¿Sabías que…?
... Eiichiro Oda empezó la serie con la idea de terminarla en 5 años, pero se dio cuenta de que en esos 5 años que la trama ni siquiera llegaba al 50%.
[Aventura] [T3] Y en las calles de Syrup...
Dan Kinro
[...]



Día 16 de Invierno del año 724,
Noche en  la Isla Syrup.

La luna colgaba alta sobre Villa Syrup, esparciendo su luz pálida sobre las calles adoquinadas de la ciudad.

El reflejo en las fuentes y los ventanales de las mansiones aristocráticas añadía un brillo fantasmal a la opulencia del lugar. Aquí, el lujo no era solo una muestra de riqueza, sino una declaración de poder. Para la mayoría, esta ciudad era un paraíso de oportunidades.

Por alguna razón, la mansión te dio una ligera remembranza, como si ya la conocieses de algo... ¿Quizá de tu infancia?

[Imagen: 6ZggLXp.jpeg]

Sin embargo, para el propio Julius Basileus, era un campo de nuevas oportunidades.

A tú llegada a Isla Syrup, descubres la verdad: La cantidad de dinero que se movía a través de esta era demasiado apetecible como para dejarlo pasar. La Isla Baja era mucho más que una simple oportunidad, era un viaje en barco de los que solo pasan una vez en la vida.

Los pasos del antiguo gladiador resonaban en el suelo húmedo mientras avanzaba por un callejón estrecho, bordeado de muros altos cubiertos de enredaderas. 

No llevaba mucho encima, apenas un chaleco sin mangas y pantalones de lino oscuros. Sus músculos, cincelados como el mármol, se tensaban con cada movimiento, listos para responder ante cualquier amenaza. 

La vida le había enseñado que los lugares más hermosos ocultaban las sombras más profundas. Y él había venido a sumergirse en ellas. Tu curiosidad te lleva frente a una mansión, por el camino, escuchas rumores... sobre una fiesta... muy elitista. Ideal para conseguir tus objetivos, ideal para "progresar".

A tu manera.

El objetivo parecía simple, infiltrarse en el supuesto círculo de poder de Villa Syrup y encontrar un contacto que le abriera las puertas a un futuro mejor, bien sea delinquiendo o a través de contactos. Su fama como guerrero podría haber sido suficiente en Dressrosa, pero aquí necesitaba algo más que puños y cicatrices. Necesitaba información, influencia y, sobre todo, la oportunidad de obtener un futuro mejor.

El aire estaba impregnado de fragancias costosas, el aroma del vino mezclándose con el perfume de los nobles que paseaban por las calles iluminadas con faroles de bronce. 

La mansión a la que se dirigía Julius estaba estratégicamente ubicada en una colina, rodeada de jardines exuberantes y con una vista privilegiada del puerto. Desde allí, se podía ver el ir y venir de los barcos mercantes y, más importante aún, los movimientos de aquellos que operaban tanto dentro como fuera de la ley.

El gladiador se detuvo frente a la verja principal, observando con interés a los guardias apostados en la entrada. Eran profesionales, sin duda. Sus posturas no eran relajadas, y sus ojos escudriñaban cada movimiento de los invitados. Se notaba que no estaban allí solo para exhibirse, sino para actuar si era necesario. Julius había lidiado con hombres así antes. Sabía que con el ángulo correcto y la fuerza suficiente, hasta el mejor entrenado caía.

Pero hoy no había necesidad de violencia. No todavía.

Desde una ventana en lo alto de la mansión, una figura lo observaba. Lucian Velmont. Aunque no se distinguían los detalles de su rostro a la distancia, aquella figura le observaba a él y a todos.

El hombre de Dressrosa podía sentir la mirada evaluadora de aquel hombre, y la del resto.

Sabía reconocer cuando alguien tomaba la medida de otro, buscando calcular su utilidad o su peligrosidad.

El camino empedrado hasta la entrada estaba bordeado de linternas de papel, iluminando a los invitados que llegaban en carruajes tirados por caballos lustrosos. Algunos descendían con gracia ensayada, sus atuendos reflejando la riqueza desmedida de Villa Syrup. Otros eran más discretos, con túnicas oscuras y miradas esquivas. Todos con un propósito. Todos con algo que ganar o perder.

