¿Sabías que…?
... el autor de One Piece, Eichiro Oda, hay semanas en las que apenas duerme 3 horas al día para poder alcanzar la entrega del capitulo a tiempo.
[Autonarrada] [T4] Asesinato en la casa del placer dulce
Octojin
El terror blanco
Vaya vaya, así que el prometedor Silver ha sido llamado al despacho de un alférez… Esto no se ve todos los días.

Has recibido la orden de un recluta, en el cual un tal Octojin ha solicitado que vayas a su despacho. “Despacho”. Realmente es su habitación individual, pero despacho suena mejor, para qué mentirnos.

Seguro que has oído algo sobre Octojin. Más que nada porque es un gyojin de algo más de cuatro metros que se alistó un día en la marina y tiene una extraña obsesión por ejercitarse en el gimnasio, levantando una cantidad de peso que deja embobado a cualquier recluta. Una historia rocambolesca, ¿verdad? En cualquier caso, si no sabes cuál es su habitación, el recluta se habrá encargado de guiarte. Que a todo esto, ¿cuánto cobran estos reclutas que están continuamente mandando mensajes? Debe de ser poco, pero vaya trabajo tienen.

En fin, una vez llegues, podrás ver que “el despacho de Octojin” está impregnado de una mezcla de formalidad y caos controlado. Las paredes están decoradas con mapas de las rutas marinas y banderas de distintas divisiones de la Marina, pero el escritorio está lleno de papeles desordenados, informes a medio leer y el inevitable Den Den Mushi que descansa sobre una esquina. Ocupando las sillas frente al escritorio están los cuatro reclutas bajo su instrucción: Marco, Jules, Elliot y Daria.

Voy a pasar a detallarte un poco cómo son los cuatro reclutas. Aunque puedes verlo tú mismo en uno de los informes que te dará Octojin.

Marco: De complexión atlética y cabello castaño corto, siempre lleva una expresión seria, casi meditabunda. Es el más disciplinado del grupo, un estratega en potencia que se inclina por analizar cada situación antes de actuar. Sus ojos oscuros tienen un aire de severidad que a veces intimida a los demás, pero su ética de trabajo es impecable.
Jules: Delgado y algo más bajo que sus compañeros, Jules tiene un rostro expresivo que siempre parece transmitir una mezcla de curiosidad y sarcasmo. Su cabello rubio desordenado y su postura relajada contrastan con su habilidad con las armas de fuego, donde demuestra una precisión letal. Es ingenioso, pero también es el primero en hacer comentarios fuera de lugar, lo que a menudo obliga a Octojin a disciplinarlo.
Elliot: De piel morena y una constitución robusta, Elliot es el músculo del equipo. Su presencia imponente es solo superada por su risa contagiosa y su personalidad afable. Aunque a veces es torpe en situaciones que requieren tacto, su lealtad y fuerza bruta lo hacen un aliado invaluable en el campo.
Daria: Alta y de rasgos afilados, Daria destaca por su cabello negro siempre recogido en una trenza larga y su actitud tranquila. Es metódica y tiene un ojo clínico para los detalles. Su enfoque calmado y preciso la convierte en la persona más confiable del grupo cuando se trata de misiones encubiertas o estrategias complejas.

El tiburón, sentado tras su escritorio, mueve los papeles y hace como que revisa los documentos frente a él, pero en realidad no sabe leer. Aunque bueno quizá no debería haber dicho eso. Su piel blanquecina y las ventosas en sus largos dedos se mueven con una gracia peculiar mientras organiza las hojas. Finalmente, se inclina hacia adelante y levanta la mirada hacia ti, su tono es firme pero no carente de calidez.

—Silver, encantado. Soy Octojin y tengo una misión para ti —comienza, señalándote con uno de sus dedos largos y yendo al grano—. Ha ocurrido un asesinato en La Casa del Placer Dulce, en las Islas Gecko. Ya sabes, el complejo de entretenimiento de alto nivel en Villa Syrup. La Marina nos ha encargado investigar el caso, y aunque habrá un grupo de efectivos viajando en el barco, solo dos de nosotros pueden participar activamente en la misión.

Hace una pausa, observando las reacciones de los reclutas. Marco frunce el ceño, Jules se acomoda en su silla con un aire despreocupado, Elliot te lanza una mirada de complicidad, y Daria entrelaza las manos en su regazo, esperando tranquila.

—Silver, tú serás uno de ellos. Pero tendrás que elegir a uno de tus reclutas para que te acompañe. Es una gran oportunidad para que demuestren lo que valen, pero también una responsabilidad. Asegúrate de elegir bien.

El Den Den Mushi de Octojin emite un leve chirrido, y él lo silencia con un gesto rápido antes de continuar.

—El viaje está completamente listo. Partiréis en un barco de la Marina, así que no habrá inconvenientes logísticos. Una vez lleguéis a las islas, os trasladaréis a Villa Syrup y os dirigiréis directamente a La Casa del Placer Dulce. Mientras tanto, otro escuadrón será destinado a otra misión —Se detiene un momento para buscar entre los papeles y extrae un informe—. Ricardo “El Azúcar” Lemoine, es el propietario del lugar, estará esperándoos para daros acceso al sitio y responder a cualquier pregunta. Es un tipo con influencias, pero también un comerciante que no quiere que los rumores de un asesinato afecten a su negocio. Estás al mando, Silver. Pero cualquier cosa que no te cuadre, me lanzas una llamada.

