Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue puedes asistir a una función cirquense.
[Diario] Lucky • Parte 1
Arthur Soriz
Gramps
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48 de Verano
Año 724

Cuando desperté el día siguiente, me sentí como si hubiera bebido barriles y barriles de alcohol... una resaca que no se iba ni con el pasar de las horas aunque a medida que me fui adaptando a esta nueva sensación fue cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo realmente. Primero fue un ligero tacto, nada más un apretón de manos. No era solo la ligera torpeza que empecé a notar en quienes me rodeaban después de un simple toque. La suerte de estos fue cambiando para mal... mientras que la mía en cambio fue para bien.

Los primeros días honestamente fue algo desconcertante, pero después supe que tenía que entrenar esas habilidades nuevas que me había brindado la fruta del diablo que consumí. Echaría mucho de menos los chapuzones en el agua de mar, pero al menos tendría la buena fortuna de ser una herramienta útil en las manos de la Marina. En especial cuando se trata de capturar piratas o solucionar problemas que no requieran la fuerza bruta.

Una de las primeras personas con las que empecé a probar mis poderes fue con el Teniente Julius Grant, un individuo de pocas pulgas al igual que pocas palabras... las justas nada más. Fanático del dominó, como todo geronte que ronda el G-23 honestamente. Cuando estábamos en medio de nuestra partida habitual de dominó nos estrechamos la mano antes de comenzar. No pensé mucho en ello hasta que en un turno que para él resultaba crucial, puso una pieza que no solo lo hizo perder el punto, sino que también desmoronó su estrategia completa. Siquiera fue que lo hiciera por gusto, es que se había quedado sin mejores fichas que poner.

¿Qué diablos...? —murmuró Julius, frunciendo el ceño mientras examinaba las piezas como si estuvieran malditas.

Por mi lado todas las fichas que tenía en mi posesión parecía que eran las adecuadas en cada momento, como si la partida ya hubiera estado a mi favor desde un comienzo. Esta sensación de "suerte" que había ganado no duró mucho. Durante la siguiente partida, comencé a notar que el efecto desaparecía. Mi suerte inicial se diluía y poco a poco volví a mi estado habitual de tener que trabajar duro para conseguir los resultados. Fue entonces cuando lo entendí esta habilidad no es infinita... no es un regalo perpetuo. Es un recurso que se gasta y si quiero mantenerlo, debo "alimentarlo" volviendo a tocar a la persona a quien deseo quitarle la suerte. De todas formas, al menos Julius no seguiría siendo sujeto de mis experimentos.

No quería ganarme la mala fe de mis colegas nada más por querer aprender a cómo utilizar los poderes de mi Akuma no Mi.

Esa misma noche decidí experimentar con más cuidado. Aún era cuidadoso a tocar a alguien sin motivo, así que busqué objetos que pudieran ayudarme a medir lo que estaba ocurriendo. Empecé a realizar pruebas más metódicas en los días siguientes, observando cuidadosamente cómo la suerte fluía hacia mí y cómo se desvanecía con el tiempo. Descubrí varios patrones que podrían servirme de utilidad a futuro para recordar sobre todas las cosas cómo funciona con exactitud mi nueva habilidad.

El contacto físico es la clave... La transferencia de suerte solo ocurre al tocar directamente a alguien. Mientras más prolongado sea el contacto, más suerte puedo absorber, aunque todavía no entiendo los límites. La suerte se gasta... Cada vez que las cosas se alinean a mi favor, siento que esa reserva de suerte disminuye. No es algo tangible, pero es como si una sensación cálida dentro de mí se desvaneciera poco a poco. Duración limitada... Incluso si no utilizo la suerte activamente, esta parece disiparse por sí sola después de un tiempo. Quizás es el equilibrio natural del mundo, que no permite que una persona acumule demasiada fortuna sin consecuencias, o tal vez la fortuna de las personas vuelve a ellas naturalmente.

Un día decidí probar algo más audaz. Fui al muelle y observé a los pescadores mientras lanzaban sus redes. Al tocar a uno de ellos con un apretón de manos sentí esa misma corriente extraña de suerte fluir hacia mí. Poco después, el hombre tropezó con una tabla suelta y casi cae al agua si no fuera que yo lo sostuve por la camiseta la cual casi se rasga si no fuera que quizás de forma inconsciente decidí devolverle su suerte natural.

Ese incidente me dio una idea inquietante. ¿Qué ocurre con aquellos a quienes les "robo" la suerte? Al principio, las consecuencias parecían menores... tropiezos, pequeños errores o deslices. Pero cuando decidí experimentar más tiempo con un compañero recluta, tocándolo durante varios segundos, las cosas tomaron un giro más sombrío. Durante su siguiente entrenamiento, perdió completamente la sincronización con su espada, y terminó cortando el aire en lugar del objetivo. Tuve que pedirle disculpas, incluso explicar que había sido por mi culpa que haya estado teniendo tan mala suerte. Luego de unos tragos y una buena charla por suerte el recluta entendió, que no estaba maldito ni nada por el estilo.

Fue un recordatorio de que este poder no es un juego. A cada golpe de suerte que yo gano alguien más debe pagar el precio. No me enorgullece admitir que me dejé llevar al principio, utilizando esta habilidad para evitar pequeños contratiempos cotidianos. Pero cuanto más lo usaba más entendía que debía tratar este poder con respeto y responsabilidad.

Lo más difícil fue aceptar que no podía simplemente "retener" la suerte indefinidamente. Si no la usaba, se disipaba... volviendo a las personas de alguna manera que aún no logro comprender. Esto me obligó a reflexionar sobre cuándo y cómo utilizar este recurso limitado. Aprendí que el verdadero desafío de la Raki-Raki no Mi no está en absorber la suerte, sino en decidir cuándo vale la pena utilizarla.

Los días posteriores al consumo se convirtieron en un periodo de intenso autoanálisis y experimentación. Pasé horas pensando en cómo podría usar esta habilidad para ayudar a los demás sin desequilibrar el destino de manera peligrosa. Sabía que aunque era tentador usarla para mi beneficio personal su verdadero propósito debía estar al servicio de la justicia. Cada prueba me acercaba más a comprender el delicado balance que esta fruta exigía, y con cada error fortalecía mi resolución de dominarla por completo.
#1


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