¿Sabías que…?
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[Común] Un encuentro algo escamoso.
Dan Kinro
[...]
Base de la Marina G-31, Loguetown. 2 de Verano del año 724

Era temprano en la mañana en la base G-31 de Loguetown. El sol apenas asomaba por el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados. Dan Kinro ya estaba despierta, como siempre.

 No podía quedarse quieta mucho tiempo. Desde que había llegado a la Marina, su rutina no le permitía descansar como lo hacían los demás. De todas formas, ella no se quejaba. Estaba acostumbrada a estar siempre alerta, siempre en movimiento.

Dan se levantó de la cama con agilidad, con su característico acento escocés resonando en su cabeza mientras se estiraba. "Wenodías", murmuró para sí misma, sonriendo levemente al ritmo de sus pensamientos. Se vistió con rapidez, ajustando su uniforme con precisión junto a su bandana negra y blanca, aunque con su propio toque relajado, como si siempre estuviera a punto de salir a la guerra.

Salió de su habitación y caminó por los pasillos de la base, observando cómo los primeros rayos de sol iluminaban el edificio, creando sombras alargadas en las paredes. 

Guid marnin’. — dijo, saludando a los marines que cruzaba en su camino. 

La mayoría apenas levantaba la vista, absortos en sus tareas. Pero Dan no podía evitar sonreír ante la monotonía del lugar. Sabía que a muchos de esos hombres y mujeres no les interesaba nada más allá de lo que les ordenaban hacer, y a Dan eso no le parecía correcto, era una deshonra.

De repente, un pequeño movimiento a lo lejos captó su atención. En un rincón del patio principal, un hombre extraño estaba ajustando unas piezas de equipo. Su piel escamosa brillaba bajo los primeros rayos del sol. Dan no pudo evitar fijarse en él. Mientras caminaba hacia su dirección, no dejaba de observar su figura.

El hombre estaba concentrado, manipulando una de las armas con una precisión que solo los más experimentados lograban, y eso que eran solo unos guanteletes. Su rostro estaba marcado por unas facciones que, a decir verdad, no pasaban desapercibidas. Lo que más le llamó la atención a Dan fueron sus ojos, tan agudos, pero con una profundidad que parecía provenir de algún lugar lejano y oscuro. Se acercó un poco más, sin perder detalle de los movimientos del sujeto.

Nae, nae, no me puedes decir que no te pareces a una de esas serpientes de Amazon Lily. — Comentó Dan con una sonrisa traviesa, sin intentar esconder su asombro.

La chica de la tribu Kuja lo miraba de arriba hacia abajo, como si lo estuviese evaluando.

 — Aye, te ves como una de esas guardianas de la selva, con las escamas y todo. Kiririri~

Dan no pudo evitar soltar una pequeña risa, divertida por la comparación que acababa de hacer. 

Guid, no es nada personal, pero tienes un aire muy... peculiar. Es como si tus escamas fueran un reflejo de alguna criatura antigua. ¿Sabes? Esas que se encuentran en la selva, con esos ojos penetrantes. Aye, casi me da la sensación de estar mirando una de esas serpientes.

Dan Kinro hablaba con tono amigable pero era obvio que su sinceridad podría ser considera incómoda, pese a hablar sin ninguna intención de ser grosera, pero más bien intrigada por la rareza de la figura frente a ella.

El hombre no respondió de inmediato, pero Dan no esperaba que lo hiciera. A veces, las personas eran tan difíciles de leer... La forma social no era lo suyo.

Sin embargo, continuó observándolo con curiosidad.

Nae me malinterpretes, me recuerdas a las serpientes de Amazon Lily, pero de una forma que lo hace más... místico, más imponente.

Dan se cruzó de brazos mientras lo observaba más de cerca. La condenada cría no podía callarse.

Lo siento, ¿me permites preguntarte algo más? Tu piel, las escamas, ¿es algo que has tenido siempre o... es algo más de tu historia?

La joven espadachín continuó, con su voz llena de fascinación. Aunque su tono era ligero, había una evidente fascinación por el extraño ser delante de ella. En su mente, las posibilidades eran infinitas, y siempre le había gustado descubrir más sobre las personas que consideraba... especiales.