Octojin levanta la vista de los papeles y fija su atención en ti. Menos mal que el informe de Ricardo incluye una foto, de lo contrario aún estaría buscándolo.

—Villa Syrup no es un lugar fácil. Es una isla donde el dinero mueve todo, y la política local es más turbia de lo que parece a simple vista. Pero sé que puedes manejarlo. El asesinato ocurrió en una de las salas privadas del casino. El cliente en cuestión desapareció, y el cuerpo fue encontrado por una de las empleadas. Ricardo ha insistido en que esto sea manejado con discreción, lo que complica más las cosas. Entré tú y yo, intenta mantener todo de manera discreta, pero si tienes que elegir entre eso y sacar el operativo, no lo dudes. Yo asumo las consecuencias.

Sus ojos recorren a los reclutas frente a ti.

—Marco, Jules, Elliot, Daria… Todos tienen habilidades que podrían ser útiles en una misión como esta. Cada uno de ellos tiene potencial, pero la decisión es tuya, Silver. Piensa en quién puede complementar mejor tus fortalezas y cubrir tus debilidades en un lugar como Villa Syrup.

Se reclina en su silla, cruzando las manos sobre el escritorio, y da un vistazo final a los reclutas.

—Sea quien sea, debéis estar listos para partir al amanecer, viajaréis los cuatro, uno irá con Silver y los otros tres estaréis en el otro escuadrón. Preparad todo lo necesario. Silver, confío en tu juicio. Y recuerden, esto no es solo una misión: es una prueba. La Marina espera resultados, si conseguís resolver el caso, estoy seguro de que la Marina os dará un ascenso. O al menos llevaréis mi recomendación.

Los cuatro reclutas te miran con expectación, y el silencio que sigue te deja con una sola certeza: la elección que hagas definirá el curso de esta misión. Confiamos en ti, Silver.

Holaaa
#1
Jack Silver
-
Personaje

Inventario

Información Adicional




G-31 Base de la Marina, Loguetown
Día 51, Verano del año 724

El sonido de la bota de Silver resonaba con un ritmo constante mientras cruzaba los pasillos del cuartel, acompañado por el joven recluta que le había llevado el mensaje. Aquel día se presentaba como cualquier otro, hasta que ese recado rompió la monotonía. Ahora, mientras se acercaba a la habitación de Octojin, no podía evitar sentir cierta intriga. No era muy común que un alférez se tomara el tiempo de citar directamente a un soldado raso, y menos para hablarle de una misión. Aunque no lo mostraba, la idea de que esta pudiera ser una prueba clave lo tenía en un estado de alerta contenida.

"¿Octojin?" pensó, recordando vagamente lo que había oído de él. Un gyojin impresionante, tanto por su físico como por su aparente habilidad para mantener a raya a los reclutas bajo su mando. Y ahora, era él quien requería su presencia. Algo interesante debía estar ocurriendo.

Cuando llegó, la puerta del "despacho" estaba abierta, revelando un interior caótico y peculiar. Los mapas y banderas daban al lugar un aire de importancia, pero los montones de papeles apilados de forma descuidada rompían con esa sensación, dando paso a una informalidad extraña. Jack cruzó el umbral con pasos seguros, monstrando una expresión en su rostro seria pero relajada, y saludó con un leve movimiento de cabeza.

El enorme gyojin estaba detrás del escritorio, revisando papeles con una concentración que contrastaba con su tamaño. Frente a él, los cuatro reclutas esperaban en silencio, aunque sus posturas y miradas decían bastante de cada uno. Silver los estudió de reojo, tratando de captar las primeras impresiones.

Octojin levantó la vista cuando Jack entró, el joven marine se fijó en sus ojos, pequeños pero penetrantes, examinándolo de pies a cabeza. Su voz, grave y firme, resonó en la habitación.

—Silver, encantado. Soy Octojin y tengo una misión para ti —comenzó, y sin rodeos pasó a describir el encargo.

Jack escuchó en silencio, con los brazos cruzados sobre el pecho. El asesinato en Villa Syrup, el contexto de La Casa del Placer Dulce, y la complejidad política de las Islas Gecko formaban un panorama interesante, pero lleno de riesgos. A medida que el alférez hablaba, sus palabras iban perfilando un desafío que iba mucho más allá de la simple resolución de un crimen. Esto era, sin lugar a dudas, una oportunidad para demostrar su valía, no solo ante Octojin, sino ante la Marina en general.

Cuando la explicación terminó, el tiburón señaló a los cuatro reclutas frente a él. Cada uno tenía algo que ofrecer, pero también limitaciones que Silver debía considerar cuidadosamente. Giró su atención hacia ellos, dejando que su mirada se detuviera en cada rostro mientras reflexionaba.

