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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
31-12-2024, 03:04 AM
Habían pasado unos dias desde que había aprendido el Buto, el maestro Butterjeto fue claro conmigo, que volviera despues porque tenía algo más que enseñarme, ademas queria descansar de mi.
Yo por mi parte no perdi el tiempo y me levantaba todas las mañanas antes de que saliera el sol y volvi ya muy de entrada la noche, solía correr por el desierto, subirme a los tejados de las casas de la ciudad sin volar, lanzar puñetazos, patadas, dar piruetas, etc, pero eso sí, evitaba las multitudes y el sitio donde hace unos dias había entrenado, tenía que hacerle caso a mi maestro, sino sería un pésimo alumno.
Aproveche los dias para primero, seguir fortaleciéndome, cortarme el cabello y molestar a Ungyo tanto como pudiera.
A la mañana siguiente, Sali del gremio, pero antes pase por una cantina y me provisione de licor y comida, sabía que no podía llegar con las manos vacías, al final de cuentas que el maestro solo me cobre con esto me parecía un robo a mano armada, pero eso era su decisión, mi trabajo como alumno era simplemente aceptarlo.
El camino hacia el desierto estuvo bastante tranquilo, el sol aun no terminaba de salir, calcule más o menos que eran pasadas las 6:00 am, luego de 15 minutos de caminata, había llegado a mi punto de entrenamiento, el maestro estaba alli sentado en la arena, tranquilo, imperturbable, que maldita envidia. Hice lo de los dias anteriores, deje todo cerca del maestro y saque el licor de la mochila y se lo entregue, diciendo Buenos dias.
Lunarian, me alegro de volver a verte…. Sinceramente no me alegro, JAJAJAJAJ
Sonreí, ya me había acostumbrado a su “sentido del humor” , hice una reverencia y le conteste.
-Tal vez maestro, me deje crecer la barba como la suya.
-Tendría que gustarte el licor para lucir tan bien como yo, asi que sigue intentando aprendiz, jajajaj. Ahora bien, haz vuelto y eso me tiene contento, te enseñare otra tecnica del Hasshoken tal cual habíamos quedado, esta se llama “BujaoGen” , la única manera de aprenderla es haber dominado el Buto, cosa que ya tienes clara, pero esta es más compleja, pero al tener la base, tienes un punto de partida excelente.
Ahora bien, lo primero que necesitas para aprender el BujaoGen es equilibrio, tanto en la parte inferior como superior, empecemos por el inferior, asi que tienes que subir a un acantilado y mantenerte en la punta sin caerte, en marcha Lunarian.
Asentí con la cabeza, hice un pequeño estiramiento y me acerque al acantilado, lo escale con las manos hasta llegar a una saliendo lo suficientemente alta y con una sola pierna empece a mejorar mi equilibrio, era bastante dificil, hacerlo tal alto, con el viento incesante que llegaba del desierto, ademas sobre un acantilado, le añadía un toque de dificultad de lo más de interesante.
No negare que estuvo bastante complicado tomarle al ejercicio la manera correcta de hacerlo, pero con cada caída en donde tenía que usar mis alas para no matarme, me iba sintiendo más y más en confianza, esto no lo hice al primer día, me tomo unos cuantos, pero el maestro siempre se veía tranquilo, a veces podía verlo desde arriba, este pasaba caminando, como sondeando que efectivamente estuviera haciendo el ejercicio, pero creo que lo dejaba tranquilo saber que soy un tipo bastante dedicado para estas cosas.
Luego de unos dias, ya era uno con él ejercicio, con el viento, con todo, no había manera de caer, hasta me tome el atrevimiento de hacerlo con cualquiera de mis piernas, de ir cambiando el punto de apoyo de una a otra, el maestro Butterjeto me hizo señas desde abajo y me deje caer del acantilado amortiguando la caída con las alas.
Son útiles esas cosas.. Bien Lunarian, ya dominas el equilibrio al menos de pie, no esperaba menos de ti. Procedamos a la siguiente parte.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
01-01-2025, 06:37 PM
(Última modificación: 02-01-2025, 03:21 AM por Agyo Nisshoku.)
El maestro sonrió y me hizo señas para que camináramos hacia el desierto.
Ahora harás flexiones, pero de cabeza y con peso en los pies, tienes que estar totalmente erguido y en equilibrio, si te mueves solo un poco te golpeare y te hare caer. Otra cosa que no tiene que ver con el entrenamiento, pero ¿podrias traer otro tipo de licor?, ya me estoy aburriendo del sabor de este que traes.
Si seguro maestro, ¿algo en especial?
Que sea fuerte, JA JA JA JA, vamos ponte en marcha, hoy tengo ganas de hablar asi que te iré preguntando cosas a medida que entrenas, yo me encargare de ir poniéndote troncos y piedras para que los sostengas con los pies mientras me haces, 5 repeticiones de 200 flexiones.
Hice una parada de mano y me quede recto, el maestro Butterjeto me puso una tabla lisa sobre los pies, y luego dejo caer dos troncos y me dijo lo siguiente.
Bien, de ¿dónde sacas el dinero para pagar todo el licor, comida y tu estadía en esta isla?
Soy un cazador, hago trabajo para un gremio, los Crimson Crusaders, de alli sale todo mi dinero, la charla siguió tranquila.
Al hablar con el maestro no había notado, que ya tenía otro tronco sobre la tabla, el esfuerzo que tenía que hacer era mayor, asi que respire y seguimos hablando durante un tiempo.
Esa noche volvi adolorido al gremio y me fui a acostar, mientras le deje una nota a Ungyo que decia.
“Te vas a cagar encima con lo que estoy haciendo, Te quiero Idiota.”
A la mañana siguiente, tarde más tiempo de lo normal en llegar al desierto, puesto que espere que las tiendas abrieran, entre en una licorería y compre un nuevo tipo de licor para mi maestro, Ron, creo que lo llamo el vendedor y de comida le lleve unas tartas de melaza y algo de carne seca.
No me había percatado pero ese día estaba haciendo mucho más calor, maldito verano.
El entrenamiento en los dias subsiguientes fue el mismo, estar de cabeza, hacer y hacer flexiones, con el pasar del tiempo era evidente mi progreso, hasta el punto en que ya hacia las flexiones de cabeza con no menos 5 troncos, y el maestro parado encima de ellos, quien se dio cuenta que, si me amenazaba diciéndome que si me caía me haría beber alcohol, me esforzaba mucho más y las cosas me salían mucho mejor.
Era una amenaza verdadera, pero era gratificante saber que estaba al tanto de esos detalles, mi duda siempre fue, como lo hacía estando tan borracho.
Ya con el entrenamiento de hacer flexiones de cabeza dominado el maestro Butterjeto dijo que pasaríamos a la siguiente etapa que según en sus propias palabras era la penúltima.
Este nuevo entrenamiento era una total sorpresa, pues debía evitar marearme, intente en mi cabeza enlazar los 3 entrenamientos hasta ahora para ver si podía adivinar a donde iba la tecnica, pero no tenía idea, el maestro me dijo.
