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Silver D. Syxel
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04-12-2024, 01:28 AM
Isla Ginebra Blues, Tequila Wolf
Día 48, Verano del año 724
El calor del verano se sentía opresivo incluso bajo la sombra de los altos edificios de Ginebra Blues. Las calles adoquinadas vibraban con la actividad típica de un puerto bullicioso: gritos de mercaderes, el crujir de carros cargados de mercancías y el constante ir y venir de los trabajadores locales. Sin embargo, Camille Montpellier, que allí se encontraba con su uniforme de la Marina y su imponente figura, podía notar que algo no encajaba.
Había llegado esa mañana como parte de su misión con la Brigada L-42, pero por algún motivo, decidió separarse de sus peculiares compañeros y actuar por su cuenta —y no puedo culparla—. Un mal presentimiento le había rondado desde que pisó la isla. La tensión en el aire no era la típica de un puerto ocupado, sino algo más profundo, casi oculto. Los lugareños parecían nerviosos, con miradas esquivas y voces apagadas cuando pensaban que nadie les escuchaba.
En el muelle principal, un grupo de estibadores discutía en voz baja mientras descargaban cajas de un barco atracado. La alférez notó cómo uno de ellos la miraba de reojo antes de murmurar algo a su compañero. Más allá, una taberna resonaba con las carcajadas de unos hombres visiblemente ebrios. Frente a la taberna, un hombre delgado con un sombrero deshilachado parecía estar esperando a alguien, tamborileando los dedos contra la empuñadura de una daga.
El calor y la actividad se combinaban para formar una atmósfera cargada, como si algo estuviera a punto de suceder. No sabrías decir muy bien el qué, pero definitivamente, algo ocurría en Tequila Wolf.
Mientras observaba, la oni escuchó un fragmento de conversación que captó su atención. Provenía de dos pescadores que arreglaban sus redes junto al muelle:
—Te digo que va a ser esta noche... —murmuró uno, con un tono nervioso.
—¿Y qué quieres que haga? Si nos metemos, acabaremos muertos. Mejor hacer como que no sabemos nada —respondió el otro, mirando a su alrededor con evidente paranoia.
Por un momento, los dos hombres callaron cuando uno de ellos notó la imponente presencia de la marine cerca. Cambiaron de tema con rapidez, hablando en voz alta sobre la calidad del pescado ese verano.
A pocos metros, la taberna parecía más ruidosa de lo normal. Desde dentro salían fragmentos de una canción marinera entonada con una variedad de voces roncas. Sin embargo, un vistazo rápido a través de las ventanas revelaría que no todos estaban allí para beber y cantar. Un par de figuras en mesas separadas intercambiaban miradas, como si estuvieran esperando una señal. Montpellier, de fijarse en ellos, podría reconocer la actitud: hombres que no querían llamar la atención, pero que claramente estaban involucrados en algo más que simplemente pasar el rato.
El hombre del sombrero deshilachado frente a la taberna seguía moviéndose con inquietud. Sus ojos se posaron brevemente en ella antes de apartarse rápidamente, pero no antes de que Camille notara el brillo de sudor en su frente. Estaba claramente nervioso.
Información
La situación en la isla tiene un aire inusual. Las calles parecen estar llenas de movimiento, pero bajo esa capa de actividad cotidiana hay algo que no encaja del todo: miradas nerviosas, susurros apagados y una sensación de que la calma es solo una fachada.
Los pescadores junto al muelle intercambian palabras en voz baja, pero callan en cuanto notan tu presencia. ¿Qué les preocupa tanto como para cambiar de tema tan bruscamente? La taberna, por otro lado, vibra con un ruido diferente al que uno esperaría. Entre las canciones marineras y las risas hay figuras que parecen más atentas a su entorno que a sus jarras. Quizá lo que ocurre dentro de esas paredes pueda darte alguna respuesta... Y luego está ese hombre junto a la entrada, moviendo nervioso los dedos contra su daga. Sus ojos no dejan de moverse, como si esperara algo o a alguien. Su actitud inquieta es llamativa, eso desde luego.
En resumen, te encuentras en un lugar cargado de posibilidades. ¿Hacia dónde dirigirás tu atención? La elección es tuya, por supuesto. Pero escojas lo que escojas, puedes asumir que habrá consecuencias (aunque algunas te gustarían más que otras).
Te diría que te pongas cómoda y disfrutes del viaje... pero esta no será una de esas aventuras. Recuerda incluir en tu primer mensaje los atributos, virtudes, defectos, inventario y cualquier información relevante de Camille para la narración y los próximos eventos. ¡Buena suerte!
