¿Sabías que…?
Si muero aquí, será porque no estaba destinado a llegar más lejos.
[Aventura] [T4] Un premio para repartir
Octojin
El terror blanco
Las tareas parecen ser cada vez más complejas en cuanto a que te dejan solo continuamente. Quizá tienen cierto recelo de ti, o puede que simplemente quieran que fracases, no lo sé. La cosa es que sientes que lo único que hacen tus compañeros es vigilar que los piratas no huyan. Y no parecen que vayan a hacerlo igualmente.

Cuando finalmente das con el falso suelo tras tus cortes, un pequeño compartimento queda al descubierto. El espacio es estrecho y oscuro, y el hedor que emana de allí te golpea como una bofetada golpea a un hijo. Dentro encuentras al intérprete: un hombre delgado, con la ropa hecha jirones y un aspecto claramente lamentable. Desde luego no está en sus mejores días. Apenas tiene fuerzas para moverse y parece completamente desorientado, aunque sus ojos reflejan una mezcla de alivio y recelo al verte.

Los reclutas que te acompañan actúan rápidamente ante tus gestos. Uno de ellos le pasa una cantimplora con agua, que el hombre bebe con desesperación, mientras otro corre a buscar algo de comida. Cuando empieza a comer, lo hace con tal avidez que casi parece olvidar que está rodeado de marines armados. Desde luego no parece que estar en esa situación le importe mucho, y no es para menos, ¿cuántos días habrá pasado allí?

Pronto, dos reclutas más llegan para encargarse de él. Lo levantan con cuidado, casi como si fuera una figura frágil, y lo llevan a la cubierta para darle un baño improvisado y cambiar sus harapos por ropa limpia. Aquello no parece molestar al tipo, que sigue comiendo el pan que le han dado. El contraste entre su estado inicial y el resultado final es impresionante, aunque sigue pareciendo débil y afectado por su tiempo en cautiverio.

Vaya lujo no ser recluta, ¿verdad? De lo contrario te verías ahí, lavando a un hombre que se ha orinado y ha estado días encerrado, con el hedor que desprende. Pero no, tú eres Alférez, y puedes, desde la lejanía, mirar y dar órdenes. Menudo lujo.

Cuando finalmente está presentable, aunque todavía algo tembloroso, los reclutas lo traen de vuelta hacia ti. Está esposado, aunque su debilidad hace que el gesto parezca innecesario. Su voz es suave, apenas audible, como si cada palabra le costara un gran esfuerzo.

—No sé... no sé cuántos días llevo ahí abajo... —te dice, parpadeando lentamente mientras sus ojos se ajustan a la luz del sol. Parece dolerle incluso el acto de mirar a su alrededor, lo que indica que probablemente ha estado en la oscuridad durante varios días. Los reclutas lo sostienen con firmeza, pero no hay señales de resistencia en su parte.

Cuando logra continuar, lo hace en un tono aún más bajo, como si temiera gastar lo poco que le queda de energía:

—Loguetown era... una parada corta. Solo íbamos a aprovisionarnos... pero todo se torció. Empezaron a discutir, no sé bien por qué —Hace una pausa, tosiendo ligeramente antes de proseguir—. Llevo con ellos unos meses. Era intérprete en la asociación de mudos... pero no quería viajar con ellos. Me raptaron. El capitán dijo que necesitaban a alguien como yo para poder comunicarse con el mundo exterior. Y me llevó con ellos.

Su voz se quiebra un poco al hablar del capitán, como si el recuerdo le provocara una mezcla de miedo y rabia. Probablemente más miedo que rabia en ese momento.

—No sé dónde está ahora... —continúa— Pero si ha huido, no habrá ido solo. No tiene ni idea de navegación. Siempre dependía de la tripulación para eso. Y para otras muchas cosas, claro.

Vaya vaya... Así que parece que no está solo. Las piezas comienzan a encajar: un capitán que raptó al intérprete para mantener operativa a su banda, un grupo de mudos que, pese a su condición, decidió lanzarse al mar, y un conflicto que probablemente llevó al caos en su última parada. ¿Será muy común que las bandas se fragmenten entre ellas? Desde luego así no hace falta la marina. El caso es que hay más preguntas que respuestas, especialmente sobre el paradero del capitán y la espada desaparecida.

—¿El cargamento de espadas? No tengo ni idea de dónde salió —te dice mientras vuelve a toser, ahora escupiendo algo de sangre cerca tuya, gesto tras el cual te pide perdón con la mano diestra—. Lo único... Lo único que sé es que estaba obsesionado con una de las espadas. Decía que... Que era la mejor que había visto.

El intérprete alza la mirada hacia ti, esperando algún tipo de juicio. Parece agotado, tanto física como emocionalmente, pero no muestra signos de resistencia. Su disposición a hablar podría ser clave para resolver el misterio que rodea a esta peculiar banda de piratas.

