Delincuente
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
12-12-2024, 08:24 PM
Loguetown, Mar del Este, 5:47 PM, 37 de Verano del Año 724
El crepúsculo comenzaba a cubrir Loguetown con una luz anaranjada que parecía oscilar entre la calma y la incertidumbre. Los callejones estrechos y el bullicio de los mercados se entrelazaban en una melodía constante de voces y pasos, pero para Katharina von Steinhell, ese ruido de personas insignificantes en tu gran vida probablemente solo eran un telón de fondo para algo mucho más inquietante, algo del pasado que sentías que estaba listo para cobrar su factura.
Había pasado poco más de un día desde tu enfrentamiento con los asesinos que tu padre había enviado para matarte. Sin embargo, a pesar de que cada pelea representase un riesgo de muerte, tu determinación siempre terminaba prevaleciendo, eras una mujer única en tu clase. No obstante, esa victoria, más bien ninguna, de las victorias que habías tenido hasta el momento te traían consuelo pues siempre existía esa creciente sensación del peligro oculto en cosas tan sencillas como la multitud de este pueblo, un pequeño café o hasta un niño que te pidiera señales de auxilio, todo, absolutamente todo podía ser un asesino enviado por tu cabeza.
Mientras caminabas por las bulliciosas calles de Loguetown, estoy seguro de que tus ojos no dejarían de escanear a cada figura, cada sombra que se movía a tu alrededor. ¿Eran esos pasos detrás de ti solo los de un transeúnte común? ¿Por qué ese hombre al final de la calle parecía mirarla fijamente? ¿Todo en orden con el niño que accidentalmente te golpeó con la pelota al inicio de tu caminata? ¿Qué hay de esa gente que murmuraba en la tienda de telas a tu izquierda? Si bien no eran más que insectos para ti, sabias que tus sentidos debían vivir alerta, que estrés debe ser vivir por esa paranoia.
El fuerte sonido de un reloj resonaba por toza la zona, indicaba que la noche ya entraba, esa paranoia creciente probablemente se te hacia más difícil de ignorar a estas horas, ya me contaras. Después de todo, si te permitías recapitular tu día anterior es probable que el eco de tu enfrentamiento aún resonara en tu mente, con las palabras de aquel asesino antes de morir. "Es un monstruo..." ¿A quien se refería? Estoy claro que esto te daría razones para desconfiar hasta de tu propio aliento.
Podrías sentir como el aire se comenzaba a cargar de tensión entre el rutinario alboroto, y es probable que tu paranoia incrementase con ello. El destino dependía de las decisiones que tomaras en los próximos minutos. Las calles eran un laberinto de riesgos y oportunidades, y cada movimiento podía acercarte más a descubrir la verdad... o quizás solo a quedar atrapada en un juego preparado por ti misma. Vamos Katharina, las sombras ya se alargaban y los ojos de Loguetown parecen estar todos sobre ti. ¿Qué harás ahora? La noche recién comienza, y con ella, los peligros que podrían acecharte. ¿Buscaras refugio en alguna taberna para pasar desapercibida? ¿Jugaras tus pocos berries en un casino sin importar a quedar expuesta? O mejor aún… ¿me sorprenderás con algo más? Estoy ansioso por disfrutar esta creciente paranoia, puede que tengas razón y ese monstruo aparezca esta noche, claro es probable como es probable que no.
off
Bienvenida mi querida nakama, sere tu torturador en esta aventura.
Ya sabes, ganate esa experiencia y kuros adicionales colocando el codigo de [personaje ], virtudes, defectos, inventario, y todo lo que creas prudente.
Me asegurare de que realmente cuestiones si ese temor de que vengan mas por ti es un instinto de alerta natural o simplemente un estado de paranoia en desarrollo, jugare con tu mente y con suerte jugare con algo mas...
