Alguien dijo una vez...
Crocodile
Los sueños son algo que solo las personas con poder pueden hacer realidad.
[Aventura] [A - T2] El primer escalón.
Byron
Que me lo otorguen
El joven capitán miraba al frente y caminaba con aire desgarbado hacia la puerta, reflejando una tranquilidad extrema en sus manierismos y aspavientos a cada pisada al frente. Con la cabeza bien alta con orgullo, y una sonrisa jocosa que dejaba ver que los aduladores comentarios de los presentes hacían marca en su humor y sus rosadas mejillas pasaban a tomar un tono más colorado y bermellón. Al final del día, el muchacho de cabello violeta, era incapaz de evitar mostrar como a su fanfarrón y egocéntrico ser, le encantaba que le dorasen la píldora. Finalmente, no pudo evitarlo más, y pasó a rascarse su cogote alegremente y con el pecho lleno, avivado por los distintos comentarios, y paró su caminar, dispuesto a contestar entre vigorosas carcajadas, que no eran más que un reflejo del camelo que habían logrado aquel marine y la deliciosa gigante.

- ¡HIE HIE HIE HIE! ¡Sí, molamos un huevo! ¡¿Verdad Gavyn?!- Y echó una mirada a su compañero que había respondido sus frases de una forma más cordial y educada.- Aunque no buscamos problemas con nadie, somos gente que sabe luchar, después de todo el mar está lleno de piratas y criminales, siendo hasta un simple mercader ya tienes que preocuparte de aprender algún arte con el que defenderte si no quieres que te hundan, al final del día vivimos en un mundo bélico.- Dijo sonando más serios. - Pero vaya, que realmente es porque somos increíbles hie hie hie.- Rio mientras intercalaba en quien posaba sus ojos el muchacho. - Siendo honestos, si no me importase hacer papeleo y guardias y estar en un cuartel y hacer pocas salidas, podría haber intentado entrar a la Marina, pero que le voy a hacer, me gusta el turismo y la gastronomía local. - Dijo mientras que se encogía de hombros.

- Sobre en que gastarlo, ¿una casa a la que poder volver para preparar futuros viajes? Ahora podría decirse que somos nómadas... Bueno, Vesper es de Rostock, pero no es el hogar de todos.- Dijo llevándose la mano a la barbilla. - ¿Materiales para que nuestro carpintero haga un barco mejor? Aunque el Duck Duck Go nº1 tiene poco tiempo... Sinceramente preciosa, no tengo ni idea, lo que es seguro es que financiará los viajes que hagamos hiehiehie.

Entonces, apareció en escena, por la puerta principal, un carcamal que a pesar de dar la impresión de que sus años de gloria habían pasado, su cuerpo aún gritaba con fuerza las ganas de mostrar sus últimos vestigios de poder. Con un enorme cofre sobre sus hombros, dejándolo frente a estos mientras soltaba su discurso reglamentario.

Con los ojos saliéndose de sus órbitas y con lo que parecía un resplandor dorado en estos, Byron corrió hacia el cofre, colocándose de acuclillas frente a él, escuchando a su vez las palabras que el tesorero expulsaba por su boca. Sonriente, abrió el cofre, nada más oír que podían contarlo, y agarró una de las doradas monedas, para finalmente llevárselo a sus labios, abrir su mandíbula y propinarle un poderoso mordisco con sus muelas para intentar doblarla. Aun habiéndose dejado llevar por la pasión del momento, no pudo evitar darse cuenta de la ridícula escena, no por intentar doblar la moneda, sino porque no sabía cuando se trataba de una falsificación.

- ¿Cuándo se supone que es buena? ¿Cuándo dobla o cuando aguanta? - Le preguntó al tesorero.- En fin, es igual.- Dijo levantándose  mientras sacudía el polvo de su pantalón.- O sea, ¿por qué contarlo? Sois los buenos y defensores del pueblo, ¿no? ¿Por qué ibais a intentar timarnos?- Dijo jugueteando con la moneda que había recogido, pasándola entre sus dedos con suma destreza.