¿Qué harás con esta información? El destino del intérprete, así como el de los demás miembros de la banda Mutis, está en tus manos. Y mientras más piezas del rompecabezas encajas, más claro parece que este no es un caso común de piratería.

Contenido Oculto
Contenido Oculto
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#11
Takahiro
La saeta verde
Takahiro asintió todo lo que le estaba diciendo aquel hombre, tratando de guardar en su cabeza toda la información que le estaba contando. Valiosa o no, tenía que saber todos los detalles de cara al informe que tendría que darle a la capitana Montpellier.

—¿A qué se refiere con otras muchas cosas? —le preguntó el alférez, con suma curiosidad—. ¿Y tiene algún tipo de recompensa por su cabeza para poder identificarlo en el sistema? ¡Ah, ¿cómo se llama?! —inquiriría justo después.

A medida que el anciano hablaba, el peliverde más intrigado estaba, sobre todo cuando mencionó que el capitán pirata había huido con una espada aparentemente valiosa. ¿Qué tipo de espada sería? ¿Qué lo haría tan especial? ¿Su acabado? ¿Sería una meitou? ¿Alguna espada robada de algún museo? Había tantas posibilidades, aunque seguramente fuera algo relacionado con su alto precio en el mercado negro. ¿Qué mejor manera que desaparecer que vendiendo a tu banda de discapacitados como un vil traidor y luego retirarte con una millonada bajo el brazo? Un plan sin fisuras.

En el caso de que el pirata no tuviera recompensa, el peliverde tendría una fantástica idea. Se levantaría de sopetón y se dirigiría hacia el primer marine que no pareciera un simple recluta en aquel lugar.

—Disculpe, compañero —le diría, mostrando una amplia sonrisa, pero una mirada severa—. ¿Sabes si entre vuestro escuadrón hay algún artista forense? —preguntaría—. Ya sabes, aquellos encargados de dibujar lo que describe una persona —aclararía justo después de su pregunta.

De haber encontrado uno entre los marines que se encontraban en el navío, algo difícil mas no imposible, le pediría al anciano que lo describiera con todo lujo de detalles para tener una descripción fidedigna de él, para luego usar esa imagen para buscarlo por toda la isla. ¿Qué no había ningún artista forense? Guardaría esa baza para cuando volvieran a la base, ya que, en cuanto llegaran, hacer el retrato del pirata y continuar buscándolo. A fin de cuentas, no sería tan imbécil de salir a la luz del día de la isla; al menos eso pensaba el marine.

Tras ello, consiguiera la imagen o no, subiría a la cubierta al anciano y lo usaría para ir interrogando uno a uno a los piratas mudos para ver si conseguía algo de información valiosa.
#12
Octojin
El terror blanco
Tras escuchar las palabras del anciano, te pones manos a la obra decidido. Por lo que te ha dicho este hombre no tiene recompensa, por lo que probablemente tampoco tenga un historial registrado, así que, efectivamente, necesitas algo más tangible. Recorres la cubierta en busca de un marine con un poco más de experiencia que los reclutas que te rodean. Finalmente, das con uno que tiene pinta de saber lo que hace: un tipo mayor, con cabello gris y semblante serio, que parece observar el bullicio a su alrededor con un leve gesto de desaprobación. Está tranquilo y te parece que es buen destinatario para tu pregunta. El tipo asiente y te hace un saludo militar cordial.

—Claro, está Aimar, que dibuja que no veas —te dice con una sonrisa cortés aunque mirada severa—. Voy a por él.

Cuando el tal Aimar llega, te comenta que no es exactamente un profesional, pero que tiene buenas habilidades artísticas y podría hacer un retrato bastante decente. Mejor que nada, supongo. A medida que le ves trabajar, ves que el tipo es un joven recluta que parece estar más emocionado por su "talento secreto" que por su trabajo habitual como marine.

El recluta se sienta frente al anciano, papel y lápiz en mano, mientras tú observas de cerca. El intérprete empieza a describir al capitán con voz débil, pausada. El recluta traza líneas rápidas, ajustando los detalles con cada corrección del anciano. Borra y repasa en más de una ocasión, forzando la descripción que le dan.

—No, su nariz es más ancha. Y las cejas... son más gruesas, ¿entiendes? —dice el intérprete, interrumpiendo de vez en cuando para toser.

El proceso es lento, pero poco a poco la imagen comienza a tomar forma. Después de varios ajustes y algunos refunfuños del anciano, el recluta se aparta con orgullo.

—Creo que lo tengo, señor —El marine te muestra el dibujo, que tiene el aspecto de un retrato detallado y preciso, aunque algo tosco —. Necesito diez minutos para pasarlo a limpio y se lo enseño.