Desconocido
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
17-12-2024, 10:07 PM
Personaje
Estadísticas de Katharina:
0 FUE | 0 RES | 50 DES | 0 PUN | 30 AGI | 70 REF | 10 VOL | 0 CA
Vitalidad: 210
Energía: 325
Haki: 50
Nivel: 5
Soy perseguida por un enemigo que cambia de rostro, que se funde con las sombras de la noche, que toma la apariencia de un niño o de un anciano. Puedo ser atacada en cualquier momento, en cualquier lugar. El único pretexto necesario para matarme es obtener el favor de mi padre. ¿Quién no querría ganárselo? Es un hombre poderoso, tiene recursos prácticamente ilimitados, y posee el poder para convencer cualquier mente de cumplir su voluntad. Debe ser fácil, ¿no? Orquestar el asesinato de su propia hija sentado en el lejano trono de una desconocida isla del Nuevo Mundo.
Comienzo a cansarme de esta situación. Mientras las personas ordinarias llegan a sus apartamentos a descansar, yo debo explorar hasta el rincón menos sospechoso en busca de una trampa (como una bomba) y asegurarme de que mis alimentos no estén envenenados. Todos los días destino horas y esfuerzos en esta estúpida lucha por mi supervivencia, que me aleja de mi auténtico objetivo, que mantiene mi mente paranoica ocupada, pensando que cualquiera podría ser mi enemigo. Esta debe ser la estrategia de mi padre. Es consciente de que enviar asesinos lo suficientemente capaces como para vencerme en un combate “justo” es malgastar a sus valiosos subordinados. Por ello, utiliza a meros peones, hombres de voluntad débil, para agotarme y aislarme.
El fuerte rugido de un enorme reloj me saca de mis pensamientos y vuelvo a la realidad. Empieza a anochecer y es el momento ideal para los asesinos convencionales. Debería estar cerca de mi refugio, un pequeño apartamento que arriendo a una señora ciega y con un montón de gatos, pero tengo el presentimiento de que algo no anda bien. Es un sentimiento similar al de la noche anterior cuando fui atacada por ese maldito francotirador, quien resultó ser un muchacho incompetente y débil.
He pasado este último tiempo escondida como una insignificante rata cazada por un depredador feroz. No es mi estilo. Debería colocar la carnada y esperar a que los asesinos enviados por mi padre que se encuentren en Loguetown piquen. Así, me dirijo a la taberna más cercana; en parte, lo hago para no revelar la ubicación del refugio, aunque también lo hago para un enfrentamiento directo contra uno de los enviados.
Resumen
Algo sencillito: presentación y busco la taberna más cercana.
Delincuente
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
20-12-2024, 07:08 PM
7:15 PM, Taberna El Tuerto Borrachón
El ambiente en la taberna era bullicioso y denso, lleno del murmullo constante de conversaciones cruzadas, el tintineo de jarras de cerveza, y el olor a sudor mezclado con el aroma de un guiso demasiado salado y condimentado. Todo en el lugar parecía hecho para mantener a los marineros y viajeros ocupados mientras la noche caía sobre Loguetown, pero para ti, Katharina, estoy completamente seguro de que este era más un escenario que una simple parada.
Tu entrada apenas fue notada por los clientes, salvo por un par de miradas furtivas de algún que otro hombre (o rata insignificante como te gusta llamarlos), probablemente atraídas por tu porte y la intensidad en la superioridad que emanabas, incluso en reposo. La luz tenue de las lámparas de aceite ambientaba el lugar, al menos esa poca iluminación servía para añadir romanticismo a la taberna… o quizás para un perfecto ataque inesperado. No obstante, estoy seguro de que tú tenías claro que las sombras verdaderamente peligrosas eran las que podían moverse entre la multitud y no las generadas en las paredes por las lámparas.
Un hombre grande y robusto con un delantal manchado y un ojo perdido te hizo un gesto de bienvenida desde detrás de la barra, asumiendo que habías llegado por la misma razón que todos los demás, una bebida, comida, o información. Sin embargo, si tu mirada no se quedaba en él y decidías evaluar el lugar, buscando patrones en los movimientos de los presentes, podrías quizás identificar algún patrón, quién podría ser un cliente más y quién podía estar allí con un motivo más “siniestro”.