Marco, serio y calculador, parecía el tipo de persona que podía prever movimientos enemigos con facilidad, pero quizá careciera de la flexibilidad necesaria para adaptarse a los giros inesperados de una misión tan poco convencional. Jules, por otro lado, era ingenioso y tenía una habilidad impresionante con las armas, pero su actitud despreocupada podría ser un problema en un entorno donde la discreción era clave. Elliot, con su fuerza y lealtad, podría ser una buena opción si la misión tomaba un giro violento, pero el enfoque de esta parecía requerir más sutileza que fuerza bruta. Finalmente, Daria, tranquila y observadora, tenía la combinación perfecta de atención al detalle y autocontrol que una misión como esta demandaba.

Silver suspiró ligeramente, consciente de que los ojos de todos estaban puestos en él. Alzó la mirada hacia Octojin, quien esperaba en silencio su decisión, y luego volvió su atención hacia los reclutas.

Daria, vienes conmigo. —La elección salió de su boca con una seguridad que ocultaba las dudas que habían cruzado su mente momentos antes. Se giró hacia la joven, asintiendo ligeramente—. Necesito alguien que pueda mantener la calma y ver lo que otros pasan por alto. Creo que esta misión es perfecta para ti. Cuento contigo —añadió Silver con una media sonrisa, antes de girarse hacia Octojin—. Estaremos listos para partir al amanecer.



Resumen
#2
Octojin
El terror blanco
Octojin asiente con firmeza cuando mencionas a Daria como tu acompañante, como si supiera que ibas a tomar esa decisión. Aunque bueno, probablemente hubiese reaccionado igual ante cualquiera de las opciones que te ha propuesto. Sin decir palabra, extiende su mano hacia ti, un gesto tan solemne como simple. Si la aceptas, la enorme mano del gyojin envolverá la tuya en un apretón firme, sellando tu decisión como se hacían las cosas antiguamente. Con un buen apretón de manos.

—Buena elección, Silver. No la desperdicies —dice con un tono grave, pero satisfecho—. Descansad, ambos. El día de mañana no permitirá errores. Y los demás, avisad a todo el escuadrón, el que llegue tarde al barco lo degrado, no quiero que pase lo de la última vez.

Me imagino que ahora es el momento en el que te despides y sales de la habitación de Octojin. De lo contrario... Pues bueno, no sé, igual te ofrece dormir ahí. Los demás salen de ahí y se marchan a sus respectivas habitaciones.

El cansancio del día pesa sobre tus hombros y, si realmente sales, notarás cómo el cuartel está casi en silencio ahora, solo el zumbido lejano de alguna lámpara y el sonido de tus botas sobre el suelo junto con algún susurro de algún marine te acompañan tu camino.

Pues es momento para descansar, sea donde sea que quieras hacerlo. Te recomiendo que duermas tranquilamente, y que intentes tener la mente en blanco para no pensar en la misión, o de lo contrario, es posible que no duermas mucho.



El primer rayo de sol entra por tu ventana, anunciando el día con una intensidad casi burlona. Una manera de levantarse bastante natural, ¿no? Sin Den Den Mushis de alarmas ni nada. El tiempo apremia y no planeas llegar tarde a una misión que, sin duda, puede marcar un antes y un después. Y más sabiendo la amenaza del tiburón. Que entre tú y yo es un farol, pero por si acaso...

El puerto está a rebosar cuando llegas. El movimiento es constante: pescadores que preparan sus redes, comerciantes que cargan cajas y civiles que abordan barcos para dirigirse a otros destinos. El olor a sal marina se mezcla con el aroma del pescado fresco, creando una mezcla un poco... Diferente a lo habitual. Y claro, los gritos de los trabajadores son casi el principal reclamo del puerto a esas horas, los cuales se pierden en el murmullo incesante del propio muelle. A pesar del bullicio, todo funciona como una maquinaria bien engrasada. Algo que sin duda invita a pensar que la economía de la isla funciona en gran parte gracias a estos pequeños movimientos.

Tu destino es el muelle número siete, donde un barco de la Marina espera con el emblema pintado en su vela. Se trata de un buque mediano, eficiente y lo suficientemente rápido para la travesía hasta las Islas Gecko. Varios efectivos ya están a bordo, preparándose para otras tareas que tendrán lugar en paralelo, pero tú sabes que la misión en Villa Syrup será solo cosa tuya y de Daria.

Un par de marines esperan en la rampa que da acceso al barco, haciendo de guardias para que ningún extraño se cuele. Por tu parte, no tendrás problema, ni tendrás que enseñar credenciales. En cuanto te vean te levantarán el pulgar, evidenciando que todo está correcto.

Mientras subes la rampa hacia el barco, una figura se te acerca por el costado. Es Daria, quien, como siempre, parece tranquila y lista para lo que venga. Lleva su uniforme impoluto y su trenza cae como un látigo oscuro sobre su espalda.

—Bueno —dice con una ligera sonrisa—, parece que haremos esta misión juntos. ¿Te parece bien que hablemos un poco? No está de más congeniar con tu compañero de aventuras, ¿no? —Su tono es cordial, casi profesional, pero con una pizca de calidez.

Te asiente con la cabeza y se apoya en la barandilla del barco, mirando el mar abierto que os espera. Si aceptas, continuará su introducción.