Honorable
209 Reputación
Perfil
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Camille Montpellier
El Bastión de Rostock
04-12-2024, 10:31 PM
(Última modificación: 04-12-2024, 10:34 PM por Camille Montpellier.
Razón: Añadidas Virtudes y Defectos
)
Personaje
Estadísticas de Camille Montpellier:
70 FUE | 30 RES | 70 DES | 10 PUN | 10 AGI | 70 REF | 45 VOL | 0 CA
Vitalidad: 1125
Energía: 570
Haki: 285
Nivel: 12
(+150 Energía por Salteado de Pollo)
¿He dicho alguna vez lo mucho que Camille odiaba y odia el verano? Aquel era uno de esos días en los que esta aversión hacia el estío se intensificaba hasta límites que nadie más llegaría a plantearse. Nunca había sabido definir bien la causa pero, fuera cual fuera el motivo, era un hecho que su cuerpo no era capaz de lidiar con las altas temperaturas. Le ocurría desde pequeñita —si es que puede considerarse que alguna vez lo fue—, sufriendo dolorosas e incómodas quemaduras, pasándose los meses de la estación como una ameba buscando algo de fresco por los rincones del cuartel. Con los años, más que mejorar, su deficiente tolerancia parecía haber ido a peor. Y, para colmo, no pudo refugiarse bajo la cubierta de su nave porque era la navegante de su brigada.
Adoraba las travesías por mar; portar los mapas, coger el timón y lanzarse al eterno azul podría haberse convertido en un estilo de vida soñado para ella, de modo que aprovechaba la menor oportunidad para ponerse a los mandos e ir donde se requiriera. La experiencia resultaba incluso más gratificante cuando tenía la oportunidad de pilotar navíos como ese, el cual había sido fabricado por nada más y nada menos que Octo. El escualo, aunque pudiera no parecerlo a simple vista, tenía mano para muchas más cosas que los golpes y la violencia. No solo entendía el trato que debía darle a cada pieza de madera que componía una embarcación, sino que era capaz de llevar a cabo diseños a la altura de los mejores astilleros del East Blue. Sin duda, contar con él era una suerte. Contar con todos, en realidad.
Apenas llevaban juntos un mes, pero en ese tiempo habían aprendido a compenetrarse a la perfección con sus compañeros y a suplir las carencias de los demás, si es que las tenían. Bueno, el memo de Takahiro tenía muchas, pero no podía negar que se había ganado su posición en la Marina de pleno derecho. Claro que nunca diría eso en voz alta.
Habían llegado hasta Tequila Wolf por la mañana, concretamente a la isla de Ginebra Blues, siguiendo la sospecha de que allí podrían cobrarse su tan ansiada revancha tras la destrucción del ala este del G-31. No tenían muy claro aún qué relacionaba al hombre de la gabardina con aquel archipiélago, pero estaba segura de que lo averiguarían pronto. Sin embargo, al poco de haber atracado, Camille empezó a notar que algo no encajaba. El ambiente de la isla se notaba cargado y viciado, como si una tensión invisible se hubiera instalado en el aire. Como si todos los allí presentes estuvieran inquietos por algo. Su presencia y sus uniformes no ayudaban, aunque tampoco hubo forma de ocultar su llegada. ¿Por qué hacerlo? Lo que menos esperaban era toparse con un entorno así de hostil, aunque fuera una sensación velada. Aun así, habían llegado allí con un objetivo y la oni sentía que no podía pedirle a sus compañeros que aplazaran sus intenciones. No sería justo ni prudente: no sabían si volverían a tener una oportunidad como ella. Por ello, decidió aventurarse por su cuenta y tratar de averiguar cuál era la situación en la isla, dejando que el resto del equipo se ocupara de la tarea principal. Se unió a ellos en el almuerzo, devorando con ganas la deliciosa comida que Masao —no dejaba de sorprenderle— era capaz de elaborar. Casi sentía cómo se revitalizaba con cada bocado. Una vez concluyó e informó de sus intenciones, salió del barco y se puso a deambular por los muelles.
Camille Montpellier ha consumido Salteado de Pollo. Cantidad restante: 0
Eso sí, había decidido tomar algunas medidas para lidiar con el calor. Llevaba la gorra puesta, aunque del revés por culpa de sus afilados cuernos que no le dejaban beneficiarse de la visera. Su chaqueta ahora se encontraba atada a la altura de la cintura, usando las mangas para el nudo y llevándola a modo de corta capa inferior. Con su camisa había hecho otro nudo, convirtiéndola en una suerte de top, todo con la esperanza de refrescarse un poco para sobrellevar mejor aquella puñetera estación, sin muchas esperanzas.
