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Kiwi Stone
Lullaby
12-11-2024, 02:29 AM
(Última modificación: 12-11-2024, 02:29 AM por Kiwi Stone.)
La brisa marina sopla con una frescura constante sobre Ciudad Cocoyashi, llevando con ella el aroma cítrico de las mandarinas y un leve toque salino que revela la cercanía del océano. A través de sus calles empedradas y sus edificios de madera con techos rojizos, la ciudad rebosa de vida y actividad, especialmente en torno al mercado que se extiende junto al muelle. Bajo toldos de colores desgastados por el sol, los comerciantes exponen todo tipo de productos artesanales: pequeñas esculturas talladas en madera, redes de pesca de hilos trenzados a mano, y joyería hecha con conchas y piedras recogidas del mar. El bullicio de compradores, vendedores y pescadores intercambiando saludos y mercancías forma una sinfonía de voces que da vida a este rincón del archipiélago.
Un poco más allá, la prestigiosa escuela de navegación y cartografía se eleva como un símbolo de orgullo para los habitantes. Desde sus ventanas, los alumnos observan el puerto y sueñan con futuras travesías. Este lugar, con paredes cubiertas de mapas y antiguos instrumentos de medición, ha formado a los navegantes más expertos de la región, y los rumores dicen que incluso piratas legendarios pasaron por sus aulas en busca de conocimiento. Junto a la escuela, el museo marítimo de Cocoyashi despliega una atmósfera de historia y misterio; en sus vitrinas se muestran instrumentos de navegación, con astrolabios y brújulas antiguas que aún conservan marcas de viajes pasados, y en los estantes de cristal reposan mapas ajados que trazan rutas de aguas lejanas.
Alrededor de la ciudad, los campos de mandarinas se extienden como un vasto mar de verde y naranja, reflejando la luz del sol al atardecer. El suelo fértil y el clima suave del archipiélago hacen de este lugar el perfecto paraíso de cítricos, y es habitual ver a los habitantes recogiendo las frutas con dedicación, sabiendo que la frescura de cada mandarina lleva consigo el aroma de Cocoyashi.
En una de las callejuelas que se abren paso desde el mercado hasta el muelle, se encuentra uno de los bares más conocidos de Cocoyashi: "El Faro Rojo". Este bar es modesto pero acogedor, con un cartel de madera pintado a mano que muestra la imagen de un faro iluminando las aguas oscuras. La madera de las paredes está desgastada por el paso del tiempo y el roce de incontables manos, mientras que el techo bajo y sus vigas gruesas le dan un ambiente cálido y un tanto misterioso. Desde la entrada, se pueden escuchar las risas y las conversaciones animadas de los marineros, pescadores y comerciantes que frecuentan el lugar, muchos de los cuales tienen la piel curtida por el sol y las manos firmes por los años de trabajo en el mar.
Dentro, el Faro Rojo está iluminado por lámparas de aceite que cuelgan de las paredes, proyectando un resplandor ámbar sobre el mobiliario de madera tosca. Las mesas están dispuestas de forma irregular, con bancos y sillas desiguales, cada una con sus propias marcas y cicatrices de los años. Las paredes están decoradas con retazos de mapas antiguos, pedazos de cuerdas de nudos intrincados, y algún que otro timón gastado colgado como decoración, un recordatorio de la tradición náutica de Cocoyashi.
Detrás de la barra, el tabernero, un hombre de edad madura con una barba espesa y brazos fuertes, sirve bebidas en jarras de cerámica y platillos sencillos pero bien condimentados. Es conocido por tener una conversación fácil y un oído atento, siempre listo para escuchar rumores de nuevas rutas comerciales, historias de aventuras en alta mar, o los secretos susurrados de alguna travesía peligrosa. Sobre la barra, hay varios barriles etiquetados con nombres locales: una cerveza artesanal hecha con trigo y un toque de mandarina, una sidra dulce y afrutada, y un ron oscuro que los marineros consideran la mejor bebida para celebrar un regreso seguro a puerto.
El ambiente en el Faro Rojo es ruidoso y vibrante, con voces que se entrelazan en charlas sobre los vientos cambiantes y las condiciones del océano. Los muros parecen guardar cada historia contada en susurros y risotadas. Cerca de las ventanas que dan al puerto, algunos marineros observan las aguas oscuras, acompañados por las sombras de sus navíos amarrados, mientras que otros juegan a las cartas o lanzan apuestas, llenando el aire con el aroma de tabaco y especias. Afuera, el sonido de las olas choca suavemente contra el muelle, acompañando la atmósfera de este bar, donde el tiempo parece detenerse entre un trago y otro.
Aquí, en el Faro Rojo, todo visitante es bienvenido, ya sea un local que vuelve de una larga faena, un comerciante de tierras lejanas o alguien que simplemente busca resguardo en la penumbra de la noche, trazando los planes de la siguiente aventura en los mapas de su imaginación.
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¡Hola, buenas noches! Mi nombre es Kiwi Stone cocinera y durmiente oficial de la marina y tu narrador en esta aventura. Este mensaje es para recordarte un algunas de cosas importantes: - Recuerden al comienzo del su primer post poner el [ personaje] pero todo junto para que sus PV, PH y PE queden fijados, así como sus stats hasta ese momento.
- Intentaré postearles en un plazo máximo de 24-48 horas. Si veo que han posteado antes de ese plazo y tengo hueco, pues les postearé antes.
- Son libres de narrar como llegan al punto de partida como quieran. Se los dejo a libre disposición.
- ¿El día de la aventura? Cuando mejor les convenga en función a su propia cronología.
