Alguien dijo una vez...
Rizzo, el Bardo
No es que cante mal, es que no saben escuchar.
[Aventura] [T5] El precio del poder
Silver D. Syxel
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Loguetown
Día 36, Verano del año 724

El amanecer en Loguetown traía consigo una energía peculiar, ese ajetreo constante de una ciudad que nunca dormía del todo. El aire, cargado con una mezcla de sal, humo y un toque de humedad marina, se sentía pesado para quienes caminaban por las calles adoquinadas del puerto. Los barcos llegaban y partían con una cadencia incesante, descargando mercancías, marineros exhaustos y, ocasionalmente, pasajeros que buscaban fortuna o refugio en este nodo del East Blue.

A lo lejos, la Base G-31 de la Marina se alzaba como un recordatorio silencioso de la autoridad. Sus banderas ondeaban al ritmo del viento salino, mientras patrullas regulares se desplazaban por las calles principales con semblantes serios. Sin embargo, la disciplina no alcanzaba a cubrir todas las esquinas de esta urbe, donde las sombras de las callejuelas susurraban rumores y las tabernas cercanas al puerto se llenaban de conversaciones ahogadas entre risas y el tintineo de jarras.

En un rincón del mercado, vendedores gritaban ofertas de pescado fresco, frutas exóticas y todo tipo de mercancías traídas desde islas lejanas. Pero esa mañana en particular, algo en el ambiente parecía diferente. Las miradas de los comerciantes eran más nerviosas de lo habitual, como si un mal presagio rondara entre ellos.

Drake Longspan se encontraba en medio de este hervidero, su imponente figura destacando entre la multitud. Sus brazos largos y musculosos, envueltos en vendajes que parecían haber sido colocados con más propósito que necesidad, atraían miradas tanto curiosas como cautelosas. Algunos ya reconocían al hombre como un carpintero y luchador hábil, mientras que otros simplemente evitaban cruzarse con él, temerosos de su presencia imponente.

Cerca de donde estaba, un grupo de trabajadores descargaba cajas de madera de un barco mercante. Los crujidos de las tablas del muelle y el murmullo de las conversaciones llenaban el aire, pero una frase cortante se alzó por encima del ruido...

—¡¿Aún no han pagado?! ¡Esto no es un juego! —gritó un hombre de aspecto robusto, con un chaleco de cuero y una barba irregular, mientras empujaba a un joven pescador contra la pared de un almacén cercano. El joven balbuceaba excusas, pero su voz se perdía en la brusquedad del altercado.

A unos metros de distancia, un anciano vendedor de fruta miraba la escena con preocupación, con sus manos temblorosas sosteniendo una cesta de manzanas. Mientras tanto, otros locales, ya acostumbrados a este tipo de incidentes, evitaban mirar directamente, continuando con sus quehaceres como si nada pasara.

El cielo despejado prometía un día caluroso, pero la tensión en el aire sugería que las cosas podrían complicarse más rápido de lo esperado. Loguetown, con todo su bullicio y aparente normalidad, era un lugar donde las apariencias engañaban. Las oportunidades, al igual que los peligros, acechaban en cada esquina, esperando al momento adecuado para revelar su verdadera forma.

Y bien, ¿qué haría Drake en medio de este entorno?



Información
#1
Drake Longspan
[...]
Personaje
Virtudes y Defectos
Datos Bélicos
Inventario



Loguetown
Día 36, Verano del año 724.

Menudo aburrimiento. — Dijo lanzando una piedra hacia el mar y observando como está rebotaba en la planicie marina. — Mieeeeeeeeeeeeeeeerda, tenía que haber acompañado al desplumado, seguro qué se lo están pasando bien ahí abajo. ¡Oooooooooooi, cabrones!

El chico soltó un largo suspiro, llegando al punto de cruzarse de brazos a modo de negación, parecía una cría de kraken abrazándose a si mismo de forma ridícula, como si tuviese una camisa de fuerza hecha de carne y hueso.

Tsk... ¿Y ahora qué hago? No es justo.

Fruto del hastío, comenzó a calentar golpeando al aire. Por desgracia para él, su compañero Vesper no se encontraba disponible para entrenar como hacían siempre. Realizaba giros de muñeca, cadera y piernas como si estuviese boxeando contra su propia sombra. Y así, puso rumbo hasta el mercado de Loguetown.