Pudo ver y oír diversas cosas durante sus primeros paseos, y no le pasó desapercibido que muchos rehuían su mirada o procuraban no llamar su atención cuando pasaba cerca. Sospechoso, pero aún más preocupante. Dudaba que todo un puerto estuviera involucrado en lo que fuera que ocurriera allí, pero estaba claro que los únicos que parecían no haberse enterado de nada eran los marines. Eso le preocupó un poco: si los propios civiles estaban al tanto, la situación podía ser lo suficientemente peliaguda como para que corrieran peligro, algo que ciertos comentarios parecieron confirmarle. La taberna se planteaba como una opción jugosa; ¿Dónde mejor que en un lugar como ese podría enterarse de las cosas? Pero lo cierto es que, a la vez, sonaba demasiado presuntuoso pretender entrar allí, toda uniformada, y esperar que la gente soltara prenda en su presencia.
Sus pasos condujeron a la oni con calma hacia el duo de pescadores, a quienes se acercó con gesto tranquilo y expresión amable. Les dedicó una leve sonrisa.
—¡Eso he oído! —Comentó alegremente ante el comentario de la pesca—. Dicen que últimamente las capturas están yendo bastante bien y que hay buenos ejemplares. Espero que les esté yendo estupendamente esta estación —añadió, acercándose un poco más y observando con fingida curiosidad las redes con las que trabajaban—. Supongo que si quiero averiguarlo por mí misma, nadie mejor que unos hombres de mar para darme indicaciones. ¿Les importaría? —Poco a poco, mientras había ido hablando, su tono se había suavizado. No susurraba, pero había dejado de alzar la voz para mantener una conversación serena, una que no pudiera ser oída sin acercarse adrede—. Dicen que las mejores pescas se hacen de noche, pero no querría que se pusieran en peligro por mostrármelo. ¿Creen que podrían recomendarme a alguien?
Sutil. Camille aprendió por las malas que, cuando tu apariencia no ayuda a moverte discretamente, debes aprender a camuflar tus acciones con palabras delicadas y rodeos dialécticos. Su actitud en todo momento había sido tranquila, pero sus ojos transmitían algo diferente. Una cierta preocupación cargada de interés y empatía. Un deseo por evitar lo que fuera que estuviera poniendo en peligro a otros como ellos.
De vez en cuando echaba un vistazo hacia la taberna, intentando no perder de vista al tipo del sombrero, pendiente de quien pueda entrar o salir.
Resumen
Tras una breve introducción al odio de Cami hacia el verano y a su amor por la navegación, la oni se da cuenta de que algo no va del todo bien allí. Se percata de las diferentes miradas y comentarios, y hasta plantea la posibilidad de dirigirse directamente a la taberna a intentar recabar información. Sin embargo, termina por descartar esa vía al pensar que su presencia sería demasiado disruptora como para que nadie soltase prenda, más teniendo en cuenta el tipo de gente que hay por ahí. Decide acercarse a charlar de manera aparentemente inocente con los pescadores, preguntándoles respecto a eso que va a pasar esta noche, pero camuflándolo tras una conversación sobre la temporada de pesca y comer pescado.
Inventario
Espacio total: Base (5) + 8 (Mochila T2) + 3 (Armadura T3) = 16 espacios.
• Mochila T2 → 1 Espacio.
• Armadura T3 → 1 Espacio.
• Den den mushi pequeño → 1 Espacio.
• Alissia (Filo Grande T4) → 3 Espacios.
• Píldora T3 → 1 Espacio.
Ocupado: 7/16.
Estado
(+150 MAX por Salteado de Pollo)
Virtudes a tener en cuenta: Fortaleza al Frío, Intimidante, Orientación, Sentidos Aumentados (Vista).
Defectos a tener en cuenta: Alergia 1 (Aguacate), Bocazas, Debilidad al Calor, Fobia 1 (Sucesos paranormales), Héroe, Lealtad.
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Silver D. Syxel
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09-12-2024, 03:13 AM
El pescador más joven dejó de trabajar en las redes por un momento, echando una mirada cautelosa a su compañero antes de volver a centrarse en la oni. Sus manos seguían moviéndose de forma mecánica, pero los nudos que intentaba ajustar carecían de lógica, como si estuviera más concentrado en mantenerlas ocupadas que en el trabajo en sí. El sudor le recorría la frente, y aunque el calor del día era sofocante, Camille podía intuir que la causa era otra.
—Claro... sí, sí... está siendo un buen verano. Aunque extrañamente largo, ¿no crees? —dijo el joven, acompañando sus palabras con una sonrisa que no alcanzaba a disipar la rigidez en su rostro. Su tono intentaba sonar casual, pero había un temblor en su voz que traicionaba sus esfuerzos.
