Aspirante
345 Reputación
Perfil
238.800.448
954 / 954
495 / 495
225 / 225
Asradi
Völva
10-01-2025, 09:21 PM
Personaje
Estadísticas de Asradi:
57 FUE | 35 RES | 45 DES | 58 PUN | 7 AGI | 53 REF | 45 VOL | 0 CA
Vitalidad: 954
Energía: 495
Haki: 225
Nivel: 12
Asradi se mordisqueaba el labio inferior de vez en cuando. No por el hecho de estar concentrada, obviamente, intentando tratar las heridas más graves de Ragn, sino por todo lo que estaba escuchando de fondo y de manera secundaria. Procuraba no perderse mucho detalle de las palabras de Testament, pero el hecho de que mencionase el Norte había provocado que la espinita que la sirena tenía, se clavase un poco más. Porque le venían recuerdos del North Blueh, precisamente, de su hogar. De lo que había tenido que dejar atrás debido a los Dragones Celestiales. Y, aún con esa zozobra en su cabeza y en su ser, su mirada no se apartaba en ningún momento de la espalda del rubio. No era gran cosa lo que estaba pudiendo hacer ahora mismo por él, no tenía los medicamentos necesarios y ese no era el mejor lugar tampoco, en cuanto a saneamiento para tratarle. Sin mencionar la tormenta que sacudía el exterior.
— Ragn, espera, todavía no estás... — Asradi suspiró cuando vió que el buccaneer se ponía en pie. Todavía no estaba en condiciones de moverse demasiado, al menos a ojos de ella. Pero era consciente de lo orgulloso que era. Hombre y vikingo, no había nada más que decir al respecto. Pero ese hombre había dado su vida por ella. Y quizás la respuesta de la sirena había sido más sentimental que inteligente o calculadora teniendo en cuenta la situación en la que se encontraban, pero no estaba dispuesta a ocultar eso.
Le contempló en silencio, básicamente como médico. Parecía moverse medianamente bien, pero aún así no le iba a quitar el ojo de encima. Ubben era el otro que también le preocupaba. Aunque le veneno ya había sido neutralizado, la sirena se aproximó al susodicho mientras Testament hablaba. Contempló como a Ragn y a Umi le eran entregados unos papeles, pero apoyó la mano en el bribón de ojos dorados, a modo de apoyo silencioso, para cuando llegó a su lado. No era tanto el estado físico, que también, el que le preocupaba, sino más bien el emocional. Entre ellos dos había una conexión y una confianza mutua que Asradi agradecía y quería proteger a toda costa. Por eso, cuando le miró, le dedicó una sonrisa muy suave, agradecida también.
En realidad, estaba agradecida con todos. Eran la otra familia que ella había escogido, por así decirlo.
Para cuando cada uno recibió su recado, por así decirlo, específico, y luego Testament abandonó el lugar, la sirena suspiró. Incluso casi se dejó caer sentada en una silla cercana. Sentía la adrenalina y los nervios correrle a mil por hora después de todo lo que había sucedido. Y todavía había varias cosas, al parecer, entre manos.
— Siento haberos metido en este problema. — Aunque era consciente de que, en realidad, no era tanto culpa suya, sentía que debía extender esa disculpa. — Pero lo de ese tal Testament... — Acto seguido miró a Ragn, a Ubben y a Airgid. Pisarro les había dado unos nombres y una ubicación que, probablemente, debiesen tener en consideración.
Libertalia, no le sonaba. Pero pareciese ser un destino importante.
— ¿Vamos a ir? — Preguntó, al aire, aunque en realidad a todos.
Probablemente, solo ahí tuviesen ciertas respuestas.
Resumen
Tras terminar de tratar a Ubben, le da un par de contestaciones a Testament, pero se centra en intentar curar o, al menos, tratar las heridas y quemaduras de Ragnheidr.
Virtudes y Defectos
Afinidad Animal: Tendrás facilidad para tratar con animales y que algunas criaturas salvajes no te ataquen.
Belleza: Tu personaje es físicamente atractivo, lo que puede crear situaciones favorables para ti.
Carisma: Tienes carisma para facilitar situaciones sociales en tu favor, lo que puede crear tramas más fácilmente o librarte de problemas.
Fortaleza al frío: Tienes un +15 a [Resistencia] para soportar los efectos del Frío. No combinable con Debilidad al Frío.
Alergia: Padeces una alergia a un compuesto poco común a tu elección, te produce tos, picores y urticaria. Obtienes -15 de [Reflejos]. Si el contacto continua obtienes -10 de [Voluntad] cada turno adicional. [Especificar alergia en extras.] En este caso, es alergia a la piña.
Debilidad al calor: Tienes un -20 a tu [Resistencia] para defenderte de los efectos del Calor. No puede combinarse con Fortaleza al Calor.
Esclavo de los Dioses: En algun momento de tu vida serviste a los dragones celestiales como uno de sus esclavos y sus multiples funciones. Ahora portas en tu marca una cicatriz gravada en fuego con la forma de la pisada del dragon, lo que te identifica de por vida como uno de sus sirvos. Si en algun momento eres capturado ten seguro que te volveran a enviar junto a tu amo.
Héroe: No puedes evitar ayudar a las personas en apuros. Sientes algo dentro de ti que te obliga a actuar independientemente de quien necesite socorro.
Inventario
Onigiri x1
Sashimi Deluxe x1
Ungüento T1 x1
DenDen Mushi Pequeño x1
Aspirante
304 Reputación
Perfil
84.774.750
773 / 773
863 / 863
90 / 90
Airgid Vanaidiam
Metalhead
11-01-2025, 12:54 PM
Al final habían sido Ragnheidr y Umibozu los elegidos para ser esos "voluntarios" que Testament había dicho. Airgid votó a Umibozu por la sincera preocupación que le ocasionaba el estado del vikingo, y porque no sabían qué tipo de misión les iba a encargar, no la conocían de nada. Aún así, notó su desagrado, como si se hubiera molestado con ella por decir otra respuesta. Así eran los hombres, no te agradecen que te preocupes por ellos, se ofenden si aún con medio espalda quemada y siendo el futuro padre de sus hijos, no dices que le enviarías a un campo de batalla. Es tremendo. Igualmente Airgid decidió no darle mucha importancia, ella tenía sus propios motivos, le gustasen a él o no. Testament les entregó una hoja a ambos. La rubia no fue capaz de ver claramente lo que ponía en ellas, pero vio unos símbolos extraños y rápidamente le dio a pensar que debía ser otro código.