—Llevo en la Marina poco más de un año —empieza, su voz calmada, pero firme—. Me alisté porque crecí viendo a mi padre servir como sargento. Murió en una misión en el North Blue cuando yo tenía doce años. Supongo que me alisté para sentir que sigo sus pasos... o tal vez para terminar lo que él empezó —admite, aunque enseguida sacude la cabeza, volviendo a su compostura habitual—. Sea como sea, aquí estoy.

Daria mira hacia el horizonte, y el viento mueve suavemente su trenza antes de continuar.

—Mis puntos fuertes... —dice, pensativa— No soy la más fuerte ni la más rápida, eso es seguro, pero observo. Observo mucho. En mis misiones de patrulla siempre fui la primera en darme cuenta cuando algo no encajaba: un barco fuera de lugar, alguien actuando raro, detalles que otros pasan por alto. Digamos que soy buena para las misiones encubiertas o de investigación —Hace una pausa y sonríe de lado—. Ah, y sé manejar el rifle mejor de lo que parezco. Me entrené bastante con tiradores veteranos, así que, si necesitas cobertura, cuenta conmigo.

Su tono es tranquilo, pero en sus palabras hay seguridad. No está fanfarroneando; simplemente enumera hechos. Es evidente que quiere que confíes en ella y que sepas exactamente lo que puede ofrecer. Parece que le gusta mucho trabajar en equipo y quiere hacer piña contigo para que el equipo sea más fuerte.

—No te preocupes, Silver —añade después, con una sonrisa apenas visible—. No pienso estorbarte. Si quieres que cumpla con algo, solo dilo.

Justo en ese momento, el barco empieza a ponerse en marcha, por lo que puedes intuir que todo el mundo está ya montado en él. Puedes aprovechar el resto del viaje para hablar con Daria. O para hacer lo que te plazca, vaya.



Las primeras siluetas de las islas aparecen en el horizonte poco después de que el sol sube por completo en el cielo. Desde la distancia, puedes ver cómo las tres islas forman un triángulo casi perfecto. La más cercana es Kolima, con su frondoso bosque y casas de madera que contrastan con el mar azul que las rodea. Más allá, hacia el este, puedes distinguir la ostentosa Villa Syrup: los reflejos del mármol y las amplias edificaciones empiezan a brillar con la luz de la mañana. Y finalmente, en el centro, se vislumbra el Manantial, pequeña y rodeada de una atmósfera más relajada y exclusiva.

Daria se acerca de nuevo a la barandilla, observando el paisaje junto a ti. Parece totalmente absorta en él.

—Ahí está. Islas Gecko —dice en voz baja—. Luce tranquila desde aquí... pero algo me dice que no lo será por mucho tiempo.

El barco comienza a reducir la velocidad, preparando su llegada al puerto principal de Villa Syrup. El bullicio del lugar es evidente incluso antes de atracar, con barcos entrando y saliendo y trabajadores moviéndose con eficiencia, con mucho menor volumen que en Loguetown pero una efectividad similar. El ambiente de lujo, sin embargo, contrasta con la seriedad de la misión que te ha sido encomendada.

Tu destino está cerca. Villa Syrup y la Casa del Placer Dulce te esperan.
#3
Jack Silver
-
G-31 Base de la Marina, Loguetown
Día 51, Verano del año 724

El apretón de manos de Octojin tenía un peso simbólico. Jack respondió con firmeza, observando la mirada del alférez, quien parecía evaluar algo más que la decisión de llevar a Daria. Las palabras finales del gyojin resonaron en su mente mientras daba media vuelta para abandonar el despacho.

No la desperdiciaré, —fue todo lo que dijo antes de cruzar la puerta, dejando atrás el peculiar caos controlado del "despacho".

El cuartel estaba en calma, salvo por el leve murmullo de actividad que siempre persistía, incluso en horas tardías. El joven marine caminó por los pasillos iluminados tenuemente, con sus pasos resonando en un ritmo que le permitía organizar sus pensamientos. Villa Syrup y La Casa del Placer Dulce... Nombres que evocaban opulencia y misterio. "Una buena oportunidad para ponerme a prueba," pensó, mientras se dirigía a su alojamiento.



El primer rayo de sol golpeó la ventana de Silver, sacándolo de un sueño más superficial de lo que habría querido. Una brisa matutina se colaba por la rendija de la ventana, y el bullicio del puerto ya parecía palpable incluso desde el cuartel. "Hoy empieza..." pensó mientras se levantaba y se preparaba para el día que podría marcar un punto de inflexión en su carrera.

Cuando llegó al puerto, el ambiente era un caos organizado. Los gritos de pescadores y comerciantes se entremezclaban con el ruido de cajas siendo cargadas y descargadas de los barcos. El olor a salitre y pescado fresco creaba una atmósfera característica, pero no del todo agradable.

El muelle siete estaba ocupado por el buque de la Marina, con su vela luciendo el emblema con orgullo. Los guardias en la rampa levantaron el pulgar al verlo, permitiéndole pasar sin necesidad de credenciales. Mientras subía al barco, una figura familiar lo alcanzó por el costado.