Mientras el joven trabaja, el anciano se pone en pie con dificultad, apoyándose en dos reclutas que lo escoltan de un lado a otro. Camina lentamente hacia los prisioneros mudos, quienes lo observan con una mezcla de esperanza y preocupación. Uno por uno, se detiene frente a ellos y comienza a comunicarse en el lenguaje de señas, transmitiendo tus preguntas y recibiendo respuestas que parecen ser decepcionantes. Después de unos minutos, vuelve hacia ti, con su expresión totalmente agotada.

—Nadie ha visto nada —Su voz es apenas un susurro mientras los reclutas lo ayudan a sentarse cerca de ti—. Uno de ellos cree que el capitán jamás les abandonaría. O al menos no sin avisar. Ha sugerido que quizá sus compañeros dejaron algo sin revisar. Quizás no deberías haberte fiado de ellos desde el principio.

Sus palabras caen como un balde de agua fría. ¿Será cierto? ¿Podría haber algún detalle que los marines pasaron por alto en su revisión inicial del barco? Observas al intérprete, que ahora parece al borde del colapso. Está visiblemente pálido, y su respiración es irregular. No creo yo que forzarle a hacer algo más en sea momento sea lo correcto.

—Necesita descansar —comenta uno de los reclutas, con el ceño fruncido—. Si me permite, lo llevaremos al cuartel para que lo atiendan.

Lo que te decía. Debes decidir qué hacer con él, lo que está claro es que necesita atención médica. No puedes sacar mucho más de él en su estado actual, y si se desmaya o su condición empeora, perderás la única voz que tiene esta banda.

Si decides que se vaya, los reclutas se llevarán al anciano hacia una camilla improvisada y partirán a la base. En caso contrario, llamarán a un equipo de médicos de la base que se desplazarán hasta ahí, pero quizá tarden más tiempo en llegar.

Por cierto, el tipo del dibujo ha tardado un poquito más de diez minutos, pero viene a toda prisa a buscarte y te pasa la hoja. Es esta.

Retrato robot


Pues no se le da mal al chaval, no. Está bastante definido el dibujo. Pues ya tienes algo más de información. Ahora te toca pensar... El capitán no pudo haberse esfumado sin más. Si realmente dejó a su intérprete en el falso suelo, debió planear su salida. Seguro que estás considerando varias opciones. Es el momento de ponerlas en práctica.

Si el capitán sigue cerca, no permitirá que se escape. Si ya huyó, tendrás que descubrir cómo. Ahora bien, detective Takahiro, ¿cómo podría huir un hombre de un sitio como aquél?
#13
Takahiro
La saeta verde
«Me cago en…», discurría para sus adentros el peliverde, mientras suspiraba con cierta desgana.

A Takahiro se le notaba en la cara que no estaba a gusto con aquella situación: un grupo de piratas que no hablaban y que, supuestamente, no sabían nada de su capitán, quien se había dado a la fuga con un arma de alto valor. Un intérprete que, seguramente, sabía mucho más de lo que había soltado por la boca, pero que necesitaba ser tendido urgentemente o moriría. Todo un caos.

—Está bien —dijo el espadachín, mientras ganaba tiempo para aclarar sus ideas en un momento volviendo a suspirar—. ¡Aimar! —llamó la voz del marine—. Quiero que me hagas una copia del retrato robot, ¿vale? Si has tardado diez minutos mientras el anciano te lo describía, creo que puedes hacerlo en menos si tienes que copiarlo. Así que lo quiero para ya.

Mientras Aimar recreaba el retrato robot de aquel capitán de aquellos hombres, Takahiro se acercó a uno de los marines que estaba en la cubierta.

—¡Soldado! —alzó la voz, llamando su atención—. Quiero que esposéis a todos los piratas, ¿entendido? No quiero que nadie se mueva de la cubierta hasta que yo lo ordene. Y si alguien intenta escapar…, disparadle en la rodilla.

Una vez el segundo retrato robot estuviera realizado, se lo daría a otro de los marines para que fuera en una terna a dar una vuelta por los alrededores. Takahiro quería saber si alguien lo había visto por las cercanías y, de ser así, tratar de encontrar una pista que lo lleve hacia su ubicación. Una vez eso estuviera aclarado, el peliverde optaría por coger otro retrato e ir escoltando al anciano hacia el hospital del cuartel de la marina.

—Philip —le diría Takahiro en cuanto lo viera—. Tres de tus hombres van a buscar por los alrededores al supuesto capitán de estos hombres. Arriba están todos arrestados, así que no quiero que nadie baje del barco hasta que yo lo ordene. ¿Entendido? —le diría, a sabiendas de que iba a molestar—. Yo voy a acompañar con estos dos hombres al anciano al hospital del cuartel. Cualquier cosa… —sacó un papel del bolsillo—. Este es mi número de den den mushi. No dudes en llamarme.