El pescador mayor carraspeó con fuerza, como para marcar el fin de la conversación antes de que comenzara. Se enderezó, dejando la red a un lado, y fijó su mirada en la marine. Sus manos permanecieron firmes, apoyadas en las caderas, en una postura que intentaba transmitir autoridad. Sin embargo, la experta vista de Camille no tardó en notar la tensión en su mandíbula y en los pequeños movimientos nerviosos de sus ojos. Había algo en esa situación que claramente lo incomodaba.
—Aquí nadie quiere problemas, señorita —dijo con un tono bajo pero cargado de firmeza—. Si busca pescado, el mercado está al otro lado del puerto. Si busca otra cosa... mejor que lo haga en otro sitio.
Aunque sus palabras no eran una amenaza, el mensaje era claro: no quería colaborar. Sin embargo, para alguien observador, era imposible ignorar la emoción oculta tras su aparente dureza. Miedo. No hacia ella, sino hacia algo que los pescadores no querían nombrar, algo que parecía latente bajo la rutina del puerto.
El joven, quizás menos diestro en el arte de disimular, bajó la mirada hacia sus manos ocupadas. Tras un momento de vacilación, murmuró lo suficiente como para que Camille pudiera escucharlo:
—Dicen que va a ser esta noche... lo que sea que vayan a hacer...
Antes de que pudiera continuar, el mayor reaccionó con un gesto brusco, interrumpiéndolo con un gruñido:
—¡Cállate ya, muchacho! —ordenó, con un tono más severo de lo necesario, antes de volverse de nuevo hacia Camille—. Mire, no queremos líos. Le sugiero que disfrute de su visita y deje que los de aquí se ocupen de sus cosas.
Había algo en la forma en que el pescador apartaba la mirada, como si su esfuerzo por cerrar la conversación fuera más una súplica que una advertencia. A su alrededor, el puerto seguía vibrando con la actividad habitual, pero la tensión en el aire era palpable, como una cuerda a punto de romperse.
Un ruido distante la distrajo momentáneamente. Desde la taberna, algo rompió la constante algarabía y luego, un breve silencio, tan fugaz como revelador. Aunque duró apenas un instante, fue suficiente para notar que el hombre del sombrero deshilachado había cambiado de postura. Ahora estaba inclinado ligeramente hacia delante, con la daga al alcance de su mano, observando la entrada de la taberna como si esperara a alguien.
A pesar de la inquietud que irradiaba el lugar, Camille aún tenía opciones. Los pescadores, aunque asustados, eran una fuente de información si lograba ganarse su confianza o presionarlos con el enfoque adecuado. Sin embargo, la actitud del hombre del sombrero y los murmullos apagados que parecían surgir de la taberna también eran señales difíciles de ignorar.
Definitivamente, algo estaba sucediendo en Ginebra Blues. O estaba a punto de suceder.
Información
La conversación con los pescadores ha revelado algunas piezas importantes: mencionan que algo ocurrirá esta noche, pero su miedo evidente los hace vacilar. Puedes intentar profundizar más con ellos, ya sea ganándote su confianza o presionándolos con un enfoque más directo.
Mientras tanto, el comportamiento del hombre del sombrero y la atmósfera de la taberna sugieren que el puerto esconde más de lo que parece a simple vista. La situación se presenta llena de posibilidades, y cada elección podría abrir nuevas puertas o cerrar otras. La decisión está en tus manos.
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Camille Montpellier
El Bastión de Rostock
13-12-2024, 01:12 PM
Por un momento, Camille se sintió aliviada cuando el más joven de la pareja de pescadores le siguió el juego de la conversación Mencionó el verano, uno aparentemente más largo de lo normal. Era cierto que aquella estación resultaba siempre demasiado larga para ella, pero dudaba que el muchacho quisiera referirse a eso. Sin embargo, no alcanzó a entender la sutileza de sus palabras, al menos no del todo. Estaba claro que quería decirle que algo no iba bien, o al menos no tan bien como pudiera parecer a simple vista. Fuera como fuese, no tuvo la oportunidad de indagar más al respecto.
