Hay rumores sobre…
... que en cierta isla del East Blue, hubo hasta hace poco tiempo un reino muy prospero y poderoso, pero que desapareció de la faz de la tierra en apenas un día.
[Aventura] [T5] La nueva generación
Raiga Gin Ebra
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El ambiente en la taberna es extraño, pesado, casi irreal. Los cuerpos desmayados de los asistentes están dispersos por todo el local, y aunque algunos parecen comenzar a moverse de forma inconsciente, ninguno recupera todavía la lucidez. Un dedo que se contrae, un pie que se desplaza casi imperceptiblemente... Nada preocupante. El eco del grito de Ubben aún resuena en vuestras mentes, y la inquietud crece rápidamente.



Airgid, tu paciencia está al límite, aunque eso no sea noticia. A pesar de que sigues absorta intentando resolver el acertijo del código y las letras, el grito de Ubben te ha debido pillar completamente por sorpresa, ya que eres la persona más cercana a la puerta. No es solo el tono, es el contenido implícito en esa desesperación. Asradi no ha respondido, y el silencio tras la puerta del baño es ensordecedor. Esto no pinta muy bien, la verdad. Si intentas abrir la puerta, no podrás, al menos de la manera tradicional, la han cerrado de tal manera que parece atascada. Pero bueno, a veces en la vida hay que recurrir a la violencia, aunque eso implique tirarla abajo.



Ragn, tus sentidos están en alerta máxima. El despliegue del Haki de Observación te permite sentir claramente las auras de tus compañeros. Sientes a Ubben en el interior del baño y notas que su energía está debilitada, como si estuviera luchando contra algo que no puedes ver. La presencia de Asradi también se siente extraña, aunque no parece haber cambiado desde que entraste en sintonía con ella, lo que sí ha cambiado ha sido su ubicación, parece estar un poco más lejos que Ubben, como en el subsuelo. Pero hay algo más. Dos auras desconocidas, claramente hostiles, están en el mismo espacio que la sirena. Una de ellas es particularmente difícil de precisar, como si estuviera parcialmente oculta o protegida de alguna manera, pero con algo de esfuerzo detectas que son ligeramente más fuertes que tú.

Tu instinto te grita que el tiempo es crucial.



Umibozu, el grito de Ubben ha borrado cualquier rastro de calma que pudiera haberte quedado. El rugido de las membranas de tu cuello se hace más intenso, como un tambor de guerra, mientras te acercas con pasos pesados hacia la puerta. Tu inmensa figura proyecta una sombra sobre Airgid. Quizá no necesites palabras; la situación es clara. La puerta no cederá por medios normales, y aquí el más grande eres tú. Aunque tienes que tener en cuenta que dentro está, como mínimo, Ubben. Igual no deberías excederte en fuerza, si es que decides tumbar la puerta.



En el interior del baño, Ubben, tu mundo se ha reducido a sensaciones vagas y a un hilo de voluntad que se niega a romperse. La oscuridad total envuelve tu mente, pero el Haki de Observación sigue siendo tu faro. Notas cómo no solo el cansancio hace mella en ti, sino que la niebla que ves te envuelve y vas perdiendo poco a poco la vista, hasta quedar completamente ciego.

Sin embargo, como he dicho antes, tu haki de observación es tu faro. Puedes sentir las dos presencias hostiles moviéndose por el espacio, casi justo debajo tuya, y que tienen un poder algo superior al tuyo. Escuchas el tintineo de instrumentos quirúrgicos que él coloca con cuidado. La otra presencia, más difícil de precisar, se mueve con pasos más calculados, y parece no entrar aún en contacto con la situación.

La energía de Asradi sigue estable, aunque débil. Esa constante te da algo de tranquilidad: no le han hecho daño. Sin embargo, no puedes ignorar la hostilidad palpable que emana de los hombres.



Asradi, tu visión mejora ligeramente, lo suficiente para empezar a discernir las figuras a tu alrededor. El hombre de la bata blanca que reconociste antes parece ocupado con los preparativos. El instrumental quirúrgico brilla bajo la tenue luz, y el bisturí en la mesa cercana se convierte en un punto fijo de tu atención. No hay que ser muy listo para saber que ese objeto podría ser la clave para escapar. Pero claro, ¿escapar a dónde? Y... ¿Cómo conseguirías agarrarlo? Tienes atada la cola a la parte baja de la silla, mientras que tus manos están atadas entre sí detrás del respaldo, y por si fuera poco, te han puesto una cuerda más que une tu cintura con el respaldo. Se han tomado bastantes molestias para que no puedas escapar. O no de manera sencilla al menos. Igual no han pensado en que podrías ser Asradi Houdini. Sería un pasote eso, ¿no?

El segundo hombre es quien más llama tu atención. Lo reconoces como el otro tipo que os ofreció chupitos. Ahora, con el rostro menos relajado y una postura más tensa, parece mucho menos amigable. Observas cómo da cada paso de una manera segura, y entonces, recibe una llamada. Lleva un Den Den Mushi de muñeca, y hace una seña al otro tipo para que vaya hasta él. Antes de contestar, cierra la puerta que separa la habitación en la que te tienen de otra en la que ellos están. Pero en ese último momento, algo llama tu atención. En su muñeca se puede ver un Den Den Mushi lo suficientemente llamativo como para entender por dónde van los tiros.
Con la puerta cerrada, ya no consigues escuchar nada.

