
Rocket Raccoon
Rocket
13-01-2025, 02:54 AM
Esta podría haber sido una historia inspiradora sobre un grupo de marines novatos, recién salidos de la academia y listos para enfrentarse al despiadado mundo gobernado por piratas de sangre fría. Una historia de cómo cumplían con éxito rotundo su primera misión como oficiales de las fuerzas que protegen a las islas de los constantes peligros que esos malditos piratas traen consigo, sembrando caos y desolación allá donde pisan. Justo para eso se habían entrenado durante años. Ahora tenían frente a ellos la oportunidad de desbaratar un elaborado plan de una banda de bandidos.
En el centro del enorme galpón, bajo el manto de la fría y oscura noche, una caja destacaba entre todas las demás. Dentro, un mecanismo explosivo rudimentario, pero funcional, parecía aguardar su fatídico momento. La aguja de un pequeño contador giraba lentamente hacia un punto crítico, indicando que el tiempo era un enemigo silencioso pero implacable. ¿Había más de estos artefactos repartidos entre las cajas apiladas a su alrededor? Esa era una incógnita que podían resolver más tarde, si sobrevivían a esta situación.
El destino de los tres reclutas y, quizás, de buena parte de Loguetown recaía en manos de un Cipher Pol con un frondoso bigote y aliento cargado de alcohol. En un movimiento que bordeaba lo heroico y lo imprudente, había decidido separar la caja con el explosivo de las demás, llevándola consigo a una esquina del almacén. No lo sabía, pero este había sido un buen movimiento de su parte. Ya que sí, alrededor de ellos había más cajas también con pólvora y demás, y si dichas cajas se sumaban a la principal, el caos provocado podría ser de dimensiones napoleónicas. ¿Por qué napoleónicas? No sé, me sonaba bien en la mente.
Ahora estaba solo, frente a ese dispositivo mortal que con cada segundo que pasaba se acercaba más a su desenlace.
La escena era tensa. El aire, cargado con el zumbido casi inaudible del mecanismo, parecía pesar más que nunca. ''Tic..tic..click...tic...click...tic...click...tic...tic..'' Todo dependía de una chispa que, si se desataba, no solo podría reducir a cenizas el almacén, sino también a quienes estaban en su interior y, tal vez, aparte de la ciudad que yacía dormida bajo la luna de invierno. Bueno, salvo por aquellos dos que estaban teniendo su momento de placer antes de que la lagartija y el rubio los encontrasen.
El vigotudo Cipher Pol, con su aliento aún cargado de un leve aroma a whisky y su andar algo tambaleante, pero cien por cien controlado, se acercó al mecanismo con la seguridad de un hombre que ha desactivado un par de trampas en su vida... o al menos eso decía cuando estaba sobrio. Sus manos, algo torpes pero decididas, comenzaron a manipular los engranajes del dispositivo. Algo murmuraba para sí mismo, pero nada que lograrían escuchar los demás, quienes miraban atentos a lo que pasara. ¿Por qué habían tomado la decisión de permanecer cerca del explosivo? Solo se necesita a uno de ellos para intentar desarmarlo. Quizás eso es lo que llaman camarería, el nunca dejar solo a tus compañeros.
El mecanismo respondió con un inesperado ''clac'', un sonido que resonó más fuerte de lo debido en el silencio del almacén. El bigotudo, si sabía lo que pasaba, sabría que algo no estaba del todo bien, ya que eso no parecía sonar como un desarme exitoso. Mientras un tenue ''beep… beep… beep…'' comenzaba a sonar desde el núcleo del aparato. Y su ritmo comenzaba a acelerarse con cada segundo que transcurría después del ''clac'' primario.
Sí, la había cagado, y no solo eso... había apurado el mecanismo.
Los ojos de todos los presentes se abrirían como platos al darse cuenta de esto, de que Vinny no había logrado desactivar el dispositivo, sino que el temporizador ahora marchaba a más velocidad. La pequeña aguja ahora comenzaba a girar velozmente, con una velocidad bastante aterradora. No quedaba mucho tiempo, esto iba a reventar como no hicieran algo pronto. ¿Pero saben qué? Algo de fortuna jugaba a favor del team marinos.