Tras eso, pondría rumbo al cuartel.
#14
Octojin
El terror blanco
Tu autoridad resuena claramente en la cubierta. Las órdenes que das no dejan lugar a dudas, y los marines las cumplen sin cuestionamientos, parece que ya saben quién manda en el barco. Aimar, visiblemente concentrado, se pone manos a la obra con el retrato mientras ojea el original. La verdad es que dibuja bastante bien y, sobre todo, bastante rápido. El joven trabaja con rapidez, perfeccionando el boceto inicial mientras se asegura de que cada detalle sea fiel a la descripción dada por el intérprete.

Entonces, Aimar te entrega el retrato original, mientras mantiene una copia y se pone a hacer más, probablemente para repartirlas entre los marines. O quizá para pegarlas por ahí. En cualquier caso, no es mala idea hacer cuantos más dibujos pueda. Mientras él continúa reproduciendo copias, llamas la atención de Philip, ordenándole que tres de sus hombres recorrerán los alrededores con las copias preguntando si han visto al tipo. Una jugada la mar de lógica, que quizá te traiga alguna pista.

Philip asiente, aunque su rostro denota cierta incomodidad. Ese pequeño ego masculino... Sin embargo, cumple con tu instrucción al pie de la letra. Pronto, tres marines toman las copias de Aimar y parten en busca de testigos en las cercanías, dejando claro que no hay tiempo que perder. Cuanto antes tengáis respuestas, mejor.

Mientras tanto, ordenas que todos los piratas sean esposados y mantenidos bajo estricta vigilancia en la cubierta, algo que los marines más rasos cumplen rápidamente, moviéndose con agilidad por la cubierta y usando sus esposas para fijar las manos de los tipos. Tu voz firme asegura que nadie dude de la seriedad de tu advertencia: cualquier intento de fuga será respondido con un disparo en la rodilla. Los marines que supervisan a los prisioneros se muestran atentos y preparados.

Una vez asegurado el control de la situación, escoltas al intérprete hacia la base de la marina. Dos soldados te acompañan, y aunque el anciano parece cada vez más debilitado, se aferra con fuerza a la ayuda de los reclutas que lo sostienen. Su estado es bastante pobre, pero mentalmente aún está fuerte. Quizá por eso aguanta.

Al llegar a la base, varios médicos esperan para atenderlo. Sin perder tiempo, lo acomodan en una camilla y comienzan a estabilizarlo. Ves cómo algunos de ellos murmuran entre sí, evaluando la gravedad de su estado. Uno de los médicos se acerca a ti, con el rostro denotando curiosidad.

—¿Qué tal está yendo el operativo, alférez? —pregunta, mientras observa cómo los demás atienden al anciano.

Minutos después, mientras reflexionas sobre los siguientes pasos, Philip te llama por den den mushi. Su tono es firme, pero hay un leve matiz de urgencia en su voz. Parece que ha dado con algo que se les había escapado en un primer momento.

—Takahiro. Hemos descubierto algo —Hace una breve pausa, como si tratara de ordenar sus pensamientos—. Falta un bote salvavidas. Parece que ha sido cortado limpiamente, probablemente con una espada. Sospechamos que ese fue el medio de escape del capitán. Pero aquí sus compañeros dicen que jamás se habría ido sin decírselo a nadie... Necesitamos saber qué hacer. Si me lo permite, yo ordenaría otra búsqueda por el barco, quizá ha dejado alguna nota o algo.

La noticia seguramente te haga pensar. Un bote salvavidas es una salida plausible, pero ¿es realmente el único camino que pudo haber tomado? Está claro que el barco no ha sido revisado de manera adecuada. ¿Cómo se les ha podido pasar algo tan evidente como que el bote no estaba ahí? Es cierto que, después de todo, un contrabandista hábil sabe ocultarse bien. Si hay un doble fondo, una escotilla secreta, o incluso un compartimento desconocido, podría haber escapado de otra forma. Pero el bote siempre es la vía más rápida y eficiente, ¿no?

Te toca analizar rápidamente las opciones. El capitán podría haber huido en el bote, pero también cabe la posibilidad de que haya utilizado algún recurso del propio barco para cubrir su rastro antes de lanzarse al agua. Descartamos que esté allí, porque no detectaste más presencias... Joder, no me gustaría ser tú ahora mismo. Debes tener una cantidad de preguntas... ¿Qué partes del barco no han sido revisadas con suficiente detalle? ¿Se ha inspeccionado bien el camarote del capitán? ¿La bodega? ¿Podría haber dejado alguna pista inadvertida?

Mientras reflexionas, ves cómo el intérprete es estabilizado por los médicos, pero su agotamiento es evidente. No parece que puedas contar con él por el momento, así que yo que tú me centraría en explorar las posibilidades que aún no has descartado.

Si realmente quieres ponerte el traje de detective, sabes que deberás volver al barco y comenzar desde cero. La búsqueda del capitán requiere un enfoque meticuloso. Cada rincón del barco puede esconder una pista, y no piensas permitir que este pirata astuto se salga con la suya.