Artista Marcial Iniciado
ARM300
ARTISTA MARCIAL
Pasiva
Tier 3
11/9/2024
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Siguió calentando mientras esquivaba a la gente por el mercado, alguno le miraba con cara rara, pero estaba acostumbrado, al final era un tipo con unos brazos extremadamente largos, por lo que un toque más de extravagancia no iba a arruinar su ya reputada fama de "bicho raro".

Si algo resonaba más qué los martillazos para el joven, era el sonido del dinero, cantos de autentica sirena para él, por lo que no fue de extrañar que, disimuladamente, siguiese calentando mientras escuchaba la conversación:

¡¿Aún no han pagado?! ¡Esto no es un juego!

Drake Longspan no movió sus pies ni un centímetro mientras seguía golpeando el aire, dejando que la tensión se hiciera más densa, el aire cargado como una pólvora que solo necesitaba una chispa para estallar. El chico de los brazos largos miraba desde cada vez más cerca la "conversación" o "negociaciones agresivas". No pudo evitar observar como al anciano de su lado le temblaban las manos. Una palabra bailó en la mente del peleador.

«Extorsión»

Con un suspiro, Drake hizo un gesto con la mano al anciano, como pidiendo que hiciese la vista gorda, acercándose al matón que se encontraba empujando al joven pescador contra la pared con una muestra de rabia. Cuando llegó, Drake no se movió de su lugar, solo levantó una mano en un lento y calculado gesto. Cuando coloco su puño frente a su rostro, elevó el dedo índice y se lo colocó en los labios a aquel matón.

Shhh, la gente quiere trabajar.

Su voz era baja, grave, pero su tono hablaba por él. El tipo no podía ignorarlo, demonios, le había puesto un dedo en toda la cara. Ya no estaba jugando con alguien que pudiera seguir intimidando.

Dime, ¿cuánto dinero te debe mi amigo? — le dijo Drake Longspan mientras sus ojos rojizos se volvieron aún más oscuros. La amenaza era clara, y no necesitaron más palabras para que ambos supieran cuál sería el siguiente paso si decidía no parar la contienda.

 En el fondo, el sonido de las olas chocando contra el muelle parecía un murmullo lejano, una melodía casi tranquila frente al caos que se estaba gestando en el centro del mercado.

Los ojos del pirata de el País de Kano no daban pie a vacilaciones.

¿Cuánto dinero te debe?

El control de la situación había cambiado de forma drástica. La extorsión, que antes parecía ser una rutina para ese tipo, ahora tenía un precio mucho mayor.

El carpintero sonreía de una forma casi siniestra, como si se estuviera divirtiendo dentro del caos, seguro que se lo había contagiado Jun Gunslinger, o quizás la múltiple personalidad de Vesper Chrome, o quizás las disonancias de Gavyn Peregrino, o quizás la intimidante apariencia de Bonez. Al final, lo único que importaba era qué el vicecapitán se había metido donde no le llaman...

Pero cuando se trata de dinero o reputación de por medio, nadie jode con un Hizashi.

Saludos, datos y resumen
#2
Silver D. Syxel
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Loguetown
Día 36, Verano del año 724

El matón, quien hasta hace un momento parecía tener el control de la situación, se quedó inmóvil al sentir el dedo de Drake presionando su rostro. Era evidente que no esperaba una intervención, y menos de alguien con tal presencia. Su respiración se volvió más pesada, como si intentara procesar el cambio drástico en el ambiente.

Los segundos parecieron eternos, y por un momento, el silencio en la pequeña escena del mercado destacó más que todo el bullicio a su alrededor. Finalmente, el hombre retrocedió un paso, apartando al joven pescador de un empujón.

—No me hagáis perder más tiempo —gruñó, esquivando la mirada directa de Drake mientras se pasaba una mano por la barba. Con un gesto brusco, ajustó su chaleco y lanzó una última advertencia, con un tono lo suficientemente bajo como para que solo Drake y el pescador lo escucharan—. Si alguien no cumple con lo que debe, otros vienen a cobrar. Y no serán tan pacientes como yo.

El hombre escupió al suelo cerca de los pies de Drake, en un acto que parecía más de impotencia que de desafío, y se marchó con pasos pesados, perdiéndose entre la multitud del mercado.

El joven pescador, con la camisa aún arrugada por los tirones, miró a Drake con una mezcla de agradecimiento y temor. Le temblaban las manos, y por un instante pareció querer decir algo, pero cerró la boca, inseguro de si debía hablar. Fue el anciano vendedor de frutas quien rompió el incómodo silencio.

—Gracias, joven. —Su voz era baja, cargada de un cansancio que parecía ir más allá de la edad—. Pero... no sé si esto ha sido lo mejor.