Resulta, que la más reciente integrante de este grupo de valerosos guardias y protectores de la paz. Había tenido la brillante idea de romper un par de tuberías que había en los alrededores. Las mismas, obviamente llevaban agua de un punto a otro, y estás al verse rotas, comenzaron a hacer llover sobre todo el lugar gran parte del líquido que fluía en su interior. Bueno, lo importante no es que ahora los muchachos estuviesen mojados, o que las cajas alrededor también lo estuviesen. No. Lo importante aquí, es que varias gotas de agua habían logrado ingresar en la caja que llevaba Santorini, por lo que la pólvora que había ahí debajo, estaba medio mojada. Y cualquiera sabe qué pólvora mojada, no hace bien su trabajo.
Así que sí, denle su premio a esa muchacha. Seguramente no lo sabe, pero acaba de salvar el día.
Con una suerte que solo podía describirse como milagrosa, el equipo lograría cubrirse bien de la explosión que tendría lugar. Y afortunadamente como ya había mencionado antes, dicha explosión no tendría el efecto tan abrumador que alguno esperaría ver. El ''beep… beep… beep…'' Que rápidamente anunciaba una tragedia, dio paso a un inconfundible ''BOOM'' amortiguado por la resistencia de la caja, mientras la explosión sacudía el lugar, lanzando astillas y fragmentos de madera en todas direcciones. Pero no en dirección a los reclutas, ya que por la posición estratégica de los sacos de arena, dichas astillas apenas lograrían hacer algún que otro rasguño en sus vestiduras.
La misión, a duras penas, podría considerarse un éxito… si es que el único criterio fuera que todos salieran con vida. Más allá de algunos golpes y magulladuras que decoraban a los presentes como trofeos de una noche accidentada, el panorama era todo menos alentador. La entrada del almacén había cedido, dejando claro que no todos los daños eran superficiales. Algún grupo de albañiles tendría que venir pronto a solucionar este problema. Ya que, a los marinos no se les prepara para esto... ¿O sí?
Pero lo que realmente destacaba, como un elefante en la habitación, era el caos líquido que se desbordaba por el lugar. Agua, imparable y fría, brotaba con fuerza de las tuberías que Dan, en un momento de inigualable torpeza o brillantes, eso dependía de a quién le preguntaras, había destrozado. El chorro incesante se había convertido en un río que reclamaba el almacén como suyo, convirtiendo cada paso en un chapoteo frustrante. Así que también se necesitaría de unos buenos plomeros para solucionar esto. Ya que, a los marinos no se les prepara para esto... ¿O sí?
En el centro del enorme galpón, bajo el manto de la fría y oscura noche, una caja destacaba entre todas las demás. Dentro, un mecanismo explosivo rudimentario, pero funcional, parecía aguardar su fatídico momento. La aguja de un pequeño contador giraba lentamente hacia un punto crítico, indicando que el tiempo era un enemigo silencioso pero implacable. ¿Había más de estos artefactos repartidos entre las cajas apiladas a su alrededor? Esa era una incógnita que podían resolver más tarde, si sobrevivían a esta situación.
El destino de los tres reclutas y, quizás, de buena parte de Loguetown recaía en manos de un Cipher Pol con un frondoso bigote y aliento cargado de alcohol. En un movimiento que bordeaba lo heroico y lo imprudente, había decidido separar la caja con el explosivo de las demás, llevándola consigo a una esquina del almacén. No lo sabía, pero este había sido un buen movimiento de su parte. Ya que sí, alrededor de ellos había más cajas también con pólvora y demás, y si dichas cajas se sumaban a la principal, el caos provocado podría ser de dimensiones napoleónicas. ¿Por qué napoleónicas? No sé, me sonaba bien en la mente.
Ahora estaba solo, frente a ese dispositivo mortal que con cada segundo que pasaba se acercaba más a su desenlace.
La escena era tensa. El aire, cargado con el zumbido casi inaudible del mecanismo, parecía pesar más que nunca. ''Tic..tic..click...tic...click...tic...click...tic...tic..'' Todo dependía de una chispa que, si se desataba, no solo podría reducir a cenizas el almacén, sino también a quienes estaban en su interior y, tal vez, aparte de la ciudad que yacía dormida bajo la luna de invierno. Bueno, salvo por aquellos dos que estaban teniendo su momento de placer antes de que la lagartija y el rubio los encontrasen.
