Alguien dijo una vez...
Rajoy D. Mariano
"Es el Gorosei el que elige al Moderador, y es el Moderador el que quiere que sean los Gorosei el Moderador"
[Aventura] [A-T3 Akuma] De mierda va la cosa
Gretta
La Devoramundos
5 de Verano del 724

Ahhhhh, la preciosa Loguetown... la flor y nata de este mar. Algunos dicen que el nombre no le hace justicia; el apelativo "TOWN" ya se le ha quedado pequeño y en cierto modo es verdad, el antiguo pueblo se ha convertido en una monstruosa ciudad. Llena de edificios de más de una planta, comercios en cada esquina y gente deambulando por donde quiera que mires. Cada persona con una vida, con una historia que contar... y es eso lo que buscas, ¿verdad? Historias épicas que te lleven a tu preciado premio... ¿Tal vez una historia heroica donde salvas a una pobre familia de un villano terrorífico y a cambio te recompensan con su bien más preciado? ¿O una historia sobre la búsqueda de un tesoro que acabas encontrando tras superar infinidad de pruebas imposibles dignas de un famoso aventurero? Siii, una de esas estaría bien... pero me temo, Dan Kinro, que esta no será una de esas historias...

Todos queremos ser héroes de cuento, pero para llegar a la magnificencia, primero hay que mancharse las manos y, al igual que debajo de un puente suele pasar un río, por debajo de cada ciudad suele pasar otro, pero no es el que te gustaría; este es un río que lleva lo peor de cada uno, aquello que nunca tiene un hueco a largo plazo en nuestro cuerpo ni en nuestras vidas. En efecto, esta historia empieza en las cloacas de Loguetown.

Esta mañana en el cuartel te han encargado una tarea. Como sargento primeriza de esta nuestra grandiosa marina, te han encomendado la gloriosa y crucial misión de ojear las cloacas bajo la ciudad y limpiarlas de posible chusma. Pero no vas sola, te han asignado una fantástica pareja de marines novatos que estarán bajo tu cargo. Los cuales te han han dicho que están esperándote fuera.

Cuando sales del cuartel, ves la ciudad frente a ti, rebosante de vida, pero eso ya lo sabes, la ves todos los días, así que te llaman la atención, dos marines ataviados esperando a alguien. Una mujer bajita con los ojos especialmente separados, entrada en carnes y años, y a su lado un chico joven, que te transmite un aire raro. A simple vista te parece un chico normal, pero al fijarte bien, puedes ver que lleva la gorra mal puesta, los pantalones al revés y la camisa con los botones puestos en los agujeros que no son.

Si te acercas, en seguida la mujer actúa:
—Hola, me llamo Matilda, pero puedes llamarme Matilde— Se dirige a ti con tono alegre y con intención de darte un abrazo. —¿Tú también vienes a la supermisión secreta? A ver si aparece ya ese tal Dan... Espero que sea guapo, aunque yo tengo novio, ¿sabes? Es super joven y famoso. Termina diciendo mirándote fijamente con esa mirada tan rara.

El chaval no se ha movido de su sitio, pero ahora desde más de cerca puedes ver que se le cae un moco y tiene la boca medio abierta.

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#1
Dan Kinro
[...]
Era su primer día como Sargento de la Marina y ya llegaba tarde. Devoró el salteado de pollo lo más rápido que pudo y se puso en marcha, casi sin tiempo a bajar la comida con un vaso de agua.

[consumir=CHF002-171-1]

La flamante y nueva sargento salió del cuartel ajustándose la banda de la frente y lanzando un suspiro pesado al aire. El sol de Loguetown calentaba el pavimento, y la ciudad rugía como siempre: vendedores gritando, niños corriendo, borrachos tambaleándose, y marineros jurando que nunca volverían a tocar ron. En teoría, era un día como cualquier otro.

En teoría...