Los ojos del anciano, pequeños y hundidos, reflejaban preocupación. Aunque su gesto era agradecido, sus palabras traían consigo un peso que no podía ignorarse.

En el fondo de la escena, el bullicio del mercado continuaba, pero algunos ojos se desviaban hacia el grupo, observando a Drake con curiosidad o discreción. Por un momento, algunos susurros parecían girar en torno a él, mientras las calles de Loguetown continuaban con su ritmo incesante.

—No tendría que haberse metido. Ellos... ellos no lo dejarán pasar -pronunció finalmente el pescador, hablando en voz baja.

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#3
Drake Longspan
[...]
Loguetown
Día 36, Verano del año 724.

Drake Longspan se quedó mirando al matón que se alejaba, con una ceja alzada y la mandíbula trabajando como si estuviera masticando un pensamiento amargo. No pudo evitar soltar una breve risa nasal, una de esas que no escondían su desdén, mientras pasaba una mano por su nuca y miraba al joven pescador.

El pescador seguía en su sitio, con los hombros encogidos y la mirada fija en el suelo. Drake chasqueó la lengua, ladeando la cabeza como si no pudiera creer lo que veía. Dio un par de pasos hacia él y señaló con uno de sus largos dedos, tan directo como un arpón.

¡Oi, tú! — Su voz salió tosca, con más fastidio que amabilidad. — Vas a quedarte ahí parado como si te hubiera pasado por encima un barco? Porque, no sé si te diste cuenta, pero ya se fue "el problema", Levanta la cabeza, que al suelo no se le pierde nada.

Tras esto, colocó suavemente su bota frente a la mirada del pescador, haciendo que los adoquines de Loguetown comenzarán a asimilarse a él.

No era exactamente una invitación a la amabilidad, pero con Drake las sutilezas nunca habían sido su punto fuerte. Dio un paso atrás, cruzando los brazos, y dirigió la mirada al anciano con la cesta de manzanas. El hombre parecía agradecido, pero también preocupado, y Drake frunció el ceño al notar el temblor en sus manos. No tenía paciencia para leer emociones ajenas, pero algo en esa escena le revolvía las tripas.

Maldita empatía.

A ver, abuelo. — Señaló la cesta con un leve movimiento de la cabeza. — Dame una manzana. Me he ganado el desayuno, ¿no crees? Y no pongas esa cara. Si me las voy a jugar, que sea con algo decente en el estómago.

Agarró una manzana sin esperar respuesta, le dio un mordisco y se quedó un momento mirando hacia donde había desaparecido el matón con cara de circunstancia.

¿Qué pasa con este sitio? — confesó mientras masticaba, hablando más para sí mismo que para los demás. — Todos parecen dispuestos a tragarse lo que les echen, como si fuera el menú del día. ¿Así es como siempre funciona aquí? ¿No ha cambiado en tanto tiempo? ¿Dejar que cualquier idiota haga lo que le dé la gana?

Y sí, lo dijo mientras mordía una manzana de gratis.

El tono de su voz no era de enfado, sino de incredulidad, como si tratara de entender una lógica que se le escapaba por completo. Se giró hacia el joven pescador otra vez, esta vez con los ojos entornados, como si estuviera evaluándolo.

Mira, no es que me importe mucho cómo llevas tu vida, pero si dejas que alguien te empuje así hoy, mañana va a volver. Y la próxima vez no será para gritarte; será para hacerte algo peor. Ahora, si tienes algo que decir, dilo. Y si no, por lo menos, da las gracias.

Seguía mirando al abuelo de reojo mientras masticaba la manzana, tenía algo que le removía el estómago. El anciano seguía observándolo con una mezcla de preocupación y resignación. El carpintero de los Hizashi levantó la manzana que estaba terminando y la sacudió en el aire.

Por cierto, está bastante buena. ¿De dónde las sacas?

No esperó respuesta. La conversación no era el punto; era más su forma de llenar el silencio incómodo que se había formado. En negación, hizo crujir los nudillos y lanzó el resto del corazón de la manzana hacia un cubo cercano, como si estuviera practicando la puntería. Redirigió su mirada a los dos hombres.

Bah, al final siempre es lo mismo. Gente esperando milagros en vez de mover el culo.

Se alisó los vendajes de los brazos, un gesto que hacía más por costumbre que por necesidad, y se giró hacia el bullicio del mercado. Su tono bajó un poco, como si hablara más consigo mismo que con los demás. Dio un paso hacia la calle principal, pero se detuvo, mirando al joven pescador de reojo.

