Hay rumores sobre…
... un algún lugar del East Blue los Revolucionarios han establecido una base de operaciones, aunque nadie la ha encontrado aun.
[Aventura] T2 - Bueno, bonito y Baratie?
Dr Zhivago
Doc Zhivago
Musiquilla

Hace un cielo despejado, ni una sola nube en el horizonte, si llevarás varias horas mirando el cielo te habrías dado cuenta de que no has visto ninguna en bastante tiempo, tienes un reloj a mano por lo que me han chivado, pero vamos fácil llevas un rato largo. No te culpo, tampoco hay mucho que hacer, y es que al igual que está pasando con las nubes, hace bastante que no pasa un barco por allí.
 
Te encuentras en la segunda planta del barco, en lo que es una especie de balcón que te permite explorar el horizonte, aunque claro necesitaras estar de puntillas o haber mangado un taburete.  Que por lo visto eres un poco cleptómano por lo que he oído. Me imagino que te consolará saber que no eres el único “bala perdida” que se ha quedado atrapado en alta mar ¿Desde cuándo se a convertido este restaurante en una cárcel con una reputación a la altura de Impel Down? Y es que a parte de algún que otro conocido, allí de retiro espiritual se encuentra la “Banda de la raspa” al completo, una veintena de piratas que solo hablan de como de bien lo van a hacer en la gran ruta, deben estar planificando bien la aventura porque también has escuchado que llevan allí un mes varados al igual que el galeón que tiene amarrado fuera.
 
Desde tu posición privilegiada también ves que esta madrugada debe haber llegado un pequeño barco, con capacidad para tres o cuatro personas de tamaño promedio, además tiene ese brillo como a recién pintado. Entre que tramas que hacer, solo quiero decirte que si vuelves al interior del barco verás que por los pasillos apenas hay movimiento y en el piso de arriba no hay ningún comensal. Se nota que la temporada fuerte estival está llegando a su fin.
 
Yo que tú iría pensando en que hacer, tal vez colarse de polizón en algún barco teniendo en cuenta tu tamaño no sea tarea complicada, también podrías ir a tu habitación realizar las maletas o tal vez prefieras colarte en habitación ajena y pillar algo con el descuento de cinco dedos, aunque cuidado, estos piratas no son conocidos por madrugar demasiado. Otra opción es que bajes al piso de abajo, donde está la barra y algunas mesas más, junto a la entrada del restaurante, y veas que se cuece.
 
Por último, tienes a un pirata al lado tocando la armónica, la verdad es que no deja de tocar la misma sintonía como si fuera un disco rayado. La verdad es que el tipejo parece triste por algo, en fin tú verás lo que haces, que lo mismo si está sensible se altera a la mínima y al final es un pirata, además este en particular tiene mal aspecto, pata de palo, no se afeita al menos en cinco días, y posiblemente se hizo a la mar por un proceso de divorcio.
#1
Raiga Gin Ebra
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Personaje


Raiga estaba cómodo, muy cómodo. Había tomado prestada una silla de ruedas de uno de los comensales que estaba disfrutando de una buena comida en el Baratie. El mink había ido al baño con la intención de lavarse las manos, pero en su camino se encontró la silla de ruedas. Así que entendió que el dueño no la necesitaba en ese momento —porque, ¿quién dejaría su silla desatendida si no quería que otro la utilizara?— y la había llevado hasta el balcón de la segunda planta. Desde allí, con los pies cruzados sobre la barandilla, observaba el horizonte despejado y el inmenso galeón anclado junto al Baratie, moviéndose ligeramente gracias a la silla de ruedas mientras agarraba con fuerza con las manos la barandilla. Un pequeño juego que le ayudaba a estar algo entretenido, dentro de lo poco que había que hacer allí.

—Vaya bicharraco —murmuró para sí mismo, con una sonrisa traviesa mientras le daba vueltas a la idea de colarse a bordo de aquél enorme galeón.

La curiosidad lo llamaba como un grillo en la noche, pero pronto descartó la idea. ¿Qué pasaba si justo partían mientras estaba dentro? Se iría quién sabe dónde, y aunque sabía nadar, lo hacía peor que una piedra con ganas de flotar. Además, el agua no era precisamente su lugar favorito.

—Nah, que se jodan —dijo, estirándose en la silla.

Sin embargo, no todo era perfecto. A su lado, un pirata con pinta de haber salido directamente de una tragedia de mala calidad no paraba de tocar la misma sintonía en una armónica desafinada. O quizá es que tocaba realmente mal. La melodía repetitiva y triste comenzó a colarse en los oídos de Raiga como un mosquito molesto.

