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Horus
El Sol
26-12-2024, 04:45 AM
(Última modificación: 26-12-2024, 04:49 AM por Horus.)
2 de Invierno, Atardecer
Centro de Loguetown
El cielo comenzaba a oscurecerse sobre mi, sin duda el atardecer había llegado y la noche estaba por llegar. Normalmente este momento iría precedido de una sinfonía de colores cálidos que tintarían el cielo antes azul, hasta que la oscuridad lo consumiría por completo. Pero hoy todo el cielo que cubría la ciudad de Loguetown estaba cubierto de nubes grisáceas que desprendían cierto aroma fresco y nevado. El frio comenzaba a ceñirse en la ciudad con la caída del sol, mi piel podía percibirlo con cada minuto que pasaba. Era algo normal, al fin y al cabo yo era alguien proveniente de una cálida isla de verano de la Grand Line, de hecho tan cálida que toda ella era un desierto. Y aunque las noches eran frías, no lo eran tanto como lo que estaba sintiendo ahora, dios que ganas me dan estos momentos de regresar a mi hogar.
Esta situación no seria tan mala si tuviera un techo bajo el cual refugiarme. Pero lamentablemente todo mi dinero estaba destinado a una buena causa, podríamos llamarlo una apuesta de futuro y era difícil que me fiaran o prestaran dinero por el East Blue, estaba metido en diversas deudas y tardaré un poco en librarme de todas ellas. Así que una vez más me tocara pasar la noche al raso y el frio, pero bueno no creo que vaya a ser tan malo.
Me encontraba en una pequeña plaza de la ciudad. Sentado de piernas cruzadas sobre una estatua con forma de tigre que decoraba la plaza, toda hecha con piedra gris. No sabia el motivo por el que habrían decorado la plaza con esa estatua pero me daba igual en esos momentos, tan solo estaba contemplando a la gente pasar de un lado a otro mientras pensaba en que comería esa noche. Con un poco de suerte cruzaría mi mirada con la de alguna moza atractiva e ingenua a la que pudiera seducir para que me invitara a cenar a cambio de mi agradable compañía y algunas bellas palabras. Algunos no lo consideraban una vida digna y honrada, pero si dios me había dado una cara bonita y una labia carismática para negociar, estaría feo no usarlas.
Aunque no me esperaba lo que estaba a punto de pasar. Las nubes grises que cubrían el cielo eran de lluvia, normalmente no habría problema con ello salvo que se me abren las puntas del cabello con la humedad excesiva. Pero la temperatura era demasiado baja, concretamente por debajo de cero. Eso causo que lo primero que sentiría sobre mi piel no seria una húmeda gota de agua, si no un helado copo de nieve que se derretiría al notar la calidez de mi cuerpo. Aunque ese copo no vino solo, era una sucesión de ellos que iban aumentando. Eso era una mierda, dormir bajo al nieve si que era algo más serio, que implicaba buscar un refugio o algo que me cubriera de la nieve, de lo contrario tal vez no viviría para ver el amanecer. Esa necesidad se había vuelto una prioridad por encima de encontrar una forma de cenar. Me quede pensativo sobre la estatua con las piernas cruzadas intentando pensar en algún sitio, pero apenas era mi segundo día en la ciudad.
— Que fastidio... — Exclamaría al aire con un tono pesado.
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
03-01-2025, 07:39 PM
El viento gélido se colaba entre las calles de Loguetown, envolviendo a los transeúntes en una bruma de copos de nieve que anunciaban la inminente llegada de la noche. Entre el ajetreo y el bullicio de la plaza central, una figura extravagante destacaba por su atuendo llamativo y sus movimientos tan estudiados como teatrales. El grandioso Pavo Real del Océano avanzaba con la gracia de un actor que entraba en escena, cada paso marcaba un ritmo, cada gesto era una pincelada que completaba un cuadro más grande y cada suspiro un recuerdo de su soledad antes de encontrarse con sus camaradas para ir al mar del norte.