Noto tu extrañes, pero no te preocupes, hasta ahora todo lo que te he dicho que hagas te ha servido y esto al igual que todo es fundamental, asi que vas a tener que dar vueltas como bailarina de ballet, una y otra y otra vez, sin marearte. El secreto consiste en ubicar un punto en el espacio y siempre que hagas el giro, mirarlo, asi evitas el mareo, vamos bigotes.
Esto era mucho más facil de decir que de hacer, empece a girar como desquiciado una vez, dos veces, tres veces, el mareo era instantáneo, que manera tan horrible de sentirme, empece a vomitar luego de unos minutos de girar, como mierda voy a ubicar un punto en el espacio si lo único que hago es girar, el maestro no paraba de reírse cada que me veía vomitar o hacer arcadas, decia que ojalá me manchara el bigote asi me lo tendría que cortar.
Pense que para él era facil, si bien yo no tomo alcohol y por lo tanto nunca he estado ebrio, papá me dijo que ese estado era sentirse mareado, aletargado y desinhibido, horrible fue lo único que pense, como te puede gustar no estar en control de tus capacidades, pense.
Los dias siguientes fueron horribles, eso de tener que girar como bailarina, no se me estaba dando del todo bien, no paraba de vomitar, al punto donde deje de comer para evitar hacerlo, no sirvió de mucho la verdad, todavia tenía arcadas, el maestro no paraba de reírse, un día ya cansado de todo esto, volvi al desierto con un balde de pintura que había comprado y pinte un punto verde en la piedra.
Ahora con el punto en la piedra, se me hizo más facil hacer el giro sin marearme, estuve unos dias practicando de esta manera y de a poco iba ganando confianza y estabilidad, los mareos dejaron de aparecer, me pregunté si era por la costumbre o porque efectivamente ya podía mirar el punto verde en la piedra, para el final de esa semana ya giraba una y otra vez sin problemas, estaba muy contento de mí, ya no vomitaba, ya no había arcadas, solo giros y giros.
Excelente, tienes casi todo cubierto, falta un solo punto, ahora debes mantenerte erguido con las piernas y brazos juntos en modo de plegaria.
Como mierda pretende que me quede erguido de esa manera, si uso los pies para pararme y fue en su siguiente comentario que el maestro Butterjeto, como si leyera mi mente, sonrió y me dijo.
Esto lo harás de cabeza, es decir el punto de apoyo será tu cuello, recuerdas ¿por qué te hice entrenar con peso y de cabeza?, es por esto, todo está conectado chico. Ahora en marcha vamos, que el día está por acabarse y tu horrible olor a coco ya me está dando dolor de cabeza JA JA JA JA.
Sonreí y haciendo caso como siempre empece a intentar a usar mi cabeza como punto de apoyo y hacer la figura que el maestro me había descrito, a la primera no lo hice bien, cosa que no me parecio rara, pero pasados 2 dias, ya me mantenía erguido de cabeza, con las palmas y pies juntos, el maestro Butterjeto, caminaba alrededor de mí y me corregía pequeños errores en la postura, nada del otro mundo, a la tarde de ese día me pidió que me sentara y me comento.
Muy bie, hoy lo dejaremos hasta aca.
Gracias Maestro, mañana temprano como siempre.
Me levanté y me fui al gremio, Ungyo no estaba alli, ¿qué será de la vida de mi hermano?, subí en silencio a mi habitación y metódicamente repace cada una de las cosas que había aprendido, resistencia en el cuello, cabeza dura, equilibrio, girar, equilibrio de cabeza, todo esto me llevaría a la tecnica nueva, seguro el maestro ejecutaría la tecnica contra mí, de la misma manera que lo hizo con el Buto la vez pasada, ese golpe fue devastador y por las características de este sabia que iba a hacer peor, pero ya era tarde para echarse para atrás, ademas que clase de luchador seria y al momento de la verdad me acobardo, ya había aprendido demasiado irme ahora seria solo una perdida de tiempo y peor que eso una ofensa para una persona que me ha dado tanto. Me fui a dormir, tranquilo, mas no confiado, uno no podía confiarse en este tipo de situaciones, ya lo había aprendido en mi combate contra Cata tatemada.
A la mañana siguiente, todavia seguía oscuro al levantarme, con un poco de papel que tenia escribi una nota rápida para Ungyo.
“Pronto terminare en lo que ando, sigues siendo el menor, chao”
Llegue al desierto, deje mis cosas como de costumbre, el maestro estaba de pie sobre una roca, era un día importante, tomo el licor y bebió un largo trago, se limpió el bigote y la barba y me pidió que nos colocáramos enfrentados a 5 metros el uno del otro.
Buenos dias Lunarian, llego el momento, ahora practicaremos la nueva tecnica, tantas veces como sea necesario, hasta que lo domines, haremos lo mismo que la ves pasada, yo ejecutare la tecnica primero sobre ti y al verla aplicaras lo que te he enseñado Agyo.
Suspire, me coloque en guardia, gire mis hombros en circulo como de costumbre y espere, el maestro me había llamado por mi nombre, asi que esto iba a ser en serio, en ese momento lo vi colocarse de cabeza, juntar las palmas de las manos y los pies y empezó a girar, parecía un taladro, el viento se arremolinaba de manera violenta sobre el maestro, no se distinguía nada de su ser, era una mancha que no paraba de girar y en un abrir y cerrar de ojos avanzo hacia mí, por más que estuve atento y en guardia, lo espectacular del movimiento me tomo desprevenido y recibí el ataque, de lleno en el pecho, el dolor fue mucho peor que el buto, era como si mis músculos no pudieran contener parte del golpe, que característica tan aterradora pense, mientras caía de rodillas y tocia, agitado, adolorido, mierda que fue horrible, empezó a salirme sangre por la boca al toser, me comencé a reir mientras me limpiaba, que tecnica divertida. El maestro dejo de girar luego de golpearme, lo hizo en el acto, se impulso con la cabeza y quedo de pie y me dijo.
Diría que lo siento, pero no es asi, esta es la manera correcta de aprender como bien lo sabes, la tecnica nueva es una tecnica destructiva ¿no te parece?, Al igual que el Buto Ignora la resistencia que te dan tus músculos y hace un daño tremendo, vamos incorpórate, tomate tu tiempo y ejecuta la tecnica cuando estes listo.
No negare que me llevo unos minutos largos estar listo, aspire profundo, buscando la calma que me daba la meditación, de un pequeño salto caí con la cabeza enterrada en la arena, junte las palmas de las manos y los pies, mire al maestro o bueno mire sus pies y los use como punto de referencia para evitar marearme, haciendo un movimiento con mi cintura, empece a girar, no sabia si tenia o no la velocidad suficiente, pero me parecio correcto, ejecute el movimiento y Sali despedido hacia el maestro y para mi sorpresa, le erre, golpeándome con un árbol, escuchaba al maestro reírse.
¡JA JA JA JA JA!, siempre es comico ver lo que hacen a la primera, estas girando, no estas caminando, tienes que aprender a desplazarte, vamos otra vez.