COSAS DE INTERÉS
#21
Gavyn Peregrino
Rose Branwell
Mis dorados ojos volvieron hacia la entrada de la base de la marina, sin dejar de prestar atención hacia el resto de los marines que nos rodeaban como cuervos debido al criminal que habíamos traído, y a las sospechas que, obviamente, levantábamos solo por eso. Esbocé una sonrisa de lado, inhalando el humo de la vara de cáncer de pulmón que tenía atrapado entre mis dedos, y lo exhalé lentamente, interesado en el cofre que sabía que contenía la dichosa recompensa que tanto buscábamos al traer a Muzen Kibutsuji a la base de la marina en Kilombo, pero también en la escena que estaba formándose con la salida del octogenario que atravesó la puerta y decía ser el tesorero de la base de los marines. No me sorprendía que un anciano fuese el tesorero, y menos con esa mirada, solo esperaba que sus pensamientos y flexibilidad mental no fuesen tan antiguos como su cuerpo, estaba seguro que sería un problema lidiar con personas así.

Pero, al final, lo único que nos interesaba a todo era aquel cofre que traían entre manos los marines, me preguntaba de donde salía tal cantidad de berrys, reflexioné por un instante, siguiendo la conservación que aún tenía con Galhard, quien continuaba diciendo lo mismo, o algo muy parecido, a lo que ya nos había preguntado previamente, acerca de las aventuras, de atrapar criminales de tal talla, acerca de la justicia, parecía que había entrado en estado de bucle, o en modo avión, o tenía alma de ave de percha; pero el tipo de ave que se paraba en su percha detras de los barrotes de su jaula dorada y comía semillas de girasol sin encontrar mucho más para ver que las pálidas y desabridas paredes del comedor y los cuadros decorativos aburridos que estaban allí sólo para que la habitación no se sintiera más vacía.

Fue necesaria una fuerza increíble, casi hercúlea, para que mi expresión no se contrajera, retorciera y se transformara en una mueca de desagrado cuando mencionó que los aventureros y los marines se parecían mucho. Había un mundo de distancia entre un aventurero y un marine, especialmente entre un marine y un pirata, pero él no necesitaba saberlo, después de todo nos iríamos tan pronto como carguemos el cofre, subir al barco sería un alivio, pero sería interesante explicarle a este marine mi propia perspectiva, y una pérdida de tiempo también, creer en algo abstracto como la justicia, que se crea e imparte según una percepción parcial de los hechos, y se aplica solo para satisfacer a la sociedad que mantiene el reloj funcionando, mientras otros se encargan de disfrutar del reloj, era una tontería. 


Así que preferí asentir lentamente, disfrutando de mi cigarrillo y sonriendo de forma amena– Si, nos parecemos bastante, es interesante el paralelismo entre aquellos que hacen justicia por diferentes motivos. –Me saqué el cigarrillo de la boca, alzando las cejas, casi sorprendido de una ocurrencia que pasó por mi mente- ¡Ah! Casi tanto como ustedes se parecen a los revolucionarios ¿No?

Golpeé suavemente el cigarro con mis dedos para dejar caer la ceniza a un lado, aún creando, maquinando, formulando una nueva idea en mi mente para responder a lo siguiente que dijo, era… Estimulante hacer esto, realmente, poder hablar con tapujos, pero, al mismo tiempo, convertirme en un pierrot enmascarado.

. – Si, aunque creo que son diferentes partes del barco, diría que la justicia es como el ancla y la aventura las velas. –Me reí entre dientes, saludándolo con los dedos cuando mencionó que, en otra ocasión, podíamos intentar contar nuestras aventuras. Lindo– No es habitual, el mar nunca espera, pero quizás en algún momento podamos intentar continuar con esta charla parcialmente sofista, aunque prefiero las alitas de pollo fritas, con limón y sal.

Cuando dió un paso atrás, me incliné ligeramente para mirar a Nikkei y, en el proceso, noté los ojos de Anko, tenía una mirada esencialmente diferente a la que me había dado en Cocoyashi, tenía una breve suposición del porque, solo necesitaba hechos para confirmar lo que pensaba, como siempre. Pero ahora mismo no los tenía y no los buscaría, solo quedaba entonces definirlo como una mera sospecha sobre nuestras intenciones para con la recompensa… O hacia nosotros. Sonreí ante las palabras del capitán, con diversión, por fin estábamos de acuerdo en algo, así que asentí firmemente ante lo que dijo.

. – Vaya ¡Claro que lo somos! Después de todo estamos aquí, haciendo justicia por nuestra propia cuenta. –Le di la razón con toda la calma que reunía– Hay que ser muy autónomos en este mundo tan cruel, para poder defendernos por nuestra cuenta, sin tener que contar tanto con otros, sino en personas de confianza.

Mi mente se desvío del capitán hacia a dirección del puerto, recordando que allí estaban nuestros compañeros, la gente de confianza que necesitábamos y nada más. Las proposiciones del capitán eran aceptables, especialmente si había un trasfondo aún más profundo al que llegar desde allí. Vi al capitán mirar el tesoro como un escarbato y adelantarse para probarlo con el fin de saber si era o no real.