El otro hombre, más entrado en años, se apresuró en cortar la charla para evitar que su compañero se fuera de la lengua; más de lo debido al menos. Se plantó con firmeza ante la oni, aunque sus palabras, lejos de sonar como una amenaza, se parecían más a una advertencia y a una súplica. No era la mejor analizando a los demás, pero hasta a ella se le hacía evidente que la pareja estaba lejos de tener algo que ver con lo que estuviera ocurriendo en Ginebra Blues. Vivían allí —presuntamente—, así que estaba claro que algo sabían, pero su papel distaba mucho de hacerles partícipes: tan solo eran observadores de lo que estaba por venir. El miedo y la inquietud dictaba sus palabras y acciones, y aunque por un lado parecían querer pedirle auxilio, su instinto de supervivencia y el miedo primaban por encima de la razón. No podía juzgarles. Si algo salía mal y se descubría que habían colaborado con la Marina, fuera por el motivo que fuese, quizá sus vidas y las de sus seres queridos corrieran peligro. El joven, aun así, no pudo evitar volver a confirmar lo que ya había escuchado: se estaba preparando algo para esa misma noche, así que debía actuar rápidamente si quería adelantarse a los acontecimientos.
Nuevamente el veterano lo mandó callar y le pidió —suplicó, más bien— a Camille que llevara sus asuntos a otra parte. Quizá, si les presionaba con más dureza, soltarían prenda. O tal vez tan solo consiguiera ponerlos en peligro. Observó a los dos hombres con una mezcla de resignación y empatía, dedicándoles una sonrisa comprensiva después.
—No quisiera meterles en apuros —terminó respondiendo la alférez, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia—. Seguro que tienen muchas otras cosas que hacer, así que no les robo más tiempo. —Bajó entonces el tono y les miró fijamente, con aquellos ojos carmesíes—. Pero si en algún momento necesitan ayuda, búsquenme. Sea por el motivo que sea. Tengan cuidado.
Se ajustó la gorra en un gesto que fue más una despedida que otra cosa y siguió su camino, paseando por el puerto y alejándose de los pescadores. No quería involucrar a civiles en todo eso, así que tendría que buscar otro hilo del que tirar. Y ese hilo parecía estar en la taberna. Se había producido un extraño silencio; fue apenas durante un instante, pero se mostró revelador para ella. Algo se estaba cociendo allí, quizá más relevante que lo que pudieran saber la pareja de pescadores... y aquel tipo del sombrero estaba cada vez más tenso, esperando a algo o a alguien. Alguien que debía encontrarse en el interior de la taberna. Todo su ser y las sensaciones que desprendía gritaban «peligro». La daga estaba muy cerca de su mano, lista para actuar de ser necesario, y Camille sintió la urgencia de intervenir. Si no lo hacía, era posible que ocurriera una desgracia ahí mismo.
Aceleró el paso, no de una forma evidentemente apurada pero sí lo suficiente como para intentar llegar antes de que ocurriera nada irreversible. De un momento a otro, se había plantado junto al hombre del sombrero, apoyándose con fingido sosiego en la pared a su lado y mirándole desde arriba.
—Buen día —saludó con voz tranquila, revisándole nuevamente de arriba abajo. Su mano no muy lejos de Alissia, la espada que Atlas había forjado para ella—. Qué calor, ¿verdad? Ojalá tener un sombrero como el tuyo, pero estos —se tocó un cuerno con la mano que no usaría en caso de tener que desenvainar la espada— no me dejan protegerme bien. Igual debería pillarme alguno con agujeros, no sé. —Siguió analizando al hombre, interpuesta entre la entrada de la taberna y él. Su tono se volvió mucho más severo y neutro al volver a hablar. También más bajo, lo que de alguna forma hizo que sonase más amenazante—. Igual deberías tener cuidado con eso —observando la daga—, no vayas a hacerte daño. ¿Qué tal si nos calmamos antes de que hagas algo de lo que puedas arrepentirte?
Camille se mantuvo alerta en todo momento, vigilando hasta el más mínimo movimiento de aquel tipo. Esperaba no tener que hacerlo, pero podría desenvainar su espada rápidamente de ser necesario. Con algo de suerte, su sola presencia sería suficiente para evitarlo... y quizá para encontrar al fin el hilo que estaba buscando.
Resumen
Camille, en vistas de que el miedo prima por encima de cualquier otra cosa en los pescadores, decide desistir y buscar otra forma de obtener información, no queriendo poner en peligro a los pescadores (defecto: Héroe). Al menos logra confirmar que ha escuchado bien: algo va a suceder esa misma noche. Al percatarse del momentáneo silencio de la taberna y ver la preocupante evolución de la actitud del hombre del sombrero, se acerca hacia donde está este para interponerse entre él y la puerta, apoyada en la pared de la taberna. Inicia una conversación casual y, en el proceso, le advierte de que tenga cuidado con lo que hace (virtud: Intimidante), esperando que baje el perfil y conseguir sacarle algún tipo de información después.