Estuve unos cuantos intentos viendo como hacer el movimiento que me llevara derecho contra la humanidad del maestro Butterjeto, hasta que al quinto intento lo logré, pude moverme hacia el y “golpearlo”, el maestro dijo que no estaba mal, pero el secreto de la fuerza del movimiento estaba en la velocidad del giro, de él dependía de que tan fuerte podía golpearlo.
Entada la tarde el maestro me pidió que paráramos para descansar, lo agradecí, ya me estaba empezando a marear otra vez y no queria vomitarme.
Bueno, vas por buen camino, tu padre te entreno bien, espero que algún día lo puedas volver a ver y le enseñes el Hasshoken, con respecto a la tecnica por como vienes, en no más de 2 dias ya estarás listo.
Era increible como el maestro pasaba de la seriedad al chiste, lo miré y le quise hacer una pregunta, pero la verdad no me importaba la respuesta era todo por curiosidad, asi que decidi morderme la lengua y quedarme callado junto a él, mientras repasaba la tecnica.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
02-01-2025, 11:31 PM
El maestro en su infinita sabiduría no se había equivocado, ese dia si bien lograba ejecutar la tecnica no lo hacía con suficiente fuerza, creo que tenía miedo de hacerle daño, pero el seguía y seguía animándome, pasados 2 dias, estábamos otra vez en la playa temprano, a cinco metros el uno del otro.
Es ahora lunarian, ya lo tienes todo, ejecuta la tecnica sin temor a herirme, ya te lo he dicho hacer la tecnica de manera correcta, es la forma de aprender, no me mataras quédate tranquilo JA JA JA JA, todavia tengo mucho licor que probar.
Gire los hombros, me troné el cuello, inhale profundo, saque toda duda de mí, mire al maestro como mi enemigo, como miraba al imbecil de cara tatemada, tal vez algo del Sol del Ocaso se vio reflejado en mi cara, porque pude ver como el maestro fruncia el ceño, el ambiente había cambiado, estaba listo.
Hice un pequeño salto, y ejecuté la tecnica.
Haciendo un movimiento tanto con mi cadera, como con mis hombros, empece a girar, más velocidad pense y le imprimí más violencia al giro, estaba listo, libere el movimiento y me desplace hacia al maestro Butterjeto, en un giro, podía sentir como la arena se arremolinaba a mi alrededor, pasados unos pocos segundos, impacte al maestro con una de mis piernas, escuche un pequeño sonido de dolor. Golpee al maestro y lo golpee con fuerza, termine de girar y me impulse con mi cuello y quede de pie frente al maestro, quien se tomaba el pecho mientras reía.
La tecnica te pertenece ahora, ven sentémonos, hablemos un poco.
Caminamos hacia una piedra donde el maestro se sentaba a veces, el subio a su piedra mirando al mar arena y yo estuve alli a su lado de pie, estuvimos un tiempo en silencio, solo escuchaba, el viento
Estoy muy feliz por tu progreso Lunarian, has sido un excelente alumno, educado, obediente y sobre todo constante, fue divertido verte entrenar, con tus movimientos raros, tu corte horrible pero no, resultaste ser una agradable sorpresa, por mi parte no tengo nada más que enseñarte.
Esa última frase me dolio, pense que el maestro Butterjeto sabia mas cosas, acaso ¿no era digno de seguir aprendiendo?, una vez más luciendo gala de su excelente forma de ser y el gran maestro que era me miro y continúo diciéndome.
No tengo más que enseñarte no porque no quiera sino porque ya sabes todo lo que se con respecto al Hasshoken, de igual manera esto no lo es todo, hay otros maestros dispersos en el mundo que te pueden enseñar más cosas que yo no puedo, lo importante mi querido Lunarian, es que sabes las dos primeras tecnicas del Hasshoken, estan son la base de todas las demas que puedas desarrollar en un futuro, esto no es el final, es solo el comienzo en tu camino por este arte de combate, ahora bien, ya que sabes todo, no me busques más, yo seguiré con mi vida y tu debes seguir con la tuya.
Maestro, no tengo mas nada que darle sino las gracias, le pido disculpas por las molestias que le he ocasionado, por mi perfume, por mi corte de cabello y mis bigotes, jajaja, no los cambiare, tal vez me deje crecer la barba como usted, ya veremos, tambien quiero agradecerle por sus buenos comentarios hacia mí, enseñarme tanto, ahora motivado por sus palabras intentare convencer a mi amigo el gato de que compre un barco y nos movamos por el mundo teniendo aventuras y buscando a esos maestros del Hasshoken, me vendrán bien tecnicas nuevas para mi trabajo de cazador.
Le prometo ademas que preguntare por el alcohol más fino y exótico que tengan allá donde me encuentre y se lo hare llegar de la manera que pueda, espero que a pesar de que nuestros caminos estén por separarse, podamos seguir siendo amigos, al menos para mi usted es uno y si la vida nos los permite volveré aca, a esta playa, en esta isla llena de gente con daltonismo auditivo y le enseñare las tecnicas que aprendí y le contare mi travesía por el mundo y prometo
que compartiré ademas de todas mis historias una copa de licor con usted, gracias, maestro, gracias por todo.
Me incorpore y en un acto de respeto hacia él, baje la cabeza y lo abrace, no pude contener las lágrimas, sabía que, a pesar de estar en la isla, no lo vería más, había sido claro, que no lo buscara, por ahora, el maestro me abrazo de vuelta y me dijo.
JA JA JA, no llores Lunarian, esperare con ansias el día de tu regreso, para que me enseñes y me muestres cuando has crecido y aprendido, no dejes de ser esa persona constante y decidida que eres, eso tiene que definir tu camino como luchador, con respecto al licor envíalo siempre a mi nombre, tengo a muchos amigos en la isla, les hare saber que a pesar de que venga mal escrito el nombre es para mí y me lo harán llegar, yo no te escribiré JA JA JA JA, no es mi estilo, pero si esperare tus cartas, adiós amigo.
Nos quedamos un poco más de tiempo alli sentados, sin decirnos una sola palabra, tal vez esta era la manera en la que los hombres se despedían, no lo sabía, yo no tuve la oportunidad de hacerlo con mi santo padre, ya caída la noche, tome mis cosas y al incorporarme mire al maestro por una última vez y le dije.
Estará bien, ¿ahora que no voy a traerle que comer y que beber?
Como te dije la última vez, tengo muchos amigos aca en la isla, nada de eso me faltara, ahora vete chico, ya llenaste mi barra de tolerancia de tu presencia, ja ja ja ja, ¡ADIOS AGYO!
Hasta la próxima maestro Butterjeto.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
09-01-2025, 04:16 AM
El Entrenamiento de Rampu Ken en el Desierto de Kalab
El sol abrasador del desierto de Kalab golpeaba con fuerza mi espalda mientras avanzaba por la infinita extensión de arena. Mi fuego interno, ese que me marcaba como un lunarian, ardía sin tregua, pero incluso yo sentía el calor extremo. Había venido aquí porque el desierto no perdona errores, y yo necesitaba perfeccionar una técnica que pudiera protegerme en cualquier situación. El Rampu Ken. Una barrera invisible formada por ondas de vibración condensadas, capaz de detener ataques antes de que me alcanzaran.