Oye, oye, te lo digo en serio, si tú fueras una de esas guardianas de la selva, me vería perfectamente buscando a alguien como tú para intercambiar historias. Son tan enigmáticas esas criaturas, dijo mientras sus ojos brillaban con esa chispa que siempre tenía cuando algo le parecía interesante. Son muy poderosas.

Con una última mirada curiosa hacia el hombre escamoso, Dan se dio media vuelta, dispuesta a continuar su jornada. Sin embargo, no pudo evitar sonreír de nuevo, como siempre lo hacía cuando encontraba algo que despertaba su interés.

Antes de retirarse, añadió de forma irónica al silencio.

Aye, bueno, sigues siendo raro... pero no me molestes mucho, ¿eh?

 Su mente ya se encontraba en otro lugar, lista para seguir adelante con las cosas que tenía que hacer. Pero sabía que siempre volvería a pensar en esa peculiar figura.

¿Quién sabía qué secretos ocultos podía tener alguien tan misterioso?
#1
Ares Brotoloigos
Se había levantado apenas con el alba. Todavía las tenues y tímidas luces del sol apenas iluminaban el horizonte, que Ares ya estaba preparándose para un día de trabajo. O de asueto, dependía mucho de cómo avanzasen las horas. Tras espabilarse y asearse un poco, se había vestido con sus ropas de colores habituales que destacaban entre el resto de uniformes de la Marina. Le habían permitido el cambio de color, aunque le habían obligado a llevar esa estúpida gorra cada vez que le tocaba patrullar por algún lado. Podía ser peor, aunque había refunfuñado en su día. Fuese como fuese, se había levantado de buen humor ese día.

El desayuno lo dejaría para después, todavía era demasiado temprano y, de momento, prefería ir a quemar un poco de adrenalina en el patio, antes de q u ecomenzasen a repartir las asignaciones a cada uno. Solamente se hizo con su arma predilecta antes de abandonar la habitación que, de momento, no tenía que compartir con nadie. Eso, de momento, era una ventaja. No tenía que aguantar compañeros pesados o que le tocasen mucho el hocico. Tras cerrar la puerta tras de sí, Ares comenzó a caminar tranquilamente por los pasillos. Algunos otros reclutas le saludaban, a lo que él respondía el saludo con un breve asentimiento, antes de continuar. Otros, en cambio, se le quedaban mirando. Era molesto cuando le pillaban de mal humor, así que ahora podían darse por afortunados.

Los ojos rojizos del diablos se entornaron apenas cuando, a medida que se dirigía hacia el patio principal, la claridad era más consistente. Y se fue a su esquina habitual, donde sabía que nadie le molestaría. O eso creía él.

Estaba terminando de pulir las nudilleras que solía utilizar para las peleas y entrenamientos, cuando una vocecita femenina sonó demasiado cerca de él. Ares bajó la mirada, debido a la diferencia de alturas.

¿Una... serpiente? — Enarcaría ambas protuberancias óseas a modo de cejas, y adornadas por entre dos y tres piercing en forma de aro. Vale, nadie se había atrevido a decirle eso directamente, a la cara.

Mucho menos una mujer y con tanta naturalidad y descaro. Era verdad que su apariencia escamosa llamaba la atención, siempre había sido consciente de ello. Para bien o para mal. Pero de ahí a tener a una fémina mirándole como si fuese lo más exótico que había visto en tiempo, era diferente. Ares aprovechó también ese momento para mirarla de arriba a abajo, analizándola de manera concienzuda.

Me temo que no he visto esas serpientes que dices. ¿Amazon Lily? — Le quería sonar ese nombre. No había estado en dicho lugar pero sí había oído habladurías. Sobre todo entre los reclutas masculinos. — ¿No es esa isla repleta de mujeres en algún lugar del océano?

Había un atisbo de curiosidad en los carmesíes que continuaban fijos en la peculiar muchacha. Era bastante alta en comparación al resto de mujeres que había visto hasta ahora. Aunque seguía siendo algo baja para él. Y era la primera que había tenido el descaro o atrevimiento de ir a hablarle de esa manera. No de forma ofensiva, sino más bien sin pelos en la lengua.

Eso le hizo parcialmente gracia, por lo que esbozó una media sonrisa ligera, entretenido, mientras ella no dejaba de parlotear. ¿Tendría algún tipo de pausa para ello?