El Den Den Mushi

Mapa

Cosas
#31
Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
Personaje


Claramente, el embarazo o el principio de, estaba afectando a Airgid. La rubia, que se movía sabe dios con aquella pata tan estilizada, llegó hasta la puerta del baño, rompiendo seguramente el bonito momento que estarían viviendo el héroe y la sirena. — No me gusta que coma y no deje comer. Deja que se coman, mujer. — Quiso susurrar, pero solo lo pensó. Aporreó la puerta del baño, mencionando unos códigos extraños que a Ragn le sonaban a chino. No le hizo mucho caso.

Escuchó el sonido tan particular que la bestia que estaba a su costado emanó. Cómo se había trastocado el viaje para terminar de compañero con una bestia marina como una torre de alta, que desprendía entre terror y cierta amabilidad. Uno podría imaginar que siendo "tan especial" tendría algún condicionante en el habla, pero que va, el hijo de mala madre hablaba mejor que el Buccaneer. Una tarea pendiente para septiembre. — Eso mismo serrr. — Contestó a Umi, sonriendo. Era una sonrisa picarona, tan solo le faltó hacer un círculo con dos dedos y meter uno por el agujero. Todo muy fino.

El silencio que expandió el monstruo marino se rompió de cuajo con los gritos de Ubben. Ragn, que tenía un dominio muy privilegiado, pero con muy poca práctica del mantra, cerró los ojos durante un par de segundos. Los suficientes como para notar que sus compañeros, su familia, estaban en peligro. Esto le trastocó completamente. ¿En peligro? ¿En Oykot? El vikingo liberó un pequeño gruñido mientras avanzó un par de pasos hacia delante. Clavó sus azules ojos en la madera que estaba bajo sus pies. — Asrra estarrr abajo. — Avisó, por si acaso. No hacían falta palabras, Ubben estaba pidiendo ayuda detrás de la puerta y la presencia de Asradi no estaba junto a el. Airgid y Umi deberían encargarse de ayudar al héroe, mientras que Ragn iría en busca de Asradi. ¿El problema? bueno, los posibles desperfectos. Como si estuviera ejercitándose, elevó su puño derecho y este comenzó a vibrar con intensidad. Algunas copas cercanas cayeron al suelo, pues las vibraciones iban aumentando.

¡Buto! — Gritó. Golpeando el suelo con no mucha fuerza, pero suficiente. Con esto buscaría literalmente reventar toda la madera en el área necesaria. No le importaba la taberna, las tabernas se pueden reconstruir, pero la vida de un compañero bien merecía ese mínimo pago. Además, el Buccaneer ni siquiera lo pensó un segundo.

Buto
HAS301
HASSHOKEN
Ofensiva Activa
Tier 3
13/10/2024
36
Costo de Energía
2
Enfriamiento
El usuario buscará propinar un poderoso y certero golpe descendente contra su víctima buscando aplastarlo contra el suelo aplicandole [Derribo] , expandiéndose dicho impacto dos metros alrededor del usuario por las ondas generadas.
Golpe Básico + [FUEx2,6] de [Daño Contundente]

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#32
Asradi
Völva
Personaje


Poco a poco la neblina que opacaba su mente iba disipándose y, con ello, también las náuseas. Ya iba discirniendo olores y sonidos. Sobre todo voces. Asradi alzó levemente la mirada, contemplando a su alrededor. Lo primero que vió fue a un par de tipos, uno con una bata blanca, y el otro que sí reconoció como el que les dió los chupitos. ¿Había sido la bebida, entonces? ¿Qué intenciones tenían para con ella? Aunque, a decir verdad, seguramente fuese lo de siempre.

¿Los demás se habrían dado de cuenta? Sí, juraría haber escuchado el grito de Ubben, ahogado probablemente por la estructura de donde se encontraba. Pero era él. El peliblanco jamás la dejaría tirada, tenían algo muy en común que compartían, para bien y para mal. Y también Umibozu. Y Airgid y Ragn.

Mantuvo total y completo silencio, analizando la situación. Estaba atada de cola y manos, literalmente. Intentó mover las manos y las muñecas para tratar de aflojar las cuerdas poco a poco y de manera disimulada. De reojo vió el bisturí en la mesa donde se encontraba el resto de instrumentos. Si pudiese alcanzarlo...

Pero temía que la pillasen. Por fortuna, los hombres se habían ido a cuchichear a otra habitación aledaña. Antes de hacerlo, la sirena pudo ver el Den Den Mushi que estaban utilizando para hacer la llamada. Un caracolófono del Gobierno. Suspiró hastiada ya. Estaba ya hasta las escamas de aquella gente. Y si el Gobierno estaba metido por medio, suponía que aquel desgraciado también lo estaba. O, al menos, parcialmente. Lo que le dolía era que, después de ayudado a Oykot, les sucediese eso. Aunque no toda la gente tuviese la culpa.