Tú decides. ¿Vas a quedarte ahí lamentándote, o vas a decir algo útil antes de que me largue? ¿Quienes son y dónde trabajan?

El anciano y el pescador, fueron testigos de cómo el propio suelo de Loguetown pasaba a formar parte de las piernas de Drake Longpsan.

Resumen


Vida: 1351 / 1351

Energia: 743 / 763
#4
Silver D. Syxel
-
Loguetown
Día 36, Verano del año 724

El pescador alzó la mirada con nerviosismo, sus labios temblaban mientras buscaba las palabras adecuadas para responder a Drake. Era evidente que la amenaza de los matones aún pesaba sobre él, pero también lo era que la presencia del luchador había despertado algo en su interior.

—Yo… —balbuceó, apretando los puños—. Trabajo en los muelles… Ellos… vienen una y otra vez. Si no les pagamos, destrozan todo.

El anciano, por su parte, dejó escapar un suspiro cargado de preocupación, bajando la mirada hacia su cesta medio vacía.

—Chico, te lo dije… No hay forma de ganarles. Aunque te enfrentes a ellos hoy, mañana vendrán más. Así es como siempre ha sido aquí. Así es como seguirá siendo.

A pesar de sus palabras, había algo en su voz, una nota casi imperceptible de esperanza que ni él mismo parecía reconocer.

El bullicio del mercado continuaba a su alrededor, pero el ambiente había cambiado. Algunos vendedores murmuraban entre ellos, echando miradas rápidas hacia Drake y su pequeño grupo. Entre ellos, un hombre encapuchado permanecía inmóvil, observando desde un puesto de madera en la esquina del mercado.

—Si realmente quieres saberlo —continuó el pescador, apenas en un murmullo—. Hay un tipo… no sé su nombre. Todos le llaman "el Contador". Es quien decide cuánto debemos pagar. Está siempre cerca del almacén grande… el que tiene la grúa rota.

El anciano negó con la cabeza, pero no dijo nada. Las palabras del pescador colgaban en el aire como una cuerda floja, y era evidente que su revelación le costaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Mientras tanto, el sol seguía subiendo, bañando las calles de Loguetown con una luz que parecía no alcanzar a las sombras donde se gestaban los verdaderos problemas.



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#5
Drake Longspan
[...]
Loguetown Día 36, Verano del año 724

Drake Longspan no se detuvo a mirar atrás mientras avanzaba, dejando al pescador y al anciano detrás. Su andar era decidido, sus pasos resonaban con un ritmo constante contra los adoquines de Loguetown.

Su cabeza estaba ligeramente inclinada hacia abajo, lo justo para que la sombra de su cabello despeinado ocultara parte de sus ojos. Aunque no estaba corriendo, la firmeza de su marcha dejaba claro que tenía un destino en mente: el almacén con la grúa rota.

Mientras atravesaba el mercado, los murmullos de los comerciantes se reducían a su paso. Los ojos curiosos se apartaban rápidamente, como si todos hubieran aprendido a no hacer demasiadas preguntas cuando un hombre de brazos largos caminaba con esa expresión en el rostro. No era miedo, no exactamente, pero sí la clase de respeto que inspira alguien que parece estar a punto de complicarle el día a alguien más.

A su alrededor, el bullicio de Loguetown seguía con su rutina incesante. Los vendedores gritaban ofertas, las ruedas de los carros crujían al rodar, y el olor a pescado y especias flotaba en el aire junto con la brisa salada del mar. Pero para Drake, todo eso era solo ruido de fondo. Su mente estaba enfocada en el próximo paso.

El paisaje cambió a medida que se acercaba a la zona de los muelles, donde las calles adoquinadas daban paso a senderos más anchos y polvorientos. Las sombras de los almacenes proyectaban largos trazos oscuros sobre el suelo, y el ambiente se volvía más denso, casi opresivo. Las risas y las charlas despreocupadas del mercado se desvanecían poco a poco, sustituidas por el sonido metálico de cadenas y el eco lejano de cajas siendo apiladas.

El joven apretó los puños de forma instintiva al divisar las grúas que se alzaban como gigantes de hierro contra el cielo. Una de ellas, oxidada y torcida, destacaba entre las demás. Parecía fuera de servicio, pero seguía siendo un punto de referencia claro en este laberinto industrial.

El carpintero se detuvo un momento a unos metros de la estructura, observando su alrededor. La zona estaba menos concurrida que el mercado, pero no por ello más tranquila. Los trabajadores del puerto iban y venían, algunos cargando cajas, otros empujando carretillas. Sus miradas rápidas y sus movimientos cautelosos delataban que no era un lugar donde alguien quisiera quedarse demasiado tiempo sin motivo.