Asumo que como la inteligente mujer que eres, escogerás un asiento con un motivo en específico, pero tus opciones eran limitadas. Primero una mesa junto a la pared con una vista clara de la entrada y la barra. Segundo, una mensa en un rincón ligeramente más oscuro que el resto de la taberna, pero cercano a las puertas del baño y a una ventana, desde aquella mesa podrías tener visión de casi todas las demás mesas del lugar, aunque… tu espalda quedaría expuesta por la ventana. Por último, la favorita de los solteros, la barra con un único asiento libre en el centro, allí estarías rodeada de hombres que reían a carcajadas constantemente, hablando con Aizen, el robusto tabernero tuerto, pero ahí quedarías dándole la espalda a toda la taberna.
Ahora, Katharina, que decidirás sabiendo que tu vida es una cacería constante. ¿Hoy serás la presa o el depredador? Puedes elegir entre estas tres opciones o quien sabe, hasta añadir tu propia cuarta opción, todo depende de que tan “perseguida” te sientas esta noche. Este lugar está lleno de piezas, y cada una de ellas podría ser crucial para desenmascarar una posible amenaza, caer en una trampa perfectamente preparada o simplemente tomar un trago y evitar esa paranoia creciente. ¿Qué harás?
Desconocido
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
22-12-2024, 12:28 AM
Respingo la nariz al abrir la puerta de la taberna, golpeada por un desagradable aroma que muchos marineros y pueblerinos consideran una exquisitez. La combinación entre el ajo rancio y la pimienta vencida me habrían desatado auténticas ganas de vomitar hace unas semanas, pero he pasado el tiempo suficiente para haberme malacostumbrado al olor de los pobres.
Ignoro las miradas que se voltean hacia mí nada más ingresar en la taberna; estoy acostumbrada a recibir atención. Antes de entrar por completo, echo un barrido visual por el interior del edificio e identifico ciertas… particularidades. Las lámparas de aceite emiten una tenue luz cálida, favoreciendo la aparición de sombras bailarinas. Cruzo miradas con el tabernero, un hombre grandulón que se refugia detrás de la barra, y luego busco el asiento más seguro para alguien en mi situación. Como norma, debo evitar darle la espalda a la puerta y a las ventanas; no me interesan las sorpresas ni quiero facilitarle el trabajo a un francotirador. Debo ubicarme en un puesto donde pueda observar a los clientes, donde pueda reconocer alguna clase de movimiento malintencionado, donde pueda sentir la sed de sangre.
Hay una mesa junto a la pared con una vista clara de la barra y la entrada, siendo una primera buena opción. Hay otro asiento junto a los baños, que ofrece una excelente vista hacia el resto de las mesas, pero la espalda da a la ventana. Por último, hay un puesto en la barra. Allí, podría hablar con el tabernero y estar incómodamente rodeada de hombres risueños y molestos.
No resulta necesario hacer un análisis complejo ni profundo para descartar las peores opciones. Avanzo con paso decidido hacia la mesa junto a la pared, priorizando mi seguridad. De esta manera, tendría una vista clave hacia dos zonas de interés y mantendría a salvo mi espalda. Una vez tomase asiento, levantaría la mano para hacerle una señal a la mesera y haría mi pedido: un vaso de agua con una tarta de manzana bien dulce. Por supuesto, la comida es la excusa… Bueno, es cierto que tengo ganas de comer, así que tampoco es la excusa como tal… En fin, llamo a la mesera para quitarme unas dudas de encima.
-Dicen que encontraron a un muchacho muerto en un callejón… ¿Has oído algo sobre eso? -le pregunto a la mujer, fingiendo preocupación en mi voz-. Espero que pronto capturen al asesino que hizo esto…
Resumen
Tomar asiento junto a la pared y hacerle una pregunta a la mesera.
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
25-12-2024, 03:43 AM
La mesera, una mujer de mediana edad con el cabello recogido en un moño descuidado y un delantal ligeramente manchado detuvo su andar al escuchar tu pregunta. Sus ojos, oscuros y atentos, parpadearon un par de veces mientras procesaba tus palabras. Aunque claramente acostumbrada a lidiar con todo tipo de personajes, tu porte y elegancia perfectamente contrastadas con tu preocupación fingida capturaron su atención de manera especial.