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Silver D. Syxel
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29-12-2024, 03:49 AM
Isla Ginebra Blues, Tequila Wolf
Día 48, Verano del año 724
El hombre del sombrero deshilachado reaccionó de inmediato a la presencia de la marine. Por un momento, sus movimientos parecieron congelarse, como si no estuviera seguro de cómo actuar. Luego, casi imperceptiblemente, dio un paso hacia atrás, alejándose de la oni, mientras su mano se posaba con naturalidad sospechosa cerca de la daga que colgaba de su cinturón.
—¿Buen día, dices...? —murmuró en voz baja, apenas audible entre el bullicio distante del puerto. Sus ojos se movieron de forma inquieta, evaluando a Camille y lo que representaba. Había algo en su mirada que sugería que estaba valorando todas las opciones, aunque ninguna parecía satisfacerlo.
El aire entre ambos se volvió tenso. La cercanía de la taberna no ayudaba: aunque la algarabía había vuelto a llenar el ambiente, ya no era lo mismo. Las risas eran más apagadas, y los murmullos se entremezclaban con un ritmo más pausado, como si los hombres dentro hubieran bajado la voz al tratar ciertos temas.
El hombre desvió la mirada hacia la entrada de la taberna. Por un segundo, sus labios se contrajeron, como si estuviera reprimiendo palabras, y luego regresó su atención a Camille. La oni, con su imponente figura, se mantenía a la vista de todos los que pasaban por la calle, con su sombra proyectándose sobre él como un recordatorio silencioso de que no estaba solo.
—No sé qué crees que pasa aquí, pero... —El hombre no terminó la frase. En su lugar, su mirada se desvió nuevamente hacia la taberna, esta vez con un brillo que era difícil de interpretar. Nerviosismo, tal vez, o un intento de evaluar si estaba siendo observado.
Un crujido de madera detrás de Camille llamó la atención de ambos. Fue solo el sonido de alguien apoyando el pie en una tabla suelta, pero en un lugar tan cargado de tensión, cualquier ruido podía parecer un presagio. Más allá, un par de hombres cruzaron la calle rápidamente, cargando cajas y evitando cuidadosamente mirar en dirección a la marine o al hombre del sombrero.
El sujeto pareció percibir la creciente presión, y el sudor en su frente comenzó a hacerse evidente. Su mano seguía peligrosamente cerca de la daga, pero no parecía tener intención de usarla todavía.
—Solo digo que... —empezó de nuevo, aunque su tono no mostraba la menor convicción—, quizá deberías mirar en otro lado. Aquí no hay nada para ti.
El ruido dentro de la taberna volvió a cambiar. Esta vez no fue un silencio lo que se sintió, sino el sonido de una silla arrastrándose, seguido de un golpe seco, como si alguien hubiera movido algo con demasiada brusquedad. Los murmullos crecieron en intensidad, lo suficiente para que Camille pudiera percibir fragmentos inconexos desde su posición:
—... esta noche...
—... no podemos esperar...
El hombre del sombrero endureció su expresión, aunque la inseguridad seguía reflejada en sus gestos. Era evidente que había algo que no quería decir o hacer, pero también que la situación estaba superándolo.
Camille seguía teniendo la ventaja: su sola presencia parecía haberlo puesto en jaque. Sin embargo, la tensión seguía creciendo a su alrededor, y el tiempo para decidir qué hacer se acortaba.
Información
El hombre del sombrero muestra claros signos de nerviosismo, y su actitud evasiva sugiere que está involucrado en algo. Aunque no ha dicho nada concreto, su lenguaje corporal y su insistencia en que "no hay nada para ti" apuntan a que sabe más de lo que quiere admitir. Mientras tanto, la taberna se mantiene como un punto de interés. Los ruidos dentro, aunque sutiles, indican que la situación en su interior sigue escalando. Tienes margen para actuar: decidir cómo manejar al hombre del sombrero, evaluar lo que ocurre en la taberna, o incluso buscar un enfoque distinto según las prioridades de Camille. La situación evoluciona rápidamente.
Honorable
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Camille Montpellier
El Bastión de Rostock
24-01-2025, 10:44 AM
La tensión era más que evidente, y si bien Camille no era la persona con mayor intuición social del mundo, sabía que había un límite en lo mucho que se podía estirar la cuerda en una situación antes de que se rompiera. Su presencia había perturbado los esquemas que el hombre del sombrero pudiera haberse formado en su cabeza, algo que se veía reflejado en el claro nerviosismo que se había apoderado de él. La mano del contrario tanteaba la empuñadura de la daga de tanto en cuando, sin alejarse nunca más de unos pocos centímetros, teniéndola a su disposición en todo momento. Aun así, a la oni le dio la impresión de que no estaba muy dispuesto a usarla. Tal vez, si no le quedaba más remedio en función de lo que le dijera, la tuviera como una última opción desesperada. Esperaba no tener que llegar a ese punto.