No estaba solo. Mi mentor, un viejo luchador llamado Barak, vivía en este desierto. Un hombre robusto de piel curtida y mirada severa. Me había encontrado después de una pelea contra unos cazadores de recompensas y, tras observar mi estilo de combate, aceptó enseñarme. “Si puedes soportar el desierto, puedes soportar cualquier cosa”, me dijo cuando comenzamos. No estaba seguro de si hablaba de la técnica o de él mismo.
El Primer Intento
“El Rampu Ken no es solo fuerza bruta. Es precisión y control”, me dijo Barak mientras lanzaba una roca hacia mí. “Golpea el aire frente a ti y condensa las ondas. Si lo haces bien, la roca no te tocará.”
Me posicioné, flexionando las piernas y levantando el puño. Golpeé con fuerza, buscando concentrar las ondas del impacto, pero la roca me golpeó en el hombro.
“Demasiado lento”, gruñó Barak. “Y demasiado disperso. Tienes la fuerza, pero no la concentración. Intenta de nuevo.”
Cerré los ojos, tratando de sentir el aire a mi alrededor. Respiré profundamente, dejando que mi corazón marcara el ritmo. Cuando sentí la roca acercándose, golpeé otra vez. Esta vez, la roca se detuvo un instante antes de caer al suelo. No era perfecto, pero había avanzado.
Barak asintió con una leve sonrisa. “Ahora entiendes. Pero el verdadero desierto no te lanzará piedras. Sigue practicando.”
La Tormenta de Arena
Una semana después, Barak me llevó al corazón del desierto, donde las tormentas de arena eran más intensas. “Aquí aprenderás a usar el Rampu Ken en condiciones reales”, dijo mientras se cruzaba de brazos, observándome desde una duna.
El viento comenzó a rugir, levantando una cortina de arena que arañaba mi piel y nublaba mi visión. Apenas podía mantenerme en pie, pero no tenía otra opción. Cerré los ojos, confiando en mis sentidos.
Sentía las partículas de arena golpeando mi rostro, pequeñas vibraciones que recorrían el aire. Golpeé frente a mí, tratando de condensar las ondas, pero la barrera no era lo suficientemente fuerte y la arena me envolvió.
“Otra vez”, gritó Barak por encima del rugido del viento.
Con cada intento, mi frustración creció, pero también mi determinación. Recordé las palabras de Barak: “El Rampu Ken no es solo fuerza. Es escuchar el ritmo del mundo a tu alrededor”. Me concentré en las vibraciones, dejando que guiaran mi movimiento. Finalmente, golpeé de nuevo, y esta vez sentí una resistencia en el aire. Abrí los ojos y vi que la arena frente a mí caía al suelo, como si hubiera chocado contra una pared invisible.
“Eso es”, dijo Barak, su voz llena de orgullo. “Pero no te confíes. Esto es solo el comienzo.”
El Desafío Final
El último día de mi entrenamiento, Barak me puso a prueba con un ataque real. Empuñando un bastón envuelto en vibraciones, se lanzó hacia mí con la intención de romper mi concentración. Sabía que no se contendría.
“Si no bloqueas esto, te dejará inconsciente”, advirtió.
Me planté firmemente, con las alas extendidas y el fuego de mi espalda brillando con intensidad. Sentí el aire ondular con la energía de su ataque y levanté el puño. Golpeé con un movimiento rápido y controlado. Una barrera invisible se formó frente a mí, deteniendo el bastón y las vibraciones.
Un silencio absoluto cayó sobre nosotros. Barak retrocedió, sonriendo ampliamente.
“Lo has logrado, muchacho. Has convertido el Rampu Ken en una extensión de ti mismo. El desierto de Kalab te ha templado bien.”
Yo asentí, una mezcla de orgullo y agotamiento recorriéndome. Sabía que el Rampu Ken era solo una pieza de mi arsenal, pero en ese momento sentí que podía enfrentar cualquier cosa. Con esta técnica dominada, estaba más cerca de cumplir mi destino en los mares.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
10-01-2025, 06:56 AM
El sol abrasador se reflejaba en el suelo arenoso de la isla desierta donde había decidido aislarme para entrenar. La brisa apenas lograba aliviar el calor que parecía estar cocinando el lugar entero. Me quité la máscara por un momento, dejando que el viento tocara mi rostro sudoroso. Sabía que este lugar, con su naturaleza salvaje y ausencia de distracciones, sería perfecto para fortalecer mi Haki de Observación. Esta habilidad era esencial para un pirata que, como yo, se enfrentaba constantemente a peligros invisibles y enemigos ocultos.
Respiré profundamente, concentrándome en el sonido de las olas rompiendo contra las rocas en la distancia. Mi maestro solía decir que el primer paso para desarrollar esta técnica era abrirse al mundo, percibirlo en su totalidad y dejar que sus pequeños detalles entraran en mi conciencia. No era solo escuchar, sino sentir. Me senté con las piernas cruzadas y cerré los ojos, dejando que mi respiración se sincronizara con el ritmo de mi entorno.
Al principio, todo era un caos. El trino de los pájaros, el susurro del viento entre los árboles y el crujir de las ramas parecían competir por mi atención. Era como intentar escuchar una sola voz en una multitud. Pero poco a poco, comenzé a distinguir patrones. Las emociones de las criaturas cercanas se manifestaban en pequeños matices de su aura. Una liebre, moviéndose rápido entre los arbustos, irradiaba un miedo constante, mientras que un halcón en lo alto exudaba concentración y hambre. Era un lenguaje nuevo, pero fascinante.
La verdadera prueba comenzó cuando traté de expandir mi percepción más allá de los límites inmediatos. Me levanté, cerré los ojos nuevamente y comencé a caminar a ciegas por la isla. Sabía que había una manada de lobos en algún lugar de este territorio. Eran el mayor peligro aquí, pero también los mejores maestros. Si lograba detectarlos antes de que ellos me detectaran a mí, significaría que mi entrenamiento estaba dando frutos.
Durante horas, avancé lentamente, dejándome guiar por mi intuición y por las pequeñas vibraciones de sus presencias en el aire. Las primeras veces, fallé miserablemente. Varias veces los lobos estuvieron a punto de emboscarme, y solo logré escapar por un pelo gracias a mi velocidad y a mis reflejos. Pero cada encuentro me enseñaba algo nuevo. Aprendí a diferenciar su instinto asesino, que se sentía como una punzada helada en mi pecho, del hambre, que era más como un fuego lento que ardía en el fondo de su aura.
Una noche, después de un día particularmente agotador, me senté al borde de un acantilado, observando las estrellas mientras recuperaba el aliento. Había logrado percibir la presencia de una madre lobo y sus cachorros a varios metros de distancia, algo que consideraba un pequeño triunfo. Sin embargo, también me había dado cuenta de mis limitaciones. Cuando varias criaturas estaban juntas, sus auras se mezclaban y se volvían un torbellino confuso e indistinguible.
