Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue puedes asistir a una función cirquense.
[Común] [C-Pasado] El Faro
Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
Isla Kilombo
Día 16 de Otoño – Año 424.

Mi capacidad de navegación siempre fue nula, realmente nunca tuve madera para ningún oficio y aún así decidí lanzarme al mar para darme cuenta de efectivamente soy el peor navegante la historia… Aún con eso siempre creí que nunca afectaría en mi travesía o tal vez si pero en menor medida, después de todo yo no tenía otro sueño más que ser el espadachín pirata más grande de todo los tiempos, no un buen navegante, realmente no pude estar tan equivocado. Luego de escapar con efectividad de mi isla natal me embarque con destino a Loguetown, quería que fuese mi punto de partida para mi gran viaje, tenía simbolismo y un peso sentimental muy alto para mí, fue la isla de la muerte de mi madre y también donde yo nací, tenía un vínculo metafórica y literalmente con mi sangre, sencillamente perfecto según mi criterio.

No había problema con la isla pero sí con como llegar, ya lo dije antes, mis capacidades era sencillamente nulas y no podía siquiera mantener el rumbo fijo de mi intento de embarcación, razón por la que me dejé llevar por la marea, confiaba en que llegaría en algún punto a Loguetown o por alguna razón parecía una idea totalmente lógica y sostenible. Así fui llegando de una en una a islas que no era para nada Loguetown, visitando culturas y gente en busca del lugar en donde de manera graciosa se supone iba a iniciar mi viaje, y así llegué a Kilombo.

Mi llegada fue al atardecer, el sol ya estaba apunto de desaparecer y las luces de la isla se encargaban en conjunto de las nacientes estrellas de iluminar a su gente, bajé de mi pequeña barca robada aún estoico de mi situación, sabía que no estaba en Loguetown, pero quejarme no iba a ayudarme a resolver mi falta de amistad con la orientación en el mar, razón por la que decidí explorar la isla antes de seguir con mi travesía por las islas. Mi caminata fue lenta, sin apuros algunos y con una pequeña sonrisa que no dejaba ver mi dientes. Me encantaba sentir el viento mover mi cabello mientras los transeúntes no paraban de ofrecerme dulces y objetos locales a modo de recuerdo, realmente sabían cómo llamar la atención de un turista porque de un momento a otro ya tenía collares, pulseras y estaba degustando algún que otro dulce.

Dentro de todo el movimiento de la isla el cual era el suficiente para hacerme desear tomarme un pequeño descanso no pude evitar apartarme de la ciudad, quería comer lo que había comprado en paz así que me dirigí al bosque en donde luego de la suficiente caminata pude llegar a un pequeño acantilado en donde apenas y pude sentarme dejé caer mi comida quedando boquiabierto por lo que tenía delante. – Uhh. . . Vaya, un faro – me levantaba mientras la luz del mismo iluminaba mis pupilas por momentos – No puedo dejar pasar esta oportunidad, no hoy – Como pude limpié mi kimono de restos de comida y emprendí viaje en dirección aquel faro que no solo iluminaba el camino de los barcos sino que ahora el mío.
#1
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
El sol ya empezaba a ocultarse en el horizonte, marcando la entrada de la noche y con el fin de las labores de la Alférez dentro de la base. Su jornada siempre empezaba muy temprano por la mañana y terminaba al anochecer, un horario al que su cuerpo se había acostumbrado y era normal que el cansancio y el estrés empezara a invadirla cuando llegaba la hora de la salida, deseando llegar a la posada donde se hospedaba y relajarse, porque claro, ella no iba a compartir dormitorio con un montón de soldados masculinos que no tenían mejor cosa que hacer que mirar de forma pervertida a las chicas.

La muchacha terminó su papeleo dentro de su oficina, dejó la pila de papeles en el escritorio y dejó caer la pluma de golpe en la madera, material con el que estaba fabricado el escritorio. Se levantó y tomó aquella capa blanca reposando en el respaldo de su asiento y la colocó sobre sus hombros, una prenda que la distinguía como una Oficial de la Marina. Seguido, tomó las tres Katanas recargadas en una pared cercana y las colocó una a una en su cintura, parecía que se estaba preparando para algún patrullaje o una cosa similar, pero no, solamente odiaba tener que cargar todo en la mano… O talvez sí se estaba preparando para un patrullaje…

Justo cuando salió de la oficina y cerró la puerta, uno de los Sargentos de la base se acercó a ella con un saludo militar, Anko pensaba que solo quería saludarla o darle las buenas noches, pero no… El Sargento estaba ahí para compartir las órdenes de los superiores de la base con ella. Resulta que efectivamente tenía que hacer de guardia en las cercanías del famoso Faro de Rostock. Un suspiro frustrado salió de su nariz cuando escuchó las palabras del Sargento, quien se llevó la mirada de desprecio de la joven cuando él no tenía nada que ver con ello. Anko aceptó la misión y se alejó para salir de la base, sabía que ese día no regresaría a descansar temprano, pero al menos el día siguiente lo tendría libre, o así había sido siempre.