Espero que disfrutes de la experiencia.
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Perfil
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Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
12-11-2024, 04:21 AM
(Última modificación: 13-11-2024, 12:04 PM por Yuya Mirokuji.)
64 de Verano del 724
Personaje
Estadísticas de Yuya Mirokuji:
5 FUE | 10 RES | 30 DES | 0 PUN | 15 AGI | 20 REF | 15 VOL | 0 CA
Vitalidad: 245
Energía: 115
Haki: 75
Nivel: 2
Un día excelente, sin duda alguna. Sol, una leve brisa marina de aroma cítrico, la humedad justa en el aire como para que uno no se sintiera agobiado… Desde luego era un día perfecto para estar dentro de un bar de mala muerte. A ver, no me entendáis mal. El bar en sí era respetable, y el tabernero también, pero con todo, desde las paredes al mobiliario, desgastado por los años y el uso, sumado a que estando cerca del puerto toda clase de personas entraban allí… Pues «respetable» no era la primera palabra que se le venía a la cabeza a cualquiera que entrara allí por primera vez. ¿Tugurio? ¿Antro? Tal vez esas encajasen mejor con el negocio. A mí no me molestaba que fuera un bar de mala muerte. De hecho, allí había encontrado a varios criminales buscados fanfarroneando de sus aventuras o sus carteles de «Se Busca». Sí, siendo cazadores novatos, Diana y yo encontramos un pequeño filón en aquel sitio. Bastaba con ir a las horas punta, estar atentos y una vez por semana, alguien aparecía por el que ofrecían dinero. No mucho, cierto, pero daba para ir tirando. Aunque alguna vez había aparecido algún pirata de renombre, de esos con muchos ceros en el cartel. Esas veces… Bueno, no me avergüenza decir que simplemente los ignoramos. No nos juzguéis, no somos marines ni protectores del pueblo ni héroes ni nada por el estilo. Nos ganamos la vida principalmente capturando criminales y cobrando las recompensas que entregan por ellos, pero para eso hay que tener una vida que ganarse, y nosotros perderíamos las nuestras si fuéramos a por peces tan gordos estando tan verdes.
- ¡Hey grandullón! ¿Cómo va la vida? ¿Me sirves una jarra de esa sidra tan rica de siempre? Estaré en aquella mesa. – La mesa que señalé resultaba obvia por varios motivos: La mayoría de las veces que íbamos a ese bar nos sentábamos a ella si estaba libre, era la única mesa libre en la dirección en la que señalé… Bueno, la lista de motivos no era tan larga, pero ya era más de uno, así que era una lista estrictamente hablando. Tras realizar mi pedido me dirigí hacia la mesa señalada. En el camino había varias mesas ocupadas con señoritas que me miraban y luego se ponían a reír o a cuchichear después de pasar por su lado, obviamente regalándoles un guiño y una sonrisa siempre. Al final llegué a sentarme a la mesa con cinco papeles en el bolsillo de la chaqueta. Alguno me lo habían dado en mano y algún otro lo habían colado a escondidas. Incluso había uno de un hombre. Lo acepté igualmente, no me importaba encamar a hombres siempre que fueran lo suficientemente atractivos para mí, y eso significaba que fueran afeminados. Sí, este en concreto era afeminado, casi lo había confundido con una chica y todo. ¿Qué había en los papeles? Números de Den-Den Mushi, obvio.
Había quedado allí con Diana para hablar de nuestro futuro. No hacía mucho que mis hermanos habían comenzado a realizar trabajos pequeños para aportar a la economía familiar y eso me quitaba un peso de encima. Ya no tenía que darles casi todo lo que ganaba para que no murieran de hambre. Y eso también significaba que era libre de moverme de aquella isla por más de un par de semanas. No mejoraría nunca ni atraparía peces cada vez más gordos si me quedaba para siempre en un acuario pequeño rodeado siempre de lo mismo. La escuela de navegación estuvo entretenida mientras me duró, pero ya no podía aprender más ni sobre navegación ni sobre esgrima allí. Necesitaba experiencia real o nuevos maestros, y no los encontraría quedándome quieto. Por eso, tal vez, lo mejor sería que viajásemos para fortalecernos y poder capturar a esos piratas que antes nos obligaban a apartar la mirada debido a lo elevado de su recompensa. Así que me senté, puse los pies sobre la mesa y esperé.
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Diana Kari
Wild Huntress
13-11-2024, 07:20 AM
Personaje
Estadísticas de Diana Kari:
15 FUE | 5 RES | 20 DES | 0 PUN | 10 AGI | 15 REF | 10 VOL | 0 CA
Vitalidad: 185
Energía: 100
Haki: 50
Nivel: 1
-¡Ma, ya me voy. Yuya dijo que teníamos que hablar de algo importante en el Faro Rojo!- le grité a mi madre desde mi habitación mientras terminaba de hacerme una coleta y tomaba mi lanza. -¡Salúdalo de mi parte y pregúntale cuando vendrá a comer a la casa que se le extraña!- me respondió antes de que lograra salir de la casa. El hombre apenas tenía tiempo libre entre buscar generar ingresos para ayudar a su familia de doscientos y las mujeres, hombres y cualquier humanoide que considerara atractivo que pasaban por su cama. –Sí, sí.- respondí en voz baja mientras cerraba la puerta, a sabiendas de que no me escucharía.
