Alguien dijo una vez...
Rizzo, el Bardo
No es que cante mal, es que no saben escuchar.
[Aventura] [Aventura T4] La Infinita Sabana
Suzuka D. Hanami
Dragón Floreciente
El trabajo asignado era un trabajo de campo. Algo mucho más relajado y gratificante para el espíritu que la caza, por lo menos para Lovecraft, sin duda los años en el templo habían inculcado un amor hacia la tierra y los seres vivos que no eran adecuados para las actividades de caza. Un trabajo que consistía en crear vida y nutrir la tierra, no en arrebatarlas.

Mientras Lovecraft trabajaba podría notar en las proximidades el resto de los miembros de la Tribu Zing trabajando y haciendo un poco su vida. A diferencia de los Naga aquí si que se encontraban espectros de todas las edades, desde niños corriendo cerca de los campos jugando entre ellos, hasta ancianos que aun tener incluso más años que Lovecraft estaban ayudando en los campos, tal vez no con el trabajo pesado, pero si que en la recolección o siembra. 

La fisionomía de la mayoría de la tribu era claramente menos atlética y entrenada que la de los Naga, se notaba quienes eran los que se pasaban el día corriendo y sopesando obstáculos por toda la sabana de forma ininterrumpida, entrenando su cuerpo y siendo maquinas de correr más efectivas que muchas monturas o vehículos que usaban en la civilización.

Como habían llegado por la mañana al mediodía tocaría un pequeño descanso. Lovecraft lo podría notar con el aviso que algunos miembros de la tribu iban dando mientras se pasaban por los campos repartiendo una especie de tortas hechas con una masa en base de legumbres, verduras y alguna especia. Eran bastante nutritivas, tenían diversos nutrientes, entre ellos proteína vegetal y lograban llenar el estomago a la vez que dar energía a largo plazo; a parte que no parecían muy costosos de preparar. Evidentemente acompañarían de agua las mismas para que pasaran mejor dado que muchas podían hacerse un poco de bola en la garganta. 

También le darían a Lovecraft evidentemente, aunque sin mucha conversación dado que aun se le les hacia extraña su presencia. La gente de los campos cercanos se sentaba donde encontraban alguna sombra tranquila para tomar el almuerzo tranquilamente, cada uno tomaba unas cuatro de los que iban repartiendo y se iban a tomar su merecido descanso tras una media jornada laboral muy intensa. Toda la actividad agrícola se había parado en seco. Lo cual hizo muy notorio cierto retumbar y rebuznos que llegaron de no muy lejos. Si Lovecraft revisaba un poco se trataba de Ganesha, el cual estaba haciendo alguna especie de danza en un campo cercano que al parecer estaba listo para ser cosechado. El gran hombre elefante iría realizando una danza mientras agitaba una especie de maracas alrededor del campo mientras procesaba algunos canticos en una lengua la cual Lovecraft desconocía. El paquidermo siguió con eso por lo menos una hora entera, incansable.

La tarde procedió de una forma similar a la mañana. Aunque se hizo más notoria la presencia del ganado que ya había terminado de pastar los prados cercanos y los traían de vuelta al asentamiento para poder protegerlos mejor de los posibles depredadores que aguardaban en la sabana. El campo era grande pero aun así completamente asequible para alguien como Lovecraft dejarlo completamente arado y preparado para realizar al día siguiente una siembra.

Con el sol poniéndose, mientras todos los demás campos irían cesando sus actividades y volviendo al centro de la aldea, quien daría permiso al monje para regresar con todos seria Ganesha, quien se habria presentado a ver el trabajo de Lovecraft - Hiciste un buen trabajo Lovecraft, te has ganado la posibilidad de vivir entre nosotros - Le diría aprobando los resultados de su trabajo en el campo, aunque también insinuando que si no hubiera quedado satisfecho lo habria mandado fuera de la aldea a que pasara la noche en medio de la sabana - Para que te pueda dejar pasar la noche con nosotros y compartir nuestra cena deberás demostrar devoción a los dioses, sígueme - El gran paquidermo comenzaría a caminar sin muchas más indicaciones que esas.
#11
Gautama D. Lovecraft
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Fui labrando poco a poco y de manera ortodoxa el área que me encomendó el líder Ganesha, haciendo una de las cosas que mejor sabía desde qué era bien joven. Mi cuerpo no solo aparentaba estar en forma por el exigente entrenamiento al que estábamos sometidos en el templo, sino también, a las largas jornadas de campo que dedicábamos allí mismo. Era un trabajo que al fin y al cabo también desarrollaba el cuerpo, y sin ir más lejos, la mente y el espíritu, dado que se formaba una sutil comunión con la tierra, el suelo donde pisabas y desde el que comías lo que este ofertaba, iba más allá de lo superficial que podría verse en el mero hecho de la actividad física, era una de las actividades que más nos podría acercar a la naturaleza en el noble arte de dar y recibir.

Y parecía ser algo tan universal que estaba inculcado a todos los niveles sociales, pues desde tiempos inmemoriales, la agricultura ha sido una grata vía de acceder al alimento a través del medio, y los Zing lo tenían sumamente claro y aprendido. Los Zing, a diferencia de los Naga, parecían tener en su seno todo tipo de edades, además de presentar otro tipo de fisionomía más mundana a comparación de los otros. Al medio día parece que daron un alto para un descanso repartiendo algo de sustento para reponer energías, unas especiadas tortas con un toque picante seco, principalmente vegetales que iban acompañadas con agua. No fui menos, y los agricultores cercanos se destinaron a darme algo también de esto, se lo agradecí pronunciadamente, y lo comí bajo una de las sombras cercanas.

Durante el parón, Ganesha volvió entre su particular retumbar danzante a dejarse ver, y en uno de los campos más allá, podía verse agitando sus maracas en una especie de danza tribal que desconocía por entero. A la tarde, pude terminar la tarea que el líder me encomendó, y a la apuesta de sol, el mismo se acercó para comprobar como lo había hecho.

- Tenéis buena tierra. -

Le dije, honrando al fin y al cabo el lugar donde habitaban tras su llegada. El enorme líder, continúo e hizo que le siguiera, no sin antes comentarme o avisarme de que para pasar la noche allí, antes debería de mostrar devoción o respeto por sus dioses. Aquello, para ser sincero, causó algo de inquietud en mí, pues la devoción que yo procesaba no era explícitamente hacia algo parecido a un dios o varios dioses, como dijo el gran elefante, si no más bien, a unas ideas, a una doctrina y a varios mantras que conformaban los pilares fundamentales en el Templo Gautama. Parecía que una vez más, tenía que desviarme de la línea que me conformaba, deconstruirme y volver a adaptarme a las costumbres de los nativos, sin embargo, esta vez estaba mejor preparado para poder llevarlo a cabo. Le dediqué una reverencia tras acabar de hablar el líder en señal de gratitud y lo seguí hasta el centro del poblado, al mismo tiempo que el resto de Zing. Obviaba que tipo de procesos proliferaban hacia sus dioses, no quería hacerme expectativas de ningún tipo, pero fuera lo que fuera, de una manera u otra habría que hacerlo, porque eso también era otro aspecto fundamental del aprendizaje, y era lo que me trajo hasta aquí.
#12


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