Cosas
#15
Takahiro
La saeta verde
Contra todo pronóstico, la llegada al cuartel transcurrió sin contratiempos, pero el estado del anciano era alarmante. Su condición era tan grave que Takahiro dudaba seriamente de que pudiera recuperarse pronto. Dio instrucciones a sus marines de vigilar la habitación del hombre hasta que él regresara, con la orden expresa de informarle de cualquier incidente relacionado con el intérprete. Debía volver al barco para continuar con la investigación y tratar de dar con el paradero del pirata fugitivo.

—Digamos que va. Sí, va —respondió Takahiro al médico, esbozando una sonrisa confiada. Sin embargo, cualquiera que conociera al peliverde sabría que estaba mintiendo como un bellaco, ya que no tenía la menor idea de cómo seguir adelante con la investigación. Demasiadas pistas, demasiados caminos posibles, y ninguno claro. Durante todo el camino había estado reflexionando: si él fuera el capitán pirata, ¿hacia dónde habría huido? ¿Qué métodos habría utilizado para escapar? ¿Seguiría en la isla o estaría ya en rumbo hacia otra? ¿O, tal vez, continuaría dentro del barco escondido en algún lugar? Las preguntas se acumulaban, pero las respuestas parecían escurridizas—. Dentro de poco tendremos algo más en claro, pero no quiero adelantar nada todavía —concluyó finalmente, con tono seguro pero cargado de duda e incertidumbre.

Tras ello, comenzó a caminar hacia las afueras del cuartel, cuando su den den mushi comenzó a sonar con su distinguida reverberación.

—Aquí Takahiro —respondió—. ¿Cómo es posible que no os hayáis dado cuenta antes? —regañó el peliverde, incrédulo de que no hubieran contado el número de botes desde el principio. Respiró hondo y añadió con tono más relajado—. Pero bueno, un fallo lo tiene cualquiera. Todos somos humanos, ¿no? —dijo, tratando de suavizar el reproche—. Seres que erran y se equivocan, no sé si me entiendes —Aclaró, ya que en este mundo había más seres y razas que la humana, realizando una breve una pausa antes de continuar dando órdenes—. Estaré allí en un rato, ¿de acuedo? Cuando llegue, quiero que tú y yo repasemos de nuevo todo el barco, juntos. Mientras tanto, ordena a un marine subir a la cofa y vigilar la zona con prismáticos o un catalejo, los piratas deben de tener alguno por ahí. Además, organiza dos parejas de marines para que hagan un barrido por la costa en busca del bote: una pareja hacia un lado y la otra hacia el otro. Quiero que cubran toda la maldita costa hasta encontrarlo, ¿entendido? —hizo una pausa—. Muchas gracias, nos vemos enseguida.

Dadas las órdenes, Takahiro puso rumbo nuevamente hacia la embarcación de los piratas. Mantuvo un ritmo acelerado, consciente de que cada minuto contaba. Antes de partir, dispuso que un grupo de marines se dirigiera al barco para trasladar a los piratas a los calabozos. Quería que estuvieran listos para ser interrogados nuevamente tan pronto como el intérprete se recuperara. Al llegar, tenía previsto hablar con Philip para comprobar si habían encontrado algo nuevo. Luego, se dispondría a inspeccionar el barco de arriba abajo, evaluándolo con detenimiento en busca de cualquier irregularidad. Recorrería camarote por camarote, rincón por rincón, concentrándose especialmente en la sala del capitán. Allí buscaría cualquier cosa fuera de lugar, algún objeto que no encajara con el entorno típico de un pirata, algo que pudiera darle una pista sobre su paradero. ¿La razón? Si él fuera un pirata, ese sería el lugar perfecto para una vía de escape, y más que los piratas alegaban que el capitán no los dejaría allí. Además de eso, también observaría a los marines, ¿y si alguno de ellos era el capitán pirata disfrazado? Cabía esa opción, aunque fuera descabellada. No se fiaba de nadie y había mucho maestro del disfraz suelto por ahí.

Resumen
#16
Octojin
El terror blanco
Philip responde con un "sí, señor" algo seco antes de colgar el den den mushi. Aunque acata las órdenes, no parece demasiado contento con la reprimenda. Y no es para menos, si ya le costó aceptar tu presencia como la persona encargada del operativo, imagina que le echen la bronca. Quizás es el nerviosismo por lo que está ocurriendo, o puede que simplemente no le agrade admitir que hubo un fallo en el protocolo. Pero vaya fallo, no parece que estén haciendo muy bien su trabajo, y haces muy bien en no fiarte. En cualquier caso, cuando llegas al barco, te encuentras con un despliegue de actividad mucho mayor que antes. Los marines se mueven de un lado a otro, cumpliendo las tareas que les has asignado, y parece que Philip está al frente de la operación, aunque su tensión es evidente. Creo que has hecho que se ponga las pilas, aunque quizá ya sea tarde.

