Alguien dijo una vez...
Rajoy D. Mariano
"Es el Gorosei el que elige al Moderador, y es el Moderador el que quiere que sean los Gorosei el Moderador"
[Diario] [Pasado] Travesura en el Baratie
Fon Due
Dancing Dragon
En los mares del East Blue, las aguas se agitaban suavemente mientras un elegante velero de lujo se dirigía al famoso restaurante flotante Baratie. A bordo, un adinerado comerciante y su tripulación se preparaban para disfrutar de una cena exclusiva en el restaurante más renombrado del mar. Pero entre los barriles y cajas del almacén del barco, un pequeño polizón se mantenía escondido: Fon Due, el Tontatta de apenas 25 cm de altura.

Fon Due había llegado de polizón en el barco después de colarse en un puerto cercano, atraído por el aroma de las provisiones de lujo. Con sus habilidades de infiltración, se había deslizado entre las cajas de víveres y barriles de vino, alimentándose con pequeños bocados y evadiendo la atención de los marineros. Sin embargo, su verdadero objetivo no era el velero, sino el Baratie, que ya se perfilaba en el horizonte.

Cuando el barco llegó al restaurante flotante, los marineros comenzaron a bajar un puente de madera para acceder al comedor. Fon Due vio su oportunidad. Aprovechando la confusión y el movimiento de los hombres descargando cajas, el pequeño Tontatta saltó de su escondite, corriendo ágilmente por la cubierta y deslizándose entre las botas de los marineros, hasta llegar a la entrada del Baratie.

El restaurante estaba lleno de clientes ruidosos y risueños. Las mesas estaban cubiertas de platos deliciosos y bebidas espumosas. Pero para Fon Due, el verdadero desafío apenas comenzaba. Sabía que para disfrutar de un festín en este lugar, tendría que ser más astuto que nunca.

Deslizándose por una pequeña abertura en la puerta de la cocina, Fon Due entró en el corazón del Baratie. La cocina era un hervidero de actividad, con chefs gritando órdenes, cuchillos cortando ingredientes a toda velocidad y ollas humeando con guisos deliciosos. El pequeño Tontatta se movió con sigilo, escondiéndose detrás de sacos de harina y barriles de especias.

Mientras exploraba la cocina, sus ojos brillaron al ver un enorme trozo de carne siendo asado. Su estómago gruñó de hambre, y decidió que debía probar un bocado de esa carne a toda costa. Esperó el momento justo, cuando los chefs estaban distraídos preparando un gran pedido, para lanzarse al ataque.
Fon Due corrió por el suelo, utilizando cucharones y sartenes caídos como cobertura. Con un salto ágil, trepó por un estante hasta llegar a la mesa donde estaba la carne. Usando un pequeño cuchillo que llevaba consigo, cortó un trozo y se lo llevó rápidamente a la boca. Saboreó el bocado, deleitándose en el sabor exquisito que superaba todo lo que había probado antes.

Sin embargo, su festín no pasó desapercibido. Un joven cocinero, ocupado removiendo una olla, escuchó un ruido y se giró justo a tiempo para ver una pequeña figura correteando con un trozo de carne. "¡Oye, hay una rata en la cocina!", gritó, alarmando a los demás.

Fon Due, al verse descubierto, corrió a toda velocidad, esquivando cuchillos que los chefs lanzaban en su dirección como proyectiles. Pero su pequeño tamaño le daba ventaja, y rápidamente se escondió dentro de una olla vacía. El cocinero, confundido al no encontrar nada, volvió a sus tareas, convencido de que había imaginado la pequeña criatura.

Fon Due sabía que no podía quedarse mucho tiempo en la cocina, así que decidió trasladarse al comedor. Deslizó sigilosamente a través de una rendija en la pared y emergió en el comedor principal. Desde allí, trepó por los manteles colgantes, pasando de mesa en mesa, robando pedacitos de pan, trozos de queso, y hasta una uva aquí y allá, sin que los clientes notaran nada extraño.

Cuando ya se sentía satisfecho y con su pequeño saco de hojas lleno de comida, Fon Due decidió que era hora de retirarse. Pero justo cuando estaba a punto de saltar desde una mesa al suelo, escuchó la inconfundible voz del chef principal, rugiendo desde la cocina. "¡Que alguien atrape a esa maldita rata de una vez!"

Los marineros del velero, que estaban cenando, se unieron a la búsqueda al ver al chef principal furioso. Fon Due vio cómo se complicaba la situación y decidió improvisar. Saltó dentro de una jarra vacía y se escondió justo antes de que uno de los cocineros pasara registrando cada rincón.

El Tontatta, al ver que la situación se complicaba, ideó un plan audaz. Observó que uno de los marineros del barco de lujo se estaba preparando para regresar al velero con una cesta de sobras para la tripulación. Sin pensarlo dos veces, Fon Due se coló en la cesta antes de que fuera cerrada.

Mientras el marinero transportaba la cesta de regreso al velero, Fon Due aprovechó para morder un último trozo de pan antes de que la cesta se cerrara por completo. Al llegar al barco, el pequeño Tontatta saltó fuera, corriendo hacia su escondite inicial entre los barriles. Sonrió al recordar la travesura que había realizado.