— ¿El muchacho del callejón? — Repitió, bajando ligeramente la voz mientras te observaba con cierta cautela. Se inclinó levemente hacia ti, como si estuviera compartiendo un secreto. — Sí, lo escuché, pero no se muchos detalles. Algunos dicen que era un ladrón; otros, que simplemente estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Lo cierto es que nadie lo reconoce como alguien de aquí... Un forastero, según parece. — Bajó aún más la voz para sus últimas palabras. La mujer hizo una pausa, lanzando una mirada fugaz hacia la barra, como si estuviera asegurándose de que nadie más escuchaba.
Su tono sugería que había algo más que simples chismes de taberna, pero antes de que pudieras indagar más, un grupo de hombres en una mesa cercana soltó una carcajada estruendosa, obligando a la mujer a erguirse rápidamente y retomar su actitud profesional. — Disculpe, debo atender otras mesas. Su tarta y su agua llegarán en breve. — Dijo antes de alejarse con pasos apresurados, aunque de vez en cuando lanzaba miradas discretas hacia tu mesa, como si no pudiera evitar sentirse un poco inquieta tras hablar contigo.
El bullicio en la taberna continuó, pero tu mente seguramente ya estaba trabajando para procesar lo que acababas de escuchar. Mientras evaluabas la información, podrías notar un par de cosas más; cerca de la barra, un hombre con un abrigo desgastado estaba demasiado interesado en tu dirección, aunque disimulaba su interés levantando su jarra de cerveza. En otra esquina, un par de clientes murmuraban entre sí, lanzando miradas rápidas hacia la puerta, como si esperaran a alguien.
Todo parecía rutinario, pero la atmósfera de tensión seguía latente, como si el aire mismo en la taberna estuviera cargado de expectativas. Minutos después ha llegado tu tarta y agua, un — Disculpe señorita. — por parte de un mesero que no habías visto hasta el momento sería tu alarma para recibir tu orden, un sujeto de pelo corto y color verde, aparente y extremadamente refinado, demasiado como para trabajar de mesero en una taberna cualquiera. Si eras cautelosa, podrías notar manchas rojas en la manga de su camisa blanca manga larga. ¿Qué pudieran ser estas manchas? ¿Por qué la mesera no había vuelto a salir después de haber tomado la orden de la mesa por la que te dejó?
¿Qué harás ahora, Katharina? ¿Ignoraras el cambio repentino de mesero y sus manchas? ¿Decidirás confrontar al hombre que parece observarte? ¿Preferirás centrarte en los murmullos al otro lado del salón? ¿O quizás solo forzaras a ti misma a relajarte y calmar la creciente paranoia de ser perseguida? Los hilos del misterio están a tu alrededor, y depende de ti decidir cuál tirar primero, o por primera vez en mucho tiempo no tirar de ninguno.
Desconocido
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
25-12-2024, 07:07 PM
Un forastero, ¿eh?
Rememoro con claridad al asesino que enfrenté: joven, desafortunado y carente de destreza en el manejo del rifle. Indudablemente, aquel muchacho no pertenecía a este lugar. Mi padre, conocido por recorrer los mares recogiendo “tesoros” que otros consideran basura, ocasionalmente se topa con almas prometedoras. Desafortunadamente, aquel francotirador no era una de ellas.
La mesera se retira con pasos nerviosos, apresurándose hacia otra mesa sin siquiera tomar mi orden. ¿Qué clase de servicio es este? Un gesto sencillo, como ofrecer una copa de vino o un vaso de jugo, habría bastado. Pero no. Ni lo uno ni lo otro. En su lugar, pretende imponerme una tarta sin que yo la haya solicitado. Y aunque admito que, al revisar el menú, podría haberme sentido tentada por una, esta imposición insulsa ha bastado para despojarme del apetito.
