Honorable
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10.261.668
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Arthur Soriz
Gramps
29-11-2024, 02:24 AM
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31 de verano ; 17:35pm
año 724
La sala de recreación de la base G-23 era un lugar sencillo pero funcional. Con mesas y sillas de madera robusta, un par de tableros de ajedrez olvidados en una esquina, y una vieja pero confiable radio reproduciendo música que llenaba el ambiente con una sensación reconfortante y quizás un poco anticuada. Una pequeña ventana enrejada permitía que la brisa salada del océano se colara de vez en cuando, arrastrando con ella el sonido lejano de las olas chocando contra el puerto.
Casi al centro de la sala, sentado con una postura tan recta como un mástil de barco, estaba Arthur. Su musculoso y enorme cuerpo parecía ocupar más espacio del que realmente necesitaba y sus manos, grandes y curtidas por años de trabajo y entrenamiento descansaban sobre una mesa donde un juego de dominó estaba ya preparado. Las fichas puestas boca abajo prontas para ser revueltas y repartidas de forma adecuada entre los futuros participantes de ese duelo entre titanes que esperaba se llevase a cabo pronto; no quería partir a casa sin jugar al menos una sola vez.
Arthur observaba la puerta con paciencia, sus ojos brillando bajo las luces parpadeantes del techo. No esperaba mucho de los jóvenes reclutas que compartían la base con él; sabía bien que la mayoría prefería juegos más ruidosos y rápidos.
— "No entienden lo bello del dominó." —pensó, mientras repiqueteaba sus dedos sobre la mesa, el sonido resonando como un tambor de guerra marcando un ritmo pausado.
El viejo Marine dejó escapar un suspiro leve, mezcla de resignación y esperanza. El reloj en la pared marcaba el paso del tiempo, pero Arthur no se inmutaba. Para él, esta espera formaba parte del ritual. Cada movimiento en el juego de dominó debía ser calculado y certero, como un buen golpe en combate, y el oponente debía ser digno de ese honor.
Confiaba en que tarde o temprano aparecería algún valiente dispuesto a desafiarlo. Mientras tanto... la brisa del mar, el eco de la música y el sonido del tamborileo de sus dedos eran lo único que rompían el monótono silencio en aquella sala.
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1685 / 1685
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Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
29-11-2024, 02:49 AM
Me levanté algo aturdido de la siesta tras la comida de ese día, cuando decidí dar un paseo por la base para destensar los músculos. A mi edad, le había cogido el gusto desde que me trasladé a Isla Kilombo a echarme un rato, me resultaban bastante agotadores los turnos en los que había que emplearse aunque fueran plenamente de vigilancia u otras labores relativas al mantenimiento de la base.
Ignoraba donde estaba en ese momento Huetali, le había perdido la pista a la joven ese día, aunque sabía que también libraba en el turno de tarde, no había ni rastro de ella por los pasillos ni las salas, ni de su entusiasta caminar ni de su griterío. Pero al fin y al cabo, también me gustaba estos ratos de soledad y calma que tanto se habían perturbado con la llegada de mi ahijada a la base, en ocasiones, recuerdo su hogar y Cozia, aquella caverna, aquella vieja, aquel monstruo y también a su hermano Hacket, ¿podríamos volver algún día?, solo el futuro sabe que tipo de caprichos nos tiene preparados.
Mi paso templado dictaba mi disfrute por el sosiego por aquellos pasillos, hasta que cruzándolos, me dispuse a percibir una melodía radiofónica que no provenía de muy lejos. Me acerqué hasta lo que parecía una sala, confirmando que desde la misma provenía aquel tono, me asomé curioso, y en la misma, pude comprobar como entre tantos otros elementos, un viejo marine aguardaba sentado y parecía esperar a alguien. La austera sala aparentaba ser una habitación dedicada al ocio y al pasatiempo, en sus esquinas, otras mesas con tableros de casillas blancas y negras se agolpaban, pero sin duda, lo que más destacaba de la misma era aquel rudo tipo.