La nieve comenzaba a acumularse suavemente sobre los adoquines y las estatuas, y fue entonces cuando sus ojos grises captaron una figura solitaria en la estatua del tigre. Un joven, con una expresión que oscilaba entre la molestia y la resignación, permanecía inmóvil, dejando que la nieve se derritiera sobre él. La exclamación del extraño fue simple, pero su apariencia era más suficiente para despertar la curiosidad de Mayura, un hombre que claramente se veía un poco más alto, de contextura similar y un pelo morado intenso parecido al del elegante pirata, era como verse en un espejo.
— ¿Fastidio? — Murmuró Mayura para sí mismo, con una sonrisa que bordeaba lo travieso y analizaba la escena. — Con este clima diría que es un escenario perfecto para una tragedia o, con un poco de suerte, una comedia romántica. — Continuó para sí mismo mordiéndose un labio y saboreándolo posteriormente. Sin más preámbulos, el Pavo Real del Océano se acercó, permitiendo que su ostentosa capa verdeazulado ondeara detrás de él como una cortina en un teatro al cerrarse el telón. Se detuvo al pie de la estatua, alzando la vista hacia el joven sentado sobre el tigre analizándolo con una mirada picara y excitante, de cerca se veía aún mejor.
— Buenas tardes, desconocido. — Saludó con un ademán elegante, inclinando levemente la cabeza, utilizando su tono histriónico y teatral como siempre. — Parece que el invierno te ha tomado por sorpresa. Aunque, sinceramente, debo decir que tu elección de asiento tiene un aire trágicamente heroico. — Mayura alzó una ceja, dejando que un copo de nieve se posara sobre su guante antes de soplarlo suavemente. — Pero dime, ¿realmente planeas pasar la noche aquí, bajo la nieve? Podría ser un final dramático... pero inconveniente si eres alguien que planea futuras aventuras. — dijo con un toque de sarcasmo, antes de mirar alrededor y finalmente detener sus ojos en los del joven con más seriedad. — Si estás buscando un lugar donde resguardarte, quizás pueda ofrecerte un trago en la taberna más cercana, justo me dirigía hacia ella. Aunque... — Añadió con un destello de teatralidad y una pausa tan dramática como elegante. — debo advertirte, no soy el anfitrión más convencional. — Una carcajada ligera le acompañó en aquella oración, buscando cortar cualquier tensión posible y tener un acercamiento más amistoso. Sin duda, el Pavo Real del Océano sentía mucha intriga por conocer más a fondo sobre este sujeto tan parecido en físico, y como usual, le era imposible contenerse cuando la excitación de la curiosidad por lo “bello” le invadía.
La oferta flotó en el aire, como un guion que esperaba ser aceptado o rechazado. Mayura, a su manera peculiar, ofrecía una mano ahora extendida hacia el sujeto, aunque no solo por cortesía, sino también por el intrigante presentimiento de que este encuentro podría ser el prólogo de algo mil veces más interesante de lo que parecía. "Espero no asustar a la audiencia con tanta cortesía... sería trágico para mi reputación." Pensó a la espera de la respuesta de su grata, generosa e intencionada oferta.
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Horus
El Sol
04-01-2025, 08:02 AM
Una fragancia peligrosa invadió el espacio en la plaza. Me percaté enseguida de su presencia; sus llamativos colores deslumbraban por el lugar en claro contraste con la nieve, como si se tratara del mundo de un lienzo en blanco sobre el cual aquel hombre se plasmaba a sí mismo con sus andares refinados y finos, como la pincelada más precisa de un virtuoso, y con una paleta vívida, cálida y agradable que rompía completamente la monotonía de aquel gris día, a causa del clima. Era agradable ver a alguien así, aunque solo fuera de vista, puesto que las personas tienen la tendencia de vestir colores apagados y oscuros para ir a juego con el terrible clima del invierno. Sin embargo, mi opinión era que justo cuando el mundo se apaga, las personas debíamos deslumbrar más que nunca.
El hombre se aproximó a mí. Sus palabras eran refinadas y corteses, al igual que sus andares. Lo observaba en una primera instancia sin bajar de la estatua del tigre, una elección de asiento peculiar y algo ostentosa, pero era el sitio que ofrecía mejor vista de la plaza, sin invadir los domicilios ajenos adyacentes al lugar. Cuando estás a la búsqueda de alguna oportunidad, siempre es mejor tener el mayor punto de vista posible y una buena perspectiva. Bueno, eso es lo que por la tarde me llevó a encontrar a esa abuelita necesitada a la que habían robado; por fortuna, todo ese asunto había terminado bien. Más me entretuvo lo suficiente para solo poder obtener unas galletas que la anciana me dio, que eran lo único que por ahora llenaba mi estómago.