"Es como si intentaras escuchar una canción en medio de una tormenta", murmuré para mí mismo. Pero no pensaba rendirme.
A la mañana siguiente, cambié mi enfoque. En lugar de intentar captar todo a la vez, me concentré en una sola presencia a la vez, aislándola mentalmente del resto. Era un trabajo arduo, que requería una concentración casi sobrehumana, pero poco a poco comenzé a notar un progreso. Podía seguir a un lobo a través del bosque, incluso si estaba rodeado de otros miembros de su manada. Podía sentir el cambio en su estado de ánimo, como cuando detecté a uno que estaba herido y rezagado.
El último día de mi entrenamiento en la isla, decidí ponerme a prueba de una manera más arriesgada. Me aventuren el corazón del territorio de los lobos, desarmado y sin mi máscara. Si lograba pasar desapercibido y salir con vida, sabría que había alcanzado un nuevo nivel en mi Haki de Observación.
Mi corazón latía con fuerza mientras avanzaba, cada paso medido y silencioso. Podía sentir las auras de los lobos alrededor, como sombras acechando en los bordes de mi percepción. Algunos estaban tranquilos, descansando, mientras que otros patrullaban con una mezcla de vigilancia y agresividad. Había un líder, una presencia imponente que irradiaba autoridad y confianza. Su aura era como un faro que eclipsaba a las demás, pero también servía como punto de referencia para mi objetivo.
De repente, sentí un cambio. Una de las auras, que había estado tranquila, se encendió con una mezcla de sorpresa y alarma. Había sido detectado. Sin pensarlo dos veces, me agaché justo a tiempo para evitar un ataque. Un lobo joven había saltado hacia mí, pero su aura delató sus intenciones antes de que pudiera alcanzarme. Me alejé rápidamente, concentrándome en esquivar los ataques de otros dos que se unieron al primero.
El combate fue breve pero intenso. Cada movimiento que hacía estaba guiado por mi Haki, anticipando sus ataques antes de que ocurrieran. Finalmente, los lobos retrocedieron, confundidos y derrotados por un enemigo que parecía leer sus mentes. No los seguí. Había logrado lo que me proponía.
Mientras abandonaba la isla al día siguiente, sentía una mezcla de agotamiento y orgullo. Mi Haki de Observación había crecido más de lo que había imaginado, pero sabía que aún quedaba mucho por aprender. Este poder no solo era una herramienta para la batalla, sino también una manera de conectar con el mundo de una forma más profunda. Y como pirata, luchador y portador de la Mero Mero no Mi, necesitaba cada ventaja posible para enfrentar los retos que me esperaban en el Grand Line.
Con una última mirada hacia la isla que había sido mi campo de entrenamiento, me ajusté la máscara y me preparé para zarpar. La aventura continuaba, y yo estaba listo para enfrentarla con todos mis sentidos.
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Agyo Nisshoku
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13-01-2025, 05:16 AM
(Última modificación: 13-01-2025, 05:16 AM por Agyo Nisshoku.)
El sol descendía lentamente en el horizonte, pintando el cielo de un carmesí ardiente que rivalizaba con el resplandor de mis propias llamas. Había pasado semanas entrenando en esta isla desierta, buscando perfeccionar una nueva técnica que podría cambiar el curso de cualquier combate. La Mero Mero no Mi me había otorgado habilidades fuera de lo común, pero sabía que no podía depender únicamente de sus efectos de petrificación. Si quería superar mis propios límites y proteger a mi tripulación, necesitaba un arma más directa y contundente.
La isla en la que me encontraba era un terreno hostil. Las rocas afiladas y las pendientes empinadas ofrecían un escenario perfecto para entrenar tanto mi fuerza física como mi resistencia. Recordaba las palabras de mi mentor, un viejo luchador que había viajado por los mares antes de retirarse: “Un verdadero luchador no solo golpea fuerte; golpea con propósito. Aprende a concentrar toda tu energía en un solo punto y podrás mover montañas”.
Esas palabras resonaban en mi mente mientras practicaba una y otra vez, lanzando golpes al aire, enfrentándome a los troncos de árboles caídos y a improvisados sacos de arena que había colgado de las ramas. Pero no era suficiente. Necesitaba algo más. Sentía que la clave estaba en aprovechar la peculiaridad de mi herencia lunarian y fusionarla con mi entrenamiento físico. Mi raza estaba dotada de un poder latente que podía encenderse como una hoguera furiosa cuando se alineaban el cuerpo y la mente.
Fue durante una noche especialmente clara que finalmente entendí lo que tenía que hacer. El aire estaba fresco, y la luna iluminaba el paisaje con una luz plateada. Me encontré reflexionando sobre las cualidades de mi fuego interno, ese calor que podía emanar desde mi espalda cuando liberaba toda mi energía. Pero, ¿qué pasaba si canalizaba ese poder en un solo golpe? Podía visualizarlo: un impacto devastador que no solo dañaría al enemigo, sino que también lo desplazaría, sacándolo de su posición y desestabilizando su equilibrio.
Al día siguiente, desperté temprano, decidido a poner mi teoría en práctica. Elegí un objetivo: un inmenso bloque de piedra que había rodado desde una de las colinas cercanas. El sol apenas asomaba en el horizonte cuando me coloqué frente a él. Cerré los ojos y me concentré en mi respiración, dejando que el calor se acumulara en mi interior. Podía sentirlo crecer, un torrente de energía que amenazaba con desbordarse. Pero no lo permití. En lugar de eso, lo canalicé hacia mi brazo derecho, sintiendo cómo mi puño comenzaba a arder con una intensidad que nunca había experimentado antes.
Abrí los ojos y, con un grito que resonó por toda la isla, lanzé mi puño contra la roca. El impacto fue brutal. Un estallido de calor y fuerza sacudió el aire, y la piedra, que había permanecido inmóvil durante siglos, se desplazó varios metros hacia atrás antes de romperse en pedazos. Me quedé jadeando, con el brazo temblando por el esfuerzo, pero una sonrisa se extendió por mi rostro. Había funcionado.
Durante los siguientes días, perfeccioné la técnica. Descubrí que el éxito dependía no solo de la fuerza bruta, sino también de la precisión. Tenía que impactar con el ángulo correcto y sincronizar la liberación de energía en el momento exacto. Cada sesión de entrenamiento me dejaba más exhausto, pero también más confiado. Al final, había logrado desarrollar un golpe capaz de empujar a cualquier oponente a una distancia considerable, desarmando sus defensas y abriendo la oportunidad para un contraataque.
Finalmente, llegó el día en que pude poner a prueba mi nueva habilidad en un combate real. Mientras navegaba de regreso hacia mi tripulación, fui interceptado por un grupo de cazarrecompensas que habían puesto sus ojos en el precio de mi cabeza. Eran cinco en total, liderados por un espadachín con una sonrisa arrogante y una cicatriz que cruzaba su rostro.
“¡Así que tú eres Agyo Nisshoku!”, exclamó el líder, desenfundando su espada. “Esto será rápido. No eres más que un pirata con alas”.