Su figura hizo presencia en las calles del pueblo, lugar en donde ya era conocida, algunas personas la saludaban y ella regresaba el saludo de forma educada, alzando su mano enguantada para ello. Pero nada ni nadie quitaba que por dentro iba maldiciendo su suerte de ser ella quien tuviera que hacer guardia ¿No pudo haber otro soldado para ello? Era la pregunta que rondaba su mente con cada segundo que pasaba. Finalmente, y luego de una larga caminata, estaba en las inmediaciones del imponente Faro, nunca había estado tan cerca de él, ni mucho menos dentro de la estructura. El paisaje era de alguna forma hermoso, con el mar azul extendiéndose en la lejanía con la luz del Faro alumbrando el camino de los múltiples barcos que atracaban día a día en el muelle del pueblo.

Su capa ondeaba sutilmente con el viento mientras su mirada oscura y perezosa se perdía con la magnificencia del paisaje, por breves momentos, tuvo recuerdos de aquel acantilado en DemonTooth donde conoció a un joven Hafugyo y compartió un pequeño momento con su hermana menor, ya tendría que visitar su isla natal algún día y reunirse con ella. Sus recuerdos fueron interrumpidos cuando el sonido sutil de unos pasos acercándose llegaron hasta sus oídos, no esperaba que fuera un enemigo o ladrón, por lo que mantuvo su postura relajada mientras miraba por encima del hombro para alcanzar a divisar a quien fuera que caminara hacia el Faro.
#2
Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
Mi caminata fue lenta y tranquila, no tenía apuros realmente, sabía que estaba cerca de mi objetivo, podía verlo y casi palparlo con mis manos, la diferencia en mi caminar solo me haría llegar más tarde pero igual que si caminase más rápido, si hubiese algún obstáculo en el camino o si me sentaba a descansar un rato, iba a llegar, más tarde que temprano, pero lo iba hacer; la noche era joven y los pasos suaves en mi andar dejaban en claro que lo tenía bastante presente. Era casi llevado por el viento y guiado por la luz del faro que impacta en mis pupilas por momentos antes de iluminar a los demás navíos perdidos, así me sentía yo, con un barco sin rumbo fijo pero que buscaba algo que le hiciese tomar rumbo de una vez, esa ráfaga de viento que te salva de la tormenta, que te lleva a un lugar seguro o como ahora, ese faro que ilumina tu camino.

Estaba en mi objetivo, mis pisadas en ramas y hojas muertas que con el movimiento de algunos arbustos advertían mi llegada, pensé que podía hacer todo el ruido que quisiese, realmente pensé que estaría solo admirando la estructura y el paisaje, tal vez dibujando un poco el mismo como recuerdo a pesar de que mis habilidades como dibujante son casi tan precarias como mi habilidad para navegar, sin embargo al igual que cuando pensé que llegaría a Loguetown en el primer viaje, me había equivocado. Grata mi sorpresa al encontrar algunos pasos fuera de la estructura, no podía divisar el sexo pero alguien había pasado por ahí recientemente y ni corto ni perezoso no tarde en exclamar.

— Holaaa! Hay alguien por ahí?... — Tocaba la puerta de la estructura esperando alguna respuesta de un vigilante y no de algún ladrón, no tenía ambiciones de luchar tan tarde y menos cuando mi único objetivo actual era disfrutar el misticismo del paisaje, grabarlo en mis recuerdos a modo de la estampilla del álbum de mis sueños y pasados, mismos que de manera nostálgica voy a extrañar en algún punto de mi viaje. — Vengaaaa hola mi nombre es Musashi! Soy un turista y me gustaría ver el paisaje y la estructura en si;de la isla de donde vengo ni tenemos uno de estos, o por lo menos no tan cerca… Podría abrirme? — Con la mano en mi cintura seguía esperando una repuesta observando de arriba abajo y fijándome especialmente en la ventanas, alguien debía estar viéndome de ahí pero la cegadora luz tan cerca del faro no me permitía descubrir si lo que yo pensaba era cierto.
#3
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
Una voz cercana llamó la atención de Anko, una voz masculina y llena de curiosidad mientras se combinaba con el sonido del golpeteo sobre una estructura metálica. Dejó de mirar por encima de su hombro y caminó de forma lenta y con cautela hasta el lugar de donde provenía aquella voz. Su mano derecha descansaba sobre la empuñadura de una de sus Katanas, lista para desenvainar en caso de encontrarse con algún ladrón que quisiera tomar lo ajeno del Faro, como sí la pobre estructura no hubiera sufrido mucho ya.