— Mi nombre es Horus y jamás diría que no a la invitación a una copa — le respondí.
Mientras hablaba, me dejé caer de la estatua del tigre para quedarme a su lado. El tipo tenía una vibra que me gustaba, y, aparte, cuando no tienes dinero, no puedes rechazar la oportunidad de algo gratis. Pero, en parte, me alegraba encontrar a alguien con unos modales tan refinados y pulidos, que hablaba con tanta cortesía. Desde que abandoné mi hogar en Arabasta, no había encontrado un entorno o situación en la que alguien me tratara con cortesía como tal; era una sensación nostálgica, por llamarla de alguna forma.
— ¿No eres convencional? Mejor, lo normal y común es aburrido; a mí me gusta descubrir cosas nuevas — yo le seguía el juego, confiado.
Él, sin duda, desprendía algo magnético y atrayente. Era más fácil aceptar la copa de él que de cualquier otro, aunque no descarto que hubiera aceptado una copa gratis de cualquiera. Pero, por lo menos, me alegraba que la invitación proviniera de un buen tipo. Y, francamente, no me importó dejarme guiar hasta el local que él prefiriese llevarme; no le pondría ningún tipo de reparo o reproche, incluso si me llevaba al antro de más mala muerte de la ciudad. Siempre que la copa gratis se cumpliera, como ofreció.
Y la cosa podía comenzar interesante, porque nada más cruzar la puerta del local al que me llevara, a modo de broma (pero si la gente quiere, no es broma), había un poco de muérdago colgado de un hilo rojo sobre el umbral del descansillo que daba acceso al local, quedando la hoja colgada sobre quienes entraran en pareja, siendo la comidilla del lugar o el producto de algunas risas, según cuál fuera la actuación de los atrapados. Y, como buen invitado que yo era, no pensaba ofender a mi anfitrión si tomaba algún tipo de iniciativa.
— Bueno... ¿Entramos o...? — comenzaría a decir dubitativo.
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
04-01-2025, 06:29 PM
El sonido de la nieve bajo sus botas era suave, casi imperceptible, mientras Mayura seguía al joven con la mirada, apreciando su elegante descenso de la estatua. La figura de Horus, con su porte seguro y sonrisa despreocupada, contrastaba maravillosamente con la frialdad del entorno. Cuando se presentó y aceptó su invitación sin dudar, un brillo de aprobación cruzó los ojos grises del Pavo Real del Océano, mostrando su entusiasmo tras ser aceptado.
— Horus... — repitió Mayura en voz baja, como si saboreara el nombre, sus posibles matices y cada letra de este. — Un nombre digno de alguien que sabe disfrutar de lo inesperado. Me encanta. — La sonrisa en sus labios se amplió con naturalidad mientras extendía un brazo en dirección a la taberna más cercana, inclinando ligeramente la cabeza con un gesto refinado. — Me complace escuchar que compartes mi desprecio por la monotonía. La vida es demasiado breve como para beber lo común o quedarse con lo predecible. — Continuó ahora dando inicio hacia su recorrido de la taberna más cercana, de la cual pocos podrían quejarse de su excelente servicio hasta el momento.
El breve trayecto hasta la entrada estuvo acompañado por comentarios triviales pero encantadores de Mayura, que mantenía el ambiente ligero y divertido, buscando mantener la situación relajada y creando confianza. Sin embargo, cuando alcanzaron el umbral, la vista del pequeño muérdago colgado sobre la entrada le provocó una sonrisa aún más marcada y picara. Era como si el universo hubiera añadido un pequeño adorno a la escena, un detalle que encajaba a la perfección con el ambiente teatral del momento.
