Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue puedes asistir a una función cirquense.
[Diario] [Pasado] Los tambores de la meditación
Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
En aquel sueño las líneas de diferenciación entre lo onírico y la realidad eran rebasadas tan constantemente que se hacía imposible discernir si aquello que estaba sintiendo, era auténtico o un mal sueño. Era extraño pues mi dieta no contemplaba comidas fuertes de ningún tipo para la cena con tal de descansar bien, y aun así, esas imágenes parecían propias de una indigestión y somatizadas en forma de vivencias. Sin embargo, iba más allá de una apariencia, de algo material o algo palpable.

En el sueño, las sensaciones se mostraban a flor de piel, y lo único que podía saber con certeza era que toda aquella vorágine de impresiones daban a una sola cosa, la akuma no mi que había ingerido. El vaivén de emociones daban lugar a un abanico infinito de presentimientos, notaba un pálpito mayúsculo, un ritmo calmado y alargado provocado por una especie de eco proveniente de cuencos metálicos.

Un gong tras otro con cada vez menos tiempo entre sí, pero inversamente proporcional a la duración, pues se hacían mucho más largos cada vez que resonaban. Aquella subjetividad se mezclaba con ondas céntricas nacidas de un líquido, pero nada parecía provocarlas desde su epicentro, todo se originaba a raíz de los gong que nacían resonando por todas la oscuras estancias. Yo me vi, me desdoblé de mi existencia y desde un punto de vista en tercera persona, el Lovecraft poco a poco caminaba hacia ese centro, sus pasos no perturbaban las ondas, y derrochaba decisión ante la dirección que tomaba, pues parecía estar interesado en llegar al centro.

Así fue cuando lo iba haciendo que los gong cogían más y más fuerza. Yo, o quizá el Lovecraft, llegó al fin, se sentó adoptando la postura del loto en una posición meditativa, y el intenso tintineo metálico se volvió más presente y violento. A aquel viejo monje se lo empezó a tragar el centro lentamente mientras el resonar repicaba por todos lados, hasta que la misma existencia del marina fue engullida por completo. Algo había cambiado en mí, no sabía el qué con seguridad, pero pronto lo haría.
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