Decido, sin embargo, contenerme. ¿Merece realmente esta mujer el esfuerzo de mi ira? Mientras espero aquello que no pedí, percibo las miradas inquisitivas del hombre tras la barra. No me sorprende. Probablemente, soy la visión más cautivadora que han tenido en su vida. Aunque, en el fondo, preferiría que su interés se limitara a la admiración, pues si alguno resulta ser un asesino, entonces es insultante lo mal entrenado que está.
A cierta distancia, dos clientes murmuran entre ellos, lanzando miradas furtivas hacia la puerta, como si aguardasen a un tercero o a un grupo completo. Su inquietud resulta palpable, un detalle que no dejo pasar.
Tras unos minutos, un mesero de aspecto… peculiar se acerca con la tarta y el agua que no ordené. Su cabello, en particular, me provoca una profunda repulsión: brilla como si estuviera cubierto por un moco grasiento. Su uniforme presenta manchas rojizas en la manga, una torpeza que atribuyo inicialmente a jugo de frambuesa, aunque no descarto que sean restos de sangre, quizá de la mesera que desapareció repentinamente.
Sea o no culpable de algo más siniestro, este joven parece ser el único receptor disponible para mis quejas.
-Quiero hablar con la mesera que me atendió -digo con firmeza-, aunque intuyo que me dirás que "no está disponible". Primero, ¿aceptan a cualquier individuo en este lugar? ¿Es suficiente tener un pulso para ser contratado? -añado, dejando que mi mirada se detenga deliberadamente en su cabello.
No espero una respuesta inmediata; sé que mis palabras son más un juicio que una consulta.
-Segundo, no pedí ni tarta ni agua. ¿Crees que soy una mendiga que aceptará cualquier cosa? Tráeme el menú.
No lo necesito,
Cuando finalmente me entrega la carta, apenas le echo un vistazo antes de continuar:
-¿Es este el mejor postre que tienen? Qué despropósito. Si estoy obligada a comer esta tarta, al menos demostrarás su calidad. Cómete un trozo -ordeno, señalando el plato con un dedo firme.
Contenido Oculto
Si le da un mordisco a la tarta, podré saberlo.
Le ordeno comer un trozo de tarta no para conocer los ingredientes ni su calidad, sino para comprobar que esta no ha sido envenenada. Una camarera desaparecida, un hombre misterioso con la manga blanca manchada, comida que no he pedido… Dada la extraña secuencia de los hechos prefiero mantener una actitud prudente hacia un desconocido.
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
31-12-2024, 06:27 PM
El mesero parpadea lentamente ante tu orden, su rostro traicionando un destello de incredulidad que rápidamente intenta ocultar tras una sonrisa forzada. Su postura, antes relajada, se tensa levemente al escuchar tus palabras. Con un gesto pausado y deliberado, se inclina para tomar un tenedor de la mesa cercana. — Por supuesto, señorita. — Su tono está teñido de cortesía obligada, pero hay algo más en su voz, una ligera nota de desafío o burla que parece buscar en ti una reacción.
Lentamente corta un trozo de la tarta con el tenedor y se lleva el bocado a la boca, masticando lentamente de manera casi teatral, mientras mantiene contacto visual contigo y deja entrever alguna que otra mueca durante la degustación. Finalmente, traga, se limpia la comisura de los labios con el dorso de la mano, y da un paso atrás, dejando el tenedor sobre el plato.
— Exquisita. — Afirma con una sonrisa medida, aunque el leve temblor en sus labios sugiere que quizá el sabor no haya sido tan agradable como pretende aparentar. — Pero, claro, nada digno de alguien con un paladar tan refinado como el suyo señorita. — Mientras el hombre habla, puedes notar cómo los murmullos de los clientes en la esquina han disminuido. Sus miradas hacia la puerta ahora se desvían hacia ti y el mesero, como si el intercambio entre ustedes hubiera captado su atención. Sus movimientos son discretos, pero hay un patrón, sus manos parecen moverse hacia sus bolsillos o cinturones con una sincronización que difícilmente es casual.