Mayura alzó la mirada hacia la pequeña hoja suspendida sobre ellos, luego volvió la vista hacia Horus con una expresión que combinaba sorpresa y una pizca de travesura. — Oh... mira qué coincidencia tan caprichosa, el destino suele ser un gran escritor cuando se lo propone. — Comentó con un tono juguetón, como si el destino mismo hubiese querido añadir un nuevo giro a la historia. Sin apartar la mirada de Horus, inclinó un poco la cabeza hacia un lado, dejando que su larga cabellera se deslizara sobre su hombro como un velo deslumbrante. — Dime, querido Horus... ¿cómo actuarías tú en una escena como esta? — Su pregunta llevaba implícito un desafío divertido, una invitación a ver qué papel quería desempeñar su recién conocido en aquel pequeño acto improvisado, tras estas palabras el Pavo Real del Océano posaría su mano derecha con delicadeza en la barbilla de Horus, mirándole fijamente a los ojos con su sonrisa teatral, mostrando un nivel de entusiasmo que aún no le había dejado ver al recién conocido.
— Vamos, no me hagas esperar y haz tu jugada. — Finalizó con un tono coqueto y lleno de pasión, como si cada pausa y palabra estuviese perfectamente calculada. El ambiente en la entrada parecía contener la respiración, como si todo alrededor de ellos esperara una reacción. Sin importar cuál fuera la respuesta de Horus, Mayura estaba seguro de algo, aquel encuentro se volvería una anécdota memorable, digna de ser recordada en las noches futuras junto al calor de una chimenea y con una buena copa en mano. O quien sabe, quizás solo era el inicio de un largo trayecto de la mano del sujeto, después de todo parecían tener más en común que algunos rasgos físicos.
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Horus
El Sol
05-01-2025, 03:27 PM
A pesar de la cortesía y galantería que el apuesto hombre iría desprendiendo con sus actos y palabras, me daría cuenta de que no habría presentaciones por su parte. Eso fue lo único que no me pareció cortés de su parte, pero tampoco podía culparlo por ello; había gente que simplemente no quería o podía decir su nombre, cada uno contaba con sus circunstancias y razones. Pero bueno, eso no quitaba que se estaba mostrando muy galante y refinado en sus palabras y actos, sin duda un sujeto agradable, aunque no supiera cómo dirigirme hacia él con facilidad. Así que tendría que utilizar algún término más genérico como "caballero" o "señor".
Avanzaríamos por las calles nevadas y decoradas ya con las festividades, notando a la gente que caminaba de un lado a otro, cargada con múltiples compras de comida y regalos para estas celebraciones. Algunos también cantaban en alguna plaza y portal diferentes villancicos. Era lo normal en esta época; había algunas pocas personas a las que no les gustaba ese tipo de ambiente. A mí me daba cierta alegría porque era la calidez que el clima quitaba al entorno y fomentaba un poco de felicidad con un cielo tan lúgubre. Pero bueno, hoy no le estaba prestando mucha atención a eso mientras íbamos al local que conocía el amable desconocido para invitarme a una copa.
En el local, encontramos nada más entrar la hoja de muérdago colgada sobre la entrada, una clara broma para quienes entraran en pareja, puesto que muchas veces en un bar debían entrar amigos, lo cual garantizaba algunas risas a costa de los desprevenidos que estuvieran dentro. Pero bueno, era una broma inocente. Más no había ni un ápice de inocencia en las palabras y gestos del caballero que me trajo a este local. Sus palabras incitaban a que esperaba algún movimiento de mi parte y jugaba con lo caprichoso que es el destino al poner algo así en su camino. Mientras que sus actos eran incluso más directos y claros que sus palabras, tomando de forma suave y grácil mi mentón como si fuera a robarme mis labios en cualquier momento. Su cabello era sedoso y brillaba con la luz de aquel lugar; sin duda, un sujeto atractivo y bien esculpido por los dioses. En mi más franca y sincera opinión, no me importaba en lo más mínimo besarle, aunque si el tipo quería llegar más lejos tras eso, debería trabajarlo un poco mientras me invitaba a una copa.
— Tienes razón, es de mala educación — le respondería cuando me incitó a no hacerle esperar.