—¡Oye, maestro! —exclamó, girándose hacia él con una expresión exageradamente irritada— ¿No tienes otra canción en el repertorio? Porque, colega, estás rayando más que el barril de ron de un marinero sobrio.

El pirata, con su pata de palo y su barba descuidada, levantó la vista, claramente confundido, pero Raiga no había terminado su sermón.

—Tocas horrible tronco. Si estás deprimido vete a la cama a llorar, pero no nos jodas a los demás. ¿Qué pasa? ¿Te dejó tu mujer y ahora crees que puedes castigar a todo el Baratie con esa armónica? Porque déjame decirte, amigo, ¡ni tu ex te soportaría ahora mismo! —Se echó a reír, sacudiendo la cabeza y volviendo a cruzar los pies sobre la barandilla— Anda, maestro, dale un descanso a tus pulmones y búscate un hobby que no torture a la humanidad, ¿vale?

Aquellas palabras seguramente no le sentasen muy bien al pirata, pero es que vaya barbaridad. No había oídos que pudieran soportar aquél llanto en forma de sonido de armónica. Raiga ya estaba demasiado ocupado mirando el galeón de nuevo, pensando en todas las historias y tesoros que podría contener, como para ver la reacción del viejo. No duró mucho en su ensoñación antes de aburrirse y decidir que necesitaba un cambio de escenario.

—Bueno, hora de mover el culo —Se levantó de un salto, dejando allí mismo la silla de ruedas—. Que quedarse quieto no da de comer… a menos que seas un mendigo profesional.

Con su habitual andar despreocupado, Raiga se adentró en el Baratie, sintiéndose como en casa. Los pasillos estaban vacíos, y la falta de movimiento le daba un aire casi fantasmagórico al lugar. Los comensales habían disminuido con el final de la temporada, y los piratas no madrugaban ni aunque les estuviera lloviendo oro.

—Hora de explorar —dijo en voz baja, susurrando casi como un ladrón en una tienda de joyas.

Raiga caminó hasta el lugar donde sabía que la gente solía dormir. Las habitaciones eran pequeñas y bastante simples, pero a veces algún pirata olvidaba cerrar bien la puerta, y eso significaba una oportunidad para alguien como Raiga. ¿Un ladrón? No, un tipo atento a las oportunidades que el destino ponía frente a él. Pegó la oreja contra la primera puerta y escuchó con atención. Nada. Pero, por si acaso, se quedó en silencio unos segundos más.

Un rugido gutural rompió el silencio. Un ronquido tan profundo que por un momento pensó que el pirata dormía con un oso.

—¡Madre mía, eso no es roncar, eso es convocar tormentas! —murmuró, alejándose rápidamente de la puerta.

Siguió caminando por el pasillo, deteniéndose en cada puerta y repitiendo el proceso: oído contra la madera, escuchar, soltar algún comentario mordaz, y seguir adelante si no encontraba nada que valiera la pena. Haría aquello hasta que por fin encontrase una en la que no hubiera ningún sonido. Si es que la encontraba, claro. Lo haría siempre mirando antes a ambos lados, asegurándose de que nadie lo viera, y entonces, probaría con el picaporte. La verdad es que se tenían que dar muchas condiciones para poder entrar. Que no se escuchara nada y que la puerta no estuviera cerrada con llave, pero total... No tenía nada mejor que hacer para pasar el tiempo.

—Si ya lo decía el yonki de mi barrio... Los piratas pueden perder una pierna, un ojo y hasta la moral, pero, ¿dejar una puerta abierta? ¡Jamás! —gruñó, notando que aquél día quizá no era el suyo.

Pero no se dio por vencido. Probó con otra puerta y luego otra, y así hasta que ya no quedasen más o encontrase una abierta.

Lo cierto es que no sabía ni qué se encontraría. Seguramente más problemas que beneficios, pero... ¿Qué era el mundo sino un conjunto de problemas? Aquello le gustaba al mink, que solía meterse en ellos con una facilidad que hasta parecía un don. Uno extraño, pero uno al fin y al cabo.
#2
Dr Zhivago
Doc Zhivago
Pero a ti no te han enseñado eso de llamar antes de entrar, en fin, como se nota que todavía eres un crío y que tu madre te tiene que dar un par de guantadas bien dadas. Puede que la primera puerta no ceda, ni la segunda, ni la quinta, pero a la octava va la vencida y tu perseverancia se ve recompensada.