. – Hay otras formas de probar si es real, pero es cierto, no creo que nos timen, el sentido de la justicia de la marina no lo permitiría. –Dije con una ceja en alto– Creo que puedo cargarlo volando ¿A menos que tengas otra idea?
#22
Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
Los ilustres marines que vigilaban el intercambio, y sobre todo, que Muzen no intentase nada, seguían intercambiando sus pareceres con los aventureros que habían traído al criminal. Despedían una seguridad innata, y su voz a penas temblaba pese a la situación, a diferencia del resto de reclutas, los cuales aún parecían mostrar recelosos e inseguros con tal criminal.

La talla del mismo no era para menos, aunque no emitía palabra alguna desde que puso el primer pie en la base, quizá ya por el mero hecho de saber que su destino ya estaba sellado desde su captura. McKlein esperaba firme las indicaciones de los voluntarios para que revisaran el cofre, ajeno al resto de la conversación que mantenían entre los marines de mayor rango y los cazarrecompensas al igual que el pelotón que lo acompañaba. El que parecía ser el portavoz se dirigió hacia él.

- ¿Por qué contarlo?, ¿es la primera vez que realizan una entrega? -

McKlein arqueó una ceja.

- Es protocolario que ambas partes verifiquen lo que aportan a la otra, de manera presencial, para que no haya ningún tipo de inconveniente a futuro y el trato se cierre con un apretón de manos por lo que, por simple protocolo, revisen la cantidad y cerremos esto cuanto antes para encerrar al señor Kibutsuji. -

Dio unos pasos al frente bordeando el cofre hasta colocarse a un costado del mismo, y con las manos hacia atrás, y la vieja barbilla alzada, el curtido marine esperaría a que los aventureros estuvieran conforme con la recompensa y pudieran sellar el trato con un apretón de manos con el veterano tesorero. Era cierto, que La Marina desde hacía ya un tiempo había cambiado en temas de transparencia y la limpieza de la institución en cuanto a temas de corrupción, era agua pasada, por lo que aquella enorme cantidad de berrys era firmemente leal a la fijada por el cartel de búsqueda, pero desde hace un tiempo, en aquel cuartel por medio de otro viejo veterano marine que empezaba a tener renombre en la base, las cosas empezaban a cambiar para realizarse digna y eficientemente, y por ello había que respetar los protocolos fijados para cada asunto.

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#23
Galhard
Gal
Galhard observaba la interacción entre los aventureros y los marines con una mezcla de curiosidad y diversión. La actitud desenvuelta de Byron era un contraste refrescante con la seriedad de la mayoría de los presentes, y cuando el joven capitán mencionó entre risas su preferencia por el turismo y la gastronomía, Galhard no pudo evitar soltar una carcajada ligera.

—Oi... Turismo y gastronomía, ¿eh? No suena nada mal, Byron. Aunque, si te soy sincero, a veces siento que la Marina necesita un poco más de ese espíritu libre —comentó, llevándose las manos a las caderas con una sonrisa amigable —Deberíamos hacer un intercambio: ustedes nos enseñan a relajarnos un poco y nosotros les enseñamos a lidiar con el papeleo sin perder la cabeza.—

Galhard hizo un gesto exagerado de resignación, teatralizando el sufrimiento que le provocaba la burocracia, para seguir el tono jovial de la conversación. Luego, notó cómo Byron probaba una moneda del cofre y negó con la cabeza entre risas.

—Si la moneda es de oro y es buena debería quedar una ligera marca de tus dientes en ella —bromeó, mirando al tesorero con una sonrisa cómplice— Aunque creo que McKlein ya te ha dado la respuesta oficial.—

Cuando Gavyn se sumó a la conversación, la atmósfera se tensó ligeramente. Sus palabras, aunque aparentemente amables, contenían un filo que no pasó desapercibido para Galhard. La referencia a los revolucionarios y la comparación de la justicia con un ancla resonaron con un tono sarcástico que no pudo ignorar. Galhard mantuvo su sonrisa, pero esta perdió algo de su calidez.

—Interesante analogía, Gavyn —respondió con una voz más medida, sus ojos dorados brillando con una intensidad que no había mostrado antes —Aunque creo que confundes los propósitos. La justicia no es un ancla para retener, sino un faro para guiar. Y en cuanto a los revolucionarios... Bueno, ellos tienen su propia definición de justicia, ¿verdad? No es exactamente la misma que la nuestra.—

Galhard cruzó los brazos, inclinando ligeramente la cabeza mientras estudiaba al rubio. Su tono seguía siendo amable, pero ahora había un aire más serio en su postura.