El vivir en Goza me hacía tener que salir con mucho tiempo de anticipación para llegar al bar de mala muerte que frecuentábamos en Cocoyashi entonces me daba el tiempo de cruzar junto a la gente que iba directo a vender sus productos o todos los aspirantes que estudiaban navegación en la capital. Yuya era uno de estos últimos aunque probablemente pasaba más tiempo ligoteando con sus compañeras que aprendiendo a dibujar mapas e interpretarlos. Aunque no podía culparlo, ¿cuánto tiempo tendría que pasar para que aprendiera lo más importante sobre la navegación? La verdad era que estaba arremetiendo mentalmente contra mi amigo porque hacía varias semanas que sentía que estábamos completamente estancados. Se había vuelto casi rutinario el ir al mismo bar a escuchar conversaciones de algún que otro maleante de poca monta para después darle caza para recoger apenas unas pocas monedas que apenas y volvían rentable nuestro modus vivendi. Lo peor de todo era que cuando llegábamos a cruzarnos con algún pez gordo teníamos que hacernos de la vista gorda ya que no éramos lo suficiente fuertes como para hacerle frente a alguien ligeramente famoso. Las cazas se habían vuelto insípidas incluso, era como si él y yo nos dedicáramos a repetir una rutina que habíamos ensayado una y otra vez cuyo final siempre era una imagen lamentable de un criminal pidiendo piedad mientras era amordazado y llevado a la justicia. Bueno, de vez en cuando omitíamos el paso de pedir piedad porque a uno de los dos se nos iba la mano, pero no era a propósito por si alguien se lo pregunta y si estamos siendo completamente honestos tampoco sentía mucho remordimiento por ese tipo de gente.
Finalmente había llegado a la zona en donde se encontraba nuestra horrible base de operaciones y apenas entrar lo primero que se cruzó con mis ojos fue la mirada amigable del tabernero que siempre me recibía con una sonrisa, no sabía si era porque me paseaba con muy poca ropa o tal vez por el hecho de que en más de una ocasión había dejado una cantidad absurda de propina por estar pasada de copas. –Buen día, guapetón. Dame lo de siempre.- le dije refiriéndome a la deliciosa cerveza con el toque cítrico que se había vuelto una de mis bebidas favoritas para después recargar mi espalda en la barra volteando a ver a la mesa que siempre frecuentábamos Yuya y yo. –Y llévala donde siempre, por favor.- continué en cuanto mi mirada se cruzó con la de mi compañero de aventuras. Comencé mi avance hacia “nuestra” mesa mientras escuchaba a varias de las presentes hablar sobre la apariencia de Yuya y todo lo que le harían si tuvieran la oportunidad de estar a solas con él. No pude evitar soltar una pequeña risa pues en cuanto me sentara junto a él comenzaría a recibir miradas tan penetrantes que fácilmente harían ver a mi lanza como un palillo de madera. –Pero mira quien ha decidido salir de entre las piernas de una mujer que toma malas decisiones para venir a trabajar.- le dije a Yuya mientras me sentaba frente a él. –Mi madre te manda saludos y quiere saber cuándo te pasarás por la casa para comer con nosotros.- le dije iniciando una conversación casual antes de centrarnos en la plática importante. Recargué mi lanza en una de las sillas de la mesa para que quedara a mi alcance pero no me estorbara para disfrutar la bebida que había pedido. –También podrías aprovechar para afilar esa espada, ya sabes, la que usas menos que la que tienes entre las piernas.- finalicé bromeando mientras posaba los codos sobre la mesa y ponía mis manos bajo mi mentón como si hiciera una pose seductora, más que nada haciendo un show para todas las presentes que seguían con los ojos clavados en nuestra mesa.
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Kiwi Stone
Lullaby
14-11-2024, 10:20 PM
(Última modificación: 14-11-2024, 10:22 PM por Kiwi Stone.)
Es bueno saber jóvenes cazarrecompensas que ya se han encontrado en el bar de mala muerte en el que siempre suelen verse, y como era de esperarse cualquier mujerzuela, sea delincuente, o simplemente una mujer del bajo mundo que visite estos lares, no quita la vista de ti Yuya, a sus ojos eres alguien realmente bello, alguien que llama mucho su atención, tanto por tu belleza, como por tu vigoroso cuerpo. Desde el asiento donde te encuentras puedes escuchar algunos comentarios. —Yo me lo cogería sin problemas. — Se escuchó decir a una pelinegra que te mira con deseo, mientras que a su lado una pelirroja que parece ser su amiga también lanza un comentario un poco salido de orbita. —Si en verdad es un cazador, me encantaría convertirme en su presa. — Y muchos mas comentarios como esos sueles escuchar antes de que tu compañera llegue a la mesa donde evidentemente todas las demás damas comenzarían a verla con malos ojos.
En cuanto a ti querida Diana, tanto el cantinero, como los desaventurados hombres que se encuentran en el bar, incluso aquellos que van solamente con la intención de verte, pues tus pocos ropajes les llenan los ojos de lujuria, te miran, simplemente observan casi babeando, saben quien eres, y saben que realmente eres fuerte, claro dentro de lo que cabe, y ninguno quiere meterse contigo, prefieren mirar sin tocar ni decir una sola palabra, para ellos es suficiente, aunque las mujeres en su afán de acostarse con tu amigo, suelen lanzarte una que otra indirecta que quizás te molesten, o no. —Esa mujer es tan fuerte que parece un hombre, ningún caballero se acostaría con ella. — Comentarios de ese estilo suelen lanzar hacia ti, pero es tu decisión si reaccionas a ellos o continuas con tu conversación.