Cuando los divisó a lo lejos, se detuvo en seco. La mujer parecía más ansiosa que un perro en busca de un hueso, mientras que el chico a su lado daba una vibra de absoluto caos, un desastre viviente en uniforme mal puesto. Dan Kinro no necesitó más de tres segundos para adivinar que esas eran sus “refuerzos”.

«Perfecto.»

Se acercó con paso firme, echando un rápido vistazo al chico que parecía haber perdido una batalla contra la lógica. Los pantalones al revés. Los botones mal puestos. El moco… Por todos los cielos, el moco. 

La joven reprimió el impulso de llevarse una mano al rostro. Esto iba a ser más largo de lo que pensaba.

Entonces, Matilda (o Matilde, porque al parecer había opciones) irrumpió con un entusiasmo que casi hizo que Dan retrocediera. Pero no, Dan Kinro no retrocedía ante nada. Excepto, tal vez, ante abrazos repentinos. La forma social no era lo suyo.

Viendo la efusividad de aquella Marine, tomó precauciones, levantando la palma de su mano.

Nae, mantén esos brazos donde pueda verlos, Matilde.

Dijo, alzando las manos como si estuviera domando a un toro particularmente efusivo. Su tono no era brusco, pero había suficiente bordería como para que la mujer dudara por un instante. Aprovechando ese momento, la Marine Kuja entrecerró los ojos y añadió:

¿Tú también vienes a la supermisión secreta?

¿Supermisión secreta? ¿Te refieres a la inspección de cloacas, donde literalmente vamos a enfrentarnos a ratas y desperdicios humanos? Porque si eso te suena "super", necesitas replantearte tu vida, aye.

Así era ella, no podía ni sabía mentir.

— A ver si aparece ya ese tal Dan... Espero que sea guapo, aunque yo tengo novio, ¿sabes? Es super joven y famoso.

La chica parpadeó muy lentamente. Su paciencia, ya escasa, empezó a agotarse, mientras una gota de sudor frío bajaba por su cuello.

¡Aye! Pues, enhorabuena por el novio. Soy vuestra sargento, Dan Kinro. — Respondió sin más ceremonia, cruzándose de brazos.

¿Y tú? — Preguntó, señalando al tipo del moco con la barbilla, aunque evitaba su contacto visual.

«Un desastre y un huracán. Perfecto.»

Dan cerró los ojos por un momento, rogando a los cielos por paciencia.

«Esto va a ser largo.»

Información
Personaje
Virtudes y Defectos
Datos Bélicos
Inventario
#2
Gretta
La Devoramundos
Matilde choca con tu brazo extendido cuando iba a darte un abrazo y, tras un momento, se va para atrás. No ves resignación en ella, su semblante no ha cambiado; sigue con la misma expresión de ingenua felicidad. Ante tu abrupta declaración de la misión, ella tan solo dice:

—Ala, ya me la han vuelto a liar... Me dijeron que esta vez sería una misión diferente. Estoy harta de bajar ahí; los vagabundos cuando voy me rocían con orines y me llaman puta, ¡puta!, sin ser yo nada de eso... Yo creo que quieren que pierda los estribos, pero no, no, yo no soy así— Te dice ella con tono indignado —Entonces, ¿Tu eres nuestra sargento? Qué bien, una chica en el poder; ahora ya puedo decir que tengo una amiga sargento.

El chico, cuando escucha que te diriges a él, se cuadra ante ti; habría sido todo un gesto honorable, si no fuese porque se había equivocado de mano al levantarla y se le había caído el cinto de la espada cuando fue a cogerla.

—Sooooldado Tom, a sus servicios, mi general, y a los de la...mmm, de la...mmm, de la marina, sí, a esos también. Aunque no he visto nunca a esa tal Marina... Te dice sin mirarte; antes, como estaba encorvado, no habías podido darte cuenta, pero ahora que se ha puesto recto, ves que el tipo mide más de 2 metros.

Matilde lo mira y luego te mira a ti.

—El chico es nuevo, qué raro es, ¿eh?— Te dice en voz baja. —Entonces, ¿Dónde vamos?