—Supongo que cada uno ve el mundo desde su propia perspectiva, y eso está bien. Lo importante es que, al final, todos tratamos de hacer lo correcto, ¿no crees? Aunque nuestras maneras sean distintas.—

Dio un paso atrás, retomando su actitud relajada al girar hacia Byron.

—Por cierto, lo de un barco mejor suena como una gran idea. Tal vez hasta puedan hacer una parada en Kilombo y mostrarnos su famosa gastronomía local cuando lo tengan listo. —Soltó una risa ligera, tratando de disipar la tensión que había surgido.

Finalmente, miró al tesorero McKlein, quien esperaba con paciencia, y luego al cofre que brillaba con el resplandor de las monedas.

—Sigamos con esto. Estoy seguro de que McKlein tiene otras tareas igual de importantes, y nosotros también. —Volvió a sonreír, esta vez con un tono más diplomático, aunque su mente seguía procesando las palabras de Gavyn. Había algo en ellas que no lograba encajar del todo, y sabía que no lo dejaría pasar tan fácilmente.
#24
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
Todo marchaba de manera perfecta, el intercambio estaba por completarse y solo faltaba que el que parecía él capitán del grupo revisara que el dinero estuviera en orden y le diera la mano Mcklein para cerrar el trato, nada del otro mundo. Mientras tanto, Galhard seguía hablando y compartiendo su opinión como ya era habitual en él, un hombre que siempre tenía algo que decir y parecía mantener una relación amigable y estrecha con todo aquel con quien se cruce, aun cuando no conoce nada de esas personas.

Cuando Gavyn se unió a la conversación fue cuando Anko realmente prestó atención a lo que el grupo compartía, el comentario comparando a la Marina con la Armada Revolucionaria no pudo ser ignorado por Anko, quien ya se sabe, siente un orgullo inmenso de formar parte de la organización. Rápidamente su postura se relajó, dejando atrás los indicios de hostilidad que podría tener y acercó su diestra hasta su cigarro para sostenerlo y expulsar el humo por la boca antes de dirigirse al Solarian — Eso me dolió aquí… — Dijo señalando su pecho, más exactamente el lugar en donde está ubicado su corazón — Mira que decir que somos iguales que esa bola de criminales… Pero sé que no lo dices con mala intención, navegante Gavyn… — Una sutil sonrisa se dibujó en su rostro mientras miraba al hombre de las grandes alas.

— Eso sí, ya me debes algún trago por la enorme ofensa jeje — No estaba hablando en serio, ¿o talvez sí? Tampoco se sintió enormemente ofendida como lo indicaba, estaba exagerando las cosas para hacer más cómica la situación, aunque llamar terroristas a los Revolucionarios si salió de ella y no era una broma, al menos así los veía luego de haber leído un poco sobre el actuar de la organización, por que claro, los Revolucionaria nunca pueden hacer algo bueno si no hicieron un desastre antes.
#25
Gavyn Peregrino
Rose Branwell
Mis ojos se dirigieron del antiquísimo tesorero al cofre y luego de regreso por unos minutos largos, dejé caer mis párpados a medias, observándolo con despreocupación, pero con un dejo de pereza que revelaba la verdad acerca de mis pensamientos referentes a la idea de contar, moneda por moneda, el pago y pseudo tesoro que nos habían otorgado por la entrega del buscado criminal: Muzen Kibutsuji. ¿Sería este el tipo de investigación que llevaba a cabo la marina? ¿Torturaban a sus víctimas contando berrys en monedas de oro una por una hasta que sufrieran los efectos de la desesperación y confiesen sus crímenes? Que acto vil y pueril, pero esperable. Aun así, era amable de su parte dejarnos contar las monedas, supongo, era su forma de demostrar que no nos estaban engañando, esboce una sonrisa de lado, mirando al tesorero, me agradaba ligeramente, hasta que dijo que era un acto protocolar.

Por supuesto, porque el protocolo era algo que nos agradaba y que todos debíamos cumplir aunque no trabajemos en el establecimiento, excelente, volvamos a mi teoría de que esto es una forma de tortura y que, evidentemente, también se extiende a los propios miembros de la marina, quienes probablemente debían hacer esto día a día y cada “clin clin” de las moneras eran sus neuronas estallando por cada segundo que pasaban dentro de una oficina, haciendo esto o papeleo que luego sería archivado, o quemado, en una sala tan grande que ni siquiera la memoria a largo plazo tendría la capacidad de contener. Miré la pila de oro con una fascinante y casi imposible expresión de deseo y  miseria, antes de volverme hacia el tesorero.