Julius ajustó la postura, elevando su enorme figura con la confianza de un hombre que sabe exactamente a dónde pertenece, aunque no haya sido invitado. Se movió con calma, sin prisa, permitiendo que los murmullos de los curiosos lo rodearan. A algunos les pareció un guardaespaldas contratado, a otros un mercenario con ambiciones. Lo cierto es que era ambas cosas y ninguna a la vez.

Se detuvo frente al umbral donde el portero de túnica azul revisaba la lista de acceso. La iluminación del candelabro sobre la puerta proyectaba sombras largas en el suelo, haciendo que la escena pareciera sacada de una pintura cuidadosamente planeada.

Cuando te acercas, distingues algunos nombres en la lista:

— Señorita Escarlata
— Coronel Mostaza
— Señor Blanco
— Señor Verdi
— Señora Azulino
— Profesor Moradillo

Quizá podrías hacerte pasar por alguno de ellos...

Nombre — exigió el hombre sin levantar la vista de su pergamino.

Bienvenido
#1
Julius Basileus
El Ogro
Día 16 de Invierno del Año 724
 
Caminar por aquellas calles de Villa Syrup me hacía recordar varios detalles sobre mi juventud, pese a no tener claros recuerdos de muchas cosas. Recuerdo que mi familia solía viajar mucho entre los mares y  así ofrecerle al mundo un espectáculo de lo que significaba ser un verdadero gladiador de Dressrosa. La riqueza que cada casa desprendía dejaba saber un aproximado de que tan avariciosos y e intrigantes eran en cada familia. Básicamente me encontraba rodeado de poder allá a donde mire en aquella fría noche.
 
La mansión del evento principal era sin dudas una maravilla para los ojos y posiblemente la inspiración para muchos de los residentes de la villa. Sin embargo, cada vez que veía aquella mansión más se me hacía conocida, seguramente de alguno de los viajes de mi familia al East Blue. Pero no era el momento para recordar viejos momentos, ahora tenía un objetivo y ese era hacerme con un futuro aquí y ahora. 
 
Sabía desde mi llegada a las islas Gecko que aquí era donde se movía el dinero, el poder de las altas élites. Era una hermosa noche sin dudas y de por si iba vestido más o menos para la ocasión, lo mejor vestido que un tipo de mi tamaño podía estar. Pese a que la idea de entrar en aquella mansión por la fuerza me parecía una idea divertida preferí tomarme las cosas con calma. 
 
En mi camino a la mansión pude esuchar rumores del evento que se estaría por llevar en la misma y como muchos irán con las ansias de más poder. Con cada rumor ya estaba saboreando mis oportunidades en aquél lugar, codeandome con lobos hambrientos por la más mínima información o forma de escalar en su esfera. Debía de entrar como fuese en aquél evento y conocer gente, gente con ganas de más. 
 
Al llegar a las afueras de la mansión veía como llegaban los invitados en costosos carruajes y vestimentas, su perfume llegaba a mis narices y no se iría por un buen rato. Varios guardias estaban estacionados a las afuera de la mansión para asegurarse de que los invitados correctos entren y protegerlos a todo costo. Habría estado interesante el probar que tan preparados estaban pero lo mejor era seguir con el plan principal.
 
Las miradas de los demás era algo que podía sentir gracias a mi experiencia y percepción, sus ojos se clavaban en mi, checandome de la cabeza a los pies. Pero había una mirada poderosa en especial y esta me miraba desde una ventana en aquella mansión, analizandome de varias formas. Desde aquél momento me dió la sensación de que aquella noche sería una más que especial. 
 
Aquella iba a ser mi noche y ninguno allí por más "poderoso" que sea podrá arruinar. Caminé despacio con una confianza total hasta donde confirmaban los nombres de los invitados, levantando rumores allá donde hubieran otros invitados. Muchos de estos pensaban que era un guardaespaldas contratado o un mercenario, aunque a decir verdad tal vez no estaba muy lejos de ello.
 
Una vez viendo que era mi turno de dar mi nombre y entrar le dí una rápida pasada con el ojo al libro de invitados, quedándome con uno interesante únicamente por su título, "Coronel Mostaza".
 
 — Coronel Mostaza. — 
 
Dije con una voz que tendría cualquier militar agrandado pero con su nivel de finura.
 
Personaje
V&D
Inventario
#2
Dan Kinro
[...]
Bienvenido, Coronel Mostaza. Le recordaba más rubio.