Mientras ustedes entablan su conversación y una de las camareras entrega las bebidas en su mesa, lanzándole una sonrisa juguetona a Yuya, y por supuesto una mirada de desaliento hacia Diana, se marcha dejando sus bebidas frías listas para tomar. En eso al bar entra un hombre, parece ser que también es un cazador, por sus ropajes, y sobre todo por aquel cuadernillo que lleva consigo del cual caen unas cuantas hojas que al verlas más de cerca parecen ser carteles de Wanted de algunos criminales. Es un anciano, y se le nota cansado, aunque a pesar de eso muestra una sonrisa y saluda al camarero. Verdaderamente no están esperando a nadie, pero ustedes pueden invitarle a que se siente en su mesa, quizá ustedes logran reconocerlo de alguna caza anterior, y puede que tenga algo para ustedes, para sus planes, o para su futuro.
—Preparame un buen trago de Sake, Muchacho. — El anciano se dirije al cantinero, parece venir cansado de algun sitio, tiene consigo su arma, que parece ser un gran martillo de madera, parece mas un carpintero que un cazador, pero es decisión de ustedes si interactuar con el o no.
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Ustedes pueden hacer lo que mejor les parezca, reaccionar a las palabras de las personas del bar, seguir hablando entre ustedes o bien invitar al anciano cazador a unirse a su mesa, quiza tenga algo para ustedes, o quizas simplemente este cansado.
Desconocido
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Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
15-11-2024, 06:28 PM
(Última modificación: 15-11-2024, 08:09 PM por Yuya Mirokuji.)
Si hay algo que se sabe sobre mí es que soy tremendamente apuesto. No diría que soy «hermoso», ya que esa palabra implica rasgos delicados y, normalmente, andróginos o femeninos cuando se refiere a una persona. Pero apuesto, atractivo, sexy e incluso caliente son adjetivos que se pueden usar perfectamente para describirme. No es que tenga un ego desmedido sólo equiparable en tamaño con mi… ¿Qué no puedo decir eso aquí? Vaya cortarrollos. En fin, creo que sabéis por dónde iban los tiros igualmente. Y siempre he sido perfectamente consciente de mi atractivo y el efecto que tenía en quienes me rodeaban. A muchas piratas las capturé haciendo uso de esa miel como cebo. Pensaréis que normalmente me acostaría con ellas primero y luego a la cárcel, pero no. No soy un malnacido. Cualquier hombre que tenga un mínimo de aprecio por su madre tendría respeto hacia las mujeres, y no podía seducirlas hasta el final y luego mandarlas a la cárcel completamente traicionadas.
Cambiando el tema ligeramente y volviendo a la premisa subyacente a que yo mencionara mi propia belleza. Las mujeres me adoraban, y las solteras de aquella taberna ya hablaban de él. Bueno, alguna probablemente no fuera soltera pero le diera igual engañar a su pareja con él. Por supuesto, yo les guiñé el ojo en una ocasión tras escuchar sus comentarios sobre lo que querían hacer conmigo, dándoles a entender que, tal vez, esa noche una de ellas (o varias) tuviera suerte. Y no, no soy un fantasma. Conozco mis límites y tres es lo máximo que puedo manejar a la vez en una noche. Pero antes de que ninguna pudiera acercárseme si quería, Diana apareció, sentándose en otra de las sillas disponibles, justo frente a mí. – Hey, ¿desde cuándo divertirse es una mala decisión? Aparte, ¿con quién van a estar mejor que conmigo? Sabes que trato a las mujeres con el respeto que se merecen. – Me aseguré de decir esa última frase en voz bien alta para llamar la atención de quien estaba hablando mal de mi amiga. – Tú también estás invitada si quieres, yo no soy uno de esos «caballeros» que tienen miedo de no dar la talla con una mujer fuerte. – Eso último también lo dije bien alto. No iba a permitir que se atacara a mi mejor amiga, y mucho menos si esos ataques eran instigados por los celos que causaba mi belleza natural.
- En cuanto a lo de ir a comer… Tal vez mañana sea el último día que pueda. De eso quería hablar contigo. – Di un pequeño trago a mi sidra para hacer la escena un poco más dramática porque… ¿qué sería la vida sin un poco de misterio, drama y suspense? – Cocoyashi se nos está quedando pequeña. Ni tú ni yo hacemos grandes avances con la lanza y la espada desde hace tiempo, y mis conocimientos de navegación se están oxidando. Además sólo conseguimos capturar piratas y bandidos con recompensas bajas. Deberíamos viajar y ganar experiencia por el mundo, ¿no crees? – Pregunté, esta vez más serio, lo que indicaba que ya no estaba bromeando. Incluso alguien como yo es capaz de ponerse serio cuando la situación o el tema de conversación lo amerita. Lo cual no era ningún impedimento para que mi mirada se desviara cada pocos segundos hacia el escote de mi amiga antes de que hiciera su aparición aquel cazador anciano. - ¿Le invitamos a unirse a nuestra mesa? Tal vez tenga consejos sobre viajes. - La experiencia nunca es algo que sobre, y si nosotros mismos no la teníamos, podíamos hacer uso de la experiencia de otros. De hecho, así es como la humanidad ha avanzado hasta ser lo que es hoy en día, siempre transmitiendo conocimientos y descubrimientos que normalmente se tarda toda una vida en alcanzar, de modo que la siguiente generación lo tenga más sencillo y parta con esos conocimientos para aprender más y más... Bueno, esa era la idea, aunque en mi caso pocos descubrimientos nuevos iba a hacer, como mucho una nueva postura en la cama.