—Bueno —dijo Daria, con una voz calmada pero con un toque amistoso—, parece que haremos esta misión juntos. ¿Te parece bien que hablemos un poco? No está de más congeniar con tu compañero de aventuras, ¿no?

Jack asintió, apoyándose en la barandilla junto a ella. La brisa marina era fresca, y el movimiento de las olas proporcionaba un telón de fondo constante mientras hablaban.

La conversación se desarrollaba en un tono tranquilo, pero el trasfondo de las palabras de Daria dejaba entrever un peso que resonaba con las propias vivencias de Silver. Su historia sobre su padre, un sargento que murió en servicio, y su decisión de alistarse para seguir su legado no le resultaba ajena. Mientras ella hablaba, Jack mantuvo la mirada fija en el horizonte, escuchando cada palabra con atención.

Cuando Daria mencionó sus habilidades, destacando su ojo para los detalles y su manejo del rifle, Silver asintió con aprobación. Era un complemento perfecto para lo que podrían enfrentar en Villa Syrup.

Esas habilidades pueden marcar la diferencia en este tipo de misiones. A veces, son los pequeños detalles los que salvan el día. Parece que Octojin eligió bien al ponerte en la lista.

Daria sonrió ligeramente, pero el comentario pareció dar pie para que ella profundizara un poco más en sus motivaciones. La mención de su padre y cómo había dado forma a su decisión de unirse a la Marina hicieron que Jack desviara la mirada al mar. Por un momento, las olas parecieron traer consigo recuerdos que él no había evocado en mucho tiempo.

Entiendo lo que dices —respondió después de unos segundos—. Mi historia no es muy distinta. Mis padres también eran marines. Oficiales, de hecho. Crecí queriendo ser como ellos, soñando con llevar su uniforme algún día. Pero las cosas no siempre salen como uno espera.

Hizo una pausa, paseando su mano por la barandilla mientras seguía mirando al agua.

Cuando tenía once años, nuestro pueblo fue atacado. Lo cierto es que no sé si fueron piratas o algún grupo criminal, pero causaron una devastación que aún siento en las cicatrices. Mis padres hicieron todo lo posible por salvar a la gente, incluso sacrificándose. Mi padre me protegió de una explosión, y... bueno, digamos que las heridas que ves son un recordatorio de lo que sacrificaron por mí.

Guardó unos instantes de silencio, respetando el momento.

Pero al final, aquí estoy. Me uní a la Marina porque quiero evitar que otros pasen por lo que yo viví. Tal vez sea una manera de honrar su memoria. O tal vez sea solo mi forma de dar sentido a lo que pasó.

Las palabras salieron con calma, sin rastro de autocompasión, solo una fría aceptación de los hechos.

Es curioso —añadió después de un momento, dejando escapar una leve risa seca—, cómo lo que hemos perdido define tanto lo que intentamos ser, ¿no crees?

El barco comenzó a moverse en ese momento, dejando atrás el bullicio del puerto, que se mezclaba con el sonido de las olas, mientras ambos quedaban en un silencio que, lejos de ser incómodo, parecía ser parte de un entendimiento compartido.



Las tres islas comenzaron a definirse en el horizonte, cada una con su propia personalidad. Silver estudió las siluetas con ojo crítico. Kolima, Villa Syrup y el Manantial... Lugares con historias entrelazadas, pero caminos distintos.

—Ahí está. Islas Gecko. Luce tranquila desde aquí... pero algo me dice que no lo será por mucho tiempo.

Donde hay dinero, hay problemas, —sentenció Jack, observando cómo el bullicio del puerto de Villa Syrup iba tomando forma.

A medida que el barco reducía su velocidad, el marine respiró profundamente, preparándose para lo que estaba por venir. La opulencia de Villa Syrup era evidente incluso desde lejos, pero bajo el mármol brillante y las sonrisas de los comerciantes probablemente había sombras que debían iluminarse.

Vamos a ver qué tiene para nosotros la Casa del Placer Dulce, —dijo finalmente, mientras el barco atracaba.



Resumen
#4
Octojin
El terror blanco
El barco de la Marina atraca suavemente en el puerto principal de Villa Syrup, y desde el momento en que bajas la rampa, el contraste con Loguetown es evidente. Aquí, todo parece brillar, desde los muelles perfectamente pulidos hasta los barcos privados de lujo que rodean la zona. La hostia, sí que es pija la gente aquí, eh. Si hubieras venido con cierto pirata yo creo que te podrías hacer de oro. Pero bueno, no es el caso.

Comerciantes bien vestidos supervisan la descarga de mercancías exóticas, mientras trabajadores uniformados se mueven con precisión, casi como si formaran parte de un espectáculo para tus ojos. Durante un momento algunos se quedan mirando el barco de la marina. ¿Será común que uno desembarque como si nada? O quizá son conscientes de los rumores sobre quién mató a la víctima. En cualquier caso, estaréis en boca de todos, eso seguro.

En cuanto tú y Daria ponéis pie en el muelle, un marine local se acerca con paso enérgico. Es un hombre joven, de cabello rubio peinado hacia atrás y una sonrisa amplia que parece tan habitual como el uniforme que lleva. Levanta la mano en un saludo amistoso.