Los piratas siguen esposados y sentados en fila en la cubierta, allí donde los dejaste antes de llevar al anciano a que le atiendan. Puedes observarlos con calma mientras evalúas si alguno de ellos podría ser el capitán disfrazado. La verdad es que es un muy buen punto, y bastante original. ¿Te imaginas que llevase ahí desde el primer momento? Sería un puntazo.

Pero no, no parece estar ahí. A pesar de que los piratas tienen sus rostros demacrados y reflejan un evidente cansancio, no hay ninguno que encaje con los rasgos distintivos del retrato robot. Esto confirma que has tomado una buena decisión al asegurarte de que el capitán no se hiciera pasar por un miembro más de la tripulación, pero que lamentablemente, no ibas bien encaminado. Pero oye, más diez en ingenio.

Con el control asegurado en cubierta, decides adentrarte en el camerino del capitán. El ambiente allí es distinto, más cerrado, con un olor a madera vieja mezclado con un leve rastro de humedad que, pese a encontrarse en todo el barco, por alguna razón allí es algo mayor. El camarote tiene un aspecto algo desordenado, quizá ese desorden haya sido causado por los marines, o puede que estuviese así ya, pero en cualquier caso, no parece haber señales de una lucha allí. Sobre el escritorio principal, una pila de papeles desorganizados llama tu atención. Mientras los examinas, dos de ellos destacan entre el resto. Sus textos están llenos de letras y símbolos que no tienen un significado claro a simple vista. Los documentos son crípticos, y aunque parecen importantes, no puedes discernir su propósito o relevancia de inmediato. Sin embargo, ¿por qué no han sido reportados? Todo esto huele bastante mal. ¿Se puede ser tan inepto?

La posibilidad de que los papeles contengan información clave te intriga. ¿Son un mapa? ¿Un código? ¿O algo completamente diferente? En cualquier caso, parece que tú mismo podrías descifrarlos con algo de atención, aunque necesitas más tiempo o la ayuda de alguien con experiencia en descifrar este tipo de documentos.

Con las pistas en la mano, sabes que no puedes confiar únicamente en lo que ya se ha revisado. Pero quizá esta sea la pista principal. El operativo montado por Phillip ha resultado ser un completo fracaso... Y quizá deberías reportarlo en el informe que tendrás que elaborar al final de la misión. La situación ahora exige que examines cada rincón del barco con más detenimiento, especialmente si el capitán usó algún truco para escapar. La idea de que pueda haber compartimentos secretos o pistas escondidas comienza a tomar fuerza en tu mente. ¿Qué más se te puede estar escapando?

Por ahora, tienes varias pistas. La primera, es que los piratas, teóricamente, son mudos. Eso de por sí es un gran distintivo... ¿Cuántas bandas mudas habrá en los blues? El segundo, sin embargo, es que falta un bote, y como mínimo, el capitán. Y, el tercero, son los papeles, que aún no sabes qué pueden contener.

Lo cierto es que los papeles son un comienzo, pero sabes que todavía queda mucho por hacer. El capitán sigue siendo un misterio, y cada momento que pasa es una oportunidad para que aumente la distancia entre él y la marina. Si se resuelve el contenido de los papeles... ¿Te dará a su vez más pistas?

Cosis
#17
Takahiro
La saeta verde
Como era de esperar, a Philip no le había gustado en absoluto que el detective Takahiro continuara dándole órdenes. No sabía si esa molestia, si ese resquemor provenía de la fama que había obtenido la L-42 en los últimos meses, una brigada tan admirada por algunos como aborrecida y odiadas por otros, o si más bien era por la rapidez del ascenso de cada uno de los compañeros de la misma, que había sido más rápido de lo normal. Lo cierto era que, independientemente de su mala gana, en cuanto el alférez Kenshin regresó al barco, las instrucciones que les había dado fueron acatadas con precisión, con una exactitud que sólo se podía contemplar en la Marina del Gobierno Mundial.

Dos parejas de marines habían sido enviadas a registrar la costa, mientras que otro se encontraba con los ojos pegados al catalejo, buscando algún bote que pudiera estar deambulando por los alrededores.

—Llevadlos a los calabozos del cuartel —ordenó Takahiro, señalando a los piratas esposados con la mano izquierda—. Y aseguraros de que les den algo caliente de comer, especialmente al que utilizamos para comprobar si estaban bajo la influencia de una fruta del diablo —continuó diciendo—. Que el pobretico, aparte de mudo, solo le falta que coja una pulmonía por nuestra culpa.

Tras eso, se dirigió de nuevo hacia Philip:

—Ahora, vamos a revisar esto en condiciones, ¿te parece? —le preguntó, sonriente.