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Diana Kari
Wild Huntress
16-11-2024, 02:55 AM
Había aprendido a ignorar todos los comentarios lujuriosos que le lanzaban a Yuya, trataba de esperar a escuchar una masculina que buscara reclamarle lo que había hecho con una mujer casada o en una relación “monógama”, era ahí cuando realmente sacaba provecho de la promiscuidad de Yuya ya que en más de una ocasión había actuado como guardaespaldas con la mera intención de ridiculizar a los hombres que sentían que tenían el poder para intimidar a alguien más sin haber puesto ni un mínimo esfuerzo en volverse más fuertes para proteger lo propio o arrebatar lo ajeno. Siempre me pondría frente a quien se atreviera a retar a mi amigo y no porque dudara de su capacidad pues tenía bien en claro que podría cortar en pedacitos a cualquier civil sino que la emoción de obtener una victoria era lo que me orillaba a afrontar el reto. Ahora si Yuya era lo suficientemente estúpido como para meterse con la mujer de un hombre que podía matarnos en un abrir y cerrar de ojos entonces otro tema sería.
En cuanto a mi persona, no me molestaba en lo absoluto el escuchar comentarios despectivos a la hora de estar junto a Yuya, ya me había acostumbrado. Lo único que realmente tocó una fibra era el hecho de que mencionaran que “era tan fuerte que parecía un hombre” ¿qué demonios les pasaba? Era mucho más fuerte que un hombre y lo había demostrado en múltiples ocasiones, carajo incluso podría vencer a todos los presentes excluyendo a Yuya sin si quiera usar mi arma en un abrir y cerrar de ojos. Así que no perra, no parecía un hombre, era mucho mejor que ellos. Iba a responderles algo poco agradable, tal vez apuntarles con mi lanza mientras lo hacía pero las palabras de Yuya me detuvieron. La teatralidad con la que decía las cosas para que los demás le escucharan había logrado que me desconectara de lo que estuviera pensando. –Tch.- alcancé a mascullar ante la invitación de Yuya a compartir la cama.
Cuando la camarera llegó con nuestras bebidas me aseguré de darle un gran trago a la cerveza que había pedido. –Gracias.- alcancé a decirle después de que me dedicara una mirada apenas interesada y regresara a la cocina o a servir mesas o a hacer lo que sea que hiciera. La lectura de Yuya sobre la situación en la que nos encontrábamos coincidía con la mía y aunque también pensaba en lo que mejor sería irnos de la isla a buscar presas más grandes también había que ser mesurados a la hora de tomar una decisión tan importante. –Estoy de acuerdo, el archipiélago nos está quedando pequeño, nuestro rostro comienza a hacerse conocido por aquí y los criminales de recompensas bajas frecuentan menos los lugares que nosotros visitamos. Pero hay varios temas que hay que tocar antes de abandonar nuestro hogar. Por ejemplo ¿cómo hará tu familia sin recibir ingreso monetario tan seguido de tu parte? Tendremos que comprar un navío, después de eso ¿qué tanto dinero tendremos para mantenernos a flote sin morirnos de hambre?- le respondí mientras daba un trago a mi cerveza después de cada pregunta para escuchar las respuestas de mi compañero. –No me malentiendas, necesitamos salir de aquí cuanto antes, la cacería se volvió rutinaria y aburrida para mí y si seguimos así terminaré encerrándome en el taller de mi madre o el cuarto en donde mi padre confecciona prendas y me emocionaré al terminar un arma o una prenda.- continué, haciendo un gesto de desagrado al mencionar que me emocionaría al seguir con los negocios familiares.
Un hombre viejo entró a aquél lugar, dejando caer unos cuantos carteles de se busca, Yuya rápidamente me preguntó si estaría bien invitarlo a que se sentara con nosotros. Y antes de responderle me puse de pie y caminé en dirección al viejo. Cuando estuve lo suficientemente cerca me puse en cuclillas para recoger los carteles de recompensa que se le habían caído, ordenándolos todos para después ponerme de pie y acercárselos al hombre. –Tome, se le cayeron estos carteles.- le dije en un tono amigable y con una sonrisa en el rostro. –A mi amigo y a mí nos encantaría que nos acompañara en nuestra mesa, de ser posible. Nos gustaría hacerle unas preguntas a cambio de pagar por sus bebidas ¿qué le parece?- le pregunté al hombre manteniendo el mismo tono y sonrisa con tal de persuadirlo a que se uniera a nosotros. Si el hombre aceptaba me aseguraría de ser yo misma quien llevara su bebida hacia la mesa. Su apariencia me resultaba familiar, en especial por el arma que cargaba, pero no tenía bien en claro de quién se trataba pero si se trataba de alguien en una edad tan avanzada que se dedicaba a lo que nosotros entonces tendría demasiado conocimiento para compartirnos.
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Kiwi Stone
Lullaby
17-11-2024, 06:36 PM
(Última modificación: 17-11-2024, 06:36 PM por Kiwi Stone.)
Mis queridos cazarrecompensas, tras esas palabras de Yuya, las mujeres que le miraban con un deseo inhumano de tirárselo de mil maneras diferentes que pasaban por sus mentes y por su puesto por la mente de Yuya, quedaron algo mas tranquilas, aunque no dejaban de mirarte, al menos dejaron de lanzar comentarios sobre tu amiga, era incomodo, para todos, incluida tu compañera que a pesar de que no le molestaba demasiado, si se sentía incomoda con que la comparen con un hombre, cuando generalmente ella es mas fuerte que cualquier hombre promedio, y de eso no había duda. Por esa parte ya todo parecía estar arreglado, aunque probablemente si se quedan demasiado tiempo en el bar una que otra mujer se acerque a ofrecer sus ¨Servicios¨ a Yuya, aunque no sean esa clase de mujer, pero en su sano juicio, ¿Quién querría perderse la oportunidad de acostarse con él?.