Me acerqué con la espalda erguida y las manos hacia atrás con sus dedos entrelazados, me acerqué hasta su mesa y pude cerciorarme de un conjunto de fichas sobre esta que se encontraban boca abajo. Si la memoria no me jugaba una mala pasada, tenían toda la pinta de ser fichas de dominó, en el templo, pasaba las horas tallándolas y jugando con los hermanos, ¿desde cuándo el cuartel tenía?
- Caballero... Soy el alférez Lovecraft, ¿está esperando a alguien? -
Hice una breve pausa antes de presentarme, y acompañé mi nombre con una reverencia respetuosa hacia el mismo viejo marine. Estaba de pie en frente suya, su postura reflexiva me inquietaba para bien.
- Veo que tiene preparada las fichas para iniciar una partida de dominó, en mis buenos años, las tallaba cuando estas manos aún eran más jóvenes, tenían menos arrugas y más destreza, ahora quizá solo sirva para jugarlas... ¿le apetece si no es indiscreción? -
Le pregunté con educación, no quería causarle ningún tipo de conveniente si ya estaba esperando a un adversario, pero al verle allí con las fichas, de mi interior se avivó cierta ilusión por volver a retomar aquel viejo juego del templo.
Honorable
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Arthur Soriz
Gramps
29-11-2024, 07:16 AM
El sonido de unos pasos seguros y ciertamente firmes resonando contra el suelo interrumpió la tranquila monotonía de la sala. Levanté la mirada, curioso por identificar al recién llegado. Allí estaba un hombre mayor, cuya edad se reflejaba en las arrugas marcadas en su rostro, pero también en la serenidad de su mirada. Su mirada recorrió la sala hasta detenerse en mi mesa y en las fichas de dominó dispuestas cuidadosamente sobre la mesa, boca abajo... dejando el secreto del azar a disposición de quien quisiera sentarse. Hubo algo en su forma de observar... en cómo evaluaba la escena que me llamó la atención. No era la mirada apresurada de los jóvenes que pasaban por aquí sin interés... sino una calma deliberada, como si estuviera sopesando si valía la pena quedarse.
Lo observé con detenimiento. No todos los días se presentaba alguien así, y menos aún con el porte que traía este hombre. Había algo en su postura, en su semblante, que me resultaba familiar, como si compartiéramos la misma fibra de disciplina y respeto por las cosas bien hechas.
Cuando se presentó, mi mirar se puso en sus ojos y casi de inmediato al escuchar su rango eché la silla en la que estaba sentado atrás, y me levanté de golpe. Con un característico saludo Marine respetuoso, hablé.
— ¡Señor, sí señor! Es un verdadero placer, alférez Lovecraft. — dije para luego sin tardanza presentarme. — Soy el recluta de tercera Soriz, señor.
Noté su reverencia, algo que me agarró por sorpresa pero no por ello me desagradó. De hecho, hacía que bajara un poco la guardia y por ende abandonara un poco esa tensión que cualquier recluta podría llegar a tener con alguien superior; aún con mis años, respetaba los rangos. El alférez habló con una voz grave pero calmada, preguntándome si podía unirse o si estaba esperando a alguien.
Me volví a sentar.
Tomé aire y, sin apuro, me incliné ligeramente hacia atrás en la silla. No respondí de inmediato. Lo observé un momento más, dejando que la pausa hablara por mí. Este no era cualquier recluta Marine; se notaba que había visto tanto del mundo como yo, tal vez más.
Con un leve movimiento de la mano, señalé la silla frente a mí. Si este hombre estaba dispuesto a sentarse, a demostrar que entendía el valor del juego, entonces sería bienvenido. No todos saben apreciar el arte del dominó, pero algo me decía que este alférez era diferente, que los años que cargaba encima, como yo, le daban la capacidad de apreciar las pequeñas cosas.
Acomodé las fichas sobre la mesa, preparando el terreno. Había esperado toda la tarde por un oponente digno, y parecía que, al fin, el destino había respondido.
— Que nuestra edad no sea un impedimento para disfrutar de este juego.
Extendí esas palabras como una invitación para olvidarnos de nuestra vejez, y jugar sin tapujos.
Tomé las fichas que me correspondían con el cuidado que merecían estas, hechas de marfil. Se veían talladas a mano, viejas pero bien cuidadas. Y la declaración de "hostilidades" comenzó, con la primera ficha que puse en mesa... el doble seis. La partida sería simple, sin puntos, mano rápida y a quien se le terminaran las fichas primero.