Tengo que salir de aquí... — Musitó. Podría gritar, pero eso alertaría a los tipos.

Volvió a mirar de reojo hacia la mesa. Hacia el bisturí. Lentamente fue intentando arrastrar la silla hacia dicho lugar, acortar las distancias. Manipulando poco a poco el movimiento del mueble, junto con el de su cuerpo atado, hasta llegar y poder alcanzar, con torpeza todo sea dicho, el instrumental afilado. Se cortó ligeramente cuando logró alcanzarlo, aún con las manos atadas a la espalda, y lo manipuló lentamente (intentando que no se le cayese), para tratar de comenzar a cortar las cuerdas que le ataban las manos y muñecas.

De conseguir esto, seguiría con el resto de ataduras.

Al menos, en eso estaba cuando, de repente, sintió una potente vibración provenir del techo. O, en todo caso, de lo que vendría siendo el suelo del bar. Asradi abrió los ojos como platos. ¿¡Qué era lo que estaban haciendo!? Porque podía sentir las presencias de su grupo arriba.

No se les ocurrirá... ¿verdad? — Con el tamaño de Umi y Ragn eran muy capaces, en su cabecita, de tirar aquello abajo.

Apretó los labios y procuró apresurarse en intentar soltarse.

Resumen

Virtudes y Defectos

Inventario
#33
Airgid Vanaidiam
Metalhead
La calma había arrasado el local gracias al poder de Umibozu, lo que le dejaba a Airgid un ambiente mucho más apacible para pensar. Le encantaban los rompecabezas, los puzzles, los desafíos, y la rubia veía en aquella nota algo que esperaba ser descifrado, algo que igual resultaba ser una chorrada, pero ya el mero desafío era suficiente como para entretenerla un buen rato. Aunque empezaba a preocuparse de que Asradi no respondiera a sus múltiples intentos de hablar con ella, llamándola y golpeando a la puerta con fuerza. A ver, si estaba teniendo alguna urgencia o problema femenino, se lo podría decir sin problema, Airgid no juzgaba esas cosas, para algo eran las dos mujeres del Escuadrón... lo cierto es que ignoraba por completo que Ubben había entrado al baño con ella, así que cuando escuchó la voz del peliblanco llegar desde el otro lado, con aquellos desgarradores y dolorosos gritos, la mujer se quedó en blanco.

No sabía lo que estaba pasando, qué clase de ataque podría haber sufrido para gritar de esa manera, y a pesar de lo impactante de la situación, Airgid reaccionó rápido. Ahora la nota no importaba en absoluto, uno de los suyos estaba en peligro. Se guardó el papelito entre los pechos, bien oculto, y trató de abrir la puerta. — ¡¿UBBEN!? ¿¡Qué te pasa!? — Era inútil, la puerta estaba completamente cerrada, forcejeó un poco con ella, tratando de forzar la entrada, hasta que escucho las siguientes palabras de su compañero, más dificultosas, repitiendo una y otra vez "sushi, lavabo, secuestro, veneno". — ¡Asradi! — Concluyó enseguida, recordando el disfraz de sushi que se puso la sirena para la boda de Tofun y Gertrudis. — ¡La han secuestrado! Y veneno, dice algo de un veneno. ¿Las bebidas? — Compartió su mensaje con los demás, preguntándose a sí misma si había sido el alcohol que les habían ofrecido lo que había dejado a Ubben en aquel estado. No había llegado a fijarse en si el peliblanco había bebido o no. Notó cómo Umibozu se había acercado a ella, completamente alertado. Airgid tenía la preocupación pintada en la cara, pero al girarse para mirar a su compañero, decidió dejar la puerta y hacerse a un lado. Él era indudablemente más fuerte que ella, si alguien podía tirar esa puerta abajo era él, o Ragnheidr. Aunque en realidad ella también podría haberla tirado si se hubiera esforzado un poco más, pero... sintió algo de miedo. Ahora estaba embarazada, no podía seguir tomando decisiones sin pensar en las consecuencias, lanzándose al peligro con los brazos abiertos, porque ahora había una pequeña personita cuyo bienestar dependía de ella.

Habiéndose apartado un poco de la puerta, activó ella también su haki de percepción. Aún no lo tenía del todo entrenado, por lo que a pesar de que alcanzaba una buena área, no distinguía del todo las energías que sentía, convirtiéndose en un poco caótico cuando había varias demasiado juntas. Pero conocía las auras de sus compañeros, lo que le hizo notar a la de Ubben efectivamente, dentro del baño, y a la de Asradi... ¿bajo tierra? Ragnheidr lo confirmó, tenía aquel poder más desarrollado que ella. Pero sí que pudo notar entonces las intenciones del vikingo. Sin decir nada, se apartó un poco más, dejándole espacio para que actuara, para que reventara el suelo de la taberna. ¿Era caótico? Sí, y era la solución menos sigilosa del mundo, pero cuando dos de los suyos estaban sufriendo, debían actuar rápido y brutal, atacar de raíz.