Entonces, la revolucionaria comenzó a hablarles de Libertalia. Al parecer era una zona escondida en uno de los salientes de la Red Line, y necesitarían esos papeles para poder acceder allí. Airgid trató de quedarse con todos los detalles que Testament les ofreció, como el tema de la entrada oculta, la densa niebla, y que necesitarían alzar los papeles para que los reconocieran y les dejasen entrar. Poco a poco, el ánimo de Airgid comenzó a cambiar, dejando la molestia a un lado. Aunque sí que se mostró un poco inquieta cuando la mujer se acercó a ella con tanta confianza, tomándola de la mano. Se dejó hacer, aún así, observándola con curiosidad. Y se quedó de piedra cuando murmuró aquellos nombres, antes de plantarle un beso en el dorso de la mano. Airgid no fue capaz de decir nada, observó cómo se iba, acercándose ahora a Ragnheidr. Pero aunque sus ojos observaran lo que ocurría a su alrededor, su mente solo le daba vueltas a lo que aquella mujer acababa de decir. ¿Sus padres estaban vivos? Se mordió ligeramente la lengua, con una incertidumbre y una curiosidad que no había sentido en mucho tiempo.
Testament no solo conocía cosas acerca de su familia, sino también de la de Ragnheidr, de la de Ubben... ¿es que todos tenían raíces revolucionarias y no lo sabían? Fuera como fuera, Libertalia acababa de plantarse en el mapa como un objetivo claro. Parecía dispuesta a marcharse, Ragnheidr se puso en pie y avanzó por la taberna, y ahora, sintiéndose Airgid más segura, avanzó con él, llegando a su lado. Desactivó su haki de percepción, pues ya no tenía dudas acerca de las intenciones de aquella mujer, y rodeó a Ragn con su brazo derecho. — Gracias Testament, espero que volvamos a vernos, en una situación más... alegre. — A alguna cerveza tendría que invitarla, si se encontraban en Libertalia.
Finalmente se fue, dejando de nuevo a los revolucionarios a solas en una taberna destrozada. Asradi fue la primera en hablar, preguntando si finalmente irían a la isla. — Yo tengo que ir, ha dicho que allí se encuentran mis padres, y necesito respuestas. — Dijo con serenidad y seguridad, completamente decidida, y mencionándose solo a ella misma, pues tampoco podía arrastrar a los demás consigo si es que ellos no querían ir a Libertalia. Pero ella tenía claro lo que quería.
Resumen
Reacciono a todo lo que va ocurriendo, me quedó un poco shock cuando Testament menciona a mis padres. Cuando veo que Ragnheidr se levanta y avanza, voy a su lado, y me despido de Testament. Luego respondo a Asradi.
Bélico
Desactivo el haki de percepción.
Gastos: +7 regeneración haki.
Stats actualizados
Según la guía de embarazos, en el primer trimestre gano un +5 en VOL, quedando así:
50 FUE | 20 RES | 8 DES | 63 PUN | 1 AGI | 55 REF | 23 VOL | 85 CA
Forajido
302 Reputación
Perfil
63.615.024
1491 / 1491
638 / 638
355 / 355
Umibozu
El Naufragio
20-01-2025, 03:49 PM
La revolucionaria se acercó a Airgid sin pudor alguno tras soltar su arma y dejarla caer despreocupadamente al suelo. Aquel gesto liberó un grave y gutural gruñido dejando entre ver más dientes de los que sobresalían ya de por sí en la boca. Traté de ser todo lo intimidante que pude, alertando del gran peligro que suponía hacer aquello. Sin embargo Airgid distó mucho de sentirse intimidada, por lo que dejé que el gruñido se apagase y las membranas se replegaron adormecidas, siempre vigilantes del entorno. Lejos de relajarme, continué en guardia pues cualquier movimiento ofensivo sería letal al carecer prácticamente de tiempo de reacción. Sus palabras no calmaron la sensación, sino que le dieron alas, como el viento a la tormenta y al oleaje; avivándolo y enfureciéndolo. Momentos más tarde comprobaría que esa advertencia sería en pro de nuestra seguridad y supervivencia, lo cual no dejaba de ser preocupante. Aquello no fue más que otro martillazo de realidad en la forja de la vida, combustible para afianzar mi propósito: si alguien quería tumbarme, lo devoraría.
Con recelo extendí la mano izquierda para que Testament pusiera el papel sobre ella. Desde hacía tiempo había desistido de tratar de manipular objetos tamaño humano que no fueran grandes, al menos para ellos. Tomar pequeños objetos, incluso para los humanos, era una tarea prácticamente imposible para mí, más aún manipularlos, no digamos ya hacerlo con soltura. Aguardé unos instantes, dejando que el objeto reposara sobre mi palma, y cerré el puño, apoyándolo de nuevo en el suelo para volver a tener el sustento de las cuatro extremidades. En esa posición escucharía todas las revelaciones que la Comandante del Norte nos hizo.
Cuando salió de la taberna sentí alivio. Además de la tensión física de las circunstancias, no había reparado en que la mera presencia de Testament había estado ejerciendo una presión en mi fuero interno, como si se hubiera estado librando una batalla silenciosa. Un pulso de voluntades. Tal era la presencia que desprendía. A su marcha había quedado un vacío y una sensación de extenuación que necesitaba de descanso para recuperarme. Fue entonces cuando moví de nuevo el puño izquierdo y lo abrí frente a mis compañeros de escuadrón, dejando que ellos tomaran la hoja y pudiera ver su contenido.
La primera en plantear la duda que todos teníamos en mente fue Asradi, quién fue respondida por Airgid alegando que debía acudir para ver a sus padres. Intuía que la misma respuesta daría el bribón de ojos dorados. El vikingo iría allá dónde fuera la que sería la madre de sus hijos, aunque este aún no lo supiera y el futuro inmediato los separara por más tiempo del que habrían querido en un inicio. Así pues, mi papel estaba claro. Debía viajar con ellos también y así lo haría.