El vestíbulo principal se hallaba en constante movimiento, con figuras elegantes transitando de un lado a otro, intercambiando saludos ensayados y comentarios velados entre sonrisas cuidadas.

La alta sociedad de Villa Syrup dominaba el arte de la conversación sin decir demasiado, cada palabra era medida y cada gesto tenía una intención oculta. Las copas chocaban con discreción en brindis silenciosos, mientras el aroma de la cera derretida de los candelabros se mezclaba con el perfume de las damas y el cuero de los guantes de los caballeros.

Los invitados llegaban en intervalos bien calculados, permitiendo que cada nuevo rostro fuera debidamente evaluado por quienes ya estaban presentes. Se desplazaban con naturalidad entre los espacios del vestíbulo, aprovechando los segundos justos para medir las intenciones de los demás. Algunos eran rostros conocidos en la ciudad, otros, piezas desconocidas en el tablero de la élite. Pero entre ellos, uno destacaba por su imponente presencia.

El portero de túnica azul aún sostenía la pluma con la que había anotado el nombre de Julius Basileus en la lista, aunque bajo el nuevo nombre de Coronel Mostaza.

Su comentario sobre el color de su cabello había arrancado algunas risas en las cercanías, pero más allá del humor en el ambiente, era evidente que la presencia de este nuevo invitado no pasaría desapercibida. Las miradas se posaban en él con distintos matices como curiosidad, recelo, interés y verdadero análisis.

Un mayordomo se acercó con pasos calculados, su postura impecable reflejaba años de servicio en una casa donde la precisión lo era todo. Sin apurarse, inclinó la cabeza en un gesto formal y, con un tono medido, iniciandu su discurso de bienvenida. Sus manos permanecían entrelazadas por delante de su delgada figura, y su mirada denotaba el acostumbramiento a tratar con figuras de todo tipo, desde nobles hasta aquellos que preferían moverse de una forma menos formal pero efectiva. Su traje negro, planchado con exactitud milimétrica, y sus guantes blancos sin una sola mancha delataban su estatus: El Mayordomo Principal.

[Imagen: N1fxUcO.jpeg]
Mayordomo de la Mansión Velmont. Nivel 5.


El hombre se detuvo a una distancia justa de Julius Basileus, haciendo una leve reverencia que no mostraba servidumbre, sino el respeto profesional de un hombre que conocía su función y su poder dentro de aquellos muros.

Bienvenido a la Mansión Velmont, Coronel Mostaza — dijo con voz profunda y controlada — Es un honor el poder recibir a un invitado tan… distinguido.

El tono de su voz no dejaba claro si era un cumplido sincero o una prueba. No había titubeo en su expresión ni en su postura, como si su sola presencia fuera un engranaje más en el funcionamiento de aquella mansión. Como si el fuese parte de la mansión misma, tanto o más que su estructura.

Permítame explicarle la distribución de la residencia, ya que estará con nosotros esta noche. Espero que le sea de utilidad.

El mayordomo hizo un leve ademán con la mano, indicando con discreción la magnificencia del vestíbulo principal.

Nos encontramos en el corazón de la mansión, el punto de bienvenida para nuestros distinguidos invitados. Desde aquí, cada pasillo conduce a una parte esencial de la velada.

Hizo una pausa, asegurándose de que Julius Basileus alias Coronel Mostaza captara cada detalle antes de continuar.

Si sigue el pasillo a la izquierda, llegará al salón de baile. Un espacio donde las conversaciones fluyen al ritmo de la música y los brindis parecen no cesar. Es el lugar perfecto para encontrar… compañía con intereses similares. No juzgamos sus intereses.

El tono de su voz cambió levemente en aquella última frase, dejando en el aire una insinuación clara, las alianzas y los secretos se compartían tanto en los rincones más selectos como en la pista de baile.

El mayordomo giró ligeramente el cuerpo y con una mano enguantada señaló hacia la derecha.

Si prefiere algo más formal, el comedor principal se encuentra en esta dirección. Esta noche, la mesa estará servida con platos dignos de la más alta cocina, y las sillas estarán ocupadas por aquellos cuyo poder no se mide solo en monedas, sino en influencia.

Se giró lentamente de nuevo hacia el centro del vestíbulo y sus ojos afilados captaron cada expresión de Julius Basileus antes de continuar.