Respondí con una sonrisa tranquila, dejando que las llamas comenzaran a danzar en mi espalda. “Puedes intentarlo, pero te aseguro que no será tan fácil como crees”.
El combate fue intenso. Mis enemigos eran habilidosos, pero también confiados en exceso. Cuando el espadachín se lanzó hacia mí con un ataque frontal, vi mi oportunidad. Esquivé su golpe con un movimiento rápido y me giré para encararlo de frente. En ese momento, sentí cómo el calor se acumulaba en mi interior una vez más. Concenté toda mi energía en mi pierna derecha y, con un grito de determinación, propiné una patada directa a su torso.
El impacto fue devastador. El líder fue lanzado hacia atrás, volando varios metros antes de estrellarse contra un árbol cercano. Sus compañeros se detuvieron en seco, con los ojos abiertos de par en par. El silencio reinó por un momento, roto solo por los jadeos del espadachín mientras intentaba levantarse.
“¿Qué... qué fue eso?”, murmuró, con la voz llena de incredulidad.
“Le llamo Empuje”, respondí, ajustándome la máscara y dejando que una sonrisa triunfante asomara bajo ella. “Es una técnica que asegura que cualquiera que se atreva a enfrentarse a mí piense dos veces antes de volver a intentarlo”.
El combate terminó rápidamente después de eso. Los cazarrecompensas, desmoralizados por la derrota de su líder, huyeron sin mirar atrás. Mientras los observaba desaparecer en la distancia, supe que mi entrenamiento había dado frutos. Había dominado el Empuje, y con él, había dado un paso más hacia mi objetivo de convertirme en un luchador digno de liderar mi tripulación hacia la grandeza.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
14-01-2025, 06:43 AM
En una tarde tranquila a bordo de su pequeño navío pirata, Agyo Nisshoku decidió que era hora de desarrollar nuevas formas de utilizar sus habilidades. Con el fuego ardiente en su espalda lunariana y el poder de la Mero Mero no Mi palpitando en sus manos, sabía que para ser el mejor, debía ser versátil, tanto en ataque como en defensa.
Tras varios días de práctica ofensiva, ideó una postura defensiva inspirada en los reflejos instintivos de las luchas intensas. Nombró la técnica provisionalmente como "Postura del Escudo Lunar".
El primer intento
Cruzando los brazos frente a su pecho, Agyo los elevó lentamente mientras buscaba sentir el flujo de energía de la fruta del diablo. El objetivo era usar la atracción emocional del poder de la fruta para disuadir ataques, pero también solidificar su postura para reducir el daño recibido. Sin embargo, en su primer intento, se desequilibró y cayó de espaldas.
“¡Concentración, Agyo! La defensa también es un arte”, se dijo mientras se levantaba. Su compañero, el gato antropomorfo de tres metros, observaba desde un barril mientras jugaba con un cuchillo.
“Quizás si canalizas la energía de la fruta hacia tu centro, podrías mejorar tu postura”, sugirió el felino con su tono siempre misterioso.
Domando el equilibrio
Agyo empezó a incorporar el consejo. Cruzaba los brazos y los elevaba con un movimiento fluido, sintiendo cómo su espalda y piernas se fortalecían con cada intento. Al combinar su resistencia natural lunariana con la energía de la Mero Mero no Mi, creó un efecto sutil: mientras se mantenía erguido, un aura casi hipnótica surgía a su alrededor, desorientando a los enemigos cercanos. Esto le dio la fracción de segundo necesaria para prepararse para un golpe.
Durante un ataque simulado con su compañero, el gato lanzó un fuerte zarpazo hacia él. Agyo, en su postura defensiva, amortiguó el impacto lo suficiente para mantenerse de pie. Aunque recibió daño, este fue considerablemente menor.
“Eso es lo que buscaba”, murmuró con satisfacción.
El perfeccionamiento
Después de varios días de práctica, la técnica comenzó a tomar forma completa. Agyo perfeccionó el cruce de brazos, alineándolo con la energía de su fruta del diablo y su físico lunariano. La postura ahora no solo reducía el daño de los ataques, sino que también intimidaba o confundía a los enemigos, un efecto secundario del poder de atracción de la Mero Mero no Mi.
“Esta técnica no es solo defensa”, reflexionó Agyo mientras miraba el horizonte. “Es el arte de resistir y desafiar a quien ose atacarme”.
El gato, desde las sombras, observó y sonrió para sí mismo. Agyo estaba listo para probar su nueva habilidad en combate real.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
14-01-2025, 10:08 PM
El Amanecer del Golpe Vacuo
Agyo Nisshoku, un lunarian marcado por el fuego eterno y el brillo de su linaje, sabía que para prosperar como pirata y guerrero necesitaba dominar habilidades que desbordaran los límites de lo común. Después de consumir la fruta del diablo Mero Mero no Mi, había comprendido que su poder requería no solo carisma, sino también fuerza y técnica. En su viaje, llegó a una isla remota conocida como Kumo no Taki, un lugar azotado por constantes ráfagas de viento que deslizaban las nubes desde sus cumbres hacia el horizonte. Fue allí donde encontraría la clave para desarrollar una técnica que cambiaría su estilo de combate: el Golpe Vacuo.
El Encuentro con el Maestro del Viento
En lo alto de Kumo no Taki vivía un anciano ermitaño llamado Fuuko, un antiguo luchador conocido por su dominio del aire y las corrientes. Agyo había oído rumores de su existencia en una taberna cercana, donde los lugareños susurraban historias de un hombre que podía controlar los vientos con simples movimientos de sus manos. Decidido a aprender, Agyo escaló la empinada montaña, enfrentándose a ventiscas y precipicios que ponían a prueba incluso su resistencia lunarian.
Finalmente, alcanzó la cima, donde encontró a Fuuko meditando frente a un acantilado. El anciano abrió un ojo al sentir la presencia de Agyo y, con una sonrisa burlona, lo invitó a hablar.
—Busco aprender a controlar el aire como tú lo haces, anciano. Enséñame tu técnica.
Fuuko soltó una carcajada profunda que resonó como un trueno en el vacío.
—¿Controlar el aire? Joven lunarian, el aire no se controla. Se guía, se siente, y si eres lo suficientemente digno, responderá a tu voluntad. ¿Qué me ofreces a cambio de este conocimiento?
Agyo, acostumbrado a las negociaciones como pirata, respondió con sinceridad.
—Mi fuerza, mi voluntad y mi tiempo. Enséñame, y demostraré que soy digno.
Fuuko asintió, señalando un claro abierto al borde del acantilado.
—Muy bien. Si sobrevives a mi entrenamiento, podrás reclamar esa técnica como tuya.
La Prueba del Aire
El entrenamiento comenzó con una simple lección: comprender el flujo del viento. Fuuko ató una venda alrededor de los ojos de Agyo y le pidió que golpeara a una serie de campanas suspendidas en el aire con cuerdas invisibles al tacto.
—No uses tus ojos, usa tus sentidos. Siente cómo el viento baila alrededor de ti.