—¡Bienvenidos a Villa Syrup! Soy Tom, de la división local. Me encargaré de llevaros a La Casa del Placer Dulce —Su tono es cálido y desenfadado, como si estuviera recibiendo a viejos amigos—. ¿Qué tal fue el viaje? ¿Mucho movimiento en el mar?

Tom os guía a través del puerto mientras charla con entusiasmo, lo cual, a medida que avanzáis, hace que su voz se mezcle con el murmullo del lugar.

—Siempre he tenido curiosidad por cómo es la vida de marine en Loguetown. He oído que es un lugar interesante, lleno de vida y, bueno, con su buena dosis de problemas. Estoy pensando en pedir un traslado allí. ¿Qué opináis? ¿Recomendable? Me han dicho que allí las grescas son más duras que por aquí. Que a decir verdad no vemos muchas...

La conversación, aunque ligera, tiene un trasfondo de genuino interés. Su actitud relajada contrasta con la imagen más rígida que uno esperaría de un marine, pero hay algo en su manera de hablar que transmite profesionalismo detrás de la fachada amigable.

Tras unos minutos de caminata, la calle comienza a cambiar. El bullicio del puerto queda atrás y da paso a una zona más exclusiva. Las aceras están impecablemente limpias, y los edificios son majestuosos, con fachadas decoradas con mármol y detalles dorados. Aquí hay dinero, Silver, y no poco. No sé si habrás estado en algún sitio como este, pero te pide refinar tus modales y pensar dos veces antes de hablar.

Finalmente, llegáis a La Casa del Placer Dulce, un imponente edificio con un diseño que mezcla lujo y ostentación en cada rincón. Sin embargo, el ambiente está lejos de ser animado; el lugar está precintado, con cintas de la Marina cruzando la entrada principal.

Dos marines apostados en la puerta se cuadran al verte llegar, saludando con cortesía. Otro más merodea por los alrededores, inspeccionando con gesto pensativo. Todos parecen tensos, como si el lujo del lugar hiciera que su presencia allí fuera casi incómoda.

Tom te lanza una mirada rápida antes de hablar.

—Ricardo, el propietario, aún no ha llegado. Dijo que estaría aquí en unos veinte minutos, pero mientras tanto podéis entrar y echar un vistazo. Os daré guantes y gorros para no contaminar la zona.

Saca de un pequeño bolso un par de guantes blancos y unas cofia de tela, que os entrega mientras os guía hacia el interior. Una vez cruzas el umbral, el contraste con el exterior es abrumador.

Lo primero que notas es el mármol pulido del suelo, que refleja los brillantes candelabros suspendidos del techo. No hay un símbolo más claro de poder y ostentación que un lamparón según entras, ¿no? A la izquierda, una amplia sala llena de mesas de juego luce vacía, pero aún desprende un aire de adrenalina y, a decir verdad, de alcohol. La gente rica lo bebe a palo seco, así que el olor es mayor aún. Las fichas y las cartas permanecen apiladas cuidadosamente, como si el último cliente las hubiera dejado hace solo unos minutos. A la derecha, un largo pasillo lleva hacia lo que parece ser una sala de conciertos, con puertas decoradas con grabados intrincados.

Tom os guía hacia un ascensor situado al fondo, decorado con espejos y detalles dorados. Algo me dice que todo aquí es dorado, qué aburrido. Presiona un botón que indica Planta -2, y el aparato comienza a descender con un suave zumbido.

—El asesinato tuvo lugar en el teatro de espectáculos exóticos. Es uno de los lugares más exclusivos de esta casa —explica mientras el ascensor se detiene y las puertas se abren con un leve sonido metálico.

La planta menos dos tiene un ambiente más oscuro, casi íntimo. Las luces son tenues, y las paredes están decoradas con cortinas de terciopelo rojo y detalles, nueva y sorprendemente, dorados. El suelo, cubierto de una alfombra gruesa, amortigua los pasos, y el olor a incienso todavía flota en el aire, como si el espectáculo de la noche anterior apenas hubiera terminado.

El tipo os da una linterna a cada uno, y aunque ahora mismo no la necesitáis, seguramente en alguna sala sí.

Al entrar en el teatro, el lugar parece detenido en el tiempo. Las sillas de la audiencia están vacías, alineadas en semicírculo frente a un escenario elevado, donde se supone que hacen el show. Las luces del techo proyectan un brillo tenue sobre el suelo, donde un precinto marca claramente la escena del crimen.

En el centro del escenario, una silueta de tiza traza el contorno del cuerpo de la víctima, con una pequeña mancha de sangre seca a un lado. Es un contraste inquietante con el lujo del lugar. Alrededor de la silueta, notas que algunos objetos han sido retirados, probablemente ya inspeccionados y etiquetados como evidencia. Pero otros aún siguen. Lo han hecho de manera un poco rara, porque los objetos se han ido retirando en un orden aleatorio. Ves el uno, el seis, el siete, el diez... Pero los demás no. Cosas de protocolo, me imagino.

Tom camina hasta el borde del escenario y señala la zona con la mano.