El vigotudo Cipher Pol, con su aliento aún cargado de un leve aroma a whisky y su andar algo tambaleante, pero cien por cien controlado, se acercó al mecanismo con la seguridad de un hombre que ha desactivado un par de trampas en su vida... o al menos eso decía cuando estaba sobrio. Sus manos, algo torpes pero decididas, comenzaron a manipular los engranajes del dispositivo. Algo murmuraba para sí mismo, pero nada que lograrían escuchar los demás, quienes miraban atentos a lo que pasara. ¿Por qué habían tomado la decisión de permanecer cerca del explosivo? Solo se necesita a uno de ellos para intentar desarmarlo. Quizás eso es lo que llaman camarería, el nunca dejar solo a tus compañeros.
El mecanismo respondió con un inesperado ''clac'', un sonido que resonó más fuerte de lo debido en el silencio del almacén. El bigotudo, si sabía lo que pasaba, sabría que algo no estaba del todo bien, ya que eso no parecía sonar como un desarme exitoso. Mientras un tenue ''beep… beep… beep…'' comenzaba a sonar desde el núcleo del aparato. Y su ritmo comenzaba a acelerarse con cada segundo que transcurría después del ''clac'' primario.
Sí, la había cagado, y no solo eso... había apurado el mecanismo.
Los ojos de todos los presentes se abrirían como platos al darse cuenta de esto, de que Vinny no había logrado desactivar el dispositivo, sino que el temporizador ahora marchaba a más velocidad. La pequeña aguja ahora comenzaba a girar velozmente, con una velocidad bastante aterradora. No quedaba mucho tiempo, esto iba a reventar como no hicieran algo pronto. ¿Pero saben qué? Algo de fortuna jugaba a favor del team marinos.
Resulta, que la más reciente integrante de este grupo de valerosos guardias y protectores de la paz. Había tenido la brillante idea de romper un par de tuberías que había en los alrededores. Las mismas, obviamente llevaban agua de un punto a otro, y estás al verse rotas, comenzaron a hacer llover sobre todo el lugar gran parte del líquido que fluía en su interior. Bueno, lo importante no es que ahora los muchachos estuviesen mojados, o que las cajas alrededor también lo estuviesen. No. Lo importante aquí, es que varias gotas de agua habían logrado ingresar en la caja que llevaba Santorini, por lo que la pólvora que había ahí debajo, estaba medio mojada. Y cualquiera sabe qué pólvora mojada, no hace bien su trabajo.
Así que sí, denle su premio a esa muchacha. Seguramente no lo sabe, pero acaba de salvar el día.
Con una suerte que solo podía describirse como milagrosa, el equipo lograría cubrirse bien de la explosión que tendría lugar. Y afortunadamente como ya había mencionado antes, dicha explosión no tendría el efecto tan abrumador que alguno esperaría ver. El ''beep… beep… beep…'' Que rápidamente anunciaba una tragedia, dio paso a un inconfundible ''BOOM'' amortiguado por la resistencia de la caja, mientras la explosión sacudía el lugar, lanzando astillas y fragmentos de madera en todas direcciones. Pero no en dirección a los reclutas, ya que por la posición estratégica de los sacos de arena, dichas astillas apenas lograrían hacer algún que otro rasguño en sus vestiduras.
La misión, a duras penas, podría considerarse un éxito… si es que el único criterio fuera que todos salieran con vida. Más allá de algunos golpes y magulladuras que decoraban a los presentes como trofeos de una noche accidentada, el panorama era todo menos alentador. La entrada del almacén había cedido, dejando claro que no todos los daños eran superficiales. Algún grupo de albañiles tendría que venir pronto a solucionar este problema. Ya que, a los marinos no se les prepara para esto... ¿O sí?
Pero lo que realmente destacaba, como un elefante en la habitación, era el caos líquido que se desbordaba por el lugar. Agua, imparable y fría, brotaba con fuerza de las tuberías que Dan, en un momento de inigualable torpeza o brillantes, eso dependía de a quién le preguntaras, había destrozado. El chorro incesante se había convertido en un río que reclamaba el almacén como suyo, convirtiendo cada paso en un chapoteo frustrante. Así que también se necesitaría de unos buenos plomeros para solucionar esto. Ya que, a los marinos no se les prepara para esto... ¿O sí?