Pasando al punto importante, mientras tú, Yuya preguntas sobre si era prudente invitar aquel personaje a tu mesa, tu compañera por su parte se levanta sin mas y se dirige a el, parece que ella es un poco mas impulsiva que tu, lo que en ocasiones puede ser bueno, o puede ser pesimamente malo, aun así en esta ocasión era algo bueno, pues cuando entregas los carteles al anciano puedes darte cuenta viendolo mas de cerca que es un veterano, un cazarrecompensas muy conocido en Cocoyashi, parece ser que tenia unos cuantos meses fuera de la isla, cazando probablemente pero ha vuelto y de seguro que tiene información que darles, sobre formas de cazar, o incluso sobre una que otra presa que para ustedes que piensan dejar la isla, les viene de perlas.
—Muchas gracias jovencita. — Te responde el anciano mientras toma los carteles que le devuelves. —La verdad es que no hay jovenes así en esta época. — El anciano acepta y se mueve hacia la mesa donde se encuentra Yuya, por tu parte, Diana, si gustas puedes esperar a que sirvan la bebida y llevársela u ordenar que la lleven directo a la mesa. El anciano sigue caminando hacia Yuya para cuando llega sentarse en uno de los asientos disponibles. Mirando un poco a Yuya y pensando que no parece tener porte de cazarrecompensas, aunque a su edad el tampoco lo parece, ya camina un poco magullado y su espalda no es que esté tan buena que digamos.
—¿A que se dedican ustedes, jovencitos? — Preguntó el anciano, aunque rápidamente sin dar chance a que Yuya responda o que Diana lo haga este vuelve hablar. —Yo vengo desde Cozia, estaba cazando a un joven delincuente, pero se me ha escapado. — El anciano suspira profundamente. —Ya no estoy en esa edad, soy demasiado viejo. — Terminó explicando a los chicos. Claramente tiene detalles importantes que compartir con ustedes, y tienen todo el derecho a preguntarle cualquier cosa que deseen, y el probablemente responderá a todas sus preguntas, siempre y cuando escuche bien lo que le están diciendo.
Yuya, Diana, ustedes tienen delante de ustedes a un cazarrecompensas un poco famoso, no exageradamente, pero hace unas cazas bastante buenas e importantes, por lo que le serviría unos cuantos consejos, y además tiene consigo unos cuantos carteles de recompensa que sin duda compartiría con ustedes, lo que daría inicio a una cacería en caso de que ustedes decían tomar cualquiera de sus cacerías pendientes. Frente a ustedes quien en su juventud fue conocido como Azote de Hierro. Hammond Kane. Quiza hayan escuchado algo de el por ahi, pues su procedencia es directamente Cocoyashi y aunque ya no ese hable tanto de el como en el pasado, aun quedan vestigios importantes de sus hazañas en sus tiempos dorados.
Cual será su siguiente movimiento mis queridos cazadores.
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Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
18-11-2024, 01:25 AM
Incluso cuando decía cosas para dar un escarmiento a las mujeres, estas me seguían mirando con deseo. Nunca probé hasta qué punto llegaba el “hechizo” de mi belleza, cuánto estaban dispuestas a soportar antes de empezar a verme con malos ojos, y tampoco tenía mucho interés por saberlo. Era casi como si, hiciera lo que hiciera, ellas siempre encontrarían la forma de justificarlo, de hacer que fuera una parte sexy de mí o simplemente algo que podían ignorar porque el lote completo merecía la pena. Casi podía leer sus mentes a través de las miradas que me lanzaban. Tal vez sólo estaba proyectando, pero juraría que aquellas mujeres tenían en su cabeza de todo menos decoro y recato. Había estado con suficientes de ellas como para conocer a la mujer lo suficiente. A ellas les gustaba el sexo tanto como a los hombres, pero la oferta de hombres que pudieran complacerlas era mucho más reducida que en el caso contrario. Y ahí entraba yo. Bueno, no en ese momento exacto, entonces estaba reunido con mi mejor amiga para discutir qué hacer con nuestros futuros, pero me entendéis. Estuve barajando una temporada el hacerme prostituto. Juntaría dos de las mejores cosas de la vida, el dinero y el sexo, pero me faltaría otra parte importante, la caza.
Todos piensan que soy un frívolo, un mujeriego y un usurero, pero nadie entiende que el dinero que siempre me he esforzado en ganar, era para mi familia, y que las mujeres vienen a mí incluso aunque yo no haga nada para ello. ¿Por qué iba a resistirme a ellas pudiendo pasar un buen rato? Y siempre se olvidan de una parte importante de mí. Soy Cazador de recompensas. Uno no se dedica a esto por su sentido de la justicia, ya que para eso está la Marina. El dinero de las recompensas siempre viene bien, pero cazar a alguien también era divertido, y por ello no iba a abandonar esa profesión para dedicarme a ser el navegante de un barco comercial ahora que sólo tenía que mantenerme a mí mismo y un sueldo normal sería suficiente. – Mi familia ya no depende de mí, Di. Mis hermanos son lo suficientemente grandes como para trabajar, así que ellos cubrirán sus propias necesidades. Crecen tan rápido… - Bebí un sorbo de mi jarra de sidra, porque para algo la tenía allí en la mesa. Si no fuera a beber nada habría pedido una jarra vacía. – En cuanto al barco, creo que me puedo agenciar uno barato, apenas un par de cientos de miles, la escuela de navegación tiene buenos contactos. – La parte del dinero para sobrevivir sí que no la tenía controlada, por eso lo de invitar a aquel viejo a nuestra mesa.