La concentración se vio de inmediato en mi mirada, más mi rostro expresaba la serenidad de alguien que tan solo charla con un viejo amigo.
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Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
03-12-2024, 11:52 PM
La buena disposición del hombre pronto me sorprendió para bien, por su apariencia, me gustó percibir que otros ejemplares de mi quinta también se enlistaban en La Marina sin tener en cuenta la edad, solo el espíritu, pues era este el que prevalecía ante todo lo que se levantaba en el mundo. Una buena sintonía se estableció en la sala con el hasta ahora desconocido tipo, Soriz se hacía llamar contemplando su rango con el mismo, por lo que intuí que tendría un nombre de pila y lo que nombró era su apellido, tal y como mandan los cánones de presentación más formales dentro de un escenario marcial, sin embargo, quería relajar los humos y ahora desquitarme de los honores y cargos que ostentara.
- Ah! Descanse recluta, el placer también es mío... me alegra ver gente de otra pasta por aquí entre tanta nueva generación. -
Con calma, tomé la parte superior del respaldo de la silla que por deducción me tocaba para sentarme frente a Soriz. Mis ojos se deslizaron hasta las fichas, las veía pulidas y aparentemente suaves, con acabados ligeramente desgastados en sus esquinas que daban a entender el buen material del que estaban hechas o el poco tiempo que llevaban usándose. Tiré hacia atrás para tomar asiento, y acto seguido cuadré mi posición arrimándome hasta el filo de la mesa.
- Bien dicho... empecemos. -
Le contesté de forma agradable, con serenidad y sosiego, como el que pone toda su atención en la cata de un té añejo y disfruta del tiempo tomándolo sin prisa. Tomé mis fichas correspondientes, al tacto, pude al fin intentar suponer de que material estaban hechas. Eran livianas pero rígidas, de un aspecto blanquecino que solo el paso de los años teñía de un efecto envejecido que las embellecía, pero no lograba aún saber de que estaban fabricadas.
Obviando eso, me concentré viendo las que por suerte me habían tocado, las levanté apoyándolas sobre uno de sus costados laterales donde la base para erguirlas era mayor, y una a una, fui viendo los valores que el destino me había asignado con ellas. Para mi sorpresa, Soriz se adelantó, no había terminado de terminar de levantar todas cuando el seis doble apareció desde la margen de mi adversario. Esbocé una sonrisa sutil, viendo las que me tocaron por el alzar, tomé sin dudar una de ellas mientras terminaba de levantar las restantes con la otra mano.
Con un toque leve de la yema del dedo pulgar, empujé la ficha que tenía elegida, esta cayó boca arriba y sus valores se vieron, el 5/6. Con el mismo dedo, lo llevé hasta unirlo con el 6, y ahora era el turno del recluta, el cual tenía ambas opciones, jugar al 5 o seguir jugando al 6.
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Arthur Soriz
Gramps
04-12-2024, 02:34 AM
Con cuidado tomé la ficha 2/5 entre mis dedos dejando que su aspereza acariciara mis duros dedos ligeramente, de a momentos parecía una fugaz danza entre sus falanges... pero para no hacerle esperar la apoyé sobre la mesa con un leve sonido seco, colocándola al lado del 5 que el alférez Lovecraft había jugado momentos antes. El movimiento era sencillo... pero en el fondo cada jugada contenía un matiz de estrategia, un pequeño indicio del carácter y la intención de quien la hacía, acompañado de una gentil sonrisa plasmada en mi rostro.
Mientras ajustaba la ficha con la yema de los dedos, mis ojos pasaron fugazmente a las que quedaban en mi reserva. Era demasiado pronto para sacar conclusiones, pero ya comenzaba a formar un panorama de cómo podría desarrollarse la partida. La luz del sol que entraba por una de las ventanas parecía reflejarse en la superficie pulida de las fichas, resaltando las muescas y pequeños desgastes que el tiempo y repetido uso había dejado en ellas.
