¿Sabías que…?
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[Diario] [Diario] La supremacía del más fuerte
Daryl Kilgore
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23 de Otoño del año 709



En el corazón del bosque montañoso y selvático de la Isla DemonTooth, un joven Daryl ajustaba su fiel espada al cinturón mientras repasaba mentalmente sus provisiones. A sus once años, no solo era hábil cazador, sino que se había convertido en un experto en seguir rastros y en vivir en armonía con la naturaleza salvaje. Su hogar era una pequeña cueva en las montañas, un refugio que se había ganado después de matar él mismo al jaguar que allí se ocultaba, apropiándose de su casa. Alrededor de la entrada había colocado filas de picas de madera para que el lugar resultara amenazador, además de que lo había rociado con sangre seca de sus presas, intentando que aquella intimidante presentación ahuyentara tanto a personas como a animales por igual. Vestía con pantalones, pero tremendamente rotos y desaliñados, rematados de forma torpe para que no se rompiera más de lo permitido. Sin camiseta y sin nada con lo que cubrirse los pies, solo se había fabricado un abrigo de piel con algunos de los animales que había desollado, para las noches más frías. Mantenía los cabellos largos, hasta la altura del pecho aproximadamente y ya mostraba una cantidad ingente de cicatrices por todo su cuerpo, señales escritas de todo por lo que había tenido que pasar en su vida.

Y es que él mismo, bajo su propia responsabilidad, había decidido mantenerse al margen de la civilización y de las personas. No confiaba en nadie, fuera niño, adulto, abuelo, mujer, hombre, marine o pirata. No después de la traición que había sufrido en sus propias carnes, no después de que todo el mundo al que se acercara tratara de aprovecharse de él y le menospreciara. Uno no podía autocompadecerse de las decisiones que había tomado con libertad, por lo que apenarse de su situación no entraba en la ecuación. Era sencillamente ridículo, y no estaba en la naturaleza de un demonio como lo era él. No aparentaba en absoluto ser un niño de doce años. Ya era tremendamente alto, mucho más fuerte, ancho y musculoso que muchos de los adultos promedio que entrenaban incluso, y su rostro ya mostraba facciones más marcados, cuadrados, delgados, dejando atrás esos característicos mofletes de niño.

Durante las últimas semanas, Daryl había notado algo fuera de lo normal en el comportamiento de los animales y en el propio bosque; aves que solían cantar en la madrugada ahora permanecían calladas y vigilantes; los monos se movían de una forma errática y extraña, mirando constantemente a su alrededor, y por último, habían aparecido nuevas marcas en la corteza de los árboles, huellas en el barro demasiado grandes, rocas enormes embestidas. Parecían pertener a un animal mucho más grande de lo habitual, con feroces garras y que alguna que otra vez escuchó rugir en mitad de la noche. No le dio mayor importancia a aquella bestia, pasó días simplemente omitiendo su cada vez más apabullante presencia. Hasta que un día, mientras revisaba una de las trampas cercanas, Daryl encontró que aquellas enormes huellas habían llegado hasta las proximidades de su cueva, mientras dormía. Había pisado sus tierras, arañado sus árboles, incluso destrozó una de sus trampas con tal de llevarse la presa. Aquello no lo iba a permitir.

Decidido, cabreado y armado, comenzó a seguir las huellas, avanzando con cautela y deteniéndose en cada rama rota y cada rastro de pelo que encontraba. Las huellas lo condujeron hacia el interior del bosque, donde los árboles eran más densos y la luz apenas lograba filtrarse entre las enormes hojas de las copas. El ambiente se tornó más húmedo, más frío, y el barro se deslizaba entre los dedos de sus pies mientras se adentraba en territorio desconocido, peligroso. La espesura era tal que apenas podía ver más allá de unos pocos metros, pero una mezcla entre ira y emoción le empujaba a seguir. La anticipación y expectación de poder enfrentarse a un verdadero monstruo, un reto. Entonces, de repente, el silencio se rompió con un sonido sordo. Era un rugido, profundo y reverberante, que sacudió todos los árboles de alrededos con una potencia que incluso resonó en el interior del pecho de Daryl.

Por un momento, todos los vellos de su piel se erizaron. El instinto le puso completamente alerta, invitándole a que retrocediera, que aquello era demasiado peligroso para él. Pero, al mismo tiempo, la curiosidad y el anhelo de demostrar su valía lo impulsaron a continuar. Él debía ser el animal más peligroso de aquel bosque, debía hacerse respetar entre el resto de bestias, hasta que le consideraran como uno más y dejaran de merodear y cazar por su territorio. Con los músculos en tensión y todos sus sentidos afinados, avanzó hacia el origen del sonido, con su espada preparada. A medida que se acercaba, notó que el rastro de huellas se hacía más reciente, y algunas ramas arrancadas estaban todavía frescas. Finalmente, a través de los árboles, en el umbral de una nueva cueva, distinguió entre la oscuridad de su profundidad una sombra imponente que se movía con fuerza y determinación, inspirando un aura completamente diferente.