Sin dudarlo, tomé su mano para liberar mi mentón, con el fin de inclinar un poco mi cuerpo para que mis labios alcanzaran a los suyos con gracia, compensando la ligera diferencia de altura. Sus labios eran cálidos y me preocupaba que notara algo agrietados mis labios por el frío intenso que había estado pasando en la calle. Pero esas nimiedades no importaban cuando los labios de dos personas se fundían en uno solo, transmitiendo la calidez de uno al otro. Más no me encontraría receptiva a que el beso escalara a uno mayor usando la lengua, porque para ir un poco más allá de lo que se consideraba un piquito, el amable sujeto requeriría trabajarlo un poco.
— Bueno, vamos a por esa copa — diría tras separarme de él.
El beso duró unos tres segundos, no fue ni rápido ni corto, aunque denegué cualquier opción de lengua por el momento. Veríamos qué tal se le daba al hombre la conversación y la galantería mientras tomábamos algo. Así que le conduje hasta la barra para tomar asiento y poder empezar con nuestra prometida velada por su parte.
— Dado que invitas tú, pide algo para los dos, sorpréndeme — le diría con cierta picardía.
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
12-01-2025, 06:30 AM
El ambiente de la taberna se llenó con un leve murmullo al notar la escena en la entrada. Algunos espectadores alzaron la vista, curiosos, mientras otros reían entre dientes al ver cómo Mayura y Horus cruzaban bajo el muérdago. El Pavo Real del Océano mantuvo su porte majestuoso, con una ligera sonrisa en los labios tras aquel beso inesperado, pero, sin duda, bien recibido. Horus había respondido al desafío con más elegancia de lo que muchos habrían imaginado, y aquello solo aumentaba el interés de Mayura por su acompañante.
— Debo admitir, querido Horus... has elevado mis expectativas de ti. — Mayura comentó con un tono seductor mientras se acercaba a su oído. — No cualquiera se atrevería a besar al Pavo Real del Océano, Mayura Pavone. — Continuó con un susurro, esperando con ansias ver si la revelación de su identidad causaba alguna reacción en el hermoso sujeto. Luego ondearía su capa brevemente antes de adentrarse a la taberna y sentarse con elegancia en un taburete de la barra, ignorando cualquier reacción ajena a ellos.
Observó la barra con ojos críticos, notando la variedad de botellas ordenadas en los estantes tras el encargado. Frascos con líquidos de colores, algunos intensamente azules, otros de un ámbar reluciente, parecían parte de un cuadro pintado por un virtuoso de los licores. Con un gesto teatral, Mayura posó un dedo sobre sus labios, simulando un momento de profunda reflexión antes de hablar. — Cantinero, dos copas de vino caliente especiado con un toque de miel y canela. — Dijo con voz firme pero encantadora posando su mirada sobre su acompañante. — No hay nada mejor para entrar en calor en una noche invernal, ¿no crees, Horus? — Agregó mientras inclinaba la cabeza, dejando que un mechón de su cabello se deslizara con elegancia por su hombro.
El cantinero asintió con una sonrisa y se dispuso a preparar las copas de los protagonistas de la escena tan peculiar que había presenciado la taberna, mientras Mayura observaba a Horus con sus característicos ojos grises, chispeantes de curiosidad, analizándolo de pies a cabeza. — Y bien... — dijo con un tono más íntimo y suave mientras se inclinaba ligeramente hacia su acompañante. — Ya que has respondido a la altura del reto, ¿qué historia oculta tras esos labios? ¿Qué trae a alguien tan intrigante como tú a esta isla, y qué sueños persigues bajo este frío cielo? — Sus palabras eran como un guion recitado a la perfección, pero en su mirada se escondía algo más profundo; un auténtico interés por descubrir los secretos detrás de la persona que tenía frente a él.
Mientras tanto, las copas humeantes llegaban a la barra, desprendiendo un aroma dulce y especiado que llenaba el aire con una calidez reconfortante. —Que este sea el primer brindis de una velada memorable. — Murmuró Mayura con sensualidad, alzando la copa con una sonrisa llena de intenciones y promesas, mirando fijamente a Horus a los ojos.