Miré a mi compañero de juego mientras evaluaba su próxima jugada. Tenía una calma que me resultaba familiar, la calma que solamente alguien de nuestros tiempos podría llegar a mostrar ante las cosas simples de la vida. Me acomodé un poco más en mi silla relajando la postura mientras tamborileaba ligeramente los dedos sobre la superficie de la mesa. No era solo el juego lo que me intrigaba... también estaba interesado en el hombre frente a mí, otro "veterano de vida" que como yo había elegido la Marina para hacerla parte de su vida, quizás no solamente como un trabajo pero también con un propósito más altruista; eso esperaba al menos.
— Es curioso, ¿sabe? —comenté con un tono más relajado, dejando que las palabras fluyeran naturalmente con el suave carraspeo que mi garganta añeja conllevaba ya por naturaleza—. Uno no suele encontrar a hombres de nuestra generación por aquí, al menos no en posiciones activas. Dígame... si no le ofende que le pregunte, ¿hace cuánto tiempo está en la Marina?
Mi pregunta no era solo un intento por romper el hielo... realmente tenía curiosidad. Era fácil encontrar marines jóvenes llenos de energía y ganas de comerse el mundo, pero los que compartían nuestra experiencia eran una rareza por estos lados del mundo. Mientras esperaba su respuesta, no quité mi mirada de mis fichas, acariciando cada borde ligeramente redondeado de estas... inspeccionando de cierto modo cada número, cada infinita posibilidad meditando la siguiente jugada que podría llevar a decidir quién saldría victorioso de esa habitación.
Aproveché el momento para continuar, apreciando el silencio pero también queriendo conocer más de este hombre que, a mi vista, podía ver como un igual a pesar de su mayor rango militar. — Siempre me ha dado lástima el hecho de que las nuevas generaciones no sepan apreciar una buena partida de dominó.
Mis palabras llevaron consigo una pequeña risa, apenas un murmullo que escapó de mis labios cuarteados en arrugas y pequeñas cicatrices.
— ¿Y qué hay de otros compañeros? —añadí con un genuino interés—. ¿Se encuentran por aquí más marines que compartan este tipo de pasatiempos? Es raro hallar a alguien que no esté atrapado en los hábitos de la juventud o en las carreras por ascender y dejar los cuatro mares atrás...
Mientras hablaba, dejé reposar mis manos sobre la mesa, un gesto deliberadamente abierto. Un buen juego de dominó tiene su encanto... especialmente cuando hay algo más que estrategia en la mesa. Lo dije con una sonrisa que buscaba reflejar el respeto que sentía por aquel hombre y, al mismo tiempo, el deseo de entablar una camaradería que fuera más allá de las formalidades militares, poco a poco abandonando las cordialidades extremas.
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Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
11-12-2024, 01:22 AM
El arranque de la partida daba sus primeros pasos tras la colocación de las primeras 2 fichas. Un recuerdo vago se cruzó por mi mente añorando aquellas noches de dominó y paz, a la luz del fuego que iluminaba el salón principal del Templo Gautama, mis hermanos y yo cuando éramos mucho más jóvenes nos turnábamos para jugar. A veces eran partidas de cuatro que daban cabida a alguna que otra estrategia digna de escribir en manuales, aunque para ser sincero, no era de los más tácticos del lugar, y mi juego era más directo y lógico, pero recuerdo a los demás, tan pelones como yo, cuando tras finalizar la partida comentaban una pasada jugada a destiempo que marcó el balance de la partida hacia una parte u otra. Por eso, no era de extrañar que aquel lance que tuve desde el momento de suponer que tipo de fichas había en la mesa de Soriz me trajera de nuevo a mi juventud, y aunque más adelante siguiera disfrutando del dominó, por tiempo y responsabilidades ya no era tan recurrente como aquellas noches de jovenzuelo, aunque lo siga disfrutando como tal.
Un juego de dedos con la siguiente ficha escogida del viejo marine me distrajo, su particular vaivén con la misma entre las falanges parecía todo un desafío a la física viendo como la ficha se movía sin caerse, y con una gran destreza, la colocó cerca de la mía hasta llevar el 5 hasta su par. Ahora en la mesa se quedaban disponibles el 2 o el 6. ¿Cuál era su intención al mostrar un número aparentemente bajo en el inicio de la partida?, por norma general, se suelen deshacerse de las cuentas más altas cuanto antes para que al final de la partida, la suma del perdedor sea mínima. Dudé unos segundos tras ver su jugada y respiré, ahora tocaba elegir cual de las mías colocar, cual de todas ellas me podría dar una ventaja.