Encuentras con una puerta mal cerrada, vamos a suponer que entrar porque llegado hasta aquí no te irás a rajar. La puerta hace un ruido infernal, te libras de un chirrido por el hecho del tiento con el que sostienes la puerta. Si abres nada más que una rendija, pronto te darás cuenta de que no te sirve y te verás forzado a subir la apuesta, aumentar hasta un palmo, lo suficiente como para que pudieras meterte dentro contoneando un poco tu cuerpo.

Lo primero que te llama la atención no es lo que ves, sino lo que escuchas, una sinfonía de un ronquido que solo puede ser provocada por alguien que lleve ya muchos años en el negocio de la piratería. Una vez que el pequeño halo de luz ilumina medianamente la estancia te das cuenta de que la habitación es grande, y por la irregularidad del fondo dirías que está desorganizada, la habitación parece tener una gran cama estilo suite al fondo de la estancia e incluso te parece ver o intuir lo que debe ser una puerta a un baño privado y unos cuentos armarios desperdigados, el resto de la sala tendrías que meter el cabolo y aun así te tendrías que manejar por la penumbra.

Pero toda esa penumbra también tiene sus ventajas y es que las cosas de valor destellan cuando el halo de luz les da, y es que al lado de la fuente de ruido sinfónica verás un colgante de un color grisáceo, podría ser plata, lamentablemente no eres Rick y no puedes llamar a un experto y en el caso de que pudieras no creo que violara la ley federal y allanará ese dormitorio.

Si quieres ver algo más, que imagino que es lo que harás, tendrás que echarle valor y entrar dentro, y husmear. Tu olfato te dice que ahí puedes sacar un buen botín, pero claro, si te da por acercarte a la mesilla de noche, puede que reconozcas al pirata, o mejor dicho la pirata, después de todo es el dueño del Galeón que tienes ahí afuera.

Se trata de Katarina Chirigotas, o “Diva Raspina” como la conocían en el cabaré de travelos que regentaba. Creo que sus padres le llamaron Matias, pero vamos, pero vamos, que uno no escoge la familia que a uno le toca, menos aún el nombre que le ponen. Si pudieras reclamar su cabeza, te llevarías nada menos que veinte millones, que para el mar de mierda en el que te ubicas, es bastante.

Pero no creo que acabar con un pirata de este calibre y menos de las formas guarras que estén pensando sea viable, ¿o no? Se deja la puerta abierta porque confía o a la Diva se le han pasado ya sus mejores años y comienza ya con los despistes, la verdad es que tiene ya unos años, muchas arrugas pese a la cantidad de cremas que se echa y unas cuentas canas, de no ser porque es pirata, sería una señora venerable que se cuida muy bien. Aunque claro, mi abuela también tiene muy mala leche, fijo que mete unos guantazos que te educan, pero rápido. Bueno, siempre puedes robarla y ya está, o no robarla, es una viejecita después de todo.

A todo esto, ya no tienes que aguantar la puta armónica, así que al menos no vas a tener ruidos que te jodan el operativo, aunque claro, herir los sentimientos de alguien puede originar problemas más adelante.

Tú dirás maestro, dentro de la sala hay dos armarios, uno a cada lado de la cama, una mesilla de noche donde ubicas el brillo plateado, y media docena de maletas y unos cuatro baúles destartalados por medio, algunos a medio abrir y con lo que parece ser ropa, aunque quizás algo de valor. Ojo, algunos de los baúles tiene cerrojo, por lo que es posible que necesites una llave.

Afuera tienes velas, iluminando el pasillo, por si quieres mangar una o intentar quemar el barco.
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#3
Raiga Gin Ebra
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Raiga se relamió la pata, lleno de emoción y picardía. La puerta finalmente cedió, aunque con un esfuerzo considerable.

—¡Por fin! —susurró para sí mismo mientras lograba abrirla lo suficiente como para colarse. Lo hizo despacio, sin prisas, cuidando que el chirrido no despertara a ningún alma. Una vez dentro, dejó la puerta entreabierta para que el tenue brillo de las velas en el pasillo iluminara lo justo y necesario. Aquella era su fuente de luz y, por lo tanto, su vía de hacer maldades.