Resumen
Escucho todo y cuando Testament se va cedo la hoja al resto para que puedan verla.
Forajido
325 Reputación
Perfil
208.339.532
970 / 970
810 / 810
310 / 310
Ubben Sangrenegra
Loki
25-01-2025, 07:38 PM
El bribón de cabellos blancos y ojos dorados se mantuvo inmóvil, observando a Testament mientras esta se movía entre los miembros del grupo con la familiaridad de quien sabe más de lo que debería. Sus palabras parecían como pequeñas pinceladas del pasado de cada uno, esas que no se comparten fácilmente y que, sin embargo, ella pronunciaba con ligereza inquietante. Sin embargo, todo cambió cuando el nombre de su padre escapó en los labios de la mujer. Un escalofrío recorrió su espalda, y las pupilas del peliblanco se dilataron instintivamente, como las de un animal acorralado que detecta el peligro.
Ese nombre, olvidado en lo más profundo de su memoria, había estado sepultado durante años, enterrado bajo capas de rencor, dolor y una reticencia deliberada a enfrentarse a su pasado. Y ahora, de repente, una desconocida no solo lo desenterraba, sino que lo blandía frente a él como un arma. Su cuerpo respondió antes que su mente; sus músculos se tensaron, sus manos se cerraron en puños, y la sensación de alerta lo invadió por completo. Apenas escuchó el resto de las palabras de Testament, como si un zumbido se hubiese instalado en sus oídos, opacando el sonido del presente con los ecos de un pasado que creía enterrado. — ¿Por qué un comandante de la revolución conoce el nombre de un sargento de la marina?— preguntó taimado y a la defensiva.
Luego, sin decir nada, giró sobre sus talones y se deslizó detrás de la barra. Sus movimientos eran casi automáticos, mientras sus ojos buscaban una botella de ron cerrada entre las filas de licor acumuladas. Cuando la encontró, con una fingida calma y sin molestarse en buscar un vaso, la descorchó y llevó directo a sus labios. Dio un largo trago, dejando que el ardor del alcohol quemara su garganta y, al menos momentáneamente, opacara el torbellino de pensamientos que amenazaban con consumirlo. Luego de ello, quedó pensativo tras la barra, al menos hasta que escuchó la voz de la sirena.
— Tú no nos metiste en problemas… eso no fue tu culpa…— respondió a las palabras de Asradi con un tono apagado, aunque sin la aspereza que usualmente empleaba para desviar conversaciones incómodas. No tenía energía para eso en ese momento. Sacó un cigarrillo de entre sus ropas, encendiéndolo con la misma calma aparente con la que había tomado el ron. El humo comenzó a llenar el aire a su alrededor, formando un velo que parecía querer separarlo del resto del grupo. El peliblanco se apoyó en la barra, y volvió a tomar la botella con su diestra. Su bota derecha comenzó a tamborilear contra el suelo de madera de manera compulsiva. No podía evitarlo. Era como si su cuerpo estuviese buscando una manera de liberar la ansiedad creciente que se apoderaba de él.
Mientras exhalaba el humo lentamente, comenzó a moverse con otro hábito adquirido por la tensión. Sus dedos izquierdos se unieron al compás, digitando contra el pulgar con una rapidez inquietante, como si estuviese calculando mentalmente una serie infinita de posibilidades. Aunque en realidad no había nada lógico en el remolino de emociones que lo consumía: incredulidad, rabia, desconcierto. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo? Cuando Asradi preguntó si deberían ir, el peliblanco levantó la mirada hacia ella, dejando ver un destello de incertidumbre en sus dorados ojos. Asintió ligeramente antes de hablar, más bajo y contenido, como si aún estuviese midiendo sus palabras.
— ¿Deberíamos ir?— Preguntó, dejando su duda en el aire. Sabía que la decisión no era sencilla. Hasta ahora, Testament parecía aliada, pero no había manera de corroborar sus palabras. Todo lo que decía, desde la información sobre su padre hasta sus motivaciones, era algo que ellos no podían verificar por sí mismos. Sin embargo, había una parte de él que no podía ignorar lo que acababa de escuchar. La posibilidad de respuestas, por más amargas que pudieran ser, era como un faro que lo atraía irremediablemente. Volvió a llevarse el cigarro a los labios, inhalando profundamente y dejando que el humo llenara sus pulmones antes de soltarlo con lentitud. Sus ojos volvieron a fijarse en la botella, pero no la levantó esta vez. La ansiedad seguía ahí, clavándose como pequeñas agujas en su piel.
— Sea lo que sea, no podemos tomar esto a la ligera… pero tampoco podemos ignorarlo.— Su tono era firme, aunque la vacilación aún se reflejaba en la forma en que tamborileaba los dedos contra su pulgar. Al final, apartó la mirada, centrándose en Testament una vez más, con recelo mientras ésta se retiraba. Si la información que le dió aquella mujer sobre su padre era real, tendría que afrontarlo tarde o temprano. Aunque no lo quisiera, aunque el solo pensamiento le revolviera el estómago, sabía que no podía darse el lujo de ignorarlo.
Resumen
Ubben escucha a Pissarro y comienza a carcomerlo la ansiedad. Se va tras la barra, busca una botella de ron nueva, la abre y comienza a beber mientras enciende un cigarrillo y sus multiples manifestaciones ansiosas se hacen presente.
5.350.000
888 / 888
761 / 761
290 / 290
Raiga Gin Ebra
-
27-01-2025, 10:18 AM
La tormenta que hace unos escasos minutos rugía con la fuerza de mil tambores, como si el mundo exterior se confabulara para reflejar el caos interno que os invade, ahora deja paso a una mucho más serena, lo cual ameniza un poco el ambiente después de tanta tensión.
La puerta de la taberna se cierra con un último crujido tras la salida de Testament Pissarro, llevándose consigo su presencia intimidante y su risa característica, así como la información que no os ha dado. Es como si os hubiese abierto el tarro de miel pero no os hubiese dejado probarla, ¿no? Es extraño cómo, con su partida, el aire parece volverse menos denso, aunque todavía cargado de tensión. Para los que tenéis activo vuestro Haki de Observación, ya no sentiréis su presencia. Es como si jamás hubiera estado allí, dejando tras de sí un vacío desconcertante. Uno de los que pesan. Una pena, porque a mi me da que tenía mucho más que contaros.
