Hay rumores sobre…
... una plaga de ratas infectadas por un extraño virus en el Refugio de Goat.
[Aventura] [T1] Lo que dicen las calles (William Hardgore)
Johnny King
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En algún lugar de la isla. Día 38 de Verano del Año 724


La Isla Cocoyashi, un lugar de tradición marítima y comercio, era conocida por su rica historia y su vibrante vida. En su costa oeste, la capital se extendía con calles abarrotadas de colores, risas y un constante ir y venir de personas, entre turistas y locales, que representaban una mezcla única de culturas de todo el archipiélago. 

Al sur de la isla, la famosa escuela de navegación, conocida como la cuna de los más grandes navegantes, se alzaba como un símbolo de excelencia, mientras que al este, el museo de la navegación guardaba secretos del pasado, atesorando piezas que narraban la historia de aquellos que cruzaron los mares en busca de nuevas tierras. La isla, aunque vibrante, tenía una apariencia pacífica, un lugar que parecía estar fuera del alcance de los problemas políticos que sacudían otros rincones del mundo.

El lugar idóneo para infiltrarse.

Tras esta aparente tranquilidad, algo más oscuro comenzaba a gestarse. Los rumores hablaban de vientos revolucionarios que soplaban con fuerza en el archipiélago, alimentando el temor en el gobierno central. 

Se temía que, en la sombra, grupos subversivos pudieran estar infiltrándose en Cocoyashi, buscando sembrar el caos en una de las islas más codiciadas y estratégicas del archipiélago. 

Los murmuradores hablaban de encuentros secretos, de reuniones clandestinas, pero aún no había pruebas concretas que confirmaran la presencia de estos grupos revolucionarios.

Fue en ese clima de incertidumbre y alerta que el Agente del Cipher Pol 4, alias "Rodri" convocó a uno de sus hombres: William Hardgore. 

William, un joven agente conocido por su capacidad para observar y analizar detalles sutiles, fue llamado a una pequeña oficina, sin ventanas, en un rincón apartado de la capital. Allí, Rodri le asignó una misión delicada: patrullar las calles de Cocoyashi y, sobre todo, conseguir información en los puntos clave de la isla, como la escuela de navegación y el museo, en busca de cualquier pista que pudiera confirmar los rumores de movimientos revolucionarios.

William debía actuar con discreción, sin levantar sospechas. Su misión no solo era obtener información, sino también identificar cualquier indicio de que los revolucionarios pudieran estar operando bajo las narices del gobierno. Las calles de la capital, la academia de los navegantes y el museo de la navegación serían sus campos de observación. Un paso en falso podría ser fatal, y el menor detalle podría ser la clave para desmantelar un posible complot.

El joven agente aceptó la misión con determinación. Sabía que la tranquilidad aparente de la isla no podía engañarlo. Detrás de cada sonrisa, cada conversación casual, podría esconderse una pista vital. 

En la isla Cocoyashi, donde la historia y el futuro se entrelazaban, el misterio que envolvía su aparente paz podría ser mucho más peligroso de lo que cualquiera imaginaba.

[Imagen: YILMHCu.jpeg]
Información
#1
William Hardgore
Agente Hardgore/El Sabueso
El deber como un agente del gobierno llamaba, lo cual significaba que mi superior requería de mis habilidades. Luego de una rápida visita a su oficina me quedó claro el objetivo esta vez, pues el Gobierno Mundial tiene preocupaciones sobre la posible creación de núcleos revolucionarios en el Archipiélago. Mi misión era simple, debía de recolectar cualquier tipo de información que pudiera indicar la presencia de revolucionarios en Cocoyashi.

Mi superior me advirtió de dos lugares de interés, el museo de la ciudad y la escuela de navegación, donde se movían mucha gente de todo tipo de ámbitos. Mientras caminaba por las calles de Cocoyashi meditaba sobre mis opciones y como procedería. — La escuela de navegación... no solo un potencial punto de encuentro, si no que también de reclutamiento. — 
 
En mi mente ya lo tenía claro, empezaría por la escuela de navegación, pues si debías capturar a un revolucionario debías de pensar como uno, aunque mi misión no tuviese que ver con capturarlos. Me dirigí hacia la escuela de navegación mientras leía mi libro y escuchaba cualquier potencial rumor a mis alrededores. Una vez llegué a la academia le di un vistazo por todos lados.
 