Los primeros intentos fueron un fracaso absoluto. Los golpes de Agyo caían en el vacío, mientras las campanas se balanceaban burlonamente fuera de su alcance. Sin embargo, con el tiempo, el lunarian comenzó a percibir algo más allá de lo visible: las corrientes del aire que se desplazaban con cada movimiento.
Día tras día, sus reflejos mejoraron. Cada vez que acertaba una campanada, Fuuko aumentaba la dificultad, colocando más campanas o alterando las corrientes con abanicos gigantes. Agyo aprendió a adaptarse, a sincronizarse con el aire en lugar de resistirse a él.
—El aire no es tu enemigo, Agyo. Es un aliado, una extensión de ti mismo.
El Primer Intento del Golpe Vacuo
Cuando Fuuko consideró que Agyo había dominado lo básico, lo llevó al borde del acantilado una vez más. Con una ráfaga de viento aullando a su alrededor, el anciano levantó una mano y trazó un movimiento rápido hacia adelante. Una poderosa onda de choque explotó desde su palma, barriendo las rocas y creando una clara evidencia de su impacto.
—Esto es el Golpe Vacuo. Pero no se trata solo de fuerza. Debes combinar precisión, técnica y un profundo entendimiento del aire que te rodea. Ahora, inténtalo.
Agyo replicó el movimiento, trazando un impacto hacia adelante. Aunque el aire se agitó, no logró generar la onda expansiva que buscaba. Fuuko observó con calma, señalando los errores:
—Tu fuerza es impresionante, pero no basta con golpear. Debes liberar el aire con propósito, comprimiéndolo y soltándolo en el momento exacto.
Día tras día, Agyo trabajó en perfeccionar el movimiento. Cada intento lo acercaba un poco más, aunque las fallas lo frustraban profundamente. Fuuko le recordó la importancia de la paciencia, una virtud que no siempre estaba presente en un pirata.
El Descubrimiento de la Sincronía
Un día, mientras practicaba bajo una tormenta especialmente feroz, Agyo tuvo una revelación. El aire no era solo un medio, sino un puente entre su fuerza interna y el mundo exterior. Comenzó a visualizar su energía fluyendo desde su núcleo, canalizándose a través de sus músculos y extendiéndose hacia el aire frente a él.
Con un grito de determinación, trazó un golpe que liberó una onda expansiva por primera vez. Aunque el alcance era menor al de Fuuko, el efecto fue innegable. Las rocas frente a él se desplazaron, y el sonido del impacto resonó como un trueno.
Fuuko, observando desde la distancia, asintió con aprobación.
—Lo has logrado, aunque aún queda mucho por pulir.
Perfeccionando la Técnica
Agyo dedicó semanas a perfeccionar el Golpe Vacuo, ajustando el ángulo, la fuerza y el tiempo de compresión del aire. Descubrió que el golpe funcionaba mejor cuando combinaba la fuerza bruta de su cuerpo con la gracia inherente de su linaje lunarian. El fuego que ardía en su espalda se convertía en un catalizador, intensificando la onda expansiva.
Finalmente, llegó el día de la prueba final. Fuuko preparó un desafío: Agyo debía usar el Golpe Vacuo para detener una roca gigante que caía desde lo alto de un risco. Con el estruendo de la roca acercándose, Agyo concentró toda su energía en un solo golpe.
El impacto fue devastador. La onda de choque no solo detuvo la roca, sino que la desintegró en fragmentos que volaron hacia el vacío. Cuando el polvo se asentó, Fuuko sonrió.
—Has dominado el Golpe Vacuo, Agyo. Pero recuerda, cada técnica es solo una herramienta. Lo que realmente importa es cómo la usas para dar forma a tu destino.
Un Nuevo Horizonte
Con el Golpe Vacuo en su arsenal, Agyo descendió de Kumo no Taki con una confianza renovada. Sabía que esta técnica sería crucial en su camino como pirata y en la formación de su tripulación. Cada vez que usara ese golpe, recordaría las lecciones de Fuuko: el equilibrio entre fuerza y precisión, la armonía entre el cuerpo y el aire.
El camino hacia la grandeza estaba solo comenzando, pero Agyo estaba listo para enfrentarlo, dejando tras de sí un eco de poder que resonaba como el viento rugiendo en el horizonte.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
20-01-2025, 04:11 AM
En la tranquilidad de la Isla Organ, donde los vientos susurraban entre los árboles de hojas plateadas y el cielo siempre estaba pintado con un degradado de rojos y dorados, Agyo Nisshoku había decidido comenzar su entrenamiento para dominar el poder de la Mero Mero no Mi. Era un poder temido y reverenciado en igual medida, y como lunarian, sabía que su control sería crucial para cumplir su destino.
Agyo había elegido un claro apartado, lejos de los asentamientos de la isla, donde nadie podría distraérlo ni sufrir las consecuencias de sus errores. El primer paso de su entrenamiento sería aprender a controlar su "Mirada de Medusa," una técnica que canalizaba un aura de deseo en un radio de cinco metros a su alrededor. El poder era tanto un don como una carga, ya que incluso la más leve falta de concentración podía desatar un caos.
La primera mañana comenzó con la meditación. Agyo, vestido con su máscara ceremonial y sus alas plegadas a la espalda, se sentó en el centro del claro. Cerró los ojos y respiró profundamente, dejando que el calor de su propia llama lunarian lo envolviera. Sabía que la clave para controlar la "Mirada de Medusa" era una concentración absoluta y un dominio completo de sus emociones.
"El deseo es una fuerza impredecible," recordó las palabras de su mentor, un anciano sabio que había estudiado los poderes de las frutas del diablo durante décadas. "Si no lo controlas, te controlará a ti."
Agyo abrió los ojos lentamente y extendió las manos frente a él. "Mirada de Medusa." Susurró, dejando que el poder fluyera desde su interior. Al principio, nada sucedió. Pero entonces, el aire a su alrededor comenzó a vibrar, como si una tensión invisible llenara el espacio. Un suave resplandor rosado emanó de su cuerpo, extendiéndose en ondas.
Un pequeño conejo, atraído por la energía, entró en el claro. Sus ojos se encontraron con los de Agyo, y el animal se quedó inmóvil, como hipnotizado. Agyo sintió una mezcla de triunfo y preocupación. Aunque había logrado activar el aura, todavía no podía elegir a quién afectar. Rápidamente, cerró los ojos y retiró el poder, dejando que el conejo escapara.
"Demasiado difuso," murmuró. "Necesito enfoque."
El día siguiente, Agyo trajo consigo un maniquí improvisado hecho de madera y ropa vieja. El objetivo era simple: activar la "Mirada de Medusa" y concentrarla exclusivamente en el maniquí. Se paró frente a él, respiró hondo y desató el aura una vez más. Esta vez, intentó visualizar un láser que conectaba su mirada con el maniquí, ignorando todo lo demás en el entorno.
El aire volvió a vibrar, y el resplandor rosado llenó el claro. Pero entonces, un pájaro que pasaba volando cayó del cielo, tambaleándose como si estuviera aturdido. Agyo gruñó, frustrado. Había reducido el área de efecto, pero aún no lo suficiente.