Dentro, el sonido de la lluvia golpeando el techo de madera semi-derruido se mezcla con el silencio que se ha instalado entre vosotros. No hay palabras inmediatas, solo miradas cargadas de significado y gestos que reflejan lo abrumador de la información recibida. Y es que, ¿quién de vosotros se esperaba que el día acabase así? Los papeles en las manos de Ragn y Umibozu parecen arder con el peso de su importancia. Libertalia, una isla que hasta ese momento no significaba nada para vosotros, ahora se presenta como un destino ineludible, una promesa de respuestas y, tal vez, nuevas preguntas. Y es que todos o casi todos tenéis algo que hacer allí. Y quizá el sentido de la causa esté allí. O al menos, en parte. Ya sabéis que llegar no será sencillo, pero desde luego tenéis la llave a la entrada en forma de dos extraños folios.
De repente, un ruido interrumpe vuestros pensamientos. Es un sonido suave al principio, casi imperceptible, como el crujir de la madera bajo el peso de los escombros. Pero pronto se convierte en un murmullo colectivo de jadeos, tos y movimiento. Los cuerpos de los humanos que antes estaban inconscientes empiezan a moverse. Quizá os habíais olvidado de ellos, algo completamente normal después de todo lo que ha pasado, pero como si tuvieran el don de la oportunidad, empiezan a despertarse cuando ya Testament no está presente. ¿Casualidad? Uno tras otro, los que estaban tirados en el suelo comienzan a incorporarse, aunque lo hacen con lentitud, como si despertaran de un sueño profundo y confuso. Y no es para menos. ¿Cuánto tiempo se han tirado ahí? En fin, seguro que han disfrutado de esa siesta patrocinada por Umibozu.
Algunos vomitan en el suelo, otros intentan levantarse, solo para caer de rodillas de nuevo, sus cuerpos están demasiado débiles para sostenerlos. Y es que parece que no solo el efecto del haki del rey ha hecho mella en ellos. Sino que también el alcohol y alguna que otra sustancia algo más dura, han hecho que el efecto empeorase. Hay quienes logran sentarse en sillas cercanas, mirando a su alrededor con expresiones de desconcierto absoluto. La taberna, antaño un lugar de celebración, ahora es un escenario caótico, con muebles rotos, un enorme boquete en el suelo que revela una sala subterránea, y los restos de una batalla que apenas entienden. La que habéis liado, compañeros. Esto va a valer una pasta... Suponiendo que lo queráis pagar, claro. Porque los que no pagan son piratas... Y me imagino que os querréis distanciar de ellos, ¿no?
—¿Qué ha pasado? —es la pregunta que más se repite entre los susurros que empiezan a llenar el espacio. Los ojos de algunos se clavan en vosotros, buscando respuestas, mientras otros simplemente miran al vacío, tratando de recordar cómo llegaron a este punto.
Aunque claro, los dos cuerpos de los agentes gubernamentales en el suelo, con los rostros reventados y varios cortes, ensangrentados y, en resumidas cuentas, en un estado deplorable, pues como que no ayudan a darle un significado lógico a todo ello.
Quizá sea el momento de tomar una decisión. Podríais explicarles lo ocurrido, tranquilizarlos y darles un rumbo, o podríais dejarles a su suerte y seguir adelante hacia Libertalia o cualquier otro destino que tengáis. Pero algo en el ambiente sugiere que este momento podría tener un impacto en el futuro de la isla. Son susurros ahora, pero podrían convertirse en gritos de pánico si no se manejan adecuadamente. O incluso en rumores que traigan historias inciertas después. Ya sabéis, que la gente habla mucho y a veces eso produce líos.
El coro de preguntas sigue creciendo.
—¿Nos atacaron? ¿Quiénes eran?
—¿Estamos a salvo ahora?
—¿Qué hacemos ahora?
Un hombre mayor, con una barba canosa y el rostro surcado de arrugas, se levanta tambaleándose y se apoya en una mesa rota. Sus ojos recorren el grupo antes de detenerse en Ragn, quien destaca por su estado y presencia. Su voz, aunque débil, resuena con una autoridad inesperada.
—Vosotros... ¿fuisteis los que nos ayudaron? —Pregunta, con un tono cargado de incertidumbre pero también de una tímida esperanza.
Es un momento crítico. Las miradas de los presentes se centran en vosotros, como si vuestra respuesta pudiera darles el sentido que tanto necesitan en medio del caos. El aire parece cargarse de expectativa, y la tormenta, aunque todavía furiosa, suena lejana ahora, como si el foco estuviera completamente en este instante. Y es que en gran parte, lo está.
Cualquier cosa que digáis o hagáis ahora podría moldear no solo lo que piensan de vosotros, sino también el futuro de Oykot. Y eso solo os corresponde a vosotros. Que sea lo que decidáis.
170.462.520
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Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
28-01-2025, 06:18 AM
Ragn se pone en pie lentamente, apoyándose en la mesa, que utiliza como bastón improvisado. Su figura imponente, a pesar de las quemaduras visibles que recorren su espalda, proyecta una mezcla de autoridad y fortaleza inquebrantable. La mirada acerada de sus ojos recorre a los presentes, buscando establecer contacto visual con aquellos que todavía tienen fuerzas para mirarlo. La gente ha comenzado a despertar y los cuchicheos son inmediatos. El vikingo no tenía cara de muchos amigos y de hecho, le hubiera encantado no dar respuesta en ese instante. Inspira profundamente, ignorando el ardor de sus heridas, y su voz, grave y cargada de una honestidad cruda, resuena en la taberna.