Ahí estaba, una criatura que parecía salida de de otra época. Era una bestia grande, incluso más que el último jaguar que había matado, pero con un pelaje espeso y oscuro que reflejaba destellos metálicos bajo la luz que se colaba entre los árboles. Sus ojos, rojos y penetrantes, se posaron en Daryl, quien, paralizado por la mezcla de miedo y asombro, apenas supo cómo reaccionar. Blandiendo su espada, mirando a los ojos a aquel animal como un rival mano a mano que eran, midiéndose el uno al otro. Pero pronto los ojos del demonio cambiaron, tornándose completamente hostiles y decididos. Era el duelo entre dos monstruos, luchando por quién se quedaba con el territorio del otro, y ambos lo habían entendido perfectamente.
#1
Daryl Kilgore
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La criatura que se alzaba frente a él era un puma enorme, mucho más grande de lo que jamás hubiera imaginado. Su pelaje era oscuro, casi negro, y sus músculos se marcaban con cada paso elegante y cuidadoso. Era como una sombra viviente, una presencia intimidante y feroz. Los colmillos sobresalían de su boca abierta en un gruñido, y en sus patas delanteras se distinguían unas garras afiladas y poderosas, capaces de desgarrar árboles y rocas. Múltiples cicatrices marcaban todo su cuerpo, una señal de todo lo que había sufrido por sobrevivir en aquella selva. Una señal de que no era tan diferente a Daryl, también repleto de marcas parecidas.

A pesar de todas las bestias a las que ya se había enfrentado con anterioridad, a todos los hombres completamente armados hasta los dientes, a todos los demonios, nunca había encontrado oponente tan enorme. Acababa de encontrarse con un animal único. Y estaba dispuesto a matarlo, sin dudarlo, sin pensarlo dos veces. Desenvainó sus dos espadas con una calma helada, mientras la propia bestia se agazapaba, preparada para saltar en su encuentro. La tensión entre ambos cazadores era enorme, tan densa que podía uno atragantarse con ella. Por suerte, no duró demasiado.

El animal saltó hacia él. Su tamaño y su fuerza eran tales, que el demonio poco pudo hacer contra la presión que trató de contener con sus armas cruzadas frente a él. El puma le empujó, colocándose sobre el joven Daryl, afianzando la defensa de sus espadas contra las garras afiladas y las fauces del felino, que trataban de hacerse paso y alcanzar su rostro. El forcejeo fue intenso, los músculos de Daryl se tensaron hasta el límite, hinchándose por la presión ejercida contra aquel monstruo de la naturaleza. Hasta que, finalmente, consiguió aprovechar un momento de descanso del animal para empujarle, darle la vuelta y tirarle de espaldas contra el lecho de hojas en el que combatían.

El intercambio de golpes y esquives pasó a ojos de Daryl mucho más lento de lo que realmente fue. En uno de estos esquives, aprovechó el giro del animal para clavarle una de las espadas en el costado. Aún con el arma encajada en su piel, continuó luchando unos minutos más, sin darse por vencido, como si su piel estuviera hecha de acero. Pero Daryl no tardó en rematarle con un segundo espadazo, ahora sí, tumbando al animal.

El puma soltó un gruñido profundo y desgarrador, y sus ojos se encontraron con los de Daryl en un último destello de ferocidad y desafío. Finalmente, la criatura dejó de moverse y de emitir sonido alguno. Daryl se quedó ahí, respirando pesadamente, sintiendo el eco de su propio pulso en la cabeza, viendo cómo la luz de sus enormes orbes amarillos se apagaba poco a poco. Sintió respeto en ese momento. Ambos habían peleado con honor, y la muerte de aquel animal no sería en vano. Entendió que el puma no era un simple animal, sino una presencia poderosa en la isla, que hasta ese momento había sido invencible. Pero el ciclo de la vida en el bosque siempre continuaba, y aquel día, Daryl había demostrado que también era parte de ese ciclo. Dando todo de sí, omitiendo las heridas que el puma le había dejado y el dolor que le ocasionaban, tomó el gigantesco cuerpo del animal entre sus brazos, alzándolo por encima de su cabeza. Dejándose llevar completamente por la adrenalina de la victoria y por sus instintos más animales, rugió, mostrando a toda la selva el cadáver que acababa de dejar. Demostrándole a todas las bestias que aquel trozo de selva era suyo, que él era el nuevo rey.

Enterró su enorme cuerpo en el interior de la cueva que usaba como hogar. Aunque se quedó con algo como recuerdo, uno de sus enormes colmillos. Con aquel diente como amuleto y recordatorio de aquella fiera pelea, Daryl puso marcha de nuevo a su propio hogar. Tras aquella demostración de fuerza, ningún otro animal se atrevería a acercarse a él en mucho tiempo.
#2


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