Dejando sitio para que los dos hicieran lo suyo, Airgid llevó sus manos a la mochila, en su espalda, alcanzando sus armas. Se colgó la minigun al hombro derecho, el bazooka en el otro brazo, y guardó las dos granadas que tenía en los bolsillos de su pantalón. No sabía con qué se iban a encontrar, con quién, lo que le hacía morderse la lengua con nerviosismo y preocupación, pero la rubia estaría preparada para cualquier cosa.



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Inventario

VYD

Técnicas

Stats actualizados
#34
Umibozu
El Naufragio
Rag hizo un comentario al respecto de la situación, confirmando lo mismo que yo había pensado, sin embargo el chascarrillo duró poco. Los gritos de Ubben y las siguientes palabras de mis compañeros me desconcertaron tanto como preocuparon. ¿Asradi estaba debajo tierra? Hasta dónde sabía las sirenas nadaban en agua, no en tierra firme. ¿Cómo sabían dónde estaba? ¿La acompañaba alguien más? Por la premura en que Rag golpeó el suelo entendí que debía estar en peligro. Sin pensarlo dos veces di un fuerte manotazo con la mano izquierda a las paredes que formaban el baño. Lo hice con un movimiento de barrido horizontal, a media altura para evitar aporrear a Ubben en la cabeza y de izquierda a derecha. Buscaba destruir el baño y lanzar escombros y restos a un lado del local sin importarme lo que les pudiera pasar a los niñatos que estaban ahora desmayados o paralizados.

Acto seguido asomaría la cabeza por encima del baño buscando a Ubben con la mirada y lo tomaría con la misma mano que acababa de golpear. De encontrarlo y poder tomarlo lo sacaría por encima de lo que ahora sería las paredes a media altura y que debían estar abiertas al resto de la taberna. A continuación miraría el resultado del golpe de Rag. Intuía que difícilmente cabría por la apertura, si es que había alguna. Me planteé la posibilidad de golpear para hundir el suelo, pero eso seguramente haría colapsar la estructura y no quería hacer puré de sirena. La opción estaba ahí, por lo que no pasaba nada por esperar antes de actuar. Las membranas del cuello aleteaban furiosas y descontroladas, presas del nerviosismo. Quería ayudar a mi compañera, pero obrar de manera impulsiva podría ser más perjudicial que productivo. Además, éramos un equipo y debía confiar en el buen hacer del resto de mis compañeros.

Miré al tabernero. Si como habían comentado habían envenenado la bebida, él debía saber algo. Tras encontrarlo lo miré furioso - ¿Qué había en la bebida-lurk? ¿Cómo lo curamos-lurk? – en la voz no había urgencia, ni premura, sino una rabia contenida que provenía de lo más profundo del mar - ¿Quién ha sido y porqué lo habéis hecho-lurk? ¿Dónde está la sirena y quiénes la han raptado-lurk? – Debajo de esa calma no había paciencia alguna. Las preguntas habían sido claras, directas y concisas y esperaba unas respuestas acordes a las mismas.

Aclaraciones

Resumen

VyD

Técnicas y Stats

Cool Down

Inventario

#35
Ubben Sangrenegra
Loki
La preocupación en la voz de la rubia ante las palabras del peliblanco fue la chispa que encendió la polvora. Ubben pudo percibir, a través de su haki, cómo Rag, sin perder tiempo, lanzaba un feroz ataque al suelo en dirección a donde sentía la presencia de la sirena, intentando abrirse paso de manera directa y brutal. Airgid, mientras tanto, se movía, apartándose de la puerta del baño para no ser un obstáculo. Umi, comenzaba a tomar medidas drásticas para sacar al peliblanco de allí. El peliblanco podía sentir cada movimiento de sus compañeros, como un mapa vivo que se desplegaba en su mente. Era todo lo que le quedaba. 

Con los ojos cerrados, el bribón de ojos dorados trataba de asimilar lo que ocurría, pero cada intento de recuperar el control se veía frustrado por la pesadez que seguía aferrándose a su cuerpo. Una cálida humedad corrió por su rostro desde sus ojos, algo que al principio atribuyó a sudor o tal vez lágrimas. Movió una mano con esfuerzo, limpiándose lo que corría por su piel, pero cuando “abrió” los ojos para inspeccionar sus dedos, la realidad lo golpeó como un puñetazo en el estómago. Nunca tuvo los ojos cerrados. 

El vacío lo rodeaba, un abismo negro que no cedía a ningún parpadeo. La conclusión se clavó en su mente como una daga helada... estaba ciego. —Estoy ciego...— murmuró con una rabia en la voz, la cual a su vez sonaba quebrada por el miedo. La frase se le escapó de nuevo, esta vez más alta, mientras Umi lo levantaba en su inmensa mano. —¡Me dejaron ciego!— gritó, con la voz inundada en pánico, dejando clara lo profundo de su desesperación. 

Su respiración se aceleraba peligrosamente, cada inspiración cortando el aire como si fuera la última. —¡Recién podía ver!— exclamó con su voz temblorosa, mientras el vacío lo consumía —¡Ahora todo está negro!—  La hiperventilación se apoderó de él rápidamente. Su pecho subía y bajaba descontroladamente, buscando aire con una urgencia que rozaba lo insoportable. Los dedos de su mano comenzaron a moverse frenéticamente, golpeando su pulgar de manera compulsiva como si ese acto desesperado pudiera devolverle algo de control. Su pierna derecha comenzó a sacudirse sin ritmo, un reflejo ansioso que hablaba de lo fracturado que estaba su cabeza en ese momento. 