. – Que bueno que amamos el protocolo burocrático cortés, supongo que sus subordinados también pasan por el mismo camino. –Bromeo, antes de acercarme al cofre, tomando un puñado de monedas de oro y comenzando a contar con toda la paciencia que soy capaz de reunir– Me sorprende que no hayan intentado construir una máquina que cuente dinero, sería menos tortuoso para su personal, y para nosotros.

Mantuve parte de mi atención en Byron y Galhard, escuchando su charla acerca del turismo y la gastronomía, el pensamiento de algo de comida se transmitió a mi estómago fácilmente, el antojo de algo salado y frito o cubierto de chocolate estallaron en mi cabeza mientras contaba las monedas rápida, por eficientemente hasta formar un montón de diez mil berrys, ahora que lo pensaba, esto debía ser definitivamente un método de tortura, considerando que podrían habernos dado la recompensa en billetes, pero decidieron hacerlo en monedas. Entrecerré los ojos mirando las monedas con todo el fastidio que pude reunir, ese tesorero no tenía piedad obviamente, especialmente no después de que nos habíamos burlado de ellos… No me arrepentía de nada, por supuesto, al final no era mi deseo caerle bien a todo el mundo, disfrutaba del odio que me profesaban los demás, era divertido.

. – Confirmar si es buena sería más sencillo rociando cloruro de estaño en las monedas. En contacto con el oro crea una capa que se torna púrpura bajo la luz. –Tomé otro puñado de berrys para comenzar a contarlos– O con un imán, el oro no es un metal magnético, así que si fuesen falsas se quedarían pegadas.

Continué contando las monedas, echándole una mirada de reojo a Galhard, noté que su sonrisa ya no llegaba a sus ojos, así que no debía estar tan animado por la analogía que había hecho, me reí entre dientes ante lo personal que se había tomado mi frase, entonces tendría que explicar lo que pensaba acerca de la justicia realmente. Miré al marine directamente, sonriendo de forma despreocupada, tan irritante como sabía que los demás me veían, y que me encantaba utilizar para remover los nervios de los más tranquilos.

. – Tienes razón, es una analogía errónea, permíteme reformular. –Volví mis dorados ojos bruñidos hacia las monedas de oro y levanté una de ellas– La justicia es como esta moneda, tiene un valor que se encuentra representado físicamente en la moneda en sí ¿No? Pero ese valor es un valor que se indica por medio de la economía, economía que también se encuentra representada por otra entidad física, pero al final el valor de la moneda es simplemente el valor que una persona le da a la moneda y, por lo tanto, es solo una construcción socioeconómica aplicada arbitrariamente por quien tiene el control sobre el valor de las monedas. Si el oro no fuese algo valorado, entonces, esta moneda no sería nada. –Digo, arrojándolo a la pila– Creo que esa analogía es un poco más exacta. Pero creo que de lo que hablas es de la moralidad social referente a la equidad o igualdad que guía tus acciones según donde te hayas criado… ¿Así está mejor?

Elevo una ceja emplumada antes de volver a mi tarea, completando un segundo montón de diez mil berrys y pasando al siguiente. No me gustaba hablar acerca de conceptos abstractos, tenía fascinación por ellos, pero la mayoría de las personas se aburrían cuando comenzaba a explicarlos según lo que sabía. Ser biólogo no me impedía tener un interés medianamente decente acerca de otras áreas de especialización que la gente veía como inútiles, pero que se aplicaban de forma constante en la vida cotidiana. Deslicé los dedos por entre mis plumas, acariciando lentamente las mismas y desenredando lentamente aquellas que estaban torcidas o solapadas. Lancé un berry al aire con los dedos, escuchando las palabras de Galhard.

. – Eso es idealismo, porque “lo correcto” depende de la perspectiva, la moral y la ética propia. Si matar a alguien te parece “lo correcto” entonces ¿Está realmente bien? ¿Es la situación en la que se mata a alguien lo que hace que matarlo esté bien? Entonces, matar a alguien porque la vida propia está en riesgo ¿Está bien porque preserva nuestra integridad o está mal porque matamos a alguien que podría estar poniendo nuestra vida en riesgo porque la suya lo está? –Dejé la moneda a un lado, apagué mi cigarrillo casi consumido y lo arrojé a un lado antes de sacar la cajetilla y encender otro.