El mesero, ajeno o deliberadamente ignorante de las miradas, inclina ligeramente la cabeza hacia ti. — Si hay algo más que pueda hacer para satisfacer sus expectativas, hágamelo saber. — Su tono ahora estaba cargado de inseguridad y nerviosismo, como si quisiera alejarse de ti cuanto antes, sin duda había algo que le inquietaba. El aire se torna más denso, Katharina, aunque no hay movimientos bruscos ni gestos abiertamente hostiles, la atmósfera de la taberna se ha cargado de una tensión palpable gracias a la combinación de cosas que van sucediendo. La pregunta que flota en el aire no es si algo sucederá, sino cuándo y cómo.
Ahora, ¿cómo reaccionarás? Puedes aprovechar la creciente atención para observar más de cerca a los hombres en la esquina, buscando pistas sobre sus intenciones. También podrías confrontar directamente al mesero, usando su actitud evasiva para obtener más información sobre la mesera que te estaba atendiendo o sobre su papel en esta peculiar escena. O, por supuesto, puedes elegir sorprenderme con una acción inesperada que ponga de cabeza las expectativas de todos los presentes. Las piezas están en su lugar, y el tablero te pertenece, sorpréndeme Katharina, estoy casi seguro de que el ataque de tu padre no es solo una paranoia tuya.
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
07-01-2025, 07:13 PM
Analizo los movimientos del mesero, fijándome especialmente en su nerviosismo delatador. Corta un trozo y se lo lleva a la boca, masticándolo con sobreactuada gesticulación, y afirma que está exquisita. Sonrío, satisfecha por la resolución del mesero. Aún no he descartado que la tarta esté envenenada, la satisfacción surge de la obediencia del resto de las personas.
A pesar de haber hablado en voz baja -detesto los espectáculos de mala clase-, soy objeto de las miradas de los clientes. Puedo fijarme en el movimiento sincronizado de sus manos, buscando furtivamente sus bolsillos. La probabilidad de que me sorprendan con armas y sea acribillada es la misma de que esta imagen sospechosa sea producto de mi propia paranoia. Quizás sea buena idea relajarme, estas últimas semanas he estado excesivamente tensa, pero con tantos asesinos acechándome es difícil mantener la compostura.
-Agradezco tu servicio, mesero -le respondo con la vista clavada en la tarta, acercando el plato hacia mí-, aunque ahora necesitaré cubiertos limpios.
Puedo palpar el nerviosismo en el aire: los plebeyos suelen sentirse incómodos ante el inevitable sentido de la obediencia. Creen ser libres, merecedores de tomar sus propias decisiones, pero están contenidos dentro de murallas invisibles que desconocen. Hay poderes longevos que han echado raíces en este mundo, y sus garras se extienden por casi todos los rincones, afectando la despreciable vida de un reemplazable tabernero. Por eso, cuando presencian una obra de la obediencia, saltan sus alarmas y su lado más primitivo pretende reaccionar; siglos de esclavitud indirecta los han moldeado para mantenerse en la inacción.
Dirigir la mirada hacia los hombres en un lamentable intento de reunir información sería tan predecible como interrogar al mesero, quien ha dejado claras sus intenciones. La predictibilidad es el factor común de los mediocres.
Llevo la mano hacia debajo de la mesa y tomo un maletín limpio y sin ninguna magulladura, lo suficientemente limpio como para custodiar la joya que habita en su interior. Tras colocarlo sobre la mesa, retiro los seguros y lentamente levanto la tapa. Un hermoso violín de caoba cautiva mis ojos y enaltece mis fervientes impulsos por tocarlo. Llevarlo a mis manos consiste en un acto ceremonioso que guarda un profundo respeto hacia el instrumento, no es quitarlo como quien lleva un vaso a su boca. Merece ser tratado con la delicadeza de una madre que cuida a su recién nacido.
Y así lo hago.
Luego de levantarme de la mesa, deposito con cuidado mi barbilla en la mentonera y acomodo mis dedos en el arco. Inspiro profundamente, como quien está a punto de recitar un poema frente a una multitud, y comienzo a tocar. Una aguda melodía invade el interior, las corcheas y semicorcheas bailando energéticamente al ritmo de la música. Esta canción, si bien elegante como cualquier otra que entonase este violín, es apropiada para un ambiente festivo. Las notas agudas invitan al baile y la velocidad de las notas imita los efectos de la percusión, aunque el golpeteo rítmico del tambor ofrecería aún mayor profundidad y cuerpo.