¡Un antídoto!— jadeó com la voz rota y entrecortada mientras la tos lo sacudía. La tos terminó manchando sus labios de rojo, y sentía el sabor metálico de la sangre, lo cual solo alimentaba su pánico. —¿Alguien tiene un antídoto?— Sus ojos, abiertos pero inútiles, parecían buscar algo en la oscuridad, moviéndose de un lado a otro de manera desesperada. Sangraban todavía, dejando un rastro que convertía su rostro en una visión escalofriante, casi de ultratumba. —Le di el que tenía a Asradi...— continuó, con su voz quebrándose aún más al mencionar a la sirena, por la frutración que ello le causaba —¡Díganme que alguno tiene un antídoto!— No podía percibir correctamente su entorno, y su cuerpo seguía siendo un traidor. Todo esto, para un hombre que vivía de su control y de su percepción, era una pesadilla hecha realidad.


Resumen
Relevantes
#36
Raiga Gin Ebra
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El exterior de la taberna es un caos natural casi de las mismas dimensiones que el que se está produciendo ahí arriba. La tormenta ha estallado con furia desmedida, y el sonido de los truenos retumba incluso dentro del edificio. El agua golpea con fuerza el tejado y las ventanas, como si quisiese abrirse paso por ahí. Y quién sabe, si sigue con esa energía... Igual lo consigue. El viento se filtra por cada rendija, trayendo consigo ráfagas húmedas y frías. Las luces de los relámpagos iluminan brevemente el interior, revelando los cuerpos inconscientes o paralizados de los asistentes al bar, esparcidos como marionetas rotas en un teatro improvisado.

Aunque hay que decir que dentro, el ambiente es aún más tenso.





Ragn, tus instintos no te fallan. Sientes con claridad la presencia de Asradi debajo del suelo, y con un rugido liberado desde lo más profundo de tu pecho, descargas un potente golpe sobre las tablas del suelo. La vibración resuena por toda la estructura, y las viejas maderas no son rivales para tu fuerza. Un crujido ensordecedor llena el espacio mientras un enorme agujero se abre bajo tus pies. Ese subsuelo donde están ocurriendo cosas está hecho de un material más compacto, pero no es rival para tu golpe. Aunque en un principio el agujero parece grande, poco a poco se va haciendo más pequeño debido a la resistencia de este material.

El acceso es estrecho para alguien de tu tamaño, no creo yo que esto te frene ahora, ¿no? A duras penas, lograrías descender, encajándote por momentos entre los bordes de la abertura. Si decides descender, caerás a cuatro metros de la sirena, quien, aunque todavía parece atada, está claramente luchando por liberarse.

El ambiente en el subsuelo es opresivo. La luz es tenue, proyectada por una lámpara de aspecto clínico que se balancea ligeramente por la vibración de tu entrada. El espacio está impregnado de un olor a productos químicos.

Antes de que puedas analizar la situación, la puerta al fondo del cuarto se abre muy ligeramente, y cuatro objetos son lanzados al interior.



Asradi, tu lucha contra las ataduras ha sido intensa. Las cuerdas se clavan en tus muñecas, y aunque el bisturí está al alcance de tus dedos, el esfuerzo por manipularlo te cuesta un par de cortes en la mano que hacen que brote un hilillo de sangre. Son heridas superficiales, pero el ardor te recuerda que cada movimiento cuenta. Finalmente, consigues liberar tus manos, y aunque estás trabajando en las cuerdas que atan tus pies, tu atención es captada por el estruendo de algo golpeando el techo.

Cuando levantas la vista, lo primero que ves es un agujero, y puede que veas el cuerpo de Ragn si es que éste se lanza al subsuelo. Pero claro, eso no es lo único que ves. Un par de piedras te golpean, y una de ellas en concreto te hace bastante daño, lo hace a la altura de la espalda y notas un punzante dolor ahí. La verdad es que estar atada a una silla pone bastantes problemas a una esquiva en condiciones.



Arriba, Airgid, el aire que respiras comienza a volverse extraño. Aunque no percibes ningún olor, una ligera presión en tu pecho te indica que algo no está bien. Tu corazón late con fuerza, y un leve mareo comienza a invadir tu mente. Las palabras de Ubben, aunque puedan parecer confusas, te mantienen centrada en la gravedad de la situación. La visión de su rostro ensangrentado y sus ojos abiertos pero ciegos es algo que podría impactar a cualquiera. Está claro que él también está sufriendo los efectos de algo más que pánico.

No sé qué decisión querrás tomar. Por un lado podrías bajar y dar apoyo a Asradi y Ragn si es que lo necesitan, y por otro, podrías ayudar a Ubben con la información que acaban de darle a Umibozu. Pero en cualquier caso... Te sientes ligeramente mareada.