El velero zarpó poco después, alejándose del Baratie, y Fon Due se recostó entre las provisiones robadas, saboreando su victoria y los manjares que había conseguido sin que nadie lograra atraparlo.

El Baratie volvió a su bulliciosa rutina, mientras que el chef principal, aunque aún desconcertado por la "rata" invisible, decidió dejar el incidente atrás. Mientras tanto, Fon Due, el travieso Tontatta, navegaba hacia su próxima aventura, con el estómago lleno y el corazón contento.
#1
Fon Due
Dancing Dragon
La luna se alzaba brillante sobre el horizonte del East Blue, proyectando destellos plateados sobre las tranquilas aguas. Fon Due, aún escondido en su refugio improvisado entre los barriles, se acurrucó para descansar. Pero mientras el velero avanzaba suavemente, un murmullo de voces provenientes de la cubierta captó su atención.
 
Curioso y siempre atento a su entorno, el pequeño Tontatta trepó por las cuerdas que aseguraban los barriles. Desde una rendija en la bodega, pudo observar cómo el capitán del barco conversaba con un hombre de aspecto sospechoso. Este último, con una capa negra que ocultaba gran parte de su rostro, entregaba al capitán una bolsa repleta de monedas relucientes.
 
“Asegúrate de que la mercancía llegue intacta a la isla Mirror. Mi cliente no tolerará errores” – advirtió el hombre encapuchado con un tono frío.
 
El capitán asintió, guardando la bolsa con rapidez. Fon Due, intrigado, decidió investigar más sobre esa misteriosa "mercancía". Con movimientos ágiles y silenciosos, descendió nuevamente a la bodega. Allí, entre las sombras, localizó un conjunto de cajas selladas con el símbolo de un dragón estilizado.
 
"¿Qué tendrán aquí?" –  se preguntó mientras inspeccionaba una de las cajas. Con su pequeño cuchillo, logró abrir una rendija lo suficientemente grande para asomarse. Lo que vio lo dejó perplejo: armas de alto calibre y frascos de un líquido oscuro, etiquetado con un símbolo de calavera.
 
“Esto no es bueno” – murmuró Fon Due, consciente del peligro que representaba ese cargamento.
 
A partir de ese momento, el pequeño carpintero supo que debía actuar. Pero ¿cómo enfrentarse a una tripulación completa y a un misterioso contrabandista?
 
Fon Due respiró hondo, sabiendo que cada paso debía ser cuidadosamente planeado. Desde su escondite, comenzó a idear un plan para sabotear el cargamento sin ser descubierto. Observó las cajas y notó que muchas estaban aseguradas con sogas gruesas. Si lograba debilitarlas, tal vez el contenido terminaría esparcido por el barco, dificultando su transporte.

Resumen
#2
Fon Due
Dancing Dragon
Primero, se dirigió a un rincón de la bodega donde encontró herramientas básicas utilizadas por los marineros para mantenimiento. Con un pequeño trozo de metal que le sirvió como palanca y su cuchillo, comenzó a trabajar en los nudos y asegurar que las sogas quedaran lo suficientemente frágiles como para romperse con el movimiento del barco.
 
Mientras trabajaba, escuchó pasos acercándose. Rápidamente, se escondió tras un barril, conteniendo la respiración mientras dos marineros discutían cerca.
 
“¿Estás seguro de que vale la pena este riesgo?” – preguntó uno, con nerviosismo evidente. “El capitán dijo que el pago es suficiente para mantenernos a flote por meses. No pienses demasiado y haz tu trabajo.”
 
Cuando los hombres se alejaron, Fon Due retomó su tarea. En poco tiempo, había logrado aflojar las sogas de varias cajas, pero sabía que eso no sería suficiente. Necesitaba un caos mayor para garantizar que el cargamento quedara inutilizable.
 
Sus ojos se posaron en los frascos con el líquido oscuro. Aunque desconocía exactamente qué era, el símbolo de calavera le indicaba que era algo peligroso. Si lograba romperlos, podría arruinar todo el cargamento de armas. Con cuidado, comenzó a trepar por las cajas hasta alcanzar la pila donde estaban los frascos.
 
Usando su cuchillo, perforó sutilmente la madera del embalaje, permitiendo que el líquido comenzara a filtrarse lentamente. El olor era fuerte y químico, confirmando que era algo tóxico. Mientras descendía, un ruido lo sobresaltó.
 
Un marinero había regresado y notó algo extraño.
 
“¿Qué diablos...? ¿Por qué hay manchas negras aquí?”
 
El hombre encendió una lámpara para inspeccionar, iluminando justo donde Fon Due se encontraba. Sin pensarlo, el pequeño Tontatta saltó ágilmente al suelo, esquivando el pie del marinero, y se ocultó detrás de una pila de sacos de arroz.
 
“¡Capitán! ¡Tenemos un problema en la bodega!” – gritó el marinero, corriendo hacia la escalera.
#3


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