Tenía claro que ahora tocaba hacer uso de mis habilidades físicas e inflirtarme en aquél lugar. Una vez pude divisar algunas ventanas desde un callejón lateral decidí hacer un rápido escaneo de la zona. Me encontraba en un callejón bastante abierto, de unos tres metros de ancho, donde la pared de la izquierda le pertenece a la academia y la de la derecha a la casa de alguien.

Luego de respirar profundo y un rápido calentamiento flexioné mis rodillas mientras miraba a la pared contraria a la de la academia. Con un gran salto de unos 4 metros para impulsarme en aquella pared y así pegar otro salto hacia la ventana del la academia. La idea fue un éxito, pues mis habilidades no eran de menospreciar.
 
Off
Resúmen
#2
Johnny King
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William avanzaba entre el ir y venir de personas en Cocoyashi, sintiéndose uno más en la corriente de la ciudad. Los colores de los puestos callejeros y las voces mezcladas en el aire creaban una atmósfera vibrante, casi festiva, pero el peso de su misión estaba presente en cada paso. Su mirada iba y venía, analizando rostros y conversaciones, sopesando los posibles movimientos de quienes, según el gobierno, pretendían instaurar una revolución en la isla.

La escuela de navegación surgía al final de su recorrido, un edificio imponente con aires de grandeza, donde generaciones de navegantes habían aprendido a domar los mares. El joven agente hizo una pausa frente al recinto, observando a los estudiantes que entraban y salían, algunos cargando libros y otros, mapas. Sabía que para pasar desapercibido tendría que moverse con habilidad y rapidez. Por dentro, intuía que ese lugar era algo más que una escuela, que allí podían estar surgiendo ideas que no solo anhelaban el mar, sino también un cambio en las estructuras que gobernaban el archipiélago.

Sin embargo, no estaba allí para reflexionar; su misión era clara. Ya había elegido su punto de entrada: un callejón junto a la academia, lo suficientemente estrecho y resguardado como para permitirse una maniobra rápida. Con el rostro impasible, William Hardgore revisó cada detalle a su alrededor, buscando el mejor punto para iniciar su ascenso.

El callejón tenía unos tres metros de ancho; a un lado, la pared de la academia, y al otro, la pared de una casa, ambas sólidas y en buen estado, ideales para lo que había planeado. Respiró hondo, relajando los hombros mientras visualizaba el movimiento en su mente. Luego, con precisión y destreza, flexionó las rodillas, calculando el ángulo de su primer salto. En un abrir y cerrar de ojos, sus piernas lo lanzaron hacia la pared opuesta, donde apoyó una bota con fuerza y tomó impulso para lanzarse hacia la ventana de la academia.

El movimiento fue fluido, rápido y limpio. En segundos, el agente del Cipher Pol se encontraba junto a la ventana, asomándose con cautela para inspeccionar el interior. La sala en la que había llegado parecía un aula de estudio, desierta a esas horas, lo que le brindaba una excelente oportunidad para entrar sin ser detectado. Con movimientos medidos, se deslizó al interior de la academia, permitiendo que sus ojos se adaptaran a la luz tenue de la estancia.

A medida que avanzaba por el pasillo, se topó con fragmentos de conversaciones entre estudiantes, palabras sobre "la libertad de elección", "la igualdad entre navegantes" y "el cambio hacia nuevos mares". 

No eran frases inusuales en un contexto académico, pero dadas las sospechas de su por aquel entonces jefe, cada mención resonaba en la mente de William. Las puertas estaban cerradas, pero el eco de las voces rebotaba en los pasillos, alimentando el misterio.

Decidido a llegar al fondo del asunto, William Hardgore se desplazó en silencio, buscando alguna señal más concreta. Mientras avanzaba, notó un tablón de anuncios en una de las paredes. Entre los panfletos y avisos de clases y talleres, encontró un papel doblado y pegado de forma casi disimulada. Lo retiró con rapidez y, tras echar un vistazo para asegurarse de que nadie lo veía, se pudo leer:

Reunión esta noche en el puerto; oportunidad de cambiar el rumbo. 

Aunque no era explícito, la frase estaba lo suficientemente cargada de significado para el agente William. Esto podía ser la pista que necesitaba. La siguiente cuestión era: ¿Era todo lo que necesitaba? ¿O debería dirigirse al museo?

Información
#3
William Hardgore
Agente Hardgore/El Sabueso
Con aquellos precisos saltos pude llegar a la ventana con cierta facilidad. Segundos después de que mi vista se ajustara al menos radiante ambiente del edificio pude darme cuenta de dónde había caído, una aula de la academia donde se le enseñaría a jóvenes navegantes sobre las principios de la navegación. Me bajé de aquella ventana y salí de aquella aula, todo esto con la mayor cautela posible pero tampoco exagerando mis formas, al final, entre más calmado uno estuviera menos atención obtendría.