Umibozu, tu golpe ha destrozado por completo las paredes del baño, dejando al descubierto el cuerpo de Ubben. Tremenda hostia, por cierto. No era necesario abusar, que lo sepas. Lo levantas con cuidado, y aunque su estado es alarmante, la claridad de su voz te permite entender al menos parte de lo que intenta comunicar. Sus palabras sobre veneno y un antídoto llaman tu atención, pero el tabernero, medio consciente, no te ofrece mucho más. A pesar de su evidente desorientación, confirma que alguien pagó por las botellas y se las llevó, pero que no sabe nada de ningún veneno. Te dice que detrás de la barra, cerca de las botellas de alcohol, hay un botiquín, quizá os haga falta. Pero no tiene más información útil antes de volver a caer en un sueño profundo.

Al igual que Airgid, tienes dos frentes abiertos. Por un lado, el de Ubben y por otro el caos que comienza a desatarse abajo. Desde tu posición, puedes sentir el impacto del golpe de **Ragn**, y la vibración del suelo te hace pensar que algo importante está sucediendo.



Ubben, tus sentidos son un torbellino de confusión. Aunque no puedes ver, la percepción de las luces te da un vago consuelo, como un recordatorio de que tus ojos no están completamente desconectados. Sin embargo, el sabor metálico de la sangre en tu boca y la sensación de parálisis continúan atormentándote. Madre mía, en todos sitios hay un tío que es el penas del grupo, y esta vez te ha tocado a ti. El eco de las acciones abajo llega a ti a través de tu Haki de Observación. Percibes las presencias de Asradi, Ragn, y las dos figuras hostiles que previamente habías detectado.

Tu mente lucha por mantenerse enfocada, pero la presión en tu pecho y el temblor de tu cuerpo son señales de que el veneno sigue haciendo efecto. Necesitas ayuda, y rápido.



En el subsuelo, los cuatro objetos lanzados son ciertamente peligrosos. El primero crearía una explosión de humo que llenaría rápidamente la sala, cubriendo todo con una densa neblina gris. No tengáis miedo, este no sería tóxico. La segunda detonación sería de luz, y cegaría momentáneamente cualquier visión que pudiera quedar, y las dos granadas finales, son dos explosivas que sacudirían la habitación, desordenando todo a su paso.

¿Confío en vosotros, seguro que podéis salir de esta. Pero claro, qué estarán preparando esos dos tipos?

La tormenta continúa rugiendo arriba, y el subsuelo se convierte en un campo de batalla improvisado. Todo parece indicar que este enfrentamiento apenas comienza.
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Cosas
#37
Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
Personaje


El impacto es fuerte. El temblor que recorre el brazo de Ragn, es traspasado a todo lo que le rodea, dando un tembleque a la madera hasta que se revienta bajo sus pies. Es un golpe seco, potente, suficiente como para abrir un hueco en la preciada taberna de un buen amigo. Si Tofun viera lo que acababa de hacer ... Bueno, capaz era de invitarle a una ronda, el enano estaba loco. El sonido de la tormenta se filtraba a través de las paredes. Las tormentas siempre ocupaban un espacio importante dentro de los momentos determinantes, Nosha era muy juguetona con ello, como todos los dioses existentes. — ¡Asrrradi! — Gritó, liberando un poderoso sonido al tiempo que poco a poco iba pudiendo ver lo que tenía delante. Todo el cuerpo del vikingo se volvió gas, saltando el problema del espacio entre él y Asradi.

Su cuerpo se volvió sólido al entrar en aquella sala tan densa y oscura. Como si de un puente al más allá fuera, el colgante de Ragn se iluminó, dando luz en una gran área. Además, con el mantra localizar exactamente la posición de la sirena tampoco era un gran problema. — ¡Te veo! — Ladró al contemplar su cuerpo malherido. Avanzó lo suficiente como para poder ponerse frente a ella. Pero poco más. Lo que vino después le pilló completamente desprevenido. Primero humo, después una luz cegadora que se comió de pleno. Ragn abrazó el cuerpo de Asradi para intentar evitar que fuera lo que fuera impactara en él y no en ella. Algo que sucedería después.

El cuerpo del Buccaneer recibió de pleno los bombazos, en su espalda. Utilizó todo el cuerpo para cubrir cualquier posible daño a su compañera, pero él no era de hierro. Colocó una rodilla en tierra firme, con la diestra intentó alcanzar su espalda (donde habrían impactado las bombas, es decir es el área del cuerpo que se vería afectada). Sentía que le ardían, incluso notaba algo muy desagradable que conocía cualquier persona con un mal pasado con el fuego.

Su carne quemándose.

Tenerr que salirr de aquí. Ubben nessesitarr tú habilidad ... — El vikingo sentía el cuerpo arder, además, no veía nada en absoluto, se estaba guiando completamente por el haki.