Entonces, dirijo mis ojos hacia los hombres que están sentados en la esquina con la intención de cruzar miradas. Captaría cualquier emoción, desde la ansiedad hasta la confusión, pues indudablemente sus cuerpos revelarían lo que sus mentes intentan ocultar: cualquier médico decente entendería lo mínimo de lenguaje corporal.
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Revelo el (hide) del post anterior.
Agradezco los servicios del mesero, acerco el plato con la tarta y, entonces, toco el violín con la mirada puesta en los hombres sentados en la esquina. Intento leer su lenguaje corporal, utilizando los conocimientos de medicina que poseo.
PD: El violín lo llevo siempre, está puesto en mi ficha jeje.
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Donatella Pavone
La Garra de Pavone
10-01-2025, 03:59 AM
(Última modificación: 10-01-2025, 04:02 AM por Donatella Pavone.)
La primera nota de tu violín se deslizó como una brisa fresca en un día de verano, llevando consigo un contraste absoluto al bullicio áspero de la taberna. Conversaciones se detuvieron, y algunos bebedores alzaron la vista, sorprendidos por aquella inesperada interrupción musical. Los hombres que antes murmuraban en la esquina dejaron de moverse; sus ojos buscaron instintivamente la fuente de la música, y uno de ellos incluso dejó escapar un suspiro desconcertado.
La melodía se filtró entre las mesas y resonó en los techos bajos del lugar, volviendo la luz de las lámparas de aceite más cálida, menos opaca y con un ambiente particular al que estos “plebeyos” como llamas, no están acostumbrado. Sin embargo, como en cualquier muchedumbre no todos parecían disfrutar del momento, uno de los hombres, el más lánguido y con una nariz larga y puntiaguda, se removió en su asiento. Sus hombros se tensaban cada vez más con cada nota que ibas tocando mientras que sus compañeros, quienes entraron en pánico, claramente podían notarse que se forzaban a intentar mantenerse calmados, sus miradas se cruzaban de forma nerviosa revelando así fragmentos de algo imperceptible para muchos. ¿Temor? ¿Confusión? Quien sabe…
Mientras tocabas, el mesero que te había atendido dio un par de pasos hacia atrás, completamente desconcertado, pero aprovechando la atención desviada para deslizarse cerca de la barra, donde dejó el plato con la tarta, ya intocable. Si te percatabas, podrías notar algo familiar en su andar, algo que simulaba a tus captores cuando tenían urgencia, como si estuviera preparando su escape o esperando el momento exacto para informarle algo a alguien. ¿Acaso había olvidado y le daba miedo retirarse sin que le dieras permiso? ¿Quizás había estado esperando un momento oportuno para actuar? Después de todo esas manchas rojas en su manga parecían sangre y aún no lograbas confirmar si realmente lo eran.
Cuando llegaras al clímax de la melodía, la mirada seca y penetrante del narizón iría directo hacia ti, aquel sujeto rápidamente apartaría su mirada como si temiera ser descubierto, o al menos eso indicaba su semblante. Su lengua pasó por sus labios resecos antes de acercarse al oído de uno de sus compañeros y susurrar algo breve. Acto seguido, el otro asintió y se levantó con cuidado, sacando lentamente un pañuelo para secarse el sudor de la frente mientras se dirigía hacia la salida.
¿Katharina, qué estaba pasando? Sus movimientos eran calculados, demasiado limpio como para ser improvisado, como si acostumbrasen a hacerlos con frecuencia. Sin embargo, tu presencia y tu acto inesperado de música parecían haberte colocado en el medio de algo desconocido para muchos de los presentes. ¿Se retiraba para buscar refuerzos? ¿O acaso no soportaba el peso de la exposición de arte que les hacías?