Mi mirada pasó del cigarro a Anko y le sonreí genuinamente, riendo por lo bajo antes de levantar las manos en son de paz.

. – Oye, yo solo soy el que cuestiona que es cada cosa aquí, tomé lo que dijo Galhard y lo puse en una balanza. Según él los aventureros también nos parecemos a ustedes, pero en realidad hacemos muchas cosas egoístamente y si podemos impartir nuestra propia justicia, pues bien. –Recojo los hombros en un gesto desenfadado– Pero según tu compañero Galhard los revolucionarios aplican la justicia en un sentido diferente que la marina, y eso está bien, siempre que hagan lo correcto. Curioso, parece simpatizar con la idea de los revolucionarios como el otro frente de la justicia. Pensé que era algo de la marina, pero supongo que es algo individual.

Mi atención fue de Galhard a Anko, por un momento, fruncí el ceño al notar que se contradecían el uno al otro y, con un movimiento de hombros, volví a contar monedas, deseando no entrar en el bucle confuso de definiciones. Mis alas se esponjaron por la invitación a beber algo y asentí.

. – Después de acabar con esta tortura protocolaria, me encantaría compensarte, Anko. –La miré por encima de mi hombro con una sonrisa afectuosa, me había caído bien la, en aquel entonces, sargento cuando la conocí en Goza– No buscaba ofenderte, sinceramente. Unos tragos y una comida abundante ¿Te parecen?

Resumen
#26
Byron
Que me lo otorguen
- ¡Ah! ¡Haber empezado por ahí! Como nuestros actos confirman sus sospechas supongo que no podemos negar que somos novatos en este tipo de trabajos hiehiehie.- Dijo mientras afirmaba con la cabeza.- Realmente no llevamos ni una estación surcando el mar, ¿30 días quizás? Igual me baila algún número.- Dijo llevándose la mano al mentón.

Entonces los ojos maravillados y resplandecientes del joven se posaron de nuevo sobre el robusto cofre cargado de monedas tras escuchar las palabras del sabio hombre que se lo había hecho llegar a sus pies. Las primeras palabras que el alférez le dedicó, fruto de la emoción, fueron mudas para los oídos del muchacho, que de forma calmada que posaba de rodillas nuevamente junto a aquel premio a su esfuerzo. Más su segunda apreciación si llegó a este, quizás por darle información de interés al responder la duda que había lanzado al aire anteriormente. Le lanzó una mirada cómplice, acompañada de una ligera sonrisa amable.

Volvió a mirar la moneda dorada que tenía en su mano, con la que había estado jugueteando y fue anteriormente mordida. Sus ojos con precisión buscaron en la superficie de esta, hasta encontrarse en ella una pequeña mella hecha por sus muelas. Una mirada de satisfacción acompañada de un ligero suspiro salieron de su interior, y como de un tesoro se trataba, alzó la moneda al cielo para que todos los presentes pudiesen presenciar su triunfal victoria. Una victoria contra un pedazo de metal si, pero era un símbolo, el símbolo de un sinvergüenza avanzando un escalón más en la escalera que lo llevaría a lo más alto del mundo.

Con los ojos orgullosos, resplandecientes, desprendiendo un iluminador fulgor, volvió a mirar al marine que le había dado el dato que lo había hecho vencedor. Sin preámbulo, y con una pasión palpable, le alzó el dedo pulgar haciéndolo partícipe, como si aquella pequeña victoria también fuese suya.

- ¡Byron Nikkei, te da las gracias! Me encargaré de traerte alguna sabrosura, no como la gigante, algo de comer ¡HIE HIE HIE! ¡Ahora a contar! - Dijo ya haciendo pequeños montoncitos de monedas para llevar la cuenta.- Se agradecería algo de cooperación.- Murmuró finalmente.

Antes de poder terminar, su alado compañero se había unido a contar monedas, el cual mientras apilaba estas daba un discurso sobre la moralidad en la cual no quiso entrometerse y simplemente se limitó a escuchar unos segundos, hasta que su cabeza comenzó a disociar de la realidad al tener que realizar el trabajo que un contable más amaba. Sin poder darse cuenta, su cabeza cambió las monedas por Shizus, aunque él no supiese que se llamaba así, Shizus en miniatura para ser precisos.

Y así continuó, hasta acabar con aquel conteo, perdido en su cabeza, con la mirada perdida, y sus babas rebosando de su boca debido al cielo que estaba imaginando.