Caminando por los pasillos de la academia oía las conversaciones de varios estudiantes, de las cuales varias hablaban del sentimiento de la libertad y del cambio. "¿Será esto suficiente para Rodri?" Pensé de primeras, pues mi deducción de que la academia sería un sitio con el potencial de crear dicho sentimiento fué la correcta.

En mi búsqueda por alguna otra pista me topé con un tablón de anuncios en la pared. Rápidamente me percaté de algonun tanto extraño, pues entre panfeltos y anuncios había un papel doblado y puesto disimuladamente ente todo aquello. — Inteligente... para ser revolucionarios — Tomé aquél papel y leí su contenido, este dejaba en claro que se reunirá con alguien en el puerto justamente aquella noche.

 — Jackpot — susurré, ya tenía en mis manos algo que podría darle una sonrisa de lado a lado al superior Rodri. "¿Esto es todo?" Pensé, pues hasta se me hizo muy rápido la forma en la que encontré aquello. Tal vez debería de estar más preocupado por la facilidad de mi misión, pues eso querría decir que la llama de la revolución está mas extendida de lo que pensaba.

Caminé de vuelta a aquella aula desde la que hice mi entrada solo para volver a repetir aquella secuencia pero alrevez, amortiguando así mi caída. Caminando fuera de aquél callejón estuve planeando mi próximo movimiento, pues esta vez iría al museo de la ciudad. Ya lo tenía claro, en esta ocasión usaría mis habilidades de actor para acceder al museo sin pagar, pues dentro de mí ya deseaba algo de emoción, haciendo que los demás hagan según lo que yo diga sin ellos darse cuenta.

A unos 10 metros de la puerta del museo, donde había un hombre parado cobrando por las entradas. Como antes, tomé un respiro y pasé mi mano por mi cara, relajándome y concentrándome todo lo posible. Un segundo después puse la cara con mayor emoción que podría imaginar, con una sonrisa tan apasionada que movería océanos enteros. Corrí hacia la puerta, decidido a hablar con aquél sujeto
 
 — ¡Buenos días mi buen señor! ¡He viajado desde la otra punta del East Blue para observar las maravillas que tiene aquí y así poder escribir sobre ellas en mi periódico! — Le estaba dando tanto a aquél tipo como al mismo museo una oportunidad casi única, pues la clientela que podría llegar a causa de un periódico no sería poca cosa. — ¡¿Le importaría que entrase con su permiso?! —
#4
Johnny King
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El guardia en la entrada del museo observó con escepticismo inicial el acercamiento de William, quien con energía y confianza, presentó su caso. La mención de un artículo para un periódico parecía haber despertado algo de interés en el hombre, que entrecerró los ojos y ladeó la cabeza mientras evaluaba las palabras del visitante. Por momentos parecía dudar, pero la insistencia carismática de William lo llevó a finalmente emitir un suspiro largo. Se cruzó de brazos haciéndose el tipo duro, pero realmente estaba convencido.

[Imagen: Id5FEPl.jpeg]

Está bien, adelante — dijo, señalando la puerta mientras sus labios dibujaban una leve mueca entre la resignación y la aprobación. — Pero asegúrate de no causar problemas.

Con esa autorización, el agente del Cipher Pol atravesó el umbral del museo, dejando atrás al guardia y adentrándose en el majestuoso interior. El lugar exudaba historia: vitrinas pulidas contenían artefactos náuticos, desde brújulas desgastadas hasta fragmentos de cartas marítimas. Grandes maquetas de barcos ocupaban el centro de algunas salas, rodeadas de turistas que admiraban cada detalle y leían las descripciones con atención.

A medida que avanzaba, el eco suave de pasos resonaba en las salas amplias y bien iluminadas. Aunque la mayoría de los visitantes parecían sumidos en la atmósfera solemne del lugar, William buscaba algo distinto. Miradas nerviosas, posturas tensas, conversaciones que desentonaran con el ambiente académico. No tardó en encontrar algo que capturara su atención.


En una sala dedicada a instrumentos de navegación antiguos, dos hombres se encontraban cerca de una vitrina. Sus voces eran bajas, pero la cercanía de su conversación, junto con sus posturas ligeramente encorvadas y miradas fugaces alrededor, indicaban una intención que iba más allá de admirar los artefactos. Mientras otros visitantes pasaban de largo sin reparar en ellos, William tomó una posición estratégica junto a otra exhibición, fingiendo observarla mientras permanecía alerta a lo que decían.