Para aquellos con inclinaciones más… intelectuales, la biblioteca es una opción excelente. En ella encontrará documentos, historia y, por supuesto, conversaciones más reservadas. Aunque, debo advertirle, el conocimiento es un arma que pocos manejan con destreza.

No esperó respuesta. Era un aviso más que una información.

Si busca un respiro del bullicio, el invernadero es un refugio tranquilo. Algunas de las personalidades más selectas prefieren la naturaleza y la discreción del aire perfumado con flores exóticas.

Dio un paso atrás con una leve inclinación de cabeza antes de agregar...

Por supuesto, hay habitaciones con acceso más… restringido. El estudio es un espacio reservado solo para los anfitriones y sus invitados más selectos. Y el sótano, bueno… digamos que hay lugares a los que es mejor no aventurarse sin compañía adecuada. Si necesita algo de ahí, yo mismo se lo traeré encantado.

Su mirada se sostuvo sobre Julius Basileus por un instante apenas perceptible. Un mensaje sin necesidad de palabras.

El mayordomo enderezó la espalda y, con la misma calma con la que había aparecido, inclinó la cabeza en una despedida formal.

Si necesita asistencia en cualquier momento, estaremos encantados de servirle. Que disfrute de la velada, Coronel Mostaza.

Y con la precisión de un hombre que conocía su labor al detalle, se desvaneció entre la multitud, dejando a Julius Basileus en el vestíbulo, rodeado de miradas, oportunidades y caminos que podrían conducirlo al poder o al peligro.


Información
#3
Julius Basileus
El Ogro
Pasarme por el "Coronel Mostaza" parecía funcionar aunque aquél tipo abrió su boca para hacer un comentario sobre mi pelo no siendo de color amarillo. Gracias a esto noté como algunas miradas cambiaron a unas un poco más atentas y misteriosas. De no ser porque necesitaba mantener mi papel como el Coronel Mostaza le habría destrezo la cabeza a este imbécil. Una vez dentro pude observar de primera mano las formas de los invitados, ejecutando cada uno de sus movimientos de una forma casi planeada y estudiada. 
 
Todos parecían lo suficientemente intrigantes para mi, aunque mi objetivo era hacer contacto con alguien poderoso. Pese a ello no sabría decir decir que tipo de trabajos me esperaban, lo que me hacía pensar en tal vez ser una especie de jefe de guardias, guardaespaldas personal o jefe de operaciones, todas eran buenas opciones, solo hacía falta encontrar a la persona indicada.
 
Quién parecía ser el mayordomo principal me recibió de muy buena forma, aunque he de decir que se me hacía raro haber sido recibido por él y no por cualquier otro servidor del lugar. Este se hizo cargo de mostrarme los principales lugares del evento y aquellos algo más apartados para una conversación más privada. Cada paso que dábamos más ganas me daban de comprobar que tan fuerte era aquél tipo tan distinguido, pues si era un mayordomo este debía de ser fuerte.
 
Pese a todo pude controlarme, la vida de las altas élites era algo a lo que tenía que ir acostumbrando pues no era de esos lugares en los que podía hacer lo que me daba la gana. Afortunadamente aquél mayordomo terminó su tour, dándome tiempo para pensar en que lugar encontraría mi futuro en aquella isla. A decir verdad también tenía ganas de encontrar a aquél tipo que me había estado analizando desde aquella ventana, pues si había alguien poderoso ese debía de ser él, el señor Velmont. 
 
Considerando que la mayoría o una buena parte de los invitados estarían en el salón de bailes decidí ir hacia aquél lugar, donde también habían hermosas damas en sus bellos vestidos. Viendo que había gente de todo tipo decidí caminar por aquél salón, esperando a que alguna oportunidad caiga o hacerla caer yo mismo.
#4
Eustass D. Punk
Jetto Gia
Nuestro protagonista de la historia se encontraba realizando cuidadosamente su recorrido mientras las conversaciones y la música llenaban el ambiente. El sonido de las copas entrechocando se mezclaba con murmullos apenas audibles, donde los acuerdos y las conspiraciones se disfrazaban de charlas triviales.

El salón era amplio, con ventanales altos que daban hacia los jardines, permitiendo que la luz de la luna se filtrara suavemente entre los reflejos dorados de los candelabros. Las cortinas de terciopelo oscuro oscilaban levemente con la brisa que se colaba desde afuera, aportando un aire de quietud que contrastaba con la actividad constante dentro de la mansión.