La ciudad ajena a tu misión, sigue con su ajetreada vida urbanita. Puedes escuchar las conversaciones de las gentes mientras siguen con sus quehaceres. De todas direcciones de la calle te llegan sus voces. 

—¿Así que te dejó por otro? Qué hija de fruta. Le escuchas decir a un obrero que habla con su compañero.
—Mamaaa, María me ha pegadooo, es una fruta, digooo bruta. Te llega desde un balcón que le dice un niño a su madre, posiblemente quejándose sobre su hermana.
—¿Ves a Jose? Él sí que disFruta de sus vacaciones, no como yo, que estás todo el día dándome la monserga. Comenta un señor que pasa cerca, a su mujer.
—¡Frutas, frutas, frutas y verduras, baratas, baratas! Grita un comerciante no muy lejos de vosotros.

¿Estará la calle entera intentando decir algo o son solo meras frases sueltas? No podemos saberlo.
#3
Dan Kinro
[...]
La marine dejó escapar un largo suspiro que parecía querer despejar el peso del absurdo que se acumulaba en el aire. Miró primero a Matilde, cuya energía parecía desafiar cualquier lógica terrenal, y luego al soldado Tom, cuya ineptitud era casi entrañable. “Casi” siendo la palabra clave.

Se ajustó la banda de la frente y tomó un momento para buscar algo de paciencia en lo más profundo de su ser. No encontró mucho, pero serviría.

Aye, Matilde, pues ahora tienes una amiga sargento. Y de regalo, una excursión a las cloacas. Porque claro, ¿quién no quiere una de esas?

Luego, alzó una ceja mirando a Tom, que seguía parado como una estatua con la correa de su espada tirada por el suelo. Era difícil decidir si debía reír o llorar.

Se cruzó de brazos, inclinando ligeramente la cabeza mientras le daba al chico un vistazo más detallado. Era como un espantapájaros descomunal al que habían vestido en la oscuridad y luego dejado a su suerte. Suspiró de nuevo.

Nae, Tom, no soy tu general, y Marina no es una persona, es… — Se interrumpió, dándose cuenta de que explicarlo sería un ejercicio inútil — En fin, bienvenido a la Marina, soldado. Levanta eso y trata de no caerte en el proceso, ¿vale?

La pobre Dan tenía que liderar a este par en una misión que ya de por sí era poco envidiable. Cloacas. Vagabundos. Ratas. «Por lo menos no es un motín pirata» pensó, tratando de consolarse.

Pero mejor no cantar victoria.

Aye, ya te han liado, Matilde. Pero alégrate, porque esta vez tienes compañía para lidiar con los orines. — Hizo una pausa y añadió, apuntando a Tom con el pulgar — Y no estoy segura, pero creo que si alguien te llama puta, este chico aquí puede distraerlos solo existiendo.

Con un movimiento de la mano, los dirigió hacia el inicio de su recorrido. La ciudad seguía rebosante de vida, voces y movimiento por todas partes. Vendedores pregonando sus productos, niños riendo y corriendo, marineros bebiendo demasiado temprano. Dan Kinro lideró al grupo con paso firme, intentando ignorar las miradas que inevitablemente atraían. No era todos los días que uno veía a un trío tan peculiar como ellos.

Perfecto. Matilde, tú vas detrás de mí. Tom… — Lo miró de arriba abajo, considerando si lo mejor sería dejarlo fuera — Tú cierra la marcha. No toques nada y no te pierdas, ¿entendido?

Ignoró cualquier historia sobre frutas, lo escuchó de fondo, pero prefirió no hacerle caso.

Bien, ahí está nuestro glorioso destino. ¿Listos? — preguntó, aunque la respuesta ya era evidente.

Ni de puta coña.

Información
#4
Gretta
La Devoramundos
Matilda se queda perpleja con tus palabras, como si sin darte cuenta hubieses activado algo dentro de ella.