Su tamborileo pronto dio paso a un oportuno turno de palabra. Alcé mi rostro levemente para orientarlo hacia Soriz, habiendo elegido ya la próxima ficha que colocaría, destiné ahora mi atención hacia el veterano. Su tono era relajado y su voz se presentaba sosesagada, daba hasta gusto encontrar a alguien en aquel cuartel, sin sobresaltos y con una calma que era sumamente bienvenida. Este lanzó una pregunta para saber sobre el tiempo que llevaba en el cuerpo.
- Pues depende de como se mire... Provengo de un lugar lejano, del West Blue nada menos, de una modesta isla en la que un templo se alza como el último bastión del mundo donde la humanidad y el buen hacer todavía fluyen, el Templo Gautama. Mi templo todos los años suele ofrecer a hermanos dispuestos a colaborar con La Marina, ya que esta financia parte de los recursos que necesitamos, comida, ropa, materiales, etc... y a cambio, esta recibe nobles marines dispuestos a luchar por una marina más humana, pero, podría decirte que mi destino y el de La Marina están ligados desde que llegué al templo, sin embargo, llevo en este cuartel desde la primavera del 723. -
Hice una pausa, esperando ver la reacción del recluta ante la información, calmé mi garganta y le devolví a preguntar, buscando el mismo acercamiento para conocerle.
- ¿Y usted recluta Soriz?, ¿qué le llevó a alistarse aquí? -
Quizá mi pregunta ahondaba algo más que el mero hecho de saber una fecha, pues la intención de la misma era saber un propósito.
- ¡Ah!, ¿el resto? Jajajjaja bueno... estoy seguro de que sabe también como yo que la juventud de hoy en día dicta mucho de la que fuimos, y aún más de lo que somos actualmente, es comprensible que tengan otros gustos, los tiempos cambian, ¿pero sabe qué?, estoy seguro de que el dominó perdurará de una forma u otra, desde que estoy aquí, he podido conocer a buenos marines de buen corazón con muchos puntos en común conmigo, a pesar de la diferencia de edad... si probasen un par de manos, seguro que les gusta. -
Sentencié, cogiendo finalmente la ficha escogida y llevándola hasta el 2 de la nueva ficha que colocó Soriz. Deslicé el 2/6 para unirlo con su 2, quedando en la mesa tan solo la posibilidad de jugar con el 6.
- Le toca recluta. -
Dije amigablemente, ¿cuál sería el próximo movimiento del compañero?, estaba obligado a jugar con un 6, ¿tendría uno entre sus fichas?
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Arthur Soriz
Gramps
11-12-2024, 11:42 PM
De pronto la mesa se había puesto una vez más en torno al seis. Curioso de verdad que ahora las únicas opciones formaran el número de la bestia. Pensar esto me arrancó un fugaz resoplido por la nariz a modo de risa mientras escuchaba las palabras del alférez con total atención. Ya había escogido mi ficha de entre las que tenía dispuestas frente a mi por lo que le di chance a hacer una pausa antes de colocar la que había sopesado entre todas las opciones. Entre mis dedos se encontraba la siguiente ficha que puse en la mesa... 3/6, para unirlo con su 6.
Oír que venía de un templo en el West Blue y escuchar sus ideales me llenó de felicidad a la par de orgullo. Incluso se veía cómo mi pecho se hinchaba un poco y mi rostro expresaba admiración por sobre todas las cosas. Poca gente quedaba en el mundo que considerase anteponer la humanidad por sobre todas las cosas... la mayoría creyendo en una "justicia absoluta" que no hacía diferencias entre alguien que había tenido una suerte terrible en la vida, y aquellos que realmente hacían todo por pura maldad.
— Es un gusto escuchar la razón por la que se encuentra en la Marina, pocos quedan que piensen en los demás de forma tan altruista. — hice una pausa pequeña, suspirando suavemente y emitiendo una pequeña risotada cuando me preguntó a mi. ¿Qué podía decirle? Lo mío era un poco más simple, teniendo en cuenta que había nacido y crecido en Kilombo, nunca habiendo puesto pie fuera de la isla.