En el centro de la sala, sobre una mesa de mármol pulido, destacaba un gran recipiente de ponche con hielo bien frío.

 El líquido rojizo brillaba bajo la luz, y los cubos de hielo flotaban en la superficie, emitiendo un leve tintineo cada vez que alguien hundía el cucharón plateado para servirse. 

Varias copas ya habían sido llenadas, y algunos invitados se mantenían cerca, conversando en grupos reducidos mientras disfrutaban de la bebida.

El mayordomo que recibió a Julius, impecablemente vestido, se acercaba de vez en cuando a reemplazar las copas vacías por otras llenas, asegurándose de que el ponche nunca dejara de fluir. Aunque la bebida parecía ser una simple cortesía, algunos de los invitados no bebían, sosteniendo sus copas solo como una forma de integrarse a la conversación.

Más allá, en la parte trasera del salón, un grupo de hombres bien vestidos conversaba en voz baja.

Entre ellos, uno llevaba un traje morado, con un monóculo y una copa de vino, observando atentamente a los recién llegados con una leve sonrisa en los labios, como si cada movimiento en la sala fuese parte de un juego que solo él comprendía.

En otra parte del salón, una mujer con un traje blanco de corte impecable, ajena a los brillos y colores llamativos de la nobleza, se mantenía cerca de la mesa del ponche. Su postura relajada contrastaba con el comportamiento rígido de la mayoría de los presentes, y su mirada se desviaba con interés hacia los movimientos de ciertos invitados. No era la única en notar las piezas nuevas en el tablero de aquella noche.

El Coronel Mostaza no había dado más que unos pasos dentro del salón cuando algunas conversaciones bajaron su volumen, casi imperceptiblemente. No por cortesía, sino por curiosidad. Su presencia se sentía como un elemento inesperado dentro de la coreografía bien ensayada de la alta sociedad. 

Algunas miradas lo escudriñaban con sigilo, otras, más directas, lo analizaban con descaro, incluso con algún tipo de deseo.

El ritmo del evento se mantenía, pero ciertos detalles se volvían más evidentes cuanto más tiempo pasaba. Los grupos de invitados se mantenían bien delimitados, la élite conversaba entre sí, los comerciantes negociaban en pequeños círculos apartados y algunos individuos solitarios, demasiado calculadores para ser simplemente nobles o empresarios, permanecían en los bordes de la sala, atentos a los cambios en el ambiente.

Los murmullos se mantenían constantes, pero una risa apagada en un rincón y el repentino movimiento de un grupo de invitados indicaban que la velada no solo giraba en torno a los bailes y las bebidas. 

Algo más se cocía en el ambiente, y no todos los presentes estaban allí solo para disfrutar de la música.


En un extremo del salón, una de las puertas de madera oscura se entreabrió por unos segundos, permitiendo el paso de un hombre de cabello rubio bien peinado. Llevaba consigo una carpeta de cuero que mantenía firmemente bajo el brazo. Un sirviente cerró la puerta con rapidez tras su entrada, y el hombre se dirigió con pasos medidos hacia la zona más apartada de la sala, donde unos pocos invitados parecían esperar su llegada.

Nombre. — Dijo la persona del recibidor.

Coronel Mostaza.

La escena no pasó desapercibida para algunos de los asistentes, y aunque nadie dijo nada abiertamente, hubo una leve pausa en la conversación en ciertos sectores del salón, como si algunos estuvieran aguardando a que algo más ocurriera.

En otra parte de la sala, dos personas de aspecto severo se cruzaron miradas rápidas antes de apartarse del centro del baile y dirigirse hacia la biblioteca, casi al mismo tiempo, uno iba de verde, la otra de azul. Su partida fue sutil, pero los más observadores habrían notado la sincronización en sus movimientos.

Mientras tanto, en el centro de la sala, el ponche seguía siendo servido, con su color rojizo profundo resaltando entre las sombras y luces del lugar. Los invitados seguían bebiendo, pero en el fondo de la velada había algo que no encajaba del todo.

 La fiesta estaba en marcha, pero no todos estaban allí solo para bailar.
#5
Julius Basileus
El Ogro
Como era de esperarse, el salón de baile ya contaba con aquellos pequeños grupos de invitados, los cuales jugaban sus mejores cartas en un intento de subir escalones en su propio mundo. En el centro de aquella sala pude ver como varios invitados se servían aquél ponche rojo, el cual a decir verdad no se me apetecía, pues jamás fuí un gran fan del ponche.
 