—¿SOMOS AMIGAS? ¡¡Qué bien!! Aunque yo tengo un montón de amigas, claro, no me hago amiga de cualquiera; es un honor que yo lo sea. Exclama ella y se queda mirando al suelo, como pensando, mientras tú te diriges a Tom.

Él simplemente escucha lo que le dices con atención y, tras un momento algo largo, en el que puedes ver claramente las venas de su cabeza trabajar a destajo, se cuadra, pero se da cuenta de que seguía cuadrado de antes, así que se descuadra y se vuelve a cuadrar.

—¡Vale, marina, mi general! Te dice Tom mientras, con la mano aún en la frente, se agacha sin dejar de mirarte para agarrar su cinto.

Ambos escuchan tus vibrantes órdenes y, obedeciendo, se ponen en sus respectivos sitios. Aunque la ordenada fila dura muy poco. Matilde en un instante se pone a tu lado para hablarte y justo después notas como algo toca tu espalda, manoseando el chaleco de marine que llevas, como si buscasen algo. Si te giras, puedes ver a Tom muy pegado a tu retaguardia, con la mirada fija en el chaleco; te pares o no, él te acaba diciendo:

—Marina, no encuentro el cierre de la marcha... Expresa con tono triste como si hubiese fallado en su crucial misión.

Sea como fuere, acabáis llegando guiados por Matilde a la más cercana de las diferentes entradas a las cloacas que tiene la gran ciudad. Primero, atraído por alguna juguetona ráfaga de viento, llega el olor, un olor denso y fétido que deja bien claro que lo que se mueve allí dentro no es para nada gustoso. Luego, cuando la nariz se os acostumbra y deja a los demás sentidos hacer su trabajo. La vista permite ver una alcantarilla de barrotes en medio de una plaza. Alrededor de la entrada no hay gente ni puestos, solo una plaza vacía; los habitantes, muy listos ellos, no se han atrevido a construir sus casas ni a plantar sus negocios tan cerca del apetitoso pestuzo.

—¡Ya hemos llegado! Es aquí— Dice Matilde señalando la entrada. —Aquí es donde me tiraron orines unos vagabundos la última vez.
#5
Dan Kinro
[...]

Dan Kinro frunció el ceño mientras el aroma abrumadoramente asqueroso de la entrada a las cloacas golpeaba su nariz como un puñetazo. Se llevó una mano a la cara, apretándose los dedos contra el puente de la nariz en un vano intento de bloquear el olor.

¡Por el amor de las gaviotas! ¿Qué demonios está podrido aquí abajo? — gruñó, girando su cabeza para mirar a Matilde, quien parecía estar más ocupada señalando la entrada que preocupándose por la peste.

Dan Kinro suspiró y giró hacia Tom, que aún estaba demasiado cerca, mirando su chaleco con la intensidad de un perro intentando comprender un truco de magia.

¡Nae, Tom! El cierre de la marcha no está en mi chaleco, está en tu cabeza. O bueno, debería estar ahí. Ahora ponte al frente y baja primero. A ver si espantas algo con esa cara de… bueno, lo que sea que llevas puesto. 

La chica le hizo un gesto con la mano para que se moviera hacia la alcantarilla. Miró la entrada y luego al grandullón, ese que parece procesar ordenes con la velocidad de una babosa. Ambos se acercaron a la entrada, levantando la tapa con un esfuerzo algo exagerado. La Kuja no podía decidir si era por su tamaño o por pura ineptitud. Luego, señalo a Matilde la cuál parecía no callarse ni debajo de una cloaca, observando con atención los alrededores como si esperase ver un cartel luminoso o algo raro.

Bueno, raro, pero menos raro qué ella.

Mati, tú vienes detrás de mí. Si alguien más decide tirarte meado, al menos estaré en medio para interceptar la primera oleada, ¿Aye? Aunque, con esta peste, ni siquiera estoy segura de que quede algo líquido o bilis en mí para devolver el golpe. 

La Sargento sacudió la cabeza, agarrando la funda de su arma y ajustándose la banda de la frente.