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#38
Asradi
Völva
Personaje


No se detuvo. Ni aún sintiendo los lacerantes cortes que se hacía, de vez en cuando y de manera irremediable en sus manos y muñecas, a medida que iba rasgando las cuerdas, se detuvo. Tenía que salir de ahí cuanto antes. Tenía que dar aviso a los demás de alguna manera. Todavía no sentía que su voz estuviese recuperada del todo, pero sabía que iba a mejor. El ceño de Asradi permanecía fruncido y soltó casi un suspiro de alivio cuando, finalmente, logró deshacerse de las ataduras de sus muñecas y manos. Sentía, aún, los hilos de sangre corriendo por las mismas, pero no le tomó importancia. No en ese momento. Continuó con las ataduras de su cola y, fue ahí donde comenzó a notar un ruido que no le gustó nada.

No serán capaces... — Pero sí, sí eran capaces. Sobre todo viniendo de los dos grandullones. Y era una situación apremiante, no podía culparles. De poder, ella haría exactamente lo mismo si estuviese en el lugar de ellos.

Asradi se apresuró en soltarse las cuerdas de la cola, justo cuando todo se vino abajo con un potente estruendo. Un quejido y una exclamación se escaparon de entre los labios de la sirena cuando todo se vino abajo. Vió a Ragnheidr de refilón, antes de que la oscuridad volviese a copar el ambiente.

¡Ugh! — Le pilló tan de sorpresa que, para cuando intentó moverse un poco, lo había hecho tarde. Algo cayó sobre su espalda. No supo dilucidar si era una roca, un trozo de madera o qué exactamente. Pero su espalda crujió de manera dolorosa lo que le hizo encogerse por lo mismo.

Debido a esto, Asradi perdió aire durante unos pocos segundos, luego boqueando para tratar de recuperarlo. La espalda raspada y golpeada ahora estaba manchada también de sangre y un moratón no tardó en salirle. Era un milagro que no tuviese nada roto en ese momento. Pero la contusión había sido notoria. La sirena se sostuvo ligeramente sobre sus manos y, parcialmente, sobre su cola cuando intentó erguirse. Los brazos, temblorosos, hicieron el esfuerzo por mantenerla erguida.

Ragn... — Musitó, entre alguna tos por el polvo y la tierra levantada. Era una mezcla de urgencia y de alivio al mismo tiempo.

Pero no hubo momento para explicarle, para apurarle. De repente fue el propio cuerpo del Buccaneer el que sirvió de escudo para ella y para el par de explosiones que se sucedieron. Por inercia, el cuerpo de la sirena se acurrucó en el contrario cuando el suyo fue abrazado de manera protectora. Todavía sentía parcialmente el efecto de aquella explosión cegadora.

¡Ragn! ¿Estás...? — ¿Eso era aroma a carne quemándose? Los ojos de Asradi se abrieron de par en par y, cuando pudo alzarse un poco, lo vió. Escuchó al rubio, claro que sí, pero... — Espera, ¡espera! No te puedo dejar así. Iremos ahora a por Ubben, pero dame... Solo dame dos minutos. — Fue lo único que le pidió.

Ahí no podía hacerle un tratamiento como era debido, primero tenían que salir de ese lugar. Pero al menos...

No veía demasiado, pero podía sentir el calor del cuerpo del vikingo. Llevó primero ambas manos por la piel contraria, la que no había sido dañada. Acarició los hombros y continuó hacia la parte superior de la espalda. Los dedos de Asradi se contrajeron de inmediato en cuanto llegó a la zona realmente problemática.

No te muevas. — Murmuró, consciente de que Ragnheidr le estaba escuchando.

Asradi se apuró todo lo posible. Por fortuna, parecía haber una tormenta fuera, y ese interior albergaba bastante humedad. Reunió toda la posible entre sus dos manos, todavía sin separarse del rubio. Poco a poco, fue una esfera de agua la que se conformó y que, de manera muy suave, y todo lo delicadamente que pudo, dejó caer sobre la amplia y, ahora, quemada espalda de Ragn, dejando que una cortina de agua fresca bajase por la carne quemada. No sería suficiente, pero era lo que podía hacer ahora mismo por él. Esperando no solo que le aliviase un poco, sino que pudiesen salir de ahí.

Ya está, vamos a por Ubben. Tenemos que salir de aquí y tengo que trataros a ambos. — Y a los demás si también estaban heridos.

De hecho, también debería hacerlo con ella misma, pues todavía notaba el escozor en su espalda y sus manos todavía estaban manchadas de su propia sangre. Pero los priorizaba a todos ellos antes que a sí misma.

No te voy a dejar aquí, vámonos. — Fue la sirena quien le tomó de la mano. — Necesito que me ayudes. — En realidad lo que pretendía era animar o convencer al vikingo de que ambos saliesen de allí, fuese como fuese. — Ubben nos necesita, yo te necesito para llegar con él.

No estaba dispuesta a dejarle allí. No después de que le hubiese protegido con su propio cuerpo. Tras haberle convencido, ambos lograron regresar con el resto a través del mismo agujero por donde Ragn había aparecido. Y también si alguno de los demás les ayudaban al respecto a subir.

Una vez de nuevo arriba, y en tierra firme, Asradi buscó a Ubben de manera incesante con la mirada. Cuando lo encontró, se le encogió el corazón.

Estoy aquí, Ubben, estoy aquí... — Notó que su amigo tenía los ojos abiertos, pero estaba en pánico, como si no viese nada. Lo primero que hizo Asradi, fue examinarle, percibiendo poco después que le habían envenenado.