Diana fue bastante rápida en su respuesta, incluso levantándose a ayudarle a recoger los carteles que se le cayeron. Y el señor… bueno, ¿qué decir de él? Se notaba que iba ya mayor, hablaba como una persona mayor genérica incluso, haciendo preguntas sin dejar responder y hablando de que ya no había jóvenes como ella etc etc. Esperaba sinceramente que la experiencia no me dejara así a mí también. Y eso que el anciano había sido un cazador reconocido en la isla. – Somos cazarrecompensas, igual que usted. Y por eso buscamos consejo de alguien de éxito como usted. – Apoyé la mano en mi espada, apoyada en la pared a mi lado para dejar que el anciano entendiera que no lo decía por bromear. – No diga eso, Hammond. Aunque si va a retirarse podría cedernos alguna de sus últimas cazas en curso. Planeamos irnos de esta isla, se nos queda pequeña. Podemos conseguir un navío, pero ¿cómo debemos afrontar el inicio sin morirnos de hambre? Puede pasar mucho hasta que encontremos a algún pirata o bandido con recompensa por su cabeza. – Diana había dado con un punto flaco en el plan para irse de la isla y yo justo acababa de pensar en otro, algo mucho más horrible, pues podíamos vivir a base de lo que pescásemos desde nuestro barco, pero lo otro… - ¡Ostras! Igual nos tiramos días o semanas en alta mar… ¿Habrá alguna chica dispuesta a acompañarme? Porque me da que no puedo contar contigo para esto. ¿O sí? – Le dije a Diana, aunque era más una broma que una proposición real. A esas alturas, aunque era capaz de ver la belleza de mi amiga, la veía principalmente como amiga, mi mejor amiga que aunque hacía comentarios sobre mi vida sexual en realidad se preocupaba por mí.
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Diana Kari
Wild Huntress
18-11-2024, 09:17 AM
No tuve que decirle al viejo que se nos uniera en la mesa dos veces, ni siquiera le ordenó al tabernero que le llevara la bebida a su mesa. Dejé que le viejo fuera directo con Yuya en un inicio, a la velocidad que se movía tampoco era como que estuvieran mucho tiempo solos mientras yo esperaba a que le sirvieran su bebida. Tampoco me quedé mucho tiempo esperándola, parecía que el tabernero estaba trabajando a máxima eficiencia ese día. –Gracias.- alcancé a decirle antes de regresar a la mesa en donde se encontraban Yuya y el anciano. Llegué justo en el momento en el que mi amigo le confesaba al viejo que nosotros éramos cazarrecompensas buscando consejos de alguien exitoso como él. Fue ahí donde caí en cuenta, viendo nuevamente el martillo, que estábamos tratando con el “azote de hierro” Hammond Kane. Mi madre me había contado historias de él en su juventud como cuentos para lograr que conciliara el sueño, esas historias fue una de las razones por las que me había interesado el comenzar a cazar primero animales salvajes pequeños después mediano y eventualmente comenzaría a cazar seres humanos que se dedicaban a hacer fechorías para cobrar un precio por su cabeza.
Por las palabras de Yuya pude inferir que Hammond estaba a punto de retirarse, diría que era una desgracia para los cazadores pero la realidad era que lo mejor que podía hacer el viejo era eso mismo. Si dejaba escapar a muchos piratas más estos lo único que harían sería aumentar en fama haciendo que cazadores novatos como nosotros nos limitáramos a la hora de darles caza. Por suerte el miembro no era la única parte de Yuya que funcionaba a la perfección, pues con gran agilidad mental le sugirió a Hammond que nos encomendara algunas de sus cacerías pendientes y después lo conectó con el hecho de que teníamos planes de irnos de la isla y que realmente no teníamos un plan concreto sobre el cómo aseguraríamos nuestros ingresos durante los primeros días. Fue ahí donde decidí incluirme en la plática y poner la bebida de Hammond frente a él. –Tal vez si el señor Hammond decide retirarse, como me parece que escuché, podría apuntarnos en dirección a uno de los maleantes que se encuentre en las cercanías y así conseguir los ingresos para nuestros primeros pasos. Como una especie de prueba de fuego, Yuya. Si nosotros no podemos dar caza a un criminal de baja reputación fuera de nuestro hogar entonces eso significa que no estamos tan listos como pensábamos.- dije en un tono calmado, mirando a mi amigo pero con toda la intención de que Hammond se convenciera de pasarnos la antorcha. Aunque poco después la verdadera preocupación de Yuya salió a la luz, estaba en lo correcto de que al pasar tantos días en alta mar carecería de una compañera por las noches, o al menos una que estuviera de acuerdo a tener sexo con él. –Tendría que tomarme una cantidad de éstas que no existe en el East Blue para acostarme contigo.- le dije a Yuya con una sonrisa en el rostro pues sabía que estaba bromeando mientras levantaba un par de centímetros mi cerveza. Después de eso me giré hacia Hammond –Bueno, así sean peras o sean manzanas. ¿Por qué no nos cuentas un poco de quién logro esquivarte?- le pregunté al experimentado cazarrecompensas tratando de escuchar de su propia voz el cómo se había desarrollado su cacería.
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Kiwi Stone
Lullaby
18-11-2024, 10:07 PM
(Última modificación: 18-11-2024, 10:10 PM por Kiwi Stone.)