Miró hacia abajo y sintió que el hedor aumentaba diez veces. El agua estancada y los rastros de todo lo imaginable (y lo inimaginable) creaban un cóctel perfecto para arrancarle las ganas de desayunar a cualquiera. Dan Kinro casi vomita el sustento antes de bajar.

La bajada fue un desafío en sí misma. El que iba delante bajó torpemente, haciendo resonar cada peldaño como si llevara un tambor atado al puto culo. La joven Kuja, siguiéndolo, sintió cómo el aire se volvía más espeso y húmedo con cada paso, y la textura resbaladiza de los escalones tampoco ayudaba. Matilda, por su parte, continuaba parloteando detrás de ella, aparentemente inmune al olor y al ambiente nauseabundo.

Dan no pudo evitar comentar mientras se tapaba la nariz con un pañuelo que había sacado de su bolsillo:

Me voy a tatuar en la frente: No aceptes misiones de cloacas. Esto no es vida, de verdad.

El grupo continuó su marcha a través del lúgubre laberinto, pero Dan no pudo evitar soltar un último comentario:

Este lugar apesta, y aunque no soy de decir cosas como ir hacia delante de forma "vibrante y con mucha determinación", la tensión en el aire ahora mismo viene más del olor que de cualquier otra cosa. Me cago en mi puta vida.

Resumen
#6
Gretta
La Devoramundos
Tom desciende por la escalera como un elefante cojo, resbalándose casi con cada escalón. Por suerte, el chico tiene un agarre fuerte y siempre logra salvarse de la caída en el último momento; aun así, tu decisión de hacerlo ir delante fue la correcta. Quién sabe qué hubiese pasado si aquella masa hubiese ido detrás y se hubiese caído encima de vosotros. Por su Matilde va detrás, parece ajena a todo; el olor es como si no le afectase.

Cuando los tres llegáis abajo, os encontráis en una intersección de cuatro túneles. Vuestros pies se posan sobre un pequeño bordillo que os eleva y separa de un río de aguas residuales que se extiende por cada túnel; el olor de miles de almas pasa por delante de vosotros. Gracias a la poca luz del día que entra por la entrada que acabáis de bajar, se puede apreciar que esto es una laberíntica red de alcantarillado, en la que puedes intuir que hay intersecciones y bifurcaciones en cada esquina. Un poco más allá de vosotros todo es oscuridad.

—Mmmm, qué sitio más feo Dan. ¿Sabes que en esas aguas hay cocodrilos? La última vez que bajé, otro compañero me lo dijo, que aquí abajo hay monstruos... Aunque también me llamó monstruo a mi... Te dice Matilde, mirándote fijamente; no parpadea nunca.

Tom, por su parte, tras escuchar eso, se ha acercado mucho a esas aguas fecales y está estirando el brazo para tocarlas. Sin cesar en su extraña acción, dice: —Marina, tengo un palo que hace fuego, pero le falta el fuego. Suelta mientras gira la cabeza hacia ti y sigue estirando el brazo.

Sobre el camino a elegir, te encuentras en el cruce de cuatro vías; tu visión mejorada tras acostumbrarse a la oscuridad creciente, parece notar en la de la derecha y la de enfrente unos pequeños reflejos de luz en las paredes.
#7
Dan Kinro
[...]
Dan Kinro apretó los labios mientras miraba hacia la oscuridad que se extendía a la derecha. Los reflejos en las paredes llamaron su atención, pero no lo suficiente como para ignorar a Tom, que ahora parecía decidido a meter la mano en el río de mierda más asqueroso que jamás había visto en su vida. Su paciencia, ya de por sí limitada, estaba a punto de desbordarse.

¡Marine Tom! — gritó, con una mezcla de incredulidad y exasperación mientras lo señalaba con un dedo acusador — ¿Qué mierda estás haciendo? ¡Saca la mano de ahí, que eso no es un jacuzzi, es mierda líquida! ¿Quieres salir de aquí con una mano menos o peor, con un brazo que huele peor que tú? ¡Porque no creo que sea posible, pero tú seguro encuentras cómo superarte!

