Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Diario] [Diario] Samsara (Parte 1)
Shy
"Shy"
Muchos desconocen lo difícil que es transportar un cuerpo de una isla a otra. En especial si lo que se desea es que llegue de una pieza al destino. Y mucho más si la persona encargada de hacer ese traslado no es otro sino un cazarrecompensas parco en palabras. Pero Shy sentía que debía hacerlo. Aquella misión le correspondía. Era un deber, algo que su retorcida ética personal le exigía. Se sentía hasta parte de la misma deontología que orientaba la profesión del asesino y el matón.

Tuvo que negociar mucho. Y eso es bastante decir, teniendo en cuenta que Shy apenas podía pronunciar tres palabras antes de cortarse y sentirse cohibido. En realidad, la mayor parte de la negociación fue a través de frases escritas rápidamente en su bloc de notas, que leyó un celador taciturno. A estas frases tuvo que acompañarle una actitud amenazante, pues de no haber sido así, le habría mandado a freír espárragos desde el primer momento. Pero tenía que hacerlo, no podían quedar así las cosas. No le parecía bien. Aquella tarea debía realizarse, y ninguno de sus dos compañeros parecía muy dispuesto a ello. Así pues, Shy se lanzó a participar en aquella macabra pero necesaria empresa.
Y así fue como Shy pudo sacar el cuerpo de Hyun de la fosa común.
Hyun le había comentado, tiempo atrás, que era oriundo del reino de Kano. Shy no tenía una forma real de llegar hasta el West Blue, no antes de que Hyun fuera pasto de los insectos, así que optó por algo más realista –aunque desconocía si Hyun habría deseado descansar por última vez allí-: la villa Shimotsuki, en plena isla DemonTooth. Era, en cualquier caso, mejor que tener por morada final una fosa común en unas islas tan ruidosas y caóticas como las que conforman el archipiélago de Tequila Wolf.
Por supuesto, el tipo del kimono que llevaba consigo un saco sospechosamente grande atrajo miradas, especialmente en el crucero. Contaba con un certificado que pudo presentar en la aduana, de modo que los Marines no le supusieron un mayor problema. Pero los pasajeros empezaban a comentar. Shy dedicó miradas torvas a diestro y siniestro, esperando a que captasen la indirecta: no había que joder al hombre del saco.
Llegado a DemonTooth, no se esperó a buscar el lugar óptimo para un entierro, le valía cualquier trozo de tierra mínimamente apartado. Por supuesto, tampoco era menester llevar al cadáver al lugar donde se habían conocido: aquel macabro episodio le habría acarreado más problemas de los que estaba dispuesto a afrontar. Así pues, anduvo hasta dejar atrás la villa Shimotsuki. Era un día bastante más caluroso de lo normal para la estación en la que se encontraban, de forma que sudó bastante más de lo que le resultaba cómodo al llevar el saco sobre su hombro. Enseguida se topó con el lugar que buscaba: una parcela vacía a la sombra de un abeto y al pie de una colina. Shy dejó al cuerpo al lado del abeto y empezó a cavar.
Shy sintió en ese momento una punzada de empatía al pensar en todos los homicidios que había cometido, directa o indirectamente. ¿Se compadecía de las víctimas? Al contrario, se compadecía de los enterradores a los que había hecho trabajar. El cazador se dio cuenta de que cavar una fosa no tenía nada de artístico ni entretenido, y toda la melancolía que rodeaba como un aura a la figura del enterrador en la literatura se había quedado en los libros. En su lugar, solo podía quejarse del dolor de los brazos, de lo bañado en sudor que se estaba quedando y de la luz cegadora del atardecer. Además, estaba tardando bastante más de lo que creyó que iba a demorarse a priori, de forma que podía meterse en líos por no devolver a tiempo la pala que había sustraído con discreción.
Cuando al fin consiguió tener un agujero de más de un metro de profundidad, colocó el cuerpo de Hyun como un amante coloca a su pareja dormida en un lecho. Se arrodilló junto al cadáver, aún cubierto por el saco, y se preguntó si quería ver por última vez aquel bello rostro. Invadido por una sensatez que superó a la emoción del momento, optó por no hacerlo. Con lo sensible a los estímulos sensoriales que era, igual no soportaba ir acompañado del rezumante miasma del que otrora fuera un gran compañero.
Shy salió del agujero y sintió un enorme fastidio, pues tendría que volver a usar la pala y cubrir el agujero. Que fuera más sencillo no lo hacía mejor: seguía siendo un trabajo pesado y tedioso, y estaba seguro de que no podría enhebrar sus agujas en un par de días. Contra viento y marea soportó el dolor que se asentaba en sus hombros y cubrió el agujero por completo, alisando la tierra con la parte convexa de la pala.
Cuando hubo finalizado, clavó la pala frente a sí y miró al cielo. Se sentía compungido. Hyun era la persona que más le había importado desde Ame, y ambos habían muerto, dejándole solo en aquel loco mundo. Para mayor pena, Hyun no le había dejado solo, sino en compañía de dos compañeros que no eran ni la mitad de competentes que él. Hyun tenía muy buen juicio, pero también tenía un gran corazón, y eso le recordaba a Ame. Por eso había estado dispuesto a seguirle. Habría sido con gran placer su mano derecha, su amigo, su confidente, todo lo que él quisiera de Shy. El cazador habría estado dispuesto a desnudar su ser y deshacerse por su difunto compañero. Sabía que no era una forma sana de relacionarse… Pero si había personas merecedoras de aquel trato, eran Ame y Hyun. Shy titubeó, a la hora de intentar decir algo sobre su compañero. Incluso en ese momento le fallaban las palabras.
Shy tomó aire, y miró la copa del abeto. Dos gorriones se posaban sobre una de las ramas, piando y aleteando. En lo que uno roía la madera distraídamente para limarse el pico, el otro marchó volando, perdiéndose tras la colina. Cuando el gorrión que se había quedado levantó la mirada, se halló solo. Shy cerró los ojos, pesaroso.
-Hasta luego, Hyun –se decidió a pronunciar, con voz firme.
Inspiró. Otro capítulo se cerraba, y él volvía a estar solo, perdido, sin una brújula que le orientase. Volvería de nuevo a vagar por los rincones más bajos y sucios de la experiencia humana, como ya había hecho tras enterrar a su amada mujer.
Escuchó unos pasos. Alguien se acercaba por detrás. No tardaría en demostrar que había vuelto a lo más bajo.
#1


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)