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Horus
El Sol
12-01-2025, 07:51 PM
El beso fue bien recibido por parte de Mayura. Como era de esperar, no es por alardear, pero tengo la fama de besar bien entre más de una encantadora dama y algún que otro hombre; no voy a ocultarlo. Algunos pensarán que es un desliz besar a otro hombre, pero no para mí. Si la otra persona es hermosa y receptiva, no hay por qué reprimirse. Una cosa es ser un poco considerado y otra, tonto. No obstante, no me malentendáis: no soy de los que solo besarían a alguien por su aspecto físico. Eso es importante, claro, para despertar el libido, pero no hay que olvidar la belleza del alma. El carácter y la historia de una persona pueden hacerla hermosa a su manera, logrando que conectemos a un nivel muy íntimo y personal. Los sentimientos y la personalidad no son solo para el amor romántico, como algunos piensan.
Aunque en esta ocasión el beso se produjo más bien por la presencia de aquel muérdago, era una tradición de las festividades, y yo no me considero quien para no seguirlas o aplicarlas. Así que el atractivo muchacho podría considerarse afortunado y privilegiado de haberse llevado un beso de mi parte con tanta facilidad. Normalmente, me habría gustado que me invitaran a algo y conocer un poco a la otra persona antes de dejarnos llevar por la pasión, pero sería un beso sencillo; era mejor no prender demasiado una mecha a tan temprana hora de la noche.
Evidentemente, el flujo de emociones que se produciría en el antro era muy diverso. Ante ese beso, sin cortarnos ni un pelo, pude notar cómo varios de los comensales, que habían comenzado con algunas burlas al ver a dos hombres entrar al mismo tiempo bajo el muérdago, ahora se mostraban molestos y frustrados ante la escena, sin poder burlarse al ver que dos hombres se besaban sin ningún problema. Alguno sí se burló ante la escena; normal, siempre hay algún borracho unineuronal que es incapaz de pensar en una sociedad diversa y que es demasiado hombre para ni tocar a otro de ellos. Eso sí, son los típicos que luego ven a dos mujeres besarse y se ponen a babear como simios en celo; simplemente podemos catalogarlos como eso mismo, simios. Por suerte, había una parte de la clientela más madura y centrada que, simplemente, ante la escena, volvieron a sus asuntos y a sus copas.
— Es un nombre precioso, aunque me suena de algo vagamente. No me dirás que estoy siendo invitado por un famoso, ¿no? — le preguntaría intrigado.
Mayura tenía un "Wanted" por su cabeza, pero en ese momento yo no sabía eso bien, porque aunque alguna vez le echo un vistazo a los criminales más buscados de la zona en la que estoy, no soy ningún cazador de recompensas o Marine como para prestarles especial atención a todos y cada uno de los delincuentes. Así que es probable que hubiera leído su nombre en algún momento cuando llegué al East Blue o que alguien cerca de mí lo haya mencionado, pero no soy capaz de recordarlo con precisión y mucho menos asociarlo con el hombre que tenía delante, cuyos encantos te hacen pensar que es impensable que se trate de un simple delincuente.
Pero lo importante es que todos volvieron a sus copas, como nosotros haríamos ahora mismo, que nos habíamos dirigido a la barra de la taberna en busca de algún trago decente, como me había prometido el joven apuesto. Estaba intrigado por ver su elección; eso hablaría y diría muchas cosas de él. Pude notar cómo llevaba los dedos a sus labios pensativo. Yo simplemente admiraba ese porte mientras apoyaba el codo en la barra, dejando reposar sobre mi mano el mentón. Era una imagen digna de admirar ver a esa persona en ese estado de reflexión. Finalmente, el muy pícaro se decidió por una copa de vino, el cual despierta pasiones, miel para endulzar y canela. Cualquiera que haya comerciado un poco sabe que esa especia es un poco afrodisíaca; no es excesiva, pero sí un poco, y sumada a un vino caliente podría despertar el libido de más de uno. Sin duda, ese hombre iba a lo que iba esa noche. Pero lo disimuló bien con el calor del vino para combatir las inclemencias climáticas de la estación, algo loable por su parte, pero no me engañaría el muy picarón.
— Sí, sin duda una buena copa para calentar el cuerpo en múltiples sentidos. La miel también ayuda a suavizar un poco la garganta, previniendo posibles toses fruto del frío. Una copa muy considerada y acertada en estos tiempos y con este clima — le diría.
Había estado mucho rato viendo qué hacer bajo la nieve, así que ciertamente era una buena elección para dar un poco de calor al cuerpo de alguien que, sin duda, estaba algo más frío de lo que debería. Pero eso no quitaba la doble intención que se apreciaba en su elección.