Para cuando tu ultima nota resonara, si es que decides detenerte en algún punto antes de que fuera tarde para actuar, la taberna entera parecería contener el aliento durante un instante antes de estallar en murmullos y algunos aplausos tímidos de los clientes que no sabían si lo indicado era aplaudir o ignorar y beber.
¿Qué esperas Katharina? ¿Aprovecharas tu actuación para prolongar el espectáculo y desarmar por completo la tensión, llevándolos al borde de la incomodidad total? ¿Encararías con total elegancia y refinamiento al grupo que parecía ser comandado por el narizón? ¿Buscaras la forma de perseguir al hombre que se retiró? ¿Seguirás indagando o inspeccionando al mesero? ¿O simplemente confiarías en que tu música fuera el movimiento adecuado para esperar a que el siguiente movimiento venga hacia ti? ¿Acaso tienes otra opción en mente, siempre eres libre de jugar con tu destino como gustes? Quiero ver como una chica tan refinada como mortal puede librarse de todos estos posibles líos o mejor aún… me interesa leer como los percibe en tu mente… yo en tu lugar, sufriría de algún ataque de paranoia con toda la tensión que parecía haber a tu alrededor.
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
12-01-2025, 06:04 PM
El eco de mis últimos acordes causa el efecto esperado. Algunos de los clientes me han observado con detención, cautivados por el alegre sonido de mi violín; otros, han revelado un sospechoso nerviosismo que podría sugerir intenciones ocultas. Realizo una refinada inclinación de cabeza, mostrándome agradecida ante la música. De alguna manera, las notas musicales han aclarado mi cabeza y me han despejado de dudas. He llegado a la conclusión de que precisamente en esta taberna hay hombres que desean hacerme daño, que buscan cumplir con la voluntad de mi despiadado padre, pero no lo conseguirán, no esta noche.
Dirijo una mirada discreta pero calculada hacia los hombres que murmuran en la esquina. Uno de ellos ha abandonado la taberna. Quizás está preparando una emboscada, tal vez se largó para solicitar refuerzos, o puede que se haya cansado de la tediosa compañía de los otros hombres. Las posibilidades son infinitas como el horizonte, aunque, llegado a cierto punto, la verdad saldrá a la luz. Mientras todavía no lo hace, dedico unos efímeros segundos en observar y analizar en lenguaje corporal de los clientes sospechosos: miradas, gestos, susurros… Toda clase de señal me vendría bien para acercarme a una respuesta certera.
Entonces, guardo con cuidado mi violín. Mi actuación musical ha provocado el efecto deseado sobre los clientes y posibles asesinos, me he mostrado como una chica que no le teme a la muerte ni a los mercenarios de mi padre. Luego de guardar mi instrumento, me dirijo hacia la barra para hablar con el tabernero. Goza de una posición privilegiada gracias a la vista panorámica que posee, desde aquella posición seguramente se ha percatado de unos cuantos detalles útiles para mí. Además, debe poseer información valiosa.
-Espero que mi intervención no haya resultado una molestia para tu negocio -le comento, buscando entablar una conexión con la mirada-. ¿Podría hacerte unas preguntas? -continúo, dejando sutilmente unas cuantas monedas sobre la barra y bajo mi mano-. Los hombres de la esquina… ¿Son clientes frecuentes? ¿Conoces sus nombres? -Dejo otras monedas más-. ¿Y sabes qué ha pasado con la mesera? El chico que me atendió se mostró inusualmente nervioso y encima se ha manchado las mangas de la camisa con salsa de tomate, o eso creo. ¿Es nuevo?
Reservo una parte de mi atención en las posibles respuestas del tabernero, y la otra parte la destino al entorno. Los hombres de la esquina podrían sorprenderme con un ataque furtivo, aunque dudo que se revelen como asesinos ante tanta gente; los mercenarios de mi padre gozan de mayor experticia. Tampoco he perdido de vista una vía de escape ágil y expedita. Mucho menos he olvidado los rostros de todos los hombres sospechosos de la taberna: el mesero del cabello verde, el hombre que abandonó el local con gesto nervioso, y sus compañeros que realizan movimientos sincronizados como si se estuvieran poniendo de acuerdo para iniciar algo.
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