— Yo he nacido aquí en Kilombo, en el pueblo de Rostock ... Verá, mi padre fue Marine desde su juventud, conoció a mi madre aquí mismo y decidió quedarse de manera definitiva una vez nací yo. Desde pequeño me inculcó lo que significa recordar el proteger la sonrisa de aquellos que nos necesitan... no juzgar a los demás tan solo por sus acciones sino por todo lo que vino detrás de estas, a veces... en nuestra persecución de la justicia, nos cegamos a la posibilidad de que tal vez alguno puede encontrar redención... con el empujón correcto.
Interrumpí mis palabras, cruzándome de brazos aunque no en una actitud defensiva o tosca negándome a comprender puntos de vista diferentes a los míos. Tan solo era una costumbre para no dejar los brazos colgando a los lados o reposados vagamente sobre la mesa en la que estábamos jugando.
— Aunque a veces ese empujón deba ser un buen coscorrón en la cabeza. Tan solo llevo un año y medio con la Marina ... antes de ello decidí cuidar de mis padres haciendo trabajos en el puerto y el mercado, hasta que fallecieron.
Agregué, explicando con la calma que solo los años de experiencia encima cargarían.
— Con mi grupo no he tenido la misma suerte... si bien son buenos chicos, piensan que mi ímpetu de no huir ante la adversidad es una locura, consideran que buscaré pelea con todo aquel que me cruce... cuando en realidad mi desenlace óptimo en cada encuentro es poder solucionarlo con palabras... y nada más si es inevitable, usar la fuerza bruta. — llevé una mano a mi frente, frotándome un poco el ceño con dos dedos para luego negar un poco con la cabeza como si no quisiera recordar lo que me había soltado uno de los miembros del Kaigekitai cuando armamos dicha brigada, pero aún lo tenía grabado a fuego en la cabeza; sentía que estaba malinterpretando mis palabras casi que adrede.
— Si puedo evitar el conflicto bélico, siempre tomaré la opción que arriesgue menos vidas... quizás no lo vean así y solo me vean como un viejo que se quiere ir a lo grande en una pelea de escalas épicas, cuando no es así...
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Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
12-01-2025, 07:23 PM
~ Fichas usadas: 2/6 , 5/6.
Mi complacía continuar la partida cada vez más con Soriz, el compañero se mostraba elocuente en cada una de sus palabras y transmitía una templanza agradable para estar con él, causando un gran contraste con el resto de jóvenes con los que acostumbraba a tratar en la base. Tras la colocación de mi última ficha, el también anciano resopló por sus orificios y acto seguido destapó su siguiente movimiento, dejando ver un 3/6 que encajaría con uno de los extremos y dejando en la mesa con tales posibilidades de jugar. Ahora era mi turno.
Escuché con curiosidad sus palabras antes de precipitarme a jugar ficha, aunque sabía por adelantado cual sería mi siguiente, dado que las había memorizado momentos después de obtenerlas. Me alegró saber que Soriz era nativo de Rostock, un hombre curtido y criado desde y en sus propias raíces no podía ser más sinónimo de humildad y amor hacia la tierra que te vió crecer, un signo que sin duda alguna era de tener en cuenta. Además, su reflexión posterior me agradó con todos sus matices, encontrar a personas con esa dedicación, su amor por la familia y con un ímpetu interior tan enriquecedor.
- Gran regalo tuviste con tus padres Soriz, estoy seguro de que fueron unas excelentes personas viendo en lo que se convirtió su fruto, seguro de que se sienten orgullosos. -
Sonreí dedicándole afablemente mi sensación, un lindo cumplido viendo como empezaba a mostrarse el hombre.