Grata fue su sorpresa cuando pudo visualizar la espalda de un hombre alto y corpulento, buscando ingresar de forma pacífica al Faro, a simple vista no parecía un criminal ni alguien a quien le gustara los problemas, por lo que su postura se relajó levemente y sus dedos se abrieron para soltar la empuñadura de su mortal arma — Posiblemente no recibas respuesta… El hombre allá arriba nunca baja para nada… Prefiere ver todo desde la altitud del Faro… Siempre he tenido la curiosidad de saber cómo se alimenta o si tiene un baño ahí… — Habló con total naturalidad a la espalda del hombre, y obviamente, buscando llamar su atención.

Su uniforme marine estaba en excelente estado, algo propio de ella pues odiaba ver su vestimenta arrugada o descuidada, aunque en combate era imposible mantener la “elegancia”, recordando que, en una de sus misiones, regresó a la base con manchas de sangre enemiga sobre el blanco puro de la tela — ¿Eres un turista? No recuerdo tu rostro… Pero, a decir verdad… No es que recuerde a todos en esta Isla, es enorme… — Pronunció mientras caminaba de lado a lado en las inmediaciones del Faro, con sus ojos buscando algún lugar donde sentarse, cualquier banco de madera serviría, pues su caminata desde la base hasta ese lugar había sido demasiado extensa.
#4
Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
No paré de llamar ni un momento, me hacía bastante ilusión la idea de estar dentro del faro y ver mejor el paisaje de la isla, además sería una linda anécdota la cual podría contar en algún momento o recordar cuando estuviese solo en el gran, abrumador y extenso mar, quien sabe, capaz el faro pueda guiarme aún cuando sea incapaz de ver su luz. Mis gritos no fueron más que interrumpidos por aquella chica, a simple vista un marine con la cual esperaba no tener algún encontronazo solo por ser malinterpretado en el momento, eso solo sería una pérdida de tiempo y estaría lejos de mi objetivo al ser este estar dentro del faro y disfrutar del paisaje.

— Oh… Así que es un complemento ermitaño, vaya; es el primero al que conozco! Bueno en realidad no lo conozco pero entiendes mi punto no? — Con una sonrisa rascaba mi nuca y dando pequeños pasos hacía atrás dejando el toque en la puerta y solo observando la altitud de la estructura. — Eeeeh si, soy un turista, es la primera vez que estoy por aquí y la verdad no me quejo más allá de verme envuelto en compras que te juro no necesitaba — Mi expresión era de la alguien con cierto arrepentimiento y pena consigo mismo. — Que te puedo decir, la personas de este lugar son muy buenas para convencer — Daba un pequeño movimiento de hombros hacia arriba en señal de aceptación y ahora desinterés sin poder hacer más ante la habilidad de los locales.

— Un gusto, mi nombre es Musashi Miyamoto; soy un espadachín como bueno… Ya pudiste notar — Señalé ahora mi Katana resguardada en mi cintura con mi mano derecha en señal bastante gracioso de lo obvio — Tu eres? Y bueno no hace falta preguntar a qué te dedicas — Agregué con sátira simulando la situación anterior y mi obvia explicación a mi práctica con la espada. — Venía por aquí solamente con la intención de ver el faro, pero ya cuando llegué creí que sería buena idea verlo desde adentro también así como el tremendo paisaje… Ahora si el señor no sale la situación es totalmente engorrosa — Con un tono de decepción y aburrimiento no podía evitar decir mis palabras en busca algún milagro que matase mi poco actividad aquella noche.

— Aunque si me pongo a pensar… — Coloqué mis manos en la barbilla para así exclamar — Si nunca baja como saben que sigue vivo o si alguien tomó su lugar? Digo, no quiero preocupar pero como podría defenderse? — Solté sin más, tal vez eran mis ansías de aventura que hacían actuar a mi cerebro con esas preguntas pero para mí realmente llegaba a parecer mínimamente interesante saber si aquel sujeto podía seguir con vida.
#5
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
Anko escuchó las palabras de Takezo con una pequeña sonrisa amistosa en su rostro, aquel tipo no parecía alguien peligroso ni mucho menos, así que podía darse el lujo de tratar con él de forma pacífica y hasta amistosa. El hombre mencionó ser, efectivamente, un turista de la zona, y que además había recibido el buen recibimiento de la gente de la isla, con la gente representando su amabilidad al tratar de convencerlo de comprar cosas que no necesitaba. Sería una falta de respeto para él si ella no se presentaba luego de haberlo hecho él mismo, Anko asintió con la cabeza ante el comentario sobre su profesión, era obvio a que se dedicaba pues lo de ella era un uniforme y no un disfraz.