Pero no todo se trataba de ponche y grupos apartados, pues entre estos habían individuos de lo más interesantes. Uno de estos era un tipo vestido de traje morado con un monoculo el cual sujetaba su copa mientras hablaba con su grupo. Otro individuo en el cual puse mi mirada se trataba de una señorita de vestido blanco y prendas que dejaban saber su estatus en la nobleza.
 
Por último se encontraba esta figura autoritaria y elegante, el más reciente invitado y el cual parecía ser conocido en aquél lugar. Este se trataba de un hombre rubio muy bien arreglado el cual parecía llevar una carpeta debajo de su brazo se dirigía hacia cierto grupo de personas. Aquellos tres individuos parecían ser todos muy buenas opciones, pues el tipo de morado parecía saber sobre todo tipo de negocios de por la izquierda mientras que la dama de blanco parecía tener contactos en la nobleza.
 
A pesar de todo mis instintos me decían que aquél tipo rubio sería mi mejor opción y debía de aprovechar mientras este estaba en camino a su grupo elitista. Justo antes de poder ponerme en el camino de este tipo pude notar algo fuera de lo normal, pues después de que confirmé mi nombre una pareja algo mal vestida parecía huir hacia la biblioteca, lo que había logrado obtener mi atención.
 
Viendo que tal vez me daría tiempo averiguar lo que aquellos dos planeaban y luego seguir con mi objetivo en aquella salón de baile me dirigí hacia la biblioteca, siempre manteniendo una distancia de unos 4 metros de aquellos tipos. No sabía que podía salir de allí pero si lograba esuchar algo podría utilizarlo como un arma de intriga.
#6
Eustass D. Punk
Jetto Gia
Julius Basileus, bajo su identidad de Coronel Mostaza, desvió su atención del salón de baile y comenzó a seguir con cautela a la pareja que se movía con apremio hacia la biblioteca. Sus ropas, algo desaliñadas en comparación con el resto de los invitados, destacaban en un evento donde la opulencia y la meticulosa presentación eran la norma. Algo en su comportamiento dejaba en claro que no estaban allí para disfrutar de la fiesta, sino que buscaban algo más.

A medida que avanzaban por el pasillo, sus pasos se volvían más rápidos y nerviosos. Julius pudo mantenerse a una prudente distancia de cuatro metros, observando cómo la pareja se aseguraba de no ser seguida. De vez en cuando, uno de ellos miraba por encima del hombro, pero su ansiedad parecía impedirles notar que un verdadero depredador se movía tras ellos.

El pasillo que llevaba a la biblioteca estaba adornado con retratos antiguos de la familia Velmont.

Los ojos de los lienzos, iluminados por la tenue luz de los candelabros de pared, parecían seguir a cualquiera que pasara. Aquella ala de la mansión tenía un aire distinto al bullicioso salón de baile. El sonido de las conversaciones quedaba amortiguado y solo se escuchaban los pasos sobre el suelo de mármol, junto con el ocasional crujido de la madera vieja en las paredes.

Julius observó cómo la pareja se apresuró a entrar en la biblioteca, dejando apenas la puerta entreabierta. Sin detenerse, continuó su avance con paso natural, lo suficientemente sigiloso como para evitar que sus intenciones fueran evidentes. Desde fuera, la biblioteca estaba en penumbra, con solo la luz de unas cuantas lámparas de aceite arrojando sombras alargadas sobre las estanterías llenas de libros de cuero gastado.

Si bien la fiesta seguía en marcha, los demás invitados parecían demasiado absortos en sus propias intrigas como para preocuparse por lo que ocurría en esa parte de la mansión. Por suerte para nuestro protagonista de la aventura, la cercanía y sus sentidos aumentados hicieron el resto, pudiendo escuchar los murmullos y el click correspondiente.

Dentro de la biblioteca, los murmullos se volvieron más intensos.

No podemos esperar más, nos están observando… — susurró una voz masculina con tono nervioso.

Cálmate. Solo tenemos que hacerlo rápido, ese mayordomo no nos encontrará. — respondió la segunda voz, esta era más calmada, pero con un timbre más grave.

