volvamos a encontrar, será para que puedas ver cómo brillo en el ojo de la tormenta. Es una promesa.

Finalmente selló sus palabras guiñándole un ojo y levantando el dedo pulgar. No era una promesa vacía. Jun era una fuerza de la naturaleza, y, como un tornado arrasador, volvería a cruzarse en su camino.
#11
Drake Longspan
[...]
Cuando la chica finalmente se giró hacia él, con esa sonrisa traviesa y su guiño, tras aquella explosión de fuegos artificiales, algo en el chico de brazos largos cambió. Ya no era solo curiosidad. Había algo más que empezaba a tomar forma dentro de él. Algo que, a pesar de lo que ella pudiera pensar, no tenía nada que ver con verla como alguien indefensa o necesitada de protección. Tampoco era la voluntad de una emperatriz. No.

Lo que veía en ella era a alguien fuerte, alguien libre, pero también alguien que, en lo más profundo, compartía algo con él: la necesidad de ser vista, de ser entendida, más allá de las apariencias, más allá de los estallidos de caos o locura.

Drake Longspan sonrió de manera sutil y pícara.

Me parece perfecto, porque nunca he sido de los que buscan seguridad.

Con una suavidad sorprendente para alguien de su tamaño, levantó una mano hacia el rostro de Jun Gunslinger, apenas rozando su mejilla, sus dedos acariciando su piel pálida como la nieve de Drum como si estuviera explorando un terreno desconocido pero cautivador. La tensión en el aire creció por un instante, pero Drake no tenía intención de retirarse. De hecho, en ese momento no había duda en su mente.

Pero si vas a brillar en medio de la tormenta, quiero estar ahí para verlo.

De repente, y sin mucho aviso, el chico se inclinó ligeramente hacia adelante, acercándose a ella. La altura entre ellos era desproporcionada, pero eso no le importó, le había tocado convivir con ello durante toda su vida. Sus ojos carmesí se encontraron con los de Jun Gunslinger, ahora fijos en ella, con una intensidad que hasta ese momento no había mostrado del todo.

Y sin más, se inclinó lo suficiente para su rostro en el aire, apenas a unos centímetros de los dientes de aquella Hafugyo, como si el gesto fuera una promesa que no necesitaba ser cumplida en ese momento. Solo una provocación, una señal de que había algo más entre ellos, algo que no se podía explicar con palabras.

Dejó que la pausa se alargara solo lo justo antes de lanzar la siguiente provocación, una que sabía que despertaría su curiosidad aún más.

Por cierto... dijiste que nos volveríamos a encontrar — murmuró, con un toque de diversión en su tono — Pero antes de que eso pase, creo que me debes algo. No es justo que solo yo esté siendo tan transparente aquí. Dime dónde puedo encontrarte de nuevo. Porque el mar es lo suficientemente grande para esconderte de mí.

Drake Longspan se quedó en pie, esperando su respuesta, sabiendo que la chispa de aquella ladrona solo había empezado a arder.
#12
Jun Gunslinger
Nagaredama
La joven Gunslinger estaba un poco indignada. Su explosiva metáfora había pasado casi desapercibida para el de brazos largos, que no pareció asombrarse demasiado, y por eso Jun torció los labios y las cejas, formando una mueca de disgusto. Si él no era capaz de apreciar o impresionarse ante su caótico arte explosivo, entonces tal vez ya no le agradaba tanto.

Inesperadamente, tras volver a acercarse, la mano gigantesca de Drake Longspan se estiró hasta alcanzar el rostro de la Hafugyo. Con una suavidad que no correspondía a su fuerza y tamaño, los largos dedos le rozaron la mejilla, haciendo que a Jun se le erizara cada vello del cuerpo. Ella, que era como un gato callejero, arisco y feral, no estaba acostumbrada a muestras de afecto o contacto físico. Fue así que el brazo de Jun se interpuso entre los cuerpos de ambos, atrapado en el angosto espacio que los separaba. Por supuesto que no podría hacer retroceder al gigante con la poca fuerza de su bracito delgaducho, pero sí intentaba enviar un claro mensaje y establecer un límite para Drake, que ya se estaba pasando de lanza. Y bueno, Jun entendía que el chico estuviera enamorado de ella, después de todo era una muchacha genial, misteriosa, divertida, con un estilo único, sentido del humor, una sonrisa fabulosa, un cabello increíble, y lo sabía. Solo un tonto no lo vería. 

Sin embargo, las cosas no funcionaban así para la Gunslinger. 

Se quedó quieta por un segundo, observando el rostro de Drake, que estaba tan pero tan cerca que hasta podía sentir el calor de su respiración y su aliento. No retrocedió, no pestañeó, pero sentía que algo en su pecho ardía y aún no estaba segura de si era rabia, vergüenza o algo más peligroso. Los ojos amatista oscilaron brevemente, apenas un instante, mientras sus labios se curvaban ahora en una sonrisa ladeada, esa que esbozaba cuando necesitaba ganar tiempo para procesar lo que le sucedía. En lugar de permitir que aquella peligrosa cercanía le afectara  todavía más, optó por recuperar el control de sus emociones de la única forma que sabía: huyendo, como solía hacer en ese tipo de situaciones.

¿Qué quieres? ¿Una pista? —respondió, con su característico tono burlón. Retrocedió un paso, lo justo para recuperar su espacio personal y alejarse de la tensión que había cargado el aire entre los dos—. ¿Y perderme la diversión de verte buscándome? Jaja, ni loca.

Jun se distanció unos cuantos pasos más, orientándose, sin mirar, en dirección al camino que conducía hacia el pueblo.

Buena suerte, gigantón. No te preocupes, volveremos a vernos... a mi no me resultará difícil encontrarte —rio al final, haciendo irónica referencia a su destacable estatura.

Y así giró sobre sus talones y huyó de aquel efímero encuentro, escapando como rata por tirante. Sin embargo, sabía que aquello no era el final de nada. Más bien era apenas el principio de algo que aún no podía dimensionar ni definir, pero que sería increíble de mil formas.
#13


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