La misma sospecha que el peliblanco había tenido en el baño y por eso le había dado su antídoto a ella. Por fortuna, la sirena tenía otro de sobra. Aunque fue una pequeña llamada de atención de  Umi la que le hizo mirar detrás de la barra. El wotan le señalaba un botiquín ahí que cogió de inmediato y regresó al lado de Ubben.

Bebe despacio, te pondrás bien. Respira. — Susurraba de manera suave y tranquilizadora mientras le daba de beber el antídoto que le quedaba y procedía a buscar más remedios en el botiquín, creyendo encontrar otro antídoto más potente que también le administró a Ubben. Al mismo tiempo, miró un segundo a los demás. — Creo que venían a por mí, aunque no estoy segura... — Apretó los dientes, sintiendo que su corazón se encogía por la culpa. — Han hecho una llamada desde un Den Den Mushi del Gobierno. No sé a quien exactamente. — Musitó, mientras fruncía el ceño. — Lo siento...


Asradi ha consumido Antídoto T1. Cantidad restante: 0

Antídoto T1
Antídoto T1 (AT001)
Antídoto básico y de baja calidad, con eficacia limitada y efectos secundarios comunes como dolor de estómago, nauseas, o problemas intestinales. Este antídoto puede neutralizar venenos muy simples y poco potentes, pero su acción es lenta y no siempre confiable. Viene en una pequeña botella de vidrio con una etiqueta apenas legible. Es útil en situaciones de emergencia para ganar tiempo, pero no se recomienda para venenos graves. Ideal para aquellos que no tienen acceso a mejores soluciones y necesitan una defensa básica contra envenenamientos leves.
Reduce de tier 1 a tier 0.
Fármacos - Tier 1



Esas dos últimas palabras las dijo casi en un hilo de voz. Los había puesto en peligro de manera indirecta. El miedo que siempre había tenido se estaba cumpliendo. El de implicar a otros, que nada tenían que ver, con lo que a ella le perseguía. Porque estaba dando por hecho de que se trataba de esa persona.

Técnicas utilizadas y cositas

Resumen

Virtudes y Defectos

Inventario
#39
Umibozu
El Naufragio
El tabernero en shock o vete tú a saber consiguió articular ligeramente unas palabras sobre un botiquín detrás de la barra y poco más. Ignoraba si me estaba mintiendo o no, pero no tenía tiempo para descubrirlo. La situación era crítica y no podía perderme en esos menesteres. Debía ser práctico. Tomé le botiquín, junto con todo lo que había alrededor con la mano libre. Tratar de tomar únicamente el botiquín con la diferencia de tamaño habría sido una pérdida de tiempo.

Mientras tanto la vibración del suelo me indicó que el vikingo había conseguido abrir un hueco en el suelo también. Asradi parecía estar secuestrada debajo. La última vez que la había visto había sido en el baño, por lo que debía haber algún pasadizo o elevador oculto en él. El estómago empezaba a darme retortijones. Sin pensarlo dos veces di un golpe contra la pared de la fachada en la que se encontraba el baño y, acto seguido, otro hacia el suelo. Con aquello pretendía dos cosas. La primera era hacer un agujero que permitiera la entrada de aire al local y dispersara el veneno. Con el segundo golpe impedir que se pudiera usar de nuevo el elevador por si acaso había más pisos por debajo y conseguir un espacio relativamente grande al piso inferior. Tendríamos la ventaja de la altura. También al comunicar ambos pisos el espacio por el cual el veneno podría circular sería mucho mayor, por lo que dudaba que hubiera cantidad suficiente para afectar al resto. O quizás hasta envenenar también a los secuestradores, ¿quién sabía? También con aquello buscaba destrozar cualquier artilugio que estuviera liberando veneno, si es que estaba en el baño, aunque el hecho de ser ese el principal foco me daba a pensar que sí. Que efectivamente ahí estaba la fuente del veneno.

Desde mi posición pude escuchar las explosiones de abajo lo cual me hizo saltar todas las alarmas. - ¡Asradi-lurk! ¡Rag-lurk! – las membranas del cuello comenzaron a aletear furiosas confundiéndose su sonido con el del viento exterior. No me había percatado que hasta ese momento habían estado en calma, como si hubieran esto conteniendo el aliento o se hubieran visto afectadas por el veneno. Como fuera, ya estaban de vuelta - ¿Estáis bien-lurk? – grité para hacerme escuchar por encima de la tormenta en todo el local, en ambos pisos.

Cuando Asradi y Rag estuvieron de nuevo con nosotros, este segundo muy mal herido, le dije a la sirena que parecían haber sido envenenados y le acerqué tanto al bribón de ojos dorados, como el botiquín que había tomado. Escuché también sus palabras acerca de sus captores. Sentí la furia rugir en mi interior, pero conseguí contenerme. Miré a todos los presentes del local, desafiante, listo para atacar al primero que osara acercarse más de un paso a nosotros. Mientras estuviera allí, nadie volvería a herir a mis compañeros.
Aclaraciones

Resumen

VyD

Técnicas y Stats

Cool Down

Inventario

#40


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