No solo el aire entre ambos se había vuelto más pesado, sino que el ambiente a su alrededor empezaba a volverse sofocante. La alférez sentía cómo, de vez en cuando, algunas miradas se posaban en ellos. Tampoco se le escapó el cambio en el aura que desprendía la taberna. Ahí dentro se estaban hablando cosas que, sin duda, le interesaba escuchar. Era una posibilidad tangible, que esas conversaciones contuvieran información esclarecedora sobre lo que estaba ocurriendo en Ginebra Blues. Aun así, Camille seguía llegando a la misma conclusión al sopesar sus opciones: En el momento en que pusiera un solo pie dentro del local, toda conversación de utilidad se esfumaría. Los clientes guardarían silencio, o camuflarían sus intenciones tras conversaciones banales sin interés, tal y como habían hecho los dos pescadores de antes. Y, si el temor a decir algo que no debían era tan imperante ahí dentro como fuera —algo que parecía evidente—, nadie se arriesgaría a hablar algo ahí dentro ante la mirada de todos los demás. Tal vez pudiera decir lo mismo del tipo que tenía delante.
Su ceño se fue frunciendo a medida que hablaba erráticamente. Al principio, cuando se había plantado frente a él, pareció confuso y distraído. Rápidamente, Camille se dio cuenta de que estaba analizándola con la mirada, sopesando sus posibles salidas. Estaba claro que no era tan estúpido como para atacar a plena luz del día a una marine, menos aún a una que le sacaba prácticamente un cuerpo de altura. A su vez, parecía temeroso y apurado. Fueran cuales fuesen sus intenciones, estaba claro que la oni estorbaba en lo que hubiera planeado. Algo —o alguien— lo conectaba con la taberna que tenían junto a ellos y, por su actitud, quizá su relación con ello fuera incluso más tensa que la conversación que estaban manteniendo.
Camille volvió a escuchar aquellas frases, esas que anunciaban lo que estaba por venir en la noche. Empezaba a estar un poco harta de todo ese secretismo. Su mirada carmesí se clavó en los ojos del tipo del sombrero.
—Yo no creo nada. La fe se la dejo a los sacerdotes —respondió tajantemente. Mientras hablaba, se movió lentamente para variar su posición. Tan solo fueron un par de pasos, pero sería lo justo como para no quedar frente a las ventanas de la taberna. Tras la pequeña pausa, retomó la conversación con tono sereno—. Por más que me digáis eso, se ve que el disimulo brilla por su ausencia aquí. —Otra pausa, y esta vez su mano acarició sin menor intención de ocultarlo la empuñadura de Alissia—. Todos parecéis saber lo que va a ocurrir esta noche —dijo al fin, más bajo, camuflando su voz con el ruido de la taberna—. Puedes ahorrarte las mentiras, solo hay que fijarse un poco en tu lenguaje corporal para darse cuenta de que tú también estás al tanto. —Le dejó unos pocos segundos para que fuera asimilando lo que le iba diciendo. Después continuó—. No tiene por qué ser aquí, a la vista de todos, pero preferiría que fuera voluntariamente. Vas a contarme lo que sabes —Y no era una pregunta ni una petición, era una afirmación—. Y si no quieres hacerlo, supongo que puedo llevarte a una celda y hacerte cambiar de opinión.
Camille acompañó la amenaza con un leve gesto de su cabeza, señalando en dirección al puerto donde se veía, claramente, el buque marine atracado en los muelles. Era una embarcación difícil de pasar por algo.
¿Pretendía torturar a aquel hombre hasta sacarle la información? No, claro que no, pero eso era algo que él no tenía por qué saber. Como decíamos, el temor era un sentimiento palpable en los allí presentes. A veces, la mejor forma de combatir el miedo era con más miedo, incluso si este no era más que una farsa. No tenía la menor intención de ponerle la mano encima salvo que desenvainase esa daga, pero esperaba no tener que hacerlo. Su mirada se dirigió por un instante a la taberna, analizando cómo iba evolucionando la situación.