COSAS DE INTERÉS
#27
Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
El rígido tesorero McKlein, escucha inalterable la continua conversación entre los presentes además de la leve vacilación que uno de los cazarrecompensas emitió hacia su figura. Sin embargo, el curtido marine no tiene en cuenta sus palabras y tan solo se limita a preservar el acto de entrega de la recompensa estipulada por el gobierno. Serio y en silencio al igual que su pelotón, espera a que los tipos den el sí para poder proceder al arresto del pirata, tomarlo y meterlo entre rejas hasta que se anuncie la condena correspondiente por sus cargos.

Con sus ojos, repasa el conteo, la toma de monedas y la verificación de estas. En sus tiempos, la gente contaba de mejor forma y más rápidamente el dinero, con tan solo ver un montón, podrían establecerse cantidades muy exactas a lo que concernía el montón de berrys que fuera, pero ya estaba viendo que las generaciones venideras les hacía falta algunas clases de cálculo y quizá algunas de calle.

- Tienen todo el tiempo del mundo, tampoco debería de ser difícil contar tal cantidad, les aseguro que no falta ni un berry, pero siempre es bueno que lo puedan comprobar por ustedes mismos. -

Dijo casi sin inmutarse, esperando en un silencio sepulcral y tan solo emitiendo tales palabras para contestar al acompañante del que parecía ser el portavoz del grupo. Cuando los 2 cazarrecompensas terminasen, se dirigiría al que parecía llevar la voz cantante, mantendría la compostura y alzaría su mano izquierda para estrechar su mano y cerrar el pacto entre caballeros.



- Bien, arresten al pirata Muzen Kibutsuji... declaro cerrado el trato con el señor Byron Nikkei, ¿confirma usted señorito? -

Dijo con su mano tendida hacia el joven, habiendo señalado previamente al preso para que el pelotón lo esposara correctamente y pudieran llevárselo hacia dentro. Los 4 hombres a paso firme y coordinado lo rodearon y le pusieron unas pesadas esposas de un material extra. Uno de ellos lo tomó por las engarzadas muñecas, y lo elevo hasta que recobró correctamente la verticalidad, el resto lo siguieron hasta que terminaron por meterse en el cuartel y perderse de la vista de los presentes.

- Un placer hacer negocios con ustedes, en nombre de La Marina, les agradezco sus servicios por colaborar de esta forma... ¡Gracias! -

Y sin más, el viejo McKlein se dio media vuelta para dejar allí a los afamados marines y al grupo de cazarrecompensas, retirándose hacia el cuartel para seguir haciendo los trámites administrativos correspondientes.

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#28
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
Anko no pudo evitar reír de una forma muy sutil ante la reacción de Gavyn sobre sus comentarios, claramente el Solarian parecía confundido por la forma en la que ella y Galhard se contradecían, creando así un escenario en el que se podría pensar que ni dentro de la Marina saben exactamente qué tipo de justicia o moralidad seguir — Yo pienso que la Armada Revolucionaria sólo causa estragos allá donde se paran, no son capaces de hacer una cosa sin destruir otra, pero me estoy basando en lo que eh leído sobre ellos… No descarto que pueda equivocarme, pero hasta que no vea lo contrario, seguiré pensando que Galhard si es un hippie que se fumó un toque como decía mi buen amigo Masao — El tono de su voz era bromista y hasta cierto punto alegre, su clásico tono firme y frio había desaparecido, por alguna razón, se sentía en confianza al estar rodeada de sus amigos de la Marina y de Gavyn, un sujeto que le cayó muy bien cuando lo conoció en Goza.

Rápidamente su cabeza se giró levemente para mirar en la dirección donde estaba parado el amigable alférez de larga cabellera marrón — Sin ofender, Gal… Sabes como soy — Sus palabras fueron acompañadas por unas leves palmadas de su diestra en la espalda de éste en señal de camaradería, nuevamente, una actitud rara en la muchacha. El líder del equipo cazador seguía embobado frente al cofre lleno de monedas, contando cada moneda con una fijación que rozaba lo absurdo, talvez se estuviera imaginando otra cosa mientras contaba las monedas o simplemente era un fiel amante del dinero, además era alguien divertido, sí se podría decir así, no parecía el típico cazador con mala cara que solo llega y exige su recompensa, algo de lo que Anko estaba harta.