Por la noche, se sentó junto a una fogata, contemplando el cielo estrellado. "Debo entender el deseo," pensó. "No como una fuerza general, sino como algo personal y único para cada ser."
Al tercer día, cambió de enfoque. En lugar de intentar imponer su voluntad sobre el poder, decidió escuchar el flujo natural del aura. Se paró en el centro del claro, cerró los ojos y activó la "Mirada de Medusa." Esta vez, no trató de controlar el poder directamente. En su lugar, permitió que fluyera, observando cómo reaccionaba a los objetos y criaturas a su alrededor.
Una ardilla se acercó al límite del aura, pero retrocedió inmediatamente, como si sintiera una presencia abrumadora. El maniquí, sin embargo, permaneció inalterado. Agyo notó cómo el aura parecía buscar seres vivos, aquellos con deseos propios. "Interesante," murmuró. "Parece que el poder responde más fácilmente a las emociones que a los objetos inanimados."
Con este descubrimiento, desarrolló un nuevo ejercicio. Colocó varios objetos y animales alrededor del claro, desde piedras hasta pequeñas aves y roedores. El objetivo era dirigir el aura hacia un solo objetivo mientras excluía a los demás. Con cada intento, mejoró su precisión, aunque el proceso era agotador. Cada vez que fallaba, tomaba notas mentales de lo que había salido mal y ajustaba su enfoque.
Finalmente, tras semanas de práctica, logró afectar solo al maniquí. El aire a su alrededor era pesado, cargado de una tensión invisible, pero ninguno de los animales ni objetos cercanos parecía notar nada. "Lo logre," pensó, aunque sabía que aún quedaba mucho por aprender.
El último desafío de su entrenamiento fue probar su control en una situación más compleja. Decidió pedir ayuda a su amigo y compañero de tripulación, el gato antropomorfo y revolucionario que también era su aliado más cercano. El felino, con su personalidad relajada pero calculadora, aceptó el reto con entusiasmo.
"Veamos qué tan bien controlas tu poder," dijo el gato, cruzándose de brazos mientras Agyo se preparaba.
En un simulacro, Agyo debía desatar su "Mirada de Medusa" en un espacio lleno de distracciones. El gato se movía rápidamente, arrojando objetos y haciendo ruido, mientras que varios maniquíes estaban colocados alrededor. Agyo cerró los ojos por un momento, centándose en el maniquí designado. Bloqueó el ruido, los movimientos y cualquier emoción que pudiera distraerlo.
Cuando abrió los ojos, desató el aura. Esta vez, la energía fluyó con precisión quirúrgica, alcanzando solo al maniquí objetivo. El gato asintió con aprobación, aunque con su característica sonrisa astuta. "Nada mal, pero no te confíes. Esto era un ejercicio. En combate real, las distracciones serán mucho peores."
Agyo respiró hondo, sintiéndose agotado pero satisfecho. Había logrado un control considerable sobre su "Mirada de Medusa," pero también entendía que el verdadero dominio vendría con el tiempo y la experiencia en situaciones reales.
Mientras el sol se ponía, tiñendo el cielo de tonos ardientes que reflejaban las llamas de su propia esencia lunarian, Agyo miró hacia el horizonte. Sabía que este era solo el comienzo de su viaje, pero estaba listo para enfrentarlo. Con el poder de la Mero Mero no Mi y su creciente determinación, estaba más cerca de convertirse en el guerrero y pirata que el mundo recordaría.
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Agyo Nisshoku
Sol del Ocaso
20-01-2025, 04:39 AM
El Dominio del Hasshoken Ogi: Shinku Nami
El calor del desierto de Kalab es implacable. Las arenas doradas parecen un océano inmóvil, con olas congeladas por el tiempo y el viento. Sentado sobre una duna elevada, mi sombra proyectada por las llamas negras de mi espalda tiembla en la arena bajo el sol abrasador. Mi maestro, un hombre viejo con músculos que parecían esculpidos en piedra, me observa en silencio desde su lugar a la sombra de un enorme monolito desgastado por el viento.
"Lleva el poder más allá de tus puños, Agyo. El Hasshoken no se trata de romper huesos, sino de sacudir el alma."
Resoplé, limpiándome el sudor que se acumulaba en la frente. Llevábamos semanas en este lugar, entrenando desde el amanecer hasta el atardecer. Mi cuerpo estaba cansado, pero mi voluntad seguía en pie. Este nuevo dominio del Hasshoken prometía ser algo único: un golpe que no necesitaba alcanzar físicamente para destruir.
"Concéntrate. Siente las ondas dentro de ti antes de liberarlas hacia afuera", instruyó.
Frente a mí, había colocado una fila de rocas de diferentes tamaños, algunas tan grandes como un carro y otras pequeñas como un puño cerrado. La tarea era simple en apariencia: golpear el aire y crear un pulso que las atravesara, dañándolas desde adentro. Pero lo simple no siempre es fácil.
Respiré profundamente, dejando que mi fuego interno se calmara. Mi mente viajaba entre el flujo del Hasshoken y la intensidad de mi haki. La energía debía canalizarse desde mi centro, expandiéndose sin dispersarse.
Di un paso hacia adelante, giré la cadera y lancé un golpe al vacío. El aire frente a mí tembló, pero las rocas permanecieron inmóviles. Nada.
"Tu mente está cerrada, chico. El Hasshoken Ogi: Shinku Nami no es un puño; es una ola. Imagina el viento que viaja por este desierto. No lo ves, pero sabes que está ahí, empujando, doblando, quebrando todo a su paso."
Volví a intentarlo. Esta vez, me enfoqué en imaginar las ondas como si fueran una extensión de mi voluntad. Mi puño cortó el aire, y una vibración más visible hizo temblar la primera roca pequeña. No fue suficiente para dañarla, pero fue un progreso.
"Mejor. Pero sigue sin vida. Usa la Mero Mero no Mi, conecta tus emociones con las ondas. Haz que el aire lleve algo más que vibración: llénalo de intención."
El recuerdo de mis batallas más intensas y mis ambiciones más profundas se agolpó en mi mente. Cerré los ojos, dejando que esas emociones se alinearan con el Hasshoken. Esta vez, no era solo un golpe: era un mensaje de mi espíritu a todo lo que estaba frente a mí.
El puño cortó el aire una vez más. Esta vez, la vibración se expandió en forma de un cono visible de ondas de choque, impactando contra las rocas. La más pequeña se partió al instante, y las más grandes vibraron con tal intensidad que pequeñas fracturas comenzaron a aparecer en su superficie.
El maestro sonrió por primera vez. "Ahí lo tienes. La Shinku Nami es devastadora no porque destruya lo que toca, sino porque lo atraviesa por completo. Entrénalo hasta que sea como respirar. Un movimiento natural. Y recuerda, Agyo: el Hasshoken no es para destruir, sino para conquistar sin tocar."
Mientras el sol comenzaba a esconderse detrás de las dunas, una sensación de triunfo se apoderó de mí. Había dado el primer paso hacia el dominio del Hasshoken Ogi: Shinku Nami, y con ello, una nueva arma se sumaba a mi arsenal.
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