Quizás no deberías mirar tan fijamente, a lo mejor esta serpiente te tiene que terminar arrancando los ojos y comérselos. — Lo había dicho en broma, al menos en el contexto y la situación en la que se encontraba ahora. Pero de haber sido otra persona y otra la situación, tales palabras serían más bien un hecho.

Mientras la muchacha hablaba, Ares aprovechó para ajustarse ligeramente las nudilleras en una de sus garras, comprobando que estuviesen bien acomodadas y a punto para empezar el entrenamiento que tenía pensado hacer.

Pero no te culpo, supongo que no hay muchos de mi especie por ahí perdidos. — En realidad no lo sabía y le daba reverendamente igual. — A ti parece que te han metido en lejía por lo descolorida que pareces.

Y se lo dijo así, tan ancho, refiriéndose tanto a la palidez de piel de la chica y de su cabello blanco, Casi muy similar al de las escamas de él.

En cuanto a mis escamas... He nacido con ellas. Aunque si quieres compartir historias, ¿no crees que es muy temprano para ello? Eso suele hacerse de dos formas. — O, al menos, las que a él más le gustaban. — O con una buena bebida delante, en la taberna de la ciudad...

Lentamente su sonrisa se hizo un poco más divertida, casi afilada, mientras su mirada rojiza se entrecruzaba, ahora, con la ámbar de la muchacha.

… O en un buen entrenamiento a puños. — No sería una mala idea para empezar el día. Y un muy buen calentamiento.

Fuese como fuese, la chica terminó con toda su perorata llamándole raro. A él se le escapó una ligera risa gutural por el atrevimiento.

No es que tú seas menos rara, conste. — Le dijo, cuando ella parecía ya en otro mundo. O con la cabeza en otras cosas.

El diablos de albas escamas se encogió de hombros, antes de volverse para comenzar a calentar. El primer puñetazo hacia el muñeco de entrenamiento, cubierto totalmente de sacos de arena, hizo vibrar al maniquí de forma considerable.

Al menos la mañana había empezado de forma interesante.
#2
Dan Kinro
[...]
¡Kiririri~! ¡Mira a este! — soltó Dan con una carcajada ligera al escuchar la amenaza entre bromista y seria del hombre lagarto.

Dio un par de pasos hacia atrás, colocando las manos en la cintura, como si quisiera retarlo desde su postura. Su mirada ámbar no se apartaba de aquellos ojos rojizos que la observaban con una intensidad que, lejos de intimidarla, la divertía.

¿Arrancarme los ojos? Aye, que fuerte eres. Pero si quieres intentarlo... ¡Espero que tengas buenos reflejos! No me los saco así de fácil, ¿sabes?

La joven espadachina no era de las que se amedrentaban. Si algo había aprendido en los años que llevaba en la Marina, era que no servía de nada achicarse ante figuras imponentes. Especialmente si eran tan interesantes como este Ares, con su piel escamosa y esa sonrisa afilada que parecía estar siempre a punto de mostrar colmillos.

Además, le gustaban los reptiles, pero eso no se lo diría nunca.

Nae, pero en serio, tienes un aire. Si no has visto las serpientes de Amazon Lily, te estás perdiendo de algo. Son tan impresionantes como tú. Aunque creo que tú podrías darles competencia en un concurso de intimidación.

Dan ladeó la cabeza, pensativa, mientras escuchaba lo que Ares decía sobre su propia rareza. Le resultaba interesante cómo había tomado el comentario con tanta calma, incluso devolviendo la pulla con un tono mordaz que arrancó otra sonrisa de sus labios.

¿Descolorida? ¡Oh, vamos! — exclamó, llevándose una mano al pecho como si estuviera ofendida, pero sus ojos brillaban de pura diversión, era sincera hasta sin quererlo. — Esto es natural, hombre. No todos podemos tener esa... ¿cómo decirlo? Esa piel brillante como si te hubieses caído en un barril de perlas. Además, la palidez tiene su encanto, ¿no crees?

Con un movimiento rápido, Dan desenvainó su espada, haciéndola girar entre sus dedos antes de apuntar con la punta hacia Ares.