—¡Escucharrr bien!— dice, alzando ligeramente su voz para imponerse sobre los susurros. El silencio se apodera del lugar casi de inmediato, mientras todas las miradas se posan en él. —Sí, nosotrrros luchamos hoy. — Señala los cuerpos de los agentes. — Aquellos que cayerrron ante nosotrrros eran agentes del Gobierrrno Mundial...— hace una pausa, dejando que el peso de esas palabras cale en los presentes. Así empezó y estuvo varios minutos dando un discurso que quizás pecaba incluso de demasiada sinceridad. Cayendo en detalles importantes inccluso. Ragn da un paso adelante, apoyándose más firmemente sus pies en el la maltrecha madera, como si con su movimiento quisiera dejar claro que aún tiene fuerzas para luchar si es necesario. —Es norrrmal que tenerrr miedo. Perrro no pasarrr nada si nosotrrros estarrr aquí. — Señala a sus compañeros, incluyendo a Umibozu con un leve asentimiento.
Ragn deja que sus palabras reposen un momento. Luego, alza ligeramente los folios que lleva consigo, la clave hacia Libertalia. —¡Irremos prrronto! Liberrrtalia nos esperra. Quissá allí encotrrrar rrespuesta que den sentido a todo este caos. — Con eso, Ragn se calla, mirando a la multitud en espera de su reacción. Ragn se queda en silencio por un momento, permitiendo que sus palabras hagan eco en los corazones de los presentes. Sus ojos recorren lentamente la estancia, fijándose en los rostros de aquellos que, tambaleantes y confusos, comienzan a encontrar algo de calma en la tormenta emocional que los envuelve. La taberna sigue siendo un caos, pero el ambiente empieza a transformarse. Con un movimiento lento y deliberado, Ragn se endereza, su imponente figura recortándose contra la luz vacilante de las lámparas de aceite. El vikingo toma un momento para ajustar su capa, que cubre parcialmente las quemaduras en su espalda. Cada movimiento es acompañado por un leve temblor, una señal de que el dolor está ahí, pero también de que no lo dejará dominarle. El aire aún huele a sangre, madera quemada y humedad, pero Ragn respira profundamente, como si necesitara grabar ese momento en su memoria.
Con firmeza, camina hacia la barra, dejando que el sonido de sus botas resonando contra el suelo de madera capte la atención de los que aún permanecen en silencio. Cada paso parece pesar más que el anterior, no por falta de fuerza, sino por el peso de la responsabilidad que carga consigo. Cuando llega al extremo de la barra, se detiene y, sin mirar atrás, deja un par de monedas sobre la madera astillada. Es un gesto simbólico, pequeño pero significativo, una señal de que incluso en medio del caos y la destrucción, Ragn honra el trabajo de quienes han sido víctimas colaterales de su lucha. Sin decir una palabra, vuelve a girarse y camina hacia la puerta principal. Sus hombros, aunque pesados por el dolor y el cansancio, no se encorvan, mantiene su porte orgulloso, como corresponde a un guerrero que no muestra debilidad ante los demás. Mientras pasa junto a los aldeanos que se han levantado o que se apoyan en muebles rotos, estos se apartan a un lado, dándole espacio, no solo por respeto, sino también por la intimidación natural que emana de su presencia.
Ragn se detiene brevemente en el umbral de la puerta, dejando que la brisa , aún cargada del aroma de la tormenta, acaricie su rostro. La lluvia ha menguado, pero el suelo está empapado, y el aire frío trae consigo una sensación de limpieza, como si la tormenta hubiera purgado el ambiente de parte de su caos. El vikingo echa una última mirada al interior de la taberna. No busca aprobación, ni reconocimiento. Es un vistazo rápido, cargado de una mezcla de melancolía y determinación. Finalmente, cruza el umbral. Afuera, el sonido distante del oleaje y el crujir ocasional de ramas rotas llenan el aire. Ragn respira hondo una vez más, sintiendo la frescura de la noche y dejando que el peso de la taberna, con sus miradas inquisitivas y su atmósfera cargada, quede atrás. Repasa con una mirada a sus acompañeros, casi que pidiéndoles que abandonen la taberna con el y terminar por "decidir" qué hacer fuera.
Vaya día ...
Aspirante
345 Reputación
Perfil
238.800.448
954 / 954
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225 / 225
Asradi
Völva
28-01-2025, 07:15 PM
Asradi se olvidó relativamente pronto de la atención que Testament le había causado, antes de dirigir su mirada, ahora más inquisitivamente, a Ubben. Le conocía bien, y asintió a sus palabras cuando dijo que ella no tenía culpa alguna. Era consciente de que así era, pero indirectamente, la habian buscado a ella deliberadamente. Y no habian sido capaces de descifrar el mensaje hasta bien tarde. Fuese como fuese, la pelinegra había dejado ese mensaje en el aire. Que más que necesitar una respuesta, le invitaba a pensar. Rodeó igualmente la barra para buscar un lugar donde acomodarse. En realidad, al lado del bribón de cabello claro y ojos dorados. Le dejó fumar y beber como quisiera, pero en cuanto comenzó con el interminable temblequeo de la pierna, Asradi suspiró de manera suave.
Era consciente de que Ubben estaba nervioso. Vamos, no había que ser un genio para verlo. Pero, además, ella sabía que había algo profundo que le reconcomía. En silencio, puso una de sus manos sobre la mano contraria, con la que habia comenzado a tamborilear. No le importaba lo que la gente pudiese pensar. Era su forma silenciosa de decirle que estaba bien. Que ella iba a estar ahí con él.
— Si necesitas salir a tomar un poco al aire, solo avísamelo. — Le susurró, de forma cercana, mientras estrechaba un poco más sus dedos en torno a los de Ubben. Le dedicó, por igual, una suave sonrisa, antes de suspirar.
Todo habia pasado demasiado rapido, como la misma tormenta que habia arreciado. Y la información que, en general, había soltado Testament, parecía haber recalado más o menos fuerte en según quien o quienes. Asradi no sabía, exactamente, qué era lo que se le estaba pasando a Ubben por la cabeza, pero podía imaginarse algunas cosas.
Y lo único que podía hacer por él, era apoyarle.
— No lo sé. ¿Tú quieres ir? — Más que la pregunta en sí, era la intención de expresarle su confianza y su intención de ayudarle si él se lo requería. A ella no se le perdía nada en Libertalia, al menos de momento y que urgiese.
Pero si a Ubben sí, entonces, ni tan siquiera lo dudaría.