El interior del camarote era una mezcla de penumbra y caos. La habitación era más grande de lo que había imaginado en un primer instante el mink, con una cama majestuosa en el fondo, rodeada de muebles desordenados y un desparrame de baúles y maletas. Sin embargo, lo primero que captó su atención no fue lo que veía, sino lo que escuchaba: ronquidos. Pero no unos ronquidos cualquiera, no. Era una sinfonía gutural digna de alguien con décadas de experiencia en los mares y con un nivel de cuñadismo que seguro que rompía el cuñadómetro.

—Vaya, parece que alguien se ha ganado el descanso, ¿eh? —murmuró con una sonrisa traviesa.

Al adentrarse un poco más, la luz del pasillo le permitió distinguir un brillo en la mesilla de noche, justo al lado de la fuente de los ronquidos. Se acercó con cautela, moviendo sus pies con el sigilo que sólo un mink podía manejar.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, el rostro de la persona en la cama quedó al descubierto: Katarina Chirigotas, la infame pirata conocida como “Diva Raspina”. Raiga la reconoció al instante y casi soltó una carcajada. Había oído multitud de historias suyas, aunque nunca supo si realmente era una protagonista de algún cuento, o había existido realmente. Las historias eran de todo tipo, desde trágicas a épicas. Seguramente teñidas muchas de ellas en continuas decoraciones ante lo que realmente, y casi con total seguridad, eran hechos completamente normales de un pirata, pero exagerados para que el leyente tuviese cierta admiración en ellos. Era una leyenda en las historias del East Blue, no solo por sus fechorías, sino por su peculiar pasado como cabaretera en un antro de mala muerte. Pero verla así, roncando y con una mascarilla de pepino medio caída, le hizo gracia.

—¿Esta es la temida Diva Raspina? —se dijo, aguantando una carcajada— Si parece que le han dado una buena tunda de cremas antiarrugas.

Por un instante, su mente traviesa consideró pintarle la cara con algún cosmético o atarle los bigotes con un cordón. Sin embargo, sacudió la cabeza. Lo primero era lo primero, y después ya podría entrar en hacer alguna que otra gamberrada.

—Céntrate, Raiga. Primero el botín, luego las bromas.

Con movimientos precisos, estiró su mano hacia el objeto brillante de la mesilla. Con suerte sería algo valioso. No tenía ni idea, pero seguro que lo podía vender por el mercado negro por alguna que otra bolsa de berries. Si conseguía obtener aquel objeto brillante, lo guardaría en su bolsillo y echaría un vistazo al resto de la habitación. Había dos armarios flanqueando la cama y un montón de baúles desperdigados. Algunos estaban abiertos, mostrando ropa que, aunque llamativa, no parecía tener gran valor. No al menos si no se contaba la historia real de esa prenda. ¿Pagaría la gente mucho dinero por unas bragas de Katarina? Seguro que sí, pero no tenía manera de demostrar que eran suyas. O al menos, no se le ocurría ninguna que fuese realmente creíble. El mink también se fijó en que había una serie de baúles que necesitaban de una llave para abrirse.

—Hmm... ¿dónde estará la llave? —murmuró, rascándose la barbilla.

Decidió no arriesgarse con los baúles cerrados todavía. En su lugar, se acercó al armario más cercano. Lo abrió con lentitud, esperando encontrar algo de utilidad.
Tras ello, se giraría hacia el segundo armario. Antes de acercarse, una idea se le pasó por la mente al ver las maletas. Quizás habría algún bolso más pequeño que pudiera llevarse sin levantar sospechas, y en el cual introducir todo lo que fuese robando. Se agachó y empezó a rebuscar.

Mientras tanto, los ronquidos de Katarina seguían marcando el ritmo de su saqueo. El mink no podía evitar pensar en lo irónico que era todo aquello. Una pirata con una recompensa por su cabeza, temida en toda la región, dormía plácidamente mientras él se llevaba parte de su tesoro sin casi inmutarse.

Tras su búsqueda con intención de encontrar un bolso, bolsa de deporte, o bolsa a secas, se pondría en pie para echar un último vistazo sobre el último armario que tenía al lado, con la clara intención de llevarse cualquier cosa de valor que viese. No sin antes echar un nuevo vistazo a la pirata.

—Duerme bien, reina. Espero que te despiertes con una resaca tremenda y no caigas en todo lo que me estoy llevando. —susurró mientras sonreía.

—El Baratie nunca deja de sorprenderme. ¡Menudo día de pesca, colega! —dijo para sí mismo mientras su cola se movía con entusiasmo, intentando encontrar más cosas en aquella habitación, de la cual no tardaría mucho en salir si notaba cualquier ruido extraño. Ya estaba tentando bastante a la suerte, para ser sinceros.
#4


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