Hubo un leve sonido de madera deslizándose, seguido por un click sordo, similar al de una cerradura activándose o un mecanismo oculto moviéndose en las profundidades de la estantería.

La posición de Julius te permitía entrar asegurándose de mantenerse en un ángulo donde pudiera ver el interior sin ser detectado de inmediato. Desde su posición, notó que los dos intrusos estaban de pie frente a una de las estanterías, manipulando un libro con movimientos poco naturales.

No parecían simples lectores buscando un texto en particular. No hojeaban los volúmenes ni parecían interesados en su contenido. Más bien, parecían estar tratando de accionar algo dentro del lomo de uno de los tomos más gruesos.

Uno de ellos deslizó los dedos por el lomo de un libro de pasta negra con detalles dorados y lo inclinó levemente hacia atrás. Acto seguido, la estantería completa comenzó a moverse con un rechinido sutil, revelando una abertura oscura detrás de ella.

El hombre de voz más calmada miró a su compañero y le hizo un gesto con la cabeza.

Vamos. No tenemos mucho tiempo...

El otro tragó saliva, echó un vistazo hacia la puerta y, sin dudar más, se metió en el pasadizo oculto, seguido por su compañero. En cuanto ambos cruzaron el umbral, la estantería comenzó a cerrarse de nuevo, encajando con un último clic como si nunca hubiera sido movida.

El silencio volvió a apoderarse de la biblioteca.

Julius, ahora solo en la penumbra de la sala, podría contemplar la estantería frente a él. Había visto y escuchado con claridad lo que había sucedido. No habían escondido un objeto… se habían ocultado a sí mismos.

¿Un plan mayor?

La pregunta ahora era... ¿Hacia dónde llevaba ese pasadizo y por qué necesitaban usarlo?

El tiempo era un factor clave. Podía intentar replicar el mecanismo que los hombres habían activado y seguirlos, arriesgándose a entrar en un territorio desconocido, o podía quedarse fuera, marcar el lugar en su memoria y averiguar más sobre la mansión antes de tomar una decisión.

Resumen
#7
Julius Basileus
El Ogro
Aquella pareja cuyos ropajes no pintaban nada en aquella fiesta parecían tener un mejor lugar donde estar fuera del salón de baile. Debido a esto decidí seguirles y averiguar de que se trataba todo aquél misterio que se cargaban estos dos. Mientras caminaba por aquél pasillo notaba como estos giraban su cabeza escaneando sus alrededores, en especial si tenían a alguien detrás de ellos.
 
Afortunadamente parecían estar lo suficientemente ansiosos como para darse cuenta que un silencioso titan de melena roja se encontraba acechando. Aquél pasillo estaba adornado con la historia de la familia Velmont, pues retratos de sus miembros se encontraban decorando las paredes del lugar. Era un hermoso detalle, siempre me gustó el estilo y el pensar en llevar una vida de ricachón.
 
Aquella pareja se apresuró a entrar en la biblioteca, tanto así que se dejaron la puerta entreabierta. Aprovechando aquél pequeño error de su parte pude espiarles para ver lo que buscaban. Dependiendo de lo que estaban buscando debía de pensar en quedármelo para mi o sacar ventaja de ello y ganarme la confianza de la familia Velmont. 
 
Estos hablaban entre ellos, preocupándose de ser detectados, especialmente por el mayordomo principal. Escuchando como una especia de mecanismo se activaba me adentré a la biblioteca, asomándome desde un ángulo desde el cual no podrían verme. Estos parecían estar buscando algún libro en especial pero no exactamente para lo que yo tenía en mente.
 
Luego de encontrar dicho libro e inclinarlo lo suficiente, este hizo que todo el estante de libros se empiece a mover, dejando ver una especie de pasillo secreto. La casa de los Velmont parecía estar llena de misterios, lo que solo hacía las cosas aún más interesantes e intrigantes. Viendo que después de que aquellos dos entraran en aquél pasillo el estante se empezó a cerrar pensé en cual sería mi próximo movimiento.
 
Perfectamente podría estar entrando directo a una trampa sin saberlo pero aunque lo fuera, la emoción de únicamente imaginármelo recorría todo mi cuerpo. Caminé con normalidad hacía aquél mismo estante y después de probar unos cuantos libros este se empezó a mover. Era hora de averiguar de que se trataba todo aquello y de ver que tanto partido le podía sacar.
#8


Salto de foro:


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