Finalmente, arrastró otro taburete con la mano libre (no le había soltado en ningún momento, a no ser que él sí lo hiciese), y se terminó sentando en dicho mueble. Miró de soslayo al hombre mientras el resto del bar parecía ir despertándose y tratando de averiguar qué era lo que diablos habia pasado. Ya les estaban explicando, así que decidió no meterse y estar más pendiente de su amigo que de otra cosa en ese momento.
— No tienes porqué tomar ahora mismo la decisión. Y no estás solo decidas lo que decidas. — Le miró directamente a los ojos, transmitiéndole su apoyo.
Casi podía sentir la ansiedad de Ubben recorriéndole. Y no iba a permitir que se ahogase en ese sentimiento. No estando ella cerca, al menos.
Resumen
Tras escuchar a Testament, Asradi se centra en Ubben para intentar apoyarle en ese momento de ansiedad y dudas.
Forajido
302 Reputación
Perfil
63.615.024
1491 / 1491
638 / 638
355 / 355
Umibozu
El Naufragio
31-01-2025, 11:50 AM
(Última modificación: 31-01-2025, 12:06 PM por Umibozu.)
Resolví sentarme donde estaba, sacar de nuevo la pipa, encenderla y con metódicos y concienzudos movimientos encenderla de nuevo. Puse hebras de alga verde seca, no era mi favorita, pero me apetecía en ese momento. Dejaba un ligero regusto a salado en la lengua que le deba esa chispita de distinción. Aspiré profundamente, dejando que el humo inundara los pulmones. Paladeé el humo, estimulando la lengua con la sal que ahí se quedaba. Retuve el humo unos instantes, tratando de concentrarme en el calor que poco a poco se proyectaba desde la garganta hasta el pecho y de ahí al resto de la caja torácica. No era una costumbre sana, pero como otras tantas y aquello me gustaba, aunque solo fuera hacerlo en mi pipa de hueso de ave.
Los humanos presentes fueron saliendo del efecto del Haoshoku Haki. El efecto en ellos estaba siendo de lo más variopinto y las reacciones a los mismos tan diferentes y cuantiosas como personas había en el local. La curiosidad natural de esa especie no tardó en brotar como el plancton con una corriente fría. Ragnar, todavía no sabía pronunciar bien su nombre completo. Seguramente jamás lo aprendería. Ragnar tomó la iniciativa a pesar de su estado lamentable y comenzó a responder todas las preguntas que estaban lanzando como si fueran alevines con incontinencia verbal. Y hablando de alevines con incontinencia verbal, Timsy hizo acto de presencia en mitad del discurso. Entró por el hueco de la pared que había hecho hacía un rato, saltando a los escombros. Surgió como una pequeña rana, pues a eso se asemejaba. De otro salto entró al salón y caminando con total despreocupación e ignorando la solemnidad y epicidad del momento vino hasta a mí.
— ¡Por las ancas de mi tía! ¿Qué ha pasado aquí? — me preguntó en voz baja mientras de fondo Rag seguía su discurso para los presentes. Lo hizo tras subir a mi hombro para acercarse al oído y colocándose una palma a modo de pantalla de sus labios. Lo hizo con el brazo contrario, cruzándolo por delante del pecho para generar una imagen de privacidad entre nosotros, más que de secretismo.
— Es una larga historia-lurk — respondí tras un instante que aproveché para soltar el humo.
— ¿Me dejas fumar? — preguntó sin mirarme y con aire distante y ausente.
— Sabes que no puedes-lurk.
Las aletas se expandieron y contrajeron de nuevo dispersando un poco el humo. En su movimiento, golpearon a Timsy como si quisieran regañarlo por fumar, lo que me granjeó una sonrisa. Mi negativa no se debía tanto a que no le diera permiso, sino que la boquilla de la pipa era demasiado grande para la boca, incluso para la cabeza entera, de Timsy. No era capaz de aspirar al no poder rodear la boquilla. Mientras tanto, Ragnar seguía con su discurso. Yo barría con la mirada a todos los presentes, tratando de adivinar por sus gestos lo que sentían y pensaban. Volví a aspirar de la caña, dando otra profunda calada, pero en esta ocasión expulsé el humo inmediatamente en lugar de retenerlo. Las membranas volvieron a aletear, enturbiando el discurso que ya tocaba su fin. Tras ello, el vikingo salió del local. Asradi y Ragnar estaban muy mal heridos, también lo había estado Ubben, aunque ya parecía estar recuperándose por completo. Me limité a observarlos salir, mientras yo seguí sentado en el interior fumando. Timsy, a mi lado, sentado sobre mi hombro con las piernas colgando como quién se sienta en un gran acantilado a ver las olas romper y dejar que su imaginación navegase más allá del horizonte, se había enterado a medias de lo ocurrido.
— Entonces… ¿me cuentas ya lo que ha pasado? — insistió.
Resumen
Me siento a fumar y a escuchar el discurso mientras observo a todos. Timsy aparece en mitad del discurso y viene hacia mí.
Aclaraciones
Me ahorro toda la parte bélica y de VyD, que creo que ya no son necesarios.
TOC reiniciado: 0/3
Aspirante
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Perfil
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Airgid Vanaidiam
Metalhead
02-02-2025, 01:15 AM
Testament salió de la escena, tan rápido y misteriosa como había aparecido, dejando tras de sí un escenario completamente derruído en mitad de una tormenta. Pero ahora tenían un nuevo objetivo, ir a Libertalia, y a poder ser, con más cuidado que el que habían demostrado aquel día. Había sido una situación tremendamente caótica, pero al menos estaba agradecida de que nada había salido del todo mal. Los heridos se habían curado, y la "misión" que Testament les había encomendado había resultado ser menos peligrosa de lo que se había imaginado. Realmente se había preocupado de más, ¿pero quién podría culparla, cuando no tenía conocimiento de nada?
Resopló con alivio, y se dio cuenta de que Umibozu había extendido su folio hacia ellos. Nade hizo el ademán de tomarlo, así que lo hizo ella, sujetándolo entre sus dedos con curiosidad y con calma, dedicándole una sonrisilla a su amigo wotan. Era un nuevo puzzle, e igual que el anterior, supuso que el papel que le dio a Ragnheidr se trataba de la otra pieza necesaria para entenderlo. Airgid guardó el folio con cuidado, doblándolo un par de veces y ocultándolo en el bolsillo de su pantalón. Más adelante sacaría la frase en concreto, cuando estuviera seca y no empapada como una gata bajo la lluvia. Qué preciosa canción.