— Claro, un gusto en conocerte Muzashi, yo soy Anko, alférez de la Marina — Ahora estaba frente a un espadachín como ella, la espada en su cintura lo delataba de forma precisa y esto solamente generaba emoción en la muchacha, le encantaba tratar con otros compañeros de armas y hasta medir sus fuerzas con ellos, pero en ese momento, parecía que Takezo sólo estaba descansando, relajado por el ambiente de la isla, así que un enfrentamiento de espadas podía esperar para más adelante. Los ojos de la alférez se abrieron sutilmente ante la duda del hombre sobre el tipo que, custodiada el faro, ella no se había puesto a pensar en eso hasta ese momento, probablemente no podría dormir en la noche por estar dándole vueltas al tema, o talvez sí.

— Lo que dices es cierto, aunque según dicen, su silueta se puede ver por los ventanales del Faro… Lo que si desconozco es como saben exactamente qué es él… — Sus ojos finalmente encontraron un pequeño banco de madera aledaño al Faro, sus piernas se movieron para llevarla hasta la fría estructura de madera, con su diestra, hizo un gesto para que la acompañara en el banco y luego se dispuso a acomodar sus Katanas en su regazo para estar más cómoda — Yo personalmente no lo conozco, y bueno, tampoco me importa conocerlo, mientras siga cumpliendo con su misión de alumbrar el camino se los barcos, supongo que no habrá problema con él... — Dijo retomando el tema del hombre del Faro.
#6
Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
El faro era mi único y gran interés en el momento y primera visita a Kilombo, realmente quería ver cómo era por dentro como instalación, recursos y que tanto mejoraban las vistas de la isla y sus alrededores. Todo sería perfecto realmente sino fuese por dos razones, la primera de ellas era el viejo ermitaño que se negaba a abrirse al mundo en general, cerrándose por completo en la estructura como si de un rey perdido en el tiempo que se refugia en su mazmorra se tratase. Aún con esas condiciones no era una gran dificultad sino fuese por el segundo problema, la presencia de aquella muchacha que ahora se presentaba como un alférez de la marina, un puesto que sonaba con experiencia y que hacía a mi espíritu de lucha retumbar, sin embargo no es momento de un enfrentamiento, venía para ver la estrellas y el paisaje, lo que me iba a obligar a buscar otra solución que no involucre la lucha, por lo menos por ahora, aunque seguramente Takezo igualmente le rete luego.

— Vale, es un gusto, Anko — Hice una reverencia en señal de respeto a su presentación — Así que alférez de la marina, eres alguien fuerte supongo o bueno ni idea realmente no tengo conocimiento de cómo se rigen los títulos de la marina — Levanté levemente mi hombros en señal de mi desconocimiento y anotando mentalmente que tal vez sería buena idea averiguar eso, en caso de un enfrentamiento, me ayudaría para hacerme una idea de la fuerza de mis oponentes.

— A eso me refiero como podrían estar seguros de que esa silueta de ese viejo y no la de un vampirooo — Me puse unas pequeñas ramas en los colmillos para dar un efecto vampírico por más que le quitase toda la seriedad que el momento y situación requerían — En el mejor de los casos el anciano está ahí vivito y coleando pero uno no tan bueno alguien entro, lo secuestro, lo amarró a su cama y lo alimenta con agua de avena! — Dije ahora capaz exagerando lo que podía pasar — Bueno tal vez no tan específico pero algo así si podría pasar — Volví agregar, no quería que yo pareciera el secuestrador, sea como sea luego de eso la seguí al banco sentándome sin mucho problema y acomodando la katana en mi regazo justo como ella.

— Eso es algo frío, digo se que no lo conoces pero venga es un ser humano — Observaba el paisaje profundamente encantado por las luces de la isla — Este lugar es magnífico, el alcalde o rey, o líder o lo que sea que tenga esta isla debería convertir esta zona en un sitio turístico — Para mí había potencial en esa zona iluminada y perfecta para cualquier tipo de salidas casuales o no tan casuales — Bueeeeno sería un éxito si no hubiese un caso de posible secuestro o asesinato del cuidador del faro — Añadí con sátira mientras apoyaba mi nuca en mis manos además de intentar despertar el interés de Anko en abordar la zona pues podría aprovechar acompañarla para así visitar la instalación.

Me levanté rápidamente y con una pequeña vuelta puse mi mano derecha sobre la puerta del faro — Enserio no te interesa saber que carajos hay dentro del faro o si el sujeto sigue con vida? — Con una sonrisa mi mano daba suaves palmadas a la puerta de la instalación, realmente quería ver y parecía que me estaba tomando bastante enserio mi propia idea del secuestro o extraño caso del viejo ermitaño — Que tal si está en un sueño profundo y necesita que aventureros los despierten de su letargo?! — Mi cabeza no dejaba de tener una infinidad de teorías y casi explotaba de la emoción de ver que estaba sucediendo.
#7


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