Se puso a recorrer de nuevo el barco, mientras una sensación de tranquilidad comenzó a apoderarse del ambiente. En ese momento, ya con el silencio que necesitaba para poder pensar con claridad, junto a Philip, el peliverde continuó con su inspección, aunque esa vez sería mucho más minuciosa.

Se encontraban en la habitación del capitán, observando cada rincón con mucho detenimiento. Fue allí, entre el caos en el que se encontraba aquel camarote, cuando sus ojos se posaron sobre unos papeles que estaban sobre el escritorio. Había algo que llamó su atención en cuanto los tuvo entre sus manos. Parecía una especie de código extraño, que le era familiar, sin embargo, la cuestión era la siguiente: ¿de qué? Pero entonces lo recordó. Ese juego al que jugaba con su padre cuando era un crío. Cada símbolo era una letra y formaban una palabra.

Rápidamente buscó papel y algo para escribir entre el caos y la suciedad del escritorio, incluso se manchó de un líquido que esperaba que fuera, como mucho, algún tipo de licor. Y después de más de media hora pensando, haciendo tachones y conjeturando distintas frases pareció dar en la clave:

—Quien me quiera seguir que lo haga —era la primera frase—. Nos vamos a la isla del spa —era la segunda—. Allí estaremos —terminaba el mensaje.

Dijo eso en voz baja, tan baja que parecía un susurro.

—¡Lo tenemos Philip! —alzó la voz, enérgico, mientras alzaba la mano esperando que el marine le chocara.

Después de eso, continuaría inspeccionando un poco más el barco en busca de alguna anomalía. De no encontrar nada, pondría rumbo al cuartel y buscaría información sobre las islas que son conocidas por sus spas.
#18
Octojin
El terror blanco
Cuando encuentras los papeles en el escritorio del capitán y comienzas a analizarlos, Philip se acerca, observándote con evidente incomodidad. Puede que su semblante te de incluso pena, ha visto que eso es un error grave por parte de los suyos y está pensando en cómo justificarse, aunque las palabras parece que no le salen. La tensión es palpable mientras examinas los documentos, y tras varios minutos de trabajo en silencio, el descifrado de los mensajes empieza a tomar forma en tu mente. Al levantar la vista hacia Philip, notas que está a punto de decir algo, pero parece dudar. Finalmente, rompe el silencio.

—Alférez… —comienza, con un tono bajo— Tengo que pedirle disculpas. No hemos hecho bien nuestro trabajo, y lo sé —Baja la mirada un momento antes de continuar—. Estoy preocupado porque esto no pinta bien, y… sinceramente, no sé qué más hacer.

Philip se frota la frente, visiblemente afectado por la situación. Su voz baja casi hasta un murmullo.

—Por favor, no informe a los altos mandos sobre esto. Me pondré las pilas, se lo aseguro. Pero… necesito que me dé una oportunidad para arreglar esto.

Con un asentimiento, te deja solo en la habitación del capitán. Aunque su nerviosismo es evidente, parece genuinamente comprometido a corregir sus errores. Quién sabe si dice la verdad o no. Al volver tu atención a los papeles, todo empieza a encajar. El código, aunque complicado al principio, comienza a desvelar su secreto. Cada símbolo se convierte en una letra, y finalmente, las frases emergen con claridad. Parece que el mensaje final ha sido descifrado por alguien sin oficio. Fíjate, para que luego insten a los niños a estudiar...

Quien me quiera seguir que lo haga. Nos vamos a la isla del spa. Allí estaremos.

¿Por qué hablará en plural el mensaje? ¿Habrán huido varios? La cosa es que el bote que faltaba tenía hueco para un máximo de seis tipos. Quizá alguno más si el tamaño o el peso es inferior a la media, pero no para muchos más.

El mensaje es algo extraño, la verdad. Aunque también tiene su lógica. Un lugar con spas sería el escondite perfecto para alguien buscando pasar desapercibido. Al comprender el significado, un destello de emoción recorre tu rostro. Justo en ese momento llega Phillip para chocar su mano con la tuya, felicitándote por tu hallazgo.

Aunque aún parece algo tenso, Phillip no puede evitar una sonrisa al ver tu entusiasmo. No solo choca tu mano con una mezcla de alivio y alegría, sino que te abraza efusivamente.

—Buen trabajo, alférez. Vamos a asegurarnos de que este tipo no se nos escape.



Tras ello, pasas un rato inspeccionando el barco en busca de cualquier otra anomalía o pista que pueda reforzar tu teoría. Sin embargo, a pesar de una revisión minuciosa, no encuentras nada más relevante. Parece que todo apunta a las islas mencionadas en el mensaje, y eso junto con el bote eran las pistas más grandes que podías descifrar. Lo demás, ya había sido repasado por el resto de marines.