La chica era buena persona, pero su paciencia tenía un límite, estaban en la Marina por el amor de Amazon Lily...

Resopló y sacudió la cabeza, volviendo su atención al reflejo en la pared del túnel derecho. Ajustó su banda de la frente y se inclinó un poco hacia adelante, entrecerrando los ojos para tratar de captar algún detalle más allá de las sombras y los destellos.

Matilde, si hay cocodrilos aquí abajo, espero que le coman ese maldito palo primero. — Murmuró, aunque lo suficientemente alto como para que el grandullón la oyera. Una sonrisa torcida asomó en sus labios mientras dejaba escapar un breve resoplido. — Aye, cocodrilos en la mierda. Lo único que nos faltaba para completar esta escena de pesadilla.

Tomándose un momento para acomodar su nodachi en la cadera, la joven marine avanzó un par de pasos hacia el túnel derecho, sin acercarse demasiado al borde del río de aguas residuales, manteniendo la distancia. La luz tenue que se reflejaba en las paredes hacía que todo pareciera aún más siniestro. El hedor se intensificaba a medida que se adentraban más y más, y Dan Kinro no pudo evitar cubrirse la nariz con su bandana, dejando su pelo caer sobre los hombros.

A ver, ¿qué coño tenemos aquí? — murmuró, casi para sí misma. Sus ojos seguían buscando algo que pudiera darle una pista. — Si resulta ser otra cosa apestosa, voy a tatuarme "Cloacas ni de puta coña" en la frente. Nae bromeo.

El reflejo en la pared le daba mala espina. Podría ser agua, pero también podría ser algo más. Decidió agudizar la vista un poco más, haciendo una pausa antes de señalar el túnel con un dedo hacia Matilde y Tom.

¿Veis eso? Algo está brillando ahí. Espero que no sea oro, porque no voy a pelearme con nadie por un tesoro bañado en esta mierda. Pero... si es algo peligroso, mejor que nos enteremos ahora y no cuando estemos encima.

Dicho esto, la kuja se giró hacia Tom con una expresión que mezclaba frustración y diversión.

Marine, si tienes un palo que hace fuego pero no tiene fuego, eso se llama un palo normal, ¿entendido? Ahora deja de comportarte como el señor de las moscas y mantén las manos lejos del agua, porque si tocas eso con alguna extremidad, te dejo aquí para que el cocodrilo decida qué tan sabroso eres.

La mujer decide observar primero el agujero de la derecha, en caso de no encontrar nada, proseguiría su camino hacia el frente...

Información y resumen
#8
Gretta
La Devoramundos
Al reñir a Tom, este se lo piensa un momento y notas por cómo mira a su brazo y luego al río de excrementos que está dudando sobre si de verdad perder la mano o el brazo es una cosa mala o no. Al final retira el brazo, se incorpora y, tras buscar en su mochila, saca una antorcha que intuyes que era a la que se estaba refiriendo antes. Lo mira y lo levanta con una mano, esperando que de alguna manera mágica se encienda.

Matilde, por su parte, tras tus palabras se aleja aún más del agua. Mientras avanzáis por el túnel de la derecha. Matilde se queda completamente pegada a la pared.

—Yo no veo nada, a ver si es que ves espíritus. Dan, ¿tú sabes que los espíritus existen? A mí no me pueden hacer nada, porque me compré un talismán protector contra espíritus y males de ojo, ¡mira!— Dice Matilde, buscándose un collar en su cuello. Lo saca y te enseña una piedra normal y corriente a simple vista. —Es una esmeralda protectora, me lo vendió un señor en un callejón por medio millón de berries; parecía un vagabundo, pero me dijo que me estaba haciendo un favor, que esto en su tierra se vendía por millones, así que no pude decirle que no. Me dejé todos mis ahorros y el sueldo de varios meses. Pero desde entonces los espíritus ya no se me presentan. Cuando salgamos, te compras una. 