Mi nombre es Dan Kinro. Compartir historias con una bebida suena bien, pero nada mejor que medir fuerzas para empezar el día. ¿No crees?

La Marine bajó la espada, apoyando la punta contra el suelo, mientras mantenía la mirada fija en Ares con una sonrisa inocente, dejando caer el peso de su cuerpo hacia un lado mientras adoptaba una pose relajada.

Te propongo algo: una pequeña pelea amistosa. Un intercambio, como quien dice, pero en lugar de palabras, con golpes. Tú con esas nudilleras tan elegantes, y yo con esta belleza.

Dan elevó su Onidachi cerca de su pecho, mostrando el filo afilado y pulido que parecía haber sido cuidado con autentica devoción. Luego, agregó con una sonrisa socarrona:

Aunque si prefieres no arriesgar tus escamas, puedo entenderlo. No todos están listos para enfrentarse a Dan Kinro a primera hora de la mañana.

Si él aceptaba, sería una mañana interesante. Si no, bueno, aún podía entretenerse observando cómo entrenaba.
#3
Ares Brotoloigos
Personaje


Hasta que por fin se había encontrado con alguien interesante en todo ese nido de viejos aburridos. Bueno, no tanto de viejos, pero sí la mayoría eran aburridos. Pocos se le atrevían incluso a hablarle. Ya fuese por una cosa o por la otra. La mirada de Ares se fue posando en la muchacha. Tenía agachas, y tenía seguridad en sí misma, eso le gustaba. Además de que no había tenido ningún tipo de reparo en decirle lo que pensaba a la cara.

Quizás tengas que llevarme un día a ver esas serpientes. Aunque he escuchado que no permiten la entrada de hombres a esa isla. — No sabía leer, pero estaba bien enterado de los cotilleos, le gustase o no le gustase.

El intercambio de pullas le había hecho gracia. No se había sentido ofendido por esa comparativa hacia su raza. Al fin y al cabo, se había criado con su madre, por llamarlo de alguna manera, y ella era humana. No había conocido a su padre y, la verdad, es que a estas alturas le daba reverendamente igual. Pero sí que le gustaba devolver las pullas, aunque fuese de manera sana o para divertirse. Incluso para provocar al otro si era necesario. Por eso, también le resultó interesante el como la chica se había tomado el que Ares se las hubiese devuelto.

Debo decir que es todo un placer, Dan. — No solía decir tales palabras a menudo, pero ya fuese por las agallas o por la actitud de la chica, lo decía de manera sincera. — Mi nombre es Ares Brotoloigos. Ares es más corto. — Sonrió con un aire divertido, mostrando aquellos dientes afilados. Aunque esta vez sin resultar amenazante.

Pero la mirada del diablos cambió a una de tremendo interés cuando ella aceptó su propuesta de un entrenamiento. Y no solo a puños. El brillo del filo de aquella espada le cautivó durante unos instantes.

Efectivamente, es una belleza. — Él no era mucho de armas de filo o cortantes, pero sabía reconocer cuando una forja era buena, aunque no entendiese mucho de eso. Y se veía bien cuidada. — Hagamos un trato.

Le hizo un gesto, acto seguido, para que le siguiese. No tenía ganas de que le molestasen o les interrumpiesen, así que comenzó a caminar hacia una de las esquinas más alejadas del campo de entrenamiento. Mientras caminaba hacia dicho lugar, continuó con su propuesta.

El que gane, invita al otro a unos tragos. — Era su pequeña apuesta. Un pequeño divertimento añadido al que ya iban a tener. — Pero te advierto que no me dejo ganar tan fácilmente. — Era orgulloso en ese aspecto. Y, reconocía, que a veces hasta se le iba un poco la cabeza al respecto.

Una vez llegó a la zona que él consideró adecuada, comenzó a hacer unos tranquilos estiramientos de brazos. Un pequeño calentamiento para los músculos antes de comenzar y, acto seguido, se puso las nudilleras que resaltaban el dorado en contraste con sus escamas más blanquecinas.


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#4
Dan Kinro
[...]
Dan Kinro no era de las que hacían las cosas a medias, y cuando Ares propuso ese duelo amistoso, sintió que la oportunidad de medir fuerzas con alguien interesante valía la pena. No todos los días se encontraba a un oponente con semejante porte y actitud.