Notó las dudas y la inquietud de Ubben, que parecía realmente afectado. Aunque Airgid no terminaba de distinguir a qué se debía, si a sus heridas, o a aquel nombre que Testament le había mencionó, nada más y nada menos que su padre. Pero la reacción del peliblanco no había resultado ser la que uno esperaba cuando se le hablaba de su progenitor, lo que ya daba bastantes pistas sobre la relación que debía tener con él. Le lanzó una mirada preocupada. Ella tenía claro que sí quería ir a Libertalia, pero no podía obligar a nadie a que la siguiera, y menos si eso le generaba tanta ansiedad. " Más adelante hablaré con él", pensó Airgid para sus adentros, con verdadera inquietud.
A su alrededor, la gente comenzó a despertarse poco a poco. La mayoría mareados y desubicados, completamente confundidos y con razón. Se preguntaron, entre ellos y hacia los demás, lo que había pasado. Estaba claro que la presencia de aquellos cadáveres destrozados y la taberna destrozada causaba sospechas, cuanto menos. A Airgid le resultó incluso curioso que de primeras no les culparan a ellos, sino que les preguntaron si les habían ayudado. ¿Cómo podía esa gente ser tan maja? A pesar del estado tanto físico como anímico de Ragnheidr, fue el primero que decidió alzar la voz y explicar lo que había ocurrido, con una sinceridad sorprendente. Airgid observó cómo el rubio dejó unas cuantas monedas sobre la barra, y sintió en aquel momento que aquello era lo correcto. Tomó un poco de dinero de su propio bolsillo y lo juntó con el de Ragn. No es que llevara mucho encima, pero colaborar por intentar recomponer aquel lugar era lo menos que podían hacer. — Sentimos el desastre. — Susurró, un poco avergonzada.
Airgid no interrumpió el discurso ni añadió nada más, simplemente se acercó a Ragnheidr una vez acabó de dejar el dinero y le rodeó con el brazo. Estaba claro que las cosas no habían salido como habían planeado, pero no quería dejar que el mal sabor de boca arruinara lo que aquel día había significado para ellos. Aquel fue el día en el que ambos conocieron que iban a convertirse en padres, y no dejaría que nada arruinara aquel recuerdo, ni siquiera lo que acababan de vivir. Sonrió con dulzura, con una calidez que contrastaba con todo lo que les rodeaba, y apoyó la mano que le quedaba libre en su propio vientre. Lo único que importaba es que todo había salido bien, que el futuro se antojaba más emocionante que nunca.
Antes de dirigirse a la puerta del local, antes de prepararse para salir, echó un buen vistazo a su alrededor. El panorama era desalentador, pero no tenía por qué seguir así. — ¡Que ni la lluvia ni los agentes del Gobierno detengan esta fiesta! — Gritó de manera inesperada. — Les molesta la libertad, la diversión, y que ya no estéis bajo sus órdenes. ¡Pues que mueran de rabia, nadie puede con vosotros! — Su sonrisa iluminaba el local como un único y glorioso rayo de sol que se hacía paso entre las gotas de lluvia, entre las nubes de tormenta. Era como si toda su figura desprendiera un brillo especial, incluso sus cabellos rubios parecían desprender destellos dorados. Estaba en la mano de cada uno decidir cómo querían recordar aquel día, y si algo se le daba bien a Airgid, era buscar el lado positivo de las cosas, un mecanismo de defensa que le permitió seguir adelante durante tantos años. Alzó la mano de su vientre, separándola de su piel, y usó el poder de su akuma para tratar de recomponer un poco la taberna. No era capaz de controlar la madera, pero sí el metal, las vigas, los tornillos... y fue capaz de improvisar un techo para que el agua dejara de mojar el interior del local. Era una bonita visión, ver todos aquellos trozos metálicos volar y danzar por el aire hasta adoptar las posiciones adecuadas. No era una solución definitiva, pero sí un buen comienzo.
Resumen
Tomo el papelito de Umibozu, ya que lo ha extendido a nosotros en general y me lo guardo después de observarlo. Al ver que Ragn deja algo de dinero en la barra, hago lo mismo (cuando vaya a pedir la recompensa de la aventura, pediré que no se me de el dinero, así podemos narrar que lo hemos dejado para reconstruir la taberna). Reflexiono un poco sobre el estado de Ubben. Dejo que Ragnheidr de las explicaciones y me acerco a él. Antes de salir de la taberna, me dirijo a todos los presentes, tratando de infundir algo de optimismo. Por último, uso los poderes de mi akuma para recomponer un poco el local e improvisar un techo.
Bélico
Uso el poder de mi akuma:
Cita:⏣ Dominio Maestro [50 Control de Akuma]: Puede levantar y manipular hasta [CA] en peso. El usuario puede aumentar su alcance de manipulación a 4,5 metros por cada 10 de [CA], permitiendo atraer y repeler objetos metálicos más distantes. 20 de energía.
Gastos: -20 de energía, +7 regeneración haki.
Stats actualizados
Según la guía de embarazos, en el primer trimestre gano un +5 en VOL, quedando así:
50 FUE | 20 RES | 8 DES | 63 PUN | 1 AGI | 55 REF | 23 VOL | 85 CA
Forajido
325 Reputación
Perfil
208.339.532
970 / 970
810 / 810
310 / 310
Ubben Sangrenegra
Loki
03-02-2025, 04:32 AM
(Última modificación: 03-02-2025, 07:30 AM por Ubben Sangrenegra.)