—Ah jovencito, conque ambos son cazarrecompensas. — Hammond, miró aquella espada que portas Yuya, y como muestra de que el también lleva su arma tocó su gran martillo, por el cual se había ganado su apodo en su juventud. —¿Por qué se volvieron ustedes cazarrecompensas? — Preguntó el anciano ya viendo que los dos jóvenes promesas se encontraban ya en la misma mesa. Hammond parece disociar en sus pensamientos en cuanto Yuya dice que él es una persona de éxito, quien sabe en cuantas de sus cacerías estaría pensando en ese momento. Pero en cuanto vuelve en si abre rápidamente su cuadernillo con aquellos carteles de alguno que otro delincuente que cazaba por el mar del este. —Ya no soy el mismo de antes, aquí tengo unos cuantos delincuentes, entre ellos piratas que podrían cazar fuera de Cocoyashi. — Hammond tiene sus propias formas de cazar, pero en cuanto a ustedes, pueden hacerlo como gusten, el les presenta tres carteles de se busca y pueden tomarlo los tres o simplemente tomar el que prefieran.
Colocando esos carteles en la mesa y tras un gran trago a su bebida, este anciano con experiencia comienza a explicarles, su dedo va lentamente hacia el mas corpulento de los tres. —Este hombre es Lazlo Drake. — Comenzó a contar desde el ultimo cero hacia adelante, digito por digito. —Cuesta 750,000 Berries, vivo. — Continúa explicando. —Es un pirata de poca monta, pero se las ha arreglado para huir incontables veces de la marina, a mi en lo personal no me importan sus crímenes, pero hay otros que sí. La última vez que se vio a este hombre fue en las cercanías de isla Kilombo— Observan como va nuevamente a su cuadernillo y comienza a hojearlo hasta dar con lo que buscaba. —Aquí esta, estos son los crímenes por los que se la acusa Lazlo; Robo de artefactos valiosos de ruinas protegidas por la Marina, Sabotaje y saqueo de embarcaciones que transportan antigüedades y por si no fuera poco, Asaltos a barcos arqueológicos y equipos de recuperación. — Evidentemente el hombre no tiene idea de por que ese pirata, delincuente o saqueador hace lo que hace, pero para el es simplemente trabajo, como debe ser para ustedes.
Hammond deja de lado ese cartel y señala el siguiente, este parece ser un hombre un poco mas delgado incluso por la imagen de su recompensa parece ser que va siempre relajado, esas vestimentas dan a entender que no es alguien que la vida suela apresurar y que disfruta de los momentos. —Este hombre es Kared Jorvan, es quien me encontraba cazando en Cozia, pero es un tipo demasiado escurridizo, siempre parecía estar a un paso delante de mí. — Les muestra un poco mejor el cartel a ambos y pueden darse cuenta que este hombre tiene una recompensa de 622,000 pero la diferencia es que este dice vivo o muerto. — Entre sus crímenes están; Asesinato de oficiales de la Marina en Isla Cozia y Extorsión y chantaje a mercaderes influyentes para el gobierno mundial. — Evidentemente en la voz de Hammond se escucha cansancio, parece haber estado cazando a ese hombre durante un tiempo sin obtener ninguna ventaja sobre el hombre que corría delante de él.
Mientras Hammond mira el tercer cartel de se busca, piensa un poco y lo toma entre sus dedos, mirándolo a ustedes dos. —Si algo he aprendido en estos años es que no todas las presas deben ser cazadas. — Aparentemente lo dice por el ultimo cartel de los tres que inicialmente quiere presentarles, quizá confía en ustedes y su criterio, pero al final de cuentas cazar es cazar y todos lo hacen por algún motivo en particular. Hammond vuelve a tomar de su trago, parece que se apena un poco de esta última caza, especialmente quería tomarla el para saber el motivo, pero al final de cuenta, probablemente no pueda completarla si consigue encontrar a esa presa.
—Hace unos años tuve una aprendiz, claro, ella era una excelente cazarrecompensas. — Hammond piensa un poco antes de colocar el cartel nuevamente en la mesa. —Selena Vayle. — Dice mientras pone el cartel, era claro que algo le afectaba. — Fue una cazarrecompensas como nosotros, pero por algún motivo decidió unirse a las filas de los revolucionarios. — Observan su recompensa, y es imposible no notar como la marina tiene un odio desmedido por los revolucionarios, parece ser una chica de no mas de 18 años y tiene una recompensa de 900,000 berries, quizá simplemente por ser recluta de la revolución.
—Entre sus supuestos crímenes están: Infiltración y saqueo de almacenes de la Marina, formar parte de la unión revolucionaria traicionando al gobierno mundial y a los nobles, Asistencia a comunidades rebeldes con recursos saqueados y Robo de artefactos históricos protegidos por el Gobierno Mundial. — Eran un sin numero de crímenes, que según la marina merecen la muerte para una jovencita que apenas esta aprendiendo a vivir, por seguir una causa, que quien sabe si es la correcta o no, pero la decisión de que hacer, se las dejo a ustedes mis queridos cazarrecompensas.
Hammond ignora por completo el comentario de Yuya sobre las mujeres, estaba claro que esa época para el anciano había pasado hace demasiado tiempo, y quizás el mismo fue de ese modo cuando era joven y esbelto, pero ahora siendo un anciano casi decrepito, no tiene momento para pensar en esas cosas. —Cazar es divertido, llega hacerse por pasión y diversión, pero tengan cuidado, no se vuelvan peor que aquello que cazan. — Es el ultimo consejo que les da el anciano antes de acercarles por completo los tres carteles para que puedan tomarlos o elegir entre ellos el que realmente le interese, o simplemente quedarse con los tres.
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