—Aquí es donde encontraron el cuerpo. No tenemos demasiados detalles aún, pero Ricardo os pondrá al día cuando llegue. La víctima era una trabajadora, y estaba con el cliente habitual, pero hasta ahora no hay sospechosos claros. Ah, y por favor, tened cuidado con dónde pisáis. No queremos más problemas.

La atmósfera en el teatro es pesada, casi como si el lujo se hubiera convertido en una prisión silenciosa. El lugar, diseñado para el espectáculo y el placer, ahora guarda el eco de un crimen que amenaza con desentrañar secretos que quizás muchos preferirían mantener ocultos.
#5
Jack Silver
-
Isla Syrup, Islas Gecko
Día 52, Verano del año 724

El cambio de ambiente era palpable desde el momento en que Jack y Daria bajaron del barco. La opulencia de Villa Syrup era un recordatorio constante de que este no era un lugar como cualquier otro. O al menos no uno al que Silver estuviese acostumbrado. Desde los muelles hasta las calles principales, cada detalle gritaba riqueza y poder, un escenario tan diferente al entorno austero y funcional de la Marina que hizo que Jack se mantuviera alerta, casi incómodo.

Cuando Tom se acercó con su actitud jovial, Silver lo recibió con un leve asentimiento, manteniendo su tono profesional.

El viaje fue tranquilo, gracias. Aunque parece que aquí tenéis más movimiento que en alta mar.

Mientras caminaban hacia La Casa del Placer Dulce, Jack permitió que Tom guiara la conversación. Las preguntas sobre Loguetown y el interés del marine por un posible traslado hicieron que Silver alzara una ceja, aunque respondió con neutralidad.

Loguetown tiene su encanto, si puedes manejar el caos. Los conflictos son frecuentes, pero también ofrecen muchas oportunidades para aprender... si sabes dónde buscar.

Al entrar en la zona más exclusiva, el brillo del mármol y los detalles dorados parecían casi insultantes. Jack tomó nota mental de cada detalle, desde la disposición de las calles hasta la actitud de los guardias y trabajadores. Este lugar no solo era lujoso; estaba diseñado para impresionar y, quizás, para intimidar.

Cuando llegaron a la entrada del lugar, el precinto de la Marina rompía con el diseño cuidadosamente elaborado del edificio. La seriedad de los guardias contrastaba con la extravagancia del lugar. Jack aceptó los guantes y la cofia con un asentimiento antes de seguir a Tom al interior.

El contraste dentro del edificio era aún más marcado. Jack pasó la mirada por las mesas de juego y las puertas decoradas, sintiendo el peso de la atmósfera en cada rincón. "Este lugar está hecho para ocultar secretos," pensó mientras entraban en el ascensor.

La planta menos dos ofrecía un nuevo nivel de extravagancia, pero el aire pesado y el olor a incienso hablaban de algo más: una capa de misterio que se superponía a todo el lujo. Cuando entraron al teatro, la escena del crimen parecía una herida abierta en un lugar que, de otro modo, estaría lleno de vida. La silueta de tiza y los marcadores de evidencia le daban un aire aún más surrealista al lugar.

Un teatro para espectáculos exóticos, ¿eh? —murmuró Silver, recorriendo la escena con la mirada. Sus ojos se posaron en los marcadores dispersos y los objetos restantes. Algo en la disposición irregular de las pruebas le pareció extraño.

Tom les entregó linternas y una advertencia, lo que hizo que Silver girara levemente la cabeza hacia él.

Tom, ¿quién fue el primero en llegar a la escena del crimen? ¿Y sabes por qué la disposición de las pruebas es tan irregular? Parece que se siguió un orden inusual.

Mientras esperaba la respuesta, encendió la linterna y la dirigió hacia la silueta de tiza, observando cada detalle con cuidado.

Daria, —llamó en voz baja, girándose hacia ella—. Empieza por revisar el perímetro del escenario. Busca cualquier cosa que te llame la atención, o algo que parezca fuera de lugar.

Mientras ambos comenzaban a trabajar, Jack no podía evitar sentir que cada paso que daban los acercaba más al centro de algo mucho más grande de lo que parecía.



Resumen
#6
Octojin
El terror blanco
Daria asiente sin decir una palabra y se mueve hacia el perímetro del escenario, encendiendo su linterna para inspeccionar cada rincón con una precisión casi metódica. Su mirada se fija en los detalles, desde las marcas en la alfombra hasta las cortinas de terciopelo rojo que enmarcan el teatro. Cada movimiento suyo refleja su naturaleza observadora, como si estuviera descifrando un código invisible. Me da que has fichado a una persona muy válida para esta misión, te felicito.

Por su parte, Tom se cruza de brazos junto al escenario, adoptando una postura más seria ante la pregunta que le has lanzado.

—La primera en llegar fue una brigada local —comienza a explicar—. Encontraron el cuerpo y aseguraron la zona antes de llamar a la brigada de homicidios. Estos llegaron poco después para procesar la escena y recoger las pruebas más relevantes.

Señala hacia la pequeña mancha de sangre junto a la silueta de tiza.