Mientras el barman nos calentaba el vino y lo preparaba para especiarlo, Mayura planteó una pregunta al aire con el fin de saber más sobre mí. No dejaba de resaltar que había captado su atención y que sus expectativas en mí eran elevadas. Yo simplemente haría caso omiso a eso; llamar la atención y no seguir el molde común eran algo natural para mí, simplemente surgía de forma natural con mi forma de ser. Pero bueno, era conveniente centrarnos en su pregunta; quería saber de mí y qué me había traído hasta ese lugar. Bueno, eso era sencillo, al fin y al cabo no tenía nada que ocultar.
— Pues verás, es muy sencillo. He venido ante la noticia del próximo viaje al North Blue. Estoy muy interesado en explorar ese mar tras casi un año deambulando por el East Blue; es hora de moverme un poco. He escuchado que mañana será el día en que algunos de los nuevos transportes que una nueva empresa patrocina van a zarpar hacia ese mar. Tengo mucha curiosidad por cómo será el viaje, su novedoso sistema de transporte y, más aún, por llegar al North Blue — diría, notándose en mí una chispa de ilusión en los ojos.
Mientras decía todo eso, el camarero tras la barra llegó con las dos copas de vino caliente especiado con canela y un toque de miel que había quedado perfectamente diluida en la sustancia carmesí que componía el cuerpo de aquel vino riojano. Un buen deleite para los labios ligeramente agrietados por el frío, aunque no tan profundos como para que humedecerlos con ciertas sustancias les supusiera un problema. Entonces, Mayura alzó su copa hacia mí con la intención de brindar. Sin dudarlo, entrelacé mis dedos con el cuello de aquella copa, alzándola suavemente hasta repicar su cristal contra el de la copa de Mayura, haciendo el clásico repiqueo como finas campanas que solo se alcanzaba con un ligero y suave toque de dos copas, que harían vibrar ligeramente los líquidos embriagadores que había en su interior, al igual que la lujuria se alzaba y vibraba en el ambiente.
— Por una velada inolvidable — repetiría sus palabras.
Tras aquel brindis, daría un sorbo al vino. Era dulce y se notaba la nota de canela en su composición. Sin duda, un solo sorbo de esa sustancia me llenó de calidez desde mis labios hasta mi estómago, transmitiendo esa sensación cálida por todo mi cuerpo, y tan solo había sido un sorbo modesto. Sin duda, ante una posible hipotermia, era conveniente beber mucho de esto a un buen ritmo, aunque por suerte no era el caso. El deje de canela se apreciaba en mis labios y me provocó relamerme un poco, disfrutando hasta la última gota de ese delicioso e intenso sabor, mostrando que mi lengua no era solo refinada, sino que también juguetona.
— Y en cuanto a mi historia de antes, puedo decirte que abandoné mi hogar en Arabasta con el fin de hacerme explorador y surcar los mares en busca de todos los mitos y leyendas que pueda, con el fin de enfrentarme a ellos y descubrir la verdad que hay tras esas historias: una ciudad perdida, un misterioso fantasma que ronda unas ruinas, la leyenda de un tesoro perdido, un viejo diario de un aventurero. Todas esas son las cosas que busco con ansias por el mar y con las que espero encontrarme en el North Blue, enfrentarme cara a cara con lo desconocido y buscar las respuestas tras una hilera de pistas y misterios que me acerquen a saber más — se me podía notar emocionado hablando de eso, con un brillo en mi mirada.
Es un tema que, al fin y al cabo, me apasiona profundamente. Me inspira y me llena de ganas de salir inmediatamente en búsqueda de alguna leyenda perdida del mar. Horus el explorador; era mi sueño y proyecto de vida. Dedicaria mi vida a viajar, ver lo que nadie había visto y encontrar lo que se creía perdido. Una vida llena de emociones y plena. No obstante, tampoco quería acaparar completamente la conversación. Por mucho que fuera el propio Mayura quien me hubiera preguntado, al fin y al cabo, yo también tenía interés en saber un poco más sobre él y su persona.
