
Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
09-12-2024, 07:52 PM
Día 38 de verano.
El barco avanzaba con suavidad, surcando las aguas tranquilas mientras el sol bañaba el horizonte con tonos cálidos. En la proa, Ragn permanecía inmóvil, con la mirada fija en la estructura que comenzaba a revelarse a la distancia. Su postura denotaba tensión contenida, el leve temblor de sus manos traicionaba la calma que intentaba proyectar. Frente a él, el Baratie emergía del horizonte, una silueta conocida, grabada en su memoria como un recuerdo indeleble. A medida que se acercaban, los detalles del lugar se hacían más claros, la figura de un enorme pez que parecía flotar en el mar (un enorme animal que solía navegar junto al Baratie), con sus decoraciones extravagantes y el bullicio de actividad que lo rodeaba. Cada tabla, cada ventana, cada detalle de esa estructura evocaba en Ragn una cascada de memorias, los aromas de la cocina, el calor de las noches entre amigos, y las risas que alguna vez llenaron su mundo. Habían pasado años, pero el lugar parecía resistir al tiempo.
Detrás de él, Ubben observaba con curiosidad el panorama, mientras Umibozu, que le era imposible ir sobre la nave, surcaba los mares cerca de ellos. El viento acariciaba el rostro de los tres, llevando consigo el murmullo del océano, que parecía susurrar historias que solo Ragn podía comprender.
El barco finalmente aminoró la marcha, preparando el anclaje. Ragn no se movió, ni siquiera cuando la madera crujió bajo sus pies. Sus ojos permanecían fijos en el Baratie, su hogar de otros tiempos, mientras el oleaje marcaba el ritmo de su respiración.
El barco avanzaba con suavidad, surcando las aguas tranquilas mientras el sol bañaba el horizonte con tonos cálidos. En la proa, Ragn permanecía inmóvil, con la mirada fija en la estructura que comenzaba a revelarse a la distancia. Su postura denotaba tensión contenida, el leve temblor de sus manos traicionaba la calma que intentaba proyectar. Frente a él, el Baratie emergía del horizonte, una silueta conocida, grabada en su memoria como un recuerdo indeleble. A medida que se acercaban, los detalles del lugar se hacían más claros, la figura de un enorme pez que parecía flotar en el mar (un enorme animal que solía navegar junto al Baratie), con sus decoraciones extravagantes y el bullicio de actividad que lo rodeaba. Cada tabla, cada ventana, cada detalle de esa estructura evocaba en Ragn una cascada de memorias, los aromas de la cocina, el calor de las noches entre amigos, y las risas que alguna vez llenaron su mundo. Habían pasado años, pero el lugar parecía resistir al tiempo.
Detrás de él, Ubben observaba con curiosidad el panorama, mientras Umibozu, que le era imposible ir sobre la nave, surcaba los mares cerca de ellos. El viento acariciaba el rostro de los tres, llevando consigo el murmullo del océano, que parecía susurrar historias que solo Ragn podía comprender.
El barco finalmente aminoró la marcha, preparando el anclaje. Ragn no se movió, ni siquiera cuando la madera crujió bajo sus pies. Sus ojos permanecían fijos en el Baratie, su hogar de otros tiempos, mientras el oleaje marcaba el ritmo de su respiración.