El cargamento está listo  — susurró uno de los hombres, ajustándose un sombrero que ocultaba parcialmente su rostro.

Tenemos que moverlo esta noche, antes de que alguien más lo sepa — respondió el otro, con un tono que reflejaba urgencia.

Los hombres intercambiaron un par de frases más antes de dirigirse hacia otra sala, caminando con pasos rápidos pero sin levantar sospechas entre los visitantes. El eco de sus pasos se desvaneció mientras William permanecía en su lugar.
 
El museo recuperó su calma habitual, como si la breve interacción no hubiera ocurrido.

El ambiente volvía a estar impregnado del murmullo de los visitantes, que debatían con entusiasmo sobre las hazañas de antiguos navegantes o admiraban las maquetas de barcos. Pero el contenido de aquella conversación quedaba flotando como un indicio de algo más grande. Todo apuntaba al puerto y a un evento que tendría lugar esa noche.

Resumen
#5
William Hardgore
Agente Hardgore/El Sabueso
El guardia del museo, aunque parecía ser un digno rival contra el arte del teatrillo este cedió al final, bajo la promesa de un artículo sobre el lugar. Una vez este me dejó pasar retomé mi misión con normalidad, empezando a examinar cuidadosamente cada parte de aquél museo lleno de historia náutica. Era un festival de vitrinas lo que había allí, docenas de artefactos, mapas y fotos decoraban el lugar.
 
Aunque fácilmente podría pasar horas observando y aprendiendo sobre tan fascinante historia ese no era mi objetivo, pues hasta el momento ya había descubierto el lugar de reunión de alguien muy precavido. Ahora era el turno de averiguar si este lugar contenía alguna otra pista sobre los inicios de una revolución en la ciudad de Cocoyashi. Ya hacía unas semanas desde que tuve mi último combate y mi cuerpo me volvía a pedir sangre.
 
Al llegar a la sala en la que se exponían los instrumentos de navegación puse mis ojos en dos hombres que observaban una vitrina mientras se susurraban el uno al otro. A menos de que estén hablando de la querida del otro no veo porqué tendrían que susurrar tan bajo. Pese a sus esfuerzos por mantener sus secretos ocultos no contaban con que serían seguidos por un agente del gobierno.
 
De forma estratégica me quedé observando una vitrina cerca de aquellos dos, pudiendo así escuchar lo que decían. Al parecer moverían un cargamento aquella misma noche, pues parecía que el Cipher Pol estaría ocupado esta noche. Aquellos dos tipos parecían estar más nerviosos según pasaba el tiempo, tanto así que se largaron a otra sección del museo después de decirse un par de cosas más. 
 
 — ¿Movimiento de mercancía eh? — El nivel de secretismo dejaba ver la gran posibilidad de ser actividad revolucionaria, pero aún no tenía las pruebas como para asegurarle a mi superior, Rodri, de que se trataba de los revolucionarios. Por aquella razón tuve que seguir a aquellos tipos después de pasar unos segundos fingiendo interés en otras cosas.
 
 "Esto terminará siendo otra operación" pensaba mientras me dirigía a donde los otros dos habían ido, pues aún necesitaba saber el lugar exacto en el cual harán aquél movimiento. Una vez me adentré al mismo cuarto donde aquellos dos tipos entraron decidí examinar lo primero que capturé con la vista. Esta vez se trataba de un gran mapa del East Blue, el cual se encontraba colgado en la pared, sostenido por el marco de un cuadro con detalles negros y plateados. Aquella era una muy buena tapadera mientras seguía escuchando la conversación de aquellos dos tipos.
#6
Johnny King
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Los dos hombres se adentraron en la siguiente sala, ajenos a la presencia de William, quien continuó su observación mientras se deslizaba discretamente por el museo. La sala estaba llena de mapas antiguos, y entre ellos, el que captó su atención era un gran mapa del East Blue, colgado en la pared. El marco negro y plateado resaltaba, dándole un aire de distinción. Sin embargo, lo que verdaderamente importaba en ese momento no eran las intrincadas rutas comerciales que el mapa mostraba, sino las voces que aún se escuchaban en el aire.

Los hombres, aparentemente más relajados ahora que estaban rodeados por el silencio de la sala, continuaban su conversación. Aunque sus palabras seguían siendo susurradas, el tono de voz ya no reflejaba la misma urgencia.