— Ahora te paso el testigo yo a ti, querido Mayura. ¿Qué te trajo a esta isla y de dónde vienes? — una pregunta inocente y sin dobles intenciones.
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Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
01-02-2025, 12:04 AM
El aroma del vino especiado se alzó entre ellos, envolviendo el momento con una calidez embriagadora, fascinado porque aquel sujeto que aguantaba frio como un mendigo parecía bien letrado con su comentario ante la orden del elegante pirata además de su historia con interés por navegar hacia el North Blue en el nuevo sistema que habían estado promocionando. Mayura mantuvo su copa en alto solo un instante más de lo necesario, permitiéndose saborear la anticipación en la mirada de Horus antes de chocar sutilmente el cristal contra el suyo. — Por una velada inolvidable. — Repitió en un tono cargado de promesas, pero también de una certeza fugaz, como si ya intuyera que aquel encuentro podía ser un instante pasajero, un destello en la inmensidad del mar.
Bebió su copa con la elegancia de siempre, dejando que el calor del vino se deslizara por su garganta y asentara la sensación de comodidad en su pecho. Aún con los labios humedecidos por la bebida, sus ojos grises se posaron en Horus, absorbiendo cada matiz de su expresión con la atención de un artista frente a una obra aún incompleta, aquel sujeto era un aventurero por naturaleza, una característica que parecían compartir y esto intrigaba mucho más al Pavo Real del Océano. — ¿Qué me trae a esta isla? — Repitió su pregunta con una sonrisa ladina, jugueteando con la copa entre sus dedos pensando meticulosamente en cada palabra que estuviera a punto de elegir, pues sentía la necesidad de capturar la atención del apuesto sujeto parecido a él.
— Digamos que los vientos me han empujado en esta dirección. No soy alguien que planifique demasiado lejos su futuro… el destino y yo tenemos una relación caprichosa. Pero si debo ser sincero, Loguetown es solo un punto de paso. Aquí busco algo, o quizás a alguien, aunque aún no he decidido si lo he encontrado. Igualmente debo esperar a partir en ese mismo sistema de vuelo, uno de mis compañeros de tripulación solicitó nuestra ayuda para acompañarle al Mar del Norte. — Dio un pequeño sorbo, dejando que la pausa flotara en el aire antes de continuar.
— Mi historia es larga y está llena de giros inesperados. Nací en una cuna de oro, pero no tardé en descubrir que la jaula es la misma sin importar de qué metal esté hecha. Así que me fui, dejé atrás un apellido, una vida llena de restricciones, y me lancé al mar. ¿Para qué? Para encontrar lo que en las fiestas de gala jamás pude hallar: la libertad de decidir qué historia contar sobre mí mismo cada vez que alguien pregunta. — Su sonrisa se suavizó, una de esas raras expresiones donde la teatralidad daba paso a la autenticidad. — Tú, en cambio, pareces alguien con un propósito más claro. Un explorador con un hambre voraz por lo desconocido. Me gusta eso. Quizás, algún día, nuestros caminos se crucen en busca de una misma historia. — Dejó la copa sobre la barra con un movimiento fluido y se puso de pie con la misma gracia con la que se había sentado. Sacó un par de monedas y las dejó sobre la mesa con un ligero tintineo, asegurándose de que hubiera suficiente para que Horus pudiera quedarse con el cambio.
— Por ahora, si el destino quiere que volvamos a encontrarnos, no me opondré a la idea. Pero si la noche se complica y el frío se vuelve insoportable… busca la posada en la esquina de la plaza central. La reconocerás por las farolas de cristal azul. Pregunta por mi nombre, te indicaran mi habitación. — Se inclinó hacia él con un aire de confidencia, dejando caer su última frase con la suavidad de un secreto seductor en su oído.
Le dedicó una última mirada, intensa y cargada de ese aire entre juguetón y serio que lo caracterizaba, antes de girarse con la fluidez de un actor que sabe cuándo dejar el escenario. Su capa ondeó tras él como un último aplauso al encuentro. Y con ello, se perdió entre la multitud, dejando tras de sí el eco de una noche marcada por el aroma del vino, la dulzura de la miel y la incertidumbre de si el explorador le alcanzaría, iría con él o le visitaría más tarde en esa misma noche para compartir la habitación de la posada.
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