La marine observaba con detenimiento cómo el hombre lagarto ajustaba sus nudilleras, su piel escamosa brillando bajo la luz tenue del sol que atravesaba las nubes dispersas. Por un momento, la joven espadachina dejó escapar un silbido suave, claramente impresionada.

Aye, Ares, no puedo mentir: esas nudilleras tienen más estilo que algunos piratas que he arrestado. ¿Son de oro de verdad o solo para fardar? 

La joven marine bromeó, inclinándose hacia un lado mientras jugaba con la funda de su Onidachi, asegurándose de que la espada estuviera bien encajada.

El hombre lagarto respondió con una leve sonrisa, pero Dan no perdió tiempo en seguir hablando. Si había algo que sabía hacer, además de blandir una espada, era llenar el aire de palabras y comentarios.

Aunque te digo, tener tanto estilo no te salvará si decides dejarte ganar, ¿naeee? Porque tengo un sexto sentido para esas cosas.

Añadió con una sonrisa burlona, mientras comenzaba a dar vueltas alrededor del área que habían elegido para el combate.

El lugar era perfecto. Una esquina alejada del campo de entrenamiento principal, donde no había demasiados ojos curiosos. A la chica no le gustaba mostrar todo su repertorio frente a multitudes; prefería dejar un poco de misterio en sus habilidades. Además, aquí podía concentrarse sin interrupciones.

Se detuvo de repente, plantándose frente a Ares, con una mano en la cadera y la otra sosteniendo su Onidachi. La luz reflejaba el filo con un destello casi hipnótico.

Bueno, escamas, antes de que empecemos, tengo algunas preguntas importantes. — Dijo, levantando un dedo como si estuviera a punto de impartir una lección. — Primero, ¿esas escamas son de adorno o sirven para algo más? Porque si son tan resistentes como parecen, voy a necesitar poner a prueba este filo. Y segundo…

Se inclinó hacia adelante, como si fuera a confiarle un secreto.

¿Te vas a enfadar si te llamo “lagartija” cuando te gane?

El brillo en sus ojos ámbar era inconfundible. Dan estaba disfrutando del momento, no porque quisiera menospreciar a Ares, sino porque la idea de enfrentarse a alguien con una presencia tan imponente le resultaba emocionante. No todos los días encontraba a alguien que parecía tan preparado para devolver cada golpe, tanto físico como verbal.

Nae, pero en serio, escúchame. Las reglas son simples, nada de ir a por la cara. — Dijo, haciendo un gesto hacia su rostro. — Este es mi dinero para las tabernas. Si me desfiguras, ¿cómo esperas que nos inviten a copas? Además, tampoco voy a cortarte nada importante. Bueno, intentaré no hacerlo, al menos.

La joven marine comenzó a moverse, dando pequeños saltos en el lugar para calentar los músculos. Su espada seguía girando en su mano, el filo trazando arcos en el aire que parecían casi artísticos.

Y otra cosa, nada de usar esos colmillos, ¿entendido? Si intentas morderme, voy a empezar a pensar que me tienes demasiada confianza, y créeme, no querrás que piense eso. — añadió con una sonrisa traviesa.

La humana de la tribu Kuja continuó moviéndose, ahora estirando los brazos y rotando los hombros. Cada movimiento era un recordatorio de que, aunque a veces actuara como una bromista sin remedio, se tomaba en serio sus combates. Era una espadachina, después de todo, y la espada que llevaba era más que una simple herramienta; era una extensión de ella misma.

Finalmente, se detuvo, plantándose firmemente en el suelo con los pies bien separados. Su postura era relajada, pero cualquiera que la conociera sabría que estaba lista para reaccionar en cualquier momento.

Bueno, ya está. Me he cansado de hablar… por ahora. — Dijo, levantando la Onidachi frente a ella en un gesto de desafío. — ¿Listo para empezar, Ares? O, como prefieras, podemos pasar el rato charlando sobre quién tiene más estilo. Aunque te advierto, en eso también gano.

Dan Kinro dejó que sus palabras quedaran a expensas en el aire mientras esperaba la respuesta de su oponente. Pero incluso mientras hablaba, sus ojos seguían atentos a cada movimiento de Ares, como si estuviera estudiando sus patrones antes de que el primer golpe fuera lanzado.