Drake se quedó ahí unos segundos más, ajustando las vendas en sus brazos por pura costumbre, como si eso le ayudara a enfocar sus pensamientos. No sabía exactamente a quién buscaba ni cómo iba a encontrarlo, pero algo en su interior le decía que estaba en el lugar correcto.

Con un último vistazo hacia la grúa rota, echó a andar nuevamente, dejando que sus pasos lo llevaran hacia el centro de este enredo. No tenía un plan concreto, pero si algo sabía hacer Drake Longspan era adaptarse sobre la marcha. Y si alguien tenía problemas con eso, siempre estaba dispuesto a discutirlo con los puños.


Cada paso que daba lo acercaba más a la atmósfera tensa que parecía envolver el lugar. Aunque los sonidos del puerto eran los mismos de siempre, había un peso en el aire que solo alguien acostumbrado a caminar en la delgada línea entre el caos y la calma podría percibir. Las ruedas de un carro rechinaron al pasar cerca de él, y un grupo de trabajadores dejó de hablar por un momento al notar su presencia.

El carpintero de brazos largos notó cómo las miradas se desviaban hacia él, solo para apartarse rápidamente. Algunos trabajadores ni siquiera levantaban la cabeza, centrados en sus tareas, mientras otros hacían un esfuerzo consciente por mantenerse ocupados, como si fingir ignorancia les garantizara seguridad. Aunque no era un lugar particularmente peligroso a simple vista, el ambiente hablaba de un miedo que nadie quería mencionar en voz alta.

Cuando llegó al pie de la grúa rota, se detuvo nuevamente, esta vez al borde de una pila de cajas apiladas desordenadamente. Desde esa posición, podía observar mejor el área que lo rodeaba. Había un par de entradas al almacén principal, con puertas de madera desgastadas que parecían haber soportado décadas de uso. Algunos hombres entraban y salían, moviendo mercancías sin detenerse.

Drake Longspan hizo crujir los nudillos, un sonido que resonó con fuerza en su cabeza aunque probablemente nadie más lo notó. Se cruzó de brazos, dejando que su mirada rojiza escaneara cada detalle del entorno. Una cosa estaba clara: la gente aquí sabía más de lo que dejaban ver, y ese tal "Contador" probablemente no se expondría tan fácilmente.

Bueno... — murmuró para sí mismo, ajustando una vez más los vendajes en sus brazos. — Parece que va a tocar hacer preguntas.

El joven se puso en marcha.

Drake Longspan avanzó hacia uno de los muros del almacén, buscando una mejor perspectiva. El sonido de su propia respiración era un recordatorio constante de que estaba solo en esta misión improvisada. Pero, al final del día, así era como prefería las cosas. No había margen para depender de nadie más, todo recaía en él, y eso le gustaba, al menos por hoy, sin su tripulación cerca.

Cruzó el patio con pasos firmes, deteniéndose a unos metros de una pequeña fogata improvisada donde un par de hombres parecían estar descansando. Aunque no quería llamar la atención, sabía que con su tamaño y porte era inevitable. Su silueta proyectaba una sombra alargada sobre el suelo, como un faro que nadie podía ignorar.
El ambiente estaba lleno de tensión, pero para el chico era solo una pequeña chispa que esperaba el momento de convertirse en incendio. Sus puños se cerraron una vez más, y su mandíbula se apretó mientras ajustaba su capucha para cubrir mejor su rostro. Aún no estaba listo para desatar nada, pero si alguien le daba motivos, no dudaría en actuar.

Las respuestas estaban cerca, lo sentía. Pero para encontrarlas, primero tendría que decidir cómo abrirse paso en este enredo. Por ahora, lo único que importaba era avanzar.

Sin más, el chico utilizó su haki de observación para detectar cualquier señal que le diese alguna ventaja.

Percepción II
KENB401
KENBUNSHOKU
Haki básico
Tier 4
12/10/2024
7
Costo de Haki por Turno
2
Enfriamiento
Permite al usuario percibir con precisión la presencia de otros seres vivos en un área, siendo capaz de apreciar las emociones muy fuertes que exterioricen como un sufrimiento fuerte o un gran instinto asesino, etc. Si lo activa puede anticiparse a un ataque obteniendo para ello un bono de +5 [Reflejos].
Área: [VOLx12] metros. +5 [REF]


Resumen


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