- Ja ja ja ja... Entiendo entiendo, la diferencia generacional se hace notar, pero creo que a pesar de ese contraste, es este mismo el que más nos nutre tanto a nosotros como a ellos. Se suele decir que los jóvenes no entienden nada acerca de los viejos códigos por los que para gracia o desgracia se sigue rigiendo el mundo, sin embargo, creo que ellos mismos irán imponiendo los suyos cuando les toque tomar la batuta que un día recibirán, nos guste más o menos pero, pienso que es ley de vida y que en el futuro, a ellos les ocurrirá lo mismo algún día con las generaciones venideras. -
Cogí algo de aire y con este la ficha que quería jugar. Con el pulgar y el índice, volví a notar su acabado liso, la giré un par de veces jugando con sus cantos hasta terminar por desvelarla encima de la mesa, justo a un par dedos por delante de las que aún tenía guardadas. Una vez bocarriba, utilicé el mismo índice para deslizarla por la madera de la mesa y llevarla hasta el 6.
- Siempre le será sumamente difícil al ser humano lidiar con cualquier tipo de conflicto, sea de una mayor o menor escala, cuando en función de su importancia nos produce cierta tensión, no hay ningún manual que dicte la solución exacta para resolverlo... Yo también soy partidario de priorizar la vida, tanto que el respeto por la misma siempre fue uno de los credos principales de mi templo, y sea enemigo o aliado, nadie que se alce en este mundo tiene la autoridad de arrebatarla... -
Hice una leve pausa de 2 segundos tras recoger mi brazo al alargarlo, miré a Soriz a los ojos y cerré tanto mi turno de palabra como el de la jugada.
- ...Cuatro seis. -
Honorable
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10.261.668
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Arthur Soriz
Gramps
02-02-2025, 03:45 AM
El sonido de las fichas deslizándose sobre la mesa me trajo de vuelta a la partida que tan concentrado estuve escuchando las sabias palabras de alguien a quien perfectamente podía considerar un buen colega y eso que recién nos conocíamos. Con la gente de nuestra generación podía entenderme cómodamente, la conversación fluyendo tan naturalmente que era agradable por fin poder estar tan de acuerdo con alguien.
Al ver ese 4/6 que Lovecraft había dejado perfectamente colocado, sin apresurarme me tomé un momento para observarlo. Para asimilar sus reflexiones y la serenidad con la que compartía sus sentimientos. A diferencia de él, mis sentimientos casi siempre estaban a flor de piel, y si mis valores eran puestos en duda siempre terminaría explotando como una caldera bajo presión. Más ahora mismo había una curiosa armonía, podía sentir la calma en el ambiente, algo raro de encontrar entre tantos jóvenes que daban la impresión de correr de un lado al otro, siempre apurados, siempre buscando más sin apreciar lo que tenían delante.
— Si bien es cierto que nuestra generación tiene otros tiempos y otra forma de percibir este, también... admito que a veces hay que dejarle a la juventud experimentar, salirse con la suya... tal como lo hicimos nosotros cuando teníamos su edad —hice una pausa corta, meditando no solamente cómo seguir aquella conversación porque sí que merecía un poco de respeto el estar hablado de la siguiente generación. Pero también pensar bien cual sería mi siguiente movimiento. Apenas lo decidí, seguí hablando—. A veces es bueno aprender de la nueva juventud, para no ser nosotros quienes frenen su progreso.
Las siguientes palabras que Lovecraft pronunció me sacaron una sonrisa, lo tomó más que una mera cortesía. Su elogio hacia mis padres resonó en mi de una manera profunda, como una caricia que aliviaba alguna herida oculta, o tal vez el simple hecho de que aún a pesar de los años que pasaron desde la última vez que había escuchado sus voces o visto sus sonrisas al mirarme, sabía que estaban viéndome... de algún lado. En mi vida pocas veces alguien se había detenido a reflexionar sobre lo que mis padres significaban para mi. La gente podría ver a un Marine duro, un hombre fuerte a pesar de sus años pero raramente preguntaban de dónde venía esa fortaleza. Y en sus palabras sentí ese entendimiento que solo los que han vivido lo mismo pueden ofrecer.
Sonreí, no con jocosidad sino con una sinceridad que se había hecho rara en estos tiempos. Respondí en voz baja, como si los recuerdos que aún tenía de mis padres aún fueran una especie de secreto que quería cuidar con cariño y respeto.
— Gracias, de verdad. Fueron... lo mejor que tuve en la vida. Y sé que lo que soy hoy, se lo debo a ellos. No debe haber mayor orgullo para un padre que ver a su hijo seguir sus pasos, aún cuando ya no están.