Era su forma de enfrentarse al mundo: con humor, confianza y una pizca de descaro. ¿Qué mejor manera de empezar un día que con un duelo amistoso que prometía ser tan divertido como emocionante?

Dan Kinro continuaba en su postura relajada, pero con cada segundo que pasaba, sus músculos se tensaban ligeramente, como si su cuerpo anticipara el primer movimiento. Sabía que Ares no era alguien con quien pudiera tomarse demasiadas libertades, pero precisamente por eso el encuentro le emocionaba tanto.

Por cierto, ¿tienes alguna canción de victoria preparada? — preguntó, inclinando la cabeza con curiosidad. — Porque yo tengo un par en mente. Algo movido, ya sabes, para celebrar mi triunfo. Aunque también puedo buscar una de consolación para ti.

La kuja giró sobre sus talones, estirando su cuello y flexionando sus piernas en un movimiento ágil que dejó clara su preparación. La Onidachi reflejaba los rayos del sol, haciendo que destellos aleatorios iluminaran el lugar.

No te lo tomes a mal, Ares, pero voy a disfrutar mucho esto.

El viento se levantó levemente, moviendo los mechones de su cabello blanco como si la naturaleza misma estuviera preparándose para el choque. Dan tomó aire profundamente, llenando sus pulmones de oxígeno, y luego lo soltó con una sonrisa amplia.

¿Sabes qué es lo mejor de esto? añadió, sin apartar la mirada de su oponente.Que aunque perdamos tiempo aquí, al menos no estamos sin trabajo.

Era cierto, Dan no era de las que podían quedarse mucho tiempo en un lugar aburrido o desagradable. Necesitaba acción, movimiento, algo que mantuviera su mente activa y su espíritu encendido. Y aunque a veces su actitud la metía en problemas, sabía que también era lo que la hacía destacar.

Finalmente, levantó la Onidachi con ambas manos, sosteniéndola firmemente pero con una gracia que solo alguien que había entrenado durante años podía mostrar. El peso de la espada parecía insignificante en sus manos, como si estuviera hecha para ella.

Ares Brotoloigos, voy a recordarte este día como el día en que te enfrentaste a Dan Kinro… y tuviste que invitarme a un trago después. ¡Aye!

La sonrisa que acompañó esas palabras era amplia, confiada y llena de esa chispa que hacía de Dan alguien imposible de ignorar. Era sincera, descarada y lista para todo.
Finalmente, inclinó levemente la cabeza, dándole a Ares una señal de que estaba lista para lo que venía.

Bueno, venga, escamas. Haz tu mejor jugada. Pero recuerda, no hay segundas oportunidades si te quedas atrás.
#5
Ares Brotoloigos
No podía decirle que no a un duelo. Pero también conocía un poquito a Dan como para saber que la chica no se resistiría. Era mucho más menuda que él, y la diferencia de complexión entre ambos era muy obvia. Pero lo que le faltaba de estatura a ella, lo compensaba con un carácter que a él le hacía gracia.

Cuando ambos llegaron al lugar que el escamoso había elegido, apartado de la zona de entrenamiento más bulliciosa y se puso las nudilleras, no pudo evitar sonreír de medio lado ante la mención de la fémina con respecto a sus enseres de combate.

¿Te gustan? Te dejaría probarlos, pero creo que son demasiado grandes para unas manos tan pequeñitas como las tuyas. — La sonrisa que se le dibujó, provocadora y afilada, evidenciaban en parte la camaradería con la contraria.

Ares no solía confiar de buenas a primeras en nadie, ni siquiera cuando había conocido días atrás a la chica de pelo blanco. Pero ésta tenía un carácter que le agradaba, o que le hacía gracia, más bien. La contempló en silencio durante un par de segundos, dejando que ella pareciese deleitarse en la forma o el color de sus escamas. ¿Dejarse ganar? No, eso no iba con él, definitivamente. Ni aunque su contrincante fuese una mujer. Era orgulloso en ese sentido. Y terriblemente impulsivo. Un reto era un reto, y no se iba a echar atrás de ninguna manera.

Aunque... Quizás visto de otro modo.