Matilde sigue hablando y llenando el silencio de aquel fétido lugar mientras poco a poco avanzáis y la luz se hace cada vez más intensa. Al llegar al origen de la luz, ves los restos de lo que parece ser un campamento improvisado; la luz tenue de una hoguera ilumina una pequeña estancia más ancha de ese túnel. Hay un par de cajas con basura a simple vista y dos camas hechas de periódicos y cartones. Por el fuego que ha hecho la hoguera, parece que sus dueños se han ido hace poco.

—¡No hay nadie! Al final no vamos a atrapar a malhechores. Dice Matilde, ajena a todo. 

—¿Malhechores? ¿Dónde?— Dice Tom, reaccionando como una alarma ante las palabras de Matilde —¡Quedáis arrestados por orden de Marina! Exclama sacando la espada tan rápidamente y tan cerca tuya que casi le rebana la cabeza a su compañera.
#9
Dan Kinro
[...]
La Marine soltó un largo suspiro, del tipo que parecía sacar aire desde el fondo de su alma, y giró la cabeza lentamente hacia Tom mientras una gota de sudor frío caía por su mejilla, observó como la espada seguía peligrosamente cerca de Matilde. Sin decir ni una palabra, levantó la mano y le dio un sonoro coscorrón en la cabeza, el golpe resonando en el pequeño espacio del túnel como un eco cómico.

¡¡ BONK !!

¡Ach, por el amor de las gaviotas, Tom! — exclamó, frunciendo el ceño mientras sacudía la mano y apretaba el puño como si se hubiera hecho daño en el proceso de arriba hacia abajo. 

¿Quieres cortarle la cabeza a tu compañera o qué? Mira que tengo paciencia, pero a ti te la voy a gastar toda en un solo día, ¿Naeeeeeeeeeeee? ¡Cállate un rato y guarda esa espada antes de que alguien salga peor parado!

Dan Kinro suspiró de nuevo, llevándose la mano a la frente antes de señalar con el dedo índice hacia ambos.

¡Y vosotros, silencio! — ordenó, aunque sabía que Matilde probablemente no sería capaz de mantener la boca cerrada ni por un segundo. — Si alguien ha estado aquí hace poco, no quiero que escuche cómo hacemos un jodido festival en su puerta.

Obviamente la que estaba gritando era ella ahora, pero bueno.

La marine avanzó unos pasos hacia el campamento improvisado, con la mano apoyada en el mango de su nodachi, más por costumbre que por amenaza. El pequeño fuego de la hoguera arrojaba sombras en las paredes del túnel, y el olor, aunque menos intenso que antes, seguía siendo lo suficientemente desagradable como para hacer que Dan arrugara la nariz.

Se agachó junto a las cajas, echando un vistazo al contenido: basura, restos de comida, trozos de tela sucia. Su mirada se deslizó hacia las camas de cartones y periódicos, donde las arrugas y marcas sugerían que habían sido usadas recientemente.

Hmmm... — murmuró para sí misma, tocando el suelo cercano a la hoguera. Estaba tibio, lo que confirmaba que los ocupantes habían abandonado el lugar no hace mucho tiempo. Sus ojos recorrieron cada detalle, buscando algo que pudiera indicar hacia dónde se habían ido o qué estaban haciendo allí.

Dan alzó la vista hacia la pared opuesta, donde un par de marcas en el suelo parecían rastros de algo arrastrado. Se inclinó más cerca, observando las líneas y el polvo levantado.

Parece que han salido cargando algo... pero ¿qué? — murmuró de nuevo, más para sí misma que para los demás.

Finalmente, se volvió hacia Matilde y Tom, llevándose un dedo a los labios en un gesto de "silencio". Les hizo una seña con la mano para que permanecieran donde estaban, mientras ella se acercaba un poco más al fuego, examinando los alrededores con atención, en busca de algo más revelador.

Resumen
#10


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