Con el barco revisado y los prisioneros bajo control, decides que es hora de regresar al cuartel. Justo cuando sales a cubierta ves cómo se están llevando a los piratas en tandas, unidos por una cuerda y esposados. La verdad es que parece que esta parte del protocolo si la están haciendo bien.

El trayecto es relativamente tranquilo, aunque el peso de la información que llevas te mantiene reflexionando sobre los próximos pasos. Al llegar, entregas los papeles y das las instrucciones necesarias para que los prisioneros sean trasladados a los calabozos. Luego, te diriges directamente al área administrativa para buscar información sobre islas conocidas por sus spas. Allí no te costará mucho encontrar esa información.

Los informes que recopilas, junto con las preguntas que haces a algunos oficiales de la base, te llevan a una conclusión clara: las Islas Gecko son el destino más probable. Famosas por sus instalaciones de relajación y servicios exclusivos, estas islas parecen encajar perfectamente con el perfil de alguien buscando un lugar discreto para ocultarse, especialmente si ha robado algo valioso.

Parece que todos los misterios han sido resueltos, al menos en teoría. Ahora, con todo listo, llega el momento de preparar tu informe. Sabes que tienes dos opciones: contar la verdad, con todos los errores cometidos por Philip y su brigada, o maquillar un poco los hechos para evitar problemas mayores. La decisión está en tus manos, pero una cosa es segura: con la pista de las Islas Gecko, tienes el siguiente paso claro en esta misión. ¿Será este el fin de la búsqueda, o apenas el comienzo de algo más grande? Eso aún no lo sabemos.

Final
#19
Takahiro
La saeta verde
—No te preocupes, hombre —le dijo Takahiro, con un tono relajado y una sonrisa ligera en el rostro—. No siempre se puede estar al cien por ciento ni tener los ojos en todo. Te lo digo por experiencia —hizo una pausa, mientras guardaba el papel con el código en el bolsillo interno de su chaqueta—. Ahora, levanta la cabeza y no te angusties. Aún hay mucho barco que revisar.

El peliverde y su compañero continuaron con la inspección, moviéndose de un lado hacia el otro del barco, tanto arriba como abano, examinando cada rincón del navio con esmero, en busca de algo que pudiera haber pasado desapercibido por los marines. El tiempo transcurrió lento, quizás demasiado lento, y después de un rato sin encontrar nada fuera de lo común, Takahiro decidió que la inspección había terminado.

—Ya está, es hora de irnos —dijo, mientras observaba el mar desde la cubierta. Dejó a una pareja de marines como custodios de la seguridad del barco, mientras indicaba a los pocos que quedaban que se retiraran al cuartel.

—En tres horas vendrá vuestro relevo —les informó a los marines, antes de girarse para marcharse—. No quiero dejar el barco solo... Al menos, no hasta que termine de comprobar un par de cosas —agregó, dejando en el ambiente un aura de misterio.



Tras regresar al Cuartel General del G-31, el alférez sintió muchas ganas de retirarse a su habitación y descansar, pues el día había sido largo y tedioso, había tenido que pensar demasiado para su gusto. Sin embargo, aún quedaba algo que debía hacer, una tarea que no podía postergar: encontrar islas con spa en el Mar del Este. Algo necesario para terminar aquella misión.

¿Qué islas tenían spa en aquel mar? Una pregunta que esperaba que tuviera fácil respuesta. Se sentó frente a un montón de documentos del cuartel que había pedido al encargado de la sección, dispuesto a realizar su búsqueda lo más pronto posible. Durante horas, pasó los ojos sobre mapas detallados y listados de destinos, preguntando en más de una ocasión a compañeros con más experiencia.

Durante esos días, en los que el turismo parecía ser la base de la economía, muchas islas tenían spas y hoteles de lujo. Sin embargo, uno de ellos destacaba por encima del resto, el famoso resort de lujo ubicado en una de las islas del archipiélago de las Gekko.

—Aquí tiene que ser —comentó en voz baja, dejando caer su espalda sobre el respaldo de la incómoda silla en la que se encontraba sentado—. A ver si la capitana me envía de incógnito a buscar al pirata y me doy un masajito entretanto —pensó en voz alta. 

Durante un instante sintió un gran alivio, ¿sería esa su primera misión exitosa intelectual en solitario? Eso era un punto a favor para él, ya que siempre podía restregarselo a la Oni en la cara.

Pero aún tenía que hacer lo peor de todo, aquello por lo que no le gustaba tener que ascender en la jerarquía de poder: realizar un informe detallado. Es por ello, que con un bolígrafo de color azul en mano, empezó a redactar el informe con todo lo que habia encontrado y todo lo que había ocurrido. Sin embargo, obvió la parte en la que Philip había sido un poco incompetente en sus quehaceres y también la parte en la que habían usado al pobre del mudo como si fuera carnada de una caña de pescar, lanzandolo al mar cada cierto tiempo.

[cierre]
#20


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