¿Asegúrate de que nadie más esté involucrado, ¿de acuerdo? — dijo uno de los hombres, con un tono que sonaba más como una advertencia que una simple indicación.

El otro asintió en silencio, mientras su dedo recorría los bordes del mapa de forma distraída, aunque sus ojos seguían fijos en su compañero.

No tenemos tiempo que perder — respondió, esta vez en voz más baja, casi en un murmullo — Hay que mover ese cargamento hoy. Es nuestra oportunidad. Si alguien nos descubre, será el fin.

Los hombres se quedaron callados por un momento, intercambiando miradas breves y calculadoras. Parecía que las palabras que compartían no solo eran logísticas, sino también indicaciones sobre un plan mucho más grande, que implicaba a otras fuerzas, fuera de la vista de los civiles.

William continuaba escuchando con atención. "Cargamento... Marines ocupados... Esta conversación solo confirmaría sus sospechas, podría pensar. Sin embargo, aún no había suficiente información. Los nombres de los involucrados, el lugar exacto del movimiento o incluso la naturaleza del cargamento seguían sin ser revelados. Si algo estaba claro, era que la actividad de estos hombres no era trivial.

Quizás esa información podría ser suficiente para William Hardgore.

El tiempo pasaba lentamente mientras los dos hombres parecían más y más incómodos, como si la sala del museo ya no fuera suficiente para mantener sus discusiones en privado. La tensión era palpable, y antes de que William pudiera captar más detalles, uno de ellos señaló el reloj que llevaba en la muñeca.

Es hora — dijo de forma abrupta, casi con un suspiro de alivio — Vamos antes de que alguien note algo raro.

Ambos se dieron media vuelta y salieron de la sala, sus pasos apresurados resonando por el pasillo vacío. El agente del Cipher Pol, si lo quisiera, podría acercarse al mapa que colgaba en la pared y examinar los detalles con más precisión. Aunque los hombres ya se habían ido, sus palabras seguían reverberando en el pesado ambiente de la sala. El cargamento que iban a mover esa noche, la presión que sentían... Todo parecía encajar en un posible plan revolucionario.
#7
William Hardgore
Agente Hardgore/El Sabueso
Mi presencia no parecía molestar o poner nerviosos a ninguno de aquellos tipos, cosa que era normal, pues aquello era parte de nuestro entrenamiento como la sombra del Gobierno Mundial. Aquellos dos sujetos mantenían su charla sobre aquél cargamento, uno solo podría pensar en el puerto de la ciudad únicamente.
 
Parecían nerviosos por la potencial presencia de alguien ajeno a sus negocios en el lugar, lo que no sabían era que aquella noche el puerto de Cocoyashi recibiría una visita en la forma de sombras. El secretismo que estos guardaban estaba fuera de lo normal, como si en todo momento estos supieran que hay algo mucho más grande que ellos mismo en riesgo.
 
Luego de un rato de espera los sujetos decían estar listos para hacer algo, saliendo del museo rápidamente. Parecían estar tomando acción y terminar con su trabajo rápidamente, ahorrando cualquier posible inconveniente. Si ellos se apuraban yo debía de hacer lo mismo, por lo que dejé de observar cuadros y vitrinas y me dirigí a las afueras del museo, ignorando al guardia y sus posibles preguntas sobre el artículo.
 
Si aquello era el inicio de una chispa para la revolución entonces debía de terminar aquella misma noche. Al salir del museo me dirigí a las oficinas del gobierno, donde el superior Rodri tenía su oficina. Aunque mi caminata fué algo más apurada, nada me impedía sacar mi libro y poder leer un poco, pues al final no debía de dejar que el trabajo me consuma, pues la salud mental es algo muy importante.
 
Ya una vez los suficientemente cerca de las oficinas no pude evitar pensar en mi futuro en el archipiélago, pues desde que llegué no he encontrado mucha acción que digamos. A pesar de que he tenido la oportunidad de participar en una que otra misión de interés estas solo pasan en ocasiones demasiado puntuales, quitandole la gracia a ser un agente del gobierno. Pero en el fondo sabía que solo era cuestión de tiempo y de saber moverme por el archipiélago. 
 
Ante las puertas del edificio del gobierno, fuí recibido por otros agentes de menor rango, los cuales rápidamente me identificaron, dejándome pasar. Pasaría un buen rato leyendo mi reporte ante mi superior, quién seguramente movilizará a algunas unidades para así espiar y posiblemente capturar a dichos sujetos.
#8


Salto de foro:


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