—Las pruebas que faltan están en el laboratorio ahora mismo. Las han enviado para un análisis más detallado. Pero tengo un compañero que tiene el listado completo de las veintidós pruebas recogidas aquí. Puedo traértelo si lo necesitas.

Tom no espera tu confirmación y se marcha con paso decidido, dejando a los marines restantes trabajando metódicamente en la escena del crimen. Durante su ausencia, observas cómo uno de ellos cierra cuidadosamente una caja isotérmica que contiene más muestras de evidencia. La etiqueta en la tapa indica "Para laboratorio", y un segundo marine anota los detalles en un registro antes de sellarla.

Otros trabajan en silencio, revisando las zonas marcadas con pequeños números amarillos que indican posiciones de posibles evidencias, con material como algodones, gasas y demás elementos que usa esa gente con una precisión envidiable. Estás a tiempo de cambiar un mundo en el cual la violencia es el pan del cada día, a otro en el que vivirías entre algodones, gasas y sangre ajena. ¿No te lo vas ni a plantear? Bueno, yo solo intentaba ayudar...

Un marine, usando guantes y un traje protector, recoge un pequeño trozo de tela cerca del borde del escenario y lo guarda en una bolsa de plástico transparente, etiquetándola con cuidado antes de entregarla a su superior.

La atmósfera es tranquila pero tensa, como si el teatro mismo se hubiera detenido para observar lo que ocurre en su interior. Cinco minutos después, Tom regresa con un papel en la mano, que te entrega con rapidez.

—Aquí tienes el listado de las pruebas recogidas. Todo está documentado. Perdona que haya tardado, pero me han tenido que hacer una copia porque siguen recuperando pruebas.

El listado incluye las siguientes veintidós pruebas:

Cita:1. Una bufanda roja, sin manchas visibles, cerca del área de camerinos. 
2. Una daga de acero con empuñadura de oro, encontrada junto al cuerpo, pero sin rastros de sangre (en laboratorio). 
3. Un pañuelo de seda con iniciales bordadas, parcialmente manchado de sangre. Las iniciales son A.D. (en laboratorio). 
4. Restos de fibra sintética en la alfombra cercana al escenario (en laboratorio). 
5. Fragmentos de vidrio roto, dispersos cerca de las butacas delanteras (en laboratorio). 
6. Un zapato masculino de diseño caro, talla 43, hallado debajo de una silla. 
7. Una billetera con documentos de identidad de la víctima y con billetes.
8. Una copa de cristal con restos de un líquido oscuro (en laboratorio). 
9. Una mancha pequeña de sangre en el suelo (muestra recogida, en vista de llevar al laboratorio).
10. Un anillo de oro con una inscripción ilegible, encontrado en el bolsillo del pantalón de la víctima. 
11. Huellas parciales en la barandilla del balcón (en laboratorio). 
12. Un botón metálico desgastado encontrado junto a la cortina (en laboratorio). 
13. Un boleto de entrada con el nombre “Anthony Dorman” escrito a mano. 
14. Dos cabellos largos, oscuros, encontrados en la alfombra (en laboratorio). 
15. Una nota arrugada en un bolsillo de la víctima con el texto corrido (en laboratorio). 
16. Una tarjeta de acceso a una habitación privada, sin marcas aparentes. 
17. Un frasco pequeño con un líquido transparente, sin etiqueta (en laboratorio). 
18. Restos de ceniza en la alfombra cercana al escenario. 
19. Un fragmento de tela negra atrapado en un clavo del escenario. 
20. Huellas parciales de zapatos en el vestíbulo (en laboratorio). 
21. Un reloj de pulsera con la esfera rota, en la muñeca de la víctima. 
22. Un mechero dorado con las iniciales "R.D." grabadas.

Mientras revisas el listado, el ambiente permanece controlado, sin incidentes notables. Los marines continúan trabajando en silencio, mostrando una profesionalidad que encaja con la importancia de la tarea.

Daria regresa poco después, con su linterna apagada y una expresión seria. Se detiene frente a ti y habla más bajo de lo normal, lo suficiente para que solo tú puedas escucharla.

—Todo parece en orden. Las pruebas están marcadas y los marines están trabajando duro. Nada parece fuera de lugar... al menos en la superficie.

Pero entonces, con un guiño rápido y una leve inclinación de la cabeza, señala discretamente hacia el costado del escenario, alejándose lentamente. Su gesto es lo suficientemente sutil como para no llamar la atención de los demás, pero te queda claro que quiere que la sigas.

Una vez que ambos os colocáis en un rincón donde las voces no pueden ser escuchadas, Daria se inclina un poco hacia ti, hablando en voz baja.

—No sé si te has fijado en la sangre, pero ya está seca. Eso nos indica que ha pasado más tiempo del que nos están diciendo —Sus ojos se estrechan mientras apunta hacia la mancha que marcaba la escena del crimen—. Y mira la mancha, ¿no te parece muy pequeña? No soy médica, pero me imagino que si alguien mata a otro, se desangra y el charco debería ser mucho mayor.

Hace una pausa, cruzando los brazos y adoptando una expresión de preocupación.

—No me gusta ser desconfiada, pero aquí hay cosas que no me cuadran. Esto huele raro, Silver. ¿Qué opinas?
#7


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