Su mente se había transformado en un torbellino caótico de recuerdos, cada uno más antiguo que el anterior. Como piezas de un rompecabezas desordenado, su conciencia saltaba de un punto a otro sin control, arrastrándolo en una espiral imparable hacia el pasado. Recordó el día en que conoció al grupo en Kilombo, la primera noche en que se unió a ellos, el calor de la piel de Gavyn sobre la suya, esa misma noche. Luego, su mente retrocedió aún más, hasta Shimotsuki, donde conoció a Akari. La imagen de aquel tímido beso de despedida que compartieron pasó fugáz en su mente, entrelazada con la desesperación de su huida cuando su presencia fue descubierta en la isla. Pero su subconsciente no se detuvo ahí. No dejaba de retroceder, arrastrándolo más y más hasta que lo enfrentó con el recuerdo más profundo y enterrado de todos... el último momento en que vio a su padre. Ese horrible día de hace dieciséis años, en el RedPort, cuando aquel hombre le abandonó en el transporte al East Blue sin mirar atrás, dejándolo solo en un mundo que no tardó en volverse hostil.
El recuerdo se sintió como una montaña sobre su pecho, ahogándolo, empujándolo hacia un abismo que no podía controlar. Su respiración se volvió irregular, su cuerpo tenso, y por un momento creyó que caería en ese bucle sin encontrar el camino de regreso. Pero entonces, algo cálido y suave lo ancló al presente. Una mano delicada, sujetó la suya con una ternura que lo sacó de la tormenta... Asradi. El roce de sus dedos, la calidez de su contacto, la preocupación en su mirada.... Su voz llegó hasta él como una caricia entre la tormenta de su cabeza, sugiriéndole salir a tomar aire, alejándolo del huracán de pensamientos que lo envolvía... haciendole recordar de pronto, que no estaba solo... que, por suerte, hoy no tenía que enfrentarlo todo por su cuenta. Tenía una red de apoyo, un lugar donde descansar cuando el peso de su historia se volvía insoportable.
— Gracias…—susurró con voz apagada, soltando un suspiro antes de apartar la botella y dejarla sobre la barra. Llevó el cigarro a sus labios, inhalando una calada profunda, pero con la precaución de alejar el rostro para no atosigar a la sirena con el humo. Aun así, no soltó su mano. Poco a poco, el temblor de su pierna fue aminorando hasta detenerse por completo. Era casi un milagro lo que Asradi lograba hacer con él. Nadie, en ningún momento de su vida, había logrado calmarlo con tan poco. Ni siquiera en sus mejores días, ni siquiera cuando se engañaba a sí mismo con promesas vacías de control absoluto y poder. Pero ahí estaba ella, con su simple presencia, haciéndolo sentir seguro, devolviéndole un pedazo de paz que creía imposible de recuperar.
— No sé si estoy listo…— dijo finalmente, respondiendo a la pregunta de la pelinegra sobre Libertalia. Sus palabras no tenían la convicción con la que solía hablar; eran más un pensamiento en voz alta que una afirmación real. Porque la verdad era que no lo sabía... quizás nunca lo estaría. A su alrededor, el bullicio de la taberna comenzaba a hacerse presente otra vez. La gente se levantaba poco a poco y fue Ragn quién habló, culpando al gobierno, y aunque sus palabras no eran una mentira, tampoco eran toda la verdad. Ubben sintió la mirada de Asradi sobre sus ojos y, en ese instante, soltó su mano. No porque quisiera alejarse, sino porque lo que haría a continuación requería otro tipo de contacto. No el de la calma, sino el del fervor. Aunque no podía negar que le aterraba un poco lo íntimo que sensentían esas miradas.
Se impulsó sobre la barra del bar, trepando con facilidad. Desde ahí, con la altura suficiente para estar a vista de todos, respiró hondo y dejó que su voz rasgada por los gritos desde el baño hace un rato se robase la atención. — ¡Quieren nuestro silencio!— Soltó de un grito, con un odio visceral en la voz, arrancándose el abrigo y dejándolo caer sobre la madera. Su cuerpo se tensó con la adrenalina de estar en el centro de atención, y sus ojos dorados reflejaban un odio reprimido que venía de hace mucho más de una decada. — ¡Quieren que vivamos con miedo!— Gritó, barriendo con la mirada a cada uno de los presentes.
— ¡Quieren que pensemos que no estamos seguros sin su maldita bandera como protección!— Su voz se elevó aún más, a pesar de lo desgarrada que estaba. — ¡Pero no es así!— alzó el puño en el aire, incitándolos a hacer lo mismo. — ¡No necesitamos la bandera del Gobierno Mundial ni la de nadie para defender nuestro hogar!— Se permitió una pausa, dejando que sus palabras calaran los presentes, en sus corazones, en su orgullo. Luego, retomó con aún más fuerza. — ¡Ustedes se alzaron y derrocaron al nefasto gobierno que los llevaba a la ruina!— Les recordó, con un tono orgulloso.
— ¡El gobierno intentó matarnos porque traemos la brisa que aviva la chispa de la revolución en sus corazones!— Por rota que estuviese su voz, no se detuvo. No podía. No mientras aún quedara un ápice de fuego en su interior. — ¡Pero no importa cuánto lo intenten! ¡Podrán matar a un hombre, pero no sus ideales!— golpeó su pecho con fuerza, haciendo enfasis en sus palabras. — ¡Okyot es libre!— proclamó con una vehemencia que genuinamente le sacudió ciertos sentimientos de pertenencia a la isla que ayudaron a liberar — ¡Ustedes son libres!— señaló a la multitud con un ademán firme. — ¡Porque donde la tiranía es ley, la revolución es deber!— Su voz se quebró en la última palabra, completamente desgastada por la intensidad con la que había hablado.
Y sin embargo, al bajarse de la barra y tomar su abrigo, un dejo de satisfacción cruzó su rostro. No importaba cuán agotado estuviera, había podido entrar en personaje y fingir ese liderazgo y fidelidad a la revolución... después de todo... sus amigos eran importantes, pero la revolución solo era una herramientas más. Extendió una mano hacia Asradi, ofreciéndole ayuda para cruzar la barra y encaminarse a la puerta, sin soltar su mano. Airgid tomó la palabra a continuación, avivando los ánimos con una demagogia que a Ubben le pareció acertada... después de todo, el pueblo también necesitaba esperanza y alegría.
Resumen
Los gestos de Asradi calman al bribón, quién luego del hablar de Ragn da un discurso político buscando avivar la llama de la revolución en Okyot. Luego se baja y camina con Asradi en dirección a la puerta.
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