Dejé escapar una risa suave escuchando atentamente sus palabras y apreciando su sabiduría. Uno con los años se da cuenta que nunca se deja de aprender, incluso cuando la vida parece estar llegando a su tramo final. Había algo especial en encontrar a alguien que compartiera los mismos principios, los mismos valores, las mismas inquietudes...
Pero no podía seguir haciéndole esperar. Tomé la ficha, el 2/4, y la deslicé hasta el lado correspondiente. Dejé el número 2 expuesto para que Lovecraft pudiera continuar el juego, si podía. Solté un suspiro corto, una mezcla de satisfacción por el juego y la compañía. No era común encontrarme con alguien que entendiera tanto las pequeñas cosas que hacían que la vida valiera la pena. Afortunadamente sabía que aún quedaban más movimientos en esta partida, más oportunidades para ver cómo se desarrollaba esta curiosa contienda de mentes, estrategias y palabras.
— Trabajar a al lado de alguien como tú, sorprendiendo a piratas y malhechores cayendo desde los cielos cuando menos se lo esperen... ¡Sería genial! ¡Yahahaha!
Vociferé, soltando es carcajada honesta a todo pulmón, dándome algunas palmadas en una pierna. Lo habría hecho en la mesa pero... de hacer eso seguramente las fichas saldrían volando.
— Dos cuatro, estimado. —le dije con una sonrisa serena, una de esas sonrisas que se forjan con el tiempo y la experiencia. En el fondo, me alegraba haber encontrado en él a alguien con quien compartir estos momentos, tan cargados de significado, y quizás, solo quizás, de algo más que un simple juego de dominó.
Aguardé su siguiente movimiento sin apresurarme, disfrutando de la calma que se había instalado entre nosotros.
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Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
06-02-2025, 01:44 PM
La partida seguía su curso junto a una charla interesante ante el compañero generacional Soriz. Resonaba la voz de ambos en aquella apacible sala donde la sencillez de la misma trasladaba una calma tan deseada como necesaria para octogenarios como nosotros, manteniendo una cordial conversación sobre ciertos temas que nos atañen mientras las fichas iban rellenando el centro de la mesa.
Tras mi última ficha, el 4/6, el viejo recluta traslado algunos pareceres más ante el tema de las nuevas generaciones, y se tomó unos segundos para sí mismo para agradecer mis palabras que referían a sus padres. A diferencia de él, yo albergaba un vacío inconmensurable que hacía imposible llenarlo con cualquier modo, nunca los conocí, y dada ya las alturas de la edad en las que me movía, nunca ya lo haría. Aunque quién sabe, el mundo guarda y a veces muestra prestigiosas sorpresas que desafían tanto la lógica como las leyes de la vida, tanto para bien como para mal.
Asentí tras sus palabras regalándole con ello una reverencia respetuosa, bajando el mentón, junto a un gesto afable y cercano. Al levantarla, Soriz deslizó su jugada hacia la última ficha que coloqué, dejando en el tablero las posibilidades abiertas tanto para el 2 como para el 3, ambos números en cada extremo de la fila de fichas ligadas entre sí. Eran números principalmente bajos, ¿habría alguna forma de sacarle partido a aquello?
- ¡Hahahaha! ¿Caer desde el cielo? Aunque suene tan bien, no sé si a nuestros huesos les gustaría igual... -
Dije alabando con un ligero chascarrillo que hacía referencia a los achaques de la edad.
- .... Pero ¡Si!, seguro que de algún modo u otro, con las habilidades de cada uno, podríamos hacer algo que sea recordado... o al menos, para que traiga algo de luz a este mundo. -
Mi mano fue a coger la ficha elegida para la ocasión, la misma, empezó a transformarse desde la punta de los dedos índice y pulgar en parte del aspecto del poder que albergaba, llegando hasta la muñeca e irradiando un cálido destello dorado que iluminaba la mesa, mostrándole al compañero una muestra de parte de mi poder.
La mano resplandeciente llevó la ficha 2/3 hasta el 2 de la última ficha colocada por Soriz, dejando en el tablero la única posibilidad de jugar un 3 tanto en un extremo como en otro.
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