Dan le apuntó, entonces, con su Onidachi. Era una buena espada, de eso no cabía duda. Él no era un experto armero, ni siquiera era herrero. Pero al menos sí sabía reconocer cuando estaba delante de un buen arma. Los ojos rojizos del diablos se posaron en el filo, dejando que éste reflejase la luz del sol que incidía sobre dicho metal. Nunca antes había empuñado una espada. Bueno, sí, en contraataques y cuando era necesario, pero de forma muy burda y rudimentaria. No de manera seria. Él era más efectivo en el cuerpo a cuerpo, con sus garras y puños.

¿De verdad quieres saberlo? Son resistentes. — No tanto como un escudo de metal, pero cumplían su función. — De todas maneras, eso es mejor que lo compruebes por tí misma. — Y él quería comprabar si ella era tan buena con la espada como se pavoneaba.

Ante el apodo, la sonrisa del diablos se amplió, mostrando los dientes afilados. Incluso una carcajada algo gruesa se le escapó. El movimiento rítmico, entretenido, de su cola, evidenciaba que se lo estaba pasando bien. Que la situación le entretenía lo suficiente.

Porque de ser otro el que le llamase “lagartijo”, seguramente ya estaría con cinco dedos de menos, por ser amable.

¿Y quien dijo que me ibas a ganar? Te ganaré yo y te llamaré “Danonina”. — Había un ápice de burla en sus palabras, pero también un deje de respeto e interés. No todos, en aquel cuartel, se atrevían demasiado a intentar entrenar con él. No los reclutas o los más novatos, al menos. Y, los superiores... Bueno, estaban ocupados en otros asuntos más importantes, las cosas como eran.

Ares se relamió, dejando entrever parte de aquella lengua con un tono violáceo apagado, antes de contemplar a Dan, desde su privilegiada altura, con más interés. Una risita nueva se le escapó ante la condición.

¿La cara? Bueno, tienes razón. Hay que aprovechar esa cara bonita para sacar unas cuantas copas gratis. — No la menospreciaba, sino totalmente al contrario. Hacían falta más mujeres (y hombres) con carácter en la Marina.

Contempló luego los movimientos acrobáticos y naturales, fluidos, de ella con el filo. Y, claro, no se pudo estar calladito.

¿Estás segura que sabes manejar eso? Yo creo que te iría mejor con una aguja de coser. — No, definitivamente era un bocazas. Y es que Dan tampoco le ayudaba con las provocaciones, aunque fuese solo con esa camaradería.

De repente, el lagarto se impulsó hacia delante, de una manera vertiginosa, pero se detuvo justo a esacasos centímetros de la chica. Su cuerpo la cubrió totalmente, imponente, mientras la sombra del diablos pareciese querer tragársela. Ares abrió las fauces, dejando ver la filosidad de sus dientes y la lengua salivante. Como si se la fuese a devorar ahí mismo.

¿Sabes qué acompaña bien a un trago? — La voz gutural del diablos resonó demasiado cerca del rostro de Dan. Eses ojos rojizos posándose en ella, eses dientes cerca, demasiado cerca, de la tierna carne del rostro. — Unos buenos y crujientes chicharrones.

Acto seguido, se le escapó una risa descarada y le revolvió el pelo a la chica. Tenía ganas de pelea, sí, pero los malditos cotillas les habían descubierto y ahora ya estaban contemplando todo el percal, entre susurros y comentarios varios. Le dió un par de palmaditas en la espalda a Dan, todavía inclinado hacia ella.

Yo te invito esta vez, pero porque estes han venido a tocar las narices. No te acostumbres. — Acto seguido, se alzó en toda su estatura.

Se giró y su mueca volvió a mostrarse seria, volviéndose ante el grupito de cuatro o seis que se había arremolinado allí.

¿¡Y vosotros qué miráis!? ¿No tenéis otras cosas que hacer? ¡Largo si no queréis que me haga un aperitivo con vuestras manos! — Bramó, de mala leche hacia ellos.

Los pobres no tardaron en poner los pies en polvorosa. Ares siempre amenazaba con eso pero nunca se lo habían visto hacer. Lo de arrancar miembros a mordiscos. Lo había hecho, sí, pero no con gente de la Marina.

Por ahora.
#6


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