Anko chasqueó sus dedos para para terminar apuntando con su dedo índice hacía el navegante, con una sonrisa dibujada en su rostro — ¡Hecho! Espero no tengas prisa, mi jornada termina hasta el anochecer, te podría ver en las puertas de la base — Obviamente no se iba a negar a un buen trago en compañía del rubio, tenía días que no se veían y seguramente tendrían mucho que compartir en la charla. En eso, los soldados que acompañaba a Mcklein tomaron al pirata Muzen y lo esposaron, algo que Anko vio innecesario, ya estaba atado de antemano y además no parecía en sus cinco sentidos, hasta desorientado se veía pues no había pronunciado una sola palabra desde que ingresó a la base. Antes de que pudieran irse, Anko hizo un gesto con su diestra para despedir al buscado pirata mientras sostenía si cigarro con sus labios — Bienvenido a tu nuevo hogar, pirata — Mencionó de forma triunfante, aunque no había sido ella quien lo capturó, se sentía satisfecha con ver a esos criminales tras las rejas.
#29
Galhard
Gal
Tras escuchar las observaciones de Gavyn, Galhard dejó escapar una risa corta, casi como un reflejo involuntario, y alzó una ceja. Sus ojos buscaron los del solariano, dejando entrever su postura más amistosa, pero con un deje de seriedad que lo caracterizaba cuando las conversaciones tomaban un rumbo más filosófico o retador.

—Oi, oi… Gavyn, no me malinterpretes. Lo de la justicia no lo dije como algo absoluto, ni mucho menos— Empezó, mientras se llevaba una mano al mentón y hacía una mueca exagerada, como si estuviera ponderando las palabras con el dramatismo de un actor en pleno escenario —Es cierto, todos vivimos bajo perspectivas y contextos distintos, pero al final, creo que la justicia no es más que un reflejo de lo que aspiramos ser en el mundo o la huellas que intentamos dejar.—Luego, apuntó hacia Gavyn con una sonrisa casi cómplice —Y ojo, no se trata solo de quién la aplica, sino de qué tanto estamos dispuestos a cargar o sacrificar por ella.—

Sus ojos brillaron con un atisbo de desafío amable, mientras miraba al grupo en general. Las palabras de Anko no pasaron desapercibidas, y ante su comentario sobre los "hippies", dejó escapar una carcajada que resonó en el lugar.

—¡Ne ha ha ha ha! ¿Un hippie? Bueno, si eso implica no querer que el mundo se reduzca a escombros cada vez que alguien intenta arreglar algo, supongo que me queda el mote— Respondió, llevándose las manos a la nuca en un gesto de falsa resignación. Pero luego, en un tono más bajo y reflexivo, añadió —Aunque siendo sincero, no puedo negar que hay algo de razón en tus palabras, Anko. A veces, las cosas no se pueden cambiar sin agitar un poco las aguas… Pero hay formas y formas de hacerlo, ¿no crees?—

Cuando Anko le dio unas palmadas en la espalda, Galhard se permitió una sonrisa más relajada, inclinándose un poco hacia ella como si para asegurarse de que la camaradería era mutua.

—No te preocupes, Anko, sé cómo eres. Y por eso mismo, si alguna vez ves que estoy siendo demasiado "hippie", dame un toque, ¿vale?—Dijo en tono amistoso, pero con la suficiente seriedad para que ella supiera que valoraba su opinión.

Volviendo su atención a Byron, que seguía en su particular adoración por el cofre y las monedas, Galhard no pudo evitar burlarse un poco, pero siempre desde la amabilidad que lo caracterizaba.

—Oi, Byron, no te vayas a llevar las monedas a casa como si fueran un tesoro pirata, ¿eh? Aunque si lo haces, ¡asegúrate de repartir algo para las alitas de pollo de Gavyn y las rondas de Anko!— Bromeó, alzando las manos en un gesto dramático de rendición.

Por último, cuando el intercambio parecía llegar a su fin y Muzen fue escoltado hacia su nuevo hogar tras las rejas, Galhard se cruzó de brazos, observando la escena con una mezcla de satisfacción y seriedad.

—Bueno, parece que al menos hoy el mar nos ha traído un poco de paz.— Comentó, su tono ahora más bajo y meditativo—Pero no olvidemos que el mundo no se detiene; siempre habrá nuevas olas, y con ellas, nuevas corrientes que enfrentar.—

Luego, alzó la vista hacia el grupo y sonrió ampliamente, retomando su tono más desenfadado.

—¡Ne ha ha ha ha! ¿Qué dicen, un brindis por una misión cumplida? Aunque esta vez espero que el brindis sea por algo más fuerte que un protocolo de conteo de monedas.—
#30


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