—Tú decides —concluyó volviendo a clavar la mirada en él, apurándole a que le diera una respuesta—. Si me obligas a llevarte conmigo, llamarás mucho más la atención de quien sea que esté ahí dentro que si colaboras.
resumen
En vistas de que el tipo parece dudar en sus opciones, Camille decide aumentar la presión sobre él y ponerle contra las cuerdas. Suelta una amenaza velada —aunque sin intención de cumplirla—, y le deja en claro que algo sabe sin llegar a mostrar cuánto. Reduce sus opciones a dos: contarle voluntariamente o forzarle a que le cuente. El tiempo apremia y, al sentirse en ventaja, decide aprovecharla.
Honorable
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Jack Silver
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26-01-2025, 05:18 PM
Isla Ginebra Blues, Tequila Wolf
Día 48, Verano del año 724
La tensión seguía flotando en el aire, tan densa como el calor del verano, que parecía adherirse a la piel como una manta húmeda. El hombre del sombrero tragó saliva con esfuerzo, con sus ojos inquietos moviéndose entre Camille y la entrada de la taberna. Su postura reflejaba la lucha interna que estaba librando, buscando una forma de salir del apuro sin que las cosas escalaran aún más. Finalmente, dejó escapar un suspiro pesado, un sonido que parecía contener tanto rendición como agotamiento.
—¿Quieres saber qué pasa? —su voz tembló al principio, aunque rápidamente intentó recomponerse, agregando un toque de frustración que no logró enmascarar del todo su nerviosismo. Sus dedos seguían cerca de la daga, pero no hicieron amago de desenvainarla. Era más como si necesitara ese contacto físico para sentirse seguro.
El hombre hizo un gesto impreciso hacia la taberna, con movimientos torpes que traicionaban su supuesta compostura.
—Te lo diré, pero no es lo que crees. No se de que hablas y no tengo nada que ver con lo que dices que va a ocurrir esta noche, ni con ese grupo de idiotas de ahí dentro —continuó, arrastrando las palabras como si cada una le costara un esfuerzo adicional.
El brillo sudoroso de su frente y la rigidez en sus hombros delataban que no estaba cómodo, pero a medida que hablaba, su tono comenzó a cambiar, pasando del temor a algo más personal.
—Estoy aquí por uno de ellos —soltó al fin, con una voz cargada de rencor que resonó incluso por encima del bullicio del puerto—. El grandullón de la mesa del fondo. El que lleva el chaleco de cuero. Ese bastardo... —Sus labios se apretaron en una fina línea, y sus puños se cerraron con fuerza antes de que continuara—. Me arruinó la vida... No me importa lo que tramen. Lo único que quiero es ajustar cuentas con él.
Su confesión cayó como una piedra en un estanque, provocando ondas de incertidumbre. El hombre parecía atrapado entre el deseo de desahogarse y el miedo a las posibles consecuencias de haber hablado demasiado. Sus ojos, oscilando entre Camille y la taberna, eran un reflejo de su caos interior.
Desde el interior del edificio, el ambiente seguía evolucionando. Esta vez, un golpe fuerte resonó desde dentro, acompañado del sonido de una silla arrastrándose y un breve estallido de risas nerviosas. Las palabras que siguieron, captadas entre los murmullos, parecían estar cargadas de significado:
—...el puerto estará despejado...
—...y no olvides el cargamento...
El hombre del sombrero se tensó de inmediato al escuchar aquello, aunque trató de disimularlo mirando hacia el suelo. Sin embargo, sus dedos se crisparon aún más cerca de la daga, como si la mención del cargamento confirmara algo que él ya sabía o temía.
—Así que ahí lo tienes —dijo al fin, encogiéndose de hombros en un gesto que intentaba parecer despreocupado, pero no podía ocultar la tensión en su mandíbula—. Llámame loco o lo que quieras, pero ese tipo tiene que pagar.
El peso de sus palabras quedó suspendido en el aire, mientras los sonidos del puerto y la taberna seguían proporcionando un trasfondo inquietante. Los segundos parecían alargarse, cargados de posibilidades y decisiones aún por tomar.
Información
El hombre del sombrero ha revelado algo inesperado: no está directamente relacionado con los planes de esa noche, sino que ha llegado a Ginebra Blues por un asunto personal, buscando vengarse de uno de los hombres en la taberna.
Mientras tanto, el bullicio dentro de la taberna sigue evolucionando. El golpe seco, las risas nerviosas y los fragmentos de conversación captados por Camille sugieren que algo importante está a punto de suceder. La mención de un puerto despejado y un cargamento pone de manifiesto que los hombres dentro están tramando algo grande.
Con esta información, Camille tiene que decidir cómo manejar la situación: si seguir enfocándose en el hombre del sombrero, indagar más sobre el individuo que mencionó o girar su atención hacia los sucesos en la taberna. El tiempo parece ser un factor crucial, y cada elección podría abrir caminos o cerrarlos definitivamente.
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